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SME DE LA MOVILIZACION A LA LUCHA


SME DE LA MOVILIZACION A LA LUCHA

Antonio Almazán González

INTRODUCCIÓN

Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que son pocos los sindicatos que como el nuestro guardan un acervo tan rico de experiencias, hechos, tradiciones y lecciones cuyo conocimiento y discusión son indispensables para forjar una clara conciencia histórica de clase de los trabajadores de nuestro país.

Pero también es cierto que la historia de nuestras principales luchas se han visto deformadas, desvirtuadas y eclipsadas en la conciencia de buena parte de los trabajadores del SME.

Se puede decir que parecemos una cierta amnesia histórica, que ha tendido a ocultar acontecimientos y hechos que todavía para la década de los cuarentas eran parte innegable de la conciencia de los electricistas de aquella época.

Claro que podría explicarse la pérdida de esta memoria histórica por el lado de la lejanía que tienen muchos de estos acontecimientos.

Además, podría argüirse que muchos de los viejos fundadores o trabajadores que lucharon y participaron en la historia del SME, han muerto.

En contra de este argumento, se encuentra la revista LUX, órgano oficial del SME, desde 1928 y que en forma casi ininterrumpida conserva testimonios, hechos, informaciones, documentos, etc. al alcance de quienes quieran explicarse y conocer la historia de nuestro Sindicato. Si esto es así, la perdida de nuestra memoria histórica debemos buscarla por otro lado.

El curso de la investigación histórica que he emprendido ha mostrado con evidencia que la razón central de esta pérdida de memoria se haya en la desmovilización en que se ha visto sumergido el SME en los últimos 25 años.

En efecto, no es casual que para la memoria de los trabajadores, determinados acontecimientos o hechos, puedan estar más o menos alejados en el tiempo. De hecho lo que les da actualidad a estos acontecimientos es su conexión viva con hechos o acontecimientos actuales.

Es decir que tengan una relación visible con problemas que en ese momento estén afrontando o por los que estén luchando.

En ese discutir sus problemas actuales; En ese intento por analizarlos y conocerlos, así como participar en su solución, los trabajadores vuelven sus ojos a la historia a su propia historia para buscar los argumentos, las lecciones, las experiencias, que les permitan explicar mejor su presente y transformarlo. Dicho en otras palabras, la memoria histórica colectiva se conserva y se enriquece, ahí donde el presente es de lucha.

En este sentido es que la desmovilización de nuestro sindicato ha impedido conservar viva y acrecentar nuestra memoria histórica colectiva. Esta desmovilización además de ser resultado del reflujo del movimiento obrero después de la década de los 40; de los golpes asentados a los trabajadores en 1949, 1958-59 y del control del estado sobre ellos a través de las centrales charras, en nuestro sindicato encuentra como punto de apoyo una estructura sindical atrasada.

Como se sabe, el SME nace con una estructura sindical cuya base fue y ha sido la asamblea general. En ella se discutían todos los asuntos que atañían al sindicato; y para el número tan pequeño de agremiados que el SME tenía en ese entonces ese tipo de funcionamiento era operante y funcional, pues permitía la participación de todos sus agremiados. Siendo aproximadamente trescientos en su fundación, y 1800 para 1940, las asambleas generales, posibilitaban y permitían la educación y la toma de conciencia de todos los trabajadores.

Con el crecimiento numérico del SME, este tipo de estructura sindical se fue haciendo cada vez más inoperante. Solo un reducido número de trabajadores podía participar en las asambleas generales – 2000 a la sumo -- mientras el resto vivía de hecho con la cabeza fuera del sindicato; sin participar, sin discutir y sin decidir activamente sobre sus problemas.

El resultado fue que para la gran mayoría de los trabajadores, la historia de nuestro sindicato se fue borrando de su memoria; o bien se fue haciendo ideología, verdades a medias. Estas últimas fueron promovidas por algunos dirigentes que deformaban ciertos hechos de la historia del SME para legitimarse y también para, de esta forma, controlar a los trabajadores.

Ejemplos de esta manipulación ideológica de la conciencia de los trabajadores existen muchos; mencionare el más socorrido. Ha sido una constante de la dirección del SME en los últimos años, el presentarse como los herederos naturales y los defensores de la “tradición democrática y revolucionaria del SME”; presentándolo como “vanguardia del movimiento obrero” y con un historial de “más de 60 años de lucha” .

Es decir, estos dirigentes se apoyan en hechos que han sido ciertos y reales, pero sin embargo ocultan sus significado. No menciona que esta tradición democrática y revolucionaria quiere decir: a) Funcionamiento democrático basado en asambleas frecuentes en donde los trabajadores son los que deciden. b) que las principales conquistas laborales de nuestro sindicato: 1914, 1916-17, 1921, 1929, 1934-36 se han obtenido mediante la movilización y combatividad de sus agremiados c) la historia del SME se ha significado por una incansable y tesonera lucha por conquistar la unidad de los trabajadores electricistas y del resto del movimiento obrero. d) asimismo, en periodos coyunturales de su historia el SME ha mantenido una actitud de independencia política frente al estado, etc.,

Es obvio que al no mencionar el contenido real de esta tradición del SME, estos dirigentes intentan aparecer como los herederos de esta tradición, cuando en los hechos lo niegan.

Sin embargo, es tan fuerte la tradición democrática y revolucionaria del SME, que estos dirigentes se ven obligados a apoyarse en ella aunque deformándola, para mantenerse en el poder. Lo que es un signo muy grande de su debilidad.

Desmitificar pues la historia del SME, mostrar realmente cual ha sido y en que ha consistido su tradición de lucha, es una tarea actual. Y en esto los trabajadores están cada vez mas interesados por razón natural. En los últimos 3 años, en nuestro sindicato se observa, más claramente, un mayor interés de los trabajadores –jóvenes y viejos– por hacer a un lado la apatía y lucha por recobrar la democracia y los mejores laureles del SME.

