Presentación
Caracterización
Temario
Publicaciones
Cultura
Comunicación
Archivo
Enlaces externos
|
DIALOGO PARA EL PROYECTO NACIONAL
PALABRAS DE
PRINCIPIO
Pablo González Casanova
Nos han preguntado por qué hablamos de un primer diálogo
nacional, cómo planteamos la intención del diálogo y por
qué proponemos la inclusión de los diversos movimientos Sociales.
Para responder a estas preguntas retomo los acuerdos de varias reuniones de los
convocantes y los términos de la propia convocatoria. Con bastante
claridad se ha propuesto:
- Iniciar un proceso para la
elaboración de un Proyecto Nacional de carácter
estratégico e integral, construido a partir de un diálogo de los
diversos sectores que se oponen al neoliberalismo con el propósito de
definir alternativas en torno a los grandes problemas nacionales
con una visión de largo plazo, que no descuide los pasos inmediatos a
seguir.
- El proceso de diálogo debe favorecer, al mismo tiempo,
una articulación muy amplia y plural de fuerzas y un posicionamiento
firme en términos de propuesta y presencia de los movimientos sociales en
la coyuntura.
- Se propuso también definir objetivos por etapas,
considerando desde esta primera fase del proceso los mínimos necesarios
para poder avanzar hacia una mayor profundización y consenso del
proyecto.
Se hizo ver que “...la tarea de todos consiste en
rescatar a la nación y avanzar juntos en la solución de los
grandes problemas nacionales. Este es el propósito más importante
de todos los mexicanos que suscribimos este llamado. Sigo citando: “Las
circunstancias nos obligan a construir una convergencia histórica lo
más amplia e incluyente posible, entre los diversos sectores que
componen la clase trabajadora del campo y la ciudad, los movimientos sociales y
urbanos, los pueblos indios, los profesores, intelectuales, artistas y los
nuevos movimientos sociales integrados por altermundistas, ecologistas,
movimientos de defensa de derechos humanos, de género y diversidad
sexual, estudiantes, jóvenes, braceros y migrantes, pequeños y
medianos industriales y comerciantes y por todos aquellos que estén de
acuerdo en luchar por un proyecto de nación alternativo al modelo
neoliberal”.
“Es necesario y además urgente
—continúa la convocatoria— abrir un proceso de diálogo
nacional. Por todo ello —dice a la letra— convocamos a todos los
sectores sociales, culturales y políticos para que avancemos juntos en la
elaboración de un diagnóstico sobre los grandes problemas
nacionales e internacionales, trazando los aspectos esenciales de un Proyecto de
Nación Alternativo y uniendo todas las resistencias frente al
capitalismo salvaje y al sistema corporativo para construir una propuesta capaz
de disputar la conducción de la nación a la barbarie
neoliberal”. (Convocatoria al Diálogo)
Esta es nuestra
palabra y expresa nuestro pensamiento, compromete nuestra
acción.
------------------ *** ------------------
Las tensiones sociales se incrementan desde hace años y aún
más en los últimos meses. Las dificultades para encontrar empleo
aumentan en todo el país; las empresas medianas y pequeñas
enfrentan serias limitaciones de crédito, abasto y mercado: muchas
“no dan ni para vivir”. Gran cantidad de maquiladoras se desmantelan
y se van. La emigración de trabajadores a Estados Unidos es creciente, y
cada vez más riesgosa y hostilizada. La exportación de
manufacturas revela no ser un factor seguro de crecimiento económico; la
infraestructura para el mercado interno se desarticula y cede ante las cadenas
transnacionales, que por su parte se articulan desde sus bancos de
crédito y centros de aprovisionamiento hasta sus centros comerciales y
sus distribuidores al menudeo.
El gobierno neoliberal de Vicente Fox y de
las grandes organizaciones patronales extranjeras y nativas, con el apoyo
expreso del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, insisten en la
necesidad de profundizar la estrategia y la política económica
neoliberal que nos han sido impuestas en los últimos veinte años.
Sin la menor evidencia científica y técnica sostienen que para
resolver los problemas del país se necesita aprobar las llamadas
“reformas estructurales”, término con el cual designan la
privatización y desnacionalización del patrimonio nacional en su
favor, y por el que proponen que la carga fiscal pese todavía más
sobre los que menos tienen. Al mismo tiempo que todas estas fuerzas nativas y
extranjeras proponen las reformas legales que legitimarían su
política privatizadora y desnacionalizadora, fuera de toda legalidad
constitucional, ponen en práctica numerosas acciones que avanzan paso a
paso en la privatización y desnacionalización de hecho, de
facto como dicen los abogados. Así, no pasa día en que no
aprovechen la crisis para impulsar y fortalecer las reformas estructurales
expresadas por el programa estratégico conocido como “El consenso
de Washington”, renovadas con el “Plan Puebla Panamá”,
y con otros planes militares, económicos, culturales, sociales que buscan
hacer de México y toda nuestra América un territorio funcional a
los “intereses y valores” de Estados Unidos, de sus grandes
compañías y de sus “complejos” de poder
militar-político-empresarial. Todos esos planes han sido publicados por
distintas dependencias del Gobierno de Estados Unidos, o por el Banco Mundial, y
el Fondo Monetario internacional para no citar sino las principales fuentes.
