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LA VIA CONSTITUCIONAL

Alberto Híjar

Hay que aprender de Bolivia donde la vía constitucional es un gran obstáculo para el poder popular, pese a las grandes movilizaciones donde han confluido los indígenas de Pachakutik, la Central Obrera Boliviana y el Movimiento al Socialismo. La vía constitucional con su consiguiente respeto al parlamento y al poder judicial, ha resultado punto de enfrentamiento para decidir sobre el poder: si elecciones, si interinato presidencial, si autonomías manipuladas por empresarios poderosos, si todo esto o nada. A pesar de todo, un proyecto de estado-nación crece allá ante los problemas que han evidenciado la insuficiencia de ser nación sin estado o actuar como si éste no existiera. La mayoría indígena insiste en el todo o nada, en tanto, la terca realidad hace del tránsito al socialismo un proceso a partir de la legalidad burguesa donde los de siempre tendrían que ser sustituidos por los insurrectos. La representación está en juego y ya se probó la ilegitimidad burguesa. De los argentinos llega la experiencia de pasar del ¡que se vayan todos! al regreso de unos cuantos que poco a poco restituyen a todos los que sólo en apariencia se fueron. De Brasil llegan las noticias del exdirigente obrero convertido en presidente neoliberal ante la inoperancia de la izquierda radical. La necesidad de oponer a esto el constante proceso de unidad, así sea contradictorio, entre la mayoría indígena, los obreros y los socialistas apoyados por los trabajadores es al fin la garantía de empezar a quebrar a la boliviana la globalización avasallante.

De la conciencia del límite burgués de la vía constitucional defensora de la propiedad privada y de su actualización con las serviles facilidades para los grandes consorcios trasnacionales, nace la critica a la nacionalización de los energéticos y el agua. Va de por medio la territorialidad que concreta la soberanía: ¿de quién es la tierra? ¿de los pueblos y comunidades o del estado? De aquí debiera seguir ¿de quién son las fábricas?, ¿de quién es el territorio nacional?

En México padecemos las consecuencias de no discutir a fondo estas preguntas y sus respuestas. En especial, la mal llamada expropiación petrolera significa la derrota del poder de los trabajadores organizados contra la explotación extrema de las trasnacionales, por el estado corporativizado con su partido político y su central de trabajadores unidos en apariencia por la soberanía nacional. El resultado es PEMEX, la compañía de luz, la explotación minera y territorial, todo en proceso continuo de entrega a los grandes intereses imperiales. La confusión entre soberanía nacional y soberanía entreguista del estado, le ha funcionado al Imperio y aún sindicatos contestatarios como el de Electricistas, levantan la bandera de la soberanía sin advertir que ésta no es del pueblo, sino de un estado que gobierno a gobierno entrega todo al gran capital y perjudica y desintegra al pueblo hasta convertirlo en multitud heterogénea e indiferente a las inexistentes representaciones en el estado. De todos modos, las reformas constitucionales no impiden las vías alternas para los contratos, los acuerdos y los tratados antipopulares. En su vano empeño de autolegalizarse, la burguesía, promueve reformas constitucionales para legalizar la servil entrega que habrá de prosperar con la complicidad de los partidos políticos registrados y financiados por el Estado, mediante las reparticiones del poder. Lo ayudan los mercenarios como Muñoz Ledo y su minucioso proyecto colectivo de reforma del estado, mucho mejor constituido que el México para Todos de Cuauhtémoc Cárdenas. Los demás mal llamados proyectos de nación, ni la toman en cuenta en su riqueza pluricultural ni intentan nada más que el enlistamiento de demandas populares obvias o en el peor de los casos, de slogans publicitarios.

La lección de la gran marcha zapatista de 2001 debiera se entendida: no ha habido movilización tan extensa y tan espectacular. El golpe maestro de ganar la palabra en la Cámara de Diputados in la participación del mando militar del EZLN, preludió la emergencia organizada de un poder civil comunitario concretado ahora en Los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno, pero nada de esto fue suficiente para hacer cumplir los firmados Acuerdos de San Andrés. El presidente Zedillo dijo no, pretextó la desintegración del país y todos, desde perredistas hasta panistas, priístas y el resto de la fauna partidaria, reconocieron sólo el derecho a la cultura que es nada sin la tierra y sus productos administrados por los productores y propietarios históricos. Era demasiado pedir, pero ni siquiera hubo modo de negociar.

Que ahora convoque la Sexta Declaración de la Selva Lacandona a discutir sobre una nueva constitución resulta impertinente ante los acontecimientos del pasado inmediato y la insurrección andina y argentina. A menos que, como decía Lenin luego de descubrir callejones sin salida, la integración de la nueva izquierda no electorera ni estatista, ni parlamentaria, logre una fuerza equiparable a la que tira presidentes en Ecuador, Bolivia y Argentina y de la que se vale el gobierno de Hugo Chávez para impulsar proyectos bolivarianos antiimperialistas y de agrupamiento y ayuda a los más débiles como son las pequeñas Antillas. Sin duda, la mira está puesta en 2010. A ver si entonces ya estamos en condiciones de hacer valer una constitución opuesta a la defensa a ultranza de la propiedad privada en beneficio de su mercantilización imperial. Una nueva soberanía popular del pueblo en lucha y no de la sociedad civil antojadiza y desmadrosa, crecerá no sólo en la letra sino en la práctica social. Ojalá y de ser así, bienvenida la Sexta.


El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


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