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SME DE LA MOVILIZACION A LA LUCHA
SME DE LA MOVILIZACION
A LA LUCHAAntonio Almazán González INTRODUCCIÓN
Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que son pocos
los sindicatos que
como el nuestro guardan un acervo tan rico de experiencias, hechos,
tradiciones
y lecciones cuyo conocimiento y discusión son indispensables para
forjar
una clara conciencia histórica de clase de los trabajadores de nuestro
país. Pero también es cierto que la historia de nuestras
principales luchas se han visto deformadas, desvirtuadas y eclipsadas
en la
conciencia de buena parte de los trabajadores del SME. Se puede decir que
parecemos una cierta amnesia histórica, que ha tendido a ocultar
acontecimientos y hechos que todavía para la década de los
cuarentas eran parte innegable de la conciencia de los electricistas de
aquella
época. Claro que podría explicarse la pérdida de
esta memoria histórica por el lado de la lejanía que tienen muchos
de estos acontecimientos. Además, podría argüirse que
muchos de los viejos fundadores o trabajadores que lucharon y
participaron en la
historia del SME, han muerto. En contra de este argumento, se encuentra
la revista LUX, órgano oficial del SME, desde 1928 y que en forma casi
ininterrumpida conserva testimonios, hechos, informaciones, documentos,
etc. al
alcance de quienes quieran explicarse y conocer la historia de nuestro
Sindicato. Si esto es así, la perdida de nuestra memoria
histórica debemos buscarla por otro lado. El curso de la
investigación histórica que he emprendido ha mostrado con
evidencia que la razón central de esta pérdida de memoria se haya
en la desmovilización en que se ha visto sumergido el SME en los
últimos 25 años.
En efecto, no es casual que para la memoria de
los trabajadores, determinados acontecimientos o hechos, puedan estar
más
o menos alejados en el tiempo. De hecho lo que les da actualidad a
estos
acontecimientos es su conexión viva con hechos o acontecimientos
actuales.
Es decir que tengan una relación visible con problemas que
en ese momento estén afrontando o por los que estén
luchando. En ese discutir sus problemas actuales; En ese intento por
analizarlos y conocerlos, así como participar en su solución, los
trabajadores vuelven sus ojos a la historia a su propia historia para
buscar los
argumentos, las lecciones, las experiencias, que les permitan explicar
mejor su
presente y transformarlo. Dicho en otras palabras, la memoria histórica
colectiva se conserva y se enriquece, ahí donde el presente es de
lucha. En este sentido es que la desmovilización de nuestro
sindicato ha impedido conservar viva y acrecentar nuestra memoria
histórica colectiva. Esta desmovilización además de ser
resultado del reflujo del movimiento obrero después de la década
de los 40; de los golpes asentados a los trabajadores en 1949, 1958-59
y del
control del estado sobre ellos a través de las centrales charras, en
nuestro sindicato encuentra como punto de apoyo una estructura sindical
atrasada.
Como se sabe, el SME nace con una estructura sindical cuya base fue
y ha sido la asamblea general. En ella se discutían todos los asuntos
que
atañían al sindicato; y para el número tan pequeño
de agremiados que el SME tenía en ese entonces ese tipo de
funcionamiento
era operante y funcional, pues permitía la participación de todos
sus agremiados. Siendo aproximadamente trescientos en su fundación, y
1800 para 1940, las asambleas generales, posibilitaban y permitían la
educación y la toma de conciencia de todos los trabajadores.
Con el
crecimiento numérico del SME, este tipo de estructura sindical se fue
haciendo cada vez más inoperante. Solo un reducido número de
trabajadores podía participar en las asambleas generales – 2000 a
la sumo -- mientras el resto vivía de hecho con la cabeza fuera del
sindicato; sin participar, sin discutir y sin decidir activamente sobre
sus
problemas. El resultado fue que para la gran mayoría de los
trabajadores, la historia de nuestro sindicato se fue borrando de su
memoria; o
bien se fue haciendo ideología, verdades a medias. Estas últimas
fueron promovidas por algunos dirigentes que deformaban ciertos hechos
de la
historia del SME para legitimarse y también para, de esta forma,
controlar a los trabajadores. Ejemplos de esta manipulación
ideológica de la conciencia de los trabajadores existen muchos;
mencionare el más socorrido. Ha sido una constante de la dirección
del SME en los últimos años, el presentarse como los herederos
naturales y los defensores de la “tradición democrática y
revolucionaria del SME”; presentándolo como “vanguardia del
movimiento obrero” y con un historial de “más de 60
años de lucha” . Es decir, estos dirigentes se apoyan en
hechos que han sido ciertos y reales, pero sin embargo ocultan sus
significado.
No menciona que esta tradición democrática y revolucionaria quiere
decir: a) Funcionamiento democrático basado en asambleas frecuentes en
donde los trabajadores son los que deciden. b) que las principales
conquistas
laborales de nuestro sindicato: 1914, 1916-17, 1921, 1929, 1934-36 se
han
obtenido mediante la movilización y combatividad de sus agremiados c)
la
historia del SME se ha significado por una incansable y tesonera lucha
por
conquistar la unidad de los trabajadores electricistas y del resto del
movimiento obrero. d) asimismo, en periodos coyunturales de su historia
el SME
ha mantenido una actitud de independencia política frente al estado,
etc.,
Es obvio que al no mencionar el contenido real de esta tradición
del SME, estos dirigentes intentan aparecer como los herederos de esta
tradición, cuando en los hechos lo niegan. Sin embargo, es tan
fuerte la tradición democrática y revolucionaria del SME, que
estos dirigentes se ven obligados a apoyarse en ella aunque
deformándola,
para mantenerse en el poder. Lo que es un signo muy grande de su
debilidad. Desmitificar pues la historia del SME, mostrar realmente cual
ha sido y en que ha consistido su tradición de lucha, es una tarea
actual. Y en esto los trabajadores están cada vez mas interesados por
razón natural. En los últimos 3 años, en nuestro sindicato
se observa, más claramente, un mayor interés de los trabajadores
–jóvenes y viejos– por hacer a un lado la apatía y
lucha por recobrar la democracia y los mejores laureles del SME. Yen este
renacimiento del SME, los trabajadores necesariamente comienzan a
volver los
ojos a la historia, no para regodearse en el conocimiento de hechos
pasados,
sino para entender en forma más clara nuestro presente y
transformarlo. A todos estos compañeros va dirigido el presente
ensayo, que forma parte de una serie que intenta abarcar la historia
del SME
hasta el momento actual.
El presente folleto abarca el periodo de 1919 a
1923, es decir, se ubica en el ascenso y consolidación del Bonapartismo
en México. Y aun cuando es notoria la escasez de fuentes de
información, lo que hizo apoyarme sobre todo en información de
periódicos de la época, la importancia de esta etapa de la
historia del SME es central para entender su desarrollo posterior hasta
1940. En efecto, si observamos solo los periodos de 1914-16 y 1934-40,
aparentemente habría una línea de continuidad, cuyos puntos
principales serian la independencia política del sindicato su
combatividad, su capacidad de movilización y la lucha que desarrolla
por
unificar a los trabajadores.
Sin embargo el periodo de 1919-23, echa por
tierra esta suposición y nos muestra un SME desusado. Concretamente nos
muestra la situación en que se encontraba el sindicato después de
la represión de la huelga de 1916: un sindicato desmovilizado y
desorganizado; así como los esfuerzos y las principales luchas que
libró en estos años, para recobrarse, dar vigencia a derechos ya
conquistados y alcanzar otros nuevos; así como el tipo de sindicalismo
con el que emerge en los gobiernos posrevolucionarios. Asimismo, este
periodo es básico para entender el desarrollo histórico posterior
del SME; el florecimiento de corrientes pequeño burguesas en su base y
dirección; la lucha entre esta corriente propatronal y la corriente
sindical reformista; los esfuerzos que hace para unificar a todos los
electricistas del país y finalmente el ascenso de la corriente
socialista
que Breña Alvirez encabezó y que le permitió al SME jugar
un papel de primer orden en las luchas obreras de 1934-40. De esta forma,
el ultimo capitulo titulado “Epilogo y punto de partida”, es
precisamente el punto de llegada de una serie de tendencias y elementos
que
permiten explicarnos la situación del SME para 1925, pero también
es la base que nos permitirá entender el desarrollo ulterior del
sindicato. De aquí, que para una mayor comprensión del trabajo,
sea recomendable una lectura rápida del último capitulo, en donde
se presentan de manera condensada estas conclusiones.
Finalmente, para una
mayor comprensión del folleto, se anexan 3 escritos acerca del origen,
fundación y principales luchas del SME hasta 1916. Su lectura es
básica para tener una visión general de esta
etapa. Reconozco que el presente trabajo es incompleto en muchos sentidos
y seguramente suscitara debates y discusiones. Sobre lo primero espero
que
compañeros que guarden acervos históricos de este periodo hagan
las críticas pertinentes que permitan enriquecer la visión del
mismo. Sobre lo segundo, espero que este trabajo contribuya a recobrar
la
conciencia histórica perdida.
UN
SINDICATO DESMOVILIZADO Y DESORGANIZADO
La quiebra de la huelga general de 1916 por el
gobierno burgués de
Carranza, no pudo haber sido más traumática para la vida del SME a
lo largo de estos años. Esta experiencia, a menos de dos años de
haberse fundado el sindicato, así como la posterior política
represiva del gobierno Carrancista hacia el incipiente y joven
movimiento obrero
en México, seria determinante en la conformación de diversos
elementos que iban a dar vida al tipo de sindicalismo del SME durante
el periodo
que va de 1920 a 1932.
Una de sus primeras consecuencias fue la
desmovilización en que hundió al SME durante los años de
1918, 1919 y primeros meses de 1920.
Como nos comentó un miembro
fundador del SME, el sindicato quedó temeroso por las represalias de
que
podrían ser objeto de parte del gobierno de Carranza, si se embarcaban
en
acciones sindicales profundas. Vino cierta retracción nos comentaba
Francisco de Celis Vertiz- Nadie sabía a que le tiraba, ya que el
gobierno de Carranza era considerado por nosotros como enemigo de los
trabajadores.(1)
El mismo Francisco de Celis Vertiz y Felipe Bustos
–otro fundador del SME– en artículos escritos en
“LUX”, nos muestran la situación en que quedó el SME,
después de la huelga de 1916.
De acuerdo con Felipe Bustos, es a
partir de 1919 que el SME comienza a reorganizarse, después “...
que había sido destrozado, como otros muchos, por el gobierno del
señor Carranza”, agregando: “Siempre recuerdo el terror que
en aquella fecha inspiraba ocupar un puesto de esta naturaleza. Hubo
secretario
general que no llegó a ocupar su puesto. Nadie quería ocupar un
carguito que traía como consecuencia inmediata el cese.”
(2)
Por su parte Francisco de Celis Vertiz, rememorando la
situación posterior a la huelga de 1916 nos dice:
“Durante
varios años que siguieron a estos sucesos, el sindicato padeció un
lamentable abandono, y su deficiente organización se traducía en
un desaliento general, hasta que un GRAN COMPAÑERO, SALVADOR CELIS
GUITIERREZ... tomó en sus manos la dirección de la
agrupación” (3)
Aunque estos viejos dirigentes y fundadores
del SME no coinciden en el año a partir del cual el sindicato comienza
a
organizarse, el hecho es que durante 1919 y primer semestre de 1920, el
SME es
una organización que no manifiesta peso ni poder en la vida sindical
del
país; y esto contrastando con un momento en que el movimiento obrero a
nivel nacional comienza a vivir una etapa de reanimación e intensas
movilizaciones y huelgas sacuden al país, exigiendo el derecho a la
organización sindical, aumento de salarios y aplicación de las
conquistas sancionadas en la Constitución de 1917.
En un momento
en que los trabajadores tranviarios de la ciudad de México y Veracruz
dan muestras de la fuerza, combatividad y radicalidad de sus
movimientos, el SME
no da indicios de vida sindical y a lo sumo se concreta a la
celebración
de “veladas” literario musicales (4) concretamente el SME, en todo
1919 solo se manifiesta en dos ocasiones en la vida sindical del país.
La
primera de ellas a mediados de mayo, en apoyo de una huelga de
profesores, y la
otra, intentando una movilización como protesta por el cese de varios
trabajadores electricistas por la Compañía de
Luz.
Aproximadamente a mediados de mayo los profesores del D.F., estallan
una huelga debido a que el ayuntamiento de la ciudad se negaba a
cubrirles el
salario a todos ellos. Esta huelga de los profesores ganó
inmediatamente
el apoyo de la mayor parte de las organizaciones obreras del D.F.,
entre las que
se encontraban la Federación de Sindicatos Obreros del D.F., el
Sindicato
de choferes, la casa del Obrero Mundial, el Cuerpo Central de
Trabajadores de la
República Mexicana, la Unión Lino topográfica y la
Unión de Ferrocarrileros y Mecánicos.
Por su parte el SME,
también brindó apoyo a los profesores en huelga pero tal y como lo
declarará uno de sus dirigentes, este apoyo era posible porque contaba
con que otras organizaciones obreras lo habían dado ya. El desenlace de
este movimiento huelguístico que había ganado la simpatía
de la mayor parte de los trabajadores del D.F., fue la represión que el
Gobierno de Carranza desato en contra de los profesores huelguistas y
de las
organizaciones obreras que los apoyaban. Para esto ordeno la clausura
de los
centros de reunión de cada una de estas organizaciones.
En lo que
se refiere a los trabajadores tranviarios que como medida solidaria
habían secundado la huelga de los profesores, resultaron también
afectados pues a un buen número de ellos el gobierno no les
permitió volver a sus trabajos. (5)
La otra manifestación
de vida sindical del SME en 1919 consistió en un intento frustrado de
movilización a principios de Septiembre debido a la separación que
la Compañía de Luz y Fuerza Motriz habían hecho de varios
trabajadores.
Las separaciones injustificadas en estos años eran el
pan de cada día. Cuando la empresa a su criterio dejaba de necesitar de
la fuerza de trabajo de cualquier obrero, simplemente lo despedía y
ya.
Además, como lo muestra el Anexo que presentamos sobre los
comités del SME, la Cía de luz frecuentemente recurría a
las separaciones injustificadas para quitarse de encima y reprimir a
cualquier
trabajador o miembro del comité, que por su actuación y militancia
sindical le eran “peligrosos”.
Debido a estos ceses Luis R.
Ochoa, Alfredo Baca, Ezequiel Maciel, José R. Cruz y Salvador Celis
Gutiérrez, firmaron un memorial que enviaron a la Compañía
de Luz exigiendo la inmediata reposición de los cesados o en caso
contrario –decían– obrarían como conviniera a sus
intereses.
La respuesta del gobierno de Carranza no dejó dudas de
qué lado estaban sus intereses. Los cinco firmantes de memorial fueron
citados a la junta de conciliación y arbitraje, en donde les
comunicaron
la intención “...que tenía el gobierno de reprimir o evitar
toda alteración del orden público”. Esta abierta amenaza de
seguro que minó el ánimo de los dirigentes electricistas, pues su
respuesta fue en el sentido de que no existía posibilidades de
algún conflicto, porque había la mejor voluntad para llegar a un
acuerdo, y por el motivo principal ya no existía, pues la mayoría
de los cesados –según ellos– se negaba a regresar a su
trabajo.
La otra razón de esta posible movilización era la
exigencia de los electricistas de que se destituyera un tal “Mc.
Karty”; conviniéndose finalmente que sería cambiado de
departamento . (6)
Es fácilmente advertible en estas acciones
algunos de los rasgos principales que caracterizarían al SME durante
estos años: cautela en las acciones, actitud abierta a la
negociación y rechazo a utilizar de entrada medidas radicales y formas
de
lucha que como vimos y veremos contrastaban visiblemente con las
utilizadas por
los trabajadores tranviarios.
Esta actitud temerosa y cautelosa del SME,
manifestada en el tipo de apoyo prestado a otras organizaciones de
trabajadores,
así como en sus métodos y formas de lucha ante la
Compañía de Luz, es perfectamente explicable por la experiencia
que les había dejado la huelga general de 1916, así como por la
política de mano dura de Carranza hacia el movimiento
obrero.
Como posteriormente nos comentó Francisco de Celis Vertiz,
la lección aprendida consistió en sujetar y adecuar sus acciones
sindicales de acuerdo a las circunstancias políticas del
país.
Sin embargo, las repercusiones de la experiencia de la
huelga de 1916, irían más allá de conformar un sindicalismo
cauteloso en el SME.
Iba a dar origen a un principio ideológico que
garantizaría –aunque con altibajos como veremos mas
adelante—la independencia orgánica del SME ante los sucesivos
gobiernos posrevolucionarios y su apéndice obrero que era la CROM. Me
refiero al principio de no participación en política.
Este
principio, aún cuando tuvo una raíz anarcosindicalista, en el SME
derivó más como resultado de la comprensión, por
experiencia propia, del carácter burgués del gobierno Carrancista;
y de igual manera su fortalecimiento como elemento de la estructura
ideológica del SME obedecería a la necesidad que este tuvo de
garantizar su vida independiente, ante la política represiva de los
posteriores gobiernos hacia los intentos obreros de actuar de manera
independiente de la Confederación Regional Obrera
Mexicana.
Asimismo, este principio no significaba otra cosa más
que independencia ante el gobierno, no participación en puestos
públicos y no relación con partidos y personalidades que aspirasen
al poder gubernamental. (8)
De hecho, esta fue la razón por la
cual el SME que había participado en la fundación de la
CROM—siendo delegado Luis N. Morones – abandonó esta central
obrera a los pocos meses de haberse formado. La razón que esgrimió
el SME para abandonar esta central obrera fue que “tomaba tintes
políticos” (9)
Sin embargo, la salida del SME de la CROM no
significó un enfrentamiento entre ambas organizaciones tal y como se
dio
entre la CGT y la CROM, sino que se mantuvieron relaciones cordiales,
por lo
menos en estos primeros años entre ambas organizaciones. (10)
Par
a completar la visión general del tipo de sindicalismo con que
emergió el SME a la década de los veintes, es conveniente
señalar otra característica que aun cuando no deviene de la
experiencia de la huelga de 1916, si sería una constante fundamental
del
SME en su segunda época: me refiero a su limitación a una
posición de lucha esencialmente económica y cumplimiento del
artículo 123 Constitucional.
Efectivamente, la Constitución
de 1917, particularmente el articulo 123, ejerció una influencia
determinante en la 2ª. Etapa de la vida del SME. Lo anterior es
perfectamente corroborable tanto por las características de sus
movilizaciones, los métodos de lucha utilizados, así como la
concepción que de ellos tuvieron sus principales dirigentes.
De
hecho la Constitución de 1917, en particular el artículo 123, al
elevar a rango de norma fundamental una serie de conquistas primitivas
del SME
dictó los horizontes a que habría de sujetarse el sindicato de
1919 a 1932.
Lo anterior es comprensible. El SME que de 1914 a 1916
había desarrollado una serie de luchas que le habían dejado como
fruto una serie de derechos laborales, al ser incluidos y elevados
estos al
rango de norma constitucional, no pudo menos que reconocer en la
Constitución de 1917, y en el articulo 123 una expresión directa
de sus intereses y objetivos y adecuar por tanto, su actividad sindical
al
contenido de este.
“Estábamos...contentos por esto
“nos afirmó Francisco de Célis Vértiz, al referirse a
la impresión que la promulgación de la Constitución de 1917
causó en los electricistas del SME, y quien, en diciembre de 1956,
mirando retrospectivamente los primeros años de vida del SME
afirmó:
“...mientras en otros países ya era viejo el
sindicalismo, aquí en México era completamente desconocido, porque
así convenía a los intereses de la clase capitalista,
decididamente apoyada por la mano de hierro de un gobierno caduco, pero
el
pueblo al fin, siguiendo el llamado de las nuevas ideas, dio rienda
suelta a sus
ansias, y la Revolución Mexicana que al principio solo llevaba fines
meramente políticos, pronto se acordó de las doctrinas de sus
verdaderos precursores y tomó tintes de carácter societario que a
la postre quedaron cristalizados en las páginas gloriosas de nuestra
Constitución...” (11)
Vemos pues, que el SME en 1919
además de vivir un periodo de desmovilización, es ya un sindicato
con una estructura que habría de sostener hasta comienzos de la
década de los 30s, a saber: limitado a una posición de lucha
esencialmente económica y cumplimiento del articulo 123, replegado a un
tipo de lucha sindical que en sus métodos y formas de acción se
manifiesta mesurado y cauteloso; y sostenimiento del principio de no
participación en política como medio de garantizar su
independencia para decidir sobre sus intereses económicos.
La
desmovilización y desorganización eran el caro precio que los
electricistas del SME estaban pagando después de su brillante y
destacada
participación en la huelga general de 1916 y la represión de esta
por la política antiobrera y burguesa de Venustiano
Carranza.
Todavía en 1919, como ya vimos, Carranza se atrevía a
reprimir abiertamente una huelga de profesores, así como a las
organizaciones obreras que los apoyaban. Descaradamente intentaba
imponer una
política burguesa al país, y aparentemente contaba con la fuerza
para hacerlo pero esto era en la apariencia. Su política abiertamente
burguesa era la negación de un equilibrio de fuerzas que se había
alcanzado en el curso de la Revolución Mexicana, así como del
compromiso que representaba la Constitución de 1917.
Obviamente el
gobierno Carrancista nadaba contra las corrientes de la historia del
México de entonces. Su caída era pues inevitable. Serían
las fuerzas políticas y militares que representaban ese equilibrio
alcanzado, las encargadas de volver las aguas del río de la historia a
su
curso normal.
El SME, al amparo de este cambio político a nivel
nacional comenzaría poco a poco a incorporarse a la lucha que en esos
años los obreros estaban dando. Y en esta reincorporación del SME
a la lucha obrera, los trabajadores tranviarios jugarían un papel
central
al contagiar y estimular con el ejemplo de sus movilizaciones el
espíritu
de lucha de los electricistas del SME.
¿Cuáles eran esas
nuevas condiciones políticas nacionales en las que el SME se
comenzaría a incorporar a la lucha obrera? ¿de donde venían,
resultado de que eran y qué consecuencias acarreo al movimiento obrero
en
México?
Para dar respuestas a estas interrogantes que son vitales
para entender y comprender el desarrollo del movimiento obrero en estos
años es necesario referirme a un acontecimiento que sentó las
bases de la actual sociedad mexicana moderna: LA REVOLUCION MEXICANA DE
1910-1920.
LA
REVOLUCION CAMPESINADE 1910-20
Aparentemente, el análisis y la caracterización del
movimiento revolucionario de 1910 constituye un afán meramente
académico o histórico. Pues a primera vista, qué otro
interés puede tener el esclarecimiento de un movimiento que se dio hace
ya más de 60 años, y que por otra parte, ha sido tan desvirtuado
en su significado por los voceros oficiales. Nada más equivocado.
Aún cuando no negamos que el análisis y la caracterización
de la Revolución Mexicana pueda darse por razones puramente
académicas, también es cierto que su esclarecimiento es vital para
la comprensión del momento actual, así como para el planteamiento
correcto de una política revolucionaria. Esto último es debido a
que a partir de este profundo movimiento social, se van a generar y
desarrollar
los elementos que conforman a la sociedad Mexicana Moderna.
En lo que
sigue partiremos de los siguientes supuestos:
es a partir de la
Revolución de Reforma que el proceso de acumulación originaria de
Capital se acentúa iniciándose la consolidación de una
clase burguesa y constituyendo la paz porfirista una etapa de franco y
acelerado
desarrollo capitalista.
“Este proceso de Desarrollo Capitalista
culmina entre 1890 y 1910, época en que el capitalismo mundial ha
entrado
en lo que Lenin llamó su “última fase”, es decir, el
imperialismo, la organización del capital en grandes corporaciones, su
concentración extrema, el dominio, en suma, del Capital Financiero
Internacional”. (1)
“El hecho de que, a lo largo de todo ese
proceso, haya en México formas de sobreexplotación que no
corresponden a la forma central de la explotación capitalista no es
prueba, ni mucho menos de que México fuera un país Feudal, si no
por el contrario, prueba de que era un país capitalista atrasado” (2)
De hecho, el desarrollo del Capitalismo a escala mundial establece
una “...nueva división internacional del trabajo ajustada a los
centros principales de la industria maquinista, división del trabajo
que
convierte a una parte del planeta en campo preferente de producción
agrícola para las necesidades de otra parte organizada primordialmente
como campo de Producción Industrial”(3)
Así,
“...en aquellos países destinados hacer campo preferente de
producción agrícola, el capitalismo fomenta formas de
sobreexplotación distintas de su forma de explotación principal y
parecidas a las formas de explotación precapitalistas.”
(4)
Es a partir de la Revolución de Reforma que el proceso de
acumulación originaria de capital –o sea el proceso
histórico de disociación entre el producto y los medios de
producción– asume su mayor expresión. Tanto las leyes de
colonización dictadas por Porfirio Díaz se inscriben dentro de
este proceso. Las Leyes de Reforma, cuyo propósito había sido el
posibilitar el surgimiento de una nueva clase de pequeños agricultores
propietarios se tradujeron en una “...nueva concentración
latifundista de la propiedad agraria” Así, “ durante
décadas los latifundios crecieron devorando las tierras comunales de
los
pueblos indios y convirtiendo a los campesinos de las comunidades en
peones de
los terratenientes.”
Este proceso de concentración de la
tierra, aunque se realizó de manera distinta en las diferentes regiones
de México en lo fundamental se desarrollo a partir de la
destrucción de las comunidades y pueblos indios, y se tradujo en la
formación de una burguesía agro exportadora. (5)
Así, vemos que para 1910, 834 hacendados eran dueños de
más de 167 millones de hectáreas, frente a más de 3
millones de campesinos jornaleros agrícolas o peones, y aproximadamente
411,096 personas que figuraban como agricultores. Por otra parte, para
1910,
“ las haciendas abarcaban el 81% de todas las comunidades habitadas de
todo México. “
Naturalmente, que este proceso de
penetración del capitalismo en el campo se desarrollo en lucha
constante
con los pueblos indios que se resistían, se organizaban en revueltas y
eran implacablemente reprimidos. Sin embargo el ascenso del capitalismo
en
México, bajo el régimen de Porfirio Díaz, iba a significar
la destrucción de las tierras comunales.
Debemos detenernos en el
análisis histórico de la penetración del capitalismo en el
campo, así como en la peculiar estructura agraria que penetra y
destruye
, no solo por la importancia que indiscutiblemente guardaba la
agricultura en la
economía nacional de entonces, sino fundamentalmente porque de ahí
va a surgir la principal fuerza social de la Revolución Mexicana, y de
ella van a originarse y desarrollarse las características que el
movimiento Revolucionario Campesino asumió en este proceso.
Como es
sabido, el capitalismo que penetra a América Latina a través de la
conquista española no suprimió el modo de producción
imperante en el México Indígena sino solo imperios que se alzaban
sobre las cumbres de estos. Este modo de producción de las antiguas
civilizaciones en México, corresponde a lo que Marx denomina Modo de
Producción Asiático, que caracteriza como “aquel en que no
hay propiedad privada de la tierra, sino comunal; hay una unión intima,
dentro de la comunidad, entre la agricultura y la industria artesanal;
se da en
regiones en que son indispensables para la agricultura grandes obras
hidráulicas fuera del alcance de la comunidad aldeana, lo cual implica
un
poder central que haga esta obra; el estado, que se personifica en un
déspota o en un dios, concentra la mayor parte del plusproducto o
producto excedente, lo que condiciona el surgimiento de capas sociales
mantenidas por ese excedente que son la fuerza dominante en la
sociedad;
finalmente, Marx señala que este tipo de forma social tiene una gran
estabilidad y una inmensa resistencia al cambio, incluso cuando procede
del
exterior y es impuesto por la violencia.” (6)
Pues bien, en
México sobre esas comunidades agrarias o calpulli, se alzaban el
imperio
de los Aztecas, y su capital México-Tenochtitlán. Como lo plantea
el citado documento: “los conquistadores españoles pudieron
destruir la estructura del Estado Azteca, pero no la forma comunal de
la
propiedad de la tierra, la cual, aún en progresivo retroceso, resiste
toda la colonia la independencia, las Leyes de Reforma Liberal y el
Porfirismo.” (7)
Claro está que la penetración del
Capitalismo en estas estructuras agrarias comunales significó un
proceso
de disgregación y descomposición interna de esta estructura
comunal, sin embargo fue incapaz de introducir y desarrollar una
relación
social superior en el campo. De hecho no solo subsistieron parte de las
comunidades agrarias, sino que en el campesino, “persistieron sus
costumbres colectivas, sus relaciones igualitarias, sus formas de
producción y de trabajo basados en la cooperación y en la ayuda
mutua, su lenguaje fraternal con una fuerza social superior a la del
capitalismo” (8)
No nos parece ocioso subrayar la importancia de
estas características del campesino el México antes de la
Revolución Mexicana, pues nos parece central en la interpretación
de está. De hecho estas características de tradición
comunal –sobre las bases de las nuevas perspectivas históricas
abiertas por la revolución rusa de 1905 y 1907– como plantea
acertadamente Gilly, guardan tres funciones primordiales: “...servir
como
parte de la estructura y sostén de los órganos para organizar la
lucha de enlazar su comprensión con la perspectiva colectiva y
socialista; y de servir de punto de apoyo para el salto a un modo de
producción superior, también colectivo en la organización
del Estado Obrero y en la construcción del Socialismo.”
(9)
A la par de este proceso de penetración del Capitalismo en el
campo que asume, como vimos una forma atrasada, la política del
dictador
Porfirio Díaz en lo económico, que consistió “... en
garantizar condiciones favorables a la inversión extranjera... para
transformar a México de un país con pequeños mercados
locales y regionales, en otro, con un mercado único interno, en el que
las mercancías pudieran circular libre y fácilmente,” se
tradujo en un crecimiento de la inversión extranjera en México,
que para 1911 guardaba la siguiente composición: “Más de la
mitad del total de la inversión extranjera en 1911 estaba constituida
por
inversiones en ferrocarriles y en bonos del gobierno mexicano. Segundas
en
importancia figuraban las inversiones orientadas hacia la explotación
minera, agrícola y ganadera. La tercera categoría de inversiones
consistía en la colocación de capitales hecha por inmigrantes
– principalmente franceses y españoles, complementadas por algunos
cuantos británicos, alemanes y estadounidenses – en la
producción industrial para surtir a los mercados internos de
México.” (10)
Caso típico de la penetración
del capital extranjero en el México del porfiriato, fueron las
vías férreas; de hecho construidas “... por enclaves
imperialistas, con el propósito de unir ciertas explotaciones
especialmente mineras de la economía mexicana con el mercado
norteamericano, los fabricantes mexicanos pudieron servirse de ellas
para
penetrar en el mercado nacional. De ahí que el crecimiento de las
exportaciones y el desarrollo del mercado interior estuvieran
íntimamente
ligados.” (11)
Sobre la base del proceso combinado del crecimiento
de la “demanda de inductos productivos de parte del sector exportador y
el
poder adquisitivo de quienes obtenían sus ingresos de ese sector” a
la par del mercado generado por la penetración del capitalismo en el
campo, se fue generando y creciendo un mercado interno que aunado a los
bajos
salarios pagados y a la protección de facto por la depreciación de
la plata motivo que “algunos capitalistas comenzarán a interesase
por las inversiones en la industria”. De hecho, el sector fabril de la
industria “...creció, tanto a partir de inversiones nacionales
provenientes del comercio o la manufactura como por inversión en el de
capitales extranjeros.”(12)
Así pues vemos el surgimiento de
una burguesía industrial manufacturera que corre paralela al
crecimiento
del mercado internacional y que es uno de los hechos que distinguen al
porfiriato. A la par de la formación y desarrollo de esta
burguesía industrial se da un proceso de concentración en torno a
capital bancario.
En virtud de este crecimiento del mercado nacional, el
sector industrial aumento considerablemente, y por ejemplo de 1877 a
1910
cuadruplico su producción (13) Este sector industrial se
desarrolló principalmente en la rama de los textiles, extractivas, de
artículos de consumo, cerveza, papel, electricidad y gas y en menor
medida en la metalúrgica. (14)
Este crecimiento y desarrollo de
una burguesía industrial conllevó en forma natural la
aparición de un proletariado, que por ejemplo de 1895 a 910 aumento de
553 mil a 606 mil trabajadores (15) Sin embargo, su peso era
relativamente menor
comparado con la agricultura que ocupaba el 61.8% de la fuerza de
trabajo y que
tenía un lugar predominante en la economía del
país.(16)
Las condiciones de este incipiente y poco desarrollado
proletariado eran oprimentes. Eran los patrones los que imponían las
horas que se tenía que trabajar, y las más favorables de estas
jornadas de trabajo eran generalmente de 12 ½ horas diarias.
Se
trabajaba “... de las seis de la mañana a las ocho de la noche,
menos dos pausas de cuarenta y cinco minutos, para el almuerzo y la
comida.
Cuando la había, no se pagaba el descanso semanal, ni en general los
días festivos.
Las empresas hacían responsables a los obreros
de la conservación de las máquinas y útiles y del buen uso
de los materiales, castigándolos con descuentos sobre el salario en
caso
de pérdida o deterioro.”
Los capitalistas no asumían
responsabilidad alguna en casos de accidentes de trabajo, ni por
enfermedad o
cesantía del obrero, o al sobrevenir la edad en que este quedaba
incapacitado para continuar sirviendo en las fábricas, y menos
todavía tratándose de despido por causa de crisis en la
industria.” (17)
El Código Penal del D.F. y la
legislación semejante de otros estados castigaba a quien “..
procura el aumento o disminución de salarios o que obstaculizará
el libre ejercicio del trabajo y la industria por medio de la violencia
moral o
física.” Mediante el encarcelamiento y la imposición de
multas.”(18)
El desarrollo y crecimiento de esta incipiente clase
obrera corrió paralelo al desarrollo industrial del país.
Así hasta 1870, el carácter predominantemente artesanal del sector
no agrícola “limito las actividades de organización solo a
la fundación de sociedades mutualistas”. De 1870 a 890, con el
crecimiento del mercado nacional y el desarrollo del sector industrial
aparece
el Gran circulo de Obreros de México que aún cuando marcado y por
la influencia artesanal de sus dirigentes, y su orientación mutualista,
empieza a desarrollar actividades de resistencia contra los patrones,
efectuando
algunas huelgas; cosa que antes de 1870 eran rarísimas. “sin
embargo, la creciente fuerza y autosuficiencia del régimen de Díaz
impidió con eficacias que se superase de manera significativa la fase
de
organización mutualista.”
De 1880 a 1905, con el auge dela
inversión extranjera la producción artesanal “comenzó
a ser sustituida por una concentración de obreros en gran escala en las
fábricas”. Sin embargo, la actividad organizativa fue casi nula en
virtud del autoritarismo de Díaz que aplasto la prensa obrera y
disolvió o neutralizo como en el caso del Gran Círculo, a las
organizaciones de los trabajadores.
Finalmente, de 1908 a 1911, con la
agudización de las contradicciones del régimen de Díaz,
surgieron los primeros sindicatos cuyas luchas alcanzaron su periodo
más
violento en 1906 y 1907. (19)
Sin embargo, este despertar y resurgimiento
del movimiento obrero fue violentamente aplastado por el gobierno de
Díaz. Esta inmadurez objetiva y subjetiva de la clase obrera en
México, así como que sus tempranos estallidos fueran reprimidos,
determinaron su no participación como clase en el movimiento
revolucionario de 1910, reduciéndose esta a una participación
individual.
Para comienzos de siglo, la economía mexicana atravesaba
por una profunda crisis. Hechos mundiales como la depresión mundial de
1900-1901, el cambio de la composición y dinámica del comercio
mundial y la crisis internacional de 1907-1908, así como la
vinculación fija del peso al patrón oro, rompieron las bases sobre
las cuales se desarrollaba el capitalismo en México y significo el
colapso del modelo capitalista dependiente agro minero exportador,
manifestándose esto no solo en “la quiebra de un sinnúmero
de pequeños fabricantes, en protestas proletarias, y enfrentamientos
entre grupos regionales y grupos bancario-industriales nacionales.”
(20)
Como es sabido, el movimiento maderista fue el detonante que desato
la Revolución Mexicana de 1910-20. Y aunque este movimiento solo
perseguía en esencia objetivos democráticos liberales,
abrió las puertas para que las masas mexicanas manifestaran
violentamente
su descontento y expresaran sus propias demandas.
Así, la
Revolución Mexicana, “con la irrupción de las masas
campesinas y de la pequeña burguesía pobre se desarrollo
inicialmente como revolución agraria y antiimperialista”
(21)
Pues recogió en sus banderas el problema de la tierra y de
otras demandas de los trabajadores urbanos, y antiimperialistas, pues
planteaba
el rescate de los recursos naturales en manos del capital extranjero.
Esta
revolución campesina en su curso tomó un carácter
anticapitalista pues no solo disloco el sistema de haciendas, sino que
liquido
militarmente en 1914 al ejercito burgués porfirista, destruyó el
Estado Burgués de Díaz y puso en fuga y en derrota a la tendencia
burguesa que Carranza representaba.
Estos hechos que se dicen fácil,
tienen sin embargo una importancia capital. Significan que “En ese
momento, el capitalismo esta abatido en México, esta literalmente en
escombros. Pero esta abatido desde el punto de vista político. Desde el
punto de vista económico ha sido aplastado en el campo, no en la
ciudad.
La oligarquía terrateniente está prácticamente liquidada,
no así la burguesía urbana. Si tomamos en cuenta que la propiedad
privada en el México de entonces era predominantemente rural,
comprendemos el golpe tremendo que los ejércitos de Villa y Zapata le
habían dado al capitalismo, desde el punto de vista económico
social. Desde el punto de vista político, el golpe es aun mayor puesto
que la capital, el centro político del país, estaba en manos de
esos ejércitos. Huerta había huido, y la tendencia burguesa de la
Revolución, es decir Carranza, estaba arrinconada en Veracruz, sin
fuerza
y sin base social.” (21)
Para 1914, los ejércitos campesinos
de Villa y Zapata, que habían tomado la ciudad de México,
tenían el poder y habían hechos una revolución
objetivamente anticapitalista. “Entonces se planteaba una cuestión
que ellos – claro—no comprendían, pero que era completamente
real: o se retrocedía al capitalismo, o se avanzaba al socialismo. Como
campesinos, ellos no podían avanzar hacia el socialismo por si solos;
tenían que aliarse con la clase obrera”(22) Pero la clase obrera,
ni buscó esta alianza ni podía dar esta perspectiva de avance
hacia el socialismo. Era como vimos una clase en formación,
incipientemente desarrollada y con una dirección que no era proletaria,
sino anarcosindicalista.
Pero si el movimiento revolucionario de los
campesinos fue incapaz de seguir adelante, pues carecía de una
perspectiva política a nivel nacional, había dejado a la
burguesía en una situación de debilitamiento extremo, por los
duros golpes que en lo económico y político le había
propinado.
Esta debilidad política y social en que se encontraba la
tendencia burguesa después de 1914, se va a expresar en el viraje a la
izquierda que se da en el interior mismo del Ejército
Constitucionalista
que jefaturaba Carranza.
Recordemos que en 1913, en la redacción
del Plan de Guadalupe, Carranza se había opuesto a un sector de los
jóvenes oficiales que proponían que se incluyeran puntos de
demanda obrera y campesino. También recordemos, que en 1914 Carranza
desconoce el Pacto de Torreón, en donde el Villismo estimulado por su
creciente poderío y animado por la extensión y
profundización de la Revolución, incluía en la
cláusula octava, puntos obreros y campesinos.
Esto significaba
“...que el centro de gravedad del poder se había desplazado: de la
tendencia carrancista, burguesa , burguesa hasta la médula que no
hacía ningún tipo de concesión en cuanto a la propiedad
privada, a la tendencia jacobina, pequeño burguesa, que tenía su
ideólogo en Mújica y su caudillo Obregón.”
(22)
Con todo y que las leyes y las concesiones al movimiento campesino y
obrero, promovidas por la tendencia pequeño burguesa, abren el camino
para su triunfo militar sobre los ejércitos campesinos, la
situación no podía volver atrás. La Revolución
había implicado de tal manera una elevación de la conciencia
popular y el debilitamiento extremo de la burguesía, que aún en
1916 derrotada militarmente la División del Norte, el equilibrio de
fuerzas alcanzado en la contienda, se expresaría a través del
compromiso político a que se llega en la redacción de la
Constitución de 1917, representado el movimiento campesino
indirectamente
por un sector de los oficiales jóvenes del bando
constitucionalista.
Efectivamente, en el ejército constitucionalista,
en el cuerpo de sus oficiales, se delineaban para 1914, dos sectores:
por una
parte un grupo de oficiales pequeño burgueses nacionalistas, que como
el
propio general Álvaro Obregón,
Abelardo Rodríguez,
Aarón Sáenz, va a constituir después, una de las bases de
la nueva burguesía mexicana. Y por otra parte, aquellos sectores de
oficiales pequeño burgueses nacionalistas que se sienten atraídos
hacia las reivindicaciones campesinas y obreras, y que influidos
poderosamente
por la revolución campesina, terminarían por expresar en
términos políticos más permanentes, el peso campesino en el
curso de la Revolución.” (23)
Como se sabe en el Congreso
Constituyente de 1917 se dieron dos posiciones: una conservadora que
apoyaba el
proyecto de Constitución redactado por Carranza, que no incluía
puntos de reforma social, sino únicamente innovaciones de
organización política sobre la base del texto de la
Constitución de 1857; y otra tendencia radical, jacobina, encabezada
por
Francisco José Mújica, que “quería introducir
reformas políticas y sociales en la estructura jurídica del
país, reformas que en la intención de algunos de ellos
debían orientarse en una perspectiva socializante.” (24)
En
el conflicto de estas discusiones se impuso finalmente la tendencia
jacobina,
apoyada indirectamente por Obregón, porque comprendía que
“...para consolidar los triunfos militares sobre los ejércitos
campesinos era imprescindible hacer profundas concesiones a las fuerzas
de la
revolución, que en conjunto eran las decisivas; y que la condición
para mantener la precaria unidad en el Constitucionalismo era
precisamente
aceptar en la Ley Constitucional buena parte de la política de la
izquierda, pues en nombre de esta política de la izquierda se
habían reunido las fuerzas sociales que habían permitido derrotar
al Villismo y aislar al zapatismo.” (25). Así, en una serie de
artículos fundamentales, el 3, el 27, el 123 y 130 la tendencia
jacobina
impuso su decisión.”
Con todo y que la Constitución
de 1917 no rebasaba los marcos de derecho de propiedad burgués,
prácticamente declaraba”...inconstitucional a los terratenientes y
a los latifundios, es decir, desamparaba una de las bases de
funcionamiento del
capitalismo hasta entonces en México; sancionaba derechos obreros y
campesinos, no simplemente los “derechos del hombre” en general; y
era nacionalista, favorecía y estimulaba las reformas nacionalizadoras
en
las ramas fundamentales de la economía.” (26).
Cierto es que
la aplicación de estas reformas quedó en manos de los
representantes de la burguesía y la pequeña burguesía
nacionalista en el poder “...que según las etapas la aplicaron en
parte o la consideraron letra muerta; pero este era un problema
diferente,
ligado a la relación de fuerzas sociales nacional y mundial entre las
clases y sus organizaciones.”
Pero la Constitución de 1917
“...es también el testimonio legal de las conquistas arrancadas por
las masas en lucha y de la debilidad orgánica de la burguesía
mexicana frente a las masas como resultado de la revolución, debilidad
de
la cual nunca logró reponerse. (27)
EL
ASCENSO DEL BONAPARTISMO OBREGONISTA
Para 1920 la política de Carranza se había vuelto
insostenible. Venustiano Carranza, que representaba una de las partes
del
equilibrio de fuerzas que se había dado en el curso de la
Revolución Mexicana y cuya expresión política era la
Constitución de 1917, había desarrollado una política
contraria a este. Pongamos algunos ejemplos:
Para utilizar a los
trabajadores en contra de los campesinos emite una serie de decretos
que los
favorecían, pero ya en enero de 1916 sintiéndose seguro en el
poder, vuelve su política represiva contra sus propios aliados
transitorios. Ordena la disolución de los Batallones Rojos, clausura
periódicos radicales como el “Ariete” de la cd. De
México, reprime las huelgas obreras de fines de julio y encarcela a los
líderes obreros, coronando su política en septiembre de 1916, al
ordenar el cierre de la Casa del Obrero Mundial.
Lo mismo sucede con los
campesinos. Con el propósito de ganar base social de apoyo y presionado
por un sector de su oficialidad joven, encabezada por Obregón, promulga
la Ley Agraria del 6 de enero de 1915; pero una vez conseguido su
propósito, de 1915 a 1920 solo reparte 172,997 hectáreas,
perteneciendo además a los terrenos circundantes de las haciendas, que
eran precisamente de muy mala calidad. (1)
Asimismo, permite la
devolución de los bienes intervenidos por la Revolución a sus
antiguos propietarios porfirianos y también promueve intentos por hacer
reformas reaccionarias a algunos de los artículos avanzados de la
Constitución.
De esta forma su gobierno nadaba contra el
irreversible equilibrio de fuerzas a que habían llegado las fuerzas
contendientes en la Revolución Mexicana.
Esta debilidad social y
política del régimen de Carranza se puso de manifiesto cuando en
1920 su intento de imponer como sucesor a la presidencia de la
república
a un civil—el ingeniero Ignacio Bonilla—se topó con la
abierta oposición del sector radical de los jóvenes oficiales
revolucionarios, que tomando como centro a Álvaro Obregón, a
través del Plan de Agua Prieta, se alzaron contra Carranza y liquidaron
así esta última tentativa burguesa de querer asentar su dominio
sobre bases sociales propias.
Sin embargo, aunque la rebelión
Obregonista en lo inmediato fue la encargada de derribar a Carranza, a
este en
realidad lo derribaron las masas, que aun en repliegue, no solo
defendieron con
tenacidad la continuación de las conquistas revolucionarias, sino que
estimularon con su ejemplo la reanimación del movimiento obrero, que a
partir de 1918, pero sobre todo en 1919 y 1920, vivió un momento de
intensa movilización, destruyendo así esta última tentativa
burguesa de instaurar un gobierno propio.
Con el general Álvaro
Obregón, lo que asciende al poder no es la burguesía, sino una
tendencia pequeño burguesa que representaba precisamente el equilibrio
de
fuerzas a que se había llegado en el curso de la Revolución y que
asumiría el papel de dirección bonapartista, apoyándose
“...alternativamente en una burguesía sin perspectivas propias, y
en un proletariado que carece también de perspectiva, para hacer un
gobierno pleno de contradicciones, un gobierno de equilibrista entre
clases
antagónicas” (2)
Así, Obregón
establecerá relaciones con la URSS, usará la bandera roja, se
hará comparar con Lenin, y resistirá las presiones del
imperialismo y finalmente firmará los Tratados de Bucareli con el
imperialismo yanqui, haciéndole concesiones tan grandes como la
devolución de latifundios a propietarios norteamericanos. (3)
Esta
situación de “equilibrio catastrófico” entre clases
sociales en pugna, y el surgimiento de estas terceras tendencias
bonapartistas o
cesaristas, es un hecho que se ha dado reiteradamente en la historia de
la lucha
de clases y que ha sido analizado entre otros por Marx, Trostky y
Antonio
Gramsci. Este último, en un artículo titulado “El
cesarismo” analiza teóricamente este fenómeno,
definiéndolo de la siguiente manera:
“Puede decirse que el
cesarismo expresa una situación en la que las fuerzas en lucha se
equilibran de modo catastrófico, es decir, se equilibran de modo que la
continuación de la lucha solo puede terminar con la destrucción
recíproca. Cuando la fuerza progresiva A lucha contra la fuerza
regresiva
BB puede ocurrir no solo que A derrote a B o que B derrote a A, si no
también que no ganen ni A ni B, y que se destruyan recíprocamente
y que una tercera fuerza CC intervenga desde afuera sometiendo lo que
queda de A
y de B.”
Pero si el cesarismo expresa siempre la solución
“arbitral”, confiada a una gran personalidad de una situación
histórico-política caracterizada por un equilibrio de fuerzas con
una perspectiva catastrófica, no siempre tienen el mismo significado.
Puede haber un cesarismo progresivo y un regresivo, y el significado
exacto de
toda forma de cesarismo solo puede reconstruirse, en última instancia,
a
base de la historia concreta, no de un esquema sociológico”
agregando, “El cesarismo es progresivo cuando su intervención ayuda
a las fuerzas progresivas a triunfar aunque sea con ciertos compromisos
y con
ciertas limitaciones de la victoria; es regresivo cuando su
intervención
ayuda a triunfar a las fuerzas regresivas, aunque también sea con
ciertos
compromisos y limitaciones (cabe decir, sin embargo, que dichos
compromisos y
limitaciones tienen en este caso un valor distinto a los del caso
anterior)
“ (4)
De acuerdo con lo anterior, un somero análisis de las
clases sociales al final de la Revolución Mexicana, nos permite
advertir
no solo las condiciones para el surgimiento de esta tendencia
bonapartista, sino
también su orientación básica. Recordemos: por un lado un
movimiento campesino derrotado; pero por otro lado una burguesía
políticamente derrotada y duramente golpeada en lo económico, y
que como refiere Shulgovski, esta débilmente organizada – en su
sector industrial – y aún entre sus agrupaciones existían
divergencias. (5)
Por otra parte, la clase obrera, que en realidad era la
única fuerza que pudo haber orientado la dirección del proceso en
una forma diferente se encontraba imposibilitada para asumir la
dirección
de este.
Asimismo, la tendencia nacionalista revolucionaria, cuyas
cabezas más visibles eran Francisco José Mujica, Adalberto Tejeda,
Salvador Alvarado, Carrillo Puerto, etc cuya base social era el
campesinado, y
cuyos intereses representaban, no podía en ese momento plantear otra
perspectiva. Derrotado el movimiento campesino, asesinado Emiliano
Zapata, esta
tendencia habría de esperar un nuevo ascenso de la lucha de masas en el
curso de los cuales se iría organizando, cohesionado hasta lograr tomar
el poder e imponer su política durante el cardenismo.
Vemos pues,
que la única fuerza capaz de influir a nivel nacional en los destinos
del
país, y de lograr la reconstrucción del nuevo Estado, era el
ejército, que va a constituir el principal instrumento político
del gobierno de Álvaro Obregón, y que sin embargo se encontraba
dominado por una serie de caudillos militares que representaban las
tendencias
separatistas en su seno; y que por tanto significaban serios obstáculos
y
limitaciones al gobierno de Obregón para estructurar el nuevo Estado, y
crear las condiciones favorables para el desarrollo del
país.
Frente a estas tendencias separatistas , representadas por
los caudillos, el gobierno de Álvaro Obregón va a proceder en
forma similar a la que utilizó Porfirio Díaz para contener y
controlar todos estos sectores con intenciones
hegemónicas.
Así, por una parte va atender a reducir los
efectivos del ejército, que en 1920 durante el gobierno interino de
Adolfo de la Huerta es reducido en 21 mil miembros de tropa, entre
oficiales y
soldados “...bajo el plan de las colonias agrícolas, que
consistía en dotar de tierras de las antiguas haciendas a los
excombatientes dados de baja.”
Durante 1921, ya con Obregón
en la Presidencia, cerca de 4,648 generales y oficiales y 35 mil
soldados son
dados de baja e incorporados a la reserva con sus sueldos denegados,
con lo que
el ejército quedo constituido por solo 508 generales, 2,758 jefes 8,538
oficiales y 53 mil individuos de tropa. Es decir, en año y medio el
ejército fue reducido en cerca de un 50%.
