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Que pena con Marx

Alberto Híjar

Hace 130 años y con motivo de un congreso de unificación de los socialistas alemanes, fue discutido el llamado Programa de Gotha, luego de las reuniones siguientes al Congreso de la I Internacional Socialista celebrado en La Haya en septiembre de 1872, donde resultó expulsado Bakunin y Marx fue electo presidente del Consejo Electoral. Pero como las diferencias no se dejaron al mayoriteo, la discusión siguió porque seguían en pie de lucha los anarquismos, el revolucionario de Bakunin y el reformista de Proudhon; los socialistas radicales encabezados por Marx y Engels aliados al proyecto de Partido Obrero de Lievknecht y Bebel y los sensatos reformistas de siempre representados por Lasalle y la Asociación General de Obreros de Hassenklever, Hasselman y Trocke.

Pese a la oposición de hacer pública la crítica de Marx, Engels la dio a conocer en Newe Zeit (Nueva izquierda) con un prólogo donde explica por qué suprimió “algunas expresiones y juicios duros sobre personas, allí donde carecían de importancia objetiva”. Procuró lo sustancial.

¿Para qué hacer presente todo esto?. la respuesta resulta obvia para quienes en verdad construyen la transición a algo mejor que el capitalismo. Entonces y ahora abundan quienes pretenden unidad anticapitalista con la prohibición de discutir las diferencias. Unidad a toda costa, dicen como gran novedad ignorando que esta tendencia voluntarista y oportunista ha sido el gran obstáculo para los proyectos de largo plazo que requieren consolidar una estrategia precisa y sin vaguedades que a todos contente.

Ahora es la democracia y el humanismo la gran vaguedad esgrimida lo mismo por Fox que por López Obrador. En realidad, esgrimen la democracia sin calificarla para dar por bueno el parlamentarismo, las elecciones reducidas a candidatos de la oligarquía, todo para mantener la explotación capitalista con su dimensión imperial y mundial. El humanismo sirve como coartada para hacer de El Hombre el ocultamiento de las diferencias concretas entre hombres concretos. Vale recordar un proyecto de reflexión convocado por Erich Fromm en los sesenta del siglo pasado, al cual respondió el marxista Althusser de tal modo clasista, que el convocante decidió excluirlo, lo cual dio lugar a un pequeño gran libro de Althusser y otros comunistas sobre Marxismo y Humanismo (Col. Mínima, Siglo XXI ed., 1968). Así son los demócratas humanistas, bien abiertos y generosos, siempre y cuando no se critiquen sus vaguedades.

Lo mismo pasa ahora. Cada partido y cada grupo, glosan falsos proyectos de nación, reducen la discusión sobre el poder del estado a reformitas de algunos artículos constitucionales, inculpan a malvadas fuerzas económicas de los desastres antipopulares, se declaran limpios de corrupción como si esta fuera cuestión voluntariosa y no esencia capitalista y condenan, generan rumores de desprestigio y silencian las discusiones de los frentes, promotoras y ligas convocantes a la crítica radical del capitalismo. Cuando mucho, se la ejerce agónica e individual en las palabras de algún periodista universitario para contentar a los materialistas instintivos, esos que Marx critica en la tesis I sobre Feuerbach como los que no pasan de las apariencias ciertamente indignantes que no serán transformadas con sólo apasionadas arengas y descripciones patéticas. ¡Que pena con Marx!.

Conmemorar la crítica al Programa de Gotha exige su actualización. Pensar ahora lo que Marx y Engels dirían sobre los anarquismos ingenuos que repudian al estado como si así lo vencieran, sobre los socialistas dogmáticos y los reformistas irredentos, exige criticar a las ideologías contra toda transformación de fondo y de largo plazo, a cambio de aplaudir los pequeños cambios que tienen que ver más con formalismos jurídicos incumplidos que con la alternativa a la globalización capitalista.