Yen este renacimiento del SME, los trabajadores necesariamente comienzan a volver los ojos a la historia, no para regodearse en el conocimiento de hechos pasados, sino para entender en forma más clara nuestro presente y transformarlo.

A todos estos compañeros va dirigido el presente ensayo, que forma parte de una serie que intenta abarcar la historia del SME hasta el momento actual.

El presente folleto abarca el periodo de 1919 a 1923, es decir, se ubica en el ascenso y consolidación del Bonapartismo en México. Y aun cuando es notoria la escasez de fuentes de información, lo que hizo apoyarme sobre todo en información de periódicos de la época, la importancia de esta etapa de la historia del SME es central para entender su desarrollo posterior hasta 1940.

En efecto, si observamos solo los periodos de 1914-16 y 1934-40, aparentemente habría una línea de continuidad, cuyos puntos principales serian la independencia política del sindicato su combatividad, su capacidad de movilización y la lucha que desarrolla por unificar a los trabajadores.

Sin embargo el periodo de 1919-23, echa por tierra esta suposición y nos muestra un SME desusado. Concretamente nos muestra la situación en que se encontraba el sindicato después de la represión de la huelga de 1916: un sindicato desmovilizado y desorganizado; así como los esfuerzos y las principales luchas que libró en estos años, para recobrarse, dar vigencia a derechos ya conquistados y alcanzar otros nuevos; así como el tipo de sindicalismo con el que emerge en los gobiernos posrevolucionarios.

Asimismo, este periodo es básico para entender el desarrollo histórico posterior del SME; el florecimiento de corrientes pequeño burguesas en su base y dirección; la lucha entre esta corriente propatronal y la corriente sindical reformista; los esfuerzos que hace para unificar a todos los electricistas del país y finalmente el ascenso de la corriente socialista que Breña Alvirez encabezó y que le permitió al SME jugar un papel de primer orden en las luchas obreras de 1934-40.

De esta forma, el ultimo capitulo titulado “Epilogo y punto de partida”, es precisamente el punto de llegada de una serie de tendencias y elementos que permiten explicarnos la situación del SME para 1925, pero también es la base que nos permitirá entender el desarrollo ulterior del sindicato. De aquí, que para una mayor comprensión del trabajo, sea recomendable una lectura rápida del último capitulo, en donde se presentan de manera condensada estas conclusiones.

Finalmente, para una mayor comprensión del folleto, se anexan 3 escritos acerca del origen, fundación y principales luchas del SME hasta 1916. Su lectura es básica para tener una visión general de esta etapa.

Reconozco que el presente trabajo es incompleto en muchos sentidos y seguramente suscitara debates y discusiones. Sobre lo primero espero que compañeros que guarden acervos históricos de este periodo hagan las críticas pertinentes que permitan enriquecer la visión del mismo. Sobre lo segundo, espero que este trabajo contribuya a recobrar la conciencia histórica perdida.

UN SINDICATO DESMOVILIZADO Y DESORGANIZADO

La quiebra de la huelga general de 1916 por el gobierno burgués de Carranza, no pudo haber sido más traumática para la vida del SME a lo largo de estos años. Esta experiencia, a menos de dos años de haberse fundado el sindicato, así como la posterior política represiva del gobierno Carrancista hacia el incipiente y joven movimiento obrero en México, seria determinante en la conformación de diversos elementos que iban a dar vida al tipo de sindicalismo del SME durante el periodo que va de 1920 a 1932.

Una de sus primeras consecuencias fue la desmovilización en que hundió al SME durante los años de 1918, 1919 y primeros meses de 1920.

Como nos comentó un miembro fundador del SME, el sindicato quedó temeroso por las represalias de que podrían ser objeto de parte del gobierno de Carranza, si se embarcaban en acciones sindicales profundas. Vino cierta retracción nos comentaba Francisco de Celis Vertiz- Nadie sabía a que le tiraba, ya que el gobierno de Carranza era considerado por nosotros como enemigo de los trabajadores.(1)

El mismo Francisco de Celis Vertiz y Felipe Bustos –otro fundador del SME– en artículos escritos en “LUX”, nos muestran la situación en que quedó el SME, después de la huelga de 1916.
De acuerdo con Felipe Bustos, es a partir de 1919 que el SME comienza a reorganizarse, después “... que había sido destrozado, como otros muchos, por el gobierno del señor Carranza”, agregando: “Siempre recuerdo el terror que en aquella fecha inspiraba ocupar un puesto de esta naturaleza. Hubo secretario general que no llegó a ocupar su puesto. Nadie quería ocupar un carguito que traía como consecuencia inmediata el cese.” (2)

Por su parte Francisco de Celis Vertiz, rememorando la situación posterior a la huelga de 1916 nos dice:

“Durante varios años que siguieron a estos sucesos, el sindicato padeció un lamentable abandono, y su deficiente organización se traducía en un desaliento general, hasta que un GRAN COMPAÑERO, SALVADOR CELIS GUITIERREZ... tomó en sus manos la dirección de la agrupación” (3)

Aunque estos viejos dirigentes y fundadores del SME no coinciden en el año a partir del cual el sindicato comienza a organizarse, el hecho es que durante 1919 y primer semestre de 1920, el SME es una organización que no manifiesta peso ni poder en la vida sindical del país; y esto contrastando con un momento en que el movimiento obrero a nivel nacional comienza a vivir una etapa de reanimación e intensas movilizaciones y huelgas sacuden al país, exigiendo el derecho a la organización sindical, aumento de salarios y aplicación de las conquistas sancionadas en la Constitución de 1917.

En un momento en que los trabajadores tranviarios de la ciudad de México y Veracruz dan muestras de la fuerza, combatividad y radicalidad de sus movimientos, el SME no da indicios de vida sindical y a lo sumo se concreta a la celebración de “veladas” literario musicales (4) concretamente el SME, en todo 1919 solo se manifiesta en dos ocasiones en la vida sindical del país. La primera de ellas a mediados de mayo, en apoyo de una huelga de profesores, y la otra, intentando una movilización como protesta por el cese de varios trabajadores electricistas por la Compañía de Luz.