Revelan que la política económica neoliberal ni es exclusiva de
los gobernantes de tal o cual país o partido, ni tiene como objetivo
principal el desarrollo de nuestros países.
Los datos
están a la vista en México: crisis (con artilugios contables) de
PEMEX, que tantas divisas da al Gobierno Mexicano mientras éste las carga
a la empresa estatal haciéndola aparecer como ineficiente al mismo tiempo
que la sigue privatizando y desnacionalizando mediante contratos de servicios
múltiples con las megaempresas petroleras y gaseras de Estados
Unidos.
En la misma política de entrega de los energéticos
de la nación y de destrucción de los derechos nacionales y
sociales, se dan el mantenimiento y ampliación de las inversiones de
capitales privados en la generación de electricidad, y la
privatización progresiva de la seguridad social y del sistema de
pensiones.
Combinada con la pérdida de fuentes de trabajo social y
público, el gobierno impone la reducción de recursos a la
educación en todos sus niveles, y asfixia a la investigación
científica y tecnológica, en una política deliberada de
importación de saberes y conocimientos que coincide con los proyectos en
marcha para la comercialización de la cultura, y para la
trasnacionalización dependiente de los servicios médicos y de
muchos otros profesionales.
El proyecto conjunto afecta a la inmensa
mayoría de los mexicanos desde los pobres entre los pobres, hasta las
clases medias altas y las pequeñas y medianas empresas, e incluso amenaza
a muchas de las grandes, cuyos propietarios son empujados a convertirse en meros
rentistas o a someterse como unidades subalternas de las megaempresas
trasnacionales, todo lo cual refuerza al tristemente famoso Tratado de Libre
Comercio de Norte América y anuncia las nuevas embestidas del Plan
Puebla-Panamá y del ALCA o Área de Libre Comercio de las
Américas, todo a sabiendas de que las principales víctimas
serán los pobres y los empobrecidos, a los que el Estado asedia y acosa
incluso en sus recios intentos de construir una sociedad y una economía
de la sobrevivencia en que son ejemplo especial a apoyar por todos los mexicanos
las autonomías de los pueblos indios.
Desde diversos grupos de
ciudadanos, campesinos, trabajadores, pueblos indígenas; desde
sindicatos, organizaciones sociales, uniones, frentes, partidos
políticos, movimientos sociales han surgido iniciativas, acciones,
propuestas, luchas para enfrentar el proyecto neoliberal y el empeño
gubernamental de continuarlo y profundizarlo dentro o fuera de la
Constitución. A pesar de la fragmentación de las organizaciones,
de la variedad de sus ideologías y sus estrategias, la necesidad de
precisar un proyecto mínimo de defensa social y nacional nos convoca como
ciudadanos, pueblos y trabajadores a construir un amplio, heterogéneo y
solidario movimiento contra el neoliberalismo, que luche lo más
eficientemente posible por alcanzar los objetivos centrales de la sociedad y de
la nación. Para ese propósito se necesita con urgencia discutir,
conversar, consensar un proyecto nacional —con contenidos
mínimos— que sea por sí mismo una fuerza o un instrumento de
organización: que permita articular las luchas políticas y
electorales con los movimientos sociales, y hacer de éstos el punto
principal de referencia de aquéllos.
La reflexión sobre el
programa mínimo se debe realizar, con un gran respeto, en todas las
organizaciones y movimientos. El pensar y hacer de la solidaridad irá
mucho más allá de un mero pronunciamiento verbal hacia la
organización de redes y redes de redes para la comunicación y para
el diálogo informado que facilite los más distintos tipos de
acciones en defensa de la soberanía nacional, de la democracia plural con
poder del pueblo y con formas efectivas de representación y
participación en la toma de decisiones de interés nacional y
social, y a favor de una justicia social que entrañe el respeto a la
dignidad y la autonomía de los ciudadanos, los pueblos y los
trabajadores. Si esa es una utopía, es nuestra utopía. Y tiene
bases históricas y sociales muy fuertes y que cada vez serán
más fuertes en México y el mundo.