Asimismo, Obregón
va a intentar ganar el control sobre los innumerables jefes locales y
regionales
mediante un sistema de relaciones de lealtad, que descansaba en el
reconocimiento de su poder local y/o regional, así como darles
facilidades para su enriquecimiento personal. En la medida en que estos
sistemas
de control no funcionaban, Obregón va a ordenar la desaparición
física y en 1921 cerca de 38 generales brigadieres caen fusilados.
(7)
Pero principalmente para contrarrestar el predominio político
de la casta militar, así como las presiones imperialistas que buscaban
un
trato preferencial y de privilegio en sus propiedades en México,
exigiendo la no aplicación y derogación del Art. 27
constitucional, la tendencia bonapartista encabezada por Obregón, va a
buscar apoyarse en las masas populares.
De esta forma, aunque el bonapartismo
Obregonista va a ser de tipo regresivo, pues su objetivo va a ser el
desarrollo
de una buena burguesía, por su misma debilidad de origen—debilidad
marcada por la multitud de caudillos militares—va a depender para su
estabilización y desarrollo del apoyo social, político y
coyunturalmente militar (1923,1926,1929) de la masas obreras y
campesinas; y por
tanto a ser permeables a las presiones de estas, haciéndoles
concesiones,
sin las cuales, tanto la necesidad de su apoyo como la posibilidad de
contenerlas y controlarlas, para así desarrollar su objetivo
último hubiera sido una mera ilusión.
De este hecho hay que
extraer todas las consecuencias. Esto significó que el régimen
bonapartista surgido de la Revolución Mexicana iba a depender – si,
¡a depender! – para su permanencia y desarrollo, así como para
implementar su objetivo de desarrollar al país por la vía
capitalista, del apoyo de las masas obreras y campesinas.
“Y esto
es una manifestación de las conquistas durante la Revolución y de
su lucha posterior, conquistas parciales y mediatizadas pero conquistas
al fin.
Y es esta lucha de las masas la que ha reducido a la burguesía a tal
estado de debilidad, que la burguesía no puede gobernar al país
como una burguesía “decente” que el país tiene que ser
gobernado por una dirección bonapartista, que depende en alto grado de
las masas.”
Así este apoyo de masas, aunque el
ejército constituyese el principal instrumento político le
permitiría:
1.- Por una parte controlar y enfrentar a las
facciones militares y sus intentos separatistas, ejemplificados a lo
largo de su
gobierno por una serie de rebeliones y alzamientos de sectores del
ejército y de caudillos que habían sido excluidos del
poder.
2.- Por otro lado sobre esta base de masas y apoyado
también el sentimiento antiimperialista del ejército, enfrentar al
imperialismo y negociar con él, y a las fuerzas restauradoras por otro,
y
además a la posible e inevitable alianza de ambas. (9)
SU
BASE DE APOYO EN EL MOVIMIENTO OBRERO.
La base de apoyo directa del bonapartismo regresivo de
Álvaro
Obregón, dentro del movimiento obrero, sería la
Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM)
Para entender el por
qué de esta alianza que un sector del movimiento obrero entabló
con el gobierno bonapartista de Obregón; y que señala el principio
de la hipoteca que el movimiento obrero hace de sus intereses de clase
frente al
nuevo Estado; así como su dependencia y control por este, es necesario
señalar algunos antecedentes.
Por un lado el desarrollo
ideológico del movimiento obrero en México para 1919 había
desembocado en 3 corrientes principales que para 1921 quedan
perfectamente
delineadas. Por un lado la corriente anarcosindicalista; por otro lado
los
comunistas y finalmente la corriente sindical reformista y oportunista
cuyo
dirigente era Luis N. Morones.
En las tres corrientes ideológicas
predominantes en el seno del movimiento obrero, era notoria la carencia
de una
concepción clara y objetiva de cual debía ser la estrategia que
debía seguir el proletariado para alcanzar sus fines y dentro de esta
estrategia cual era la caracterización del nuevo estado mexicano. Y
esta
carencia de una estrategia así como la falta de una
caracterización correcta y concreta del Estado, era reflejo de la
inmadurez tanto objetiva como subjetiva del proletariado mexicano de
aquel
entonces.
Sin embargo, entre la corriente anarcosindicalista y la comunista,
que desde posiciones diferentes no acertaban a definir correctamente al
nuevo
Estado, se encontraba la posición sindical reformista que encabezada
por
Morones se planteaba la participación en el poder como un medio para
alcanzar el “socialismo”.
Esta corriente ideológica en el
seno del movimiento obrero tenía como punto de partida el fracaso de la
Casa del Obrero Mundial como dirección del movimiento obrero, así
como la discusión que suscitó en el sentido de definir una nueva
estrategia que excluyera los métodos anarcosindicalistas de acción
directa (10) ; y su primer resultado organizativo fue la formación del
Partido Socialista Obrero que en sus principios se planteaba la
participación en política, argumentado que:
“...teniendo
en cuenta el estado moral, el espíritu de la inmensa mayoría de
nuestros compañeros, poco avanzados en esta lucha, y teniendo en cuenta
la táctica que para hostilizarnos están usando nuestros
enemigos”se planteaba la acción múltiple y esto como un
reflejo de la experiencia de la represión de la huelga general de 1916.
Señalando “no esperaremos que nuestros diputados consigan para los
obreros grandes mejoras ni mucho menos que lleven a cabo todas nuestras
aspiraciones; pero si pueden ser una ayuda eficaz para nuestros
movimientos
emancipadores. El objeto es que los sindicatos tengan, en caso
necesario, donde
escudarse, y que si por desgracia vuelve a llegar el momento en que las
bocas de
los famélicos estén amordazadas haya compañeros en
posibilidad de hacer oír la voz de los parias oprimidos.”
(11)
Así, si bien por el lado del movimiento obrero, para 1917, se
observa claramente una disposición a la alianza con el Estado, por el
lado de este existía ya la conciencia de la importancia y la fuerza que
este tipo de alianza le redituaban. Los antecedentes inmediatos eran el
famoso
pacto Obregón-COM, por el cual se formaron los Batallones Rojos que le
garantizaron al Carrancismo una base de apoyo política y militar en
contra del movimiento campesino de Villa y Zapata.
De esta forma, apenas
se conoció la intención de los obreros de convocar a la
celebración de un Congreso obrero en 1918 – que había sido
una de las principales conclusiones del Congreso de Tampico de octubre
de 1917
– el gobernador de Coahuila, adelantándose a los obreros, propuso
al Congreso local, la celebración de una Conferencia Obrera Nacional,
con
la intención de controlar este intento de organización
obrera.
Este llamado oficial del gobierno de Coahuila produjo diversas
reacciones en el movimiento obrero. Por un lado muchas asociaciones de
todas las
tendencias aceptaron la invitación, con la esperanza de poder imponer
su
control tanto al Congreso como a la organización que de ahí
surgiera. (12) Sin embargo, en toda la República se mantuvo
desconfianza.
Concretamente en el D.F., la Federación de Sindicatos Obreros del D.F.,
que una asamblea celebrada el 30 de marzo, a la que asistieron 14
agrupaciones;
de 27 representantes obreros, solo 4 votaron por ir (el SME se
encontraba entre
estas) Finalmente se acordó no asistir al Congreso de Saltillo.
(13)
De este congreso nacería la CROM, cuyo “...programa
general de acción... era suave y reformista” (14) y en el cual
referente a la legislación laboral acordaron lo
siguiente:
“1.- Exigimos al gobierno del centro y a los de los
Estados, la inmediata reglamentación del artículo 123
constitucional, para su pronta aplicación por parte de los encargados
de
ejecutar las leyes, teniendo en cuenta al hacerse la reglamentación que
se cita, la opinión de los trabajadores en los lugares donde se
legisle.
“2.- El Congreso Obrero Nacional declara terminantemente
que es de urgente necesidad solucionar satisfactoriamente para los
intereses
obreros, las dificultades creadas por los procedimientos llevados a
cabo por el
elemento patronal, al amparo de la ley, y que a continuación se
expresan:
“A.- teniendo en cuenta que las resoluciones de las
Juntas de Conciliación y Arbitraje que tienden a beneficiar a los
trabajadores no se llevan a la practica por las autoridades encargadas
de
ejecutarlas en un plazo perentorio, y si se procura por parte de estas
retardar
o notificar los acuerdos de referencia, los obreros representados en el
Congreso
piden a las respectivas Legislativas de los Estados, que los acuerdos
de las
Juntas de conciliación y Arbitraje causen ejecutoria tres días
después de dictado el fallo, sin más trámite que la
notificación a loa acuerdos sin que proceda el amparo por lo acuerdos
que
dicte la Junta de conciliación y Arbitraje.
“B.- Pedimos la
no procedencia del amparo cuando estos lesionen directamente los
intereses de
una Corporación obrera.
“C.- En vista de los males que
acarrea al elemento trabajador la celebración de contratos aislados,
los
contratos de trabajo que se celebren entre patrones y obreros deberán
ser
por mediación de las agrupaciones a que pertenezcan.
“3.-
Si los procedimientos propuesto simplifican una reforma parcial o total
de las
disposiciones legales actualmente en vigor, exigimos la derogación o
modificación inmediata de acuerdo con las necesidades
especificadas.
“4.- considerando que el trabajador debe tener el
mayor tiempo de descanso posible, el Congreso reconoce que debe
implantarse la
semana inglesa de trabajo con goce de salario integro.” (15)
Sobre
este sector reformista del movimiento obrero agrupado en la CROM sería
que el gobierno bonapartista de Obregón encontraría el apoyo de
masas necesario para dar estabilidad a su gobierno. Pero lo que también
es cierto es que, tanto las expectativas y demandas de la CROM – que
como
ya vimos se centraban en la aplicación y reglamentación del art.
123 constitucional – así como la concepción de sus
dirigentes que veían en la participación en el aparato de poder un
camino para la conquista de un nebuloso socialismo, serían una base
firme
para establecer esta alianza.
Sería Morones quien buscaría
esta alianza al mandar en agosto de 1919, y sin consultar su base, un
escrito a
Obregón – escrito que también envío a Pablo
González y al Ingeniero Bonillas los otros candidatos – conteniendo
los siguientes puntos:
“I.- ... que exista un Ministerio .. para
resolver todo lo relacionado con los intereses de los trabajadores que
se
titule: Ministerio del trabajo y que este a cargo de persona
identificada con
las necesidades morales y materiales de los mismos.”
“II.-
Que mientras se lleve a efecto la iniciativa del punto primero, sea
nombrada una
persona que tenga la identificación que señale el mismo punto,
para que ocupe la Cartera de Industria, Comercio y Trabajo.
“III.- Que
en la Secretaría de Agricultura y Fomento se de cabida a un elemento
suficientemente apto en el ramo, y que a ese elemento le sean atendidas
todas
las indicaciones razonadas que sobre tal aspecto haga.”
“IV.-
Que para el nombramiento de las personas que señalan los puntos
I,II,III
se tome en consideración la opinión de los representantes del
Partido Político que se forme a iniciativa de los suscritos, siendo
condición para aquellos que reúnan las facultades propias para el
desempeño del empleo.”
“V.- Que tan luego como
esté aprobada la Ley del Trabajo, su promulgación sea inmediata
poniendo el Poder Ejecutivo de la Unión, todo lo que este de su parte
para el mejor cumplimiento de la misma.”
“VI.- Que se
reconozca la personalidad legal del Comité Central de la CROM, para
tratar directamente con el Ministerio del Trabajo, o en su defecto, con
el Poder
Ejecutivo de la Unión, todos los asuntos relacionados con las
agrupaciones de la República.”
“VII.- Que se designe
por lo menos un día cada semana para el efecto del punto anterior salvo
casos excepcionales que de suyo indicaran esa
necesidad.”
“VIII.- Que se den las facilidades necesarias
para que puedan llevarse a la práctica todos los acuerdos tendientes a
lograr el bienestar y progreso cultural de los trabajadores, a que han
llegado
los Congresos obreros efectuados en las ciudades de Saltillo... y
Zacatecas,
así como para los que se tomen en Congresos
futuros.”
“IX.- Que se tomen en consideración las
opiniones de los representantes de la organización obrera en el
país, cuando se trate de llevar a cabo, por parte del ejecutivo,
reformas
o procedimientos de interés general.”
“X.- Que se den
las facilidades necesarias para la propaganda y organización obrera en
el
país.”
“XI.- Que se den las facilidades necesarias
para la propaganda de unificación obrera en el exterior de la
República, con el objeto de estrechar las relaciones de pueblo a pueblo
y
así poder conjurar cualquier peligro internacional que pueda
surgir.”
La reacción de los precandidatos al programa
propuesto por Morones fue diversa. Pablo González “contesto
evasivamente, diciendo que se concretaría a gobernar con la
Constitución el ingeniero Bonillas manifestó que aún no
tenía decidida su aceptación de la candidatura, y el C.
Álvaro Obregón aceptó de plano las bases propuestas.”
(16) La alianza entre la tendencia bonapartista y un sector del
movimiento
obrero estaba sellada.
Vistos con antipatía y presionados por
Carranza a raíz de que se hizo público su apoyo a Álvaro
Obregón, la CROM se vio obligada a celebrar su 1ª. Convención
en Zacatecas, donde el gobernador era obregonista y movilizados lo
largo de
toda la república, formando grupos de obreros y campesinos que
estuvieran
dispuestos a apoyar y en caso necesario a pelear por Obregón, era ya
evidente que el triunfo pertenecía al general Obregón.
(17)
En efecto, sería precisamente el apoyo brindado por la CROM a
Obregón, aunado al pacto entre Obregón y los jefes pequeño
burgueses zapatistas y el apoyo brindado por el ejército, que
Álvaro Obregón llegaría a la presidencia.
Como ya
vimos, la terquedad burguesa de Carranza precipitó los acontecimientos.
En abril de 1920 Obregón tiene que abandonar la capital seguido de
Morones. El Partido Laborista Mexicano—órgano político de la
CROM—en un manifiesto desconoce a Carranza y sus lideres “son
enviados inmediatamente a formar grupos para luchar por Obregón y
organizar la propaganda a su favor”. El 22 de abril Álvaro
Obregón proclama el Plan de Agua Prieta, arrastrando a una parte
considerable del ejército tras él. El golpe de estado estaba
consumado.
La llegada de la tendencia bonapartista al poder en 1920
significó para la CROM el inmediato cumplimiento de los puntos
suscritos
en el pacto secreto entre Morones y Obregón. Así, no bien ha
asumido De La Huerta la presidencia interina de la República se otorga
a
Morones la dirección del Departamento de Establecimientos Fabriles; se
crea el Departamento de Previsión Social cuya dirección es
encomendada a Eduardo Moneda; se pone a Rosendo Salazar al frente de la
imprenta
del gobierno; y Celestino Gasca, es nombrado gobernador del Distrito
Federal .
Siendo todos ellos miembros prominentes de la CROM.
Posteriormente, siendo ya
presidente Obregón emprendería una amplia política de
cooperación hacia la CROM subsidiando con dinero las actividades
sindicales y políticas de esta. Asimismo diversos puestos son
concedidos
a dirigentes obreros de la CROM Morones recibe la jefatura de los
Establecimientos fabriles como compensación por la Secretaría de
Industria.
Comercio y Trabajo que no se le otorgó. Ricardo
Treviño, Gonzalo González, José F. Gutiérrez y
Lombardo Toledano son electos diputados y Juan Sarabia senador. Además
en las elecciones municipales de la CD. De México, el PLM obtiene
más del 50% de los puestos de concejales (18)
De esta manera se
iba a definir la política de Obregón hacia su base de apoyo en el
movimiento obrero: concesiones a la CROM en sus movimientos y control
de esta
mediante la incorporación de sus dirigentes al usufructo del aparato de
gobierno.
Por el contrario, la política de Obregón hacia el
movimiento obrero independiente tendería a la represión,
aún tratándose de demandas poco trascendentes. Sin embargo, esta
política no se delinearía sino hasta 1921 y como veremos no se
estableció en forma lineal.
SU
POLÍTICA HACIA EL MOVIMIENTO OBRERO
Cuando en razón de brevedad se señala que la política
del gobierno obregonista hacia el movimiento obrero se definió en parte
como una política de concesiones hacia el movimiento obrero agrupado en
la CROM y en parte reprimiendo los intentos obreros de actuar en forma
independiente de la central obrera que el prohijaba, se puede caer en
el
equívoco de entender esta política como obra de una
“voluntad” que en forma maquiavélica decide en que momento
actuar: reprimiendo o haciendo concesiones.
Nada más falso. La
sola comprensión de las características del régimen surgido
de la Revolución Mexicana, nos obliga a considerar como un factor de
primera importancia en la estructuración de esta política, la
situación específica del proletariado en el México de
entonces las características de sus movilizaciones la fuerza de estas,
así como los objetivos propuestos. Pero aún más, nos
obliga a tomar en cuenta la específica y variable situación
política nacional e internacional del país, en coyunturas
determinadas en que se producen las movilizaciones obreras y sobre las
cuales se
define en uno u otro sentido la política del gobierno
obregonista.
Tomando en cuenta estas indicaciones, sostengo que la
política de Obregón hacia el movimiento obrero, más que
obra de los actos unipersonales de este; más que una política
lineal y clara desde sus orígenes, fue el resultado del desarrollo de
diversos hechos y factores, entre los que se encontraban: no solo la
orientación básica que el régimen surgido de la
Revolución Mexicana imprimió al proceso en el sentido de un
desarrollo capitalista. Así como la incorporación de la
burocracia sindical al aparato de gobierno, mediante lo cual ganaba el
control
de las masas obreras y campesinas; sino que también – y
primordialmente – fue el resultado de la situación del movimiento
obrero, de las características de su movilizaciones – cuyo auge se
localiza en 1919-1922, con su punto mas elevado en 1921 – así como
de los métodos y tácticas de lucha utilizadas. Todo esto dentro
de los marcos específicos de una situación de crisis e
inestabilidad política interna y de presiones imperialistas.
Ya
desde la época de la fundación de la CROM, lo que encontramos a
nivel nacional, es un movimiento obrero orgánicamente dividido. Además
de la CROM, existía la Confederación Nacional
Católica del Trabajo, fundada en 1920, bajo los auspicios del
Secretariado Social Mexicano, cuya doctrina estaba basada en la
encíclica
Rerum Novarum, y que a todas luces mostraba su faz reaccionaria, por
ejemplo se
oponía a la aplicación de la reforma agraria y proponía a
cambio cajas de ahorro que “condujesen a la formación de una clase
de pequeños propietarios.”(19).
Ese mismo año es
fundada la Federación Comunista del Proletariado Mexicano. Esta
Organización filial sindical del PCM, en su declaración de
principios acordaba “...unir a los trabajados en asociaciones gremiales
o
federaciones industriales de resistencia, como la mejor forma de actuar
directamente sobre cada industria o profesión, y como el mejor medio de
luchar contra los “trusts” o acaparamientos capitalistas, y el
atropello a los derechos y dignidad de la clase trabajadora.
Federalizar estas
asociaciones, organizando conscientemente a los trabajadores a fin de
constituir
la fuerza de resistencia al avasallamiento capitalista, a la vez que la
fuerza
propulsora del progreso humano, tendiente a desaparecer las diferencias
de
clases y a establecer la equidad económica en una sociedad de productos
libres”, apoyarse recíprocamente y rechazando “..toda
solidaridad con los partidos políticos burgueses u obreros, puesto que
luchan por la conquistas del poder gubernamental ( satisfaciendo
predominios de
clase o círculos y ambiciones personales. La Federación lucha y
se organiza para conquistar todas la mejoras posibles dentro del orden
actual, y
para que los opresivos órganos políticos y jurídicos del
estado burgués queden producidos a funciones administrativas, cuando la
sociedad este regida por la nueva teoría económica que proclama:
¡que todos trabajen y produzcan según sus fuerzan y consuman
según sus necesidades!” Después de lanzar cargos a los
capitalistas, finaliza invitando a todas las agrupaciones obreras a que
ingresen
a la Federación Comunista del Proletariado Mexicano. (20)
Esta
declaración de principios, además de mostrar palpablemente la
fuerte influencia anarquista en las filas comunistas, como lo es su
rechazo a la
participación política, cuestión que de pasada evidencia su
bajo nivel teórico y falta de comprensión de una tesis de la III
Internacional Comunista, evidencia su falta de compresión de la
realidad
nacional. Sin programa y comprensión del desarrollo revolucionario en
México, como podía esperarse que guiase y condujera las luchas
obreras de aquel entonces!
En 1921 se crea la Confederación Cristiana
de los Caballeros de la Humanidad y ese mismo año, nace una
organización cuyo peso e importancia dentro del movimiento obrero en
los
primeros años del gobierno obregonista es innegable. Nos referimos a la
Confederación General de Trabajadores (CGT)
La CGT nace a
raíz del Congreso Comunista Convención radical Roja, celebrada, en
la Ciudad de México en febrero de 1921. Participaron en su
formación además de los comunistas, una serie de grupos y
organizaciones que o bien se habían salido de la CROM desde 1919 o bien
abandonaron esta central cuando en el congreso de la CROM en 1920
fracasaron en
sus intentos de derrotar a Morones y su grupo
“acción”.
Las delegaciones obreras que asistieron a
este Congreso fueron:
|
ORGANIZACIONES
|
DELEGADOS
|
|
|
|
Sindicato de Tabaqueros de Veracruz
|
Juan Barrios
|
|
Local Comunista de Veracruz
|
José Rubio
|
|
Talleres de Indianilla de la Cía. de tranvías de
México, S.A.
|
Jenaro Castro y Pedro García
|
|
Sindicato de Obreros de la Cía. Ericsson
|
Benjamín Quezada y José del Río
|
|
Unión de agricultores de san Luis Potosí
|
Candelario Lucio
|
|
Grupo antorcha Libertaria de Ver., IVV de México
|
Heron Proal y José Refugio Rodríguez
|
|
Trabajadores Industriales del petróleo Tampico
COM
|
Welton Pale y Benito De Tampico Obregón.
|
|
Federación de Jóvenes Comunistas
|
Gabriel Sánchez, Felipe Hernández.
|
|
Local Comunista de Tampico.
|
Sebastián san Vicente.
|
|
Unión de agricultores de Mérida
|
Fortunato González.
|
|
Obreros Libertarios y Agricultores de Mexicali
|
Mariano O. Castañeda
|
|
Federación de Obreros Municipales de México.
|
José Aguilera
|
|
Sindicato de Obreros y Artesanos de Sta. Rosa
Veracruz.
|
Aurelio Hernández
|
|
Sindicato de Panaderos del D.F.
|
Jenaro Gómez Leopoldo Urmachea.
|
|
Liga de Trabajadores de la Zona Marítima y de la
de Mineros y
Fogoneros del golfo de México.
|
Rafael García
|
|
Grupo Propaganda Libertario de Guadalajara y de
la Unión de Obreros
y Campesinos de Ahualulco, Jalisco
|
Ignacio López
|
|
Sindicato de Obreros de Sonora Apolunio
|
L. Castro
|
|
Unión Industrial de Mineros de Guanajuato
|
W. Espinoza
|
|
Unión de Jaboneros del D.F.
|
Leonardo Hernández
|
|
Federación Sindicalista de Atlixco, Puebla
|
Boraquiel Marquez.
|
|
Local Comunista del D.F.
|
Frank Seamen.
|
|
Grupo Cultural vida Nuev
|
José allen.
|
|
Federación de Sindicatos de Hilados y Tejidos
Del D.F
|
Maria del Carmen García y Simón Santana
|
|
Federación de Obreros Municipales
|
Ángel Sánchez
|
|
Sindicato de Trafico de México
|
Guillermo Escobar y Rodolfo Aguirre
|
|
Sindicato de carretilleros de Veracruz
|
Francisco Mercado y José Ma. Cruz
|
|
Sindicato de Campesinos de Ojital Veracruz
|
Francisco Cedeño
|
|
Sindicato de la Cigarrera Mexicana
|
Jacinto Huitrón, Isaac Aguirre y María Islas
|
|
Grupo Editor “Lux”
|
Rafael Quintero (22)
|
Aún cuando la formación de la CGT participaron tanto
comunistas como Elementos conservadores, fuero los anarcosindicalistas
los que
impusieron su posición. Así, en septiembre de 1920, en el 1er.
Congreso de esta central los comunistas son derrotados y abandonan la
CGT
después de fracasar en sus empeños de hacerla participar en
política y de adherirla a la III Internacional. De igual forma, los
elementos conservadores representados por José G. Escobedo y Rosendo
Salazar que se oponían al anarquismo y que intentaron ganar el control
de
la organización son derrotados en 1922.
En sus primeros
años, la CGT participó en numerosas huelgas, que mal dirigidas
traían como consecuencia enfrentamientos sumamente violentos, aunque es
innegable el papel tan importante que desarrollo en las movilizaciones
obreras
de 1920-1922, Pues ante el cada vez mayor control del gobierno sobre la
CROM,
sus movilizaciones tendían a inclinar la política de
negociación de las demandas obreras.
Esta dirección
equivocada de la CGT en sus principales movimientos huelguísticos
derivaba de su incomprensión del carácter bonapartista del
gobierno de Obregón y por tanto le impedía aprovechar mediante una
política y una dirección correcta, las posibilidades que para la
organización y el logro de objetivos parciales brindaba.
Esta
incomprensión correspondía directamente y no era resultado
más que la de la ideología anarconsindicalista en que se
sustentaba esta organización, así como de su pobreza
teórica y política.
Por ejemplo, en las bases y
resoluciones del Congreso que dio origen de la CGT en su preámbulo se
asentaba: “Para poder defendernos y educarnos, así como para
conquista la completa emancipación de los obreros y campesinos
aceptamos
como principio fundamental la “lucha de clases “, reconociendo que
no hay nada en común entre la clase laborante y la clase explotadora;
sostenemos como aspiración suprema el “comunismo libertario”
y como táctica de la lucha la “acción directa” exenta
de toda política burguesa o no ...”
Con estos puntos
programáticos tan restringidos y limitados evidentemente no podía
avanzarse gran cosa. Era correcta por ejemplo el reconocimiento de la
lucha de
clases , pero hacía falta precisar cual era el desarrollo de esta en
México; su sentido y bajo que formas se desarrollaba, que la CGT no
comprendió cual era el proceso en que se desarrollaba la lucha de
clases
en México nos lo muestra el acalorado debate y finalmente la
exclusión de la proposición hecha en el Congreso, en el sentido
de que la CGT incluyera como punto programático la lucha por los
contratos colectivos.
De hecho, casi al final del Congreso algunas
delegaciones presentaron la iniciativa en el sentido de que se
determinará la conveniencia de adoptar los contratos colectivos. Juan
Barrios, delegado del Sindicato de Tabaqueros de Veracruz fue uno de
los
participantes que más abogó por esta proposición.
Decía que “en México ... en donde el trabajador tiene
más exigencias y obligaciones que libertades, se impone imperiosamente
el
que se adopten tales contratos y luchar por su efectividad. Por más que
los “colectivos” como los individuales no sean otra cosa, no
signifiquen más que la esclavitud de la clase
laborante.”
Leopoldo Urmachea, del sindicato de Panaderos del D.F.,
replicó: “La verdad, compañeros que esto más parece
un plagio a la Constitución, puesto que ya queremos legislar... al
margen
del 123”
Por su parte Sebastián san Vicente, de la Local
Comunista de Tampico, declaró que esa proposición pugnaba
abiertamente con los postulados de la CGT. Alguien más manifestó:
“ ¡que nos importa a nosotros el Contrato Colectivo cuando nuestro
objeto esencial, fundamental, único es el todo! El colectivismo e
individualismo en esta cuestión son la misma música... esta es una
convención revolucionaria, no la American Federatión of Labor; en
consecuencia, luchemos siempre procurando llegar al término de nuestras
aspiraciones, al “todo”, más sin menospreciar las ganancias
que se obtengan en beneficio de las clases proletarias.”
Leonardo
Hernández de la Unión de Jaboneros del D.F. ejemplifica su
rechazo, señalando “...hace años la compañía
de tranvías fue la primera en reconocer al sindicato de electricistas
de
reglamentar lasa ocho horas, de establecer4 un servicio médico y de
aumentar los jornales...transcurrió el tiempo, y el espíritu de
organización comenzó a extinguirse entre los electricistas, y
desde entones, se iniciaron las destituciones. Porque como decía la
mayor
parte de los empleados de la compañía.
¡Por qué
declararnos en huelga, mostrarnos exigentes con una empresa que tan
bien nos
trata?...”
Finalmente, en la penúltima sesión del
Congreso, se lanzaron duros ataques a los lideres de la CROM. Rafael
García, representante de los estibadores de Veracruz y María del
Carmen representante de la Federación Obrera de Hilados y Tejidos del
Distrito Federal y del Estado de México, se encargaron de sumar cargos
en
su contra; tachándolos de rastreros y perversos y calificándolos
como los peores enemigos de la clase obrera. (24).
En 1922 es fundada la
Confederación Nacional de Obreros Católicos y existen
además la Unión de Conductores, Maquinistas, Garroteros y
Fogoneros, así como el SME.
Concretamente en el D.F. se
podía advertir fácilmente el fraccionamiento en que se encontraba
el movimiento obrero en México. Así en 1919 existían las
siguientes organizaciones obreras: la Federación de Sindicatos Obreros
del D.F. – que el 2 de febrero se fusionó a la CROM – el Gran
Grupo Central de Trabajadores y el Gran Centro Obrero Independiente,
aunque
estas dos últimas organizaciones serían de corta vida.
Para
1922, además del SME existían las siguientes organizaciones
obreras en D.F.: la Federación de Sindicatos Obreros Del
D.F.—dependiente de la CROM—la Federación Local de Sindicatos
– perteneciente a la CGT—y pequeños sindicatos, aunque las
organizaciones obreras que agrupaban a más número de trabajadores
eran la FSODF y la FLS.
La Federación de Sindicatos Obreros del D.F.
agrupaba a las siguientes organizaciones: Sindicato de Artes Graficas
de
Talleres Oficiales Sindicato de Artes Graficas de Talleres Comerciales,
Sindicato de Establecimientos Fabriles, Sindicato de Empleados de
Restaurantes,
Sindicato de Empleados de Boticas y Droguerías, Unión de
Tramoyistas y Escenográfos, Sindicato de Trabajadores del Hierro,
Sindicato de Obreros y Obreras de “El Buen Tono”, Sindicato de
Dulceros y Reposteros, Sindicato de Vidrieros y Similares, Unión de
Operarios Sastres, Sindicato de Agentes de Hotel., Casa del Obrero
Mundial,
Centro Social de Chóferes, Sindicato de Botoneros, Sindicato de
Billeteros, Sindicato de Costureras y Confeccionistas, Sindicato de la
fábrica “La Carolina”, Sindicato de Zapateros, Sindicato de
El3ectricistas (no comprendía a trabajadores de la Cia. De Luz) y
Sindicato de Oficios Varios. (25)
Por su parte la Federación Local
de Sindicatos incluía las siguientes agrupaciones : Federación de
Empleados y Obreros de la Cía. de Tranvías de México, S.A.
(que comprendía el Sindicato de Talleres y el Sindicato de
Tráfico), La Unión de Resistencia de Obreras y Obreros del Palacio
de Hierro, Sindicato de Obreras y empleados de la empresa de Teléfonos
ericsson, la Federación de Hilados y Tejidos del D.F. que incluía
sindicatos de las siguientes fabricas: “La Magdalena”, “La
Abeja” , “La Hormiga”, “San Antonio Abad”,
“La Aurrera”, “La Europea”, “La
Unión”, “El Salvador”, “La Trinidad”, y
“La Liniera”; el Sindicato de Obreros y Obreras de la Francia
Marítima, el Sindicato de Trabajadores Dulceros, Reposteros y Similares
que incluía a trabajadores de las siguientes fábricas:
“Zahalers”, “La Alpina”, “La Flor de
México”, “La Moderna”, “La Vasconia”,
“La Purísima”; El Sindicato de Panaderos del D.F. que
agrupaba a cerca de 3,000 trabajadores (26) (que se separa de la CGT en
mayo de
1922, aunque siguió cercano a ella)Había además otras
organizaciones como la Federación Camionera del D.F. que sin estar
clara
su pertenencia a la CGT cooperaban y estaban más cercanos a esta que a
la
CROM.
Por su parte el SME incluía a divisiones de Necaxa, El Oro y
Palpam (hoy Alameda)—que se adhiere el 4 de agosto de 1922—e
incluía al Sindicato de Trabajadores de la Cía. Telefónica
y Telegráfica Mexicana.
Además de esta división
orgánica en el seno del movimiento obrero organizado en el D.F. que era
reflejo de la situación de este a nivel nacional—se advierte
claramente una de sus limitaciones más fuertes. En efecto, se trataba
de
un proletariado apenas en formación con fuertes matices artesanales y
aunado a esto con una estructura y formas de organización que
respondía más a intereses de tipo gremial y que eran un
obstáculo tanto para la solidaridad como para el desarrollo de su
conciencia de clase. (27)
LA
LUCHA OBRERA POR LA REGLAMENTACIÓN DEL 123.
Como es perfectamente comprensible, un proletariado
apenas en
formación y numéricamente débil; orgánicamente
dividido y con una estructura sindical de tipo gremial; con fuertes
diferencias
y divisiones de tipo político, ideológicamente atrasado y falto de
una dirección proletaria, no podía avanzar muy lejos en la lucha
por imponer sus reivindicaciones de clases.
Esta situación del
movimiento obrero pesó para que la tendencia pequeño burguesa que
tomó el poder en 1920 realizará una política bonapartista
de tipo regresivo, pero también la misma situación del
proletariado en México, pesó para que las concesiones obtenidas
fuesen secundarias y esto pese a que un sector del movimiento obrero –
la
CROM – constituía la base de apoyo del régimen bonapartista
de Obregón.
Recordemos que uno de los principales acuerdos del
Congreso de Saltillo fue precisamente exigir a los gobiernos del centro
y de los
estados, la inmediata reglamentación del art. 123
constitucional.
Dentro de esta perspectiva, el 25 de septiembre de 1920,
la Federación de Sindicatos Obreros del D.F., acordó enviar al
presidente Adolfo de la Huerta y a la Cámara de diputados, un memorial
en
donde demandaba la inmediata reglamentación del artículo 27 y
123.
Así mismo acordaron para el 26 de Septiembre efectuar
manifestaciones en todos los estados de la Republica como presión para
exigir la reglamentación de estos artículos (28)
Igualmente
en el Congreso de Orizaba, celebrado en julio de 1921, además de
apoyara
al gobierno de Obregón frente a las presiones imperialistas demandaron
estas mismas exigencias. (29)
Para 1922, la Federación de
sindicatos obreros del D.F., volvió a insistir sobre este punto y
envió al presidente Obregón un memorial demandando la inmediata
reglamentación del funcionamiento de las oficinas de Conciliación
y arbitraje y efectuando una manifestación de protesta en contra de la
Suprema Corte de Justicia, por unas declaraciones vertidas por
funcionarios de
esta, en el sentido de que las Juntas de Conciliación y Arbitraje
carecían de legalidad para fallar en los conflictos entre el Capital y
el
trabajo. (30)
La reglamentación del Artículo 123
constituía una necesidad objetiva del proletariado en aquella
época. No solo era necesaria para terminar con la ambivalencia
jurídica de la contradicción entre el artículo 4 y el 123,
que la burguesía aprovechaba para argumentar que si bien existía
el derecho de huelga, también existía el “trabajo
libre”, a partir de lo cual realizaban un esquirolaje supuestamente
legal.
No solo importaba por la necesidad de precisar a través de
su reglamentación algunos puntos del artículo 23. (31), sino
porque fundamentalmente el logra la consolidación de conquistas
sancionadas en la Constitución, se hubiera traducido en un
fortalecimiento del movimiento obrero en México, preparándolo para
nuevas empresas.
En este punto hay que hacer una distinción entre
el significado y la importancia objetiva que la reglamentación del art.
123 guardaba para la clase obrera y la perspectiva desde la cual la
tendencia
bonapartista juzgaba la necesidad de su reglamentación; y es tal vez
aquí donde con más claridad se distingue su sustrato
ideológico pequeño burgués. (32)
Uno de los rasgos
distintivos de toda dirección bonapartista es precisamente el
carácter oscilante de su política. Resultado de una
situación en que las clases sociales en pugna han llegado a un momento
de
equilibrio de fuerzas, su política será el reflejo de este. Sujeta
a las presiones de una de las partes, tenderá a apoyarse en la otra
parte
contrarrestarla, y dentro de este cambiante juego de presiones y apoyos
un
camino tenderá a definirse como la salida que le permitirá
subsistir y conservar su carácter bonapartista: la conciliación de
los intereses en pugna.
A comienzos de julio de 1920, Adolfo de la Huerta
es interrogado por la prensa sobre las movilizaciones obreras de ese
año
y la posición del gobierno ante ellas. Su declaración es
ilustrativa “...la intervención del gobierno en este movimiento
... ha ido encaminada a esa alta tarea de hacer entender: a los
trabajadores sus
derechos; y a los industriales sus obligaciones; todo ello dentro de un
perfecto
concepto de la justicia y de la equidad” agregando, “...hay que
establecer el término medio... que llamaría yo
“posibilista” para llegar a un arreglo equitativo y cordial, que es
lo que precisamente esta procurando el gobierno en estos momentos” (33)
vemos pues que lo esencial de estas declaraciones aunque De la Huerta
no lo diga
con las mismas palabras es la actitud de lograr la conciliación entre
las
clases en pugna.
En este mismo sentido son las declaraciones de
Álvaro Obregón, que también se ubican en el contexto de
decenas de huelgas a nivel nacional y ante las cuales expresó:
“...las distintas dificultades de los trabajadores se deben a que no
existe una reglamentación del trabajo sobre la cual deban basar sus
resoluciones los encargados de conciliar los intereses de obreros y
patrones.
Esto ha dado por resultado que los asuntos obreros y las huelgas sigan
el
derrotero que les marcan los partidos políticos o los intereses de tal
o
cual grupo, en la región en que se registran esos movimientos”
agregando, “...lo que hace falta y mucha falta... es una ley del
trabajo,
que establezca las responsabilidades, los derechos y los deberes de los
obreros
y de los patrones. En estos momentos me estoy ocupando de estudiar un
proyecto
de reglamentación sobre el particular, y será uno de los asuntos
que procurare poner en práctica inmediatamente después de asumir
el poder” manifestando que “...estuviesen en vigor alguna ley sobre
el trabajo, haría porque fuese respetada, y que los obreros siguiesen
estrictamente su línea trazada, tanto respetando derechos como
asumiendo
responsabilidades, de igual cosa haría respecto al capital.” (34)
Resulta evidente el propósito que animaba a Obregón para
reglamentar el art. 123: se trataba de conciliar los intereses de
obreros y
patrones.
Dentro de esta perspectiva, el 26 de junio de 1920, la
Secretaría de Gobernación giró una circular a todas las
agrupaciones obreras de la República, participándoles que a partir
de esa fecha, el gobierno federal intervendría directamente en todos
los
conflictos entre capital y trabajo. Además, se obligaba a todas las
agrupaciones obreras a avisar “... con la oportunidad debida a la
Secretaría de Gobernación y a Industria, Comercio y Trabajo de las
dificultades que se presenten para procurar una solución
satisfactoria.” (35). Posteriormente el 22 de agosto del mismo año,
el Secretario de Industria anunció a la prensa que había quedado
terminado el proyecto de Ley de Trabajo, por medio de la cual tanto los
industriales como los obreros tendrían garantías.
Tanto en
el acuerdo del 26de junio como en la formulación del proyecto de Ley
del
Trabajo, se partía de la idea explícita de la nulidad tanto de la
Junta de Conciliación y Arbitraje como del Departamento de Trabajo, por
la falta de una ley orgánica del art.123 constitucional. “El
Universal” comentando estas declaraciones decía: “El ministro
de Industria, ha terminado un concienzudo estudio del cual se desprende
que las
Juntas de Conciliación y Arbitraje, en el terreno de la práctica,
han resultado un absoluto fracaso. Y esto no solamente en México, donde
la Junta carece de toda fuerza legal, sino aun en los estados, ñeque
como
Veracruz, Coahuila, Durango, etc. Ya está reglamentado el art. 123
constitucional, y por lo tanto tienen una ley en que apoyarse”.
(36)
Es a partir del mes de diciembre de 1920, que comienza a discutirse
tanto en la Cámara de Senadores, como en la de Diputados, un proyecto
de
Ley reglamentaria del art. 123, continuando esta durante los meses de
mayo,
junio, julio y octubre de 1921, durante los cuales el Senado aprobó
algunos artículos de esta. (37)
Diez días antes de tomar
posesión de su cargo como presidente, Álvaro Obregón
envió al Congreso de la Unión, la Ley del Seguro Obrero para ser
agregada a la Ley del Trabajo que se estaba discutiendo en ese momento.
Este
proyecto de ley, pedía se decretase “...el pago por los empresarios
de un 10% adicional sobre el salario obrero, para crear una pequeña
reserva monetaria administrada por el Estado, que solventara los gastos
del
obrero al retiro de este de su trabajo, después de un periodo normal de
labores de 25 a 30 años.” (38)
Como resulta obvio, estos
intentos de reglamentación del articulo 123 respondían a las
expectativas y presiones de las masas trabajadoras del país.
Particularmente respondían como sector del movimiento obrero organizado
en la CROM, y esto pese a las perspectivas distintas con que tanto los
trabajadores como Obregón veían la promulgación de una Ley
del Trabajo.
Pero para sacar adelante esta demanda se necesitaba fuerza y la
clase obrera no la tenía.
¡Claro! , había logrado imponer
en el tapete de la discusión la necesidad de la reglamentación del
art. 123, e igualmente las intensas movilizaciones de 1920 y 192, así
como los reclamos explícitos de un sector del movimiento obrero
habían motivado declaraciones y hechos que avanzaban en este sentido.
Sin embargo, pese a que la clase obrera había puesto en la
“orden del día” la necesidad de una reglamentación el
artículo 123, pese a que esta necesidad impregnaba el ambiente social
como puede descubrirse en los periódicos de época (39), para sacar
adelante esta demanda se necesitaba mucha más fuerza.
Y esta
fuerza necesaria para inclinar la política de Obregón a
concesiones más profundas a la clase obrera y para vencer la
resistencia
y de la clase capitalista, se veía restada no solo por la división
orgánica, política y el atraso ideológico del movimiento
obrero, al que correspondían estructuras sindicales de tipo gremial que
reflejaban a un proletariado en formación, sino también por el
control que el gobierno de Obregón comenzaba a operar sobre este, por
intermedio de las burocracias sindicales que había incorporado a el
usufructo del apartado de gobierno. (40)
Finalmente este proyecto de Ley
de Seguro Obrero fracaso rotundamente. Como señala un estudioso del
gobierno obregonista: “Las Cámaras del Congreso de la Unión
rechazaron sin mayor consideración el proyecto de ley, ante la
contradicción existente entre los objetivos sociales del seguro obrero
y
las necesidades económicas de las empresas capitalistas que se hallaban
en una fase de acumulación intensiva de Capital: las empresas
extranjeras, con el propósito de reforzar sus monopolios
internacionales,
y los capitalistas nacionales con la intención de afirmar sus
inversiones
industriales ante las extranjeras” (41)
Sería sobre este
complejo panorama que se iría definiendo la política de
Obregón hacía el movimiento obrero. Sin embargo, esta
política de Obregón no se delinearía claramente hasta 1921,
una vez que se ha consolidado en el poder. Inicialmente la llegada al
poder de
esta tendencia bonapartista se va a traducir en una serie de
condiciones
favorables al movimiento obrero.
LOS
OBREROS SE COBRAN EL APOYO
La clase obrera que a través de un sector organizado
(CROM)
había participado activamente apoyando a lo largo y ancho del país
la candidatura de Álvaro Obregón y que ante la posición de
Carranza por imponer al Ing. Bonilla como presidente se había lanzado a
organizar grupos armados de apoyo a obregón veía la hora de
cobrarse el apoyo brindado. (42)
Decenas de huelgas estallaron en todo el
país durante los meses de junio, julio y agosto—marcando el primer
auge del movimiento obrero en 1920—y ante las cuales el gobierno de De
La
Huerta, o se veía obligado a mantener una actitud neutral, cuidando de
aclarar por boca del general Plutarco Elías Calles –Secretario de
Guerra—que no serían reprimidas y que el ejercito mantendría
una posición neutral o bien apoyando las demandas de los obreros. Se
dejaba sentir claramente una de las características del bonapartismo,
que
necesitado de apoyo obrero y campesino, obligadamente tenía que ser
permeable a las presiones de estas.
En la última semana de junio aproximadamente XXXXXXXXXXX trabajadores
de Coahuila agrupados en la
“Sociedad Defensora del Proletariado” van a la huelga exigiendo
aumento de salario. Ante la actitud de la tropa de esa zona que brindo
su apoyo
a los hacendados de la región y apreso a los dirigentes de esta
organización, el general Calles declaró que “...la huelga es
un derecho de los gremios obreros”, manifestando su apoyo a los
huelguistas y planteando que los militares responsables de la represión
serían castigados. (43)
A finales del mismo mes y durante julio y
agosto estallaron diversas huelgas en el país. En la
Compañía petrolera “El Águila”, en los
ferrocarriles mexicanos en Orizaba, en la Compañías mineras de
Chihuahua y Durango. En Monterrey, Tampico, Torreón, Querétaro,
Baja California, Puebla, Veracruz y Oaxaca. (44)
El 8 de julio, Adolfo de
la Huerta, entrevistado por un reportero de “El Demócrata” en
relación al movimiento obrero que a nivel nacional se manifestaba en
múltiples huelgas declaró lo siguiente: “ Todo se reduce en
síntesis a una serie de demandas de los trabajadores a los
industriales”.
“El Demócrata”: “Pero que
pueden determinar las huelgas ¿No es
así?”.
“Seguramente; toda petición de obreros a
industriales se convierte en huelga cuando las demandas son justas y no
se
obtienen los resultados que se pretenden, ni se escuchan las razones
que se
invocan”.
“Eso es natural, y en vano puede haber quien
intente detener esa transformación del socialismo doctrinal en un
socialismo práctico pues que la virtud intrínseca de idea tiene
que vencer siempre a los artificios del ingenio y hasta los propósitos
de
la voluntad de quienes se empeñen en desconocer los derechos del
proletariado...los derechos, entiéndanse bien; los
derechos.”
“Porque hay...quien confunde los derechos con la
exigencia y la razón con el capricho... hay que establecer el
término medio... que llamaría yo “posibilista”, para
llegar a un arreglo equitativo y cordial, que es lo que precisamente
está
procurando el gobierno en estos momentos, quien comprendiendo que toda
vez que
las exigencias materiales y morales latentes en el movimiento de las
clases
obreras—verdadera fuerza impulsora de su ascensión social—no
puede negarse, se encuentra obligado a encausar este movimiento dentro
del
verdadero camino de su idealidad moral y de su justicia
material.”
“Así pues, la intervención del
gobierno en este movimiento: ha sido encaminado a esa alta tarea de
hacer
entender: a los trabajadores sus derechos; y a los industriales sus
obligaciones, todo ello dentro de un perfecto concepto de la justicia y
la
equidad.”
“El Demócrata”.- “Los
industriales creen :” “Si, ya lo sé ; creen que el gobierno
está inclinado a los obreros y no es cierto en la amplia acepción
de este término. El gobierno está y estará inclinado
siempre del lado de la justicia. Demuestran muchos de esos industriales
descontentos que han tenido en cuenta el alto costo de la vida y los
mismos
altos precios a que ellos venden los productos de sus fabricas y que
han
procurado en relación con ellos, mejorar las condiciones y sus obreros
y
tendrán el apoyo del gobierno.”
“Yo he manifestado
repetidas veces... que todos los empresarios capitalistas e
industriales, lo
mismo extranjeros que nacionales tienen abiertas las puertas del país
para la explotación de la riqueza, pero declaro también que el
gobierno apoyará debidamente al proletariado, no importa si es nacional
o
extranjero, con tal que en México trabaje, contra toda injusticia y
procurara buscar el mejoramiento intelectual y económico de los
trabajadores.” (45)
Aunque es perfectamente perceptible en estas
declaraciones que el proyecto de desarrollo que se plantea es
capitalista, por
la invitación que se hace a los empresarios nacionales y extranjeros
para
la explotación de la riqueza en México, es igualmente claro el
carácter típicamente bonapartista de estas.
Así por
una parte acepta como justas ciertas demandas de los trabajadores, pero
también descarta otras basadas, según él en el capricho;
llamándolos a buscar un término “posibilista”. Por
otra parte presiona a la burguesía industrial para que conceda ciertas
demandas, pero señala que tendrán todo el apoyo del gobierno para
desarrollarse como clase, si cumplen con estas obligaciones. Es decir,
por un
lado se apoya en el proletariado, conteniéndolo para presionar a la
burguesía a ceder en algunas demandas y por otro se apoya a la
burguesía para contener al proletariado en los límites que
él llama “posibilista” o sea sin atentar el carácter
de la propiedad privada de los medios de producción.
Dentro de
este contexto de intensas movilizaciones obreras y políticamente en el
lapso de tiempo que va del inicio del levantamiento de Álvaro
Obregón, a mediados de abril de 1920 a la entrada del ejercito
liberador
el 7 de mayo a la Ciudad de México, y el periodo del interinato de
Adolfo
de la Huerta del 1 de junio al 30 de noviembre de 1920, es que se
ubican las
primeras movilizaciones de los trabajadores Electricistas del SME y sus
hermanos
de clase los Tranviarios.
A
LA CONQUISTA DEL RECONOCIMIENTO SINDICAL
Varios hechos amenazaban con convertir 1920 en un año
de cambios
efervescencia política grandes movilizaciones obreras. Por un lado se
encontraba la critica situación económica por la que el
país venía atravesando en los últimos años como
resultado de la desorganización económica producto del movimiento
armado. El resultado inmediato de esto último sería las grandes
movilizaciones y huelgas que el proletariado en México aprendería,
no solo para recuperar el poder adquisitivo de sus salarios sino que
también para imponer en la practica una serie de conquistas, que como
el
derecho a la organización sindical, se encontraban sancionadas en la
Constitución por otro lado se encontraba el problema de la
sucesión presidencial que se iba tornando critico debido a la terquedad
de Carranza de querer imponer como sucesor al Ingeniero Ignacio bonilla
por
encima de las fuerzas que habían hecho la Revolución.
Estos
últimos acontecimientos se precipitan en el mes de abril en que
Álvaro Obregón tiene que abandonar la capital ante las intenciones
de Carranza de capturarlo. El 10 de abril el general Plutarco Elías
Calles, y de este fecha a la entrada del ejercito liberal
Revolucionario a la
Ciudad de México, el 7 de mayo, solo habrían de pasar unos cuantos
días para que la correlación de fuerzas se mostrasen abiertamente
favorable a las fuerzas político militares que Álvaro
Obregón representaba.
En los días posteriores al
pronunciamiento de Calles, se van dando un a serie de pronunciamientos
a favor
de la rebelión – Pascual Ortiz Rubio Gobernador de
Michoacán, el General Enrique Estrada gobernador de Zacatecas,
Benjamín Gil etc. – hasta la promulgación del famoso Plan de
Agua Prieta, por medio del cual Álvaro Obregón se constituye en
centro de la rebelión a nivel nacional.