El Taller de Construcción del Socialismo y el Frente Popular Francisco Villa Independiente, han iniciado la precisión del temario a discutir a propósito del programa de Gotha. El problema de fondo es la relación entre estado, partidos y nación, entre el hacer del estado la inamovible y eterna condición de todo cambio, si es posible el poder dual del estado y el de las organizaciones populares o si todo esto tendría que criticarse a partir del paradigma marxista del estado extinguible por el poder de los trabajadores.

De aquí los puntos tratados por Marx: la vanguardia proletaria en alianza ¿con quién?, ¿con la pequeña burguesía que quiere cambios pero no tantos?, ¿hasta dónde con ella?. A todo esto habría que preguntarse con Negri y Hardt, ¿y dónde está el proletariado?, ¿existe aún o es mera potencia extraviada en la multitud sin mas principios que la movilización contestataria?. ¿Qué hacer con los precaristas y los trabajadores informales y sin derechos?.

El internacionalismo lo practican los consorcios y el gobierno imperial con sus instituciones ordenadoras contra la soberanía de los estados. Del lado popular, los grandes enfrentamientos contestatarios, el Foro Social Mundial, los cientos de reuniones sin registro en la gran prensa burguesa, los programas de las organizaciones político-militares, son propuestas para responder a la pregunta clave del Foro de Porto Alegre: otro mundo es posible ¿cuál?.

Para superar el optimismo idealista de los comunistas y socialistas del pasado a un presente, habría que precisar al enemigo porque aquello de que el capitalismo está muriéndose, ha resultado un gran fiasco. La reorganización de los procesos de trabajo y la nueva territorialización del mundo, son pruebas concretas imposibles de reducir a defensa de la soberanía nacional realmente inexistente o a cuestiones salariales y de derechos laborales y sociales extintos. Hace falta crítica de la economía política a la que nunca llegamos para fundamentar estrategia y tácticas más allá de las puras manifestaciones contestatarias. Quizá los consejos obreros, de trabajadores en general, forzando el acceso a la información y a la administración de los centros de trabajo, sean la vía para no quedar en la oposición sin propuestas.

Del estado benefactor no quedan más que señales filantrópicas. A la par de exigirle que cumpla lo que todavía es ley, contrato colectivo y condiciones generales de trabajo, hay que ver si todavía pueden servir como presión los sindicatos o qué!.

La cuestión sindical sin una central obrera poderosa, exige la critica histórica del momento actual del movimiento obrero más bien agónico y fragmentado, reducido a defensas de la soberanía nacional que hace el juego a instituciones tan corruptas como PEMEX o la Comisión Federal de Electricidad. ¿A dónde van a dar los cuantiosos excedentes en el precio del barril de petróleo mexicano que ha llegado al precio más alto de su historia?. La disputa de los excedentes económicos es crucial en la transición del capitalismo al socialismo que ya empezó con la discusión sobre los servicios sociales de pensiones y jubilaciones, salud, educación, vivienda, ambiente.

¿Qué es el poder popular?, ¿es igual a poder comunitario?, ¿a las autonomías cómo?. ¿Qué es eso de la autogestión?. ¿Son las cooperativas alternativa al capitalismo o se trata de volver propietarios y patrones a obreros en lucha como los de Pascual y Euzkadi?

Marx y Engels fueron claros respecto a que libertad, igualdad y fraternidad ya no pudo darnos la burguesía. Si sólo oponemos otras vaguedades como justicia, democracia y libertad, no avanzaremos. Si erramos buscando interlocutores de relumbrón, si no atinamos a precisar al enemigo y al amigo, sólo estaremos gastando la pólvora en infiernitos. Es esta la hora de la crítica y la autocrítica a fondo y sin concesiones para construir la única alternativa histórica a la explotación criminal del capitalismo globalizado. Hay que empezar ya. De ahí la conmemoración de la Crítica del Programa de Gotha, lección ejemplar a seguir.


El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


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