Aproximadamente a mediados de mayo los profesores del D.F., estallan una huelga debido a que el ayuntamiento de la ciudad se negaba a cubrirles el salario a todos ellos. Esta huelga de los profesores ganó inmediatamente el apoyo de la mayor parte de las organizaciones obreras del D.F., entre las que se encontraban la Federación de Sindicatos Obreros del D.F., el Sindicato de choferes, la casa del Obrero Mundial, el Cuerpo Central de Trabajadores de la República Mexicana, la Unión Lino topográfica y la Unión de Ferrocarrileros y Mecánicos.
Por su parte el SME, también brindó apoyo a los profesores en huelga pero tal y como lo declarará uno de sus dirigentes, este apoyo era posible porque contaba con que otras organizaciones obreras lo habían dado ya. El desenlace de este movimiento huelguístico que había ganado la simpatía de la mayor parte de los trabajadores del D.F., fue la represión que el Gobierno de Carranza desato en contra de los profesores huelguistas y de las organizaciones obreras que los apoyaban. Para esto ordeno la clausura de los centros de reunión de cada una de estas organizaciones.

En lo que se refiere a los trabajadores tranviarios que como medida solidaria habían secundado la huelga de los profesores, resultaron también afectados pues a un buen número de ellos el gobierno no les permitió volver a sus trabajos. (5)

La otra manifestación de vida sindical del SME en 1919 consistió en un intento frustrado de movilización a principios de Septiembre debido a la separación que la Compañía de Luz y Fuerza Motriz habían hecho de varios trabajadores.
Las separaciones injustificadas en estos años eran el pan de cada día. Cuando la empresa a su criterio dejaba de necesitar de la fuerza de trabajo de cualquier obrero, simplemente lo despedía y ya.

Además, como lo muestra el Anexo que presentamos sobre los comités del SME, la Cía de luz frecuentemente recurría a las separaciones injustificadas para quitarse de encima y reprimir a cualquier trabajador o miembro del comité, que por su actuación y militancia sindical le eran “peligrosos”.
Debido a estos ceses Luis R. Ochoa, Alfredo Baca, Ezequiel Maciel, José R. Cruz y Salvador Celis Gutiérrez, firmaron un memorial que enviaron a la Compañía de Luz exigiendo la inmediata reposición de los cesados o en caso contrario –decían– obrarían como conviniera a sus intereses.

La respuesta del gobierno de Carranza no dejó dudas de qué lado estaban sus intereses. Los cinco firmantes de memorial fueron citados a la junta de conciliación y arbitraje, en donde les comunicaron la intención “...que tenía el gobierno de reprimir o evitar toda alteración del orden público”. Esta abierta amenaza de seguro que minó el ánimo de los dirigentes electricistas, pues su respuesta fue en el sentido de que no existía posibilidades de algún conflicto, porque había la mejor voluntad para llegar a un acuerdo, y por el motivo principal ya no existía, pues la mayoría de los cesados –según ellos– se negaba a regresar a su trabajo.

La otra razón de esta posible movilización era la exigencia de los electricistas de que se destituyera un tal “Mc. Karty”; conviniéndose finalmente que sería cambiado de departamento . (6)

Es fácilmente advertible en estas acciones algunos de los rasgos principales que caracterizarían al SME durante estos años: cautela en las acciones, actitud abierta a la negociación y rechazo a utilizar de entrada medidas radicales y formas de lucha que como vimos y veremos contrastaban visiblemente con las utilizadas por los trabajadores tranviarios.

Esta actitud temerosa y cautelosa del SME, manifestada en el tipo de apoyo prestado a otras organizaciones de trabajadores, así como en sus métodos y formas de lucha ante la Compañía de Luz, es perfectamente explicable por la experiencia que les había dejado la huelga general de 1916, así como por la política de mano dura de Carranza hacia el movimiento obrero.

Como posteriormente nos comentó Francisco de Celis Vertiz, la lección aprendida consistió en sujetar y adecuar sus acciones sindicales de acuerdo a las circunstancias políticas del país.

Sin embargo, las repercusiones de la experiencia de la huelga de 1916, irían más allá de conformar un sindicalismo cauteloso en el SME.
Iba a dar origen a un principio ideológico que garantizaría –aunque con altibajos como veremos mas adelante—la independencia orgánica del SME ante los sucesivos gobiernos posrevolucionarios y su apéndice obrero que era la CROM. Me refiero al principio de no participación en política.

Este principio, aún cuando tuvo una raíz anarcosindicalista, en el SME derivó más como resultado de la comprensión, por experiencia propia, del carácter burgués del gobierno Carrancista; y de igual manera su fortalecimiento como elemento de la estructura ideológica del SME obedecería a la necesidad que este tuvo de garantizar su vida independiente, ante la política represiva de los posteriores gobiernos hacia los intentos obreros de actuar de manera independiente de la Confederación Regional Obrera Mexicana.

Asimismo, este principio no significaba otra cosa más que independencia ante el gobierno, no participación en puestos públicos y no relación con partidos y personalidades que aspirasen al poder gubernamental. (8)

De hecho, esta fue la razón por la cual el SME que había participado en la fundación de la CROM—siendo delegado Luis N. Morones – abandonó esta central obrera a los pocos meses de haberse formado. La razón que esgrimió el SME para abandonar esta central obrera fue que “tomaba tintes políticos” (9)

Sin embargo, la salida del SME de la CROM no significó un enfrentamiento entre ambas organizaciones tal y como se dio entre la CGT y la CROM, sino que se mantuvieron relaciones cordiales, por lo menos en estos primeros años entre ambas organizaciones. (10)

Par a completar la visión general del tipo de sindicalismo con que emergió el SME a la década de los veintes, es conveniente señalar otra característica que aun cuando no deviene de la experiencia de la huelga de 1916, si sería una constante fundamental del SME en su segunda época: me refiero a su limitación a una posición de lucha esencialmente económica y cumplimiento del artículo 123 Constitucional.