Este rápido cambio
en la correlación de fuerzas militares – que no era si no la
expresión tardía de un cambio en la correlación de fuerzas
a nivel social y político que se había alcanzado en la
revolución—generó en la Ciudad de México, condiciones
favorables a las condiciones de los trabajadores. Esto no podía ser
después de todo de otra forma. De hecho ante la acelerada perdida de
poder militar del gobierno de Carranza, y el avance de los ejércitos
rebeldes a la ciudad de México, cualquier actitud represiva de este
hacía los trabajadores sin lugar a dudas hubiese significado precipitar
los acontecimientos. Sin embargo, esta reanimación y movilización
de los trabajadores venía de más lejos, aunque esta
situación de crisis política le habría causes favorables. En particular
venía de los intentos de organización de 1916, 1917
y 1918, se conectan con el reconocimiento de sus conquistas en la
constitución y encuentran sus acicate en la situación de creciente
inflación como producto y expresión de la crisis por la que
atravesaba el país en esos años.
En efecto, como resultado
de la paralización de la actividad productiva a causa del movimiento
armado el costo de la vida en D.F., había aumentado en un 233% con
respecto a 1910 (1) más particularmente de 1919 a 1920 el costo de la
vida había aumentado en un 116%. A lo anterior se le sumaba el alza
adicional originada por la falta de moneda circulante y la emisión de
los
llamados”vales Cabrera” (2)Concretamente en la última semana
de abril los precios de los artículos de primera necesidad aumentaron
en
más de un 50% El kilo de azúcar que se cotizaba a .54 centavos el
carbón de .5 y .6 centavos a 12 y 13 centavos. Esta suplementaria
elevación de los artículos de primera necesidad fue causada por la
especulación que los comerciantes de la Ciudad e México, alegando
como causas la alarma por los acontecimientos políticos nacionales y
los
peligros que corrían los trenes de carga. (3)
Como es de
suponerse, esta situación originó un gran descontento en los
trabajadores, que junto con el ambiente favorable que la crisis
política
abría, dio como resultado el estallamiento de huelgas y movi8lizaciones
a
lo largo y ancho del país. Movilizaciones y huelgas obreras que conocen
dos grandes auges en 1920: la primera se localiza en los meses de
junio, julio y
agosto y la segunda en la segunda quincena del mes de octubre.
El SME, al
amparo de estos cambios políticos y estimulado por la creciente
movilización obrero comenzaría a salir tímidamente del
letargo sindical en que se encontraba. Directamente contagiados
estimulados por
los radicales y combativos trabajadores tranviarios; cobijados y
amparados por
las coyunturas que las movilizaciones de los tranviarios le abrían, el
SME pasaría sucesivamente por desmovilizaciones en pos de mejores
condiciones económicas, hasta conquistar en la tercera de estas, el
derecho a su organización sindical.
El por qué los tranviarios
jugarían el decisivo papel de coadyuvar a la incorporación del
SME a las movilizaciones obreras de esos años, se explica por los
siguientes hechos: en aquel tiempo, tanto la Cía. De Luz como la de
Tranvías, pertenecía al mismo consorcio, integrado por la misma
junta directiva; aún más, muchos trabajadores al servicio de la
Cía. de Luz figuraban en nómina de Tranvías y viceversa; e
indistintamente pertenecían a uno u otro sindicato. Sin embargo lo
más importante, es que esta íntima relación entre ambos
gremio venía del hecho que en muchos casos tenían como asiento los
mismos centros de trabajo.
A no dudarse, esta íntima relación,
facilitaba la comunicación, así como la discusión e
intercambio de experiencias entre ambos tipos de trabajadores; y no es
arriesgado suponer que los trabajadores electricistas estimulados por
este
estrecho contacto con los tranviarios se animaron a incorporarse a las
luchas
obreras de 1920. (4)
INTENTOS
TIMIDOS (I)
El 10 de abril – día en que se inicia la rebelión
obregonista con el pronunciamiento del general Calles – estallan en la
Cd. de México varias huelgas de trabajadores de fábricas de
hilados y tejidos, entre las que se encontraban “La abeja”,
“La Hormiga”, “La Monserrate”, “Santa
Teresa””, “La Magdalena” y la “Alpina”.
Estos trabajadores que sumaban aproximadamente $ 4,600.00 se habían
declarado en Huelga debido a la negativa de sus patrones para
satisfacer una
serie de demandas tales como: reposición de unos obreros cesados,
aumentos de salarios, reconocimiento de sus sindicatos, jornada de 8
horas y
pago doble de las horas extras. Estas huelgas concluyeron el 26 de
abril,
aún cuando desde el 21 se había logrado que los obreros cesados
fueran indemnizados con 3 meses de sueldo y aumentos de salarios, amén
de
que sus otras peticiones serían estudiadas. Sin embargo, se mencionaba
por la prensa que la prolongación de estas huelgas, tenía como
propósito apoyar la rebelión obregonista. (5)
Además
de los hilanderos y tejedores se encontraban en huelga los obreros de
la
fábrica de cigarros “El Buen Tono” y de la
“Compañía Cigarrera Mexicana”, así como los
trabajadores de la “Litográfica Española”, sumando
entre todos aproximadamente unos 3,600 obreros. Estas huelgas cuyo
denominador
común fue la negativa de los patrones para conceder aumentos de
salarios,
mejores condiciones de trabajo y para los primeros reconocimiento de su
sindicato, quedaron resueltas el 16 y17 de abril respectivamente. (6)
En
este contexto, el 13 de abril la Federación de Tranviarios envió
un “memorial” a la Cía. de Tranvías, pidiendo un
aumento de salarios de 40%, el mejoramiento del sanatorio y la solución
del problema de los accidentes de trabajo; de esto también notificaron
a
la Junta de Conciliación. De hecho, este movimiento no era sino la
continuación de otro en que se habían pedido un aumento del 50% en
sus salarios obteniendo únicamente un 10% (7)
La posición
de la Cía. De Tranvías fue de darle largas al asunto, pues ni
resolvían las peticiones planteadas por los tranviarios, ni avanzaban
en
las pláticas con las comisiones de tranviarios que iban a conferenciar
con ella. Pese a esto, los tranviarios firmes en su decisión, se iban
preparando para estallar la huelga. Así, el 26 de abril, la
Federación de Obreros y Empleados de la Cía. de Tranvías de
México mandó un ultimátum a la empresa informándole
haber decretado la huelga dentro de un plazo improrrogable de 10 días.
De
acuerdo con esto la huelga debería estallar el jueves 6 de mayo a las
12
de la noche. (8)
Ante esta rotunda declaración el gobierno de
Carranza definió su posición de clase, declarando que aún
en el caso de que se fracasará en las negociaciones para evitar la
huelga, el tráfico de los tranvías no se
suspendería,”.. pues este mismo gobierno tomará medidas para
garantizar ese servicio público.” (9)
Sin embargo, hay que
ubicar en su justo nivel esta declaración del gobierno de Carranza por
boca del Lic. Rueda Magro gobernador del D.F., Ya habíamos dicho como
el
cambio de la correlación de fuerzas a nivel nacional forzó al
gobierno de Carranza a no adoptar una actitud represiva frente a las
huelgas de
abril. Para imponer esa política se necesitaba fuerza y esa fuerza
Carranza la había venido perdiendo de manera acelerada en los
últimos días; por tanto cualquier intento de reprimir a los
huelguistas hubiese significado precipitar los acontecimientos de la
manera
más obvia, al orillar a los obreros a que tomasen las armas en favor de
Obregón. Pero a su vez el permitir que la huelga de los tranviarios se
hubiera precipitado a los acontecimientos al suspenderse uno de los
principales
servicios públicos en la capital. Entonces estas declaraciones del
gobierno más que demostrar fuerza por la amenaza que hacía de
reprimir, manifestaba la debilidad ya agónica de carranza.
El 30
de abril y aprovechando la cobertura que le brindaban los tranviarios,
los
trabajadores de la Cía. Mexicana de Luz y Fuerza mandaron un memorial a
la empresa solicitando un aumento de salarios del 100%, que ese aumento
se
pusiera en vigor a partir del 1 de mayo y que la empresa pagará a todo
el
personal los días de descanso.
Los electricistas dieron un plazo
que terminaba el 6 de mayo, coincidiendo en esto con el estallamiento
de la
huelga de los tranviarios, para que fueran resultas sus peticiones. Sin
embargo,
no fue sino hasta el 7 de mayo que fueron recibidos por la gerencia,
quien se negó a aumentarles los salarios en un 100% señalando que las
otras
peticiones las resolvería hasta el día 12. Los representantes de
los electricistas insistieron en que no era posible esperar más tiempo
y
pidieron saber que tanto por ciento estaba dispuesta a conceder.-
sueldos
menores y en escala un 1% a los mayores, ofrecimiento que fue rechazado
por los
electricistas, pues en promedio solo significaba un 20% de aumento en
sus
salarios.
Los representantes electricistas propusieron, como una
solución intermedia y de acuerdo con una proposición del personal
del departamento de Operación, que se hiciera un aumento de 75 a un 40%
proporcionalmente, siendo esta propuesta nuevamente rechazada por la
empresa por
debajo del agua, mientras tanto la Cía. desarrollaba su política
divisionista, ofreciéndoles a los obreros del departamento de
Operación aumentos mayores de salario, con el obvio propósito de
quebrar la unidad de los electricistas y echar para abajo su
movimiento.(10)
Ese mismo día hizo su entrada a la Cd. de
México el “Ejército Liberal Revolucionario” al mando
del general Pablo González, siendo nombrado inmediatamente el Lic. Y
diputado Gómez Noriega gobernados del D.F. quien declaró que el
nuevo gobierno “...estaba en la mejor disposición de ayudar a todas
las clases trabajadoras conciliando también los interese de las
industrias y el interés público.” Aunque ofreciendo que
“...en el momento actual y por las circunstancias anormales reinantes,
se
impediría reprimiría cualquier movimiento huelguístico
apelando a la fuerza.” (11)
Estas declaraciones del gobierno del
D.F., motivaron que los obreros de las fábricas de Hilados y Tejidos,
“La Alpina” y “La Hormiga” que se encontraban en huelga
desde el 7 de mayo, por incumplimiento de los industriales del convenio
pasado,
resolvieran volver a sus trabajos, aunque sin retirar sus peticiones;
sin
embargo, los textiles de la “Santa Teresa” y “La
Magdalena” decidieron esperar la resolución de los patrones.
(12)
Reanudadas las juntas de conciliación entre los
representantes tranviarios y la Cía. de Tranvías, en presencia del
gobernados del D.F., este impuso finalmente una formula de transacción.
Ni el 50% que pedían los tranviarios ni el 15% que ofrecía la
empresa, sino un 25% (13)
Los electricistas pese a que aprovecharon la
cobertura que les brindó la movilización de los tranviarios y que
el 15 de mayo en una asamblea la que asistieron aproximadamente 300
trabajadores
(14) acordaron no ceder ante la empresa, siguieron un camino diferente
en la
negociación de su demanda, pues no recurrieron al arbitrio de las
autoridades, sino que negociando directamente con la empresa y
manteniendo una
posición unitaria, pese a los esfuerzos de la Cía. de Luz por
dividirlos, consiguieron el 17 de mayo un aumento del 25% en sus
salarios.
(15)
Este movimiento de los electricistas del SME significó un
triunfo, porque los arrancó del periodo de inmovilización y
aletargamiento en que se habían hundido y aunque el aumento de salarios
fue debajo de los propuesto inicialmente, también significó un
triunfo, desde la perspectiva de sus futuros movimientos tendientes a
recuperar
el poder adquisitivo de sus salarios.
La Cía. de Luz y
Tranvías al verse obligada a conceder este aumento en los salarios,
recurrió a uno de sus expedientes favoritos para evitar que estos
aumentos mermaran las altas ganancias que obtenían a costa de la
explotación de los trabajadores. Alegando que desde 1914 no habían
efectuado pago de dividendos a sus accionistas y que de hecho los
aumentos
saláriales, junto con la creciente inversión en equipo, se
traducía en perdidas económicas, lograba que sus tarifas fuesen
aumentadas; transfiriendo, de hecho, así los aumentos de salarios al
público consumidor. (16)
Como la compañía
había concedido aumentar los salarios merced al aumento transitorio que
obtuvo en sus tarifas de fletes y pasajes foráneos, una vez que este
aumento dejo de regir, aquella descontó automáticamente a los
trabajadores el 25% que ya habían obtenido, motivando con esto hondo
descontento y el que estos declararán irse a la huelga. Sin embargo, el
conflicto no prospero debido a la intervención del gobernador del D.F.,
que consiguió que la Cía. de Tranvías acatara la
disposición del gobierno y respetará el aumento concedido.
(17)
Sin embargo, el conflicto seguía planteado, como lo
declararon los trabajadores en una junta celebrada el 25 de junio en la
noche,
en donde acordaron “...hacer gestiones para conseguir el aumento total
del
50% que ha tiempo tienen pedido, fundándose para ello en el alto costo
de
la vida, en lo bajo de los salarios a pesar del reciente aumento del
25%. (18)
Como vemos pues, la política de los trabajadores de la Cía. de Luz
y tranvías, pero sobre todo la de los tranviarios, constituía todo
un proyecto de acción tendiente a recuperar su poder adquisitivo y a
mejorar sus condiciones económicas.
INTENTOS
TIMIDOS (II)
El 1 de junio toma posesión como presidente interino e
general
Adolfo de la Huerta, cuyo mandato se prolongaría hasta el 30 de
noviembre
de1920. Sin embargo, la llegada al poder de esta tendencia pequeño
burguesa cuya cabeza principal era Álvaro Obregón, y que
transitoriamente representaba De la Huerta, de ninguna manera significó
la superación de la crisis política y económica en que se
hallaba el país.- Pasarían varios años para lograr la
reconstrucción del nuevo Estado y ligado con esto el desarrollo de una
política económica que sentara las bases para el desarrollo del
capitalismo en México.
Dentro de esta perspectiva, el reconocimiento
del gobierno de México por parte de los Estados Unidos, constituía
una necesidad del grupo gobernante como una salida importante a la
situación de crisis del país. Sin embargo, este reconocimiento era
condicionado a las exigencias del imperialismo que demandaba una
política
de trato preferencial y de privilegio respecto de sus propiedades en
México y sobretodo en la cuestión del
petróleo.
Así, apenas iniciado el gobierno interino de
Adolfo de la Huerta, este hubo de enfrentar una serie de presiones que
tanto un
sector de la burguesía de los EU. le hacía, como internamente las
presiones que las Cías. Petroleras le hacían para obtener un trato
preferencial y de privilegio.
En el gobierno de los EU. – que desde el
inicio de la rebelión obregonista había declarado que no
entraría en tratos con “los rebeldes de Sonora”, estimando
además que el ex gobernador de la Huerta era uno de los más
activos propagandistas y simpatizadores de la doctrina soviet (19)—que
se
había negado a reconocer al gobierno de De la Huerta, se perfilaban
claramente dos posiciones en relación a l política a seguir
respecto a México. Una de ellas encabezada por el senador Albert F.
Fall
se había pronunciado por un no reconocimiento del gobierno formal de
este, en el sentido que sería debidamente revisada y reformada la
Constitución de 1917; amenazando con la intervención militar en
caso de que el gobierno mexicano no accediese (20) La otra representada
en la
Convención Nacional Demócrata sin dejar de plantearse una
política de trato preferencial hacia los propietarios norteamericanos
en
México, se inclinaba más por una política menos dura y
más de negociación para alcanzar ese objetivo.
(21)
Internamente las presiones del imperialismo norteamericano en
México se manifestaban en una serie de negociaciones de las Cías.
Petroleras con el gobierno de México, por medio de las cuales estas
intentaban que se derogasen los decretos sobre el petróleo. Respecto a
esta cuestión, la posición del gobierno de Adolfo de la Huerta
quedó manifestada en las declaraciones del entonces Secretario de
Industria Comercio y Trabajo, general Jacinto Treviño, quien el 29 de
junio declaró “El gobierno de México no puede violar la
Constitución como quieren los petroleros. Si los derechos de los
petroleros son sagrados, también los de nuestra nación deben ser
igualmente respetados.” (22)
Sobre este contexto de presiones
combinadas de los intereses imperialistas en México, se habían
venido dando una serie de sublevaciones de miembros del ejército, como
la
del general Jesús Guajardo el 1 de julio, y por otra parte una serie de
remociones, reajustes y depuraciones en los aparatos de gobierno de los
estados
desconociendo y quitando a gobernadores y miembros de las Cámaras
Legislativas que se habían opuesto o no se habían adherido al Plan
de Agua Prieta—por ejemplo en Michoacán, Puebla, Veracruz,
Campeche, Yucatán, Oaxaca, Jalisco, Edo. De México 23 y que
mostraban la inestabilidad política del país durante el gobierno
de Adolfo de la Huerta. (24)
Sería en este amplio contexto
nacional marcado por el signo de la crisis y la inestabilidad política
y
económica durante el gobierno interino del general Adolfo de la Huerta,
que se ubica la segunda movilización de los trabajadores tranviarios,
al
amparo de la cual los electricistas del SME plantearían nuevamente sus
demandas.
Consecuentes con su plan de acción tendiente a recuperar el
poder adquisitivo de sus salarios, el miércoles 17 de agosto, en una
junta celebrada con el gobierno del D.F., los tranviarios declararon de
una
manera categórica que irían a la huelga si no lograban que se les
aumentasen un 25% más sobre los salarios que venían percibiendo.
(25)
Al momento en que los tranviarios hicieron la declaración de
que irían a la huelga, se encontraban en huelga los tranviarios de
Veracruz, que pertenecía a la Cía. de Tranvías de
México; los obreros textiles de “La Corona” así como
los obreros de la fábrica textil de Metepéc Puebla.
(26)
Los tranviarios se encontraban en huelga exigiendo un aumento del
50% en sus salarios y su movilización había concitado el apoyo de
mayor parte de las organizaciones obreras del puerto de Veracruz (27)
que el 14
de agosto habían declarado que irían a la huelga si la Cía.
de Tranvías no accedía a sus demandas. (28)
Por su parte
los obreros de la fábrica textil “La Corona” se encontraban
en huelga exigiendo la restitución en su puesto a una maestra de
trabajo
que había sido cesada. (29)
Ante esta demanda de los tranviarios
– a la que se sumaron algunos trabajadores electricistas—la
Cía. respondió en los términos y conocidos y utilizados
para enfrentar las exigencias de aumentos saláriales de sus
trabajadores;
argumentando que este aumento del 25% no era posible, pues aunque ya
estaban
cobrando las tarifas aumentadas en las líneas foráneas y en los
fletes, también tenía muchos gastos “...al grado de que sus
ganancias son irrisorias.” (30)
La respuesta de los tranviarios a
esta actitud de la empresa no pudo dejar de ser más atinada y
hábil, pues exigieron que se designara una comisión que revisara
la contabilidad de la compañía.
La revisión de la
contabilidad de la empresa de Tranvías se hizo, lo que vino a reafirmar
más la decisión de los tranviarios en su lucha por obtener un
aumento del 25%. Sin embargo, la respuesta de De la Huerta a la
comisión
de Tranviarios que recibió del 3 de septiembre, fue defendiendo a la
Cía. de Tranvías, señalando “...que la
Compañía no podía pagar mayores sueldos por ahora, en
virtud de que, si es verdad que sus ingresos han aumentado últimamente,
lo es también que aumentó ya los salarios un 25% más, y
además está haciendo tales gastos en reparaciones, que apenas si
le bastan sus ingresos para hacer frente a ellos. Adolfo de la Huerta,
la
hubiera suscrito gustosamente cualquier alto jefe de la Cía. de
Tranvías.
Así las cosas, el 18 de septiembre en la tarde, en
una asamblea “borrascosa”, efectuada en los salones de la
Unión de Empleados de Restauran y en donde según el reportero de
“El Universal” reinaba una atmósfera
“Bolcheviquista” insoportable, y en donde los más avanzados
proponían la confiscación de la empresa, siguiendo el ejemplo de
los socialistas en Italia, los tranviarios acordaron pedir el
cumplimiento de
los acuerdos que se tomaron durante la pasada huelga, y el aumento de
sus
salarios en un 25%, decretando además la huelga para el día 1 de
octubre. Para esto último designaron una comisión para notificarle
a la empresa. (32)
Declarada la lucha abiertamente, el gerente de la
Cía. de Tranvías, manifestó sin empacho alguno, que si los
tranviarios decretaban la huelga “...el servicio no se suspendería,
siempre y cuando el gobierno les facilitara a los policías de la
ciudad,
dado que casi todos ellos habían sido motoristas y conductores...”y
que si las cosas se llevan al extremo, cuentan con que a su
departamento de
empleos, diariamente acuden numerosos obreros de todos los oficios a
pedir
trabajo.” Vemos pues, que roto el principal argumento de la empresa
para
no conceder el aumento del 25% no le quedaba otro camino que mostrar su
verdadero rostro, amenazando a los trabajadores con el despido,
desconociendo
además el derecho de huelga, y haciendo una clara invitación a las
autoridades para que reprimiera el movimiento.
Por su parte los
tranviarios, el 20 de septiembre tenían listo un ultimátum para
mandarlo a la gerencia de la Cía. de Tranvías, así como
copias para remitirlas a la Presidencia de la República, al
Departamento
de Conciliación y Arbitraje, al Gobierno del Distrito y al
Ayuntamiento,
así como circulares para todos los gremios obreros de la
República, pidiendo ayuda en caso necesario.
Mr. Conway, director
general de la Cía. de Tranvías declaró en relación a
los medios de resolver el conflicto en puerta: “o aumentar en algo los
pasajes o reducir el personal.” (33)
Esta continua cantaleta de la
Cía. de Tranvías, dio pábulo para que el Secretario de
Hacienda el general Salvador Alvarado, manifestase a la prensa el 22 de
septiembre de 1920 que tenía en su poder unos convenios firmados por
los
que el gobierno iba a adquirir en propiedad las empresas, matriz y
subsidiarias
de la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza y de la Cía. de
Tranvías de México, S.A., agregando que esta venta le había
sido propuesta por los propios accionistas. Inmediatamente el
presidente del
Consejo Directivo de la Cía. de Luz y Fuerza Mr. E. R. Peacock,
declaró a los periódicos en relación a esta noticia:
“Debe tratarse de alguna equivocación, pues ningún miembro
del Comité Ejecutivo de las citadas compañías ha tenido
siquiera noticia de que se proyecte tal operación, y es seguro que
ninguna persona debidamente autorizada por cualquiera de las
Compañías mencionadas, ha entrado en tratos con los funcionarios
del Gobierno Mexicano.” Interrogado el Secretario de Hacienda sobre
estas
declaraciones afirmó: “En realidad, el gobierno va a adquirir la
Compañía de Tranvías y la de Luz y Fuerza; que tiene en su
poder los convenios firmados a que se refirió hacer poco, y que tales
documentos están autorizados por quien tiene derecho a concertar la
operación” agregando que “...tan luego como este aliviado el
señor Presidente, dará cuenta con ese asunto, a fin de ver si el
primer magistrado aprueba la operación, y después se darán
los pasos respectivos para la ratificación de los aludidos convenios;
que
la operación está planeada de modo que no signifique ni sacrificio
ni desembolsó para el gobierno la referida operación”. Al
parecer este propósito del Secretario de Hacienda no prosperó, ni
se volvió a tocar este asunto en la prensa. Sin embargo consignamos
este
propósito, pues parece ser el primer intento por nacionalizar esta
industria. (34)
El día 27 de septiembre, los tranviarios
celebraron una reunión con el general Celestino Gasca, Gobernador del
D.F., en que expusieron sus necesidades en las que fundaban sus
demandas y en
donde acordaron esperar a que el gobernador hablara con los
representantes de la
compañía que habían sido citados para esa misma tarde.
(35)
En esta entrevista queremos destacar la declaración de un
representante de los peones de “vía permanente”, que en forma
por demás patética relata al gobernador las condiciones injustas y
dramáticas de su trabajo y de su condición de asalariado.
“El Universal” lo condensa así:
“Lorenzo
Hernández representante de los peones de vía permanente,
habló al gobernador, le relató la pobreza en que los de su clase
viven y el mal trato que soportan por parte de los capataces,
asegurando que la
Gerencia de la Compañía con seguridad no conoce esas
irregularidades que en su institución se cometen, pues seguro está
de que por sentimiento de humanidad lo habría remediado. Se nos paga
salario tan corto que no es soportable nuestra miseria dice Hernández,
nuestros hijos, por no presentarse desnudos al Colegio mejor no
asisten. Nuestro
trabajo es el más duro y penoso. Se ha llegado el caso de que los
capataces nos golpeen y al ir a presentar nuestra queja, al jefe
inmediato,
salgamos a empellones. El señor Gerente está tan lejos de nosotros
que no nos atrevemos a verlo y por ello no tiene conocimiento de
nuestra
situación.” (36)
destacamos en estas palabras, la
descripción de mal trato que los obreros recibían de superiores,
que va a ser a lo largo de estos años, una fuente constante de
movilizaciones de los trabajadores y que poco a poco, junto con su
combinación con otras movilizaciones por mejores condiciones laborales
y
saláriales, irían elevando y fortaleciendo la conciencia de clase
de los trabajadores electricistas y superando la visión ingenua y
sincera
que los trabajadores tenían de sus patrones y que se manifiesta en las
declaraciones de este representante de los trabajadores.
Esa misma tarde
del 27 de septiembre Mr. Conway acudió al llamado del gobernador de
donde
salió se la intransigencia en que se encontraba, ofreciendo a Gasca que
trataría de llegar a un acuerdo con los trabajadores. Naturalmente que
se
llegó a un acuerdo. Por principio la empresa accedió a aumentar
los salarios a los tranviarios y electricistas en un 25%, pero ya
obtenida la
promesa de que sus tarifas serían elevadas también en un
25%.
El 2 de octubre en asamblea, los tranviarios fueron informados de
este acuerdo y prorrumpieron en vivas para los funcionarios públicos en
ese momento una manifestación de reconocimiento de la clase
trabajadora,
“por las gestiones llevadas a cabo por el señor De la Huerta”
(37)
Así, el 7 de octubre apareció en la prensa capitalina
que “...por acuerdo del señor presidente de la República, la
empresa de Tranvías queda facultada para aumentar sus tarifas, tan
foráneas como urbanas, en un veinticinco por ciento más, con
respecto a las actuales.” (38)
Con este acuerdo entraba en abierta
contradicción el dictamen de la comisión nombrada por el mismo
presidente Adolfo de la Huerta, que sostuvo que “... habiendo llegado
las
tarifas al maximiun de la concesión concedida, era por tanto injusto
que
la empresa tratara de subir sus tarifas”. Recomendando que
“...continuaran subsistiendo las tarifas que hasta la fecha rigen y que
son las que corresponden al primero de enero del presente año.”
(39) Como vemos pues el gobierno de Adolfo De la Huerta estaba
desarrollando una
política a favor de la empresa de tranvías yen contra de los
intereses de las clases populares como lo demuestran las protestas de
las
poblaciones foráneas del D.F. por el aumento de los pasajes.
(40)
Esta movilización de los tranviarios que arrastró a
algunos elementos electricistas se dio en un momento en que la
inestabilidad
política posterior a la rebelión obregonista y primeros meses del
interinato de Adolfo de la Huerta tendía a decrecer.
Claro que los
alzamientos y rebeliones militares continuaron como por ejemplo la del
general
Pineda en Chiapas al mando de 300 hombres, (41)pero fuera de los
conflictos
regionales como los de Yucatán, Michoacán, y Veracruz (42)
así como las intentonas de ex carrancistas como la de los generales
Marciano González, Alfredo Rodríguez, el ingeniero Severiano
Martínez y el lic. Gustavo Mireles Espinosa, que pretendieron atacar
las
poblaciones de Ojinaga y Bronswille, estas manifestaciones de crisis e
inestabilidad no se comparaban con sus análogas de los primeros meses
después de la rebelión obregonista. (43)
Por otra parte, el
conflicto del gobierno mexicano con las compañías petroleras
había mermado y para el 5 de octubre estas habían declarado en
Nueva York y Washington que no tenían controversia con el gobierno de
México “...cuya legislación petrolera está plenamente
reconocida por ellas.” (44)
En el ámbito de las relaciones
internacionales, el Gobierno Mexicano se había venido preocupando por
el
estado de sus relaciones con los Estados Unidos. Y por la necesidad del
reconocimiento de este . Y a través del embajador de México en los
E.U. Fernando Iglesias Calderón, así como el enviado confidencial
Roberto Pesqueira, había venido desarrollando esfuerzos en este
sentido.
Por parte de los Estados Unidos, aunque las condiciones para el
reconocimiento de México habían quedado planteadas por el
Secretario de Estado Colby, en las conferencias celebradas en
Washington con el
embajador de México, condicionando el reconocimiento a los siguientes
puntos: primero “protección a las vidas y propiedades
norteamericanos” segundo, “Indemnización por los perjuicios
recibidos por los extranjeros” tercero “Derogación de las
leyes confiscatorias expedidas por el Sr. Carranza por parte del
presidente
Wilson se habían dado una serie de posturas tendientes más a la
negociación como por ejemplo sus declaraciones del 215 de septiembre
donde reconocía la legalidad del gobierno de Adolfo de la Huerta (45),
así como por el envío a México del señor George
Creel con el propósito de sondear al presidente y a Álvaro
Obregón. Por su parte, algunas agrupaciones patronales norteamericanas,
como por ejemplo la Cámara de Comercio del Paso Texas y de Houston, y
el
gobernador de Texas, presionaban para que los Estados Unidos
reconocieran al
gobierno de México. (46)
A primera vista no se ve como esta
situación de crisis política interna y presiones imperialistas que
en estos días mostraba una faz de calma, influyeran o condicionaran el
proceso como la actitud arbitral y conciliadora del gobierno de Obregón
en este conflicto. Y digo a primera vista, pues el desarrollo de la
movilización de los tranviarios, no se observa ningún hecho que
permita ligar con la evidencia del gobierno ante ella, a la situación
política nacional y a sus relaciones con el imperialismo. Para
encontrar
ese nexo, que no se muestra abiertamente a nuestros ojos, es necesario
recordar
que los tranviarios en este tiempo pertenecían a la CROM, A TRAVÉS
DE LA federación de sindicatos Obreros del D.F. Como miembros de la
CROM
formaban parte de esa base de apoyo del gobierno bonapartista. La
movilización de los tranviarios era pues la movilización de una
parte de las bases obreras en las que se apoyaba este gobierno; y aquí
se
encuentra la razón profunda que nos explica la posición arbitral
favorable a los intereses económicos de los tranviarios, de parte del
gobierno de De la Huerta.
Naturalmente que en esos días no se
evidenciaba ninguna señal que mostrara la necesidad que tenía el
gobierno de De la Huerta de estas bases obreras; sin embargo, en la
medida en
que tanto las presiones imperialistas, así como la situación de
crisis interna fueron hechos presentes a lo largo de estos gobiernos
posrevolucionarios; estos ante las presiones que significaban las
movilizaciones
obreras tenían que ceder a sus exigencias como única medida capaz
de garantizar ese apoyo que le era necesario en determinados momentos.
EL
CONVENIO DE 1920
Como ya señalamos, la coyuntura brindada por la
movilización
de los tranviarios fue nuevamente aprovechada por los electricistas
para
plantear una demanda de aumento de salarios, que al igual que a los
tranviarios
les fue concedida por la Cía. de Luz. Sin embargo, como ha quedado
claro
esta inicial reincorporación de los electricistas del SME se había
venido dando en forma muy tímida; al amparo y bajo la cobertura que le
brindaban los tranviarios que se distinguían por la radicalidad y
combatividad de sus movimientos.
La razón del porque de esta
reincorporación tímida del SME a la lucha obrera de 920, se
encuentra, como ya señalamos en las experiencias de lucha a partir de
la
huelga de 1916, que habían generado y conformado en la base y en la
conciencia de la dirección del SME métodos y formas de lucha que
desechaban formas radicales, y habían afianzado la idea de que sus
movimientos los tenían que desarrollar de acuerdo con las
circunstancias
políticas del país.
Pero esta conciencia cautelosa que
explica su tímida reincorporación estaba cambiando radicalmente. A
no dudarse, el resultado favorable a los trabajadores en la mayor parte
de sus
movilizaciones y huelgas; así como la actitud de hecho y de palabra del
gobierno de favorecer y conceder las demandas de los trabajadores,
obraba en el
sentido de hacer que el SME abandonará su timidez y cautelosidad y se
reincorporará plenamente a las movilizaciones obreras de estos
años.
El hecho que habría de precipitar este cambio de
actitud, sería provocado por el despido que la Cía. de Luz hizo de
los trabajadores electricistas que se habían destacado, junto con los
tranviarios en la pasada movilización. En efecto, la Cía. de Luz,
en reprimenda y con el obvio propósito de eliminar a los elementos que
participaron junto con los tranviarios, para así dar una lección
al resto de los trabajadores electricistas, dispuso el cese de ellos,
cubriendo
esta represalia con un barniz legal al indemnizarlos con 3 meses de
sueldo.
Por su parte, el SME denotando que había percibido el
cambio de las condiciones políticas del país, no estuvo de acuerdo
con esta determinación de la Cía. de Luz y en una asamblea
extraordinaria celebrada el 7 de octubre votó la huelga, en caso de que
la compañía no reintegrase a sus trabajo a los separados.
Además acordaron enviar a la Cía. de Luz “...un
ultimátum de tres días, pasado el cual los electricistas
irían a la huelga.” (47)
Esta movilización de los
electricistas del SME coincide con el segundo gran auge del movimiento
obrero en
1920. El primero como ya apuntamos se dio en los meses de junio, julio
y agosto,
apenas había tomado posesión de la presidencia Adolfo de la
Huerta, y aunque en el mes de septiembre se registraron algunas
movilizaciones
importantes y como la huelga de la “Orden de Maquinistas y
Fogoneros” que tenía ramificaciones en varios estados de la
república (48) así como las amenazas de huelga por parte de los
obreros textiles de Puebla, Tlaxcala y Orizaba, en apoyo de los obreros
huelguistas de la fábrica de Metepec, Puebla; así como las huelgas
de los obreros tabacaleros de “El Buen Tono” y la
“Compañías Cigarrera Mexicana” y los apoyos
huelguísticos solidarios por parte de algunos núcleos de obreros
textiles a esta, como fueron los casos de los obreros de “La
Corona”, “La Alpina”, “La Magdalena” y otros (49),
no va a ser sino hasta comienzos del mes de octubre que se comienza a
gestar una
movilización obrera que por la intensidad , el número de
trabajadores involucrados, la fuerza de estas y su duración, marcan el
segundo gran auge de las movilizaciones obreras a nivel nacional.
El 4 de
octubre aproximadamente 2,000 obreros de la fábrica de hilados y
tejidos
“La Carolina” se declaran en huelga debido a la negativa de la
empresa en separar a un obrero que se había dedicado a hostilizar a los
trabajadores. El 5 de octubre, 2,000 obreros de la fábrica de hilados y
tejidos “La Hormiga” van a la huelga motivados por que la gerencia
le había negado la entrada a la fábrica a uno de los trabajadores.
Ese mismo día, los obreros mineros de la “Dos Estrellas” en
Tlalpujahua, Michoacán se declaran en huelga demandando aumento de
salarios, siendo apoyados con la huelga misma por los campesinos
organizados de
Michoacán (50). También se encontraban en huelga los obreros de la
fábrica de San Juan Amatlán Puebla, demandando aumentos de
salarios. (51) El 10 de octubre, los panaderos de Aguascalientes se
declaran en
huelga demandando aumentos saláriales y mejores condiciones de trabajo
y
ese mismo día aproximadamente 2,000 obreros hilanderos de Río
Hondo Puebla, se van a la huelga debido a los malos tratos de un
capataz (52) y
el 13 de octubre estalla la huelga de los mineros de Coahuila
demandando
aumentos de salarios.
Aunque las huelgas de “La Carolina” y
“La Hormiga” quedaron resueltas “...en sentido satisfactorio
para ambas partes disidentes”, el 14 de octubre, algunas organizaciones
obreras del D.F., como los panaderos, cerveceros, de la telefónica
Ericsson, de la fábrica de Loza del Niño Perdido y de la
fábrica de alhajas “El Recuerdo además que mantenían
comunicación con los mineros de Coahuila. (53)
El 18 de octubre,
los mineros de Jalisco se declaran en huelga debido a la negativa de la
empresa
para aumentarles los salarios. (54) El 20 de octubre, los mineros de
Angangueo
Michoacán se van a la huelga en solidaridad con los huelguistas de la
“Dos Estrellas” y es mismo día los Estibadores y Cargadores
del Puerto de Veracruz y declaran huelga debido que las compañías
navieras del puerto habían decidido desconocer a sus sindicatos,
originando así un amplio e intenso movimiento que junto con el
conflicto
de los mineros de Coahuila, serían los más importantes en las
huelgas del segundo semestre de 1920; y que concitaría un amplio apoyo
tanto de sus similares en Puerto México, Salina Cruz y la
Federación Obrera de Progreso Yucatán, que fueron a la huelga
solidaria el 24 6 28 de octubre, así como de la CROM y de algunas otras
organizaciones obreras del D.F., cercanas a la Federación Comunista del
Proletariado Mexicano.
En este contexto de intensas movilizaciones
obreras y huelgas, al día siguiente de la asamblea en la que el SME
votó la huelga exigiendo la reposición de los separados por
represalias, una comisión acudió a la Presidencia de la
República, con el objeto de solicitar el apoyo del gobierno “para
que la Compañía de Luz y Fuerza Eléctrica vuelva a sus
trabajo a los electricistas que fueron cesados, debido a que secundaron
el
reciente conato de huelga.”
Siendo recibidos por el jefe del
departamento de Previsión Social, este les expresó en nombre del
presidente, que gestionaría el que la gerencia de la Cía. de Luz
entrara en arreglos para resolver las dificultades. Los periódicos
consignaban que al parecer los ánimos de los trabajadores electricistas
estaban muy exaltados y amenazaban con dejar sin energía eléctrica
y tranvías a todo el D.F..
Por su parte la Cía. de Luz
declaró únicamente – después de decir que el aumento
de sueldos la Cía. lo había dado espontáneamente, como si
no hubiera sido arrancado por la presión de los tranviarios y
electricistas y con la amenaza de una huelga – que el cese de los
trabajadores electricistas no se debía a reprimir exceso de personal y
que “...finalmente se trata de un movimiento provocado por agitadores
profesionales, motivo por el cual la empresa, como considera cuerdos a
los
tranviarios tiene la seguridad de que estos no vayan a la huelga..”
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Parece ser que las respuestas de la burguesía siguen siendo las mismas
a
más de 50 años de distancia de este hecho.
Cualquier
movimiento obrero que se plantee consecuentemente la defensa de los
derechos de
sus asociados es explicado en términos de ser causado por
“agitadores profesionales”.
El 11 de octubre, el
comité de huelga estuvo nuevamente en la presidencia de la
República donde manifestaron que los cesados deberían ser
indemnizados todos con el mismo número de meses, y que a aquellos que
se
nieguen a aceptar esa cantidad, deben de volverlos a su empleo en la
inteligencia de que de lo contrario irían a la huelga.
La
respuesta de la presidencia fue en el sentido de conferenciar con el
gerente Mr.
Conway, con el propósito de llegar a un acuerdo y de este modo evitar
la
huelga. (56)
Ese mismo día el gerente fue recibido por el
presidente de la Huerta, ante quien, y acompañado por el encargado de
negocios de Inglaterra, manifestó nuevamente que los cesados lo fueron
por exceso de personal y que habían sido indemnizados en exceso, pues a
algunos se les había dado hasta 6 meses, y que habían hecho ya
todo por dejar satisfechos a los descontentos que según ellos no eran
todos sino solamente tres.
Todavía el 19 de octubre, 50 electricistas
solicitaron audiencia presidencial siendo recibios, por De la Huerta
ante quien
manifestaron nuevamente sus deseos de ver solucionadas las dificultades
entre el
SME y la Cía de Luz (57).
Para estas fechas, la
movilización obrera había alcanzado su apogeo. De acuerdo con el
“Demócrata” se encontraban en huelga alrededor de 25 mil
obreros en toda la República (58), y se registraban todavía casos
de nuevas huelgas como la de los estibadores y boteros de la
“transcontinental” Oil Co.”que se declararon en huelga debido
a la política discriminatoria de las Compañías Petroleras
hacia los trabajadores mexicanos. (59)
El 26 de Octubre, aproximadamente
30,000 obreros de las fábricas de Hilados y Tejidos de Puebla decretan
la
huelga exigiendo aumentos del 55% al 60% en sus salarios. Estos obreros
estaban
organizados en la Confederación de Sindicatos del Estado de Puebla,
quien
al decir de “El Demócrata” declararon la huelga de acuerdo
con la CROM y en apoyo de los huelguistas de Veracruz y Tampico (69).
El
28 de octubre, aproximadamente 500 trabajadores de los talleres del
“Palacio de Hierro” se van a la huelga debido a los malos tratos por
parte de sus superiores y demandando aumento de salarios, terminando
este
conflicto el 30 de octubre al lograr el aumento exigido. Ese mismo día
termina la huelga de la “Dos Estrellas”, obteniendo los mineros un
aumento de salarios aunque menor al que exigían. (61)
En este ambiente
de grandes movilizaciones y huelgas y dado que las pláticas de
avenencia
no avanzaban por la intransigencia de la empresa, el 28 de octubre los
electricistas del SME organizaron una manifestación que recorrió
las principales calles de la ciudad hasta llegar al Palacio Nacional,
donde
obtuvieron la promesa de que su conflicto sería resuelto
satisfactoriamente para ambas partes. (62)
Sin embargo, la actitud
intransigente de la empresa denotaba que no había comprendido las
nuevas
condiciones políticas en que se desarrollaban las luchas de los
trabajadores; esto quedo mucho más claro cuando las Cía. de
tranvías violó el acuerdo al que había llegado con los
huelguistas en el movimiento de agosto-septiembre, pues como lo
denunciaban los
tranviarios aseguraban que con ellos irían a la huelga todos los
electricistas de México y Necaxa. (63)
De hecho, aunque no se
consignara en ningún pacto, los tranviarios y electricistas habían
establecido una alianza en la práctica, pues como hemos visto a lo
largo
de estas líneas, la coyuntura abierta por los 2 movimientos tranviarios
creo las condiciones para que los electricistas comenzara a participar
activamente en la lucha obrera a nivel nacional.
Así, el 4 de
noviembre, en un ultimátum dirigido a la Presidencia de la
República, los tranviarios manifestaban estar dispuestos a ir a la
huelga
para el lunes i de noviembre, exigiendo un aumento del 50% a todos los
trabajadores sin excepción y reposición en sus puestos para los
cesados que lo deseen o indemnización de 3 meses de sueldo más un
mes por cada año de trabajo en la compañía.(64)
Por
su parte el SME el 11 de noviembre presentó a la gerencia de la
Cía. de Luz un memorial con copia a la oficina de Trabajo y
Previsión Social de la Presidencia de la República
señalando un plazo de 10 días que terminaba el domingo 22 a las
11:45 p.m. “Para que se resuelvan sus peticiones, o de lo contrario
irían a la huelga.” (65)
Para estas fechas en que los
tranviarios y electricistas plantean claramente su movimiento de
huelga, el auge
del movimiento obrero a nivel nacional estaba pasando. El 4 de
noviembre los
huelguistas poblanos regresan al trabajo designándose una comisión
mixta compuesta por 3 industriales y 3 obreros para estudiar las
peticiones que
aún no habían sido resueltas. Ese mismo día los huelguistas
de los minerales de Coahuila regresan a sus trabajo al pasar la
propiedad de
estos minerales a ser administrados por el Gobierno Federal debido a la
intransigencia de las Cías. mineras y ante la urgencia que el gobierno
tenia de combustible; logrando finalmente los mineros un aumento de sus
salarios
al permitírseles a las Cía. mineras el aumento del importe del
combustible (66)
El 6 de noviembre, aproximadamente 800 hilanderos y
tejedores de la fábrica de San Ildefonso, Edo. De México se
declaran en huelga debido a los malos tratos de un capataz, y ese mismo
día los obreros de la “Unión de Forjadores de
Aguascalientes” van a la huelga debido al cese del mayor herrero de la
Unión. El 8 de noviembre se declaran en huelga los obreros de “El
Palacio de Hierro” y los de la fábrica de llantas
“Pelzer” (67)
El 12 de noviembre finaliza el conflicto de los
obreros del Puerto de Veracruz, al aceptarse el convenio del 30 de
octubre de
1917 (reformado en julio de 1920) que los navieros locales se habían
negado a reconocer. Ese mismo día se soluciona la huelga de los obreros
de la fábrica de llantas “Pelzer”, al indemnizarse a los
obreros cesados y para el 15 de noviembre la única huelga en el D.F.
era
la de los obreros de “El Palacio de Hierro”, quedando resuelta esta
el 19 de noviembre, aunque ese mismo día 800 obreros de la fábrica
de hilados y tejidos “La Magdalena” se declararon en huelga debido a
que no se les proporcionaba material de buena calidad para sus
trabajos,
quedando solucionada esta el 21 de ese mes (68), por lo que de hecho
cuando los
tranviarios y electricistas declaran abiertamente que están dispuestos
a
ir a la huelga, el auge del movimiento obrero en esos meses había
pasado
ya en sus momentos más culminantes: la huelga de los mineros de
Coahuila
y la de los Estibadores del puerto de Veracruz.
Por otra parte, en estos
mismos días, el país atravesaba por una fase estable; no se
registraban nuevos levantamientos ni rebeliones armadas ni signo alguno
que
indicase un agravamiento del conflicto latente entre las compañías
petroleras y el gobierno de De la Huerta, por lo que es válido afirmar
que en esta movilización de los electricistas, la actitud del gobierno
no
estuvo influida y medida por la situación política nacional, sino
más bien por específica correlación de fuerza de los
sectores de clase en pugna, así como también por la
posición del SME favorable a la negociación transacción de
sus principales demandas.
Como la presión combinada de Tranviarios
y electricistas iba en aumento, Mr. Conway en una reunión que tuvo con
una delegación de electricistas el viernes 13 de noviembre,
accedió a cumplir la demanda de estos de un 50% de aumento en sus
salarios y a reconocer al sindicato, pero como se mostró reacio a
indemnizar con un mes más de sueldo a los trabajadores cesados y a
separar a algunos técnicos que hostilizaban a los trabajadores no se
pudo
llegar a ningún acuerdo; por lo que ese mismo día en la tarde una
comisión de electricistas visito al presidente De la Huerta,
manifestándole que en un plazo de 10 días y en unión de
todos los sindicatos de la República, irían a la huelga (69) sino
se arreglaba satisfactoriamente tanto su conflicto como el de las demás
organizaciones. Con esto se refería al llamado que la Federación
comunista del Proletariado Mexicano había hecho para realizar una
huelga
general en el D.F., como una medida de apoyo a los huelguistas de
Veracruz.
Este movimiento de huelga de los electricistas no había
encontrado apoyo por parte del gobierno, pues en palabras del
comisionado de la
Oficina de Previsión Social, la demanda de los electricistas que
pedían un mes de sueldo más, por cada año de servicios por
pago de indemnización a los trabajadores cesados era del todo
injustificado. “ ...pues no puede apoyarse en ninguna ley.”
Naturalmente, la demanda planteada por los electricistas no encontraba
apoyo
legal alguno, pues de acuerdo al artículo 123 de la Constitución
solo correspondían tres meses de sueldo como indemnización. Sin
embargo, a los trabajadores electricistas les correspondía toda la
justicia y razón en esta demanda y sería la propia lucha la que se
encargaría de que esta demanda fuera reconocida como un derecho legal.
Dado que la oficina de la Presidencia de la República había
manifestado que las demandas de los electricistas eran injustificadas y
que
impediría la huelga (70), el SME decidió postergar el estallido de
esta, que estaba programada para el domingo 22 de noviembre,
prefiriendo seguir
el camino de la negociación y comunicando este acuerdo el 19 de
noviembre
al departamento de previsión social. (71)
Esto parece
confirmarse, pues los trabajadores electricistas plantearon a los pocos
días un nuevo movimiento de huelga, que debía estallar a las doce
de la noche del 30 de noviembre, haciendo publica esta decisión por
medio
de numerosos manifiestos distribuidos en toda la ciudad; y en donde
reafirmaban
las demandas que los había llevado a tomar esta decisión. (72)
Así como la continuidad y firmeza de su movimiento llevo nuevamente a
la
mesa de las negociaciones sus demandas y el jueves 25 de noviembre, en
una
reunión que se prolongo hasta cerca de las 11 de la noche, y en donde
el
gobernador del D.F. obro como mediador, los delegados electricistas y
los
representantes de la empresa acordaron un aumento de un 50% como máximo
que se aplicaría proporcionalmente a los salarios de los trabajadores.
Al día siguiente en las oficinas del gobernador Celestino Gasca se
firmo
un convenio entre la Compañía de Luz (73) y los representantes del
SME que solucionaban el conflicto y sancionaba las bases de la nueva
relación entre los electricistas y la empresa. Por medio de este
convenio
la Compañía de Luz se comprometía a lo
siguiente:
1.- La Compañía paga al obrero Lucas
Pérez, que separó de su servicio 4 meses de sueldo.
2.- Para evitar futuras huelgas la Compañía esta dispuesta a tratar
previamente en casos de dificultades, con los representantes de todos
los
departamentos y sin prejuicio de que la Compañía pueda tratar
también directamente con los obreros.
Mediante esta
cláusula la empresa reconocía de hecho la existencia del SME. Los
trabajadores electricistas habían ganado en la lucha el derecho y el
reconocimiento sindical: ¡ El SME había conquistado en la lucha
misma el derecho de su existencia !
3.- Se accede a aumentar los
salarios en general en la proporción de 65, 60, 50, 40, 35, 30, 25, 20
25, y 10 por ciento respectivamente para los que reciben sueldos desde
$ 1.75,
2.01, 3.01, 4.01, 5.01, 6.01, 7.01, 8.01, 9.01 y 10.01.
4.- Los aumentos
se harán efectivos desde el primero de octubre del corriente
año.
5.- si los obreros lo desean, pueden dejar las sumas que les
corresponde por concepto de aumento en poder de la compañía, hasta
que se resuelva el aumento que los empleados deberán recibir desde el
1º. De Enero.
6.- Para que la Compañía resuelva en
justicia sobre las quejas contra los señores Collogn y Hausser, los
obreros deben presentar en un plazo de 10 días quejas concretas y
justificadas.
7.- La Compañías, mientras se expide la Ley
Orgánica del articulo 123 Constitucional, señala una
pensión para sus servidores, en relación con su antigüedad
para los caso de separación.
8.- La compañía estuvo
conforme en pagarle al obrero Celestino Guadarrama, considerando el
caso como
excepcional, una pensión de 4.75 por día de trabajo efectuado
desde el primero de octubre y también está dispuesta la
compañía a entregarle a Guadarrama si así le conviene a
este 3 anualidades de dicha pensión si renuncia a la misma el
interesado.
Conocer la historia de nuestro sindicato no constituye un afán de
erudición. La historia nos brinda lecciones y enseñanzas. Su
conocimiento nos permite comprobar, reafirmar o desechar ciertas ideas
que
tenemos acerca del presente. En particular, el conocimiento de la
historia del
SME, nos permite desechar ciertas ideas que hoy constituyen obstáculos
para elevar nuestra conciencia de clase. Una de esta creencias consiste
en
afirmar que siempre hemos ido un sindicato combativo y
democrático.
Se habla así de que tenemos más de 60
años de lucha.
Aún cuando no lo parezca, esta idea así planteada, cumple su papel
mediatizador. Esgrimida por los dirigentes que
quieren mantener inactivo y desmovilizado al sindicato, esta idea
cumple la
función de justificar y darle legitimidad histórica a su mandato
antidemocrático. Si la historia de nuestro sindicato ha sido siempre
democrática y combativa y no han existido momentos de reflujo y
desmovilización quiere decir que su periodo forma parte de esa historia
y
es democrático ; y lo que es más importante, sacan la
conclusión de que no es necesario cambiarlo.
