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CRITICAR Y TRANSFORMAR
TEÓRICA Y PRÁCTICAMENTE
A LA NACIÓN Y AL ESTADO
Diálogo nacional por un proyecto de nación con libertad, justicia y democracia.
(Segundo encuentro)
Taller de Construcción de la Nación y el Estado Alternativos.
(TACONEA)
Febrero de 2005.
En México, son múltiples los esfuerzos teóricos y
prácticos que se han venido realizando para abolir las profundas y
extendidas desigualdades económicas, políticas, sociales,
culturales y de género, agudizadas bajo el régimen de
acumulación neoliberal-capitalista, así como el absoluto
sometimiento en el que los gobiernos neoliberales han colocado a nuestro
país respecto del imperialismo, particularmente norteamericano.
El 27 y 28 de noviembre del año pasado muchos de tales esfuerzos
confluimos en el primer encuentro del DIÁLOGO NACIONAL POR UN PROYECTO DE
NACIÓN CON LIBERTAD, JUSTICIA Y DEMOCRACIA.
Desafortunadamente, hay iniciativas, energías, voluntades,
creatividad y esfuerzos políticos muy serios que todavía se
mantienen al margen de este diálogo. Pero de la crítica
teórica contenida en la mayoría de ponencias presentadas, en
las propuestas aprobadas, así como en los resolutivos plasmados en la
relatoría, se desprende que el ánimo y la visión de las
organizaciones participantes empuja en dirección de construir un proyecto
de nación de naturaleza antineoliberal, con un Estado acorde a tal
esencia.
Ese es un primer punto favorable. Tenemos en común que somos
antineoliberales. Todos somos ANTI. Y eso podría
parecer suficiente, pero en realidad no lo es, pues existen sujetos y proyectos
que discursivamente se asumen como antineoliberales, pero que eluden fijar su
posición frente al sistema de dominio, explotación y
exclusión capitalista. Por eso llegar al punto de ser ANTI, nos
coloca también en la necesidad de señalar en PRO de
qué consideramos necesario actuar. Y cuando hablamos de proyectos
distintos no queremos dejar la expresión en abstracto, ni suponer que
todos estamos entendiendo de igual manera cada concepto.
En primer lugar, la Nación mexicana es la comunidad -desigual
y combinada- de individuos, sectores, clases sociales y pueblos originarios,
asentada en un territorio determinado, con historia, lenguas y tradiciones,
propias y compartidas, dotada de conciencia de constituir un cuerpo social
diferenciado. Y, en segundo lugar, el Estado mexicano es la estructura
jurídico-política, surgida directamente de la lucha de clases, que
subordina a la Nación. Por consiguiente, es el instrumento de poder de la
clase dominante para garantizar la acumulación de capital.
Esta realidad es particularmente visible al analizar la coyuntura
nacional, donde la confrontación política entre sujetos
sociales deja traslucir la existencia de, al menos, dos proyectos de
Nación -con el Estado incluido-, propios de las clases y fracciones de
clase dominantes, hoy en pugna:
a) El proyecto de nación extinta. Este proyecto es promovido
y desarrollado por la oligarquía industrial-financiera en beneficio
propio, así como en beneficio de las transnacionales y del imperialismo,
mediante la explotación y la entrega de los recursos naturales, humanos,
culturales, sociales, económicos. Su lógica es que la
nación mexicana -la que se constituyó históricamente como
entidad soberana- ya no existe. Entonces el único camino posible es la
subordinación y la entrega del país a los centros de poder
internacional, imperiales. Este es el proyecto que enarbolan el PAN,
el PRI y todos los grupos de la burguesía
industrial-financiera que han modificado al Estado, pretendiendo conservar
la presidencia de la república y el control del congreso, para garantizar
la realización del proyecto neoliberal imperialista; dejando ver que,
más allá de sus pugnas coyunturales, se mantiene intacta su
complicidad estructural y estratégica.