Efectivamente, la Constitución de 1917, particularmente el articulo 123, ejerció una influencia determinante en la 2ª. Etapa de la vida del SME. Lo anterior es perfectamente corroborable tanto por las características de sus movilizaciones, los métodos de lucha utilizados, así como la concepción que de ellos tuvieron sus principales dirigentes.

De hecho la Constitución de 1917, en particular el artículo 123, al elevar a rango de norma fundamental una serie de conquistas primitivas del SME dictó los horizontes a que habría de sujetarse el sindicato de 1919 a 1932.

Lo anterior es comprensible. El SME que de 1914 a 1916 había desarrollado una serie de luchas que le habían dejado como fruto una serie de derechos laborales, al ser incluidos y elevados estos al rango de norma constitucional, no pudo menos que reconocer en la Constitución de 1917, y en el articulo 123 una expresión directa de sus intereses y objetivos y adecuar por tanto, su actividad sindical al contenido de este.

“Estábamos...contentos por esto “nos afirmó Francisco de Célis Vértiz, al referirse a la impresión que la promulgación de la Constitución de 1917 causó en los electricistas del SME, y quien, en diciembre de 1956, mirando retrospectivamente los primeros años de vida del SME afirmó:

“...mientras en otros países ya era viejo el sindicalismo, aquí en México era completamente desconocido, porque así convenía a los intereses de la clase capitalista, decididamente apoyada por la mano de hierro de un gobierno caduco, pero el pueblo al fin, siguiendo el llamado de las nuevas ideas, dio rienda suelta a sus ansias, y la Revolución Mexicana que al principio solo llevaba fines meramente políticos, pronto se acordó de las doctrinas de sus verdaderos precursores y tomó tintes de carácter societario que a la postre quedaron cristalizados en las páginas gloriosas de nuestra Constitución...” (11)

Vemos pues, que el SME en 1919 además de vivir un periodo de desmovilización, es ya un sindicato con una estructura que habría de sostener hasta comienzos de la década de los 30s, a saber: limitado a una posición de lucha esencialmente económica y cumplimiento del articulo 123, replegado a un tipo de lucha sindical que en sus métodos y formas de acción se manifiesta mesurado y cauteloso; y sostenimiento del principio de no participación en política como medio de garantizar su independencia para decidir sobre sus intereses económicos.

La desmovilización y desorganización eran el caro precio que los electricistas del SME estaban pagando después de su brillante y destacada participación en la huelga general de 1916 y la represión de esta por la política antiobrera y burguesa de Venustiano Carranza.
Todavía en 1919, como ya vimos, Carranza se atrevía a reprimir abiertamente una huelga de profesores, así como a las organizaciones obreras que los apoyaban. Descaradamente intentaba imponer una política burguesa al país, y aparentemente contaba con la fuerza para hacerlo pero esto era en la apariencia. Su política abiertamente burguesa era la negación de un equilibrio de fuerzas que se había alcanzado en el curso de la Revolución Mexicana, así como del compromiso que representaba la Constitución de 1917.

Obviamente el gobierno Carrancista nadaba contra las corrientes de la historia del México de entonces. Su caída era pues inevitable. Serían las fuerzas políticas y militares que representaban ese equilibrio alcanzado, las encargadas de volver las aguas del río de la historia a su curso normal.
El SME, al amparo de este cambio político a nivel nacional comenzaría poco a poco a incorporarse a la lucha que en esos años los obreros estaban dando. Y en esta reincorporación del SME a la lucha obrera, los trabajadores tranviarios jugarían un papel central al contagiar y estimular con el ejemplo de sus movilizaciones el espíritu de lucha de los electricistas del SME.

¿Cuáles eran esas nuevas condiciones políticas nacionales en las que el SME se comenzaría a incorporar a la lucha obrera? ¿de donde venían, resultado de que eran y qué consecuencias acarreo al movimiento obrero en México?

Para dar respuestas a estas interrogantes que son vitales para entender y comprender el desarrollo del movimiento obrero en estos años es necesario referirme a un acontecimiento que sentó las bases de la actual sociedad mexicana moderna: LA REVOLUCION MEXICANA DE 1910-1920.

LA REVOLUCION CAMPESINADE 1910-20

Aparentemente, el análisis y la caracterización del movimiento revolucionario de 1910 constituye un afán meramente académico o histórico. Pues a primera vista, qué otro interés puede tener el esclarecimiento de un movimiento que se dio hace ya más de 60 años, y que por otra parte, ha sido tan desvirtuado en su significado por los voceros oficiales. Nada más equivocado. Aún cuando no negamos que el análisis y la caracterización de la Revolución Mexicana pueda darse por razones puramente académicas, también es cierto que su esclarecimiento es vital para la comprensión del momento actual, así como para el planteamiento correcto de una política revolucionaria. Esto último es debido a que a partir de este profundo movimiento social, se van a generar y desarrollar los elementos que conforman a la sociedad Mexicana Moderna.

En lo que sigue partiremos de los siguientes supuestos:

es a partir de la Revolución de Reforma que el proceso de acumulación originaria de Capital se acentúa iniciándose la consolidación de una clase burguesa y constituyendo la paz porfirista una etapa de franco y acelerado desarrollo capitalista.