La historia real del
sindicato nos muestra que en su desarrollo ha atravesado por periodos
de
desmovilización y desorganización, que no siempre ha sido un
sindicato democrático y combativo; que hemos tenido periodos de reflujo
y
que para superar esa desmovilización y esa antidemocracia, el SME ha
tenido que hacer un esfuerzo y luchar. Esta es, en parte, la lección
que
nos brinda el conocimiento del periodo de 1919-20. Como también nos lo
brinda el periodo de 1925 a 1932 en el cual se da una férrea lucha
entre
dos corrientes sindicales en el seno de nuestra organización: una pro
patronal y otra sindical. Como también nos brinda esta lección el
llamado Movimiento de Verónica por medio del cual el SME hace un
esfuerzo
por sacudirse el control de una dirección autoritaria y
represiva.
Concretamente los años de 1919-20 nos muestran un SME
desmovilizado y desorganizado, y los esfuerzos que hace para
recuperarse e
incorporarse ala lucha obrera de estos años.
Asimismo nos muestra que
sus conquistas económicas y laborales más valiosas no le han sido
dadas como dadivas, ni las ha obtenido pasivamente, sino que las ha
tenido que
ganar a través de la lucha. Es evidente, pues, que esta otra
lección, aun cuando parezca muy obvia, tiene un peso muy importante
para
el presente, en el que nuevamente los trabajadores del SME hacen un
esfuerzo
para abandonar su inmovilidad y recuperar sus mejores tradiciones
históricas.
LA
POLÍTICA DEL ESTADO HACIA EL SECTOR ELECTRICO
A su llegada al poder, la tendencia pequeño burguesa
que
Obregón jefaturaba, se encontraría con una situación de
aguda depresión económica del país. Tanto en el campo como
en la ciudad.
En la ciudad, esta crisis económica se manifestaba por
un “... profundo abatimiento en las inversiones privadas; con la
producción industrial dañada en sus centros fabriles o estancada
su producción por la inestabilidad monetaria y por las frecuentes
luchas
obreras, dirigidas por sindicatos fuera del control gubernamental; con
el
comercio afectado seriamente por el fuerte regionalismo político,
ejercido por los caudillos militares en sus localidades, y por los
daños
causados en las vías de comunicaciones.”
Ante esta
situación el gobierno se encontraba “...sin posibilidades de
invertir en obras de riego de electrificación, de reconstrucción
de los ferrocarriles o carreteras por falta de crédito externo,
provocado
a su vez por la suspensión del pago de intereses de la deuda pública,
ante la imposibilidad de gravar a las fuentes de
producción manufacturera, y ante la inexistencia de un sistema bancario
de financiamiento interno; con renglones presupuestarios de gobierno
que
otorgaba un 53% de sus gastos al sector militar en 1921, y un 46.4%
durante
1922”. (1)
Era evidente pues, que una de las principales tareas del
gobierno Obregonista sería la reconstrucción de la economía
nacional que prácticamente se encontraba postrada. Para esto,
Obregón buscaría la salida en las inversiones extranjeras,
así como en la ayuda política que le podría brindar el
reconocimiento por parte de los Estados Unidos. Igualmente, dentro de
su
política industrial, el sector eléctrico jugaría un papel
central por tratarse ya para estos años, de un sector básico para
la economía y estratégico para el desarrollo económico
nacional.
Este carácter básico y estratégico de la
industria eléctrica en los marcos de la economía mexicana, no solo
dimanaba del hecho de tratarse de una industria “suministradora de un
servicio esencial para el funcionamiento de las demás, y en general
para
toda la estructura productiva.”, sino particularmente por el papel, que
para estos años, ya jugaba en el desarrollo de las fuerzas productivas
del país.
En efecto, aunque el desarrollo de la industria
eléctrica se inicia como parte de la división técnica del
trabajo de, principalmente, empresas mineras y textiles, que
introducían
pequeñas plantas generadoras, “con el propósito de ampliar
la actividad productiva de sus establecimientos”, “...pronto la
industria eléctrica adquirió su propio peso especifico dentro del
proceso de desarrollo que avanzaba simultáneamente en varios frentes.
Al
instalar una industria que para su tiempo era moderna y eficiente, los
empresarios extranjeros no solo hicieron posible la expansión del
sector
exportador de la economía en la primera década del siglo, sin que
incrementaron la infraestructura del país, que serviría de base
material para las subsiguientes etapas de
industrialización.”
Así, “la
introducción de la energía eléctrica trajo consigo cambios
y avances fundamentales en la minería, en la industria petrolera y en
la
textil; provocó ahorros en los costos de producción, con la
introducción de maquinaria automática que simplificaba el trabajo
y empleaba mano de obra menos calificada, y posibilitaba jornadas más
largas de trabajo, así como una planeación más
“racional” del proceso productivo. Las plantas fabriles modernas se
concentraron cerca de las fuentes de energía, porque era posible hacer
fuertes inversiones de capital y aumentar la productividad. La
industrialización en gran escala del país fue acelerada por la
llegada de la energía eléctrica.” (3)
Fue
precisamente este carácter básico y estratégico de la
industria eléctrica por suministrar un servicio esencial para el
funcionamiento y desarrollo de la economía del país, lo que desde
sus inicios la hizo llevar el estigma del control estatal.
Como lo
señala ese estudio de referencia:
“La política del
Estado Mexicano hacía las compañías eléctricas
extranjeras se basó en la idea de que eran necesarias para el progreso
del país y reclamó de ellas este papel que les confería;
ideología que chocaba con la política e intereses de las empresas.
Y así fue como en el país en donde el Estado se erigía en
puntal de la sociedad y motor del desarrollo nacional, cobró cuerpo una
viva contienda entre este, por un lado defendiendo los intereses que
creía vitales para el progreso del país, y las empresas
extranjeras de energía eléctrica, por otro lado, con sus propios
intereses: se habían constituido en pieza importante en la
economía del país y el Estado se avocaba a su control y
reglamentación.”
De esta manera, la relación entre el
Estado y las empresas eléctricas fue en esencia conflictiva; expresada
por una política de resistencia, chantaje y presiones de todo tipo, por
parte de las compañías eléctricas, y por una
política de reglamentación e intervención creciente por
parte del Estado.” (4)
“La intervención del Estado en
la industria eléctrica fue en aumento distinguiéndose tres
momentos en este proceso: después de un periodo inicial en que se le
otorgaron condiciones favorables casi irrestrictas para su
funcionamiento, sobre
todo durante el porfiriato aunque ya en esta época se habían dado
algunos intentos tibios de legislación, fue sobre todo después de
la Revolución cuando se empezó una reglamentación
más estricta; se prosiguió con la participación
económica a través del otorgamiento de créditos a las
compañías eléctricas, creación de plantas propias, y
la formación de la Comisión Federal de Electricidad; este proceso
culminó con la nacionalización de la industria al comprarse casi
todos los bienes de las compañías en 1960.”
(5)
Así, el 6 de julio de 1918 se expide un decreto que
establecía por primera vez, una renta anual por el uso de las aguas de
propiedad nacional utilizadas para generar energía
eléctrica”, y unos años más tarde “...se
dictó un acuerdo que puede considerarse el primer esfuerzo real y serio
tendiente a reglamentar la industria de generación de energía
eléctrica; por medio de él se resuelve crear la Comisión de
Fomento y Control de la Industria de Generación de fuerza. En la
exposición de motivos del acuerdo se asienta “la necesidad de que
el Estado intervenga en la industria eléctrica a fin de vigilar el
principio de que sobre el interés individual está el
colectivo...” “La Comisión dependería de las
secretarias de Agricultura y Fomento y de Industria y Comercio; estaría
facultada para actuar en la revisión de la posición legal de las
empresas que vendían electricidad al pueblo; intervenir en conflictos
surgidos entre los consumidores y las compañías eléctricas;
regular las tarifas de electricidad y pugnar por la conservación de los
recursos hidráulicos nacionales y coordinar su utilización con
propósitos de irrigación e industriales; intervenir para el
conocimiento exacto de la situación financiera y las operaciones de las
empresas e interponer las restricciones conducentes; elaborar
estadísticas y formular los estudios y proyectos de ley que redunden en
beneficio de la industria eléctrica del país.”
(6)
Sin embargo, este intento de reglamentar el funcionamiento de las
compañías eléctricas extranjeras no prosperaron
“...por presiones de las mismas compañías, y porque el
gobierno no dio todo el respaldo legal y económico a la comisión
para que pudiera actuar con decisión ante ellas.” (7)
Como
lo indica claramente el estudio a que nos referimos:
“Las
circunstancias se habían conjugado para conciliar momentáneamente
los intereses de las compañías y el gobierno; los dos se avocaron
a su modo, a la reconstrucción del país. Aquellos tenían
claro que este hecho quería la utilización de una capacidad
energética mayor; el nuevo auge que tomaron las actividades orientadas
a
la exportación, el crecimiento de las concentraciones del gobierno de
Obregón, en el sentido de que pugnaría por consolidar y modernizar
la economía del país—dentro de un nuevo marco
constitucional—acabaron por decidir a las compañías a
realizar nuevas inversiones. Por otro lado, las compañías y el
gobierno pusieron lo que estuvo de su parte para no provocar un
conflicto que
empañara su relación. Las compañías
eléctricas, por su parte para no provocar un conflicto que
empañara su relación. Las compañías
eléctricas, por su parte, se sustrajeron al conflicto entre el Estado y
los intereses extranjeros ligados a la tierra y al subsuelo y siguieron
funcionando con relativa libertad. El gobierno, a su vez, probablemente
era
consciente de la importancia de la electricidad para llevar a cabo esa
consolidación y modernización de la economía que se
proponía y, además, sabía que en el país no
existían los recursos de capital necesarios para la generación de
energía eléctrica.” (8)
Lo anterior no significa, en
modo alguno, que en este interludio de conciliación entre las empresas
eléctricas extranjeras y el gobierno mexicano no se presentaran
conflictos y roces entre ellos.
Visto a fondo, como ya hemos señalado
páginas atrás, estos intentos por reglamentar y controlar, y aun
de nacionalizar a la industria eléctrica, emanaba de una serie de
sectores tales como técnicos, intelectuales y nacionalistas dentro del
gobierno que amparados en el espíritu del artículo 27
Constitucional reclamaban para la nación, el usufructo y control de
esta
riqueza. (9)
De aquí viene el primer intento por nacionalizar esta
industria de parte del Secretario de Hacienda el general Salvador
Alvarado, que
apoyándose en las continuas cantaletas de la Cía. de Luz y
Tranvías, en el sentido de argumentar que desde 1914 no tenían
utilidades para así negarse a conceder aumentos de salarios a sus
trabajadores, las aprovechó para plantear la compra de esta
compañía, por parte del gobierno de Adolfo de la
Huerta.
Asimismo, en esta misma línea, son las criticas que el
ingeniero Morales Hesse—que—estuvo intervenida por el
gobierno—hace a la posibilidad de aumentar tarifas para que la Cía.
pudiese aumentar salarios, pues a su criterio se iba a perjudicar a
millares de
vecinos de las poblaciones foráneas del D. F.
Igualmente, estos
intentos por reglamentar el funcionamiento y desarrollo de las Cías.
eléctricas iban a encontrar un fuerte aliado en amplios sectores del
pueblo, que eran los más afectados ante el alza de tarifas de los
tranvías, que operaban mancomunadamente con las compañías
eléctricas extranjeras.
Casos como estos se registran a principios
de 1920, donde un rumor de alza de tarifas de luz, suscitó una viva
oposición en diversos sectores de la población del DF(10); la
oposición del Ayuntamiento de Veracruz a finales de 1920 a un aumento
de
las tarifas de luz que la Cía. De Luz de ese puerto que era filial de
la
del D.F., solicito para aumentar los salarios a sus obreros (11); la
protesta
del mes de noviembre que diversas poblaciones foráneas del D.F.
hicieron
ante el alza de tarifas de la Cía. de Luz y Tranvías etc.
(12)
Finalmente, estos intentos de reglamentación del sector
eléctrico, encontrarían también un fuerte apoyo en sectores
importantes de la burguesía nativa, que se opusieron tenazmente a la
elevación de las tarifas eléctricas. Como ejemplo mencionare la
abierta pugna que se desarrollo entre la Cía. de Luz de Puebla y los
industriales de ese estado y de Tlaxcala ante la intención en Junio y
posteriormente en agosto de 1920, de elevar sus tarifas e imponer una
tarifa de
consumo máximo. (13)
Sin embargo esta viva oposición a las
compañías eléctricas extranjeras que combinaba intereses de
la burguesía nativa, expectativas populares y de sectores nacionalistas
y
de sectores nacionalistas del gobierno, tardaría todavía un tiempo
en organizarse, y pensar en la vida política del país.
Por
lo tanto, como ya mencionamos, se abría un interludio de
conciliación entre ambas partes en conflicto. Ambas Partes
cumplirían con el compromiso que tácitamente se habían
otorgado. Las Cías. Eléctricas cumpliendo su cometido de
satisfacer la demanda de fluido eléctrico para el desarrollo del
país, y el Estado permitiéndoles obrar con relativa libertad,
sobre todo en el renglón que más interesaba a las
compañías eléctrica: las tarifas. Renglón en que
operaron con libertad, por lo menos hasta 1932, en que se empezó una
revisión de las tarifas por parte del gobierno. (14)
Esta
específica relación entre el régimen obregonista y las
compañías eléctricas extranjeras crearía el campo de
la lucha de clases en que se desarrollarían las movilizaciones y las
acciones de los electricistas del SME. En primer lugar, dado que el
gobierno
consideraba a la industria eléctrica básica y estratégica
para sus planes de desarrollo económico del país; que la
consideraba como un servicio de interés publico, entendía que su
funcionamiento no debía entorpecerse por los conflictos que se
suscitaran
entre la empresa y los trabajadores electricistas. Por tanto su actitud
iba a
ser generalmente de rechazo a que los conflictos en su seno se
dirimiesen
utilizando métodos radicales como paros o huelgas.
Esta
situación que de entrada beneficiaba a las Compañías
eléctricas extranjeras, pues limitaba a los electricistas en la
utilización del derecho de huelga, se acentuaba por la misma
disposición de las compañías eléctricas extranjeras
de no intervenir al lado de las compañías petroleras en su agudo
conflicto con el gobierno mexicano. De aquí, que el gobierno mexicano
buscase solucionar estos conflictos obrero-patronales actuando como
arbitro y
procurando la negociación entre las partes.
Lo anterior no
significaba que el gobierno mexicano tendiera a inclinarse en forma
absoluta del
lado de las compañías eléctricas extranjeras en estos
conflictos. Varios hechos actuaban en sentido contrario. En primer
lugar su
carácter bonapartista que entre otras cosas se manifestaba en su real
dependencia del apoyo de las masas obreras y campesinas; lo que lo
obligaba a
ceder ante las presiones de estas.
Además, también pesaba
el hecho de que al gobierno le interesaba mantener en el sector
eléctrico
un contrapeso a las compañías. De aquí, que estuviese
dispuesto a conceder a las presiones de los trabajadores electricistas,
siempre
y cuando estos conflictos se dirimiesen sin recurrir a medidas
radicales; y si
en cambio utilizando el camino de la negociación, donde él actuaba
como árbitro.
Sin embargo, lo más importante es que el tipo de
sindicalismo en que se movía el ME, , encajaba en el campo de
acción que le abrían las relaciones entre el Estado y las empresas
eléctricas extranjeras. Dicho de otra forma; el SME al rechazar de
entrada la utilización de medidas radicales para solucionar sus
problemas
con la Cía. de Luz, le permitió utilizar ese margen que le
abría la relación Estado-Compañías
eléctricas. Asimismo, el hecho de que el SME buscara—por lo menos
en estos años al gobierno como árbitro y conciliador en sus
conflictos fortalecía la utilización de este camino para avanzar
en la conquista de sus demandas laborales.
En este mismo sentido ayudaba
también el principio de no participación en política del
SME, que al desligarlo de la actividad política abierta; al impedirles
criticar e impugnar, por lo menos en esta década, la política del
Estado y su central la CROM, hacia el movimiento obrero independiente,
reducía los márgenes de posibles conflictos con el gobierno y esta
central obrera.
Por otro lado es dable pensar que a las
compañías eléctricas extranjeras, dado el ambiente de
relativa libertad en que se desenvolvían sus actividades, no les
interesaba que el exacerbamiento de sus conflictos con los
electricistas
enturbiase su imagen pública y por tanto entorpeciese sus actividades,
que ya en estos años enfrentaban el riesgo de ser reglamentadas. De
aquí, que, aun cuando, como en el resto de las empresas extranjeras,
sobre explotaran a los trabajadores, dieran un trato despótica sus
subordinados y se negasen a mejorar las condiciones de vida y trabajo
de sus
obreros, ante la presión de estos estuvieran más dispuestos a
negociar sus demandas y por tanto a conceder. Por otro lado, como ya
vimos a las
compañías les interesaba hasta cierto punto negociar las demandas
de sus trabajadores, pues esto se traducía en la posibilidad de elevar
sus tarifas.
El caso de los tranviarios del D.F. era la otra cara del
sindicalismo en la Cía. de Luz y Tranvías. Pese a ser trabajadores
de este mismo consorcio extranjero, su política sindical rompía
estos marcos donde podían dirimir sus conflictos y frecuentemente se
enfrentaban al gobierno y para la solución de sus conflictos.
Como
ya vimos su misma ideología anarcosindicalista y su pertenencia a la
CGT
les impedía aprovechar a sus favor los canales que les abría el
carácter bonapartista del gobierno obregonista y conducían sus
movimientos a continuos enfrentamientos. Asimismo su tenaz e iracunda
crítica y oposición a la central obrera del gobierno, la CROM, les
fue acarreando la ira del Estado y posteriormente su represión en la
huelga de 1923.
Tranviarios y electricistas eran hermanos de clase
inmediatos. Formaban parte de una misma empresa. Sin embargo su tipo de
sindicalismo era abiertamente diferente. Ambos venían de un pasado de
movilizaciones y luchas. El SME venia de la primera huelga general en
el D.F.
que él había encabezado, y en su trayecto había aprendido a
ser pragmático. Este hecho le permitió aprovechar los
márgenes de acción que le abran las relaciones del estado y la
industria eléctrica: situación que aprovechó para
acrecentar y fortalecer sus conquistas laborales. Los tranviarios en
cambio,
inmersos en una ideología para estos años ya inoperante el
anarcosindicalismo – fueron incapaces de aprovechar esta coyuntura y
aún cuando jugaron un papel destacado en las movilizaciones obreras de
estos años, sucumbirían finalmente a la política del
Estado.
En lo que sigue, esto quedara de manifiesto en el capitulo
“El SME y las movilizaciones obreras de 1921-22” y “La CGT y
el fracaso de una dirección equivocada.”
EL
SME Y LAS MOVILIZACIONES OBRERAS DE 1921-22
En 1921, ya consolidado Álvaro Obregón en el poder, lo
mismo
que la CROM, la política de este hacia el movimiento obrero se va a
definir en parte como una política de concesiones y apoyo a la CROM y
control de esta a través de sus burocracias sindicales,
haciéndolas partícipes del usufructo del aparato de gobierno, y en
parte reprimiendo los intentos obreros de actuar de manera
independiente de esta
central que él prohijaba.
El SME que había emergido al
régimen obregonista como un sindicato con una amplia experiencia en el
sentido de sujetar y adecuar sus movilizaciones y conflictos a las
circunstancias políticas por las que atravesaba el país en un
momento dado; lo cual lo inclinaba más a utilizar métodos de
negociación. Que sostenía el principio de no participación
en política, reafirmaría estos principios a la luz de las
experiencias observadas en el resto del movimiento obrero, de los
tranviarios,
así como en las suyas propias.
PRIMERA
DEFINICIÓN DE UNA POLÍTICA.
La primera organización de trabajadores, sobre la que
se
definiría la política de Obregón hacia todo intento obrero
de actuar de manera independiente, es la Confederación de Sociedades
Ferrocarrileras de la República Mexicana.
Esta Confederación
había obtenido la promesa de su reconocimiento gremial por la Gerencia
de
los Ferrocarriles. Sin embargo, como esta movilización de los
ferrocarrileros se manejaba como una amenaza política al gobierno de
Obregón, el director general de los ferrocarriles retardó el
reconocimiento, motivando con esto que la Confederación planteara ir a
la
huelga para lograr este fin.
La huelga estalló a fines de febrero
de 1921. La respuesta de Obregón fue lanzar las tropas contra los
huelguistas y prometer su protección a todos aquellos trabajadores que
continuasen sus labores; acusando a los huelguistas de actos de
sabotaje y
justificando su actitud con el argumento de que la huelga iba en contra
de su
gobierno. (1)
En los días en que esta movilización de los
ferrocarrileros culmina en la huelga, la situación de crisis
política interna así como las presiones del imperialismo no
habían menguado.
Se rumoraba insistentemente en estos días, que
para el día 4 de marzo estallarían movimientos rebeldes en la
frontera con los Estados Unidos, cuyo fin era mostrar al gobierno del
presidente
Warren C. Harding, que el gobierno mexicano era incapaz de mantener el
orden
interno, y de esta manera presionar para que se le negara el
reconocimiento.
Asimismo, dentro del ejercito, que como ya mencionamos
constituía el instrumento político principal de Álvaro
Obregón para lograr la estructuración del nuevo Estado,
paradójicamente se daban continuamente una serie de tendencias
separatistas manifestadas en regulares alzamientos de jefes con mando
de tropa.
Así por ejemplo, el 19 de febrero se denunció públicamente
un complot de rebeldía en el puerto de Tampico; complot en el que
estaban
implicados el general Humberto Barros, el exgeneral N. Velaso Rus y el
teniente
coronel Vega, este último jefe del Octavo Regimiento de Ametralladoras.
Grupo rebelde que al parecer tenía ligas con Francisco Murguía.
Igualmente el 22 de febrero se sublevó el general de brigada Eduardo
Hernández, jefe de la segunda brigada de caballería de la segunda
División del Noroeste, al mando de 20 hombres en Zamora Michoacán;
y el 27 de ese mes, es encarcelado el general Carlos Tejeda, acusado de
participar en una llamada “Junta Revolucionaria” que
pretendía derrocar al gobierno de Álvaro Obregón.
(2)
Combinado con lo anterior, se había venido sosteniendo las
presiones de las compañías petroleras, interesadas en la no
aplicación y derogación del articulo 27. Estas presiones se
acentuaron a raíz de la publicación del Proyecto de Ley de
Impuestos al Petróleo, el 26 de enero de 1921, por la Secretaría
de Hacienda y Crédito Público. Este proyecto tasaba
impositivamente la producción de petróleo crudo, gas natural y
derivados de estos productos y fue rechazado por las compañías
petroleras el 6 de febrero, demandando modificaciones al mismo. Algunas
de ellas
como la “The Texas Company of México”, la “Atlantic
Mexican Refinadora of Petróleo”, la “Cortez Oil
Corporation”, la “Eats Coats Oil Company”, la
“Metropolitana de Oleoductos” y la “New England Fuel Oil
Company”, recurrieron al recurso del amparo. (3)asimismo, estos
intentos
del gobierno mexicano por controlar a las compañías petroleras
suscitaron en el periódico “The Chicago Dailly Tribune”,
considerado como el órgano del triunfante Partido Republicano de los E.
U., un amenazador editorial en donde reconociendo la importancia de la
producción petrolera de México planteaba que “El mundo
civilizado (léase los E. U.) no podrá permanecer indiferente a la
finalidad de suplirse de los artículos capitales que necesita por el
hecho de que por medio campee el problema político de una
soberanía.” Agregando, “esas soberanías serán
respetadas únicamente por lo que concierne a ciertas responsabilidades
estatuidas para los miembros de unación. Ningún pueblo puede
esperar el control de los recursos que requiere el mundo para
satisfacer sus
propias necesidades. Ningún pueblo puede cerrar herméticamente las
fuentes indispensables para la vida misma de la humanidad.” (4) La
independencia en este sentido, no poderosas, para los países atrasados
y
dependientes, entre los cuales México estaba ya comprendido.
Esta
situación de crisis que presionaba y revestía pote4nciales
peligros al gobierno de Obregón nos permite explicar la respuesta
represiva de este a la huelga ferrocarrilera.
La huelga ferrocarrilera, en la
medida en que se le presentaba como un movimiento contra su gobierno,
seguramente la vio como algo que vendría a acrecentar este cuadro de
crisis y presiones que rompían la estabilidad de su gobierno;
además por la importancia del transporte ferrocarrilero, un medio por
el
cual los enemigos de su régimen hubiesen podido provocarle serios
problemas.
Ante esta respuesta represiva, los trabajadores
ferrocarrileros acordaron realizar una manifestación por las
principales
calles de la ciudad, para apoyar sus demandas. El gobernador del D. F.
Celestino
Gasca, les concedió el permiso, no así Obregón, que de
inmediato objeto este, cediendo solo cuando “Todos los miembros de la
CROM
que ocupaban puestos en el gobierno, amenazaron con renunciar, si
Obregón
persistía en su actitud.” (5) Obregón tuvo que ceder y la
manifestación se efectuó.
Para entender esta posición
adoptada por la CROM, ante la actitud de Obregón debemos recordar
ciertos
hechos. Ya habíamos mencionado que todavía por estos años
no se establecía un control vertical sobre las organizaciones de
trabajadores que conformaban la CROM y que por tanto, las decisiones de
estas
pesaban en la actitud y posición de los dirigentes. Pero por otra
parte,
el conflicto de los ferrocarrileros había aglutinado y movilizado a una
gran cantidad de organizaciones, tanto de la CROM como de la CGT; que
habían constituido un comité de huelga y habían planteado
ir a la huelga general si fuese necesario. Todos estos hechos
presionaban a los
dirigentes de la CROM a tomar una actitud más flexible y a presionar a
Obregón con la amenaza de renunciar a sus puesto en caso de que
persistiera en su actitud de impedir la manifestación. Así pues,
lo que se encontraba en el fondo era la presión de los trabajadores.
Evidentemente haber obrado en sentido contrario hubiera significado no
solo el
desprestigio, sino también perder la posibilidad de
controlarlos.
En esta manifestación de apoyo a las demandas
ferrocarrileras participaron alrededor de 8,000 obreros pertenecientes
a las
siguientes agrupaciones; Comité de la CROM a la vanguardia con el
estandarte rojo y negro; Alianza Ferrocarrilera con su estandarte
blanco y oro;
Comité de la Federación de Sindicatos, con una manta en que se
leía “La Confederación Regional Obrera Mexicana
cuidará de que sean atendidas las peticiones que hoy hacen los obreros
de
la República.”
Atrás de estas organizaciones
venían los siguientes sindicatos: Calderos y Aprendices, Talleres
Gráficos Comerciales, Unión de Pintores Talleres Gráficos
Oficiales, Sindicato de Carpinteros, Obreros y Empleados de la
Compañía de Tranvías, Compañías
Telefónicas y Telegráficas, Cuerpo Feminista, Sindicato de
“El Recuerdo”, Obreros de “La Carolina”, Unión de
Trabajadores del Hierro, Sindicato Mexicano de Electricistas,
Departamentos
Fabriles, Sindicato de “El Buen Tono”, Sindicato de la
Compañía Cigarrera “El Águila”, Sindicato de
Panaderos, Sindicato de Zapateros, Sindicato de Billeteros, Unión de
Empleados de Restauran Delegación de los IWW y al final el Partido
Comunista. (6)
Como burócratas sindicales, los dirigentes de la CROM
tuvieron que ceder en parte a la presión de los trabajadores que
apoyaban
la huelga de los ferrocarrileros. Pero también defendiendo y
protegiendo
sus intereses propios dentro de la perspectiva de carrerismo político y
enriquecimiento que les ofrecía su inclusión en el aparato de
gobierno, estos dirigentes van a llegar a un acierto con el gobierno, a
espaldas
de los trabajadores afectados.
En efecto, Obregón logra un acuerdo
secreto con los lideres de la CROM, “consistente en levantar la huelga,
después de satisfacerse algunos de los puntos pedidos, siendo los
puntos
restantes cubiertos cuando ya no existiera la presión de la
huelga.”
El primer punto concedido fue el reconocimiento de la
Confederación Ferrocarrilera por parte del gobierno de Obregón y
por parte de la CROM la orden de levantar la huelga. Pero como este
compromiso
entre la CROM y el gobierno obregonista era secreto, el desenlace del
conflicto
se tradujo en un desprestigio de los dirigentes de la CROM ante los
ferrocarrileros inclinándose estos entonces hacia la CTGT. (7)
El
apoyo del SME a la huelga de los ferrocarrileros fue manifiesta.
Primero
participando en la manifestación del 27 de febrero y después
votando ir a la huelga por solidaridad; aunque esta última
decisión fue tomada a partir de problemas internos.
La Cía.
de Luz, continuando con su política de “extirpar” de la
empresa a todos aquellos elementos más inquietos y conscientes,
había venido despidiendo a trabajadores entre los que se encontraban
miembros del Comité Ejecutivo del SME.
Por tal motivo, los
trabajadores electricistas fueron citados para una asamblea el 2 de
marzo de
1921, con el propósito de “tomar las medidas adecuadas para lograr
la reposición que debió haberse iniciado a las q0 de la
mañana, tuvo sin embargo que posponerse hasta las 7 de la noche, debido
a
que un gran número de agremiados no habían podido abandonar sus
trabajos.
Al inicio de la asamblea, el comité Ejecutivo informo a
los trabajadores ahí reunidos de los ceses que había hecho la
Cía. de Luz, contándose entre estos los miembros del comité
Ejecutivo. En esta asamblea, que se prolongo hasta las doce de la noche
y que
según “El Universal” fue acalorada como pocas, se
presentaron dos posiciones. Por un lado aquellos que proponían la
vía diplomática para solucionar el conflicto, gestionando ante la
Cía. la reposición de los cesados; y otra posición que
planteaba la huelga electricista. Finalmente se llego al acuerdo de
votar la
huelga general de apoyo a los ferrocarrileros, aunque reservándose el
derecho de ir a la huelga ellos solos, de solucionarse el conflicto
ferrocarrilero, salvo que fuesen repuestos en sus puestos los obreros
cesados
por la Cía. de Luz. (8)
LA
CGT Y SU PAPEL EN LAS MOVILIZACIONES OBRERAS DE 1921-22.
La acción represiva de que fueron objeto los
huelguistas
ferrocarrileros no solo marco como en efecto fue, la primera definición
de la política de Obregón hacia el movimiento obrero
independiente, sino que también por la participación que los
dirigentes cromistas tuvieron en esta, señala el avance en el control
por
parte del gobierno, sobre los principales lideres de esta central. Este
hecho no
importa solamente por que a partir de el, el prestigio de la CGT como
una
central combativa crece a los ojos de los trabajadores; sino también
por
que a partir de ese momento la política de Obregón hacia el
movimiento obrero independiente, en buena medida se iba a conformar,
por las
presiones ejercidas por la CGT, dentro de la cual los tranviarios era
uno de sus
principales pilares.
En efecto, durante el resto de 1921, va a ser la
presión que significaba las movilizaciones de la CGT en el D.F. lo que
hará que la política de Obregón hacia el movimiento obrero
independiente se defina, si bien es cierto no en un sentido
completamente
favorable a los intereses de los obreros, si en un sentido de
conciliación y negociación de las demandas planteadas en cada
conflicto.
Veamos el desarrollo de algunos de estos:
El 19 de
abril, en una asamblea efectuada en el salón del sindicato de Panaderos
a las 6 p.m. los obreros tranviarios de Talleres acordaron una huelga
forzosa
por no estar de acuerdo con la reducción de la jornada de trabajo a 6
horas y pago proporcional, que la Cía. de Tranvías había
hecho.
En el fondo de este movimiento, se encontraba el hecho de una
escasez de agua en la Presa de Necaxa—cuya planta era la principal
fuente
generadora de electricidad en aquellos entonces—motivada directamente
porque la Cía. sin adecuar racionalmente el volumen de la
generación de fluido eléctrico al consumo, había aumentado
considerablemente este último. Esta política de la Cía. de
Luz y Tranvías, tuvo como consecuencia inmediata la reducción de
la jornada de trabajo en la mayor parte de las fábricas que se
encontraban en el área de distribución de la Cía. de Luz,
así como el cese de una cantidad considerable de trabajadores (9) ; y
en
el ascenso del malestar e inquietud en la mayor parte de los
trabajadores
organizados del D. F. , que no estuvieron conformes con esto pues se
tradujo en
una disminución de su salario. (10)
A esta asamblea en al que los
obreros de Talleres declararon la huelga forzosa, exigiendo la jornada
completa
y restitución de sus trabajos a los obreros cesados, también
acudió una comisión de trabajadores del departamento de
tráfico, manifestando ante la asamblea su inconformidad por los
despidos
y manifestando que ellos también podrían ir a la
huelga.
Enterada de este movimiento de huelga, ese mismo día tanto la
Junta de conciliación y Arbitraje, como el gobernador del Distrito,
Celestino Gasca, iniciaron las gestiones citando a ambas partes para
una junta
el 20 de abril a las 11 de la mañana. (11)
Ese día se
efectuaron dos juntas en las oficinas del Gobierno del D. F. entre los
representantes de los tranviarios y la Cía. de Tranvías. En la
primera de ellas, los tranviarios demandaron que la Cía. de
Tranvías suspendiera los efectos de la disposición de la rebaja de
horas de trabajo durante 10 días, a fin de que demostrara tener
razón y que pagara a los huelguistas los días que habían
dejado de trabajar.
Esta petición no encontró respuesta, pues
el representante de la Cía. de Tranvías declaró que no
tenía facultades para responder. En la segunda junta la Cía. de
Tranvías ofreció que la jornada de trabajo fuese de 7 horas hasta
el 31 de julio, y que a partir del 1 de agosto se reanudara la jornada
de 8
horas. Los representantes de los tranviarios respondieron que llevarían
esta proposición a la Asamblea para que ella decidiera.
Aun cuando
parece que los Tranviarios habían llegado a un acuerdo con la Cía.
de Tranvías, la huelga continuaba todavía el 21 de abril pues la
empresa se había negado a pagar 16 horas de trabajo de tiempo perdido y
la restitución en su empleo a 30 trabajadores.- debido a esto, ese
mismo
día los tranviarios organizaron un mitin en las calles de San Miguel,
acordando sostener la huelga hasta ver satisfechas sus demandas.
Después
de este mitin, los tranviarios realizaron una manifestación que
llegó hasta las oficinas del gobierno del D.F. donde una comisión
de trabajadores visitó al gobernador para exponerle la resolución
que habían tomado.
Los tranviarios que unos días antes se
habían separado de la CROM adhiriéndose a la CGT pues quedaron
inconformes con aquella por no haber decretado la huelga general en
apoyo a los
huelguistas ferrocarrileros, se encontraron en este movimiento con
oposición por parte del gobierno, pues no bien se había declarado
la huelga, este dijo que en caso de que la huelga se extendiese, el
servicio de
trenes no se suspendería y el gobierno daría facilidades a los
obreros libres que quisieran trabajar, protegiéndolos con la fuerza
pública (12)
Por otra parte, la empresa había venido
realizando trabajos pendientes a tener en un momento dado, los
electricistas y
trenistas necesarios para impedir la suspensión de los servicios de
trenes en caso de huelga.
Para estos días en el D.F. se encontraban en
huelga los obreros de la fabrica de hilados y tejidos “La
Guadalupana” y el 20 de abril se declararon en huelga 800 obreros de la
fabrica de hilados y tejidos “La Hormiga” debido a la negativa de
los patrones de no permitir que los obreros no introdujeran sus
alimentos a la
fabrica y por no cumplir con la jornada de 8 horas, haciéndolos
trabajar
de mas.
El 22 de abril se declararon en huelga aproximadamente 1000
obreros de la fabrica de hilados y tejidos de Río Hondo, debido a que
uno
de los industriales había golpeado brutalmente a un trabajador que por
travesura tocó la campana de la fabrica.
Por otra parte al momento
de efectuarse la huelga de los tranviarios, el país parecía
atravesar por una situación de calma. En el campo de las presiones
imperialistas, las compañías petroleras no evidenciaban actividad
publica ninguna, antes al contrario, en la prensa neoyorquina se
insistía
en la necesidad del reconocimiento del gobierno de Obregón por parte de
los E. U. (14)
Asimismo, aunque en estos días se habían
registrado algunos movimientos rebeldes como el del ex general Antonio
Mora en
Tlaxcala y el General Isabel Guerrero en Puebla; y se encontraba en
armas Ismael Hernández merodeando en los estados de Nuevo León,
Zacatecas, Coahuila y San Luis Potosí. Estos movimientos rebeldes no
parecían preocupar gran cosa al gobierno de Obregón; y
también parece no haber tenido influencia alguna en la
conformación de su política hacía el movimiento de los
tranviarios (15)
A este frente empresa-gobierno que intentaba detener el
movimiento de los huelguistas tranviarios, se opuso un frente solidario
de los
trabajadores trenistas y electricistas, que en sendas asambleas
acordaron
sumarse a la huelga; acordando sin embargo dar un plazo de 10 días para
lanzarse a la huelga. (16)
Asimismo los llamados sindicatos
“rojos” que no eran otros que los que pertenecían a la CGT
– en una asamblea celebrada en el sindicato de Panaderos, acordaron
votar
la huelga general solidaria hacía los tranviarios en caso de que no se
solucionara el conflicto. Esta huelga incluía a panaderos, hilanderos,
cigarreros, jaboneros, metalúrgicos y otros sindicatos. (17)
Fue
la presión de este sector del movimiento obrero organizado del D.F.
– la CROM no apoyo el movimiento de huelga de los tranviarios –
posibilito que para el 23 de abril el conflicto quedará solucionara por
la firma de un convenio en que se estipulaba que la Cía. de
Tranvías se comprometía a dejar una jornada de 7 horas en lo que
faltaba del mes y a partir del 1 de mayo esta seria de 6 horas, aún
cuando se pagarían jornadas de 7 horas, comprometiéndose los
trabajadores a rembolsar esta diferencia a partir del 27 de septiembre,
bien en
efectivo o mediante 30 minutos de trabajo extra diario. Igualmente la
Cía. de Tranvías se comprometía a no ejercer represalias
hacia ningún trabajadores que hubiese secundado la huelga, y a pagar a
los obreros los días que dejaron de trabajar a razón de 7 horas
diarias. (18)
Este movimiento de huelga de los tranviarios fue un
triunfo, no sólo porque mediante la fuerza de la organización
arrancó parte del poder de decisión de la empresa en lo referente
a la jornada de trabajo, sino también porque a la oposición del
gobierno y la empresa por detener el movimiento se opuso la actitud
solidaria de
una parte del movimiento obrero organizado del D.F. y sacaron adelante
esta
lucha.
A principios de mayo, los trabajadores de la
Compañía Telefónica Ericsson van a la huelga debido a la
negativa de la empresa a pagar el sueldo a sus trabajadores cuando
estos
enfermasen . Esta negativa de la empresa obedecía al hecho de que
quería evitar que se sentara el precedente de “que el servicio
médico, en forma estipulada en el contrato, no lo daría más
la Compañía”. Asimismo, esta, con el propósito de
romper la huelga comenzó a reclutar nuevo personal.
Ante esta
actitud asumida por la Ericsson, tanto la CROM como la CGT votaron el 8
de mayo
la ayuda económica para los huelguistas, entregándoles ese mismo
día una suma de dinero.
Este conflicto de los telefonistas de la
Ericsson se dio en una situación de calma política. El conflicto
del gobierno mexicano con las compañías petroleras se encontraba
latente y había de esperar hasta el mes de julio para manifestarse en
forma violenta. Dentro de esta situación de temporal estabilidad
política, hasta se llegaba a rumorar que el reconocimiento de
México por el gobierno de los E.U era cuestión de unos pocos
días. Igualmente en estos días no se registró ningún
levantamiento o rebelión, a excepción de una partida de rebeldes
en el norte de Zacatecas y de un alzamiento el 10 de mayo en Cárdenas
Tabasco. (19)
De igual manera esta huelga de los trabajadores de la
Ericsson se da en un momento en que el movimiento obrero a nivel
nacional
atravesaba por un período de relativa calma, pues a excepción de
la huelga de cerca de 2,000 hilanderos del estado de Querétaro, no se
registran movimientos de huelga a nivel nacional (20)
Iniciadas ya las
negociaciones, y dado que estas no prosperaban, el 10 de mayo, los
sindicatos
agrupados en la CGT votaron la huelga general, si en un plazo de 72
horas no se
solucionaba la huelga de los trabajadores de la Ericsson.
Ese mismo
día en la noche una comisión de trabajadores electricistas del SME
visitó la redacción de el periódico “El
Universal”, donde manifestaron lo siguiente: “Venimos con el objeto
de que “El universal” haga del conocimiento de las autoridades y
público en general que habiendo votado la huelga general del gremio,
estamos dispuestos a dejar al Distrito Federal y estados circunvecinos
a donde
este ramificado el Sindicato, o que reciben energía eléctrica de
la Planta de Necaxa, sin luz, fuerza eléctrica y servicio de
tranvías. Esta huelga es únicamente por solidaridad con los
obreros y empleados de la Telefónica Ericsson que se hallan en huelga,
pues no tenemos con la compañía que servimos ningún motivo
de disgusto. (21)
Este planteamiento de huelga general por parte de un
sector del movimiento obrero organizado del D.F. motivó que el
presidente
Obregón contestara categóricamente “que dentro de la ley su
gobierno tomaría todas las medidas y precauciones debidas, a fin de que
los servicios públicos, por serlo, no se afectaran con una huelga
general. (22)
Sin embargo estas declaraciones de Álvaro
Obregón no significaban una oposición a las demandas de los
telefonistas, sino exclusivamente la posición de impedir la
extensión de la huelga por solidaridad y fundamentalmente que esta
afectará los servicios públicos. De hecho el gobierno del D.F.
había declarado el 10 de mayo que “...las peticiones de los
huelguistas son justas, están dentro de la ley...”(23)
En
las reuniones de conciliación que se habían venido efectuando
desde el 11 de mayo, para el día 13 de ese mes ya se había llegado
a una transacción, con la mediación del general Obregón.
Este acuerdo consistía en que los huelguistas aceptarían que
solamente en caso de enfermedad completamente comprobada recibirían su
salario y que la compañía para saber si en efecto se trataba de
una enfermedad tenía 3 días para averiguarlo por medio de su
servicio médico. Además, la Cía. Telefónica se
comprometía a no ejercer represalias contra los huelguistas.
La
huelga sin embargo continuo en pie, pera la empresa solo quería
pagarles
el 50% de sus salarios durante el tiempo que durase la huelga; y porque
además pretendía cobrarles este pago de salarios caídos
posteriormente, mediante trabajos extras. En asamblea efectuada el
sábado
14 de mayo los trabajadores de la Ericsson rechazaron estas
pretensiones de la
empresa y el SME por su parte acordó que para el lunes 16 cortaría
la energía eléctrica a talleres y fabricas, aunque
respetaría el alumbrado público.
Finalmente el conflicto de
los trabajadores de la Ericsson se solucionó en una forma
insólita.
Se encontraban los huelguistas en una asamblea el lunes
16 de mayo en la mañana discutiendo si aceptaban el pago del 50% sobre
sus, salarios que les ofrecía la empresa, o bien si exigían todo
el tiempo de la huelga, estando presentes además delegaciones de todos
los sindicatos de la CGT y los electricistas que esperaban solo la
decisión de la asamblea para decretar la huelga, cuando se presento una
Comisión de la CROM y ofreció cubrir el 50% de los salarios
caídos que faltaban, “con tal de, se diese por concluido el
conflicto que estaba perjudicando a todo el Distrito Federal.”
En
esta actitud insólita de la CROM de pagar cerca de $5,000 a los
huelguistas con tal de dar por terminado el conflicto, se adivina sin
esfuerzo a
favor de quien se estaba realizando esta acción. Si realmente hubiesen
querido beneficiar a los huelguistas, hubieran presionado junto con los
sindicatos de la CGT para que este desembolso lo hiciera la empresa
creando
así el precedente. Sin embargo, esto último no lo hicieron. Y el
gobierno que ya había agotado todas “sus” posibilidades para
solucionar el conflicto se habría visto en una situación bastante
delicada si la huelga se hubiera efectuado, pues la oposición de la
empresa era tan cerrada en lo que se refería, a salarios caídos.
Como vemos pues, la acción de la CROM iba dirigida a aliviar de una
presión molesta al gobierno de Obregón y no es aventurado pensar
por la cantidad de dinero desembolsada que fuese directamente el
gobierno el que
proporcionó este dinero a la CROM.
A principios de julio, los
obreros de los Talleres de la Cía. de Tranvías vuelven a ir a la
huelga, debido a que la empresa no respetó uno de los puntos del
convenio
a que habían llegado en la huelga pasada, consistente en que a partir
del
1 de julio se reanudaría la jornada de 8 horas. Ante esta
violación al convenio, los obreros de los Talleres gestionaron
inicialmente el cumplimiento de lo pactado, o bien que la jornada de
trabajo
fuese de 6 horas pero que se les pagaran 7.
La respuesta de la
Cía. de Tranvía a esta reclamación de los obreros de los
Talleres fue el cierre de estos, mencionándose que aproximadamente
2,500
obreros quedaron cesados. Con todo y que la Cía. de Tranvías tomo
esta medida con la intención de amedrentar a los obreros, estos
continuaron por si mismo la huelga. (24)
El miércoles 6 de julio,
en asamblea efectuada en un local de la calle de Netzhualcoyotl. los
trenistas
de la Cía. de Tranvías, decidieron secundar el movimiento de
huelga de los obreros de Talleres, pero acordando para esto dar un
plazo de 10
días a la Cía. para que solucionase el conflicto.
Ese mismo
día se iniciaron las juntas de avenencia en el gobierno del D.F.,
aunque
estas no prosperaron y dado que la Cía. de Tranvías había
declarado que el movimiento de huelga era parcial, el 7 de julio los
trabajadores tranviarios realizaron una manifestación que salió de
la calle de Netzhualcoyotl, recorriendo las principales calles de la
ciudad. En
esta manifestación participó el comité ejecutivo de la CGT.
(25)
Al día siguiente todos los sindicatos de la CGT acordaron ir
a la huelga para el jueves 14 de julio, en caso de que no se resolviese
favorablemente el conflicto de los tranviarios.
La política de la
Cía. de Tranvías fuera de la mesa de negociaciones había
consistido en tratar de quebrar la huelga por medio de obreros
“libres” o esquiroles. Sin embargo esta política
fracasó ante la firmeza de los tranviarios que, por ejemplo en los
talleres de Indianilla y San Antonio Abad, se opusieron a estos
intentos,
registrándose algunos choques entre huelguistas y esquiroles.
(26)
Finalmente el resultado de este conflicto fue un transacción
mediante un convenio firmado el 14 de julio entre la Cía. de
Tranvías y los representantes tranviarios, por medio del cual la
empresa
se comprometía a pagar un 50% de los salarios a los trabajadores
durante
los días que duró la huelga; que la deuda de los trabajadores le
sería pagada a partir del 1 de octubre; que la Cía. aceptaba que
la reanudación de la jornada de 8 horas fuese a partir del 15 de julio,
acordándose además que para el futuro cualquier motivo de
conflicto fuese notificado con 36 horas de anticipación, por escrito y
con copia al gobierno del D.F. y a la Junta de Conciliación y
Arbitraje.
Firmaban este convenio, por la Cía. de Tranvías, el director
general G.R. Conway. Por los representantes de Talleres Genaro Castro,
Fernando
Valdez, Jesús Sotelo, Fernando León y Juan Serratos. Por el
gobierno del D.F. Celestino Gasca.
Para entender el por qué los
tranviarios no encontraron oposición por parte del gobierno en el
desarrollo de su movilización es necesario recordar cual era la
situación política específica por la que atravesaba el
país en esos días.
Ya en páginas anteriores
habíamos señalado como la presencia del imperialismo
norteamericano en nuestro país, se concretaba en las presiones que las
compañías petroleras hacían al gobierno, así como el
que frente a estas presiones el gobierno mantenía la postura de
defender
la vigencia del artículo 27 constitucional.
Pues bien, el 1 de julio
entró en vigor un impuesto del 25% sobre las exportaciones de
petróleo, motivando esta medida el que las compañías
petroleras arguyendo una baja en el precio mundial del petróleo, pero
en
realidad presionando al gobierno para que derogase el impuesto
comenzaron a
cerrar pozos; disminuyendo la producción de petróleo y cesando a
miles de trabajadores de las zonas petroleras de Tampico.
Aunque el numero de
cesados no se precisa, este fluctuaba entre los 10 y 25 mil obreros,
que por
diversos canales manifestaron su inconformidad organizando mítines y
manifestaciones para protestar por estos hechos. Por ejemplo en Tuxpan,
los
obreros cesados organizaron una manifestación de protesta, pidiendo
hablar con los gerentes de las compañías petroleras de esas zonas,
quienes les dijeron que le único culpable de sus separaciones era el
gobierno al haber gravado en un 25% la exportación de petróleo.
Asimismo en Tampico, la CROM organizó un mitin donde se protestó
enérgicamente por la actitud de las compañías a quienes se
tachó de explotadoras y enemigas del proletariado universal y de los
pueblos débiles de América.
Otra de las medidas que las
compañías petroleras utilizaron, fue el lograr que aproximadamente
4 o 5 acorazados norteamericanos se apostaran en las costas de Tampico,
so
pretexto de proteger y garantizar las vidas y propiedades de los
norteamericanos
residentes en ese puerto, pero en realidad buscando presionar al
gobierno
mexicano con la amenaza de una intervención militar.
Este
último hecho motivo que el Congreso de la CROM que en ese momento se
realizaba en Orizaba, protestara enérgicamente por la llegada de los
barcos de guerra da Tampico y declararan públicamente su apoyo a
Álvaro Obregón.
Finalmente, como estas presiones no lograron
que el gobierno diera marcha atrás, derogando el impuesto a la
exportación del petróleo, las compañías petroleras
recurrieron al expediente de subvencionar la rebelión del general
Daniel
Martínez Herrera en la Huasteca, fracasando en este intento, pues estos
rebeldes fueron rápidamente derrotados. (27)
Sobre este contexto
de presiones económicas sociales y militares de las
compañías petroleras sobre el gobierno de México, combinada
además con la amenaza presente y persistente de posibles levantamientos
auspiciados por un grupo de rebeldes entre los que se encontraban
Esteban
Cantú, Pablo González, Francisco Murguía Ignacio Bonillas,
Alfredo Robles Domínguez y otros, que planeaban el derrocamiento de
Obregón desde los E. U. (28) se da la movilización de los
tranviarios. Y a su vez este contexto de crisis y presiones cuyo centro
convergente era el gobierno de México, nos explica el por qué, al
contrario de las movilizaciones anteriores, esta vez los tranviarios no
se
toparon con la oposición de este.
Ya señalamos como ante estas
presiones imperialistas, el gobierno había encontrado en la CROM un
apoyo, aunque condicionado al cumplimiento de una serie de demandas de
tipo
laboral. Por otra parte, aun cuando las organizaciones independientes
de la CROM
no habían manifestado públicamente su protesta por las presiones
imperialistas del as compañías petroleras, “ El
Demócrata” no dejó de señalar que en muchos
trabajadores existía el ánimo de condenar la posición de
estas hacia los trabajadores y el gobierno de México.
Vemos pues que
la posición del gobierno en el conflicto de los tranviarios encerraba
varias razones. Por una parte obedecía a la necesidad de no generar
mayores problemas internos que viniesen a incrementar la crisis por la
que
atravesaba; pero a su vez obedecía también al hecho de que para
enfrentar las presiones a que estaba sujeto necesitaba apoyarse en las
bases
obreras, y aunque la CROM en ese momento había manifestado
públicamente su apoyo al gobierno, a este no podía interesarle
oponerse a la movilización de los tranviarios, pues esto hubiera
significado enfrentar a un sector considerable de los obreros del D.F.
que
habían acordado apoyar con la huelga misma la movilización de los
tranviarios.