En cualquier caso,
para consensar el programa y compromiso mínimo de defensa de la
nación parece indispensable aclarar y precisar problemas y
políticas como:
1. La defensa de los derechos a la
soberanía del pueblo mexicano, y a la propiedad y usufructo
pleno sobre sus recursos naturales y energéticos, incluidos el
petróleo, la electricidad, el agua, los bosques, las tierras.
2.
La defensa del sector público y social de la economía y los
servicios gratuitos o subsidiados de educación, salud, suficiencia
alimentaria, agua, etc.
3. La defensa de los derechos de los
trabajadores, consagrados en la Constitución, incluido el Seguro
Social, y la seguridad social.
4. La defensa de las garantías
individuales y sociales, y de la libertad de expresión.
5. La
defensa de los derechos de los pueblos indios plasmados en los Acuerdos
de San Andrés, así como de las autonomías de facto que
viniendo de la Colonia se renuevan y reformulan en nuestros
días..
6. La renegociación de la deuda externa y la
cancelación de la enorme carga impositiva que significa.
7. La
renegociación y en su caso la cancelación de la deuda del
gobierno con la banca por los créditos que ésta le ha hecho
para el pago de las quiebras bancarias y empresariales...
8. El alto a
los actos violatorios de la Constitución que están
desestructurando a la Nación y al Estado con privatizaciones y
desnacionalizaciones basadas en una lógica patrimonialista de
gobierno.
9. La defensa del derecho a reformar la Constitución
sólo con la Constitución, y la de enfrentar la fuerza del
pueblo a cualquier acto de fuerza golpista que intenten las oligarquías
al ver cómo no funciona su democracia de pocos para pocos y con pocos, y
quienes ya crean el clima necesario de rumores, escándalos y miedo para
imponer un régimen aun más autoritario y represivo, “a
solicitud del pueblo y dada la ineficiencia y corrupción de los
políticos gobernantes” que ya no les sirven (muchos de los cuales,
por cierto, en una actitud autodestructiva acumulan pruebas y hechos que
confirman la bondad de su propia destitución) .
El anterior es
un programa mínimo de un gobierno alternativo. Si se considera que no
es posible aplicarlo, se estará considerando –me parece– que
es necesario sacrificar el desarrollo nacional. Cualquier concesión
que se haga en relación a los requerimientos mínimos para el
desarrollo nacional alternativo tenderá a disminuir y hasta a anular las
posibilidades de ofertas democráticas y sociales con las que se pueda en
verdad cumplir.
El programa mínimo de las estructuras
alternativas de los movimientos, las organizaciones y los partidos
políticos requerirá, en todo caso, construir consensos
sobre estructuras alternativas para una transición efectiva a la
democracia, la liberación y la justicia social. Entre esas
estructuras alternativas destacan:
1. El formar un bloque histórico, que se articule en todo lo posible
en redes presenciales y a distancia que dialoguen entre sí y
coordinen acciones conjuntas de pueblos y trabajadores. Cualquier acción
de unos “pocos” que pretendan imponer a fuerza sus ideas será
el principio de un fracaso indudable. Las ideas sobre “el interés
general” y “el bien común” sólo son viables con
apoyos generalizados que hagan de la moral colectiva una fuerza de masas. Pues,
¿cómo se puede luchar por “el bien común” o
“el interés general” sin una moral colectiva, y,
también personal? Nomás no se puede.
2. El conversar, consensar y construir una política de alianzas
sobre la base del programa mínimo no negociable. EL DIÁLOGO
SERÁ NECESARIO PARA PRECISAR Y COMPROMETERSE CON LO NO NEGOCIABLE. En
general no se puede ni se debe negociar cuando las ventajas que se logran a
corto plazo implican grandes pérdidas a largo plazo como ocurre con la
lógica que impone el neoliberalismo a sus políticos
subordinados.
3. Establecer una red de redes, con grupos responsabilizados
de facilitar el intercambio de información y análisis, así
como los diálogos y acciones consensadas de las organizaciones y sus
miembros... La práctica del diálogo con respeto a los demás
y el logro libre de consensos en proyectos particulares que incluyan una o
varias luchas, es indispensable en movimientos históricos como los
actuales en que no hay una clase con un partido con una ideología (si
acaso los hubo en el pasado), y en que, respetando las diferencias, se buscan y
promueven las coincidencias y las acciones concertadas. Sólo así
se creará un proyecto histórico común de corto y largo
plazo.
4. Es necesario vincular las redes o complejos de organizaciones y
movimientos con programas de pedagogía de la liberación,
con espacios de diálogo-enseñanza-aprendizaje, de toma de
decisiones colectivas, de monitoreo permanente de los objetivos que se buscan;
con retroalimentación de las experiencias que en la práctica se
tienen, todo a fin de hacer más efectivos los programas de acción
colectiva y de integrar a ellos números crecientes de participantes.