“Este proceso de Desarrollo Capitalista culmina entre 1890 y 1910, época en que el capitalismo mundial ha entrado en lo que Lenin llamó su “última fase”, es decir, el imperialismo, la organización del capital en grandes corporaciones, su concentración extrema, el dominio, en suma, del Capital Financiero Internacional”. (1)

“El hecho de que, a lo largo de todo ese proceso, haya en México formas de sobreexplotación que no corresponden a la forma central de la explotación capitalista no es prueba, ni mucho menos de que México fuera un país Feudal, si no por el contrario, prueba de que era un país capitalista atrasado” (2)

De hecho, el desarrollo del Capitalismo a escala mundial establece una “...nueva división internacional del trabajo ajustada a los centros principales de la industria maquinista, división del trabajo que convierte a una parte del planeta en campo preferente de producción agrícola para las necesidades de otra parte organizada primordialmente como campo de Producción Industrial”(3)

Así, “...en aquellos países destinados hacer campo preferente de producción agrícola, el capitalismo fomenta formas de sobreexplotación distintas de su forma de explotación principal y parecidas a las formas de explotación precapitalistas.” (4)

Es a partir de la Revolución de Reforma que el proceso de acumulación originaria de capital –o sea el proceso histórico de disociación entre el producto y los medios de producción– asume su mayor expresión. Tanto las leyes de colonización dictadas por Porfirio Díaz se inscriben dentro de este proceso. Las Leyes de Reforma, cuyo propósito había sido el posibilitar el surgimiento de una nueva clase de pequeños agricultores propietarios se tradujeron en una “...nueva concentración latifundista de la propiedad agraria” Así, “ durante décadas los latifundios crecieron devorando las tierras comunales de los pueblos indios y convirtiendo a los campesinos de las comunidades en peones de los terratenientes.”

Este proceso de concentración de la tierra, aunque se realizó de manera distinta en las diferentes regiones de México en lo fundamental se desarrollo a partir de la destrucción de las comunidades y pueblos indios, y se tradujo en la formación de una burguesía agro exportadora. (5)

Así, vemos que para 1910, 834 hacendados eran dueños de más de 167 millones de hectáreas, frente a más de 3 millones de campesinos jornaleros agrícolas o peones, y aproximadamente 411,096 personas que figuraban como agricultores. Por otra parte, para 1910, “ las haciendas abarcaban el 81% de todas las comunidades habitadas de todo México. “
Naturalmente, que este proceso de penetración del capitalismo en el campo se desarrollo en lucha constante con los pueblos indios que se resistían, se organizaban en revueltas y eran implacablemente reprimidos. Sin embargo el ascenso del capitalismo en México, bajo el régimen de Porfirio Díaz, iba a significar la destrucción de las tierras comunales.
Debemos detenernos en el análisis histórico de la penetración del capitalismo en el campo, así como en la peculiar estructura agraria que penetra y destruye , no solo por la importancia que indiscutiblemente guardaba la agricultura en la economía nacional de entonces, sino fundamentalmente porque de ahí va a surgir la principal fuerza social de la Revolución Mexicana, y de ella van a originarse y desarrollarse las características que el movimiento Revolucionario Campesino asumió en este proceso.
Como es sabido, el capitalismo que penetra a América Latina a través de la conquista española no suprimió el modo de producción imperante en el México Indígena sino solo imperios que se alzaban sobre las cumbres de estos. Este modo de producción de las antiguas civilizaciones en México, corresponde a lo que Marx denomina Modo de Producción Asiático, que caracteriza como “aquel en que no hay propiedad privada de la tierra, sino comunal; hay una unión intima, dentro de la comunidad, entre la agricultura y la industria artesanal; se da en regiones en que son indispensables para la agricultura grandes obras hidráulicas fuera del alcance de la comunidad aldeana, lo cual implica un poder central que haga esta obra; el estado, que se personifica en un déspota o en un dios, concentra la mayor parte del plusproducto o producto excedente, lo que condiciona el surgimiento de capas sociales mantenidas por ese excedente que son la fuerza dominante en la sociedad; finalmente, Marx señala que este tipo de forma social tiene una gran estabilidad y una inmensa resistencia al cambio, incluso cuando procede del exterior y es impuesto por la violencia.” (6)

Pues bien, en México sobre esas comunidades agrarias o calpulli, se alzaban el imperio de los Aztecas, y su capital México-Tenochtitlán. Como lo plantea el citado documento: “los conquistadores españoles pudieron destruir la estructura del Estado Azteca, pero no la forma comunal de la propiedad de la tierra, la cual, aún en progresivo retroceso, resiste toda la colonia la independencia, las Leyes de Reforma Liberal y el Porfirismo.” (7)

Claro está que la penetración del Capitalismo en estas estructuras agrarias comunales significó un proceso de disgregación y descomposición interna de esta estructura comunal, sin embargo fue incapaz de introducir y desarrollar una relación social superior en el campo. De hecho no solo subsistieron parte de las comunidades agrarias, sino que en el campesino, “persistieron sus costumbres colectivas, sus relaciones igualitarias, sus formas de producción y de trabajo basados en la cooperación y en la ayuda mutua, su lenguaje fraternal con una fuerza social superior a la del capitalismo” (8)

No nos parece ocioso subrayar la importancia de estas características del campesino el México antes de la Revolución Mexicana, pues nos parece central en la interpretación de está. De hecho estas características de tradición comunal –sobre las bases de las nuevas perspectivas históricas abiertas por la revolución rusa de 1905 y 1907– como plantea acertadamente Gilly, guardan tres funciones primordiales: “...servir como parte de la estructura y sostén de los órganos para organizar la lucha de enlazar su comprensión con la perspectiva colectiva y socialista; y de servir de punto de apoyo para el salto a un modo de producción superior, también colectivo en la organización del Estado Obrero y en la construcción del Socialismo.” (9)

A la par de este proceso de penetración del Capitalismo en el campo que asume, como vimos una forma atrasada, la política del dictador Porfirio Díaz en lo económico, que consistió “... en garantizar condiciones favorables a la inversión extranjera... para transformar a México de un país con pequeños mercados locales y regionales, en otro, con un mercado único interno, en el que las mercancías pudieran circular libre y fácilmente,” se tradujo en un crecimiento de la inversión extranjera en México, que para 1911 guardaba la siguiente composición: “Más de la mitad del total de la inversión extranjera en 1911 estaba constituida por inversiones en ferrocarriles y en bonos del gobierno mexicano. Segundas en importancia figuraban las inversiones orientadas hacia la explotación minera, agrícola y ganadera. La tercera categoría de inversiones consistía en la colocación de capitales hecha por inmigrantes – principalmente franceses y españoles, complementadas por algunos cuantos británicos, alemanes y estadounidenses – en la producción industrial para surtir a los mercados internos de México.” (10)