Para el 21 de octubre, los tranviarios en una asamblea muy
caldeada acordaron ir a la huelga si en un plazo de 10 días no se
restituía en su puesto o se indemnizaba a tres obreros cesados.
(29)
Por su parte, todas las organizaciones obreras adheridas a la CGT,
ese mismo día dirigieron comunicados a loa Federación de
Tranviarios manifestando su apoyo “...y ofreciendo solidaridad amplia,
moral y económica, para cuando se registre, en caso dado, el movimiento
huelguístico.” (30)
Habiendo dado aviso al gobierno del D.F.
y a la Junta de Conciliación y Arbitraje, se iniciaron las juntas de
avenencia. Sin embargo para el día 29 aun no se había llegado a
ningún acuerdo y las juntas habían resultado infructuosas, Por lo
que el mismo 29 de octubre, la asamblea de tranviarios acordó votar una
huelga de brazos caídos de 4 horas para el 31 de octubre; y en caso de
no
arreglarse las dificultades, esta continuaría por tiempo
indefinido.
Esta movilización de los tranviarios coincide con la
terminación de las pláticas que el Secretario de Hacienda Adolfo
de la Huerta había venido sosteniendo desde comienzos de octubre con
Mr.
Lamont, representante de el Comité Internacional de Banqueros para
México. (31) Estas conferencias se realizaron a petición del
gobierno mexicano y tenían como fin discutir ciertas proposiciones
tendientes a la amortización de la deuda exterior, y el
restablecimiento
del crédito de México en los mercado8 de inversiones del mundo (
de acuerdo al texto de la declaración de Thomas Lamont, al final zar
las
conferencias). Aunque de estas pláticas no emanó ningún
arreglo esencial sobre e tos temas, si constituyeron pasos adelante es
las
negociaciones de la deuda exterior de México. (32) Asimismo como
resultado de las políticas de Adolfo de la Huerta con una serie de
magnates petroleros ( Doheny, Van Dyke, Sin clair, Betty y Teagle).
algunas
compañías petroleras entre las que se encontraban la
“International Petroleum Company, “Texas Oil Co.” Etc.
retiraron. y desistieron de los amparos que habían antepuesto contra el
impuesto de exportación de petróleo. (33)
Sin embargo, pese
a que en el nivel de las relaciones del gobierno con el imperialismo
yanqui y
las compañías petroleras pintaban de manera favorable al gobierno
de Obregón, internamente en el país se iba configurando una
situación de crisis económica, cuyas manifestaciones más
trágicas era el considerable número de trabajadores mexicanos
desempleados, situación que se iba a prolongar hasta final de
combinándose con un auge de levantamientos movimientos rebeldes en todo
el país. ~.
Así, el 16 de octubre, se sublevó’
el general Espejo en el estado de Veracruz, al mando de 60 hombres. En
Oaxaca se
encontraba levantado en armas Erasmo Flores y se mencionaban gavillas
en
Yucatán; y el 25 de octubre se alzo en armas el ex general Macias en el
estado de Chiapas. Ese mismo día, el rebelde Francisco. Luis Castillo
asalto el tren Panamericano. Sin embargo, sobre esta serie de asaltos y
levantamientos el gobierno de Obregón, a través del Secretario de
Guerra manifestó que e reducían a brotes aislados y sin
importancia. (34)
De una manera conservadora “El
Demócrata” mencionaba que aproximadamente 1,500 obreros
habían quedado cesantes en Durango, y algunos miles más estaban en
peligro de serlo en el Norte del país, por la suspensión parcial
de labores de las compañías mineras. Esta suspensión de
labores al parecer obedecía a una baja del precio mundial del metal
extraído. (35)
Asimismo, las compañías petroleras
habían venido cesando a una cantidad considerable de trabajadores,
violando la ley del trabajo de Veracruz, que estipulaba que los
trabajadores
debían ser avisados con anticipación e indemnizados.
Contra
estos ceses ilegales, la Secretaria de Industria y Comercio protestó
enviando una circular a las compañías petroleras, obteniendo que
las principales compañías en México recibieran
instrucciones de sus casas matrices en los E. U. ordenándoles suspender
por completo el cese de los obreros mexicanos. (36)
Estos ceses masivos
que las compañías petroleras realizaron en realidad no buscaban
presionar al gobierno mexicano para lograr la derogación del impuesto a
la exportación de petróleo del 7 de junio, pues en platicas
posteriores, estas aceptaron pagar el impuesto, solicitando solo una
rebaja del
mismo. Estos ceses masivos obedecían más a la indiscriminada
política de saqueo de nuestros recursos naturales.
En efecto,
debido a que el precio del barril de petróleo oscilaba en los E. U.
Entre
1.50 y 3.00 dólares, mientras que el barril de petróleo crudo de
Panuco y Tuxpan oscilaba en los puertos de Houston y Galveston
aproximadamente
entre .701 y .745 dólares—incluido ya el flete marítimo y el
impuesto a la exportación—las compañías petroleras se
lanzaron a realizar una serie de obras y construcciones con el objeto
de
acelerar la producción. Obras que al finalizarse dejaron sin empleo a
miles de trabajadores de la zona petrolera del Golfo de México.
(37)
Esta situación de crisis económica y sublevaciones
militares, tendía a inclinar al gobierno de Obregón del lado del
proletariado. En el último caso para poder enfrentar a las tendencias
separatistas en el seno del ejército.
En el primer caso por el gran
malestar y descontento que esta situación de desempleo generaba en el
proletariado. Esto nos explica la posición neutral y arbitral del
gobierno en el conflicto de los tranviarios. Aunque, claro esta, la
solución favorable de este conflicto obedeció a la
movilización y presión de los tranviarios y al apoyo que les
brindó la CGT.
Así, esta presión de los tranviarios y de
un sector del movimiento obrero agrupado en la CGT, obligó a la empresa
a
indemnizar a uno de los obreros cesados y a reponer al otro en su
trabajo, por
lo que la huelga que tenían votada no se efectuó.
El 8 de
diciembre, los obreros de Talleres del 1er. Turno de la Cía. de
Tranvías, declararon la huelga, siendo secundados inmediatamente por
los
del segundo turno. El motivo de esta inesperada huelga, fue el cese que
la
compañía había hecho del trabajador Fernando León,
secretario general del Sindicato de Talleres, que como obrero tenía
más de 11 años de antigüedad.
Al declarar la huelga,
lo obreros acordaron permanecer en sus centros de trabajo, tomando esta
medida
para evitar, como en movimientos pasados, que la empresa introdujera
esquiroles
u obreros libres, para romperles la huelga.
Al día siguiente, el
Sindicato de Tráfico también acordó secundar la huelga para
el día 12 de diciembre, si para entonces no se había llegado a un
acuerdo satisfactorio.
Ese mismo día se iniciaron las juntas de
avenencia en el gobierno del D. F. a la cual asistieron el gerente de
la
Cía. de Tranvías Mr. Conway, ante el cual los obreros presentaron
el siguiente pliego de peticiones:
1.- “Rehabilitación en su
empleo del señor León, secretario general del sindicato, en la
inteligencia de que los obreros no cederán en esto en lo más
mínimo, en virtud de existirle precedente de que cuanto obrero llega a
ese cargo en el sindicato inmediatamente es separado de la
compañía.”
2.- “Cese inmediato o traslado a
otra oficina de la compañía, del norteamericano jefe de los
talleres.”
3.- “Pago a jornal integro de los días que
dure la huelga.”
Como se entiende Mr. Conway, rechazó estas
peticiones. (38)
Dado que las juntas de avenencia celebradas
después del 9 de diciembre no llegaban a ningún acuerdo, el
domingo 11 de diciembre a las 12 de la noche, los trabajadores de
Tráfico
de la Cía. de Tranvías, iniciaron un paro que duraría 24
horas; anticipando que desde las 12 de la noche, comenzaría a correr el
plazo de 10 días a que obliga la Constitución, para que si no se
resolvían satisfactoriamente las peticiones de los obreros de Talleres
se
declarara la huelga indefinida.
La presión que significaba esta
declaratoria de paro por parte del sindicato de Tráfico en unos
días en que aumentaba la circulación de tranvías debido a
las peregrinaciones y pasajes que se dirigían a la Villa de Guadalupe,
ocasionó que la Cía. de Tranvías, momentos después
de estallar el paro, expidiera el siguiente comunicado, en que se
observa una
ruptura de su inicial intransigencia y que de manera sintética se
reduce
a lo siguiente: La Cía. de Tranvías, de acuerdo con la
Constitución, “Puede separar a cualquier trabajador aun sin causa
cubriéndole tres meses de sueldo. “Pero en este caso concreto
“... no solo esta dispuesta a cubrir los tres meses de ley a que se
acaba
de hacer referencia, sino que ha ofrecido duplicar esta compensación
pagando seis meses... además para evitar cualquier mala impresión
con motivo del carácter que dicho obrero tiene en el sindicato de
Talleres, la compañía ha ofrecido conservar en sus listas de raya,
y como empleado de planta a dicho obrero hasta el día 31 de diciembre
del
corriente año, fecha en que cesara en sus funciones en dicho sindicato,
a
fin de que mientras tenga ese carácter conserve también el del
empleado de la Compañía, gozando en tanto de licencia con sueldo y
recibiendo a partir del 1 de enero de 1922, fecha en que se hará
efectiva
su separación, los cinco meses adicionales de compensación que
completarán los seis meses que la compañía esta dispuesta a
pagarle. “En relación al cese o cambio de departamento del maestro
mecánico de Talleres, Munrray, la Cia. Declaró que estaba
dispuesta a llegar a un arreglo mediante el cual, conservando este
señor
su actual puesto, no estuviese en contacto directo con el personal de
los
talleres.
De todas formas, pese a que la Cía. de Tranvías
comenzaba a ceder, el paro se efectuó ocasionando a la empresa
pérdidas calculadas en $200,000. (39)
Aun cuando en las juntas de
avenencia posteriores, la empresa cedió en otro punto al aceptar pagar
sus salarios a todos los huelguistas, durante los días de huelga, los
obreros de Talleres en una asamblea efectuada en el local de la CGT
acordaron
continuar la huelga rechazando las proposiciones de la empresa.
Esta
asamblea como dijimos se celebró en el local sindical de la CGT y este
error de los obreros de Talleres de abandonar sus centros de trabajo,
fue
inmediatamente aprovechado por la empresa, que solicitó y obtuvo del
gobierno que impidiera la entrada a los talleres a los huelguistas. Los
huelguistas al enterarse de esta medida resolvieron formar cuerpos de
vigilancia
“que impidiesen a todo trance la entrada de esquiroles a los
talleres” (40). Por su parte el gobierno una vez que accedió a la
petición de la Cía. de tranvías se negó a garantizar
a los esquiroles contra cualquier ataque de los huelguistas.
Este movimiento
de los tranviarios se vio apoyado por los sindicatos de la CGT, no así
por la CROM que declaró que en caso de que los sindicatos de la CGT
fuesen a la huelga, ella no secundaría este movimiento “...pues en
otras ocasiones en que ha secundado análogas huelgas solo ha cosechado
más tarde insultos y enconados odios.” (41)
Finalmente,
después de una serie de negociaciones en que ambas partes modificaron
sus
proposiciones iniciales, aunque los que más cedieron fueron los
tranviarios; y en que la conciliación del conflicto pasó a manos
del presidente, ante el fracaso del gobernador del DF y la
intransigencia de la
empresa, el 17 de diciembre a las 2 de la mañana se firmó un
convenio entre la Cía. de Tranvías y los tranviarios, por el cual,
la empresa se comprometía a pagar al obrero Fernando León, la
cantidad de 2,500 pesos de indemnización; así como pagar a los
tranviarios que hubiesen dejado de trabajar 6 días el salario de 7; a
los
que habían dejado de trabajar 5, el salario de 6 y a los obreros de los
Talleres y de Tráfico 4 días de salario. Además de que a
partir del 1 de enero en adelante, Murria no tendría ninguna injerencia
directa con el personal de Talleres.
Ya habíamos mencionado que como
expresión de la crisis económica por la que atravesaba el
país en estos meses, el número de trabajadores cesados
había aumentado considerablemente tanto en las zonas mineras del norte,
como en la región petrolera del Golfo. En el mes de noviembre, el
problema del desempleo se acrecentó, pues miles de peones de la
región lagunera quedaron sin trabajo al suspenderse las siembras por la
escasez de agua en el río Nazas. (42)
Asimismo, aproximadamente
5,00 obreros de Puebla
tra parte no entorpecer la creciente
distensión con las compañías petroleras.
En efecto,
desde inicios de noviembre Adolfo de la Huerta había venido efectuando
una serie de pláticas con representantes de los banqueros
norteamericanos
Mr. Kingsley Fankhausser y Pettyjhon (50) así como el representante de
la
Casa Spyer y Mr. J. A. Ryan representante de la Texas Oil Company para
el
arreglo de la deuda exterior de México. (51) Que las negociaciones
avanzaban nos los muestra los continuos comentarios favorables al
gobierno de
Obregón que se consignaban en la prensa de los E.U. Asimismo el avance
de
estas negociaciones tenía su reflejo en el insistente rumor,
después de finalizar las pláticas con Mr. Fankhausser y Pettyjhon,
de que el gobierno mexicano había concertado con los banqueros
extranjeros un préstamo de 100 millones de dólares (53) ;
así como el hecho real de que las compañías petroleras
aceptaron cubrir sus adeudos sobre el impuesto del 25% a la exportación
de petróleo crudo. (54)
Internamente, aunque los movimientos
rebeldes se habían reducido considerablemente y solo se registró
uno en Cotaxtla Ver. (55), al contrario del mes de noviembre en que se
registraron 5 en diferentes partes del país, y pese a que el Secretario
de Guerra—general Enrique Estrada—había declarado que el
país estaba en perfecta clama y que las partidas rebeldes no inspiraban
cuidado alguno (56), no dejaba de ser persistente la amenaza de grupos
de
rebeldes que desde los E. U. –encabezados por Esteban Cantú y
José María Maytorena–, planteaban la restauración de
la constitución DE 1857; multiplicando sus actividades en las ciudades
de
San Antonio, San Diego, San Francisco y en otras partes de la Alta
California
(57) y ante lo cual el gobierno mexicano se apresto a fortalecer la
vigilancia
en el norte de Sonora y Chihuahua.
Sobre esta situación de crisis
económica, amenazas de rebeliones y regateos con el imperialismo,
combinada con la posibilidad de huelga en los ferrocarriles por
agresiones del
consejo directivo de los F. F. C. C. A los trabajadores de la Unión de
Conductores, Maquinistas, Garroteros y Fogoneros (58) , se da el
conflicto de
los tranviarios. Aunque como ya vimos por la misma dispersión de los
esfuerzos y la división misma en el seno de el proletariado, en los
diversos frentes de lucha entre los trabajadores y la burguesía local y
extranjera la política del régimen bonapartista de Obregón
no tendía a definirse de manera clara a favor del proletariado. Sin
embargo, la situación de malestar y descontento por los miles de
obreros
cesados y los problemas sociales y económicos que esto representaba,
además de la necesidad misma del gobierno de mantener al país en
calma –como condición necesaria para poder negociar de manera
favorable con el imperialismo– obligaba a que el gobierno de
Obregón tendiese más a una política de conciliación
y negociación en relación a las movilizaciones de trabajadores
independientes como la Federación de Tranviarios.
+++++++
En la
mayor parte de las movilizaciones de 1921, en que participa la CGT
(julio,
octubre y diciembre) las condiciones políticas nacionales e
internacionales por las que atravesaba el gobierno de Obregón, le
abrían cauces favorables a sus conflictos; en el sentido de presionar
al
gobierno a buscar una solución arbitral y conciliadora en
estos.
Naturalmente que la CGT no constituía la base directa de
apoyo del gobierno Bonapartista de Obregón; esta base lo era la CROM.
Sin
embargo, enfrentado a una situación nacional, donde el común
denominador era una crisis permanente el gobierno de Obregón,
objetivamente se veía obligado a asumir una posición arbitral y
conciliadora en estos conflictos, pues este era el único sendero
posible
para poder
EL SME A LA CONQUISTA DE NUEVOS DERECHOS LABORALES: EL CONVENIO DE
DICIEMBRE DE 1921.
Después de la escasez de energía
eléctrica, que duró alrededor de 9 meses y que como mencionamos
fue motivado directamente por la política de la empresa, que en su
afán de aumentar sus ganancias no adecuó el volumen de consumo de
Luz inició la construcción de una nueva planta en un lugar llamado
Tepexic; debajo de la planta de Necaxa y utilizando el agua que mueve a
esta.
Para la construcción de esta nueva planta, la Cía. de
Luz contrató más de 1,500 obreros.
Las condiciones de estos
trabajadores no podía ser más lamentable. Aunque en los contratos
firmados, la Cía. de Luz se había comprometido a brindarles toda
clase de servicios, los obreros se veían obligados a dormir bajo el
cielo
raso, mientras en cambio los soldados del destacamento de ese lugar—400
aproximadamente—vivían en tiendas de campaña proporcionadas
por la Cía. de Luz, en un lugar que se caracteriza por su humedad y en
donde llueve con suma frecuencia.
Como los trabajadores se veían
obligados a permanecer en el perímetro de la construcción pues las
poblaciones más cercanas se encontraban lejos del campamento de
construcción de la nueva planta, la compra de los artículos de
primera necesidad los tenían que hacer en una tienda del lugar, que los
vendía a precios más elevados.
Cuando ocurrían
accidentes de trabajo –cosa que era frecuente– y perecían
trabajadores, como fue el caso del desprendimiento de un riel que
barrió
materialmente a un gran número de obreros pereciendo muchos de ellos
–los trabajadores que intentaron gestionar las indemnizaciones a los
familiares de los fallecidos, no lo podían hacer pues la empresa negaba
tener las direcciones de los familiares–, aunque de hecho cuando los
obreros entraban a trabajar, la Cía. de Luz les pedía la
dirección de sus familiares.
Estos hechos generaban descontento en
los trabajadores, que desde la segunda quincena del mes de octubre de
1921,
venían exigiendo a los representantes de la empresa: aumentos de
salarios, casas-habitación para ellos, etc. Este malestar de los
trabajadores culminó con la entrega a la Cía. de un memorial en
que denunciaban la situación en que se encontraban, y exigían
solución a esta.
Como el memorial que estos trabajadores enviaron
a la Cía. de Luz y Fuerza ni siquiera les fue contestado, el 18 de
noviembre los trabajadores del departamento de Construcción se
declararon
en huelga. (61)
Mientras tanto, la División Necaxa había
dirigido diversas comunicaciones a la matriz del SME en el D. F. y a
las
divisiones de este, informando detalladamente del movimiento
huelguístico
efectuado, de las pláticas sostenidas con la Cía. de Luz y Fuerza
Motriz y la del Real del Monte y Pachuca, así como de la
reconcentración de tropas en Necaxa con motivo de la huelga.
Esta
comunicación fue leída en la asamblea de la matriz del SME en el
D. F. el 26 de noviembre de 1921, acordándose unánimemente se
respondiera a la División Necaxa que se suspendieran las pláticas
para reanudarse en la capital el próximo mes de diciembre; no se
aceptará ninguna proposición de la Compañía para el
Compañero Tapia; que enviaran copia del convenio que se
presentaría a la Cía. de Luz; que se nombrara la Comisión
que los representaría en la discusión del convenio; y por
último, se remitiese un telegrama al presidente Álvaro
Obregón pidiéndole que recibiera la comisión de
electricistas que gestionaría el retiro de las fuerzas militares de
Necaxa. (62).
A las demandas presentadas por los trabajadores de la
división Necaxa, se les sumaron otras hasta un total de 36
cláusulas, que junto con un memorial (63), fueron entregadas a la
Cía. de Luz el 14 de diciembre, aniversario de la fundación del
SME, fijando un plazo de 36 horas para que fuera resuelto;.
En vista de
que el Director General G. R. Conway adujese imposibilidad de tiempo
para
resolver el memorial en el plazo de 36 horas, que el SME le había
concedido, este en asamblea, acordó prolongar el plazo hasta el martes
20
a las p.m.
El gerente contestó a esta carta participando que las
platicas podían iniciarse el miércoles 21 a las 10 de la
mañana, ante lo cual los electricistas nombraron sus representantes
llevando la representación general Ponciano Solís como secretario
General y Porfirio Mendoza , Samuel Reyes y Jesús Z. García , como
representantes de la División Necaxa.
Sin embargo, el día
20 en la noche en una asamblea en que se estaba discutiendo la actitud
que
debería asumir el Sindicato en la junta del miércoles 21, uno de
los comisionados de Necaxa, comunicó que la Compañía de Luz
y Fuerza había cesado el 19 de diciembre a 25 carpinteros que prestaban
sus servicios en los talleres de construcción de Tepexic, como
represalia
por haber participado en una de las manifestaciones de protesta
efectuada el 17
de noviembre. Ante esta noticia la asamblea acordó por unanimidad que
el
la conferencia del 21, presentaran un ultimátum a la empresa antes de
iniciara la conferencia, exigiendo la restitución de estos
trabajadores,
y en caso contrario se suspenderían las platicas e inmediatamente se
decretaría el paro general como protesta por la separación de
estos trabajadores. (64)
Este ultimátum fue presentado al Director
de la Cía. de Luz, quien manifestó que este asunto era ajeno a la
Cía. , debiendo tratarlo con la Compañía Real del Monte y
Pachuca, quien era la que había contratado a los 50 carpinteros y
argumentando que de efectuarse la huelga estarían act5uando fuera de la
ley, puesto que no se había dado el plazo constitucional de los 10
días. Los representantes electricistas se retiraron dirigiéndose
inmediatamente a las oficinas del gobierno del D. F. para plantear el
problema
de los 50 carpinteros, respondiéndoles que para resolver este asunto
deberían dirigirse a las autoridades de Pachuca.
Del resultado de
estas gestiones los representantes electricistas informaron a la
asamblea del 21
de diciembre, acordado esta dar un plazo de 10 días a la empresa para
que
solucionase el conflicto, o en caso contrario irían a la huelga.
(65)
Para estas fechas, el problema de los trabajadores cesados en el
país tendía a agravarse. Aproximadamente 4,000 obreros petroleros
estaban en trance de ser cesados para el ultimo del mes, pues una de
las
compañías petroleras había terminado la construcción
de una de sus refinerías. (66)Por otra parte, la situación de los
obreros cesados, de la región de Atlixco Puebla tendía a hacerse
en extremo delicada, por falta de recursos económicos; además de
lo que los industriales poblanos intentaron por estos días montar una
provocación que orillara al gobierno de Obregón a reprimir a los
trabajadores cesados y a las organizaciones que los apoyaban. Esta
provocación se encargó de echarla a andar el cónsul
español Alejandro Quijano, propietario de la fabrica de mantas “El
Mayorazgo” al expulsar a 4 familias de las habitaciones que ocupaban en
la
misma fabrica, quienes se establecieron provisionalmente en unos
terrenos
baldíos propiedad de la misma fabrica. Este hecho sirvió de
pretexto para que este industrial cesara a cerca de 400 obreros y se
acusara a
los trabajadores de invadir las haciendas y fabricas y de querer
implantar un
“soviet” en el estado de Puebla. (67) Hechos similares ocurrieron en
las haciendas “El Cristo” , “La Luna” , y “San
Matías” y fueron caracterizados en igual forma por la prensa
nacional.
Esta situación de movilización obrera iba a
acompañar al SME a lo largo de su conflicto con la Cía. de Luz.
Por otra parte, aunque a nivel internacional las relaciones del
gobierno
mexicano con las compañías petroleras, como ya mencionamos no se
mostraba conflictiva y las platicas entre De la Huerta y los banqueos
extranjeros para negociar la deuda exterior avanzaba sin tropiezos,
esta
situación presionaba al gobierno de Obregón a buscar un arreglo
pacifico y conciliatorio, no solo como una medida obvia para avanzar en
las
negociaciones con los banqueros sin presiones internas, sino también
para
garantizarse una base de apoyo con la cual negociar frente a las
presiones de
estos.
Así, la solución al conflicto de los cesados de
Tampico sería el pago de su salario correspondiente a 8 días y una
cantidad equivalente a 2 ½ días por cada mes que hubieran trabajado.
En el caso de los obreros de Atlixco, Puebla, las fábricas que
habían suspendido sus labores, cesando a cientos de obreros,
paulatinamente comenzaron a reanudar sus labores.
Con todo y que los
electricistas habían manifestado ir a la huelga en un plazo de 10
días en caso de no resolverse el problema de los carpinteros cesados,
el
23 de diciembre, una comisión de electricistas se presentó ante el
gerente Conway “manifestando que por lo pronto tratarían los
asuntos propios de la compañía.”
Sin embargo, el 27
de diciembre, después de haber celebrado varias juntas con la Cía.
de Luz, los representantes acordaron suspender estas debido a que no
eran
tomadas en cuenta las 16 cláusulas que adicionaban al convenio de 1917
y
al declarar el gerente Conway que no aceptaría tales adiciones.
De
hecho la Cía. de Luz había declarado por estas fechas, en un
manifiesto que apareció en los principales diarios de la capital, que
la
compañía había aceptado obligaciones mucho más
amplias que las que le imponía la Constitución y aun las incluidas
en el proyecto de Ley que había sido aprobado por la Cámara de
Diputados.
Ese mismo día en la noche, los electricistas acordaron
por unanimidad suspender todo arreglo directo con la Cía. de Luz y dar
aviso como mediador, continuando con las juntas conciliatorias.
En esa
misma asamblea se informó que e esperaba el arribo de uno de los
delegados que fueron a Necaxa, con el objeto de resolver el reingreso o
indemnización de los 50 carpinteros separados y que del informe de
este,
normarían su actitud, aún cuando el convenio que se estaba
discutiendo quedara aprobado. (68)
Habiendo notificado los electricistas
al gobernador de su determinación y habiendo puesto en sus manos copia
del convenio, este citó a las dos partes para el 29 de diciembre a las
10
de la mañana, para reanudar las pláticas interrumpidas.
(69)
Como el plazo para iniciar la huelga fenecía el sábado
31, el día 29, un grupo de comerciantes, industriales y particulares
trató de entrevistarse con Alvaro Obregón, para pedirle que
mediara en el conflicto.
Por parte de las organizaciones obreras, el SME
ya había recibido apoyo a su movimiento. Por ejemplo el sindicato de
Trabajadores de la Cía. Telefónica y Telegráfica Mexicana,
había sido el primer sindicato que en asamblea del 22 de diciembre
había acordado secundar el movimiento de los electricistas, “para
mantener en alto y firmemente el principio de solidaridad”. A este
apoyo
se le había sumado el de otras organizaciones del D.F. entre ellas
varias
fábricas de hilados y tejidos del D.F., Puebla y aún de otras
entidades. Por su parte la CGT que se había instalado en el local del
SME
en la avenida de los Hombres Ilustres (hoy avenida Hidalgo) para
celebrar un
Congreso, había manifestado el 25 de diciembre, que secundarían el
movimiento de los electricistas. (70)
El día 29 de diciembre en la
mañana, se iniciaron las juntas de avenencia en las oficinas del
gobierno
del D.F. pero para el 30 en la noche aún no se había llegado a
ningún acuerdo. (71)
Para este día, la situación se
tornaba ya crítica, pues el plazo para decretar la huelga vencía
el sábado 31 en la noche y el día 29 los electricistas en una
asamblea, habían ratificado su acuerdo de llegar a cabo la huelga en
caso
de no tener éxito en sus gestiones; y junto con ellos, la CGT
había también ratificado su decisión de secundar en todo el
movimiento de huelga. (72)
Y en verdad que la situación era
crítica. La huelga del SME si se efectuaba amenazaba paralizar las
fábricas y la producción en el D.F., Hidalgo, Pachuca y el trabajo
de alrededor de 102,000 obreros que componían la fuerza de trabajo en
la
zona de distribución de la Cía. de Luz, repartida en la forma
siguiente:
|
Hilanderos del D. F.
|
15,000
|
|
Tranviarios, entre tripulación y trabajadores de
talleres.
|
7,000
|
|
Operarios de Fundiciones y Talleres Mecánicos.
|
10,000
|
|
Carpinterías, fábricas de cerámica, jabonerías,
etc.
|
20,000
|
|
Periódicos y Talleres Gráficos particulares.
|
5,000
|
|
Fabricas de ropa hecha, confecciones y galonería.
|
18,000
|
|
Talleres pequeños
|
2,000
|
|
Mineros de Pachuca
|
6,000
|
|
Otras industrias de Pachuca.
|
2,000
|
|
Mineros de El Oro, Real del Monte y Tlalpujahua.
|
4,000
|
|
Huelguistas de Necaxa, incluyendo los que
trabajan en la planta
nueva.
|
3,000
|
|
Plantas de cianuración y fundiciones, inclusive
los minerales del
Estado de Hidalgo. (73)
|
4,000
|
el viernes 30 se celebraron varias juntas de avenencia entre el
gobernador del D. F., el gerente de la Cía. de Luz y los representantes
del SME. En la primera de ellas celebrada entre Mr. Conway , acompañado
de sus abogados, y los electricistas, no se llegó a ningún
acuerdo, debido a que Mr. Conway rechazó en principio las demandas de
los
electicistas por considerarlas injustas. En vista de esta actitud,
intervino el
presidente Obregón, quien al parecer obtuvo que la empresa cediera en
algo, lo que se reflejó en la junta que se efectuó a las 7 de la
noche. Sin embargo, inmediatamente después de esta reunión los
representantes de los electricistas conferenciaron con el gobernador
hasta altas
horas de la noche, manifestándole que estaban dispuestos a declarar la
huelga si la Cía. no reconocía el convenio de 1017 y no definiera
su posición respecto a las indemnizaciones y accidentes de trabajo. En
lo
referente al reingreso de los 50 carpinteros separados, manifestaron
que no
tratarían este asunto ante el gobernador, pues este no tenía
jurisdicción para ello. Los periódicos señalaban que estas
juntas habían fracasado pues la empresa se negaba a aceptar jubilar a
los
que por diversas causas independientes de su voluntad no pudieran
trabajar
después de 20 años de antigüedad, así como indemnizar
a los obreros en caso de accidente de trabajo.
El 30 de diciembre en la
noche, el SME celebró una asamblea en donde los obreros entusiastamente
declararon que irían a la huelga en caso de no accederse a sus
peticiones que, señalaban “...respalda el contenido del
artículo 123” se pronunciaron vehementes discursos en contra del
esquirolaje y se nombraron varias comisiones “a fin de que se
desarrollaran todas las actividades en pro del movimiento
huelguístico” (74)
Ese mismo día, una comisión de
los llamados “obreros libres” encabezados por su líder
José López, acordaron en asamblea, oponerse a la huelga de los
electricistas, designando para este efecto una comisión que
entrevistara
al presidente Obregón pidiéndole que interviniese directamente a
fin de evitar la huelga.
De acuerdo con datos proporcionados por
“El Universal” de los 100,000 obreros que había en el D.F. y
el estado de Hidalgo, aproximadamente unos 20,000 estaban
sindicalizados.
(75).
Ya habíamos mencionado que uno de los puntos esenciales de
la demanda de los electricistas era el que se refería a indemnizaciones
por parte de la empresa en caso de accidentes de trabajo. Pues bien,
esta
demanda de estricta defensa y protección de la clase trabajadora
encontró resistencia y oposición en una editorial de “El
Universal”, que actuando directamente como vocero de la burguesía
planteo que “...inútil exigir de los industriales, el que, no ya en
vida del trabajador, sino en caso de muerte de este, sus familiares
queden
asegurados por las empresas con el salario integro del difunto por
espacio nada
menos que de cinco años. Esto, antes que deber de los industriales,
parece serlo de sindicatos organizados que mirasen por el porvenir de
sus
asociados y de sus familias.” (76)
Naturalmente que desde la
visión ideológica estrecha y burguesa de el editorial de “El
Universal” no se podía entender que las indemnizaciones por
accidentes de trajo fuese un “deber” de los industriales. Pues desde
esta posición ideológica burguesa, ¿ que otra cosa es la
relación entre el proletario y el capitalista, sino una relación
de igualdad?., pues el capitalista a cambio de un salario que da,
recibe del
trabajador su fuerza de trabajo a cambio; visión que sin romper el velo
de lo aparente se queda en la superficie, ignorando que en esta
relación
de aparente igualdad, lo que se entabla a es una relación de
explotación en que la fuerza de trabajo del obrero reproduce con su
esfuerzo no solo el valor de su fuerza de trabajo, sino que además crea
un nuevo valor que se lo apropia el capitalista.
Los trabajadores
electricistas, sin plantearse en esta perspectiva científica y de clase
del proletariado, pero si respondiendo directamente a sus intereses de
clase,
hicieron caso omiso del llamado al “buen juicio” y
“patriotismo” que les hacía “El Universal” y
sacaron adelante esta demanda; que por cierto databa del convenio de
1917, pero
que para estas fechas se les pretendía escamotar.
Todavía
el 31 de diciembre se celebraron varias juntas de avenencia. En las dos
primeras
no se llegó a ningún acuerdo, debido a la intransigencia de Mr.
Conway, y esto pese a que los electricistas habían cedido en algunos
puntos; por lo que al inicio de la tercera junta los representantes del
SME
manifestaron que el conflicto debería quedar solucionado antes de las 8
de la noche, para así poder tener tiempo para girar ordenes a Necaxa y
otras divisiones de la Cía. de Luz, pues en caso contrario la huelga se
llevaría a cabo.
Un minuto antes de las 8 de la noche, se
informó a la prensa que se había llegado a un acuerdo.
Inmediatamente un grupo de electricistas salió a notificar a Necaxa y
demás dependencias de la Cía. de Luz, que las dificultades se
habían solucionado y que se suspendía la huelga. Poco
después de las 12 de la noche, los electricistas abandonaron las
oficinas
del gobernador del D. F. para dirigirse al salón de sesiones del SME,
donde se encontraban reunidos los agremiados en sesión permanente, y
prorrumpieron en aplausos y muestras de regocijo al enterarse de los
resultados
a que se habían llegado; pronunciándose elocuentes discursos
“por medio de los cuales se demostró hasta la evidencia que para
que el proletariado llegue a conseguir que se le respeten sus derechos,
se
impone la organización sindical.” (77)
Posteriormente, el
martes 3 de enero de 1922, en la noche, una numerosa comisión del SME
visitó al presidente Obregón a fin de hacerle presente que los
obreros, con motivo de las dificultades que se habían presentado con la
Cía. de Luz, por ningún concepto trataron de organizar un
movimiento de rebelión tras la huelga que proyectaban.
A esta
reunión asistieron varios de los dirigentes del SME y hablaron Salvador
Célis Gutiérrez y Jorge Solsoma. Este último
pronunció un discurso en el que señaló que la huelga no
buscaba otro fin más que lograr el mejoramiento colectivo del obrero,
por
medio de la acción conjunta dentro de la ley, para que la
compañía procediera en forma equitativa.
Indicó que
los obreros estaban convencidos de que actualmente sería un crimen de
esa
patria iniciar un movimiento armado en el país y que, por lo tanto eran
falsos los rumores que se habían hecho circular acerca de que la huelga
escondía miras políticas. (18)
Así como las
movilizaciones que el SME realizó hasta noviembre de 1920, habían
significado su despertar a la vida sindical activa del país, en pos de
mejores condiciones económicas y el reconocimiento de su
organización sindical por parte de la empresa; la lucha que dio a
finales
de 1921, no solo significó recobrar y dar vigencia a una serie de
derechos laborales conquistados en 1917, sino también la conquista de
nuevos.
El convenio del 31 de diciembre incluía 16
cláusulas nuevas en relación al de 1917 y al de 1920, siendo
estas: la 4º , 4, 7, 11, 12, 13, 14, 18, 20, 25, 32, 33, 34, 35,
36.
Las cláusulas del convenio del 5 de septiembre que fueron
adicionadas y/o reformadas, fueron las siguientes: 1, 2, 3, 4, 7, 10,
14, 16,
17, 19, 21, 22, 29, 30 y 31 del convenio del 31 de diciembre de 1921.
De
las nuevas cláusulas que incluía el convenio de 1921, el 4º
obligaba a la Cía. de Luz a celebrar contratos para todos los trabajos
eventuales; el 6º obligaba a la Cía. de manera especifica a brindar
servicios de Sanatorio a sus trabajadores; el 7.- Igualmente; el 9.-
obligaba a
la Cía. a restituir en su trabajo a los accidentados una vez que se
hubiesen restablecido; el 11.- obligaba a la Cía. a observar una
prórroga en la conservación del puesto de un trabajador que se
hubiese accidentado o lesionado, pagándole su salario; el 13.-
planteaba
las condiciones para el pago a los trabajadores enfermos ; el 12.-
obligaba a la
Cía. a restituirlos en sus trabajos una vez restablecidos ; el 14.-
Obligaba a la Cía. a prestar servicio médico y medicinas a los
familiares del trabajador; el 18.- Obligaba a la Cía. a pagar el
día de descanso sin descuento en caso de falta justificada; el 20.-
Obligaba a la Cía. a pagar los días festivos a los trabajadores a
salario por día: el 25.- Establecía el salario base por
departamento; el 32.- Establecía el derecho a la jubilación; el
33.- Obligaba a la Cía. a cumplir con la fracción XII del
artículo 123 Constitucional; el 34.- Obligaba a la Cía. a
establecer un sistema de pago eficiente; el 35.- Obligaba a la Cía. a
surtir adecuadamente a la tienda de Necaxa; el 36.- Establecía el
control
de los trabajadores sobre su fondo de reserva, el cual se derivaba de
su
antigüedad.
Las cláusulas del proyecto de convenio que no
fueron aceptadas por la Cía. y retiradas en las negociaciones por los
trabajadores, fueron “La compañía establece para todos sus
empleados y obreros en todas sus dependencias el día de descanso por
semana con goce de sueldo.”
Este artículo pretendía
reformar el artículo 8 del convenio de 1917.
“La
Compañía se obliga a indemnizar con cuatro años de sueldo a
los empleados u obreros que hayan servido o estén sirviendo de
representantes a los propios empleados y obreros, cundo se les separe
sin causa
justificada.”
Las cláusulas del proyecto de convenio que se
sujetaron a una transacción y que motivaron la resistencia de la
Cía. fueron:
1.- El artículo del proyecto de convenio, que
después resultó ser el artículo 10 del convenio de dic. de
1921, exigía 5 años de indemnización en caso de
fallecimiento.
2.- El artículo del proyecto de convenio que
después resultó ser el artículo 20 del convenio de dic. de
1921, establecería originalmente:
“En los casos en que los
empleados u obreros que hacen sus trabajos por turno, tengan que
trabajar
cualquiera de los días indicados, percibirán por las horas que
trabajan la parte correspondiente a su sueldo, ordinario más el ciento
cincuenta por ciento de aumento. A los empleados u obreros que no hacen
sus
trabajos por turno, no les será descontado su sueldo, en caso de no
tener
que trabajar en alguno de los días festivos mencionados, pero, por si
por
alguna circunstancia es necesario que desempeñen algún servicio,
entonces percibirán su sueldo ordinario más el 50% de
aumento.”
3. - El artículo del proyecto de convenio que
después resultó ser el Art. 25 del convenio de dic. de 1921
establecía originalmente:
“La compañía
establecerá para todos sus empleados y obreros, el sueldo Standard,
según la clase de trabajo que desempeñen, tomando como base, el
sueldo más alto, que actualmente se paga, y sobre todo se aplicará
un aumento de un 15%.”
4.- El artículo del proyecto de
convenio., que después resultó ser el artículo 31 y 32 del
convenio de dic. de 1921 establecía originalmente:
“La
Compañía entretanto es reglamentado el artículo 123
Constitucional vigente, en su parte, relativa, jubilara con su sueldo
completo a
los empleados u obreros que hayan cumplido 20 años de servicio, y
donara
por razón de antigüedad a quienes se separen o sea separados por
cualquier causa, un mes de sueldo por cada año de servicio o
fracción; en caso de fallecimiento la Compañía hará
entrega de las cantidades correspondientes por razón de antigüedad a
los herederos del finado.”
LA
CUARTA HUELGA DEL SME.
A mediados de febrero, se comienza a gestar lo que
sería la 4a.
huelga del SME. La Compañía de Luz, continuando con su
política de “extirpar” a los elementos más combativos
e inquietos del sindicato cesó a 20 de los que más se
habían distinguido en el pasado movimiento.
Motivado directamente por
esa represalia, el SME celebró una asamblea en la que acordaron dirigir
un ultimátum al gerente Conway, planteándole que si en un plazo de
10 días, a partir del 20 de febrero, no cumplía en todas sus
partes el convenio del 31 de diciembre de 1921 decretarían un
movimiento
de huelga o usarían los procedimientos que más les
conviniera.
Como la Cía. de Tranvías, el 22 de febrero,
había cesado también a más de 25 obreros de Vía
permanente, la mayor parte de los trabajadores del segundo turno de los
Talleres
de Indianilla abandonaron sus ocupaciones en señal protesta. Asimismo
el
sindicato de Talleres instituyó en asamblea extraordinaria para
resolver
sobre este problema, acordando dirigir un ultimátum al gerente Conway,
en
el que se le exigía que repusiera en sus puestos a los cesados y se les
indemnizara por los días que habían dejado de trabajar;
además que retirase a un tal Murray del frente de los Talleres de
indianilla, por el mal trato que daba a los trabajadores.
El conflicto
amenazaba estallar en varios pues el 24 en la noche, los tranviarios
discutieron
en asamblea, las demandas de empleados del departamento de Vía,
precisándolos para darlos a conocer a la Cía. de Tranvías
en un memorial. Estas demandas eran igualación de salarios a los que
prestaban sus servicios en el mismo departamento; que ningún obrero
fuese
contratado para hacer trabajo a destajo y que la compañía
cumpliera la parte del convenio pasado, que la obligaba a establecer un
hospital
para accidentes de trabajo. (79)
Por su parte el SME en una asamblea
celebrada en la noche del 24 de febrero en la avenida de los Hombres
Ilustres,
votó una vez más a favor del movimiento de huelga, dando a conocer
a su vez las causas que lo impulsaban a la lucha. Estas eran:
“Primero. Por no cubrir las vacantes que ocurran en los distintos
departamentos de acuerdo con el escalafón, según convenio que
firmó con este sindicato en el gobierno del Distrito Federal el 31 de
diciembre de 1921. Casos, subsobrestante de Líneas Aéreas y de la
planta de San Ildefonso.
“Segundo.- Por haber separado,
injustificadamente del trabajo a veinte compañeros, rehusándose
terminantemente a indemnizarlos, conforme lo previene la fracción XXI
del
artículo 123.
“Tercero.- Por exigir a nuestros
compañeros que le presten servicios en sus distintas pertenencias, que
le
firmen contratos de trabajo, en los cuales los hace renunciar a los
derechos que
otorga la Constitución.
“Cuarto.-Por no querer internar a
los compañeros que se accidenten en el trabajo, en sanatorios de primer
orden, según lo especifica el convenio mencionado.
“Quinto.-
Por no indemnizar a veinte compañeros que se han mutilado dedos, manos,
brazos, orejas, piernas, etc.,etc., en el trabajo.
“Sexto.- Por no
tener higienizados sus departamentos de trabajo.
“Séptimo.-
Por no proporcionar toda la herramienta, conforme el convenio citado,
para el
desempeño de sus trabajos.”
“Octavo.- Por no poner el
personal suficiente, en las cuadrillas de Líneas Aéreas, como lo
prescribe el propio convenio.
“Noveno.- Por no querer presentar las
bases prometidas en el convenio aludido, para el sueldo
Estándar.
“Décimo.- Por no pagar al compañero
Rosendo Rojas, su sueldo correspondiente como ayudante durante once
meses, en el
departamento de Subestaciones
“Decimoprimero.- Por no pagar a los
compañeros Gabriel Hernández, Manuel Rojas y Silvestre Rangel, dos
horas extraordinarias y tiempo doble, durante tres años, que las
trabajaron en el Almacén del Patio del
Valle,
“Duodécimo.- Por no pagar al compañero
Bernabé Campuzano, la cantidad de $50.00, por diferencia de sueldo,
desde
el día 28 de marzo de 1921, hasta el día 31 de diciembre del mismo
año, a razón de $1.25 diarios.
“Decimotercero.- Por no
pagar al compañero Manuel Díaz, la cantidad de $50.00 por
diferencia de sueldo, desde el día 28 de marzo de 1921, hasta el
día 31 de diciembre del mismo año, a razón de $1.25
diarios.
“Decimocuarto.- Por exigir a los compañeros que le
prestan servicios en las Líneas de Transmisión, trabajar
diariamente más horas de las que reglamenta la Constitución, sin
retribución, conforme a la misma.
“Decimoquinta.- Por
negarse a nombrar sus representantes a la junta Permanente de
Conciliación, en Necaxa, Pue., para que, conforme a la ley del Trabajo
del Estado Libre y Soberano de Puebla, en su artículo X obre en el caso
de la separación injustificada del trabajo, de cincuenta
compañeros.”
En los días en que se anuncia la
inminencia de la huelga de los electricista, el país atravesaba por una
situación de calma política, pues a excepción de una
rebelión local en Michoacán en contra del gobierno del general
Mújica, y de un conflicto político en Puebla, en contra del
gobernador José María Sánchez, el resto del país se
encontraba tranquilo. Asimismo, aunque el 19 de febrero, la prensa
consignó una rebelión militar en el norte que tenía ligas
con el general Francisco Murguia esta aborto al capturarse a sus
principales
cabecillas; y el 24 de febrero se alz6 en armas el general Antonio
Medina, en el
estado de Puebla al mando de 21 hombres, estos alzamientos no eran
importantes y
además no significaban ningún peligro para el gobierno de
Obregón. (80)
En estos días, el gobierno mexicano se
encontraba en Pláticas con los representantes de las principales
compañías petroleras para llegar a un arreglo para el pago del
impuesto a la exportación de petróleo, En generar estas
pláticas avanzaban como lo muestra indirecta mente el que las
compañías pagasen por estos días alrededor de 5 millones de
pesos que daban al fisco, por concepto de impuestos de producción 7:
durante el mes de enero.
Sin embargo, de acuerdo a las información
oficiales de los cónsules mexicanos en los E. U. , en ese país se
había desatado una nueva campaña para hacer fracasar cualquier
arreglo Por ejemplo, la oficina de petróleo de Washington, en inf9rmes
a
la Cámara “sobre el problema petrolero en los Estados
Unidos”, habías señalado que el gobierno de los E.U.
debía utilizar todos los medios necesarios para asegura se la
producción petrolera presente y futura de México, y que no
debía esperar que se res mentara el articulo 27, sino proceder como lo
x4eauerran las circunstancias También los banqueros de Wall Street
habían desatado una c pafia contra México, destinada a causar
desconfianza entre los petroleros y banqueros que habían pactado
arreglos
con México: por ejemplo criticaban a Dohony “...por haber aceptado
pago de los derechos de exportación, indican que no debería
haberlo hecho, sin esperar a que la presión americana obligara al
gobierno de México a derogar todas las leyes y decretos que los
petroleros estiman atentatorio8 a 55 intereses t, Estos banqueros
también
habían sugerido al Secretario del Interior Albert Fall, hacer
presión ante el gobierno de México para este firmara un tratado de
amistad, en donde se les garantizara un trato de privilegio (82)
Asimismo, el
periódico “United Press” había afirmado que en
Yucatán se había proclamado la república Soviet, y que una
conspiración obligó a Obregón a trasladar a Veracruz su
gobierno. Pese a esta intensa campaña, algunos sectores de la
burguesía de los E.U. por intermedio de sus representantes
políticos se pronunciaban por el reconocimiento de México
—por los E.U. como fue el caso del representante por Texas en la
Cámara de Representantes.(83)
Finalmente, estos arreglos con las
compañías petroleras, concluyeron el 21 de febrero, al firmarse un
convenio en el que se estipula que estos impuestos a la exportación
serían cubiertos en oro nacional o en bonos de la deuda pública,
recibiéndose estos, así como los cupones, vencidos o no, por el
valor nominal de los propios bonos. Asimismo se estipulaba que las
compañías petroleras podrían por una sola vez y respecto de
lo adeudado hasta el enero, entregar a la Tesorería General de la
nación, en vez de la deuda pública, su equivalente actual al
promedio importe del valor nominal de dichos bonos.
Los peri6dicos de los
E.U. como “The World” plantearon que la firma de este convenio
constituía el primer paso para el reconocimiento de México, siendo
el siguiente paso la negociación para el pago de la deuda exterior de
nuestro país. (84)
De hecho esta situación favorable del
gobierno de México en sus relaciones con el imperialismo norteamericano
abarcarían el periodo de tiempo en que se da la movilización de
los electricistas.
E1 mismo día en que el SME voto nuevamente a
favor de la huelga, el gobierno del D.F. giró un oficio tanto al SME
como a los tranviarios invitándolos para un reunión el 25, con el
objeto de discutir las demandas hechas por ambas organizaciones. (85)
Estas
juntas conciliatorias que se prolongaron hasta el 1 de marzo no
lograron
ningún resultado positivo pues la Cía. de Luz se negaba a ceder en
4 puntos esenciales de las peticiones de los e1etricístas, a saber:
indemnización de tres meses de sueldo a los obreros cesados;
eliminación de ciertas cláusulas de los contratos de trabajo por
las cuales se hacia renunciar de ciertos derechos que otorga la
Constitución;. e indemnización por accidentes de trabajo y
separación del señor Hausser. El único punto que
había concedido la empresa era el referente a la instalación de un
hospital en Necaxa,. rechazando los otros, “por considerarlo injusto
para
la empresa”.
Así las cosas, el 1 de marzo, habiendo
declarado los representantes electricistas que no entrarían en
transacciones “si no era a base de lo que tenían propuesto”,
el gerente de la Cía. de Luz respondió a la junta , “que si
no armonizaban sus intereses con los de la compañía, el se
vería en la necesidad de no realizar siquiera el ofrecimiento que
consta
en el cuarto de los puntos –se refería a la instalación de
un hospital en Necaxa– Esta actitud desafiante y arrogante del gerente
de
la Cía. de Luz provocó un profundo resentimiento en los
trabajadores que se retiraron de las oficinas del gobernador Celestino
Gasca,
dando por terminadas las pláticas conciliatorias. Los representantes
electricistas abandonaron las oficinas del gobierno del D.F. y se
dirigieron al
local del SME, donde informaron a la asamblea del resultado de las
gestiones,
habiendo acordado esta, decretar la huelga en 1a fecha fijada.
Ese mismo
día, los tranviarios declararon que secundarían el movimiento de
los electricistas y el sindicato de Panaderos, así como todos los
sindicatos adheridos a la CGT acordaron prestar solidaridad tanto a los
electricistas como a los tranviarios. Al parecer también se recibieron
notificaciones de los sindicatos de Puebla, Hidalgo, México,
Michoacán, Querétaro ,y Guanajuato, comunicándole al SME
que secundarían la huelga si no se llegaba a un acuerdo
satisfactorio.
E1 SME por su parte, ese día, dio a la prensa un
comunicado en que explicaba el porqué de su movimiento de huelga. Este
comunicado apareció el 2 de marzo y decía lo
siguiente.”
“Fresca aun está. en la memoria, el
último conflicto que sostuvieron los electricistas la
Compañía de Luz y Fuerza Motriz, S.A. y del cual el público
fue ampliamente informado cuando de nuevo surge el espectro aterrador
de
posibilidad de una huelga general ¿Quien tiene la culpa del conflicto?
Antes de que esta lucha colosal entre el capital y el trabajo lleve a
cabo,
conviene hacer saber al gobierno y al público en general, el origen de
dicho movimiento.”