b) El proyecto de nación ficticia. Este proyecto está
promovido y desarrollado por sectores liberales de la burguesía
mexicana y corrientes políticas de la izquierda electoral,
tendencialmente nacionalistas, interesados en reorganizar un Estado
benefactor. Este proyecto presenta la imagen del asistencialismo social como
la única expresión posible de justicia social, así como a
la democracia de pocos, con pocos, para pocos como la única democracia
posible. Se trata de un proyecto que cambia cuando los sujetos se asoman a su
esencia, la cual consiste, finalmente, en beneficios mayoritarios para los
grupos capitalistas nacionales y extranjeros, en flexibilidad laboral de
facto para garantizar la acumulación de capital y, finalmente, en
soluciones militarizadas a los problemas de seguridad.
Frente a proyectos del tipo nación extinta o nación
ficticia, los convocantes y los participantes en el Diálogo Nacional
por un Proyecto de Nación con Libertad, Justicia y Democracia debemos
mantener nuestros propósitos expresados en la convocatoria al primer
encuentro de este Diálogo:
I. Evitar la prolongación del antiguo régimen
oligárquico y autoritario.
II. Construir una convergencia histórica, lo más amplia e
incluyente posible, entre los diversos sectores que componen la clase
trabajadora del campo y la ciudad, los movimientos sociales y urbanos, los
pueblos indios, profesores, intelectuales, artistas y los nuevos movimientos
sociales integrados por alter mundialistas, ecologistas, los movimientos de
defensa de derechos humanos, de género y diversidad sexual, estudiantes,
jóvenes, braceros y migrantes, pequeños y medianos industriales y
comerciantes.
III. Elaborar un diagnóstico sobre los grandes problemas
nacionales e internacionales.
IV. Unir todas las resistencias frente al capitalismo salvaje y al
sistema corporativo para construir una propuesta capaz de disputar la
conducción de la nación a la barbarie neoliberal.
V. Convertirnos en una fuerza social capaz de definir un nuevo rumbo de
la nación.
VI. Luchar por un proyecto de nación alternativo al modelo
neoliberal.
VII. Rescatar a la nación y avanzar juntos en la solución
de los grandes problemas nacionales.
Para lograr la realización de estas tareas y objetivos es necesario
transitar diversos caminos y dar lugar a prácticas instituyentes y
constituyentes, pero es preciso advertir que no se trata de contraponer y optar
por una u otra forma de lucha, una u otra forma de organizarnos, una u otra
política de alianzas. No se trata de reducir la discusión a la
confrontación de dogmas, de verdades religiosas o de ismos.
Tampoco se trata de oponer las metas generales con los instrumentos, los
caminos, los procedimientos y las metas parciales. Se trata de construir
colectivamente el conocimiento de la realidad, las formas de relación,
las formas de lucha y las formas de organización que nos acerquen a eso
que hemos denominado NACIÓN CON LIBERTAD, JUSTICIA Y DEMOCRACIA.
Para evitar la prolongación del régimen oligárquico y
autoritario que hemos venido padeciendo, para disputar la conducción de
la nación, para definir un nuevo rumbo de nación, para luchar por
un proyecto de nación alternativa al neoliberalismo y para avanzar en la
solución de los grandes problemas nacionales se hace necesario actuar
en varios planos, en distintos ámbitos y en distintas escalas de la
realidad. Algunos de esos planos son el político, el
sindical, el social, el cultural y el
económico. Otros planos son el ámbito de la comunidad de
pertenencia y el ámbito de la relación intercultural. Pero, en
general, las escalas de actuación deberán transitar del espacio
geográfico local, al espacio nacional, y viceversa. Así como,
de los espacios que el poder popular construye en los distintos ámbitos
de la sociedad hacia los espacios conquistados en las estructuras del poder
constituido, y viceversa. O sea, la actuación política, para
desarticular el poder del capital y construir el poder popular, con base en la
construcción de relaciones sociales justas, deberá transitar los
distintos ámbitos de la sociedad y del estado, en todas las direcciones
posibles.
