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Negri y sus tesis sobre el nuevo capitalismo imperial


Cuando parecía que entre las multitudes se había impuesto a nivel mundial la esperanza de que el orden social habría de cambiar con puros llamamientos a la justicia, la dignidad, el sentido patriótico, la autonomía de espíritu y la recuperación del sentido ético; es decir, cuando el programa "revolucionario" se había encerrado en el marco del puro moralismo —casi como en el medioevo—, apareció como baño de agua fresca el intento programático de iniciar a profundidad la caracterización del sistema capitalista mundial en su etapa actual. Dicho esfuerzo, sin el cual es imposible avanzar un solo paso hacia la supresión de la explotación de las multitudes trabajadoras por una minoría insaciable de ricachones, produjo un salto hacia delante con la aparición, a principios de este siglo, de la obra Imperio de Antonio Negri y Michael Hardt.

La primera reacción frente este texto se dio —no por casualidad— entre las llamadas "vanguardias revolucionarias" que vivían adecuadas al tiempo de la víspera: la borrachera nacionalista y civilista. Sus principales críticos se limitaron a sacar el arsenal de citas del "marxismo-leninismo" para enterrar de una vez la nueva herejía. No entendieron —y no quisieron entender— que el principal argumento de estos autores consistía, justamente, en afirmar los cambios profundos del capitalismo desde la segunda posguerra y, por consecuencia, la necesidad de superar el pensamiento de los fundadores del marxismo, tal y como ellos habían procedido con los pensadores revolucionarios que los precedieron. Con todo, este tipo de detractores no fue el que se comportó de manera más obtusa: hubo quien prefirió mejor ignorar el "acontecimiento", lanzar una que otra etiqueta y excomulgar, de plano, a los autores de Imperio. Pero como dicen, lo que no se puede no se puede y las tesis de los autores han ido generando, poco a poco, la discusión necesaria hacia la afirmación de una teoría revolucionaria útil para la época.

Si bien las teorías del imperialismo —de Lenin a Rosa Luxemburgo y de Bujarin a Fritz Sternberg[1]— constituyeron la herramienta principal para la superación, a lo largo del siglo XX, del status colonial en continentes enteros y países como China y la India, una vez consumado el proceso de expansión capitalista a nivel mundial, han perdido toda validez. Lo que tenemos hoy es una nueva configuración mundial del capitalismo en el que las viejas fronteras entre las metrópolis y los satélites, entre los países imperialistas y sus colonias, tienden a borrarse. Se está creando un nuevo espacio mundial en el que desaparece el interior y el exterior, un plano mundial que homogeneiza las tareas del proletariado contra el capital.

Quienes acusan a Hardt y Negri de sembrar con sus ideas la falsa esperanza sobre la posibilidad de superar la miseria y la opresión en el marco del Imperio, no han entendido nada, hablando francamente. Cuando estos autores se refieren a la conformación de un solo espacio único y global, no están hablando de homogeneización en el sentido de nivelación de las condiciones de vida en la sociedad capitalista. Y no pueden situarse en esta perspectiva porque saben muy bien que el capitalismo, si produce algo, es la escisión de la sociedad en dos clases sociales: la de la minoría que detenta el poder económico, político y cultural, y las de las grandes mayorías explotadas, oprimidas y colonizadas desde la cabeza hasta los pies. Lo mismo en Nueva York que en las ciudades de Asia, en América Latina y Europa, coexisten frente a frente en el mismo espacio las clases antagónicas que se preparan para una lucha a muerte, con perspectivas y tácticas, en ambos lados, internacionales. Es este precisamente el significado de la tesis de Negri y Hardt sobre la descentración del poder, sobre su no lugar omnipresente, y sin que ello signifique ignorar la matriz estadunidense de este capitalismo contemporáneo.

"Vivimos en el Imperio y sabemos que cualquier iniciativa revolucionaria que se constriña a espacios limitados (aunque sean Estados-nación de grandes dimensiones) está condenada al fracaso. Es evidente que el único Palacio de Invierno identificable hoy es la Casa Blanca: difícil de tomar, hay que reconocerlo... Además, cuanto más se refuerza el poder imperial, más compleja y mundialmente integrada se vuelve su representación política. Aunque teniendo su ápice en los EE.UU., el Imperio no es estadunidense, es el imperio del capital colectivo" (Guías p-173)[2].

Lo que implica el reconocimiento del capitalismo a nivel mundial es que la vieja idea de las naciones oprimidas, en guerra de liberación contra sus metrópolis y por la vía de un frente nacional entre sus proletariados nacientes, sus burguesías y campesinados, debe ser suplantada por una nueva estrategia de guerra civil que combine la resistencia frente a la embestida del capital, la insurrección y la asamblea constituyente.

la nueva situación y la crisis de las categorías

Lo mismo, esta expansión última del mercado, con sus nuevas formas de producción —causa y resultado de la caída del llamado socialismo— pone en crisis conceptos como el de Estado nación, proletariado, imperialismo, patria, soberanía, democracia, etc., y nos obliga a replantearlos, a tono con las nuevas condiciones. Para decirlo con otras palabras: la tesis de Hardt y Negri sobre la descentración del poder que conlleva, casi como una necesidad, la hegemonía del tipo de capitalismo norteamericano, recoge una importante tesis marxista y —de otro modo— foucaultiana sobre la superación (relativa) de los mecanismos políticos y religiosos en el modo de dominación capitalista, en el mercado mundial. La dominación económica se introduce en el cuerpo de cada habitante de las multitudes y se abre el espacio de la biopolítica (Michel Foucault) con toda su industria de dominación sobre el cuerpo. El cuerpo y su subjetividad es resultado de la reproducción toda (la totalidad) de las relaciones sociales.