“Es ya tradicional la paciencia con que
los trabajadores de la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza Motriz,
S.A. han sabido esperar su mejoramiento. Dos meses hace poco más o
menos,
que la Compañía firmó un convenio con sus empleados ,y
obreros. En dicho convenio se estipulaba que la Compañía
daría tres meses de sueldo a empleados y obreros que fueran cesados de
su
trabajo sin causa justificada. La Compañía violó ese punto
haciendo dimitir a quince obreros de las plantas de vapor de San
Lázaro,
Indianilla y Nonoalco, sin indemnización.”
La
Compañía se comprometió a dar medios de
transportación para los trabajadores de construcción;; esta
cláusula no ha sido cumplida en todas sus partes.”
La
compañía se comprometió a internar en Hospitales de primera
clase a los obreros lesionados por accidentes en el trabajo; este punto
no lo ha
cumplido, dejándolo siempre pendiente en todos los casos que se le han
presentado.”
“La compañía no ha cumplido con la
cláusula, referente al escalafón, poniendo siempre pretextos o
evasivas para señalar los candidatos, a los puestos
vacantes.
“La compañía ha rehusado especificar,
según dicho convenio, cuales son los
trabajos.”
“Igualmente la compañía se ha negado
a aumentar el número de trabajadores que componen las cuadrillas en los
departamentos de Líneas Aéreas y Cables.”
“La
compañía se ha concretado a dejar “pendiente” el caso
de indemnización a los Compañeros
accidentados”
“Una vez que los empleados y obreros de la
Compañía de Luz y Fuerza Motriz, S.A. han sido engañados,
no les queda más recurso que apelar a la huelga, si la
Compañía no cumple con el convenio en el corto lapso de tiempo que
le queda.”
“Como los proletariados saben muy bien que todos
los gobiernos del mundo —exceptuando el de Rusia— son aliados del
capitalismo, y como a conflictos anteriores que han tenido los
electricistas con
la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, S.A. los gobiernos
pasados, para lograr la victoria del capitalismo y perpetuar la
esclavitud
económica de los hombres han querido atribuirles un carácter
político los electricistas DECLARAN SOLEMNEMENTE ante la sociedad y el
mundo civilizado, que su movimiento no abriga en si miras políticas;
que
tras este movimiento puramente económico social, no hay lideres
políticos ni militares que puedan aprovecharse de la situación
creada por una huelga.”
“Por otra parte, los proletariados
que están ya empapados en la lucha de clases, no pueden esperar,
mientras
exista el sistema actual de explotación, que la burguesía los
llegue a salvar; ni tampoco creen que sea justo y decoroso que
permanezcan mudos
en presencia del dolor el sufrimiento por el simple hecho de no querer
ocasionar
un malestar social, lanzándose a la, huelga.”
Por
último los ELECTRICISTAS ANTICIPAN a la policía de la metr6poli
que adopte una actitud recta y justa dentro del cumplimiento de su
deber.”
“También se pone en conocimiento de los
obreros libres y esquiroles, que el Sindicato Mexicano de Electricistas
no
será responsable de los ultrajes que pudieran sufrir por parte de
aquellos que simpaticen con la huelga. Pues aunque reconoce la libertad
en el
trabajo, el principio de solidaridad esta más alto.”
SALUD
Y REVOLUCION SOCIAL
EL COMITE PRO HUELGA (86)
Este desplegado del SME es bastante
ilustrativo respecto a la conciencia alcanzada por sus miembros y
dirección. Hecho en un momento de tensión, necesariamente refleja
el cúmulo de experiencias y lecciones que el SME había asimilado
en su corta historia.
Aparte del espacio que le dedican en el desplegado
a dar a conocer las razones inmediatas de su movimiento y que se
refieren a las
violaciones que la empresa había cometido, una parte importante del
mismo
lo dedican a explicar políticamente su movimiento, en los términos
siguientes:
Reconocen la lucha de clases y señalan que dentro del
actual sistema de explotación capitalista no es a la burguesía a
la que le corresponde remediar sus males, sino a ellos.
Tienen conciencia
del carácter básico y de la importancia económica de la
industria en que laboraban.
Identifican al gobierno aún cuando la
alusión la pretendan disfrazar refiriéndose a lo pasado, como un
aliado de la burguesía.
Dotan a su movimiento de un
carácter exclusivamente económico, desligándolo de lo
político.
Y finalmente reconocen, indirectamente, al hacer referencia
a su paciencia, el carácter no radical con que conducían a sus
movimientos y dentro del cual la huelga era el último
“recurso”.
Durante el tiempo que duraron las juntas de
avenencia hasta el rompimiento de las mismas por la actitud desafiante
y
arrogante de la Cía. de Luz, el ambiente obrero de la Capital
atravesaba
por un momento de gran tensión, debido a la represión de que
fueron objeto los trabajadores del Sindicato de Chóferes a manos de la
policía el 27 de febrero. Estos trabajadores habían declarado la
huelga desde el 26 de febrero en protesta contra la tarifa-horario que
el
ayuntamiento de la Ciudad de México les había impuesto
(87)
Esta movilización que había logrado el apoyo solidario
de la Federación de Sindicatos Obreros del D.F. fue solucionado
favorablemente el 1º de marzo (88), Un día antes de que los
electricistas declararán la huelga y no es aventurado pensar que en
esta
pronta solución haya pesado la presión que significaba la
inminencia de la huelga de los electricistas.
Todavía el 2 de marzo,
día en que estallaría la huelga a las 12 de la noche, se intento
solucionar el conflicto habiendo para tal efecto convocado el gobierno
del D.F.
a una reunión que se celebraría a las 10 de la mañana en el
despacho de la Presidencia de la República.
En esta reunión
donde los electricistas expusieron sus peticiones a Álvaro
Obregón, con la intención de este, se pudo conseguir la
conciliación de los intereses de ambas partes en la mayor parte de las
demandas de los electricistas, aunque no se logro ningún resultado
acerca
de la indemnización de los señores Marín, José Bauch
y Solsoma,; así como el punto que exigía la destitución del
señor Hausser.
En lo que se refiere a las indemnizaciones y
contratos. Estos últimos fueron aceptados por los trabajadores tal y
como
los planteaba la Cía. de Luz para obviar dificultades, aunque los
consideraron anticonstitucionales. Esto fue debido a que se acordó
pagar
un mes de indemnización a los obreros cesados con más de cuatro
meses de trabajo; dos meses de indemnización después de ocho meses
de trabajo y tres meses de indemnización después de un año
de firmado el contrato.
Las pláticas conciliatorias se reanudaron
en la tarde, aún cuando sin lograr ningún acuerdo que diese por
terminado el conflicto.
Por lo que la asamblea del SME nombro una
comisión que comunico al gobernador del D.F. que las seis de la tarde
se
acercaban y después de ese tiempo sería imposible evitar la
huelga.
Al fracasar este último intento conciliatorio, debido a la
intransigencia de la Cía. de Luz, el gobernador Celestino Gasca,
informo
de los resultados al Presidente y le comunico que estaría en el local
del
SME “ para conocer la opinión exacta de las clases trabajadoras
sobre las gestiones llevadas a cabo.”
Al parecer el gobernador
Gasca, intentaba detener la huelga en el seno mismo de la asamblea de
los
Electricistas.
A eso de las 8 de la noche llego Gasca al salón de
cesiones del SME, acompañado del general Rodríguez . En el
salón de la asamblea, los representantes de la prensa ocupaban sitios
junto a la mesa directiva. A su llegada, el gobernador fue recibido con
cordialidad, continuando en el uso de la palabra varios oradores que
interrogaron a la asamblea, preguntando si creían conveniente llevar a
cabo la huelga decretada “dado que habían obtenido la mayor parte
de las peticiones hechas a la Compañía de Luz y Fuerza
Motriz.” La respuesta de la asamblea fue unánime: a la huelga, sino
se separaba de su puesto a Hausser y se indemnizaba a Marin, Bauch y
Solsoma;
compañeros que “...a consecuencia de su constancia y
desinterés en la lucha sindical, a últimas hora fue
separado.”
Tanto Salvador Celis Gutiérrez, como Jorge V.
Solsoma rindieron un detallado informe a la asamblea de los resultados
obtenidos
en las pláticas conciliatorias celebradas con el gobernador y el
presidente de la República. A continuación Gasca pidió la
palabra, expresando que las leyes eran producto de las necesidades y
aspiraciones de los pueblos y que por tanto necesitaban forzosamente
ser
respetadas, planteando que estas leyes no habían podido ser
reglamentadas
“ y que por esta circunstancia se registraban estos contratiempos entre
las entidades capital y trabajo”; que el gobierno había hecho todo
lo posible para solucionar el conflicto y que si bien las últimas
peticiones no fueron aceptadas por la Cía., de Luz, el pliego de
peticiones si les había sido aceptado por la empresa; precisando a
continuación “que los trabajadores al decretar la huelga, se
colocaban frente al gobierno que conforme a lo prescrito en la
Constitución General de la República, tiene que prestar amplias
garantías a la empresa afectada, para que reanude desde luego los
servicios interrumpidos. Y en esa forma procederá el gobierno, dijo el
señor Gasca, porque con el presente movimiento se lesionan los
servicios
públicos.” Advirtiendo a continuación que era sobre el SME
que recaían todas las responsabilidades de los acontecimientos que se
registrasen a consecuencia de la huelga. Estas palabras fueron
recibidas con
descontento por la asamblea, agravándose cuando Celestino Gasca
agregó, “que los obreros de mayor cultura (“las
responsabilidades del individuo se miden por su cultura” dijo) de
facilidades amplias de comprensión que dirigían el movimiento eran
los mayormente responsables de los trastornos futuros. “No, no,
no..prorrumpieron varias voces...” La asamblea también se
exaltó cuando, al finalizar, Gasca dijo que haría respetar el
derecho de concertación de contratos por parte de los
“libres” o esquiroles.
Tanto Celis como Solsoma, al tomar la
palabra para contestar al gobernador, reconocieron la “buena
voluntad” de parte del gobierno, pero declararon , “.. abierta,
categórica, terminantemente, que “la buena voluntad de los
funcionarios, no basta, no ha bastado ni satisfacerá las aspiraciones y
necesidades de las clases proletarias. Reconocer lo dicho en el
gobierno, no
implica, para el proletariado, que sus intereses estén garantizados.
Por
lo demás si las leyes deben respetarse, por ser producto de los
pueblos,
esa no es obligación tan solo de los trabajadores, sino de todas las
compañías y de todo mundo. En consecuencia, ya que la
constitución del 17 surgió como se dice de las aspiraciones y
necesidades de las clases populares, debemos nosotros, por medio de la
acción, la equidad y la justicia, hacerla respetar. Para ello, hay que
declarar la huelga.” Otro orador afirmo: “Nosotros que fuimos
llamados a ala lucha revolucionaria, no lo hicimos para formar malas
leyes, sino
para conquistar libertades, ¿Por qué, pues, hoy, a nombre de la ley,
y olvidándose los derechos que la Constitución nos concede, se nos
pretende hacer responsables de las consecuencias de este conflicto?
.... la
única responsable es la compañía.” En forma parecida
hicieron uso de la palabra Salvador Celis Gutiérrez, Miguel Tapia,
Enrique Ramírez, R. Balleza, Jenaro Gómez y otros. Sus palabras
fueron sancionadas terminantemente por todos los integrantes de la
asamblea.
El gobernador Celestino Gasca se disponía a salir,
después de haber fracasado en su empeño de evitar la huelga,
cuando la asamblea le pidió que permaneciese unos minutos más con
el fin de enterarse cual era el sentir de los trabajadores.
Algún
orador pronunció las siguientes palabras:
“Señor
Gobernador, compañero Gasca: Declaramos públicamente, para
conocimiento de la sociedad, que no hacemos huelga en contra del
gobierno ni
que, por lo tanto, abrigamos el propósito de enfrentarnos a él;
nosotros reclamamos el respeto de nuestros derechos, dentro de la
equidad y la
justicia. Si el gobierno, por expresiones de ud. Ciudadano gobernador
del
Distrito, ha reconocido que en nuestras peticiones nos inspira un alto
espíritu de justicia, nosotros afirmamos que de este grave conflicto,
la
única responsable es la Compañía de Luz y Fuerza, o sus
representantes, que se han mostrado intransigentes. “Además se
advirtió al gobernador, que de ninguna manera podía sentarse el
precedente de que existía pugna entre uno y otro precepto
constitucional,
como se pretende al desconocerse derechos a los trabajadores y
protegerse
ampliamente a los industriales. Agregando por último, que en caso de
agravarse la situación, el gobierno debía incautarse la
compañía.
Al abandonar el gobernador el salón del
SME la asamblea estalló en violentas y elocuentes frases a favor de la
huelga, de la acción directa y de la incautación de la Cía.
de Luz por el gobierno.
Finalmente, en medio del inmenso entusiasmo de
los asambleístas, se nombraron las comisiones que en ese momento
salieron
del local a todas las plantas productoras de energía para indicar a sus
compañeros que a las 12 de la noche deberían abandonar sus puestos
por haberse decretado la huelga. A última hora, arribó una
comisión de Necaxa, informando que sus compañeros estaban
dispuestos a ir a la huelga a la hora señalada. (89)
Este
movimiento de huelga del SME iba a ser secundado por los tranviarios
que el
días 2 de marzo, acordaron decretar la huelga a partir de las 12 de la
noche. Sin embargo, el movimiento de los tranvías se interrumpió a
eso de las 7 de la noche, por que la empresa, al enterarse de esta
decisión comenzó a retirar los carros que estaban prestando
servicio público.
Inmediatamente después de iniciada la
huelga electricista, la inspección General de Policía dispuso que
todas las plantas de Luz, energía o bombas fuesen vigiladas severamente
a
fin de evitar que fueran víctimas de algún atentado. Acordaron,
además, redoblar la vigilancia a partir de las 12 de la noche con
ordenes
de detener a todo individuo que fuese sospechoso. (90)
Como a eso de la
una de la mañana, un grupo de policías que hacía ronda por
el rumbo de la Colonia San Rafael, detuvo a varios huelguistas que a
bordo de
automóviles y supuestamente conduciendo instrumentos, iban a cortar
cables de Línea Elevada. Los huelguistas, sin oponer resistencia fueron
conducidos a ala Inspección General de Policía, donde quedaron
detenidos.
El gobernador del D.F. después de recibir los informes que
le rindieron los empleados de la Inspección General de Policía,
confirmando la detención de los 10 huelguistas, ordeno que por vía
telefónica se citara a Celis Gutiérrez y al comité
Pro-Huelga, “...con el objeto de celebrar con ellos una nueva
conferencia,
tendiente a evitar que se consumarán actos y violentos, durante el
tiempo
que durase el movimiento.”
Por su parte los electricistas de
Necaxa, al decretarse el inicio de la huelga, procedieron a cortar la
corriente
eléctrica que surtía la capital, alcanzado a cortar 3
líneas conductores de 85 mil voltios, cada una y dos de 20 mil; sin
embargo, una de ellas de 20 mil voltios, siguió funcionando debido a
que
tropas al mando del general Elizondo, impidieron a los trabajadores que
abandonase sus centros de trabajo. Debido a esto, el servicio de luz no
se
interrumpió en el D.F., y solo las pequeñas industrias como
Talleres de Zapaterías, Terneria Mecánica y 3 o 4 fábricas
de hilados y tejidos sufrieron los efectos de la huelga. Las grandes
industrias
contaban con plantas propias. Se calcula que solo aproximadamente unos
600
obreros suspendieron su trabajo debido a huelga electricista. (91)
Apenas
tuvo conocimiento el SME de la detención de los 10 compañeros,
una comisión se presentó en las oficinas del gobernados, pidiendo
la libertad de los detenidos. Se les contestó que los elementos
más conscientes ya habían sido puestos en libertad, pero que con
el resto no podía procederse en igual forma. Además se les
comunicó a los huelguistas, que el gobierno estaba dispuesto a impartir
amplias garantías a la propiedad de la empresa y a no permitir que se
interrumpiera el servicio público.
Por su parte el Comité
Pro-Huelga del SME se dirigió a la Inspección General de Policia,
donde solicito credencial para las comisiones que se encargarían de
resguardar los intereses de los trabajadores vigilando frente a las
puertas de
las diferentes planteas de energía eléctrica, para que la huelga
no fuera rota por obreros “libres” o esquiroles.
La noticia
de que el ejército había impedido que los trabajadores de Necaxa
abandonarán sus trabajos produjo en el SME un profundo resentimiento,
pues decían que al “....exigírseles diez días de
plazo para decretar al movimiento se tuvo en cuenta la constitución
general de la República, a la vez que los preceptos que se refieren al
derecho de huelga que asiste a las clases laborantes... pero que,
cuando el
movimiento se decreto, entonces elásticamente se dió
interpretación a la carta magna y a pretexto de atender un servicio
público se ejerce violencia y presión en contra del proletariado,
cuyos derechos, con tal procedimiento no son respetados.” Haciendo
hincapié, además, los huelguistas, en que ningún precepto
constitucional esta en pugna con otro, y que si el gobierno quería
garantizar el servicio público, no se obligará a los obreros a
trabajar a la fuerza, sino que se usarán de otros procedimientos pero
ajustando siempre a la equidad.
Ese mismo día 3 de marzo, los
integrantes del sindicato de tráfico dirigieron a la Cía de
Tranvías y al Gobierno del D.F. una circular explicando que ellos no
eran
responsables de la suspensión del tráfico efectuado el 2 de marzo,
sino la Cía de Tranvías; acordando además protestar
enérgicamente por la detención de los electricistas, así
como porque se les hiciese trabajar a fuerza de bayoneta a los
trabajadores de
Necaxa.
En esta misma asamblea, en que la Comisión que entrevisto
a Gasca, rindió un informe de sus gestiones, se propuso que se
organizará una manifestación de protesta para pedir
públicamente al gobernador del D.F. la libertad de los electricistas
detenidos. Sin embargo, la asamblea en forma unánime manifestó su
inconformidad “...aduciendo que los electricistas no querían
valerse de esas manifestaciones que no conducen a nada favorable, y si
de otros
procedimientos dignos de la clase libertaría, o sea la
productora.”
Cuando más animada estaba la asamblea de
Uruguay, se presento el Secretario General de la Federación de
Sindicatos
de Hilados y Tejidos del D.F., manifestando su apoyo al movimiento y
diciendo
que lo secundaría. A su vez, el Sindicato de Obreros Panaderos del
D.F.,
a través de su secretario General Manuel Ponce de León, testimonio
una vez más su apoyo a los electricistas y anuncio que al día
siguiente celebraría una magna asamblea para tratar lo relativo a
inmediata secundación de la huelga. Lo mismo dijo la unión de
molineros de Trigo y Similares, a través de su representante Leonardo
Hernández. Por su parte la Federación de Tranviarios
declaró nuevamente que hacía suyo el movimiento de los
electricistas.
Así mismo en esta asamblea se produjeron
incendiarios discursos abogando por la incautación de la Cía. de
Luz y Tranvías.
A eso de las 8 de la noche, el presidente
Álvaro Obregón ordeno que se llamará al comité
Pro-Huelga del SME al castillo de Chapultepec, a fin de celebrar una
conferencia. El comité acepto de inmediato, “...causa por la cual
las asambleas reunidas en la avenida Uruguay y la de los Hombres
Ilustres, se
constituyeron en cesión permanente.
Esta comisión
conferencio con Obregón durante varias horas informándole de las
causas que los habían impulsado a la huelga. Esta comisión
declaro poco después en el asamblea permanente que se celebraba en la
avenida de los Hombres Ilustres que “...el señor Presidente de la
República reconoció que los obreros habían obtenido cosas
que, consideradas desde todo punto de vista, eran excesivas.”
Exhortándolos a reconsiderar su situación, “...y de una vez
por todas declararan si consentían en que nombraran un arbitro, para
ver
si la compañía de Luz y Fuerza estaba o no en lo justo, al no
conceder las indemnizaciones reclamadas para los obreros Marín y
Bauch.”
La asamblea del SME se opuso a la proposición de
Obregón, considerando que la Constitución determinaba que no
podían establecerse tribunales de excepción para dictas fallos y
el arbitraje se consideraba como tribunal de excepción. Finalmente,
Salvador Celis Gutiérrez, que presidía la asamblea preguntó
a esta si continuaba la huelga, a lo que esta repuso afirmativamente.
(92)
El viernes 3 de marzo en la madrugada, la policía detuvo a
varios huelguistas que intentaban cortar los cables conductores de
energía eléctrica. Fueron detenidos unos por los llanos que se
encontraban al lado del Hospital General, otros en las inmediaciones de
la
Planta de Nonoalco y un solitario en la Planta situada en la esquina de
las
calles de San Juan de Dios y Recabado. Sin embargo, un grupo de
huelguistas
logró cortar los cables en un punto llamado “primavera” por
el rumbo de la Condesa Como este cable conducía energía
eléctrica de Nonoalco a Xochimilco, para mover las bombas que surten de
agua a la ciudad de México, inmediatamente el servicio de agua potable
se
suspendió.
Al enterarse de esto, el gobernador del D. F.
“dispuso que un pelotón de gendarmes de la Montada salieran a
proteger a un grupo de electricistas adictos a la Compañía para
que procediera a hacer la reparación del cable cortado y de esta manera
se reanudara el servicio de agua.”Sin embargo, al presentarse los
esquiroles a reparar el cable cortado, los huelguistas se opusieron
terminantemente, teniendo que retirarse los esquiroles; y quedando solo
un
destacamento de la Montada para evitar nuevos daños.
Por su parte
La jefatura de la Guarnición de la Plaza puso a disposición de la
Inspección General de policía a 200 individuos de tropa, para que
se encargaran de hacer guardia en las comisarías, para que así la
policía pudiese intervenir en caso de desordenes. (93)
Debido a
que tanto las autoridades militares como la policía continuaban
apresando
huelguistas, el SME se dirigió al gobernador del D. F. protestando por
estas represalias. “tanto más cuanto que las leyes precisan que a
los trabajadores se les reconoce el derecho de huelga.” Como esas
gestiones resultaron infructuosas, el 4 de marzo, más de 2,000 obreros
tranviarios y electricistas realizaron una manifestación de protesta,
que
recorrió la avenida Uruguay, Indianilla, Bucareli, avenida Juárez,
Madero, 5 de febrero, hasta regresar a Uruguay. Ahí, frente al edificio
sindical de la CGT, realizaron un mitin, en el que varios lideres
criticaron
severamente a los industriales y comentaron la actitud asumida por el
gobierno.
Los oradores que hablaron desde los balcones de la CGT “manifestaron
que
antes de celebrar una ridícula y tendenciosa transacción con los
industriales, o sea con la Compañía de Luz y Fuera, se
debería recurrir desde luego a la acción directa, al sabotaje, y,
si las autoridades militares continúan obligando a los obreros a
trabajar
por la fuerza, no obstante de que se les ha reconocido el derecho de
huelga,
entonces se hace necesario defender en otra forma los derechos de las
clases
proletarias ultrajadas.”
En realidad, esta era una
concepción de métodos de lucha de la CGT. La del SME como lo
demuestra su inicial rechaza a esta manifestación, así como la
descripción que hemos hecho de sus principales movilizaciones, era
precisamente la que repudiaba esta posición sostenida por los
tranviarios, la transacción.
Ese día en que se
realizó la manifestación, el sindicato de Obreros Panaderos
decretó la huelga, y el consejo de la Federación Local de la CGT
determinó que todos los sindicatos decretasen la huelga desde
luego.
Las agrupaciones que habían resuelto seguir la suerte que
pudiera correr el SME eran: la Federación de Hilados y Tejidos del D.F.
y
del Estado de México, la Unión de Molineros de Nixtamal y
Similares, el sindicato de Empleados y Obreros de la Cía.
Telefónica y Telegráfica Mexicana, el sindicato de Tráfico
de talleres de la Cía. de Tranvías y otros. El sindicato de
Chóferes no acepto la invitación hecha por los panaderos para
secundar el movimiento, pues pertenecía a la federación de
Sindicatos Obreros del D.F., que era una filial de la CROM.
Ese día
continuaron los trabajos iniciados el 3 de marzo, tendientes a lograr
la
unificación de tranviarios y electricistas, acordándose en la
asamblea nombrar dos comisiones: una para que prestase la ayuda
necesaria al
comité pro-huelga de los electricistas y otra, para que con dicho
comité y en asamblea plenaria tratase lo relativo a la unificación
de los gremios.
Ese día, la policía frustro otro intento de
cortar los cables de energía eléctrica, que se encontraban por el
rumbo de Tepexpan.
Las plantas de luz que habían estado vigiladas
por policías, a partir del 4 de marzo comenzaron a serlo por tropas
Federales. En las plantas de indianilla, Nonoalco, San Lazaro y San
Juan de
Dios, además del destacamento federal había 2 ametralladoras en
cada una de ellas. Asimismo en la inspección general de policía
dispuso que dos camiones con tropa federal de la que tenía a sus
ordenes,
se presentara para escoltar a las cuadrillas de trabajadores que iban a
reparar
los desperfectos en las líneas, así como para el cambio de los
carbones en los focos de arco. Donde esta manera a la una de la tarde
del 4 de
marzo, se reanudó el servicio de agua para la ciudad, al ser reparados
los cables de 20,000 volteos que habían sido cortados en “ la
primavera”; y para evitar que fueran cortados nuevamente, 200 hombres
repartidos en camiones vigilaban las zonas por donde pasaban estos
cables.
En la noche de ese día, el sindicato de panaderos reunido
en la asamblea en las calles de Netzahualcoyotl, propuso y organizo una
manifestación, que en numero de 1000 salió de su local hasta
llegar a la Avenida e Uruguay, siguiendo hasta el edificio de la CGT.
Los
manifestantes portando el estandarte rojo y negro expresaban su
descontento y
gritaban mueran a la burguesía. En el trayecto se les unieron los
tranviarios que se encontraban reunidos en la Avenida de Uruguay # 23,
continuando la manifestación por las calles de San Juan de Letran dando
vuelta por la Avenida Juárez, hasta llegar frente al edificio del
gobierno del D. F. ahí un líder llamado “Laurito”
arengó a los manifestantes, “aconsejándoles firmeza y
energía para llegar hasta el triunfo o la derrota, pero siempre
ejerciendo la acción directa.”
Mientras todo esto
ocurría, los representantes del SME continuaban conferenciando con el
gobernador del D.F. habiendo llegado al acuerdo de que los obreros
cesados,
Marin y Bauch, recibirían un mes de sueldo como indemnización(94),
mientras que el caso pasaba a un Tribunal para que este dictaminara si
dichos
trabajadores eran responsables de las calumnias que emanaron del Sr.
Hausser.
Llegado a este acuerdo, el gobernador pidió que se suspendiera la
conferencia a fin de que el convenio a que habían llegado fuera
requisitado mediante las firmas del gerente de la Cía. de Luz y de los
miembros del Comité Pro-Huelga, además de él;
acordándose reanudar las pláticas a las 12 de la noche para firmar
el convenio.
Los representantes electricistas se mostraban complacidos de
los resultados obtenidos y declararon que el conflicto podía
considerarse
solucionado, pero que mientras no se firmara el convenio y fueran
puestos e libertad sus compañeros, la huelga continuaría
agregándosele otros gremios.
La detención de los huelguistas
electricistas se había convertido en un serio problema, pues sus
compañeros, exasperados, habían resuelto obtener su
autonomía, si era necesario hasta por medios violentos. Esto no
ocurrió, pues apenas firmado el convenio, los huelguistas detenidos
fueron puestos en libertad..
Apenas se firmó el convenio, los
electricistas entraron a trabajar nuevamente y a reparar los cables
rotos
durante los días que duró la huelga. Horas después de
solucionado el conflicto, el comité Pro-Huelga giró circulares
telegráficas a los operarios de Necaxa, informándoles que se
había llegado a un acuerdo favorable, pues todas las peticiones
formuladas habían sido aceptadas por la Cía. de Luz.
De los
resultados obtenidos el SME informó en una asamblea celebrada el 5 de
marzo en la mañana.
Entre los trabajadores del D. F. se comentó
ampliamente el triunfo obtenido por los electricista, recibiendo
telegramas de
las divisiones en las que se les felicitaba, precisándole, además,
que debía hacer cuantas gestiones estuvieran a su alcance para que el
nuevo convenio se cumpliera en todas sus partes y no sucediese lo mismo
que con
el convenio del 31 de diciembre de3 1921. Por su parte, la CGT
manifestó
que estaría pendiente, vigilando que la Cía. de Luz cumpliese lo
preceptuado en el convenio. (95)
Sin embargo, la Cía. de Luz, no
se había percatado todavía de la fuerza que había tomado el
SME, pues un alto empleado de la empresa resolvió reponer en su puesto
al
Sr. Hausser, en su carácter de jefe del departamento de Conexiones.
Ante
esto, los trabajadores de Conexiones cortaron de inmediato la energía
eléctrica, en la mañana del 6 de marzo y provocaron que la ciudad
quedara sin agua potable algunas horas. Con esta medida de presión,
ante
el gobernador, obteniendo que el Sr. Hausser no tuviera ya ninguna
injerencia en
dicho departamento. (96)
Así como el convenio de 1920
significó el despertar de l SME nuevamente a la vida sindical y su
reconocimiento de hecho ante la Cía. de Luz, y el convenio de 1921
había significado la reconquista , mediante la lucha, mediante le
convenio de 1917, además de la conquista de nievas cláusulas que
garantizaban derechos económicos y laborales; el convenio de 1922 ,
logrado a través de una huelga, sin contar con el apoyo de una parte
del
movimiento obrero de la capital (CROM) y bajo la presión de la bota
militar, significó la defensa de estos derechos conquistados.
No
consiguió ningún derecho nuevo a los trabajadores—aun cuando
el punto 3 del convenio, aun como punto de transacción podría
considerarse como tal.—pero si afirmó la voluntad de los
electricistas organizados en el SME por defender sus conquistas.
LA
CGT Y EL SME, DOS SINDICALISMOS DIFERENTES.
Son evidentes las diferencias observadas entre el tipo
de sindicalismo
practicado por el SME y el de los Tranviarios. Pertenecientes de hecho
a una
misma empresa y existiendo una intima relación entre los agremiados de
ambas agrupaciones, existía pese a todo esto una radical diferencia en
la
concepción de su lucha sindical, así como en los métodos y
formas de acción empleados para lograr sus objetivos.
En tanto los
Tranviarios, acorde con su ideología anarcosindicalista, de una manera
nebulosa concebían la lucha sindical como un procedimiento para
alcanzar
la aspiración suprema del “comunismo libertario” y la
“plena emancipación de los obreros y campesinos”, el SME
restringía la lucha sindical a una función cuyo objetivo era
meramente alcanzar el mejoramiento de los trabajadores, respaldando y
apoyando
sus luchas en el artículo 123 constitucional. Tanto la
movilización de 1921, como la u de marzo de 1922, son muestras
palpables
de esta posición del SME.
Recordemos, por ejemplo, la asamblea del 30
de diciembre de 1921, en donde los electricistas declaran
explícitamente
que sus peticiones están respaldadas en le contenido del art. 123
así como la respuesta de los principales dirigentes del SME al discurso
del gobernador, que amenazaba con detener la huelga de marzo de
1922.
Naturalmente, que a partir de concepciones tan opuestas de la
función de la lucha sindical se derivaban métodos y formas de
lucha diferentes. Así, en tanto los tranviarios planteaban la
solución de sus conflictos a través de la huelga misma—como
una forma de ejercer su llamada “acción directa” –
hecho a partir del cual aceptaban o rechazaban un proceso de
negociación
de sus principales demandas, el SME por el contrario prefería seguir un
lento proceso de negociación, al final de los cuales una vez agotado
este
camino, se planteaban la huelga.
Pero aun más. En la medida en que
los tranviarios concebían la lucha sindical como una forma a
través de la cual alcanzar la nebulosidad e su “comunismo
libertario”, en sus movilizaciones descuidaban o le conferían un
lugar secundario a las cuestiones particulares que habían generado esas
movilizaciones. Recordemos por ejemplo, como en la discusión acerca de
si
se aceptaba la lucha por los contratos colectivos en el Congreso que
dio origen
a la CGT, un orador manifestaba “¿Qué nos importa a nosotros
el contrato colectivo, cuando nuestro objeto esencial, fundamental, uno
es el
todo”.Este ejemplo nos ayuda a comprender como en la ideología
anarconsindicalista, en aras de objetivos poco definidos, se olvidaban
o
despreciaban todas aquellas cuestiones programáticas que señalaban
el camino y el ritmo por medio del cual se podía avanzar en el logro de
ese objetivo.
Por lo demás, aunque estos problemas no destacan en
las movilizaciones de los tranviarios pues se trataban de luchas
defensivas, es
evidente la falta de un programa que contemplase demandas laborales.
Simplemente
no las había y esto porque entre el objetivo final y los problemas
particulares que los empujaban a la movilización no se contemplaban los
pasos necesarios para avanzar hacia ellos.
Al contrario de los
tranviarios, el SME en la medida que confería a la lucha sindical la
función de servir como instrumento para lograr el mejoramiento
económico y social de los trabajadores, sus movilizaciones iban
apoyadas
en una serie de puntos reivindicativos, ya conquistados o que
pretendían
conquistar. Esto no solamente posibilitaba la negociación de sus
demandas, sino que también permitía avanzar objetivamente en sus
condiciones laborales, como lo muestran las conquistas del convenio de
1921, que
iban más allá de lo planteado por el artículo 123 de la
Constitución.
Que la lucha del SME quedaba limitada a una lucha
puramente económica y reivindicativa era obvio. Pero el SME por si
mismo
no podía avanzar más allá. Hacía falta una
dirección política proletaria que, a partir de sus propias
movilizaciones e intereses particulares, hiciera avanzar al
proletariado hacia
el logro de su interés histórico, y el socialismo. Pero en
México esa dirección, y el Partido Comunista Mexicano que se la
confirió, objetivamente no cumplió con ella.
La
movilización de diciembre de 1921 y la huelga de 1922 no solo
posibilito
al SME la conquista de nuevos derechos laborales, no solo consiguió que
estos se elevarán por encima de la constitución, sino que
también reafirmó en el SME una serie de principios con los cuales
había emergido al régimen bonapartista de Obregón, y que
eran resultado de sus experiencias previas a partir de la huelga de
1916. Me
refiero a su principio de no participación en política.
El
17 de marzo de 1922, pocos días después de la huelga, en una
asamblea de el SME una asambleísta “...indicando las dificultades
que presentan las huelgas...” propuso “...la unificación con
la Federación de Sindicatos a base de miras políticas.”
Obviamente se refería a la CROM. (97)
La respuesta escueta,
consignada en el libro de actas del SME, de esa asamblea fue” se
acordó que el sindicato no tome participación alguna en
política.” Sin embargo, esta respuesta escueta reflejaba toda una
convicción de los electricistas, cuyo punto de afirmación eran las
movilizaciones dadas en 1921, pero fundamentalmente la huelga de
1922.
Encerraba no solo la asimilación de su experiencia
huelguista; sino también las consecuencias ya patentes en estos
años, a las que conducían un sindicalismo atado a los designios
del Estado, sin independencia política y orgánica.
Este
principio cumplía un doble propósito.- por una parte evitar que
sus movilizaciones fuesen interpretadas como movimientos cuya finalidad
fuera
crear conflictos políticos al gobierno de Obregón; y por otro
lado, y esto fue lo principal, garantizar la independencia de los
electricistas,
para decidir por si mismos sobre sus asuntos internos y sus intereses
económicos.
Así como las movilizaciones del SME en 1920 la
de diciembre de 1921 y la huelga de marzo de 1922 nos brinda la
enseñanza
de que las principales conquistas del sindicato han sido ganadas a
través
de la movilización y a lucha.
Estas mismas movilizaciones nos
brindan una serie de lecciones que en la situación actual cobran
actualidad, dada la situación de despertar del sindicato. Me refiero al
problema de las alianzas y de los apoyos que todo sindicato tiene que
entablar
para sacar adelante su movimiento.
Este problema, ha sido menospreciado o
simplemente ignorado debido en buena parte a la autosuficiencia con que
nuestro
sindicato ha actuado en su pasada y reciente historia. Así, el problema
de la necesidad de buscar apoyo y solidaridad en el resto de la clase,
ha sido
minimizado o bien reducido a un simple formulismo y limitado
exclusivamente a
las organizaciones controladas por el aparato charro. Esta actitud ha
tendido a
aislarnos del resto de los trabajadores, y ha generado la falsa idea de
que para
sacar adelante nuestras demandas nos bastamos nosotros solos.
En este
sentido, las movilizaciones de 1920 pero en mayor medida la de
diciembre de 1921
y la huelga de marzo de 1922, nos muestran que las cosas no han
funcionado
así. La enseñanza más valiosa que nos brindan es que las
conquistas y los avances que en materia económica y laboral ha obtenido
el SME no han estado al margen de una situación de avance y
movilización en el resto del movimiento obrero.
Así por
ejemplo, la reincorporación del SME a la lucha obrera en 1920, así
como el abandono de su letargo y desorganización, difícilmente se
hubiera dado, si no hubiera contado a su favor el apoyo objetivo que le
brindaban las luchas obreras de estos años, así como el apoyo
concreto que le brindó los tranviarios. Es decir, las conquistas del
SME
siempre han dependido del grado de movilización, apoyo y solidaridad,
es
decir, las conquistas del SME siempre han dependido del grado de
movilización, apoyo y solidaridad, es decir de unidad que se ha
alcanzado
en el resto de la clase trabajadora, y nunca se han dado al margen de
estas
luchas.
LA
CGT Y EL FRACASO DE UNA DIRECCIÓN EQUIVOCADA
Ya habíamos dicho como las movilizaciones de las
organizaciones
obreras pertenecientes a la CGT y concretamente los tranviarios,
presionaban al
gobierno de Obregón a buscar una solución arbitral y conciliadora
a los conflictos obreros en 1921; para esto contaron a su favor, con
una
situación nacional de crisis que tendía a inclinar al gobierno a
esta posición por su propia conveniencia. Además vimos, como para
la solución de estos conflictos, había contado también la
disposición de los tranviarios a negociar sus demandas.
Sin embargo,
los tranviarios llevaban ya en su seno la semilla de su derrota. Este
destino
se derivaba de su concepción ideológica, y se manifestaría
por la política intransigente y negada a cualquier negociación en
sus siguientes movilizaciones.
Así, de una posición favorable a
la negociación, que les había permitido aprovechar las condiciones
favorables nacionales en 1921, los tranviarios en 1922 y 1923 pasarían
a
una posición intransigente y negada a cualquier negociación.
Plantearían la solución de sus conflictos en términos del
todo o nada; y apoyarían esta actitud en posiciones exclusivamente de
fuerza, rayando a veces en posiciones francamente provocadoras.
Como
vimos, esta política de la CGT y los tranviarios en la conducción
de sus movimientos derivaba de su ideología anarcosindicalista; que los
orillaba a plantear la solución de sus conflictos en términos de
posiciones de fuerza exclusivamente, y sin un previo análisis del nivel
de correlación de fuerzas en el que objetivamente se ubicaban sus
conflictos.
Pero también esta posición de los tranviarios
en 1922 y 1923, fue el resultado de la asimilación de sus experiencias
previas; en las cuales la empresa sistemáticamente se había negado
a cumplir los compromisos establecidos en los convenios. Significaba
una
desilusión de la táctica de negociación y
transacción, por el incumplimiento de la Cía. de
Tranvías.
Era obvio que este desconocimiento reiterado por parte
de la Cía. de Tranvías, no podía menos que fortalecer la
línea dentro de la CGT y los tranviarios que, como quedo manifiesto en
la
manifestación del 4 de marzo de 1921; estaban por una actitud
intransigente y provocadora. Las huelgas de junio de 1922 y la de enero
de 1923,
son los hechos que lo demuestran.
LA
QUIEBRA DE LA HUELGA DE 1923 DE LOS TRANVIARIOS.
A comienzos de enero de 1923 se comienza a generar la
decisiva huelga de
los tranviarios, cuyo final sería la represión de esta por parte
del gobierno de Obregón y un golpe mortal a la organización obrera
que era la CGT, y cuyo principal pilar era la Federación de Obreros y
empleados de Tranvías.
El inicio de este conflicto iba a ser
generado por la Cía. de Tranvías de México S.A., quien un
mes antes había anunciado, que por exceso de personal, había
tomado el acuerdo de separar a un 10% de los trabajadores; apoyando
esta
decisión en la Constitución que le facultaba, decía, a
separar a los trabajadores que no le fueran necesarios para cubrir sus
servicios.
Esta decisión de la empresa provocó descontento
en todo el gremio de tranviarios, que en asamblea acordaron rechazar
esta
medida, por considerarla injusta. El despido de tres operarios de gran
antigüedad, generó mayor descontento, por lo que los tranviarios, al
fracasar en sus gestiones para que fueran repuestos en sus empleos,
acordaron
dar 10 días de plazo a la Cía. de Tranvías para solucionar
el conflicto o de lo contrario irían a la huelga. De esta decisión
los tranviarios dieron aviso al gobernador del D.F. (48)
Al enterarse de
este conflicto, el gobernador Celestino Gasca citó a una junta a ambas
partes, la cual no pudo efectuarse por no haber asistido los
tranviarios. En las
juntas posteriores no se pudo llegar a ningún arreglo tanto porque
ambas
partes no cedían en sus pretensiones, como porque el gerente general de
la Cía. de Tranvías se encontraba enfermo. (49)
Debido al
estancamiento de las juntas conciliatorias, por la enfermedad de Mr.
Conway, la
declaración de Tranviarios acordó decretar un paro parcial el 13
de enero de los obreros de Talleres y Reparaciones; habiendo pesado
también en esta decisión el que no se perdiera el plazo
constitucional fijado, así como la fuerza que habían ganado con la
declaratoria de huelga(5O). Sin embargo, dado que el estado de los
tranvías era defectuoso, la sola declaración de huelga
motivó que el conflicto se agrandase, pues cada vez eran menos los
carros
que podían prestar servicios.
Sobre esta declaratoria de huelga
parcial, las juntas de aveniencia continuaban, sin que se pudiera
llegar a
ningún acuerdo. Los tranviarios exigían además de los 3
meses de indemnización marcados por la Constitución, y que la
Cía. de Tranvías aceptaba dar, un mes de indemnización por
cada año de servicio de los cesados. Este punto los tranviarios lo
apoyaban en la cláusula 31 del convenio celebrado entre la Cia. de Luz
y
el SME el 31 de diciembre de 1921. Demandaban también el pago de jornal
al personal que había dejado de trabajar por estar descompuestos los
carros. (51)
Para el 20 de enero, la huelga de tranviarios se
había generalizado, al sumarse a esta el sindicato de Tráfico
(52)
Por su parte las organizaciones de la CGT acordaron secundar la
huelga de los tranviarios por solidaridad. El SME en asamblea, había
votado el apoyo moral a los huelguistas, acordando comunicar esta
decisión a la CGT, a la Federación de Tranviarios y al gobierno
del D.F.; y solo en caso de suspensión de las pláticas
discutiría la forma de prestarles ayuda solidaria. (53)
Los
camioneros acordaron prestar la ayuda económica de $2,500 diarios (54)
y
la Federación Social de Campesinos de Puebla y Tlaxcala que agrupaba a
150 pueblos, dirigió comunicaciones a la CGT y a Obregón, apoyando
a los tranviarios. (55)
Al momento de generalizarse la huelga en todo el
gremio de los tranviarios, la situación política del país,
atravesaba por un momento de gran calma, pues tanto los movimientos
rebeldes,
como las presiones imperialista habían menguado considerablemente.
Sobre
los movimientos rebeldes, por ejemplo, el 19 de enero la Secretaría de
Guerra anunció que solo había 3 gavillas en toda la
República: la de Carlos Green en Tabasco, la de Mario Ferrer en Oaxaca
y
la Lindoro Hernández en Puebla.
Esta disminución de los
movimientos rebeldes, se explica porque aproximadamente un mes antes,
el
gobierno de 0bregón decretó una Ley de Amnistia cuyos efectos
terminaban el 21 de enero, dando como resultado que una gran cantidad
de jefes
rebeldes depusieran sus armas.
Esta fuerte disminución de los
movimientos rebeldes naturalmente que venía a agregar elementos de
tranquilidad y estabilidad al gobierno Obregonista; aunque no
significara la
desaparición de estas tendencias separatistas, que se
manifestarían en forma fuerte en la rebelión de finales de 1923,
en donde más de 1/3 de los generales en servicio y más de la mitad
de la tropa, se alzaron en contra del intento de Obregón por imponer a
Calles como candidato a la Presidencia de la República. ( 56)
Por
el lado de las presiones imperialistas, estas habían menguado bastante,
a
raíz del convenio de junio de 1922 entre el gobierno de México y
el Comité Internacional de Banqueros para el pago de la deuda exterior
de
México.
El desenlace final de estas negociaciones serían
las grandes concesiones que el gobierno de Obregón hizo al imperialismo
a
través delos Tratados de Bucareli firmados a principios de agosto de
1923, y su reconocimiento por el gobierno de los E.U. a finales del
mismo
mes.
De hecho por estos días, el único acontecimiento que
vino a perturbar la situación de calma política por las que
atravezaba el país, fueron las protestas que a nivel nacional
realizaron
una serie de organizaciones católicas como la de los Caballeros de
Colón, Los Jóvenes Católicos, la Unión Popular, la
Unión de Damas Católicas y otras, ante la expulsión del
enviado apostólico de Roma, Monseñor Emesto Filippi, por una serie
de actos que encabezó y que contravenían lo dispuesto en la
Constitución sobre la libertad de cultos.
Estas protestas se
dieron a nivel nacional y atrás de ellas se encontraban las tendencias
que buscaban organizarse políticamente para defender sus intereses
económicos en el campo y contra la Constitución. Sin embargo,
estas protestas no prosperaron por la firmeza del gobierno de Obregón,
por el apoyo que encontró dentro de su mismo gobierno, y por el apoyo
que
le brindaron las masas obreras, que se manifestaron en contra de este
clericalismo.
En resumen, la situación de calma política y
de mengua en las presiones imperialistas hacía que estas no pesaran en
la
configuración de la política de Obregón hacia la
movilización de los tranviarios; por lo menos en el sentido de
orillarlo
a buscar una salida conciliatoria y favorable a los intereses obreros.
Más bien esta política se estructuró en base misma de la
correlación de fuerzas de los sectores de clase en pugna, así como
de la política desarrollada por los lideres de la CROM en este
conflicto.
Dado que las juntas de aveniencia no prosperaban, el
gobernador del D.F. propuso a ambas partes, que el conflicto pasara al
arbitraje
del presidente Obregón. Así, el 23 de enero, los huelguistas
acompañados por Celestino Gasca solicitaron una audiencia presidencial
manifestándoles Alvaro Obregón que estudiaría sus demandas
“...con el fin de ver en que forma el Ejecutivo puede intervenir para
hacer cesar el conflicto.”
Sobre esta entrevista, los huelguistas
informaron que: ““Luego de escucharnos, el señor Presidente,
nos ofreció que hablaría con el gerente Mr. R.G,R. Conway, y
trataría de convencerlo para que cediera en algo a las Peticiones que
le
hemos formulado; pero que del mismo modo pedía a los obreros retiraran
de
ese pliego lo que no fuera justo ni estuviera dentro de la ley, pues
que si
él, el general Obregón, se había mostrado siempre amigo de
los obreros, también su carácter lo obligaba a ser respetuoso de
la justicia y de la ley””. (57)
De esta manera, el 24 de
enero el presidente Obregón celebró varias pláticas con Mr,
Conway, en el curso de las cuales este último mostró la
documentación sobre el estado económico de la Cía. de
Tranvías y ratifico que fuera de la indemnización de 3 meses a c/u
de los cesados, la empresa no estaba dispuesta a ceder en las restantes
demandas. El 25 de enero se volvieron a reunir Alvaro Obregón y los
tranviarios, dándoles a conocer la resolución de la Cía. de
Tranvías. Sin embargo no se llegaba a ningún acuerdo, pues ambas
partes se mostraban intransigentes. Después de esta junta, al parecer
se
suspendieron las pláticas, habiendo declarado el C. de Huelga el 26 de
enero que “...nada han hecho, ni harán si la Compañía
no cede a las peticiones que han presentado..”(58)
A la par de este
proceso de negociación, se había venido generando y profundizando
un descontento en el seno de los tranviarios en contra del comité de
huelga. De hecho, como quedo manifiesto desde la asamblea del 13 de
enero, en
donde se discutió la generalización de la huelga, el sindicato de
Tráfico se había opuesto a ella.” (59)
Sobre estos
sectores de trabajadores descontentos con la huelga, opero la política
divisionista de la Cía. de Tranvías, y para el 24 de enero los
periódicos dieron la noticia que un grupo de obreros tranviarios
había comenzado a trabajar en una de las líneas de Sta.
María. Ese mismo día el comité de vigilancia de los
huelguistas se encontró a una cuadrilla trabajando por el rumbo de
“Puente de Piedra”, quienes al verlos huyeron despavoridos.
Igualmente un grupo de 15 obreros del departamento de Reparaciones se
encontraba
trabajando en Nonoalco, (60)
Tanto la prolongación de la huelga,
así como el que no se avizorara a corto plazo una solución a esta
comenzó a generar descontento en el seno de los tranviarios, que
hacían propaganda para retornar al trabajo. “El
Demócrata” dio la noticia, por ejemplo, que para el 26 de enero
algunos trabajadores manifestaban su desesperación por la crítica
situación en que se encontraban. (61)
Esta situación de
descontento y desesperación fue aprovechada por los lideres de la CROM
que comenzaron a realizar una Política divisionista en el seno de los
tranviarios, con el claro propósito de que los trabajadores
desconocieran
al comité de huelga y así escindir a la Federación de
Tranviarios.
La primera manifestación de esta política fue
el manifiesto que un grupo de tranviarios dio a la luz pública el 26 de
enero, en el cual exigían dar por terminado el conflicto, culpando al
comité de huelga “...de no obrar con la rapidez y la energía
necesarios” y acusándolos de no premeditar las consecuencias y
resultados de. la huelga. (62).
Ese mismo día este grupo de
tranviarios descontentos, que era minoritario, acordó citar a una
asamblea en el Teatro Principal, para destituir al comité ejecutivo y
designar otro comité de huelga. Uno de los firmantes de este manifiesto
declaró lo que de hecho había llevado a la escisión en el
seno de los tranviarios, afirmó: “Creemos firmemente que si la
solución de la huelga estuviera en manos más capaces, y de
elementos que antepusieran los intereses de todos los trabajadores a su
interés personal y a un malentendido odio al capital, ya esto
estaría terminado hace muchos días.” (63)
Este grupo
de tranviarios escisionistas apoyaban, sin embargo, sus declaraciones
en hechos
ciertos. Sus declaraciones traslucían la falta de sensibilidad de la
dirección de los tranviarios, ante la crítica situación
económica en que estos se encontraban; pues no se presentaba ninguna
opción que tendiera a la solución del conflicto, y esto en
momentos en que era ya del dominio público este descontento y cual
sería el desenlace final del mismo.
Pero también estas
declaraciones de uno de los firmantes del manifiesto, indirectamente
señalaba la posición a que conducían los planteamientos
tácticos de la CGT. En aras de el nebuloso ideal del “comunismo
libertario” y del medio para llegar a este objetivo, la acción
directa, cada conflicto era concebido como un trampolín para acercarse
a
este; sin plantearse tanto las formas como el programa que tendiera a
acercarlos
o los hiciera avanzar hacia este propósito; y descuidando o ignorando
tanto las razones específicas que habían generado esa
movilización, como la situación de la base en el desarrollo de
esta.
