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CIVILISMO
Alberto Híjar
A raíz de la tregua unilateral del gobierno de Salinas
proclamada el 11 de enero de 1994, el EZLN declaró estar preparado para
la guerra y no para la paz lo cual concretó en declarar su carencia de
cuadros para la negociación con el estado al que había declarado
la guerra. De aquí la construcción de un interlocutor social y
político mediante una sucesión de comunicados en un
periódico de circulación nacional de intensa circulación
cada que publica completas las muy extensas declaraciones del Sub. El
interlocutor deseado ha sido la sociedad civil, esa contraparte del poder del
estado, llamada así por los filósofos de la historia del siglo
XVIII culminados en Hegel para establecer la dialéctica de resistencia al
despotismo y a la demagogia. El término en desuso ha conseguido
interpelar a todos los no representados por los partidos políticos y el
estado. Esa mayoría que se abstiene en las elecciones, encontró en
el EZLN el vocero necesario. La voz de los sin voz los incluye. El alcance
internacional de la sociedad civil fue cuantitativamente importante hasta el
siglo pasado con multitudinarias movilizaciones y encuentros más cercanos
a la fiesta donde cabía todo, menos la crítica política
precisa que posibilitara la transformación de la sociedad civil en
sociedad política. Esta debilidad fue la fuerza del EZLN porque en la
ausencia de precisiones políticas programáticas y en la
generalidad contestataria, todo cabía bajo la consigna del todo para
todos y del mandar obedeciendo sin pretender el poder al menos en el sentido
estatal del termino.
El gran poder de convocatoria ha mermado por la
distancia entre los proyectos comunitarios autogestivos en la región
controlada por el EZLN y la solidaridad simbólica y urbana. Esta es
antojadiza y resistente a proyectos de largo plazo, todo lo contrario a los
proyectos concretados en Los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno y sobre
todo, a la distinción entre el mando vertical del EZLN y la
horizontalidad del poder social fundamentado en asambleas, consultas, cargos
rotatorios y oportunidad a los relevos generacionales. De aquí una gran
contradicción entre el civilismo y el proyecto profundo del EZLN, Los
Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno planteadas como principio de lo que
pudiera ser el Plan La Realidad-Tijuana para recuperar el proyecto nacional e
internacionalista y superar el regionalismo comunitarista indígena.
El civilismo ha sido contradictorio pues por una parte ha
posibilitado las grandes movilizaciones y los grandes apoyos, pero ha impedido
la crítica hasta llegar a extremos autoritarios de práctica
prohibición de las reflexiones necesarias para la precisión de
proyectos y programas de largo plazo. Ahora mismo, pese a la Sexta
Declaración de La Selva Lacandona convocando ya no sólo a la
sociedad civil sino a la mera izquierda, hay quienes en aras de la
imprecisa unidad exigen silencio hasta no saber las decisiones del EZLN. Este
intolerante civilismo ha sido aplaudido especialmente por el Subcomandante
Marcos a cambio de ofender sin análisis a la izquierda crítica y a
las organizaciones político-militares carentes del poder de convocatoria
del EZLN. La Sexta Declaración de la Selva Lacandona parece cambiar esta
exclusión, pero no plantea reconocimiento alguno a documentos tan
importantes como el Manifiesto de Aguas Blancas y el de la Sierra Madre oriental
del EPR, ni a la declaración de Querétaro del Segundo
Diálogo Nacional ni mucho menos, a las experiencias de Los Andes,
Argentina y Venezuela. Quizá es demasiado pedir en el límite de
un discurso contestatario de asimilación del habla campesina, pero eso de
convocar sin agenda, sin temario para que en dos días cada conjunto de
organizaciones intercambie experiencias y documentos programáticos,
parece repetir el camino recorrido por el Frente Sindical Obrero Campesino y
Popular, la Promotora Nacional de lucha contra el Neoliberalismo, la Alianza al
Socialismo, justamente lastimadas por el desprecio de sus proyectos.
La Sexta Declaración tendría que dar lugar a la
politización crítica de la sociedad civil resistente a los
proyectos de largo plazo y a la construcción efectiva del poder popular.
Se trataría de no voltearse para el otro lado como suele decir Alfredo
Velarde en el Taller de Construcción del Socialismo cuando se refiere a
las simulaciones autogestivas que hacen como que no existe ni el estado ni la
globalización capitalista. El Foro Social Mundial llegó al punto
de preguntar que sigue luego de proclamar que otro mundo es posible. En la
precisión de ese otro mundo objetó la tendencia a dejar en los
personajes egregios los planteamientos de fondo para alentar aquello que el
ignorado José Revueltas llama “democracia cognoscitiva”, ese
encuentro entre la teoría y las experiencias concretas que da lugar a la
práctica transformadora, para decir con redundancia la
construcción del poder popular.
Esta democracia cognoscitiva
es todo lo contrario del opinadero característico del civilismo, hostil a
la teoría que les parece inútil e inconcreta. Para distinguirse
del pragmatismo oportunista y mercadotécnico de los partidos y los
personajes electoreros, la Sexta tendría que dar lugar a la
reflexión crítica que se apropiara de los trabajos de
científicos sociales que procuran la proposición de paradigmas y
nuevos conceptos para construir la alternativa definitiva a la
globalización capitalista. En esto ronda el fantasma del llamado
“paradigma perdido del marxismo” planteado por el economista cubano
Marcelo Yera quien argumenta al socialismo marxista-leninista como
tránsito del capitalismo al socialismo tendiente a la disolución
del estado en las estructuras del poder de los trabajadores. Esto incluye el
tránsito constante de la sociedad civil a sociedad política que
tendría como fundamento necesario esta construcción del poder de
los trabajadores irreductible a los festivales contestatarios.
El
civilismo no tiene más memoria que la de la movilización anterior
o la de las mantas, el equipo de sonido y el templete para la siguiente. En todo
caso los contenidos se les dejan a los dirigentes para así prolongar la
tradición despótica. Los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno
son la prueba de cómo construir al sujeto histórico necesario para
el largo plazo de transformación profunda de las relaciones de
producción. Aquella declaración resultante de la falsa tregua
salinista, ha sido denegada por lo que da título a la entrevista de Juan
Gelman con Marcos: “nada que ver con las armas”. Si y no porque sin
declaración de guerra no hubiera pasado nada, pero la manera de resistir
al cerco militar y paramilitar ha sido el vivir de otra manera a la indigna
miseria decretada por la burguesía contra los campesinos, hasta llegar a
esa apariencia colorida y festiva pletórica de referencias a Zapata, a
los heroicos encapuchados, a las frases claves del zapatismo y al nombramiento
de espacios con los héroes caídos como la compañera Lucha o
el subcomandante Pedro de los que si se sabe en la zona controlada por el EZLN,
aunque los ignore el civilismo desmemoriado por definición.
Ver in situ los nuevos espacios con los nuevos sujetos sólo
fructificará en la construcción de una izquierda no electoral ni
sujeta por los partidos registrados y financiados por el estado, si la
reflexión crítica y el reconocimiento del otro prosperan
más allá del opinadero, la fiesta y la religiosidad con sus
consignas como letanía y sus imágenes venerables. Todo esto es
necesario, pero con la mira puesta en 2010 es insuficiente. La reflexión
crítica tendría que concretarse en un proceso de redacción
más allá de los puros procedimientos operativos para las
reuniones, para que el rico discurso antiracionalista de Marcos quedara al fin
incorporado al encuentro con las reflexiones programáticas de las
organizaciones de izquierda resistentes al estado y sus partidos con registro y
financiamiento oficial. |