Caso típico de la penetración del capital extranjero en el México del porfiriato, fueron las vías férreas; de hecho construidas “... por enclaves imperialistas, con el propósito de unir ciertas explotaciones especialmente mineras de la economía mexicana con el mercado norteamericano, los fabricantes mexicanos pudieron servirse de ellas para penetrar en el mercado nacional. De ahí que el crecimiento de las exportaciones y el desarrollo del mercado interior estuvieran íntimamente ligados.” (11)

Sobre la base del proceso combinado del crecimiento de la “demanda de inductos productivos de parte del sector exportador y el poder adquisitivo de quienes obtenían sus ingresos de ese sector” a la par del mercado generado por la penetración del capitalismo en el campo, se fue generando y creciendo un mercado interno que aunado a los bajos salarios pagados y a la protección de facto por la depreciación de la plata motivo que “algunos capitalistas comenzarán a interesase por las inversiones en la industria”. De hecho, el sector fabril de la industria “...creció, tanto a partir de inversiones nacionales provenientes del comercio o la manufactura como por inversión en el de capitales extranjeros.”(12)

Así pues vemos el surgimiento de una burguesía industrial manufacturera que corre paralela al crecimiento del mercado internacional y que es uno de los hechos que distinguen al porfiriato. A la par de la formación y desarrollo de esta burguesía industrial se da un proceso de concentración en torno a capital bancario.

En virtud de este crecimiento del mercado nacional, el sector industrial aumento considerablemente, y por ejemplo de 1877 a 1910 cuadruplico su producción (13) Este sector industrial se desarrolló principalmente en la rama de los textiles, extractivas, de artículos de consumo, cerveza, papel, electricidad y gas y en menor medida en la metalúrgica. (14)

Este crecimiento y desarrollo de una burguesía industrial conllevó en forma natural la aparición de un proletariado, que por ejemplo de 1895 a 910 aumento de 553 mil a 606 mil trabajadores (15) Sin embargo, su peso era relativamente menor comparado con la agricultura que ocupaba el 61.8% de la fuerza de trabajo y que tenía un lugar predominante en la economía del país.(16)

Las condiciones de este incipiente y poco desarrollado proletariado eran oprimentes. Eran los patrones los que imponían las horas que se tenía que trabajar, y las más favorables de estas jornadas de trabajo eran generalmente de 12 ½ horas diarias.

Se trabajaba “... de las seis de la mañana a las ocho de la noche, menos dos pausas de cuarenta y cinco minutos, para el almuerzo y la comida. Cuando la había, no se pagaba el descanso semanal, ni en general los días festivos.
Las empresas hacían responsables a los obreros de la conservación de las máquinas y útiles y del buen uso de los materiales, castigándolos con descuentos sobre el salario en caso de pérdida o deterioro.”

Los capitalistas no asumían responsabilidad alguna en casos de accidentes de trabajo, ni por enfermedad o cesantía del obrero, o al sobrevenir la edad en que este quedaba incapacitado para continuar sirviendo en las fábricas, y menos todavía tratándose de despido por causa de crisis en la industria.” (17)

El Código Penal del D.F. y la legislación semejante de otros estados castigaba a quien “.. procura el aumento o disminución de salarios o que obstaculizará el libre ejercicio del trabajo y la industria por medio de la violencia moral o física.” Mediante el encarcelamiento y la imposición de multas.”(18)

El desarrollo y crecimiento de esta incipiente clase obrera corrió paralelo al desarrollo industrial del país. Así hasta 1870, el carácter predominantemente artesanal del sector no agrícola “limito las actividades de organización solo a la fundación de sociedades mutualistas”. De 1870 a 890, con el crecimiento del mercado nacional y el desarrollo del sector industrial aparece el Gran circulo de Obreros de México que aún cuando marcado y por la influencia artesanal de sus dirigentes, y su orientación mutualista, empieza a desarrollar actividades de resistencia contra los patrones, efectuando algunas huelgas; cosa que antes de 1870 eran rarísimas. “sin embargo, la creciente fuerza y autosuficiencia del régimen de Díaz impidió con eficacias que se superase de manera significativa la fase de organización mutualista.”

De 1880 a 1905, con el auge dela inversión extranjera la producción artesanal “comenzó a ser sustituida por una concentración de obreros en gran escala en las fábricas”. Sin embargo, la actividad organizativa fue casi nula en virtud del autoritarismo de Díaz que aplasto la prensa obrera y disolvió o neutralizo como en el caso del Gran Círculo, a las organizaciones de los trabajadores.
Finalmente, de 1908 a 1911, con la agudización de las contradicciones del régimen de Díaz, surgieron los primeros sindicatos cuyas luchas alcanzaron su periodo más violento en 1906 y 1907. (19)

Sin embargo, este despertar y resurgimiento del movimiento obrero fue violentamente aplastado por el gobierno de Díaz. Esta inmadurez objetiva y subjetiva de la clase obrera en México, así como que sus tempranos estallidos fueran reprimidos, determinaron su no participación como clase en el movimiento revolucionario de 1910, reduciéndose esta a una participación individual.
Para comienzos de siglo, la economía mexicana atravesaba por una profunda crisis. Hechos mundiales como la depresión mundial de 1900-1901, el cambio de la composición y dinámica del comercio mundial y la crisis internacional de 1907-1908, así como la vinculación fija del peso al patrón oro, rompieron las bases sobre las cuales se desarrollaba el capitalismo en México y significo el colapso del modelo capitalista dependiente agro minero exportador, manifestándose esto no solo en “la quiebra de un sinnúmero de pequeños fabricantes, en protestas proletarias, y enfrentamientos entre grupos regionales y grupos bancario-industriales nacionales.” (20)