Así, el 27 de enero, apoyada por la policía que fue
llamada para contener los intentos de impedirla por parte de los
huelguistas, se
celebró la asamblea en el Teatro Principal, en el cual el grupo de
tranviarios descontentos desconoció públicamente al comité
ejecutivo y al de huelga y procedió a nombrar otro. Su paso inmediato
fue
entrar rápidamente en arreglos con la Cía. de Tranvías y
ese mismo día en la noche se firmó un convenio que daba por
terminado el conflicto. (64)
El 29 de enero, Obregón, manifestando
públicamente su apoyo a la naciente Unión Sindicalista de
Empleados y Obreros de Tranvías, dirigió a esta el siguiente
telegrama:
““...Ejecutivo a mí cargo, lamenta
sinceramente incidente que ha surgido entre trabajadores y la
Compañía de Tranvías, pero considero que intransigencia
extremada de directores que ustedes han rechazado hacía imposible
cualquier esperanza avenimiento, y el propio ejecutivo formula votos
porque
logren mejor inteligencia con empresa a que sirven, estando misma
disposición prestar su apoyo en todos aquellos casos en que obreros
libres limiten sus pretensiones a lo que sea lógico y moral.
Afectuosamente Presidente República, Álvaro
Obregón.””
La respuesta de la Unión
Sindicalista de empleados y Obreros de Tranvías, nos revela de manera
indirecta, el resultado a que conducía esta dirección equivocada
de los tranviarios. Contestó la Unión a Obregón: “nos
satisface que el señor Presidente haya reconocido a los malos elementos
que nos llevaron al fracaso de la pasada huelga, y a todas las
anteriores, pues
parecía que esos elementos estaban vendidos a nuestros enemigos, para
hacernos perder todas las huelgas que habíamos iniciado.”
(65)
Como el acuerdo a que había llegado la Unión
Sindicalista de Empleados y Obreros de Tranvías, obligaba a entrar a
laborar de inmediato, la posición inicial de los huelguistas de la
Federación fue evitar que los tranviarios de la
“Unión” lo hicieran. Para esto reforzaron los piquetes de
vigilancia con obreros hilanderos, de “El Palacio de Hierro” y
telefonistas. Posteriormente, en una asamblea efectuada el 30 de enero,
la
Federación de Tranviarios acordó designar nuevo comité
ejecutivo y de huelga para que entrara en arreglos con la empresa;
manifestando
su mejor disposición de tratar con el gerente Mr. Conway, para resolver
el conflicto.
En esta misma asamblea se acordó nombrar delegados
que salieran a los estados de la República a solicitar de las
organizaciones obreras su apoyo a la huelga, declarando un paro
general.
Ese mismo día, las organizaciones obreras de la CGT se
declararon en huelga en solidaridad con los tranviarios que continuaban
en
huelga, y el SME, por medio de su secretario general Felipe Bustos,
envió
un telegrama al gerente de la Cía. de Tranvías, apoyando las
peticiones de los huelguistas y planteando que de no solucionarse el
conflicto,
el SME tomaría medidas más enérgicas. (66) Asimismo, otras
organizaciones obreras del D.F. como los ganaderos hicieron pública su
decisión de secundar la huelga en apoyo de los huelguistas.
La
Federación de Tranviarios, en respuesta y como protesta por el apoyo
brindado por Obregón a la “Unión”, el 31 de enero
realizaron una manifestación en la que participaron aproximadamente
2,000
obreros, y en cuyo desarrollo se pronunciaron violentos discursos en
contra de
las autoridades por su política obrera partidista, denunciando a
Morones
y a Gasca, como dos autores intelectuales de la división de los
tranviarios.
En esta manifestación, el Senador y director de
“El Demócrata” Alessio Robles, se pronunció a favor de
los huelguistas, atacando también a Morones y su grupo. (67)
La
fuerza que los huelguistas tranviarios habían venido perdiendo ante la
falta de una opción que los arrancara de la situación de impasse
en que se encontraban antes del 28 de enero, en que no se avisoraba una
solución al conflicto, comenzó a recuperarse a partir de la
escisión de los tranviarios que formaron la Unión Sindicalista. Ya
mostramos como esto se redujo en un fortalecimiento de los huelguistas
por el
apoyo de las organizaciones obreras la CGT. La manifestación fué
el punto culminante de este fortalecimiento, y esto se observa
claramente en el
cambio de orientación de el periódico “El
Demócrata”, que a través de un redactor favorable a los
divisionistas, había venido atacando y desprestigiando a los que se
mantenían en huelga. A su vez, el envío de delegados tranviarios a
los estados de la República también comenzó a surtir
efecto, pues para el 1 de febrero, obreros hilanderos y tranviarios de
Toluca,
habían declarado que estaban dispuestos a secundar la huelga. Por su
parte el SME, cumpliendo con un acuerdo de asamblea, el 31 de enero se
entrevisto con el Presidente Obregón, poniendo en conocimiento de este,
“la disposición en que estaban de prestar su ayuda moral a los
huelguistas.”
Todos estos apoyos conducían al
fortalecimiento de los huelguistas. Pero este fortalecimiento era
relativo y
transitorio, pues en contra obraba no solamente la división existente,
sino también el apoyo de un sector del gobierno encabezado por
Obregón, y apoyado por los lideres de la CROM, a favor de la Unión
Sindicalista; y era transitorio, pues la fuerza que los huelguistas
habían adquirido por el apoyo brindado, solo podía resultar eficaz
en la medida en que se buscara con rapidez la negociación.
Como ya
mostramos, la escisión de los tranviarios orilló a los huelguistas
a cambiar su comité ejecutivo y de huelga con el propósito de
buscar la negociación con la empresa; lo que de hecho significaba la
rectificación de la política intransigente que la dirección
anterior había sostenido.
Sin embargo, una provocación que
surtió efectos en estos momentos culminantes, echaría por tierra
esta posibilidad, y daría pie a la buscada represión de la huelga.
por parte del gobierno de Obregón.
Los hechos ocurrieron
así. El 1 de febrero, encontrándose los huelguistas en asamblea, y
en un momento en que el comité de huelga había salido a tratar de
conferenciar con Obregón sobre las demandas planteadas, un trabajador
no
identificado, arguyendo que la única manera de impedir que la huelga se
debilitara era impedir la salida de trenes de la Cía. de Tranvías,
propuso impedir a toda costa y por cualquier medio la salida de estos.
La
asamblea que en esos momentos se encontraba con los ánimos caldeados
fue
presa de esta provocación y se lanzo a la calle a tratar de impedir la
circulación de los tranvías; dando origen este hecho a un
zafarrancho y enfrentamiento con los gendarmes que custodiaban los
trenes. El
resultado final de estos hechos violentos fue la ocupación del local de
la CGT por el ejército y el encarcelamiento de decenas de
huelguistas.
Este hecho marco la derrota del movimiento huelga, pues los
huelguistas se vieron también en la imposibilidad de reunirse, ante la
amenaza del gobierno de clausurar el local donde lo hicieran. Sin
embargo, la
intervención favorable del Secretario de Hacienda, Adolfo de la Huerta,
consiguió que los huelguistas apresados fueran liberados; así como
que la empresa se comprometiera a dar amplias garantías y a garantizar
que sus derechos como empleados de la Cía. de Tranvías quedaban en
pie.
Los acontecimientos posteriores serían un forcejeo entre la
Cía. de Tranvías y la Federación de Tranviarios, debido a
la posición de la empresa de no aceptar el reingreso de algunos obreros
que habían participado en la huelga.
Sin embargo, el daño
ya estaba hecho, pues el resultado de este movimiento no solo significó
la derrota del movimiento de huelga y el fracaso de una dirección falta
de una política exitosa; sino también un golpe mortal a la CGT por
la escisión de los tranviarios, que constituían el pilar
más fuerte de esta central obrera.
Asimismo, este hecho
marcó el fortalecimiento de la política represiva del gobierno
hacia el movimiento obrero independiente y su inclinación a favor de
los
intereses de la burguesía. Esto quedaría plenamente de manifiesto
en 1925, en las declaraciones que el líder de la Federación de
Sindicatos Obreros del D.F. hizo a la prensa y por medio de las cuales,
la CROM
mostraba su virtual dependencia a los intereses de la burguesía nativa
y
del imperialismo.
EPILOGO
Y PUNTO DE PARTIDA
Sabido es que en la medida en que las direcciones bonapartistas
surgen como una tercera -fuerza arbitral, ante una situación de
equilibrio catastrófico de clases sociales en pugna, tienen por tanto
un
carácter transitorio. “Subsisten como tales mientras subsista el
equilibrio de fuerzas entre las clases contendientes Roto el equilibrio
por el
fortalecimiento de una de las clases en pugna, la direcci6n
bonapartista deja de
serlo, y bien se pone al servicio de la clase más fuerte, bien es
derribada por ella.” (1)
Pues bien, en el México
postrevolucionario ese equilibrio de fuerzas, del cual habían emergido
las clases sociales en pugna en la Revolución Mexicana, comenzó a
romperse por el lado del surgimiento y fortalecimiento de “una nueva
burguesía, ligada a los restos, a los hacendados, pero que tiene su
fuente original de capitales en el propio presupuesto
estatal.”
Esta nueva burguesía, en el proceso mismo de su
fortalecimiento se iría apoderando cada vez más del control
estatal en su propio beneficio. De tal manera que para finales del
maximato
“...era la burguesía la que controlaba los aparatos del poder,
aprovechando el nexo del Estado con los sindicatos y organismos
campesinos, para
tratar de impedir toda lucha de las masas incluso en defensa de
posiciones ya
conquistadas.” (2)
“Así, en la relación del
Estado con el movimiento obrero a través de la CROM cuyo líder,
Morones, era ministro- las concesiones a los Obreros eran cada vez
menos, hasta
anularse del todo, y las medidas represivas eran cada vez más”
(3)
En este sentido, la represión a la huelga de los tranviarios en
1923, marca el fortalecimiento de esta política del gobierno hacia el
movimiento obrero independiente, y señala el inicio de la cada vez
mayor
inclinación del régimen bonapartista a favor de los intereses de
la burguesía. No solo por el golpe mortal que .se le asesta a los
tranviarios y con ellos a la CGT, –por ser estos uno de sus pilares
centrales, y por el papel jugado por esta central 0brera en las
movilizaciones
de 1921– sino también porque el papel jugado por la CROM en este
conflicto, mostraba el grado a que había negado en su supeditación
a los intereses de la burguesía y del imperialismo, así como su
dependencia real hacia el Estado.
Las consecuencias que en el SME
tendría el fortalecimiento de esta política represiva del gobierno
de Obregón hacia el movimiento obrero independiente serian
varías.
Por un lado, como ya vimos, la asimilación de. sus
experiencias huelguistas a lo largo de éstos años, hasta 1922 se
tradujo en el fortalecimiento de las principales características con
las
que había emergido al obregonismo, a saber: repliegue a una
concepción que entendía la lucha sindical como una forma de lograr
el mejoramiento económico y social de los trabajadores,
respaldándose para esto en el contenido del Art. 123; concepción
de la lucha sindical de la cual derivaban sus métodos y formas de
lucha,
caracterizados por un rechazo de métodos radicales, y prefiriendo
seguir
en sus conflictos un proceso de negociación y arreglo de filas
principales demandas; fortalecimiento del .Principio de no
participación
en política, e independencia de cualquier organización obrera COmo
un camino por el cual se garantizaban el poder decidir por si mismos,
sobre sus
propios intereses económicos.
Esta peculiar conformación
del SME –que se mantendría en sus rasgos principales hasta
comienzos de la década de los 30– descansaría en lo que
seria otro elemento de la estructura del SME: su tradición de vida
democrática
En efecto, a lo largo de estos años, el SME
descanso y baso su funcionamiento interno en una acentuada vida
democrática, a través del mecanismo de asambleas periódicas
y regulares
De hecho estas asambleas generales, constituían la
máxima autoridad dentro del SME. Se celebraban ordinariamente cada 7
días, y en ellas se discutían todos los asuntos que
atañían al sindicato; desde la lectura y respuesta a toda la
correspondencia dirigida al sindicato, pasando por las relaciones
sostenidas con
otras organizaciones obreras, con autoridades del gobierno, hasta la
discusión y toma de decisiones sobre problemas con la empresa. Es
decir,
en estas asambleas se ventilaban democráticamente absolutamente todos
los
asuntos y cuestiones que interesaran y tuvieran que ver con el SME.
Siendo la
Asamblea general, el órgano encargado de resolver y decidir en cada uno
de estos aspectos.
Esta forma de funcionamiento y de vida
democrática era llevada a tales extremos, que a veces en estas
discusiones de asamblea se ventilaban asuntos deportivos, como si por
ejemplo se
le daba o no ayuda a trabajadores del SME para que sostuvieran un
equipo de
béisbol.
Naturalmente que este tipo de funcionamiento
democrático, basado en asambleas generales, era correcto y operante,
porque el SME en esos años todavía no era el gigantesco sindicato
que es hoy día.
A este respecto, aunque no poseemos datos
-precisos, sobre como se dio el crecimiento numérico del SME, algunos
indicios nos permite afirmar que para 1927, el numero de agremiados en
el D.F.
no pasaba de los 300 trabajadores. A partir de 1929, el numero de
agremiados
aumenta sustancialmente debido al convenio celebrado ese año, que
impedía que los trabajadores “libres” tuvieran derecho a las
prerrogativas de los trabajadores sindicalizados; y para 1934 se
calcula en 1746
el total de trabajadores sindicalizados y de planta en el SME y un
número
indeterminado de provisionales.
Obviamente para un numero tan
pequeño de trabajadores, las asambleas generales constituían un
mecanismo operante y ágil de funcionamiento democrático, pues su
regularidad y el escaso numero de agremiados, permitía la
participación de todos ellos en la toma de decisiones
Esta
tradición de vida democrática –que en el SME viene desde
1914– jugaría un papel central en la vida del sindicato, a lo largo
de estos años. Así, aunque inicialmente lo que permitió al
sindicato garantizar la permanencia y continuidad de su vida
democrática,
fue su enmarcamiento al tipo de sindicalismo ya descrito, esta
tradición
de vida democrática, junto con su combinación con las
características sindicales del SME, jugaría un papel central en la
lucha por garantizar su independencia orgánica respecto del Estado y la
CROM.
Asimismo, la combinación de estos elementos de su estructura
sindical, y el mayor o menor peso que la vida sindical le dio a cada
uno de
ellos, determino las diversas fases por las que atravesó el SME
respecto
del Estado, la CROM y la Cía. de Luz. Posiciones que iban desde francos
acercamientos y conciliación, hasta posiciones de rechazo y
rebeldía, pasando por otras de dialogo y
conciliación.
Aunque aparentemente esta tesis choca con la
afirmación anterior, tal apariencia se desvanece si observamos que en
realidad estos vaivenes no eran mas que el resultado natural del
carácter
contradictorio de los elementos que conformaban la estructura del SME
en estos
años
En efecto, difícilmente podían conciliarse
elementos tales como un funcionamiento democrático con una
concepción que entendía la lucha sindical como un lento proceso de
negociación y transacción de sus principales demandas, sin
recurrir a medidas radicales. Obviamente, esto tenía que chocar con una
vida democrática, donde era norma discutir todos los problemas del SME,
y
donde al calor de la discusión y del bate se planteaba recurrir a
medidas
radical,; como la huelga.
Sin embargo, el fortalecimiento de la
política represiva de los gobiernos posrevolucionarios tendría
repercusiones y consecuencias más profundas en la vida del SME. En
efecto, la continuidad de estas condiciones políticas desfavorables
para
el desarrollo del movimiento obrero, así como la inexistencia de un
centro político proletario que abriera perspectivas para el avance,
crearía las condiciones necesarias en el SME para el florecimiento en
ciertos de la base y con ello el ascenso en lucha con la corriente
sindical
reformista, de una posición y corriente ideológica, que se
plantearía la colaboración con el capital –supeditando los
intereses de los trabajadores a los de la empresa– concebiría de
acuerdo a esto la relación entre el capital y el trabajo como una
relación armónica; y plantearía la educación y al
cooperativismo como la panacea para la liberación de los
trabajadores.
Representantes destacados de la posición sindical
serian por ejemplo Salvador Celis Gutiérrez, Ernesto Velasco y Felipe
Bustos pese a sus inconsecuencias. Representantes de la posición
pequeño burguesa fueron a nivel de ejemplo Luis R. Ochoa, Francisco de
Celis Vértiz, Magdiel Romero, Ernesto Lozano, etc,
La base social
de la posición sindical reformista se hallaría, como lo indican
algunos indicios, fundamentalmente en sectores de trabajadores obreros,
que en
la realidad de su trabajo sufrían y vivían cotidianamente la lucha
entre el capital y el trabajo, y que por instinto de clase rechazaban
las
opiniones que les presentaban los dirigentes que pretendían cubrir con
un
manto de paz y armonía el carácter antagónico de esta
relación y pretendían salidas utópicas al problema de la
liberación de los trabajadores.
Es decir, la posición
sindical reformista, encontraba apoyo constante en estos sectores
trabajadores,
que ante la falta de un centro político proletario y un programa obrero
que orientase sus luchas, por instinto de clase acertaban a definir de
que lado
estaban sus intereses, y que ante los embates de la empresa y la
difícil
etapa por la que atravesaban comprendieron que era necesario sostener
esta
posición.
Por su parte, la base social de la corriente
pequeño burguesa, se encontraba en todos aquellos trabajadores de nivel
medio y de oficinas que ante la falta de una perspectiva que los ganase
al campo
de las ideas proletarias tendían a acercarse ideológicamente a las
posiciones pequeño burguesas y se encontraban identificados con los
portavoces utópicos, que pregonaban sin descaro el carácter
armónico de las relaciones capital-trabajo y la educación y el
cooperativismo como la panacea proletaria.
Esta corriente
ideológica pequeño burguesa, cuya primera manifestación
evidente se encuentra en 1925 en las paginas de la revista “Electra”
que era sostenida por la Cía. de Luz y Tranvías, y cuyo
órgano de expresión y difusión de sus ideas seria la
revista “LUX”, se desarrollaría en lucha constante con la
corriente sindicalista, hasta aproximadamente 1932 en que merced a la
agudización de la lucha de clases en el sector eléctrico, el
ascenso de la lucha de masas a nivel nacional y junto con ella, la
llegada al
poder de la tendencia nacionalista revolucionaria que Lázaro
Cárdenas encabezaba, asciende a la dirección del SME una corriente
ideológica que basándose en una concepción
marxista de la sociedad plantearía la relación entre el capital y
el trabajo como antagónica; explicaría la situación de
explotación del obrero como un hecho intrínseco de la sociedad
capitalista –derivado de la propiedad privada de los medios de
producción– y plantearía al Socialismo como el
interés histórico de los trabajadores.
Así pues, la
contradicción establecida entre estas dos tendencias ideológicas y
sindicales en el seno del SME, concluye con el ascenso a la dirección
del
SME de una corriente revolucionaria y proletaria, cuyas principales
portavoces y
dirigentes fueron Breña Alvirez, Espinoza Casanova, Paulin Ortiz, etc.
Concluye pues con el rebasamiento de la posición sindical reformista y
el
rompimiento con la corriente pequeño burguesa.
Falta sin embargo,
señalar un aspecto de la mayor importancia para entender y comprender
la
vida del SME a lo largo de estos años. Un hecho histórico que
particularmente hoy cobra una actualidad innegable. Me refiero a la
incansable y
tesonera lucha que nuestro sindicato libro para conquistar la UNIDAD de
todos
los trabajadores electricistas del país.
Aunque es cierto que el
acentuamiento de una política desfavorable al movimiento obrero limo y
condiciono el surgimiento en el SME de posiciones pequeño burguesas y
propatronales, no destruyo por completo la tradición revolucionaria de
un
sindicato que ha jugado y jugara un papel central en la lucha de clases
en
nuestro país. Menguada y limada, esta tradición democrática
y revolucionaría del SME sería impulsada por la corriente sindical
reformista –que en este sentido dejo de serlo– que aún con
visos de burocratización e inconsecuencias continuaría y
superaría una tarea revolucionaria que el SME había iniciado en
1914: LA UNIDAD ELECTRICISTA.
En efecto, apenas recién formado el
SME, a partir de 1916 habría de iniciar una incansable lucha por
unificar
democráticamente a los trabajadores electricistas del país. Esta
labor altamente revolucionaria la reemprendería después del
intervalo carrancista, con mayores bríos en la década de los 20,
culminando esta tarea en 1925, al organizar la Confederación Nacional
de
Electricistas y Similares, que para 1932 abarcaba a todos los
electricistas del
país; y terminaría en 1934, cuando el SME se escinde y abandona la
CNES debido a una incomprensión que se dio en el seno de esta
organización acerca de la estructura sindical que debía tener lo
que ya para entonces adquiría las características de un sindicato
nacional de industria.
ANEXO
RECORDANDO LA HISTORIA DE NUESTRA
ORGANIZACION.
Por Francisco de Celis Vertiz.
“Allá por el
año de 1908, un grupo de entusiastas camaradas llenos de energía,
de ideas libertarias por excelencia empezaron a buscar la manera de
agruparse
con el fin de hallar el mejoramiento colectivo, tanto moral como
material....Se
llevaron a cabo las primeras juntas en la casa de los compañeros Rafael
y
Silvestre Sánchez, antiguos obreros de la Cía. Mexicana de Gas y
Luz Eléctrica Limitada, y que vivían en la calle de “La
Nana” (actualmente segunda de San Juan de Dios) y que esta precisamente
frente a la subestación de Tranvías denominada “La
Nana”, pero llegó el momento en que ya no había el espacio
suficiente para contener a la cantidad de concurrentes y hubo necesidad
de
reunirse en distintos lugares, para lograr formar las primeras
“asambleas”, pero como desgraciadamente nunca faltan traidores,
fueron delatados dichos compañeros ante la Gerencia de la Cía.
Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, S.A. la cual después de separar a
varios
amonestar a otros para que desistieran de sus propósitos... aquellos
compañeros tuvieron que ser prudentes y esperar mejores tiempos,
dejando
transcurrir dos años más, renaciendo el rescoldo de aquella idea
en 1910, en que se reanudaron por segunda vez las actividades
presindícales con mayores bríos, tacto y sigilo, para no fracasar
como la primera vez. Persistiendo como de costumbre, con la propaganda,
hubo
varias juntas preliminares, siempre “ a reunir un núcleo como de
doscientos, respetable numero para batallar en buena lid. Hubo varis
reuniones
en el “Centro de Dependientes” situado en la 3ª. De Tacuba, y
con motivo de no despertar sospechas, se le dio el cariz a la
incipiente
Agrupación de “Mutualista”, pero naturalmente con el fin
preconcebido de convertirla en “Sindicato Mexicano de Electricista”,
a medida que el tiempo fuera propicio, pero desgraciadamente como de
costumbre
predomino “la ley del más fuere”; se le da todo género
de informes a la Cía. Y separa a un puñado de compañeros
entre los que salieron Morones, Leduc, Frutos, Moreno y otros que sería
largo enumera, recibiendo el resto que quedaban trabajando, estas
palabras a
secas por los señores Fiske (ingeniero en jefe) y Foley (jefe de
personal): “o sociedad o trabajo”, palabra que tenía que ser
contestada en el perentorio plazo de ocho horas... Y... tuvieron que
inclinar
la cerviz, aunque con una íntima esperanza pues debemos recordar que se
iniciaba ya la Revolución Maderista!
“A mediados del
año de 1914, se intenta por tercera vez trabajar sobre el mismo
plano..,
y después de varias juntas, como siempre ais1adas, pero ya el ambiente
era más favorable, --por que la Revolución también en el
lapso de tiempo que había transcurrido, demostró que las fuerzas
que clamara las masas oprimidas, -no pueden ser contenidas aun por las
barreras
más gigantescas e imaginarias, y sin embargo -nunca se abandono el plan
de ataque y se tuvo que formar la agrupación con “el barniz”
de Mutualista, aceptando el ofrecimiento del Ing. -Salvador
Domenzain...para
efectuar las reuniones en su casa habitación en la antigua “Colonia
de El Buen Tono”; Ahí se efectuaron varias reuniones que sirvieron
para dar los primeros pasos “en firme”, y so pretexto de no caber en
el lugar antes indicado se citó para un domingo a una reunión
máxima en la Sub-estación de “La Nana” (el día
13 de diciembre de 1914)”
“Efectivamente concurrieron
más de los que se habían previamente citado, al grado de tener que
juntarse en la azotea del edificio, al aire libre...Serian como las
once de la
mañana y los citados (alrededor de trescientos) estaban ahí
puntuales, encontrándose entre los más destacados, los siguientes
compañeros:...Luis R. Ochoa, Luis Harris, Ernesto Velasco, Carlos de la
Peña Gil, Antonio Arceo, Carlos Butt, Leduc, Tresarie, Enrique
Sánchez, Revilla, Rosales de la Vega Domínguez, etc....pero todos
estaban unificados en un solo criterio; declarar de una vez por todas,
la
virilidad que se debería desarrollar ante tan tremendo problema, a
trueque de admitir todo lo que pudiera sobrevenir al tomar esta
resoluci6n
definitiva. Invitaron a todos los presentes a formar una hilera
alrededor de la
azotea, y con toda claridad les fue expuesto que no estaban dispuestos
a seguir
siendo destrozados como en ocasiones anteriores, debiendo ser lo
suficientemente
hombres, para conseguir lo que tanto anhelaban, y con toda franqueza en
esa
reuni6n se deberían “correr telones” y arrancar
“caretas” y los que estuvieran de acuerdo en que se formara el
“Sindicato de Electricistas” dieran un paso al frente, y los que no,
permanecieran en sus lugares, y como movidos por un resorte, todos sin
excepción avanzaron al centro gritando: ¡Sindicato de
Electricistas!...”
En seguida se procedió a cambiar
impresiones y se acordó pedir al Departamento del Trabajo, cuyas
oficinas
estaban entonces en la Escuela de Minería (calle de Tacuba),
facilidades
para verificar nuestras asambleas preliminares y organizarnos en debida
forma,
nombrándose al efecto una Comisión portadora de una
comunicación con la que se dio por terminada la primera Asamblea
Constitutiva del Sindicato.”
“El lunes siguiente
cumplió’ la comisión su misión por la mañana
entrevistando al compañero José Colado, Jefe en aquel entonces del
antes citado Departamento, quien con toda gentileza los felicitó por la
determinación tomada, asegurando para la naciente Agrupación un
completo éxito y larga Vida; dado que era un grupo
homogéneo.”
“..tuvimos la primera Asamblea general el
LUNES 14 DE DICIEMBRE DE 1914, en el edificio de la Escuela de Minería
(
calle de Tacuba)nombrándose una comisión para empezar a hacer
“inscripciones”, estampando cada uno de sus miembros su firma en un
“libro de registro”; la segunda asamblea se verificó el
jueves 17 del mismo mes; nombrándose el PRIMER COMITE para regir los
destinos de la reciente agrupación.”
Tomado de la revista
“LUX”, Diciembre. 1939.
EL CUARTELEZO. Por José
Calvillo.
- “Viva tendencia del elemento trabajador hacia su
organización sindical caldeaba el ambiente nacional en
1914.”
“El Capitalismo llego a sentirse conturbado “La
Gerencia de la Cía. de Luz trato de prevenir el golpe. El señor
Graham Fulton planeo la fundación de una “eficiente” sociedad
mutualista, y así lo comunicó a sus altos empleados, acordando
que, para exponer tal proyecto, se convocara al personal. La junta tuvo
lugar el
9 de diciembre en San Juan de Letran 5 y la presidió Salvador Domenzain
asesorado por Jefes de Departamento, entre quienes había varios
sindicalistas.”
“La exposición del proyecto no tuvo
ninguna resonancia en pro. Aunque el ambiente era de represión; Sin
embargo, se atrevieron a pedir la palabra en contra los compañeros
Francisco Orta, Rafael de Ávila y José Rosales de la
Vega.”
“La sala permaneció en actitud expectante.
Rosales definió la tendencia orientada del obrerismo; la
organización clásica del trabajador, en acuerdo con el
capitalismo...”
“Comparo estos principios y esta
ideología con las tendencias del mutualismo que, cuando es mal
alimentado
no responde a su raquítica finalidad y, en todo caso, no dignifica el
trabajo, que es ley de la sociedad y de la vida, ni decide de una justa
y
racional economía.” “Expreso que no era tiempo de tanteos,
puesto que, aun los obreros se hallaban en pie de Organización
sindical,
Presentó una proposición a la que no se le dio entrada.
Después de esto se pidió la firma de los presentes...Ninguno firmo
y empezó a despejarse la Sala.”
“Fueron designados
luego, en la Comisión de Estatutos para Sociedad Mutualista, los
compañeros Arceo, Ochoa, Velasco, Rosales de la Vega, Leduc, Carlos de
la
Peña Gil, Enrique Guzmán y Roberto
Pérez.”
“Estos compañeros se citaron el viernes
12 diciembre en las azoteas de la planta de “La Nana” y
allí’ dieron un cambio de frente.”
Tomado de la revista
“LUX”. Diciembre. 1939
ANEXO 2
EL CUARTELAZO. Por
José Calvillo.
“Viva tendencia del elemento trabajador
hacia su organización sindical caldeaba el ambiente nacional
en 1914.”
“El Capitalismo llego a sentirse conturbado
“La Gerencia de la Cía. de Luz trato de prevenir el golpe. El
señor Graham Fulton planeo la fundación de una
“eficiente” sociedad mutualista, y así lo comunicó a
sus altos empleados ,acordando que, para exponer tal proyecto, se
convocara al
personal. La junta tuvo lugar el 9 de diciembre en San Juan de Letran 5
y la
presidió Salvador Domenzain asesorado por Jefes de Departamento, entre
quienes había varios sindicalistas.”
“La
exposición del proyecto no tuvo ninguna resonancia en pro. Aunque el
ambiente era de represión; Sin embargo, se atrevieron a pedir la
palabra
en contra los compañeros Francisco Orta, Rafael de Ávila y
José Rosales de la Vega.”
“La sala permaneció
en actitud expectante. Rosales definió la tendencia orientada del
obrerismo; la organización clásica del trabajador, en acuerdo con
el capitalismo...”
“Comparo estos principios y esta
ideología con las tendencias del mutualismo que, cuando es mal
alimentado
no responde a su raquítica finalidad y, en todo caso, no dignifica el
trabajo, que es ley de la sociedad y de la vida, ni decide de una justa
y
racional economía.” “Expreso que no era tiempo de tanteos,
puesto que, aun los obreros se hallaban en pie de Organización
sindical,
Presentó una proposición a la que no se le dio entrada.
Después de esto se pidió la firma de los presentes...Ninguno firmo
y empezó a despejarse la Sala.”
“Fueron designados
luego, en la Comisión de Estatutos para Sociedad Mutualista, los
compañeros Arceo, Ochoa, Velasco, Rosales de la Vega, Leduc, Carlos de
la
Peña Gil, Enrique Guzmán y Roberto
Pérez.”
“Estos compañeros se citaron el viernes
12 diciembre en las azoteas de la planta de “La Nana” y
allí’ dieron un cambio de frente.”
Tomado de la revista
“LUX”. Diciembre. 1939
ANEXO
ANECDOTARIO SINDICAL. UN PASO
AL FRENTE Y UNA PROFECÍA QUE SE CUMPLE.
Por Francisco de Celis
V.
“Uno a uno, íbamos llegando “los conjurados”,
procurando pasar inadvertidos por las gentes que transitaban por
aquellos
barrios de dudosa fama en aquel entonces.”
“Con cautelosa manera
formábamos corrillos, procurando hablar en voz baja y sin ser vistos
desde la calle, pero, eso si, unos a otros nos
“identificábamos” sin reserva alguna “por si las
dudas”, pues había por aquel tiempo, unos policías secretos
de la Cía., conocidos como “la mano
negra”.
“...los más connotados nos explicaron la
situación: aviase ya dado cuenta la empresa de las primeras
manifestaciones de la gestación de la rebeldía que cundía
entre sus trabajadores, por mejorar su situación y con soberbia
inaudita
les planteaba el siguiente dilema a escoger “O SOCIEDAD O
TRABAJO”
¡¡¡Compañeros!!!... los hemos citado
con el fin de organizar una “sociedad”, si pero de un nuevo tipo,
una sociedad de RESISTENCIA que seria más que “mutualista”...
una sociedad de resistencia que llamaremos “SINDICATO”, para
presentar ante la compañía de luz nuestro “pliego de
peticiones.”
“...Pero...es necesario unirnos primero;
organizarnos en debida forma, para tener un cuerpo directivo de
nuestros
primeros trabajos.... el peligro acecha y ya saben la consigna de la
Cía.
...”solo hay DOS SOPAS” a elegir : O SOCIEDAD O TRABAJO...no
queremos obligar a nadie en ésta aventura, sino que, con toda libertad,
y
consultando antes con su conciencia decidan... fórmense en una fila y a
la voz de ...¡¡¡ UN PASO AL FRENTE!!! saldrán de esa fila
los compañeros que estén dispuestos a
todo...¡¡¡porque...SINDICATO y no otra”Sociedad”
saldrá de aquí en adelante!!!”
“Los que por
razones muy personales no deseen seguirnos, pueden quedarse en su lugar
con la
seguridad de que no serán obligados a nada.”
“Todos
instintivamente, volvimos la vista hacia atrás, para ver quien o
quienes
se habían quedado sin dar el paso al frente, pero con gran
satisfacción, vimos que todos, absolutamente todos, habíamos
avanzado un paso adelante..”
Tomado de la revista”LUX”
Noviembre. 1956.
LA CREACION DEL SME: LAS HUELGAS DE 1915 y 1916,
NARRADAS POR SU PRINCIPAL PROTAGONISTA.
Ernesto Velasco.
A principios de
1914, época de intensa revolución armada y social y de grande
apremio para las diversas facciones que estuvieron en el poder, nos
llegó
a los trabajadores de “línea elevada” unos volantes impresos
remitidos por los camaradas tranviarios, quienes acababan de llevar a
cabo un
movimiento de huelga respaldados militarmente por el entonces
Gobernador del
Distrito, General Heriberto Jara, que tuvo su desenlace con la
incautación por el Gobierno de la Compañía de
Tranvías de México, S.A. y en cuyo respaldo confiaba,
invitándonos a formar una sola agrupación, incluyendo diversas
sanciones para quienes no aceptaron En esos días estábamos, a
invitación del extinto compañero Salvador Domenzain,
reuniéndonos en su domicilio, para ultimar la formación de una
Sociedad de carácter mutualista. Naturalmente ese genero de
asociaciones
no estaba de acuerdo con la situación ni menos con el volante de
marras,
y hubimos de cambiar el rumbo para intervenir en la lucha sindical que
se estaba
generalizando debido a los esfuerzos de los miembros de la “Casa del
Obrero Mundial”. Convenciendo Domenzain de las razones que adujimos y
no
teniendo sitio apropiado en que reunirnos, el mismo compañero, a la
sazón Operador de la Sub—estación de la Nana, nos invit6 a
celebrar la entrevista o cambio de impresiones en dicho lugar,
eligiéndose la azotea del propio edificio y la fecha, el 6 de
diciembre;
reunidos ahí los compañeros Luis R. Ochoa, Domenzain, Carlos de la
Peña, paréceme que Agustín López, el que esto
escribe y algún otro que no recuerdo: la junta fue relativamente corta,
y
por primeras providencias, se aprobó el nombramiento de varias
comisiones
para hacer la propaganda, lo más sigilosamente posible, pues ya se nos
había dicho, por los jefes, que o Sindicatos o trabajo; se
comunicó a todos que la Asamblea preliminar se verificaría en el
Salón de Actos de la Escuela de Comercio, junto a la de Minería
(este sitio lo arreglo el compañero José Colado a quien suplique
tales gestiones, así Como que nos asesorara en la referida Asamblea lo
cual hizo ampliamente): el compañero Colad0 ocupaba desde el tiempo del
señor Madero, la Jefatura del Departamento del
Trabajo.”
“Después de las explicaciones y exhortaciones de
rigor, se procedió al nombramiento del Comité’ que quedo
integrado por varios compañeros entre ellos, el compañero Ochoa
como Srio. General y el que esto escribe, Srio, del Interior. (no
recuerdo
los nombres de los demás, pero deben constar en el
archivo).”
“Buscamos sitio para las siguientes sesiones, y
temporalmente nos reunimos en lo que era el convento de Sta. Brigida,
donde se
nos facilito local, pero como se notara un movimiento poco después,
de militarización, con lo que no estuvimos de acuerdo, alquilamos un
antiguo salón de cine llamado “Salón Star” en la
esquina de San Diego y Alameda.”
“La lucha que se inicio fue
ruda, pues por una parte, el Gobierno no daba color franco de
obrerismo, y por
la otra, la sorpresa de la Compañía, nos tenían un tanto
desorientados para actuar con decisión; de cualquier manera, lo que
todo
mundo quena como primer paso, era un aumento de salarios
principalmente; se
buscaron todos los datos, en primer lugar, las posibilidades de la
Compañía y en segundo, las listas de raya, etc., esto nos
tomó tiempo, para las múltiples dificultades que se nos
ofrecían, pero al fin con esos datos en nuestro Poder, se hizo la
petición a la expresada Compañía, que se negó
siquiera a discutir, llegando a declararle la huelga de improviso el
día
5 de marzo de 1915, estallando a las 2:05 A.M. El único obstáculo
encontrado, era la oposición de Lason, Operador de Nonoalco, pero
algunos
compañeros lo secuestraron, y quedo suspendido TOTALMENTE TODO SERVICIO
DE ENERGÍA ELÉCTRICA en el D. F.”
De los datos
adquiridos, llegamos a conocimiento de que los peones y muchos
ayudantes de
celadores, ganabas $0.75 y fuera del. D.F. hasta. $0.50 y menos; de
manera que
nuestro pliego de peticiones por ese capítulo, fue que se
considerarían todos los sueldos menores de $l.00 como de este valor, y
que sobre este, se aumentarían en 50 por ciento y decreciendo el
porcentaje hacia los sueldos mayores hasta llegar a un aumento del 15
por
ciento. Después de muchas entrevistas enojosas, nos fue concedido
totalmente lo pedido, reanudándose el servicio a las 8.30 P.M. del
mismo
día. Naturalmente, hubo mayor dureza con nosotros desde esa fecha , lo
que hacía que las entrevistas menudearan para aplacar esa
conducta.”
“La 2ª. Huelga tuvo lugar el día 13 de
agosto siguiente (si mal no recuerdo) originado especialmente por el
cese de
alrededor de 40 empleados de Cobranzas que no serían utilizados, porque
la Compañía había dispuesto, que los suscritores pagaran en
las oficinas de la misma. En estas nuevas peticiones, se pedía otro
aumento proporcional para todo el personal en sus sueldos y otras cosas
necesarias, inclusive una mejor y más justa reglamentación en el
trabajo, pues la semblanza del Gobierno, no nos dejaba pedir más. Esta
huelga estalló a la una y cinco A. M. Muy de mañana estaba el
Salón lleno de compañeros que permanecían en el hasta
conocer la solución. A eso de las 10 A. M. Se presentó a
mí, un ayudante del General D. Pablo González Comandante Militar
de la Plaza, indicándome que dicho militar me necesitaba; a esta
solicitud, conteste que estaba a sus ordenes en el Salón del que no me
era posible }separarme, pues yo era el Srio. General; poco después;
volvió acompañado de los señores Juan Sarabia, José
Morales Hess y un abogado, cuyo nombre no recuerdo, a quienes introduje
al
Salón, y concedida a ellos la palabra, nos regaron en diversas formas,
reanudar el servicio y que para conocer mejor las intenciones del
General
mencionado, se hacia necesaria mi presencia ante él; a esto se opuso el
Sindicato, y nombro una comisión compuesta por Antonio Arceo, Carlos de
la Peña, José M. Trejo, yo y alguien más que no recuerdo.
Una vez en presencia del Comandante Militar, este nos dirigió una
arenga
punzante e impropia y en desacuerdo con su investidura y con las
consideraciones
que creíamos merecer; como el compañero Trejo insistiera en la
justificación de nuestras peticiones, ya que yo llevaba una
estadística completa de las erogaciones y posibles ganancias de la
Compañía, que la ponían en condiciones de aceptar lo pedido
( a mi no me permitió hablar el Sr. Gral.); debo decir que el
compañero Trejo se veía bastante bien de salud e indumentaria, y
se ocurrió como argumento supremo, QUE MATERIALMENTE NOS
ESTÁBAMOS MURIENDO DE HAMBRE con los sueldos que percibíamos,
decir esto Trejo y enfurecerse el General todo fue uno y le dijo,
colérico mirándolo de arriba a abajo, ¿si? pues a usted lo
voy a enseñar a morirse de hambre, ya vera...esta actitud injuriosa y
brutal del Gral. duró grande rato; nosotros, es decir, el resto de la
Comisión, procuramos muchas veces calmarlo, pero no daba trazas, lo
contrario muchísimo el argumento de Trejo, que lo desmentían sus
prendas de vestir y su gran salud; al fin nos dijo imperativamente me
van a
reanudar el servicio inmediatamente, y a cambio de eso, les voy a dar
el monto a
que ascienda el aumento que piden durante tres meses, tiempo este que
emplearían ustedes en revisar los libros de la Compañía en
unión de tres personas en mi representación (los mismos que
fueron al Salón) y de parte de ustedes (dirigiéndose entonces
hacia mi) otra Comisión de tres ,en la que usted formará parte, y
Si en ese periodo no me comprueban lo que aseguran, respecto a las
posibilidades
de la Compañía, me lo pagan. Llévense a este,
seña1ando a Trejo; este camarada, se nos perdió inmediatamente,
cosa que de momento nos alarmó, pero al llegar al Salón, lo
encontramos rogando a la Asamblea, que por sus hijos, hermanos, padres,
etc.,
reanudáramos el servicio, pues según é1; se nos
fusilaría en masa de no hacerlo. Subimos a la plataforma, y yo,
serenamente referí las condiciones impuestas por el General, omitiendo
naturalmente los detalles agrios de la conferencia, lo que mortifico
grandemente
a nuestro C. Trejo. Esta medida, la puse en conocimiento de la Gerencia
de la
Compañía y esta me llamó horas después, para
comunicarme, que acababa de recibir un cable de Toronto, autorizándolo
para arbitrarse los medios de cubrir nuestras peticiones. El servicio
terminó en reanudarse a las 18:55 P.M. del mismo
día.”
A los pocos días, y sin mediar solicitud
expresa de las dependencias foráneas de la Compañía y en
compensación de la gran solidaridad de Necaxa y demás plantas
subsidiarias redacte y sometí a la consideración de la Asamblea,
loe pliegos de peticiones ( que hoy se llaman :Contratos de Trabajo)
para cada
una de dichas dependencias, y me puse materialmente a localizar al
señor
Gerente, hasta que lo encontré en :el edificio que forma parte de la
esquina de Bucareli y Donato Guerra, ahí estaba el señor Lic.
Rivas y Cervantes, le presente los documentos muy semejantes al acabado
de
conceder, y con el reciente antecedente de la huelga, todavía vivo en
su
mente, y con poco discutir, me los firmó sin quitarle un solo punto.
Hubo
gran regocijo por la violencia de tales
arreg1os.”
“Después de terminado mi periodo, solicite
y obtuve un permiso de tres meses para ir a los Estados Unidos, pues
quería trabajar a11á; la :Compañía me dio por
solicitud mía, dos cartas .muy raras por lo amplias, una en ingles y
otra
en español, en las que hacían constar, tanto el tiempo de
servicios en los Departamentos en los que preste, como mi actual
sueldo.”
“Durante la búsqueda de empleo en
Nueva York, me persuadí de que hasta alía llegaron los informes
de nuestros dos movimientos de huelga, y naturalmente , no obtuve
éxito;
durante mi estancia allá, recibí entre otras cartas una de
Salustio Hernández, contándome que la Compañía
estaba volviendo por sus fueros.
El Srio. General que me substituyo fue el
compañero Juan R. Leño. Volví sin más aviso, el
día preciso en que debía reanudar mis labores en la
Compañía. A las pocas semanas renuncio el camarada Reyes
Leño, y fui electo nuevamente Secretario General. Comenzó como yo
esperaba gran movimiento de reivindicación, y menudearon las quejas que
tuve procurar resolver ante la Compañía, siempre con dificultades
y humillaciones que mi testarudez me hacían insistir y con una evidente
mala voluntad de parte de las autoridades. Estas dificultades
amontonadas por la
intransigencia de la Compañía nos llevaron por fin a declararle
nuevamente la tercera huelga intempestiva el día 28 de julio de
1916.”
“Ya con los barruntos del deseo del movimiento, me
traslade a Necaxa con algunos compañeros secretamente, y llame al
Comité de ellos, para comunicarles la inminencia de otra huelga
secretamente también, nos reunimos en una especie de masonería en
la casa de uno de ellos, Comprometiéndonos solemnemente a acatar mis
indicaciones, caso de ser necesario el movimiento, redactando un
mensaje en
clave, que firmaría Ernesto H. Velasco, con la advertencia de que
de no llevar tal “H” no fuera obedecido. Así las cosas, llego
el momento esperado , y remití el dicho mensaje, suspendiéndose el
fluido eléctrico TOTALMENTE EN TODAS LAS FUENTES DE LA CIA., a las dos
horas veinte minutos de la mañana del día mencionado. Esta huelga
duro tres días. Antes de declarar el movimiento (unos ocho días )
quise apoyarlo con una solidaridad absoluta de la Federación de
Sindicatos Obreros del D.F. y deseando cambiar impresiones con los
dirigentes
obreros, me encamine al edificio social de los Dependientes de
restaurantes (
simpático y valiente gremio) en el camino, me encontré al
compañero Luis N. Morones a quien le comunique mi deseo, y juntos
llegamos al sitio indicado, encontrándonos con que las diversas
Comisiones que hacían gestiones para que los industriales pagarán
con papel infalsificable a sus obreros, de acuerdo con una disposición
reciente en que tal cosa convinieron en el Teatro Abreu ante el C.
Gral.
Benjamín C. Hill los patrones, y dando cuenta de sus dificultades,
aproveche un momento oportuno para hacerles notar lo inútil de tales
gestiones pues tal papel bajaba a grandes pasos y la miseria cundía
rápidamente entre el elemento trabajador. Esta exhortación que
tanto Morones como yo hiciéramos, cambió totalmente el cariz de la
Asamblea, proponiendo y al final y secundado por Morones y otros
camaradas de la
misma Asamblea, que deberíamos organizar una huelga general,
absolutamente económica (esto daría más fuerza a nuestro
movimiento, sobre todo, era el único paso adecuado para acabar con la
miseria del pueblo. Se designó una Comisión o Comité de
Huelga y se nos designo a Reinaldo Cervantes Torres y a mí, para
redactar
un Manifiesto a la Nación que fue aprobado por los componentes de la
Federación. Las peticiones contenidas en el Manifiesto, se fundaron en
la
ya insostenible baja del papel moneda, pues se echaba mano hasta de las
llamadas
planillas de los tranvías que tenían gran aceptación en los
mercados, llegando ya a la desesperación la situación de los
trabajadores en consecuencia, se pedía, o una de dos, o se pagaba con
papel moneda de acuerdo con su cotización en la Bolsa de Nueva York, o
se
nos pagaba con moneda metálica escondida totalmente para el Estado,
pero
mayor era nuestra osadía en aquel entonces, y como medida de precaución
s me indicó esconderme. Mi escondite, lo di a conocer a
dos camaradas del Sindicato, para que se me comunicara con oportunidad
el
resultado de las gestiones que hacía la Comisión o Comité
de huelga que después supe fue (llamado a presencia del Primer Jefe Don
Venustiano Carranza. El 31 de julio, la policía fue conducida a mi
escondite por aquellos compañeros que lo sabían y fui conducido la
presencia del Gral. López de Lara, Gobernador del Distrito Federal,
pues
el tal Manifiesto había sido pegado en las esquinas con toda rapidez, y
con la misma, la policía aprehendía a los pegadores y
desprendía los papeles y hacia una verdadera redada de camaradas que
vestían overoles, dando1os por electricistas; el Salón Star y
otros muchos, fueron invadidos y saqueados por los soldados, pareciendo
la
ciudad en estado de sitio, por la reconcentración de elementos
militares
un tanto desusada.. Una vez en presencia del Gobernador, este me mostró
un ejemplar todavía húmedo, de un Decreto, estableciendo la Ley
Marcial y que conforme a ella sería juzgado, de no reanudar el servicio
eléctrico, pues según supe después, tanto la
Compañía como el Gobierno, habían concentrado rompehuelgas
en las plantas, pero en vista de que tanto en este movimiento como en
los
anteriores, habíamos fijado sobre los tableros de la planta de Nonoalco
y
otras, con grandes caracteres con tinta, que no nos hacíamos
responsables
del manejo de dichas plantas sin nuestra intervención, pues
habíamos saboteado no solo las plantas sino las líneas de
Transmisión, los tales rompe huelgas, entre quienes había
ingenieros electricistas y obreros libres, no se atrevieron a tentar
nada, y
así se lo comunicaron al Gobierno ; este no tuvo mas remedio, que dar
conmigo como lo hizo; en la entrevista forzada que tenía con dicho
funcionario, me negué a obedecerlo, indicándole que el
único capacitado para dar ese paso era el Comité de Huelga. Ante
esta actitud, me encerraron en un separo del edificio del Gobierno del
D.F., con
la advertencia de que lo fuera reflexionando; después de dos horas, fui
conducido nuevamente a su presencia, y nuevo apremio de su parte, y
nueva
—negativa de la mía; me regresaron nuevamente a mi separo y al poco
rato, un oficial me llevo una charola con víveres y un fajo de
billetes,
que para mi familia estos últimos indignado rechace este obsequio, a
los
pocos momentos, fui llevado nuevamente a la oficina del Gobernador
,quien me
trato esta vez, con un comedimiento y cortesía, que me sorprendió,
diciéndome: El primer Jefe, me acaba de comunicar por teléfono,
que ya tiene en sus manos peticiones arrancadas de una esquina y que
ofrecía desde luego estudiarlas, asegurándome que los encontraba
justas.. Pedí seguridades y casi me interrumpió diciéndome:
Sr. Velasco, le tiendo a Ud. esta mano de Caballero y Funcionario, como
una
muestra de sinceridad y respalda al C. Primer Jefe, dándole tanto a Ud
· como a sus compañeros, toda clase de garantías para
reanudar el servicio, como de ponerlos en libertad una vez conseguida
la
energía eléctrica; no ve Ud. la situación militar porque
atravesamos, la inmensa responsabilidad en que Ud. incurre por los
..fallecimientos en los Hospitales por falta de agua y luz para sus
tratamientos, la epidemia que se avecina con el drenaje atascado por
falta de
agua, etc,etc., sobre todo, la Comisión de Ud. me esta hablando, ya le
dio al C. Primer Jefe su asentamiento y es solo Ud. el testarudo;
todavía
le pedí que me diera facilidades para verme con el Comité de
Huelga, para ponernos de acuerdo, contestándome que yo era e1
único indicado para reanudar los servicios aludidos, y que ya me
había dado su palabra para que no tuviera tanta desconfianza. Caí
en e1 garlito, y accedí; me ordeno ser acompañado por cuatro
soldados ( para protegerme y un oficial de apellido extranjero y que no
recuerdo
ahora) ; así recorrí todas las subestaciones Comenzando con
Nonoalco, donde encontré a los referidos rompe-huelgas, trasmití
el mensaje ya acordado, así como en la Verónica, donde me
encontré con el Jefe de las Comisiones de Seguridad, quien después
de que me vio comunicarme con las foráneas que estaban ligadas con la
Verónica, me senté a esperar que sincronizara para que mandaran el
fluido a dicha planta; esto por ignorancia del funcionario aludido, me
iba a
costar la vida a sus manos, pues creía que me estaba haciendo y
burlándome del C. Gobernador, entonces intervino mi custodio
impidiéndolo, por recomendación expresa de dicho gobernador; sin
más incidente, seguí mi recorrido hasta llegar a la Noria, dejando
restablecido el servicio a las 11 hrs. A.M, del día lo de
agosto.”