5. De los espacios de diálogo-acción surgirán
promotores en busca de bases que se organicen y que se integren por la
persuasión intelectual y moral y por el propio aprendizaje. Si los
promotores llegan a ocupar un lugar en la coordinación del movimiento
impulsarán con su propia conducta como mensaje, el aprender a mandar
obedeciendo y el aprender a obedecer mandando. En ningún caso el
respeto a las bases entorpecerá el liderazgo democrático de
líderes que enseñan a aprender conocimientos, y que aprenden a
oír y hablar, a aguzar la inteligencia colectiva sobre problemas a
enfrentar y acciones a seguir. Más bien, en todos los casos, se
recordará que las fuerzas dominantes, en México y el Mundo, han
pasado de un neoliberalismo supuestamente democrático y en realidad
elitista, a un neoliberalismo de guerra y a una “guerra preventiva”
de conquista y apropiación de territorios y riquezas así como de
mano de obra super-barata. Y si en esta guerra usan las más variadas
combinaciones de medios pacíficos y violentos que tienden a endurecer a
las organizaciones democráticas del pueblo tachadas por ellos de
populistas, es decir de no ser elitistas, ni la democratización
desactivará o desarmará a las organizaciones populares, ni la
disciplina consentida y acordada por las bases, olvidará su
carácter de disciplina democrática de mujeres y hombres realmente
libres.
6. Será siempre necesario reparar en los detalles que se viven,
reflexionar y profundizar en la práctica de las ideas entre los propios
integrantes de los movimientos y entre los variados grupos y organizaciones que
los integran. En cualquier caso se dará tanta importancia a la
creación de un México realmente posible como al seguimiento
de las estructuraciones alternativas, emergentes, aquéllas que ya se
advierten en los distintos espacios nacionales, latinoamericanos, e incluso
mundiales: como Los Caracoles en Chiapas y las autonomías de facto de
los pueblos indios, o los renovados intentos de construir un frente
democrático nacional que no sea destruido por la cooptación,
la corrupción y la mediatización que tanto han debilitado a los
partidos políticos y a muchas organizaciones de la sociedad civil y que
van a amenazar constantemente a las organizaciones de las bases.
7. Precisar la normatividad interna de grupos y movimientos para que
todos sus integrantes se atengan a las mismas reglas. Rechazar la lógica
de que “las reglas se aplican a todos menos a mí y mis
cuates”, y de que “quiero la democracia en el país pero no en
mi organización”. Esta es la lógica que crea nuevas
desigualdades y debilidades en las propias alternativas. Luchar, así,
contra las diversas formas de clientelismo o de populismo, de escepticismo,
cinismo o conformismo, y por la aplicación universal de las reglas a los
compañeros de la base o la coordinación, sin excepción de
parientes, amigos o coterráneos. Estar conscientes de que la
violación de la moral colectiva debilita toda acción colectiva.
El punto de partida
En las
condiciones iniciales del cambio estructural, los actores de la alternativa
habrán de articular a los movimientos y organizaciones sociales que en
las más distintas formas luchan contra el neoliberalismo.
Necesariamente se enfrentarán a quienes intenten detener la
construcción de un bloque histórico o pretendan reducirlo a una
maniobra electoral. El diálogo se propondrá responder a
algunas preguntas que todo el mundo se hace: ¿Qué país
queremos? y ¿Cómo nos organizamos? La respuesta no puede
convertirse en un posicionamiento de personas con miras a las elecciones
presidenciales del 2006. Las organizaciones y las redes de los pueblos, de los
ciudadanos y de los trabajadores tienen en todo caso que señalar los
compromisos mínimos e irrenunciables que cualquier aspirante a un
gobierno municipal, estatal o nacional se compromete a realizar. Deben luchar
contra todo intento de “membretismo” de organizaciones y de
“suplantación” de bases para posicionamientos
políticos.
El Diálogo Nacional se propone reforzar las
resistencias patrióticas y sociales realmente existentes e iniciar un
diálogo mayor de articulación de fuerzas y compromisos morales
y políticos. Nadie podrá detenerlo. Si nosotros sólo lo
iniciamos, los pueblos de México forjarán en cualquier
circunstancia su voluntad, sus organizaciones, y su moral de victoria,
intentando, en todo lo que puedan, caminos pacíficos y legales y, si no
los dejan, otros que impulsarán, tarde o temprano, la liberación
nacional, la democracia y la justicia social, para el socialismo y la
sobrevivencia de la humanidad en un mundo mejor y posible.
El pueblo
mexicano será capaz de resolver los problemas que se proponga
resolver.
Convenceremos y venceremos. México, 27 de
noviembre de 2004. |