Como es sabido, el movimiento maderista fue el detonante que desato la Revolución Mexicana de 1910-20. Y aunque este movimiento solo perseguía en esencia objetivos democráticos liberales, abrió las puertas para que las masas mexicanas manifestaran violentamente su descontento y expresaran sus propias demandas.
Así, la Revolución Mexicana, “con la irrupción de las masas campesinas y de la pequeña burguesía pobre se desarrollo inicialmente como revolución agraria y antiimperialista” (21)

Pues recogió en sus banderas el problema de la tierra y de otras demandas de los trabajadores urbanos, y antiimperialistas, pues planteaba el rescate de los recursos naturales en manos del capital extranjero.
Esta revolución campesina en su curso tomó un carácter anticapitalista pues no solo disloco el sistema de haciendas, sino que liquido militarmente en 1914 al ejercito burgués porfirista, destruyó el Estado Burgués de Díaz y puso en fuga y en derrota a la tendencia burguesa que Carranza representaba.
Estos hechos que se dicen fácil, tienen sin embargo una importancia capital. Significan que “En ese momento, el capitalismo esta abatido en México, esta literalmente en escombros. Pero esta abatido desde el punto de vista político. Desde el punto de vista económico ha sido aplastado en el campo, no en la ciudad. La oligarquía terrateniente está prácticamente liquidada, no así la burguesía urbana. Si tomamos en cuenta que la propiedad privada en el México de entonces era predominantemente rural, comprendemos el golpe tremendo que los ejércitos de Villa y Zapata le habían dado al capitalismo, desde el punto de vista económico social. Desde el punto de vista político, el golpe es aun mayor puesto que la capital, el centro político del país, estaba en manos de esos ejércitos. Huerta había huido, y la tendencia burguesa de la Revolución, es decir Carranza, estaba arrinconada en Veracruz, sin fuerza y sin base social.” (21)

Para 1914, los ejércitos campesinos de Villa y Zapata, que habían tomado la ciudad de México, tenían el poder y habían hechos una revolución objetivamente anticapitalista. “Entonces se planteaba una cuestión que ellos – claro—no comprendían, pero que era completamente real: o se retrocedía al capitalismo, o se avanzaba al socialismo. Como campesinos, ellos no podían avanzar hacia el socialismo por si solos; tenían que aliarse con la clase obrera”(22) Pero la clase obrera, ni buscó esta alianza ni podía dar esta perspectiva de avance hacia el socialismo. Era como vimos una clase en formación, incipientemente desarrollada y con una dirección que no era proletaria, sino anarcosindicalista.
Pero si el movimiento revolucionario de los campesinos fue incapaz de seguir adelante, pues carecía de una perspectiva política a nivel nacional, había dejado a la burguesía en una situación de debilitamiento extremo, por los duros golpes que en lo económico y político le había propinado.
Esta debilidad política y social en que se encontraba la tendencia burguesa después de 1914, se va a expresar en el viraje a la izquierda que se da en el interior mismo del Ejército Constitucionalista que jefaturaba Carranza.

Recordemos que en 1913, en la redacción del Plan de Guadalupe, Carranza se había opuesto a un sector de los jóvenes oficiales que proponían que se incluyeran puntos de demanda obrera y campesino. También recordemos, que en 1914 Carranza desconoce el Pacto de Torreón, en donde el Villismo estimulado por su creciente poderío y animado por la extensión y profundización de la Revolución, incluía en la cláusula octava, puntos obreros y campesinos.
Esto significaba “...que el centro de gravedad del poder se había desplazado: de la tendencia carrancista, burguesa , burguesa hasta la médula que no hacía ningún tipo de concesión en cuanto a la propiedad privada, a la tendencia jacobina, pequeño burguesa, que tenía su ideólogo en Mújica y su caudillo Obregón.” (22)

Con todo y que las leyes y las concesiones al movimiento campesino y obrero, promovidas por la tendencia pequeño burguesa, abren el camino para su triunfo militar sobre los ejércitos campesinos, la situación no podía volver atrás. La Revolución había implicado de tal manera una elevación de la conciencia popular y el debilitamiento extremo de la burguesía, que aún en 1916 derrotada militarmente la División del Norte, el equilibrio de fuerzas alcanzado en la contienda, se expresaría a través del compromiso político a que se llega en la redacción de la Constitución de 1917, representado el movimiento campesino indirectamente por un sector de los oficiales jóvenes del bando constitucionalista.
Efectivamente, en el ejército constitucionalista, en el cuerpo de sus oficiales, se delineaban para 1914, dos sectores: por una parte un grupo de oficiales pequeño burgueses nacionalistas, que como el propio general Álvaro Obregón,

Abelardo Rodríguez, Aarón Sáenz, va a constituir después, una de las bases de la nueva burguesía mexicana. Y por otra parte, aquellos sectores de oficiales pequeño burgueses nacionalistas que se sienten atraídos hacia las reivindicaciones campesinas y obreras, y que influidos poderosamente por la revolución campesina, terminarían por expresar en términos políticos más permanentes, el peso campesino en el curso de la Revolución.” (23)

Como se sabe en el Congreso Constituyente de 1917 se dieron dos posiciones: una conservadora que apoyaba el proyecto de Constitución redactado por Carranza, que no incluía puntos de reforma social, sino únicamente innovaciones de organización política sobre la base del texto de la Constitución de 1857; y otra tendencia radical, jacobina, encabezada por Francisco José Mújica, que “quería introducir reformas políticas y sociales en la estructura jurídica del país, reformas que en la intención de algunos de ellos debían orientarse en una perspectiva socializante.” (24)

En el conflicto de estas discusiones se impuso finalmente la tendencia jacobina, apoyada indirectamente por Obregón, porque comprendía que “...para consolidar los triunfos militares sobre los ejércitos campesinos era imprescindible hacer profundas concesiones a las fuerzas de la revolución, que en conjunto eran las decisivas; y que la condición para mantener la precaria unidad en el Constitucionalismo era precisamente aceptar en la Ley Constitucional buena parte de la política de la izquierda, pues en nombre de esta política de la izquierda se habían reunido las fuerzas sociales que habían permitido derrotar al Villismo y aislar al zapatismo.” (25). Así, en una serie de artículos fundamentales, el 3, el 27, el 123 y 130 la tendencia jacobina impuso su decisión.”