Confiado yo en la palabra empeñada del Sr.
López de Lara, pedí a mis custodios me condujeran a su despacho
para darle cuenta de mi compromiso; pero grande fue mi sorpresa, cuando
se les
ordeno, sin dejarme entrar, que se me incomunicara nuevamente; no me
valieron
protestas ni injurias. Mientras tanto, la famosa Ley Marcial, se había
publicado en forma de Bando. A las 2 P.M. fui remitido a la
Penitenciaría, consignado a un Juzgado Militar, bajo el cargo de
TRAIDOR
A LA PATRIA Y COMPLICE DE REBELION, debiendo ser juzgado conforme a la
ley de
Juárez, expedida el 6 de enero de 1862. Llegado e la Penitenciaria, fui
conducido a la crujía “E” donde recibí otra sorpresa
más, pues en ella estaban recluidos todos los componentes del
Comité de Huelga, consignados por Don Venustiano bajo el mismo cargo
que
a mi, después de ser injuriados por dicho funcionario, el día que
concurrieron a su llamado. Todo esto lo ignoraba yo. Aquellos camaradas
me
boicotearon en cierta forma, suponiéndome traidor, pues ignoraban lo
acontecido conmigo.. Uno de ellos, ya estando entre filas para ser
juzgados,
llamo aparte a las compañeras que integraban dicho Comité y casi
en mis narices, les advirtió que sostuvieran que ellos no habían
ordenado el paro de los servicios públicos, ante el Jurado, lo que me
daba a entender que yo iba ser el único responsable del movimiento. Una
vez en el Salón de Jurados, ubicado en lo que fue Cárcel de
Belén, muchos de los camaradas —acusados, mostraron nombramientos y
documentos oficiales como colaboradores del Gobierno, etc ..yo no tenia
nada
parecido, ahí ratificaron lo convenido en mi contra, o por mejor decir,
alegando cierta irresponsabilidad, de manera —que yo estaba mal parado;
sin embargo, el Sr. Lic. Antonio Villalobos, actual Jefe del Depto.
‘del
Trabajo, Agente del Ministerio Público, en dicho Jurado, reformo sus
conclusiones, apartándose seguramente de la consigna, y probablemente
de
acuerdo con el Jurado, y nos absolvió ‘del cargo por el que se nos
juzgaba, y fuimos devueltos a la Penitenciaria, acusados de alterar que
se yo
que conforme a un precepto del Código de Comercio y consignados a un
Tribunal del Orden Común; libres ya de ser juzgados en ,Consejo
Sumarísimo, bajo un régimen militar como se nos había
juzgado. Entretanto se nos estaba juzgando acorralados por fuerte
contingente
militar, en las ventanas, por fuera, estaba la multitud aglomerada
contemplando
esa infamia, ya que el Salón esta atestado de camaradas; al regreso al
presidio, fuimos acompañados por enorme multitud hasta que traspusimos
la
puerta. No conforme con la opinión del Consejo, ni menos con la del
Lic.
Villalobos, el Sr. Carranza ordenó el encarcelamiento del referido
Abogado, y más tarde expulsado del país Rápidamente se
ordenó la reposición del Jurado Sumarísimo, y se nos
volvió a juzgar con palabras mas, palabras menos, bajo el mismo cargo.
En
este nuevo Consejo Sumarísimo, yo el verdadero blanco de las mas
pérfidas acusaciones. Un nuevo lleno de camaradas, que nos auxiliaban
con
alimentos, pan, etc., de algunos sindicatos; esta sesión, duro de las 3
de la tarde, hasta las seis de la mañana siguiente, advirtiendo de
paso,
que dos horas antes, los principales funcionarios del Consejo, se
ausentaron del
recinto y regresaron a las 6 a.m.; puestos de pie, se leyó el
veredicto,
que puso en libertad a todos los demás, y sentenciándome a mi a
muerte. Al escuchar tal sentencia, una de las compañeras acusadas,
sufrió un síncope, y los demás salieron a escape, quedando
yo custodiado y conducido a la Penitenciaria, asegurándose en mi celda
.
Media hora más tarde, desfilaron ante mi encierro, una multitud a
quienes
trabajosamente se les pudo dar boleta de visita, siendo necesario
suspender las
de otros reos durante todo el día; entre ellos, fue el compañero
Morones que me llevó una botella de Coñac que nunca use antes;
pero que sin yo darme cuenta, la apure durante el día; a este
compañero le regale mi corbata de recuerdo y le di algunos encargos,
pues
tenia la firme convicción de ser fusilado en breve y lo que me
parecía peor, que fuera privadamente.
Con este otro resultado,
tampoco estuvo de acuerdo el Primer Jefe, y ordeno al Comandante
Militar de la
Plaza, la reaprehensión de los libertados, pero el éxito no fue
completo, pues varios se escondieron o salieron del país y a los que
lograron atrapar, los pusieron en libertad meses más tarde.
A
raíz de estas nuevas aprehensiones, y precisamente el día 28 del
mismo agosto, vimos con gran regocijo, que el Sr. Carranza había
lanzado
un Decreto estableciendo el pago forzoso a los trabajadores de todo el
país, con moneda metálica “oro nacional” esto nos hizo
mandarle un telegrama felicitándolo por tal medida, y claro,
esperábamos que habiendo reflexionado, esto recordaría que nos
debía poner en libertad; pero no, se concretó a contestar
agradecido; naturalmente, le mandamos otro pidiéndole nuestra libertad,
apoyándonos en que tales fueron nuestras peticiones, y que ya que las
concedía, lo indicado era ponernos en libertad. Este telegrama no tuvo
contestación.
Yo mientras tanto esperaba la muerte de un momento a
otro. Así esperando, estuve 10 meses con la sentencia de muerte encima,
cuando se me comunicó la conmutación de tal sentencia por la
extraordinaria de 20 años POR EQUIDAD
esta comunicación me
negué a firmarla lo que valió el cambio de Crujía y trato
más riguroso tampoco quise confesarme con un cura de oficio para tales
casos a raíz de mi primera sentencia. Transcurrieron otros ocho meses
antes de ponerme en libertad; total 18 meses 18 días
encerrado.
Mientras todo esto me ocurrió, siempre tuve la ayuda
pecuniaria, como si estuviera trabajando, de los fondos del Sindicato,
hasta mi
salida. También supe a tiempo, las innumerables gestiones que en mi
favor
se hicieron ante el Sr. Carranza durante todo este tiempo, no tan solo
por mis
camaradas de este Sindicato, sino de todo el país acciones estas que
nunca olvido y que sigo agradeciendo. A decir verdad, aquellos
atentados
desorientaron un —tanto al elemento organizado, pero tomando nuevos
bríos, se rehizo y la lucha sindical siguió su
curso.
¿Que como pude, al fin, salir sin compurgar los famosos 20
años? fue de la siguiente manera: El Primer Jefe, nunca hizo caso a los
trabajadores que gestionaban insistentemente mi libertad; se concretaba
a
estudiar el caso, o a ofrecer complacerlos, como ocurrió’ en cierta
visita que hizo a Necaxa; pero en cambio, en un caso meramente
político,
si accedió’, y fue como sigue: Las elecciones municipales para la
ciudad de México, estaban organizándose; había en proyecto
dos planillas, una encabezada por capitalistas y hombres de industria,
por el
Sr; Carlos B. Zetina, y otra de extracción obrera encabezada por un Sr.
Coronel Filiberto Villareal. como esta última propaganda fuera más
Popular (entre los trabajadores se entiende)temeroso Don Venustiano de
dejar
administrar la Ciudad, a. elementos, según el impreparados, pero
observando la profundidad que llevaba esa Campaña, llamo al Coronel
Villareal y este se
presento ante él, acompañado de SUS
colaboradores obreros; en esa entrevista se le hicieron varias ofertas
al
referido Coronel, que este no acepto; él sabía, porque visitaba
muchos centros obreros, debido a tales actividades, que había un tal
Ernesto Velasco preso, por cuya libertad se empeñaban los trabajadores;
ocurríosele entonces pedir mi libertad a cambio de dejar la
campaña municipal en que se había empeñado, con el
consentimiento de sus acompañantes. Debo advertir, que ni yo sabía
que había un tal Filiberto Villarreal, ni él me conocía,
mas que por lo que le contaban los trabajadores. Dn Venustiano se puso
a
reflexionar, que ya seria bastante castigo para mi el tiempo de
cautiverio, y
que habrían escarmentado los trabajadores, yo inclusive; después
de algunas reflexiones hechas, le concedió lo que solicitaba, y
salió’ inmediatamente a ponerlo en conocimiento, primero, de este
Sindicato y después a la Federación de Sindicatos Obreros del
D.F., e invitando a todos a ir por mi a la Penitenciaria el día 18 de
febrero de 1918. Yo estaba ignorante de todo eso, de modo que fue para
mi una
enorme sorpresa máxime cuando había prometido el Sr. Carranza
varias veces tal cosa y no lo había cumplido.
A mi salida, quede
asombrado de la inmensa multitud de trabajadores de ambos sexos que me
esperaban
a las puertas de la prisión; salí acompañado del Director
de ese establecimiento y nos colocamos frente a las cámaras
fotográficas de los periodistas, y acto seguido levanta do en hombros
en
cuya postura escuche varios discursos vibrantísimos de algunos
camaradas
dirigentes obreros, que conteste en la misma forma en la puerta del
presidio,
terminando mi contestación con “Viva la Huelga”; acto
seguido, desfilamos hasta llegar al hemiciclo a Juárez, donde se
repitieron los discursos y salutaciones; como tales palabras eran
fuertes contra
el Gobierno, y enfrente estaba en el Cuartel General del Jefe de la
Guarnición de la Plaza, los compañeros temerosos de un nuevo
atropello me sacaron en vilo, y atravesando los jardines de la Alameda,
fuimos a
parar al Edificio Social, donde se me tenía preparada una
recepción cariñosísima, que dio lugar a nuevos discursos y
felicitaciones y terminando con un baile que acabó a las 5 de la
mañana siguiente. Por invitación mía, me acompañaron
un Sr. Diputado cuyo nombre no recuerdo y el citado Villarreal, a las
oficinas
de la Cía. Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, para saber si mi empleo que
deje involuntariamente, estaba vacante, o cualquiera otro similar; la
contestación del ingeniero en Jefe, fue esta: “pero Sr. Velasco, la
Cía. no tiene nada contra ud. pero hombre sale ‘Ud. de la
Penitenciaria gritando viva la huelga, como se le ocurre que la Cía. lo
reciba”. Nos retiramos sin hacer la menor objeción. Perdí mi
empleo, pero el Sindicato esta vivo.
Al día siguiente, me presente
en el Sindicato y rogué al compañero Srio. General del Sindicato,
Salvador Célis Gutiérrez, ya desaparecido, que se imprimieran unos
volantes y se distribuyeran en los centros obreros, convocando a una
Junta para
un día fijado en el cine Buen Tono, que ya no existe, con el único
propósito de que se me juzgara en relación con mi actuación
durante el movimiento ocurrido, pues hasta la prisión me llegaba
rumores
de que se me consideraba traidor al movimiento por algunos compañeros,
pues salí con esa lastimadura. Concurrieron casi en su totalidad los
miembros de la Federación del D.F. y numerosísimos camaradas. Se
explic6 el motivo de tal reunión por el compañero Célis y
yo exhorte a los asistentes a lanzarme los cargos de que tuve noticia,
si
así se pensaba todavía. Tuve la satisfacción de no escuchar
palabra alguna durante cerca de 30 minutos, después de los cuales, el
compañero Morones dijo: compañeros, lejos de pretender sembrar la
desunión, —debemos agruparnos nuevamente como un solo hombre, para
seguir luchando por la Organización Todos lo ofrecimos, y yo salí
completamente curado de la lastimadura anterior.
Tomado de la revista
“LUX”.
NOTAS DE PIE DE PAGINA
Capítulo
I
1.- Entrevista realizada a Francisco de Celis Vertiz el 25 de abril de
1974.
2.- “LUX” órgano de la confederación
Nacional de Electricistas y Similares, Agosto-Septiembre de 1930, p.17.
3.-
“LUX” la revista de los trabajadores, enero de 1957, p. 52, 53 y
61.
4.- “El Universal”. Diciembre 28 y 29 de 1919.
5.- “El Demócrata” 14, 18 y 20 de mayo de 1919.
6.- “El
Demócrata” 6 y 12 de septiembre de 1919.
7.- En este tiempo,
los tranviarios no pertenecían a la Federación de Sindicatos
Obreros del D.F. sino al cuerpo central de Trabajadores. Además de
estas
organizaciones obreras existía el Gran Centro Obrero Independiente.
Estas
dos últimas organizaciones fueron de efímera
duración.
8.- En contra de esta tendencia dominante en el aspecto
ideológico del SME se encuentra el caso de Salvador Célis
Gutiérrez quien a comienzo de 1920, se embarcó en una aventura
política al formar el “Partido Nacional de
Electromecánicos”, que apoyaba la candidatura del general Pablo
González, a condición de que este adicionara una serie de derechos
obreros a la plataforma de la “Liga Democrática” que
impulsaba la candidatura de este general. Este hecho no mina la justeza
de la
interpretación como lo demuestra el desarrollo tanto del SME como del
propio Célis Gutiérrez. “El Universal” 28 de enero,
15, 10 y 24 de feb. Y 6 de marzo de 1920.
9.- De acuerdo a la entrevista
realizada a Francisco de Celis V., que asistió a varias sesiones de la
CROM, en el local que tenía en Belisario Domínguez.
10.- A
mediados de abril de 1920, el SME fue invitado a la Convención de la
CROM
en Aguascalientes, discutiéndose esta proposición en asamblea. No
se conoció la respuesta del SME. El Demócrata” 23 de abril
de 1920. En este mismo sentido de relaciones amistosas puede
interpretarse la
declaración del SME de mayo de 1922, de “mantener este sindicato
independiente de las diferentes agrupaciones pero impartirles ayuda a
todas..” SME Libro de actas, 2ª, p. 9 mayo 8 de 1922.
11.- “LUX” 1 de diciembre de 1956 p. 10 y 11.
Capítulo
II.
1.- La revolución Mexicana y el desarrollo del capitalismo en
México. Doc. Mimeog. p. 10
2.- Idem. P.10
3.- Carlos
Marx. El capital . T. I. P. 376 cit. En “La Revolución Mexicana
y ...” p. 8
4.- La Rev. Mex...” p. 10.
5.- Leal, Juan
Felipe. La burguesía y el Estado Mexicano. P. 189
6.- Op. Cit. La
rev. Mex. P. 7
7.- Idem. P. 7
8.- . Gilly, Adolfo. La Revolución
Interrumpida. P. 37.
9.- Idem. P. 38
10.- Op. Cit. Leal, Juan felipe. P.
88.
11,. Idem. P. 100.
12.- Idem. P. 103
13.- carr, Barry. El Movimiento Obrero y la política en México. 1910.
1910-1929. p. 15.
T.I.
14.- Ibidem. P. 17 y 18
15.- Op. Cit. Leal, Juan felipe. P.
114.
16.- Carr. Barry. Op. cit. p. 16.
17.- Rosenweig, Fernando. “La
Industria”. En Daniel cosio Villegas. Historia Moderna de México.
El Porfiriato. Vida Económica. T. I.p. 414-421. cit. Por Leal, J.F. Op.
Cit. P. 118.
18.- González Navarro, Moisés. Historia Moderna
de México. EL Porfiriato. Vida social p. 298. carr, barry. Op. Cit. T.
I.
P. 33
19.- carr, barry. Op. cit. p. 24 y ss.
20.- Leal, J.F. Op. cit. p.
10.
21.- “El primero de mayo y el bonap. “Op. Cit.
22.- Ibidem.
23.- Gilly, A. Op. cit. p. 151
24.- Idem. P. 227
25.- Idem.
P. 230
26.- Idem. P. 228
27.- Idem. P. 225
Capítulo
III.
1.- Tzvi Medin. Ideología y Praxis política de
Lázaro Cárdenas. P. 13.
2.- El primero de mayo y el Bonap.
Doc. Mimeog
3.- Guershenson, antonio. El movimiento obrero ante el
nacionalismo revolucionario. La experiencia cardenista. P. 20
4.- Gramsci,
Antonio. La política y el Estado Moderno p. 124-129.
5.- Shulgovski, Anatol. México en la encrucijada de su historia p. 13 y
39.
6.- Guershenson, Antonio. Op. Cit. P. 60
7.- Rosas, Javier.
Obregón: el último caudillo de la Revolución Mexicana p.
35 y 62.
8.- El primero de mayo y el bonap.
9.- Gilly, Adolfo. Op.
Cit. P. 340-41
10.- Carr, Barry. Op. Cit. p. 127
11.- Salazar y
Escobedo. Las pugnas de la Gleba p. 236-238.
12.- Clark, Marjorie ruth.
Organized Labor in México p. 59
13.- “El Nacional” 11 de
abril de 1919.
14.- carr, Barry. Op. Cit. p. 133
15.- “El
demócrata” 16 de mayo de 1921.
16.- Salazar y Escobedo. Op.
Cit. P. 69
17.- Clark, M.r. Op.Cit. p. 73
18.- Basurto Romero, Jorge.,
El Proletariado Industrial en México. P.200
19.- Ibidem.
P.222
20.- “El Demócrata” 20 de sept. De 1920.
21.- Clark, M.R. Op.Cit. p. 82, 83, 84.
22.- “El demócrata “16
y 17 de feb. De 1921.
23.- Ibidem. 25 de febrero de 1921
24.- Ibidem. 21
y 22 de febrero de 1921.
25.- Ibidem. P. 18 de feb. De 1922.
26.- Ibidem. 7, 13 y 15 de junio de 1922.
27.- Aunque los tranviarios estaban
organizados en una Federación que agrupaba al total de obreros y
empleados sindicalizados de la Cía. de Tranvías de México
S.A.., esta federación estaba compuesta por dos sindicatos, el de
Talleres y el de Tráfico. Cada uno de los cuales se encargaba de
enfrentar y solucionar por separado sus problemas gremiales, y esto
pese a que
la empresa era una sola, dificultando este tipo de estructura sindical
apoyos
solidarios oportunos en problemas con la empresa disgregación de la
fuerza sindical y limitación en el proceso de concebir a los problemas
gremiales como problemas generales de la organización.
Podemos decir,
que dentro de este contexto el SME constituía una excepción, pues
de hecho tenía la forma de organización de una sindicato
industrial. Aunque tenemos presente la situación de
desorganización por la que atravesó el sindicato en los
años de 1928, 1919 y 1920, tenemos indicios de que todavía en el
año de 1918, los problemas de los trabajadores de Necaxa, eran tratados
directamente por la matriz del SME en el D.F.
Sin embargo, no va a ser sino
hasta finales de 192q1, en que las relaciones entre la matriz del D.F.
y sus
divisiones comienzan a organizarse y a estrecharse. Sobretodo a raíz de
la firma del convenio del 31 de dic. De 1921, en cuya lucha
participaron los
trabajadores de la división Necaxa y El Oro Pese a esto, el proceso de
reorganización del SME, la estructuración y estrechamiento de las
relaciones con sus divisiones se fue dando de una manera lenta, pues
todavía a finales de mayo y principio de junio de 1922, tanto la
división Necaxa como la línea El oro, en cartas dirigidas a la
matriz del D.F. preguntaban sobre la forma de hacer sus pagos de cuotas
sindicales; así como copias del convenio de dic. De 1921, lo que
evidencia la falta de comunicación entre la matriz y sus divisiones.
SME,
Libro de Actas 2ª, 24 de mayo y 30 de junio de 1922.
28.-“El
Demócrata”, 26 y 27 de sept. De 1920
29.- Ibidem. 10 de julio de
1921
30.- Ibidem. 18 de febrero de 1922.
31.-Por ejemplo, el pago de
indemnizaciones, derecho de antigüedad, jubilación, asistencia
médica, así como reconocimiento legal de la organización
por parte de la empresa
32.-Esta concepción pequeño burguesa
que representa los intereses del sector de pequeños propietarios del
campo, esta presente además en sus concepciones liberales
económicas, en las cuales confería un papel importante a los
sectores medios prerrevolucionarios, que ambicionaba convertir en
capitalista
“en una lucha esforzada y noble” con el capital extranjero
monopolista, y esta presente de manera mucho más clara en lo que se
refiere a la cuestión agraria, problema cuya solución la
veía en la creación de la pequeña propiedad
agrícola. Javier Rosas. Op.Cit. o. 40 a 46.
33.- “El
Demócrata” 9 de julio de 1920.
34.- “Excelsior” 13
de noviembre de 1920
35.- “El Universal” 27 de junio de
1920.
36.- Ibidem. 23 de agosto de 1920.
37.- “El
Demócrata” 7 y 13 de dic. De 1920; “El Universal” 20,
24, 25 de mayo de 1921; 1, 3, 8, de junio, 6 de julio y 27 de octubre
de
1921.
38,. Bassols, Batalla, Narciso. El pensamiento político de
Álvaro Obregón. 156-157 Cit en Rosas, Javier. Op.Cit. p.
42.
39.- Por ejemplo, “El Universal” en un editorial titulado
“El origen de los conflictos obreros” en donde fijaba su
posición en torno a la inminencia de una huelga del SME, decía:
“La huelga de Necaxa anunciada para hoy, que por su trascendencia misma
afecta a todas las clases trabajadoras y a la sociedad en general; esa
huelga,
decimos, así como todas las que, graves o insignificantes, amplias o
reducidas a un pequeño núcleo, se han suscitado en los
últimos tiempos, reconocen una misma causa: la falta de una ley del
trabajo, que norme tanto las obligaciones y derechos de los obreros,
cuanto los
de los industriales.”
Durante largos años, estos conflictos
que contra lo que pudieran suponer los obreros o les hiciesen creer los
agitadores, no solo lesionan al capital, sino que afectan grandemente a
la
tranquilidad y prosperidad nacionales, se han venido desarrollando
sobre un
plano inseguro; como si dijéramos en el vacío. Sin disposiciones
legales determinadas, sin principios a que atenerse, resulta que ni los
obreros
saben lo pueden pedir, no los industriales conocen a ciencia cierta lo
que
están en aptitud de otorgar o negar. Se pide sin tasa, se niega o se
vacila sin discernimiento. Y en ese vaivén, en que intereses y pasiones
entran en pugna, quienes naufragan son acaso los que ninguna culpa
tienen.” “El Universal” 31 de dic. De 1921.
40.-Por ejemplo
en Veracruz y Puebla. En Veracruz, cuando era gobernador Candido
Aguilar, este
trató de promulgar una Ley del Trabajo, tropezando este intento por la
resistencia que encontró de parte de los capitalistas de la zona,
cuando
quiso fijar el monto de las utilidades para los obreros.
Posteriormente, durante
el gobierno de Adalberto Tejeda, el proyecto de Ley de Reparto de
Utilidades que
envió al Congreso Local motivo una serie de ataque contra esta por
parte
de la prensa, especialmente “El Universal” “El
Universal” 10 de enero de 1921.
41.- Rosas, Javier. Op. Cit. P.
42
42.-“El Demócrata” 28 de mayo de 1920.
43.-Ibidem.
25 de junio de 1920
44.-Ibidem. Meses de mayo y junio de 1920.
45.-Ibidem.
9 de julio de 1920.
Capítulo IV.
1.-“El Universal”
1 de julio de 1920.
2.-Los vales eran llamados así por haber sido
puestos en circulación cuando era Secretario de Hacienda, en el
Gobierno
de Carranza Luis Cabrera. Se emitieron con el propósito de remediar a
nivel nacional la falta de moneda fraccionaria, originada por la
desaparición de la moneda de plata—que era la de mayor
circulación—merced a que esta había aumentado de valor por
encima de su valor monetario, originando su acaparamiento y
desaparición
del mercado. Sin embargo, esta medida se tradujo en graves perjuicios a
la clase
trabajadora, pues ante la falta de moneda fraccionaria (cobre) que era
también acaparada, estos vales no solo eran canjeados por debajo de su
valor monetario, sino que originaban multitud de formas de monopolios
comerciales, repercutiendo todo en la economía del pueblo.
3.-
“El Demócrata” 30 de abril de 1920.
4.- Los trabajadores
tranviarios pertenecían en ese tiempo a la CROM. No debe
extrañarnos que esta organización que en aquel tiempo tenía
un tiempo considerable en la vida sindical del país, por ser los
tranvías uno de los principales medios de comunicación; y que en
poco tiempo se convertiría en una de la federaciones obreras más
importantes de la capital y en firme pilar de la CGT perteneciese a la
CROM.
Recordemos QUE AL Congreso de Saltillo, del cual nació la CROM,
asistieron representantes de diversas tendencias ideológicas:
socialistas, anarcosindicalistas, además de los reformistas; y que solo
va a ser hasta 1920, en que estas tendencias fracasan en sus intentos
por
derrotar a Morones y su grupo “acción”, que se van a separar
un considerable número de organizaciones, con la firme
determinación de formar una organización de oposición a la
CROM, y que en 1921 van a dar lugar a la formación de la CGT. Los
tranviarios se separan de la CROM hasta mediados de abril de 1921,
inconformes
de que esta no hubiese declarado la huelga general como lo proponían
las
organizaciones de la CGT en apoyo de la huelga ferrocarrilera.
5.- “El
Demócrata” 11, 26, 27 de abril de 1920.
6.- Ibidem. 14, 17 y 18
de abril de 1920.
7.- “El Universal “ 14 de abril de
1920.
8.- Ibidem. 27 de abril de 1920.
9.- Ibidem. 30 de abril de
1920.
10.- Ibidem. 16 de mayo de 1920.
11.- “El
demócrata” 11 de mayo de 1920.
12.- Ibidem. 11 de mayo de
1920
13.- Ibidem. 11 y 23 de mayo de 1920; “El universal “26 de
mayo de 1920.
14.- “El demócrata” 16 de mayo de
1920.
15.- Ibidem. 18 de mayo de 1920.
16.- Esta posición de la
empresa encontró su mentis en las declaraciones del Ing. Morales Hesse
Subsecretario de Hacienda, que a raíz de las declaraciones de la
empresa
de Tranvías, manifestó: “Comunicaciones rechazo la solicitud
de la Compañía de Tranvías de aumento en los pasajes de las
Líneas Foráneas, porque por favorecer a ochocientos obreros se
iban a perjudicar millares de vecinos de las poblaciones foráneas
además, no es posible cada vez que la compañía lo desee
reformar su concesión, tanto más que ahora, la empresa tiene
magnificas ganancias y no necesita de ese aumento para continuar
pagando a sus
obreros el 25% que les aumento en sus jornales. Por lo demás, la huelga
no estallara. Hay varias razones, pero la principal es que la
compañía que repito tiene buenas ganancias ... antes que ver
paralizadas sus líneas, accederá a las justas demandas de sus
obreros.” “El Universal” 26 de junio de 1920.
Morales
Hesse hablaba así, pues había sido gerente de la Cía. de
Tranvías, cuando estuvo controlada por el gobierno. Sin embargo, si
legalmente a la compañía le había sido negado un aumento en
Sus tarifas para así poder conceder el aumento del 25% a los
trabajadores, extralegalmente y mediante el pretexto de construir un
paseo que
iba de la estatua de Carlos V a la Plaza de la constitución; y como
según parece para hacer dicho paseo, se necesitaba que la
compañía de Tranvías, levantará las 2 vías
que atravesaban la avenida Juárez, resistiéndose esta por los
daños que esto le ocasionaría, el presidente de la
República y el gobernador del D.F. para resarcirla, le concedieron
“...en definitiva un aumento en sus fletes, de quince por ciento.
“El Universal” 4 de julio de 1920.
17.- “El
universal” 26 de junio de 1920
18.- Ídem.
19.- “El
demócrata” 15 de abril de 1920.
20.- Ibidem. 1 de junio de
1920
21.- Ibidem. 30 de junio y 8 de julio de 1920.
22.- Ibidem. 30 de
junio de 1920ñ.
23.- Ibidem. 1 de julio de 1920.
24.- En este
contexto de presiones imperialistas, y con decenas de huelgas que
estallaban a
nivel nacional, se producen las declaraciones de Adolfo de la Huerta
apoyando
las huelgas obreras; declaraciones que provocaron comentarios
favorables de
diversas organizaciones obreras y lideres como Delio Dalta, Leonardo
Hernández, Eduardo Moneda, José dolores Pérez, quienes
calificaron al gobierno de De la Huerta de democrático, manifestando
que
los obreros estarían siempre con los gobiernos democráticos, y
motivando además que los obreros del D.F. decidieran organizar una
manifestación en su honor, para manifestar que”. .. el elemento
laborante debe demostrar a los gobiernos extranjeros que esta de parte
del
actual gobierno, por la sencilla razón de que lo considera
democrático.” “El demócrata” 10 y 13 de julio de
1920.
En este mismo contexto, se da el alzamiento del general Pablo
González, quien arguyendo que las huelgas que ocurrían en el Norte
del país manifestaba el descontento hacia el gobierno Delahuertista,
intento apoyarse en ellas para crear las condiciones para reorganizar
su
movimiento de rebelión a nivel nacional. Estas declaraciones provocaron
una réplica inmediata de la CROM que advirtió a los huelguistas
que por ningún motivo se hicieran solidarios de tales rumores,
acordando
además que todas sus organizaciones enviaran mensajes de protesta y
adhesión al presidente De la Huerta. “El demócrata” 15
de julio de 1920. Consignamos estos como ejemplo – por cierto constante
a
lo largo de estos años del apoyo político que el movimiento obrero
le brindaba a los gobiernos posrevolucionarios frente a las presiones
creadas
por el imperialismo y las tendencias separatistas dentro del ejército.
No
menos importante era la necesaria política de concesiones verbales y de
hecho que el gobierno tenía que hacer para mantener este apoyo.
25.- “El Universal” 18 de agosto de 1920.
26.- “El
Demócrata” 21 de3 agosto de 1920.
27.- El movimiento obrero de
Veracruz, se había caracterizado por la combatividad y solidaridad de
sus
movilizaciones. Así, una vez resuelto el conflicto de los tranviarios,
al
permitírsele a la Cía. de Tranvías elecciones y huelgas
continuaron esta vez encabezadas por los estibadores, pues los navieros
del
puerto se habían negado a aprobar las tarifas aceptadas mucho antes de
que estallara la huelga en apoyo a los tranviarios. “El
Demócrata” 19 y 21 de agosto de 1920.
28.- “El
Demócrata” 15 de agosto de 1920.
29.- Ibidem. 12 de agosto de
1920.
30.- “El Universal” 18 de agosto de 1920.
31.- Ibidem.
4 de septiembre de 1920.
32.- Ibidem. 20 de septiembre de 1920.
33.- Ibidem. 21 de septiembre de 1920
34.- Ibidem. 22, 24, 25 y 26 de sept. De
1920.
35.- Celestino Gasca, ex obrero, y miembro prominente de la CROM y del
grupo « acción”, que Jefaturaba Morones, y en cuyo seno se
tomaban las principales decisiones que determinaban la vida de esta
organización, tomó posesión de su cargo, el 7 de julio de
1920, originando este hecho protestas de la burguesía del D.F. quines
presionaron a Adolfo de la Huerta para que revocara su designación. De
la
Huerta contestó, recordándoles a los que p4rotestaban, que los que
gobernaban no eran ellos.” “El demócrata” 7 y 9 de
julio de 1920.
36.- “El Universal” 28 de septiembre de
1920.
37.- “El Demócrata” 3 de octubre de 1920 pagina
250.
38.- “El Universal” 7 de octubre de 1920.
39.- Ibidem.
20 de agosto de 1920.
40.- Ibidem. 5 de noviembre de 1920.
41.- “El demócrata” 11 de septiembre de 1920
42.- Ibidem. 15 y
25 de agosto de 1920
43.- Ibidem. 15 de agosto de 1920
44.- Ibidem.5 de
octubre de 1920
45.- Ibidem. 16 de septiembre de 1920.
46.- Ibidem. 3,
19, 21 de octubre de 1920
47.- “El Universal” 8 de octubre de
1920. Este memorial fue formulado en la asamblea que celebraron el 8 de
octubre
en el sindicato de panaderos.
48.- “El Demócrata” 9 de
septiembre de 1920
49.- Ibidem. 2,5, 9 de septiembre de 1920.
50.- Ibidem. 5 de octubre de 1920
51.- Ibidem. 7 de octubre de 1920
52.- Ibidem. 11 y 15 de4 octubre de 1920
53.- Ibidem. 15 y 16 de octubre de
1920
54.- Ibidem. 19 de octubre de 1920
55.- Ibidem. 9 de octubre de
1920
56.- “El Universal” 12 de octubre de 1920
57.- “El Demócrata” 30 de octubre de 1920
58.- Ibidem. 22 de
octubre de 1920
59.- Ibidem. 24 de octubre de 1920
60.- Ibidem. 27 de
octubre de 1920.
61.- Ibidem. 29, 30, 31 de octubre de 1920
62.- “El Universal” 30 de octubre de 1920
63.- Ibidem. 2 de noviembre
de 1920.
64.- Ibidem. 5 de noviembre de 1920
65.- “Excelsior” 13 de noviembre de 1920
66.- “El
Demócrata” 4, 5, 11 de noviembre de 1920
67.- Ibidem. 7 y 9 de
noviembre de 1920
68.- Ibidem. 13, 14, 20, 22 de noviembre de 1920
69.- “El Universal” 13 de noviembre de 1920
70.- “Excelsior” 13 de noviembre de 1920 “El
Demócrata” 19, 20 de noviembre de 1920
71.- “El
Demócrata” 19 y 20 de noviembre de 1920
72.- Ibidem. 26 de
noviembre de 1920
73.- “Excelsior” 26 de noviembre de
1920
CAPITULO V.
1.- Rosas, Javier. Op. Cit. P 69 y 70
2.- Sánchez Ponce, Victor. La Industria Eléctrica y el Nacionalismo
Revolucionario p 35
3.- Idem. P. 35
4.- Ibidem p. 37
5.- Ibidem p
37-38
6.- Ibidem p.69
7.- Ibidem.p 70
8.- Idem. P 67
9.- El
trabajo al que hacemos referencia señala que esta política
nacionalista del Estado Mexicano respecto a las empresas eléctrica
estaba
dictada en el fondo por los intereses de estos grupos de técnicos,
intelectuales, pequeños consumidores, trabajadores electricistas y
políticos nacionalistas. Su trabajo es importante para atender, no solo
las principales luchas electricistas a lo largo de todos estos años,
hasta llegar a la nacionalización; sino también para entender la
situación actual de la industria eléctrica.
10.- “El
Universal” 20 de enero de 1920
11.- Ibidem 8 de agosto y 5 de
septiembre de 1920
12.- Ibidem. 5 de noviembre de 1920.
13.- Ibidem. 12,
16, 18, 24, 25 de junio; y 25 de agosto de 1920.
14.- Sánchez Ponce,
Victor. Op.cit. p.54
CAPITULO VI.
1.- Basurto R. Jorhge. Op.cit.
p.227
2.- “El Demócrata” 17, 19, 22 y 28 de febrero de
1920
3.- Ibidem. 24 y 28 de enero; 6 y 26 de febrero de 1921.
4.- Ibidem. 26 de febrero de 1921.
5.- Basurto, Jorge. Op.Cit. p.228
6.- “El Universal 28 de feb. De 1921.
7.- Basurto, Jorge. Op.cit.
p.231
8.- No registran los diarios de la capital más noticias acerca
de este conflicto del SME con la Cía. de Luz, por lo que es correcto
pensar que este se resolvió en forma favorable para el sindicato.
9.- “El Demócrata” 24 de feb. De 1921.
10.- “El
Universal” 15 de febrero de 1921
11.- Ibidem. 20 de abril de
1921
12.- Ibidem. 21 de abril de 1921
13.- “El
demócrata” 21 y 23 de abril de 1921
14.- Ibidem. 21 de abril de
1921
15.- Ibidem. 20 de abril de 1921
16.- “El Universal” 22
de abril de 1921
17.- Ibidem. 23 de abril de 1921
18.- Ibidem 24 de
abril de 1921
19.- “El demócrata” 3 y 11 de mayo de
1921
20.- Ibidem 4 de mayo de 1921
21.- “El Universal” 11 de
mayo de 1921
22.- Ibidem. 13 de mayo de 1921
23.- “El
Demócrata” 11 de mayo de 1921
24.- Ibidem. 6 de julio de
1921
25.- “El Universal” 8 de julio de 1921
26.- Ibidem. 11
de julio de 1921
27.- “El Demócrata” 2, 3, 4 , 5 6, 7, 10
y 13 de julio de 1921.
28.- Ibidem. 1 de julio de 1921
29.- “El
Universal” 22 de octubre de 1921.
30.- “El
Demócrata” 22 de octubre de 1921.
31.- Este Comité
Internacional de Banqueros para México, se creo en febrero de 1919
“... con el objeto de proteger a los tenedores de valores de la
República Mexicana y de los distintos sistemas ferrocarrileros de
México, y en general, a toda clase de empresas que tuvieran en
México su campo de acción”. Estaba compuesto por 10
banqueros norteamericanos, cinco franceses y cinco ingleses, entre los
que se
encontraban E. R. Peacock, Chariman, Bandholders Comité of the Mexican
Light and Power group of Compañies. “El demócrata” 22
de octubre de 1922.
32.- El Demócrata” 22 de octubre de
1922.
33.- Ibidem. 24 de octubre de 1922.
34.- “El
Demócrata” 17, 19, 20, 26 y 27 de octubre de 1921
35.- “El Demócrata” 27 y 28 de octubre de 1921
36.- “El
Demócrata” 23 y 29 de octubre de 1921
37.- “El
Demócrata” 16 y 28 de octubre de 1921
38.- “El
Universal” 10 de diciembre de 1921
39.- “El Universal” 12
de diciembre de 1921
40.- “El Universal” 15 de diciembre de
1921
41.- “El Universal” 14 de diciembre de 1921
42.- “El Demócrata” 5 de noviembre de 1921
43.- “El
Demócrata” 15 de noviembre de 1921
44.- “El
Demócrata” 22 de noviembre de 1921
45.- “El
demócrata” 4 de noviembre de 1921
46.- “El
Demócrata” 8 de noviembre de 1921
47.- “El
Demócrata” 1 de noviembre y 1 de diciembre de 1921
48.- “El Demócrata” 4 de diciembre de 1921
49.- “El
Demócrata” 29 de diciembre de 1921
50.- “El
Demócrata” 5 de noviembre de 1921
51.- “El
Demócrata” 17 de diciembre de 1921
52.- “El
Demócrata” 23 de noviembre y 4 de diciembre de 1921
53.- “El Demócrata” 13 de noviembre de 1921
54.- “El
Demócrata” 8 de diciembre de 1921
55.- “El
Demócrata” 16 de diciembre de 1921
56.- “El
Demócrata” 4 de diciembre de 1921
57.- “El
Demócrata” 2 de diciembre de 1921
58.- “El
Demócrata” 16 de noviembre y 12 de diciembre de 1921
59.- SME:
Libro de Actas. 2ª, p.4., 16 de diciembre de 1921
60.- “El
Demócrata” 17, 18, 21 y 27 de enero de 1921
61.- “El
Universal” 24 de noviembre e 1921. “El demócrata” 21 de
diciembre de 1921
62.- SME: Libro de Actas 2ª, p3
63.- No se posee
información precisa de los puntos incluidos en este memorial, aunque si
se puede asegurar que algunos de estos eran reconocimiento del
sindicato;
atención médica y salarios durante los días de incapacidad.
Parece ser que otros puntos demandaban casa para los obreros de Necaxa;
restitución de su trabajo a los obreros cesados y eliminación de
ciertas cláusulas de los contratos por las cuales la empresa se
desobligaba del pago de indemnización en caso de accidentes de trabajo.
“El Universal” 25 de diciembre de 1921; “El
Demócrata” 27 de diciembre de 1921.
64.- “El
Demócrata” 21 de diciembre de 1921
65.- “ El
Universal” 22 de diciembre de 1921
66.- “ El
Demócrata” 19 de diciembre de 1921
67.- “ El
Demócrata” 21 de diciembre de 1921
68.- “ El
Demócrata” 28 de diciembre de 1921
68.- “ El
Demócrata” 28 de diciembre de 1921
69.- “ El
Demócrata” 29 de diciembre de 1921
70.- “El
Demócrata” 23 de diciembre de 1921 “El Universal” 26 de
diciembre de 1921
71.- “El Demócrata” 31 de diciembre de
1921
72.- “El Universal” 31 de diciembre de 1921
73.- “El Universal” 31 de diciembre de 1921
74.- “El
Demócrata” 31 de diciembre de 1921
75.- “El
Universal” 31 de diciembre de 1922 11
76.- “El Universal”
31 de diciembre de 1921
77.- “El Universal” 1 de enero de 1921;
“El demócrata” 1 de enero de 1922.
78.- “El
Demócrata” 4 de enero de 1922
79.- “El
Demócrata” 25 de febrero de 1922
80.- “El
Demócrata” 20 y 25 de febrero de 1922
81.- “El
Demócrata” 21 de febrero de 1922
82.- El gobierno mexicano
había rechazado meses antes atrás un tratado de amistad propuesto
por Summerlin. “El Demócrata” 22 de febrero de 1922
83.- “El Demócrata” 24 de febrero de 1922
84.- “El
Demócrata” 23 de febrero de 1922
85.- “El
Demócrata” 25 de febrero de 1922
86.- “El
Demócrata” 02 de marzo de 1922
87.- “El
Demócrata” 26, 27 y 28 de febrero de 1922
88.- “El
Demócrata” 1 y 2 de marzo de 1922
89.- “El
Demócrata” 3 de marzo de 1922
90.- “El
Demócrata” 3 de marzo de 1922
91.- “El
Demócrata” 5 de marzo de 1922
92.- “El
Demócrata” 4 de marzo de 1922
93.- “El
Demócrata” 4 de marzo de 1922
94.- Unas horas antes, Mr. Conway
había manifestado a la prensa que no cedería en lo más
mínimo en relación a la indemnización de Marin y Bauch La
Cía. de Luz . decía Conway ...podría conceder a lo menos ,
lo ínfimo hablando pecuniariamente-, si no se tratará de una
cuestión de principios, como es la indemnización a dos obreros que
no supieron responder con su conducta, a las atenciones de la
compañía” Como vemos esta cuestión de principios o
arrogancia burguesa duró muy poco. “El demócrata” 5 de
marzo de 1922
95.- “El Demócrata” 6 de marzo de
1922
96.- “El Demócrata” 7 de marzo de 1922
97.- SME:
Libro de Actas 2ª, p 3
Capítulo VII
1.- “El
Demócrata” 16 de abril de 1922
2.- “El
Demócrata” 12 de abril de 1922
3.- “El
Demócrata” 12 de abril de 1922
4.- “El
Demócrata” 13 de abril de 1922
5.- “El
Demócrata” 18 de abril de 1922
6.- “El
Demócrata” 19 de abril de 1922
7.- “El
Demócrata” 25 y 26 de mayo de 1922
8.- “El
Demócrata” 25 de mayo de 1922
9.- “El
Demócrata” 24 de mayo de 1922
10.- “El
Demócrata” 1 de junio de 1922
11.- “El
Demócrata” 3 de junio de 1922
12.- “El
Demócrata” 7 y 8 de junio de 1922
13.- “El
demócrata” 25 de mayo de 1922
14.- “El
demócrata” 8 de junio de 1922
15.- “El
Demócrata” 9, 12, 13 de junio de 1922
16.- “El
Demócrata” 13 de junio de 1922
17.- “El
Demócrata” 13 de junio de 1922
18.- “El
Demócrata” 14 de junio de 1922
19.- “El
Demócrata” 17 de junio de 1922
20.- “El
Demócrata” 15 de junio de 1922
21.- “El
Demócrata” 15 de junio de 1922
22.- “El
Demócrata” 9 y 11 de junio de 1922
23.- “El
Demócrata” 05 de junio de 1922
24.- “El
Demócrata” 1 de junio de 1922
25.- “El
Demócrata” 3 de junio de 1922
26.- “El
Demócrata” 15 de junio de 1922
27.- “El
Demócrata” 01 de junio de 1922
28.- “El
Demócrata” 07 de junio de 1922
29.- “El
Demócrata” 11 de junio de 1922
30.- “El
Demócrata” 15 de junio de 1922
31.- “El
Demócrata” 11 de junio de 1922
32.- “El
Demócrata” 14 de junio de 1922
33.- “El
Demócrata” 16 de junio de 1922
34.- “El
Demócrata” 18 de junio de 1922
35.- “El
Demócrata” 17 de junio de 1922
36.- “El
Demócrata” 15 de junio de 1922
37.- “El
Demócrata” 16 de junio de 1922
38.- “El
Demócrata” 15 de junio de 1922
39.- “El
Demócrata” 16 y 18 de junio de 1922
40.- “El
Demócrata” 17 de junio de 1922
41.- “El
Demócrata” 18 de junio de 1922
42.- “El
Demócrata” 16 de junio de 1922
43.- “El
Demócrata” 19 de junio de 1922
44.- “El
Demócrata” 19 de junio de 1922
45.- “El
Demócrata” 20 de junio de 1922
46.- “El
Demócrata” 21 de junio de 1922
47.- “El
Demócrata” 22 de junio de 1922
48.- “El
Demócrata” 9 de enero de 1923
49.- “El
Demócrata” 13 de enero de 1923
50.- “El
Demócrata” 14 de enero de 1923
51.- “El
Demócrata” 18 de enero de 1923
52.- “El
Demócrata” 20 de enero de 1923
53.- “El
Demócrata” 23 de enero de 1923
54.- “El
Demócrata” 22 de enero de 1923
55.- “El
Demócrata” 24 de enero de 1923
56.- Rosas J. Op. Cit. P
96
57.-“El Demócrata” 24 de enero de 1923
58.-“El
Demócrata” 27 de enero de 1923
59.-“El
Demócrata” 15 de enero de 1923
60.-“El
Demócrata” 25 de enero de 1923
61.-“El
Demócrata” 27 de enero de 1923
62.-“El
Demócrata” 26 de enero de 1923
63.-“El
Demócrata” 27 de enero de 1923
64.-“El
Demócrata” 28 de enero de 1923
65.-“El
Demócrata” 30 de enero de 1923
66.-“El
Demócrata” 30 y 31 de enero de 1923
67.-“El
Demócrata” 31 de enero de 1923
C A P I T U L O V I I
I
1.-El primero de mayo y el bonapartismo en México. Op. Cit. P.
8
2.-Guershenson, A. El movimiento obrero ante el nacionalismo
revolucionario. La experiencia cardenista.
3.- Ibidem.
B I B L I O G R A F I A
Basurto, Jorge. El proletariado industrial en
México. I. I. S. UNAM. 1975.
Carr, Barry. El movimiento obrero y la
política en México 1910-1929. 1976
Clark, Marjorie Ruth. Organized Labor in Mexico
Gershenson, Antonio. El movimiento obrero ante el
nacionalismo revolucionario. La experiencia cardenista. Ediciones
proletariado y
revolución Gilly, Adolfo. La revolución interrumpida..
México, 1910-1920: una guerra campesina por la tierra y el poder. 4ª.
Edición
Gramsci, Antonio. La Política y el Estado
Moderno. Ediciones Peninsula. Barcelona 1971
Leal, Juan Felipe. La
burguesía y el Estado Mexicano 1972.
Marquez Fuentes, Manuel y
Rodríguez Araujo, Octavio. El Partido comunista mexicano (en el
periódo de la internacional comunista: Tesis profesional FCPX. UNAM.
1971
S
Sánchez Ponce, Victor. La industria eléctrica y el
nacionalismo revolucionario. FCPS. UNAM
Salazar. Rosendo Historia de las
luchas proletarias.
Shulgovski, Anatol. México en la encrucijada de su
historia. (la lucha liberadora y antiimperialista del pueblo mexicano
en los
años treinta y la alternativa de México ante el camino de sus
desarrollo) México. 1972.
SME Libros de Actas. Años de 1921,
1922 y 1923
REVISTAS
“LUX” años 1928 a 1935; y
enero de 1955, nov. Y dic. De 1956; enero, febrero, marzo, abril, mayo,
junio,
julio, septiembre, octubre de 1957.
“ELECTRA” años de 1925
a 1933.
BOLETINES
Boletín mensual del Departamento de Trabajo
año de 1922.
Boletín de Industria, Comercio y Trabajo.
Septiembre a Diciembre de 1919 y enero a diciembre de
1920.
DOCUMENTOS
El primero de mayo y el bonapartismo en México
Doc. Mimeografeado.
La Revolución Mexicana y el desarrollo del
capitalismo en México. Doc. Mimeografeado
PERIODICOS
“El
Demócrata”.- abril y mayo de 1918; enero a diciembre de 1919; del
10 de abril al 26 de nov. De 1920; enero, febrero, marzo, abril, mayo,
julio,
octubre, noviembre y diciembre de 1921; 1 de enero al 28 de julio de
1922;
enero, febrero y marzo de 1923.
“El Nacional”.- abril y mayo de
1918
“El Universal”.- del 1 al 5 de abril de 1918; enero a
diciembre de 1920; enero a diciembre de 1921.
“El Pueblo”.- 31
de marzo y 1 de abril de 1918.
“Excelsior”.- del 12 al 31 de
marzo y del 1 al 27 de noviembre de 1920; del 14 al 19 de febrero y del
1 al 6
de marzo, del 20 al 24 de abril, del 22 al 28 de noviembre, del 10 al
18 de
diciembre, de 1921; del 12 al 18 de julio de 1922.
B I B L I O G R
A F I A
Basurto, Jorge. El proletariado industrial en México.
I. I. S. UNAM. 1975.
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historia. (la lucha liberadora y antiimperialista del pueblo mexicano
en los
años treinta y la alternativa de México ante el camino de sus
desarrollo) México. 1972.
SME Libros de Actas. Años de 1921,
1922 y 1923
REVISTAS
“LUX” años 1928 a 1935; y
enero de 1955, nov. Y dic. De 1956; enero, febrero, marzo, abril, mayo,
junio,
julio, septiembre, octubre de 1957.
“ELECTRA” años de 1925
a 1933.
BOLETINES
Boletín mensual del Departamento de Trabajo
año de 1922.
Boletín de Industria, Comercio y Trabajo.
Septiembre a Diciembre de 1919 y enero a diciembre de
1920.
DOCUMENTOS
El primero de mayo y el bonapartismo en México
Doc. Mimeografeado.
La Revolución Mexicana y el desarrollo del
capitalismo en México. Doc. Mimeografeado
PERIODICOS
“El
Demócrata”.- abril y mayo de 1918; enero a diciembre de 1919; del
10 de abril al 26 de nov. De 1920; enero, febrero, marzo, abril, mayo,
julio,
octubre, noviembre y diciembre de 1921; 1 de enero al 28 de julio de
1922;
enero, febrero y marzo de 1923.
“El Nacional”.- abril y mayo de
1918
“El Universal”.- del 1 al 5 de abril de 1918; enero a
diciembre de 1920; enero a diciembre de 1921.
“El Pueblo”.- 31
de marzo y 1 de abril de 1918.
“Excelsior”.- del 12 al 31 de
marzo y del 1 al 27 de noviembre de 1920; del 14 al 19 de febrero y del
1 al 6
de marzo, del 20 al 24 de abril, del 22 al 28 de noviembre, del 10 al
18 de
diciembre, de 1921; del 12 al 18 de julio de 1922.
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