trabajo inmaterial y método

Otro argumento digno de consideración en las más recientes tesis de Antonio Negri (Guías) es el que tiene que ver con los cambios profundos que se produjeron en el nivel de los procesos de trabajo y en los tipos de valores de uso que resultan de aquellos. Según Negri —y nosotros pensamos que su planteamiento es digno de estudio—, tenemos ahora una especie de capitalismo cognitivo en el que se da la hegemonía del trabajo intelectual. Como lo anticipó Marx en sus Grundrisse, los trabajadores se reducen a hacerla de supervisores de las máquinas, al tiempo que la producción de valor ya no queda en los productores individuales, sino en la cooperación y la producción colectiva. "En esta época cognitiva —escribe Negri— la producción del valor depende progresivamente de una actividad creativa intelectual que, además de situarse más allá de toda valorización asociada con la singularidad, se coloca asimismo más allá de la acumulación masiva, de fábrica, etc. La originalidad del capitalismo cognitivo consiste en captar, dentro de una actividad social generalizada, los elementos innovadores que producen valor". (Guías p-77)

El trabajo inmaterial del capitalismo cognitivo está destinado a producir subjetividad. Actúa sobre los cuerpos, la comunicación, los afectos, etc. Es decir, ya no produce básicamente valores de uso como objetos exteriores al consumidor, sino que éstos son y existen en su interior mismo.

Pensamos por nuestra parte que esta producción de subjetividad es, a su vez, una necesidad existencial para la realización de la plusvalía; esto es, del trabajo excedente que se acumula y toma cuerpo, a cada paso, en nuevos valores de uso que no satisfacen propiamente deseos ya definidos, sino que los crean. Esta relación entre la producción de plusvalía y el deseo estructural por lo nuevo, ha sido tratada por Marx en Teorías sobre la plusvalía, y es, justamente, el fundamento de lo que es hoy el capitalismo cognitivo con hegemonía del trabajo inmaterial. Para Negri los movimientos sociales expresan estos deseos, afectos, etc. (Guías, p-75)

¿No será esta necesidad existencial del capitalismo de hoy de producir subjetividad, la prueba fehaciente de que las "superestructuras" que se generan espontáneamente sobre la base del trabajo cooperativo e inmaterial, sobre su espontaneidad comunista, ponen en crisis y cuestionan la reproducción del sistema?

La hegemonía del trabajo inmaterial, también —de la misma forma que sucede con el espacio mundial capitalista— rompe viejas fronteras y acaba con el "afuera", lo cual, además de imponer una modificación en el método, modifica radicalmente la composición del proletariado. Veamos.

La tesis de Negri al respecto, afirma: "Cuando aparece una nueva configuración histórica, se advierte también un cambio importante en la perspectiva epistemológica". Y: "Cada vez, pues, que cambia el contexto histórico, cambia asimismo el método. No existe un método para siempre', un método universal". (Guías, p-73).

En lo que toca a la clase en la nueva fase del capitalismo puede decirse, siguiendo a nuestro autor, que el proletariado en su forma de trabajo inmaterial, aparte de expresar una nueva relación entre el trabajo manual y el intelectual, al romper también sus fronteras origina la llamada multitud, concepto que tantos debates amenaza con generar, y ya lo está haciendo. Los viejos "muros" entre la fábrica y el resto de los espacios sociales se desvanecen y, en cambio, aparece un "obrero" social conformado por infinidad de voluntades individuales. Que esta multitud se presente en el nivel ideológico bajo la hegemonía de la clase dominante como "sociedad civil", no implica que en el proceso de la lucha mundial por la revolución —"y la revolución, cuando es comunista, ataca y suprime" tanto el Estado como la explotación del trabajo (Guías-p-168)— no pueda autotransformarse en clase internacional. En este proceso, la multitud tendrá que romper con los dialectos particularísimos que, en su interior, obstruyen el entendimiento entre los movimientos sociales que la conforman. Pero este proletariado o multitud está tan lejos de los viejos gremios industriales, como lo estaban éstos de los artesanos medievales. La lectura ofrece respuestas valiosas en el intento por captar de que modo la reconfiguración del capital por la hegemonía del trabajo inmaterial y la conformación de un intelecto colectivo, modifica la carne de proletariado. Nada se gana con decir que todo esto no es sino postmarxismo, algo así como "revisionismo". Nadie que sea fiel al legado del fundador de la teoría revolucionaria, podría conformarse con seguirlo recitando de memoria al modo de los pericos.

Quienes han puesto el énfasis en los puntos débiles del trabajo de Negri, olvidan que, además, fue él, junto con Michel Hardt, quien por primera vez —recogiendo voces y protestas de aquí y de allá— sistematizó la crítica y la denuncia de las Organizaciones No Gubernamentales como instrumentos de dominación del gran capital en la nueva fase. Ciertamente quedan temas a problematizar, y algunos otros llaman francamente al rechazo, pero en este momento pensamos que —antes de lanzar fáciles etiquetas reprobatorias— debemos celebrar el esfuerzo de Antonio Negri y otros autores por dotar de una teoría a los movimientos sociales tan empeñados como están en explicarse y combatir la última expansión del capitalismo por el mundo.

Tacoso (Taller de Construcción del Socialismo)

México D.F., marzo de 2005.


[1] Y aquí habría que decir que ni Trotsky ni Gramsci —precisamente los dirigentes revolucionarios que lograron sortear de modo más exitoso la "crisis del, marxismo-- hicieron suyo este marco teórico, si bien no lo rebatieron de modo explícito.
[2] Guías (cinco lecciones en torno a Imperio), Antonio Negri, Editorial Paidós Ibérica, S.A., 2004.

El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


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