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CUERPOS MANIPULADOS

Alberto Híjar

Trabajo inmaterial llama Antonio Negri a la construcción constante de los cuerpos individuales y sociales necesarios para la reproducción capitalista globalizada. Importa más apropiarse del concepto que objetarlo en comparación con la ideología explicada en la tradición marxista hasta la precisión de Louis Althusser de explicar su necesidad no sólo para la reproducción de relaciones sociales sino, sobre todo, de las relaciones de producción. Dice el autor argelino con trágico final que “el pleito no es por las palabras pero es también por ellas”. La novedad de Negri tiene el estorbo de calificar de inmaterial a lo que es brutalmente material al concretarse en cuerpos, usos y costumbres e identidades comunitarias. Biopoder llama a todo esto Michel Foucalt.

Basta de digresiones universitarias, aunque pueden ser importantes para quienes quieran asumir la resistencia de lo que Negri llama biopolítica, esa potencia de clase manifestada entre nosotros como las camisetas urbanas que burlan los logotipos trasnacionales para hacer la M de las tiendas de hamburguesas, inicial de la Marihuana y Maradona y de las letras características del famoso refresco negro trasnacional, el nombre de la Cocaína. No sólo, sino los aspectos estrafalarios con vestimentas holgadas, tatuajes, peinados extravagantes, son repudio juvenil a la masificación de las modas.

En cambio, los trabajadores ya no se distinguen del resto del pueblo porque han perdido sus atributos: las portaviandas y loncheras, el overol, el casco, que han sido sustituidos por las mochilas útiles para todo aquel usuario del transporte público. No es esto casual ni voluntario, sino obedece a la organización de los procesos de trabajo con los recursos tecnológicos electrónicos y con las órdenes del Imperio, ese gobierno mundial concretado en la regionalización productiva del mundo con instituciones claves para su administración y ordenamiento: el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio.

Toyotización han dado en llamar a este nuevo orden que no sustituye a la cadena productiva del fordismo ni al control de tiempos y movimientos del taylorismo, este de fines del siglo XIX y el otro del siglo XX. Esto en cuanto al trabajo industrial, porque en el campesino se mantiene el peonaje en las peores condiciones del nomadismo obligado dentro y fuera del país. Pese a los 17 mil millones de dólares enviados anualmente por los trabajadores migrantes mexicanos desde Estados Unidos, sus derechos cada vez están peor al remitirse ahora a la seguridad nacional yanqui.

El control de esta diversidad corporal aparente, en realidad guiada por la globalización, hace del estado corporativo una necesidad económico-política. En México, el gobierno de Lázaro Cárdenas alcanzó la cima del nacionalismo popular mediante la Confederación de Trabajadores de México, las centrales campesinas, de donde siguieron las organizaciones por rama productiva y por especialización. Un proceso lineal de organización de centrales obreras, campesinas y populares, ha garantizado el trato del estado y los gobiernos con todos y cada uno de los cuerpos productivos.

Una especie de fascismo larvado, característicamente corporativo, crece con las limitaciones impuestas a la sociedad civil para impedir su politización. Se las convence de abominar la política y se atienden sus requerimientos siempre y cuando no lesionen las organizaciones no gubernamentales a los intereses de los cuerpos empresariales dominantes en el estado y sus gobiernos. El regimen neoliberal es un proyecto mundial en marcha para sujetar los cuerpos productivos al dominio de un estado administrador que ha cedido su soberanía y por supuesto la del pueblo, al gobierno mundial del Imperio.

Todo obedece a la reproducción capitalista y por lo tanto burguesa. El aburguesamiento desclasa a los trabajadores, privilegia a algunos de ellos y los limita, cuando mucho, a marchas simbólicas siempre negociables por el cuerpo de cuerpos que es el estado.

Lo ocurrido entre el Gobierno del Distrito Federal y la Presidencia de la República, s está resolviendo por vía corporativa para dejarle a la gente, como llama López Obrador a sus seguidores, el papel de coro dirigido por políticos profesionales de la llamada transición pactada a la democracia, que en buen romance nombra a los acuerdos de poder entre cúpulas de partidos políticos reconocidos y financiados por el propio estado.

No hay lugar para los trabajadores y menos para el inexistente proletariado. Sin embargo, está presente el instinto de clase manifestado en las denuncias contra la privatización energética, de la salud y de la educación y contra las manipulaciones electoreras comprobantes del poder subordinado de la justicia y del parlamento, frente al cuerpo centralizador presidencial y sus correspondientes subordinaciones imperiales.

A trabajar en la conversión de la sociedad civil en sociedad política orientada por una perspectiva proletaria, no por minoritaria menos definitiva como alternativa a la globalización criminal propia de esta fase histórica, convocan los balances de las marchas del Día Internacional de los Trabajadores en el mundo. Nada de Día del Trabajo como si este fuera neutro o igual para explotadores y explotados. Nada de borrar del vocabulario por mal sonante la palabra patrón para sustituirla por la de empleador propuesta por Carlos Abascal para lo que llama nueva cultura laboral.

De visita por una Universidad pública campechana, me sorprendió que desde el jardinero, las secretarias, los profesores y hasta el rector, lucieran el mismo atuendo diario de camisas sencillas de manga corta, con colores según el día y el logotipo de la Universidad. No te dejes engañar, me dijo famoso ingeniero yucateco, todo esto forma parte de un plan de apariencias igualitarias para justificar la explotación. La alerta tiene que ampliarse para no apoyar incondicionalmente los acuerdos de cúpulas de poder donde no cuentan ni los trabajadores ni el pueblo. donde no cuentan ni los trabajadores ni el pueblo.


El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


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