Esto incluye el tema electoral que no es el único importante,
pero está vigente y está candente.
El tema electoral es parte de una coyuntura que las fuerzas de izquierda no
podemos ignorar o, peor aún, descalificar como una cuestión
puramente reformista o pragmática. Pues de las contradicciones y del
reacomodo político que la coyuntura está produciendo al interior
de las clases dominantes y subalternas; de la confrontación entre
poderes, del creciente descontento y hartazgo social; así como de nuestra
capacidad de influencia y actuación crítica y práctica en
la lucha por desarticular el poder del capital, puede depender, en buena medida,
la articulación de distintas fuerzas y proyectos, y la puesta en marcha
de planes de acción (integrales y de largo plazo), que contribuyan al
fortalecimiento de la organización y la conciencia del pueblo en lucha, a
la construcción y fortalecimiento del poder popular, así como a la
conquista de posiciones políticas orientadas a producir una
inflexión que ponga término al modelo neoliberal y dé lugar
a la realización del nuevo proyecto de nación y estado
alternativos, en proceso de discusión y elaboración
colectiva.
Frente a todo esto, creemos necesario reiterar nuestra apreciación
de que la propuesta que se está elaborando colectivamente, en el
Diálogo Nacional, es una propuesta no sólo antineoliberal,
sino anticapitalista.
Esto es notorio en el conjunto de propuestas, así como en el
proyecto mínimo de defensa social y nacional, desde un gobierno
alternativo y desde estructuras alternativas, propuesto por el Dr.
Pablo González Casanova.
Pero la lectura del conjunto de ponencias nos lleva a otra
conclusión más radical y profunda. La elaboración colectiva
del proyecto de nación alternativo antineoliberal y anticapitalista, en
el marco del Dialogo nacional, tiende a ser, al mismo tiempo, una alternativa de
formación social e histórica de contención y
oposición a la globalización capitalista. Alternativa
verdaderamente profunda que sintetizaría dos características
fundamentales: un proyecto de liberación nacional y un proyecto
de transición al desarrollo pleno, tanto de la democracia popular, como
de las fuerzas productivas con relaciones de producción justas.
Dicha alternativa tiende a constituir un proyecto de liberación
nacional, porque en el marco de la globalización neoliberal imperialista
la nación se encuentra bajo la opresión del estado capitalista y
de la acción expoliadora del régimen de acumulación
neoliberal, así como bajo una lógica de administración
mercantil, oligárquica y proimperialista, instrumentada por el gobierno
empresarial y derechista de Vicente Fox.
También, dicha alternativa tiende a constituir un proyecto de
transición al desarrollo pleno de la democracia popular y de las fuerzas
productivas, porque sólo dicho desarrollo puede ser la salida a la
opresión económica, política y cultural de la
nación, así como a la crisis estructural; sólo que en las
actuales condiciones una salida o un corte de tales características, en
el corto plazo, parece imposible, en virtud de la actual correlación de
fuerzas nacional y mundial.
De ahí la importancia que adquiere, como mediación
política necesaria, el proyecto social e histórico de
contención y oposición a la globalización capitalista,
concretado en el proyecto de nación y estado antineoliberal y
anticapitalista que se viene elaborando, así como la continuidad del
Diálogo Nacional y el cuidado con el que se requiere proseguir su
impulso.
Entendemos que este esfuerzo colectivo trata de dar lugar a un plan
estratégico, integral y articulador de diferentes tiempos y plazos,
que podría orientar desde la actual coyuntura nacional la actividad
práctica transformadora del pueblo y sus organizaciones, a fin de ir
construyendo condiciones que garanticen la realización del proyecto de
nación y estado alternativos.
Por tanto, nos adherimos a los resolutivos del primer Diálogo
Nacional, pero además proponemos retomar el programa mínimo
no negociable, presentado por el Dr. Pablo González Casanova, como
base para elaborar un programa de lucha y de gobierno que permita superar el
aislamiento y la actitud puramente defensiva de las organizaciones y sectores
sociales en lucha, y dar paso a la articulación y a la ofensiva
política coordinada del pueblo organizado, contra el neoliberalismo y el
absolutismo mercantil capitalista.
Pero, para pasar a la articulación y a la ofensiva política,
proponemos que también se incluya, como acuerdo mínimo no
negociable, la realización de un Nuevo Constituyente y, en consecuencia,
la elaboración de una Nueva Constitución, bajo la hegemonía
y la activa participación del pueblo trabajador organizado, pues
sólo así podrán materializarse las propuestas
antineoliberales y anticapitalistas planteadas en el primer encuentro del
Diálogo Nacional.
Pero antes habrá que superar el conjunto de contradicciones que
amenazan con fragmentar este esfuerzo colectivo. Contradicciones que expresan
los diferentes criterios existentes para llevar a cabo el proyecto de
nación alternativa. Y es en este terreno que necesitamos hacer caso al
llamado del Diálogo Nacional y movemos con suma sensibilidad y cautela,
pues mientras persista el desacuerdo y la dispersión política la
ofensiva neoliberal imperialista nos seguirá golpeando a todos.
Esto hace necesario precisar posturas y buscar puntos de encuentro que
posibiliten la articulación de las distintas fuerzas políticas y
sociales, y avanzar en la construcción del sujeto social multisectorial
transformador, con el objeto de enfrentar integralmente al neoliberalismo y
contribuir a liberar a la nación, a partir de la coyuntura
política en curso y, sobre todo, del análisis de la misma.
De ahí la importancia que tiene el proyecto mínimo de defensa
social y nacional, arriba señalado, como idea-fuerza o instrumento de
organización "que permita articular las luchas políticas y
electorales con los movimientos sociales, y hacer de éstos el punto
principal de referencia de aquéllos."
De ahí también la preocupación contra cualquier
intento de reducir a simple maniobra de posicionamiento electoral, el bloque
histórico que se empieza a construir; pero sin que esta
preocupación signifique, en modo alguno, descalificar la lucha electoral.
Al menos, así lo deja ver el mismo proyecto mínimo, al plantear
que las organizaciones y las redes de los pueblos, de los ciudadanos y de los
trabajadores "tienen en todo caso que señalar los compromiso
mínimos e irrenunciables que cualquier aspirante a un gobierno municipal,
estatal o nacional se compromete a realizar."
El problema nodal reside, entonces, en el diseño de una estrategia
que articule y combine todas las formas de lucha, incluida la electoral, para
enfrentar integralmente al capital y a su ofensiva neoliberal. Parte de esta
estrategia es, sin duda, la elaboración de un proyecto de nación y
estado alternativos, pero además de éste se requiere el
diseño de una política que haga de la lucha electoral y
parlamentaria un recurso revolucionario para desarticular el poder de los de
arriba y construir el poder de los de abajo, con el objeto de modificar
efectivamente la relación de fuerzas a favor del pueblo trabajador.
Lo anterior hace importante que el pueblo participe en la contienda
electoral con un proyecto propio, de modo de impulsar la construcción y
el fortalecimiento de un nuevo bloque histórico e impedir, en el corto
plazo: 1) que la derecha recalcitrante mantenga el control de la presidencia de
la república y del congreso; y, 2) que la izquierda electoral pretenda
utilizar pragmáticamente el movimiento de resistencia popular -
antineoliberal y anticapitalista- y subordinarlo a sus intereses; 3) Que los
diversos sectores en lucha y organizaciones políticas y sociales se
mantengan en el aislamiento y la dispersión e incluso se sigan
fragmentando.
En última instancia, la lucha política por la presidencia de
la república, así como por lograr una importante presencia popular
en el poder legislativo, podría constituir el eje de articulación
de todas las fuerzas contrarias al retomo del PRI, a la repetición del
PAN o al ascenso de una nueva candidatura mediática con respaldo
empresarial. Esto hace necesario concretar una alianza entre la izquierda
electoral y el movimiento popular, con base en el proyecto de nación y
estado alternativos y el acuerdo de compartir espacios dentro de un posible
gobierno alternativo.
Pero deberá tratarse de una lucha y una alianza que incluya el
compromiso de realizar, en el mediano plazo, un nuevo constituyente, así
como la redacción de una nueva constitución de modo de garantizar,
desde arriba y desde abajo, la realización del proyecto social e
histórico de contención y oposición a la
globalización capitalista, para cuya concreción en el Segundo
Encuentro del Diálogo Nacional, las organizaciones y personas
participantes en el Taller de Construcción de la Nación y
el Estado Alternativos (TACONEA) hacemos el siguiente
pronunciamiento:
1. Nos adherimos a los resolutivos del primer Diálogo
Nacional;
2. Proponemos retomar los 9 puntos del programa mínimo no
negociable, así como los 7 puntos de las estructuras alternativas,
presentados por el Dr. Pablo González Casanova, como base para elaborar
un programa de lucha y de gobierno que permita superar el aislamiento y la
actitud puramente defensiva de las organizaciones y sectores sociales en lucha,
y dar paso a la articulación y a la ofensiva política coordinada
del pueblo organizado, contra el neoliberalismo y el absolutismo mercantil
capitalista;
3. Proponemos que se incluya como parte del acuerdo mínimo no
negociable, la realización de un Nuevo Constituyente y, en consecuencia,
la elaboración de una Nueva Constitución que recupere el
carácter popular y revolucionario de la de 1917.
4. Proponemos dar marcha atrás a la gran contrarreforma neoliberal y
desconocer los tratados internacionales, así como las deudas onerosas,
que lesionan nuestra soberanía;
5. Proponemos reorganizar y rearticular a la Nación y al Estado, con
base en un nuevo estatuto - económico, político, ideológico
e intercultural- que acote al capital y lo subordine a las necesidades de la
producción y reproducción cualitativa de la vida humana,
así como de la preservación de los ecosistemas;
6. Proponemos reconquistar nuestra independencia, con base en una
estrategia económica y una política de estado que re-nacionalice
los recursos y sectores estratégicos de nuestra economía y
garantice nuestra plena soberanía y autosuficiencia, impulsando al mismo
tiempo la integración de la comunidad de pueblos, naciones, gobiernos y
estructuras alternativas de la América Nuestra, promoviendo la
formación del Parlamento Latinoamericano;
7. Proponemos impulsar una democracia del pueblo, con el pueblo y para el
pueblo, descentralizando, fragmentando y horizontalizando el poder constituido,
reconociendo constitucionalmente la autonomía de los pueblos originarios,
el plebiscito, el referéndum, las candidaturas ciudadanas, así
como los nuevos órganos de poder (electoral, ciudadano, etc..) que
emerjan, desde lo local, colocando a las fuerzas armadas bajo la autoridad del
poder legislativo y no del ejecutivo;
8. Proponemos la construcción de relaciones de equidad entre mujeres
y hombres, relaciones de reconocimiento y apoyo mutuo que modifiquen el
vínculo de dominio y subordinación que prevalece entre
géneros integrando así a ambos al trabajo público y
doméstico en igualdad de condiciones;
9. Proponemos restituir plenamente la justicia, contribuyendo a
restañar heridas mediante el esclarecimiento de la desaparición
política forzada de cientos de luchadores y ciudadanos mexicanos y el
castigo a los responsables de la guerra sucia y de las acciones criminales y
represivas organizadas y perpetradas, por los gobiernos priistas, contra el
pueblo en lucha.
10. Proponemos impulsar la construcción de Brigadas
Democráticas Ciudadanas y Comunitarias (BDCC) por la realización
del Proyecto de Nación Alternativo, con miras a la participación
del pueblo en lucha en el proceso electoral de 2006 y concretar la alianza entre
la izquierda electoral y el movimiento social, con base en los ocho paquetes de
medidas antes enunciados.
Taller de Construcción de la Nación y el
Estado Alternativos (TACONEA)
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