Con todo y que la Constitución de 1917 no rebasaba los marcos de derecho de propiedad burgués, prácticamente declaraba”...inconstitucional a los terratenientes y a los latifundios, es decir, desamparaba una de las bases de funcionamiento del capitalismo hasta entonces en México; sancionaba derechos obreros y campesinos, no simplemente los “derechos del hombre” en general; y era nacionalista, favorecía y estimulaba las reformas nacionalizadoras en las ramas fundamentales de la economía.” (26).

Cierto es que la aplicación de estas reformas quedó en manos de los representantes de la burguesía y la pequeña burguesía nacionalista en el poder “...que según las etapas la aplicaron en parte o la consideraron letra muerta; pero este era un problema diferente, ligado a la relación de fuerzas sociales nacional y mundial entre las clases y sus organizaciones.”

Pero la Constitución de 1917 “...es también el testimonio legal de las conquistas arrancadas por las masas en lucha y de la debilidad orgánica de la burguesía mexicana frente a las masas como resultado de la revolución, debilidad de la cual nunca logró reponerse. (27)

EL ASCENSO DEL BONAPARTISMO OBREGONISTA

Para 1920 la política de Carranza se había vuelto insostenible. Venustiano Carranza, que representaba una de las partes del equilibrio de fuerzas que se había dado en el curso de la Revolución Mexicana y cuya expresión política era la Constitución de 1917, había desarrollado una política contraria a este. Pongamos algunos ejemplos:

Para utilizar a los trabajadores en contra de los campesinos emite una serie de decretos que los favorecían, pero ya en enero de 1916 sintiéndose seguro en el poder, vuelve su política represiva contra sus propios aliados transitorios. Ordena la disolución de los Batallones Rojos, clausura periódicos radicales como el “Ariete” de la cd. De México, reprime las huelgas obreras de fines de julio y encarcela a los líderes obreros, coronando su política en septiembre de 1916, al ordenar el cierre de la Casa del Obrero Mundial.

Lo mismo sucede con los campesinos. Con el propósito de ganar base social de apoyo y presionado por un sector de su oficialidad joven, encabezada por Obregón, promulga la Ley Agraria del 6 de enero de 1915; pero una vez conseguido su propósito, de 1915 a 1920 solo reparte 172,997 hectáreas, perteneciendo además a los terrenos circundantes de las haciendas, que eran precisamente de muy mala calidad. (1)

Asimismo, permite la devolución de los bienes intervenidos por la Revolución a sus antiguos propietarios porfirianos y también promueve intentos por hacer reformas reaccionarias a algunos de los artículos avanzados de la Constitución.

De esta forma su gobierno nadaba contra el irreversible equilibrio de fuerzas a que habían llegado las fuerzas contendientes en la Revolución Mexicana.
Esta debilidad social y política del régimen de Carranza se puso de manifiesto cuando en 1920 su intento de imponer como sucesor a la presidencia de la república a un civil—el ingeniero Ignacio Bonilla—se topó con la abierta oposición del sector radical de los jóvenes oficiales revolucionarios, que tomando como centro a Álvaro Obregón, a través del Plan de Agua Prieta, se alzaron contra Carranza y liquidaron así esta última tentativa burguesa de querer asentar su dominio sobre bases sociales propias.

Sin embargo, aunque la rebelión Obregonista en lo inmediato fue la encargada de derribar a Carranza, a este en realidad lo derribaron las masas, que aun en repliegue, no solo defendieron con tenacidad la continuación de las conquistas revolucionarias, sino que estimularon con su ejemplo la reanimación del movimiento obrero, que a partir de 1918, pero sobre todo en 1919 y 1920, vivió un momento de intensa movilización, destruyendo así esta última tentativa burguesa de instaurar un gobierno propio.
Con el general Álvaro Obregón, lo que asciende al poder no es la burguesía, sino una tendencia pequeño burguesa que representaba precisamente el equilibrio de fuerzas a que se había llegado en el curso de la Revolución y que asumiría el papel de dirección bonapartista, apoyándose “...alternativamente en una burguesía sin perspectivas propias, y en un proletariado que carece también de perspectiva, para hacer un gobierno pleno de contradicciones, un gobierno de equilibrista entre clases antagónicas” (2)

Así, Obregón establecerá relaciones con la URSS, usará la bandera roja, se hará comparar con Lenin, y resistirá las presiones del imperialismo y finalmente firmará los Tratados de Bucareli con el imperialismo yanqui, haciéndole concesiones tan grandes como la devolución de latifundios a propietarios norteamericanos. (3)
Esta situación de “equilibrio catastrófico” entre clases sociales en pugna, y el surgimiento de estas terceras tendencias bonapartistas o cesaristas, es un hecho que se ha dado reiteradamente en la historia de la lucha de clases y que ha sido analizado entre otros por Marx, Trostky y Antonio Gramsci. Este último, en un artículo titulado “El cesarismo” analiza teóricamente este fenómeno, definiéndolo de la siguiente manera:

“Puede decirse que el cesarismo expresa una situación en la que las fuerzas en lucha se equilibran de modo catastrófico, es decir, se equilibran de modo que la continuación de la lucha solo puede terminar con la destrucción recíproca. Cuando la fuerza progresiva A lucha contra la fuerza regresiva BB puede ocurrir no solo que A derrote a B o que B derrote a A, si no también que no ganen ni A ni B, y que se destruyan recíprocamente y que una tercera fuerza CC intervenga desde afuera sometiendo lo que queda de A y de B.”

Pero si el cesarismo expresa siempre la solución “arbitral”, confiada a una gran personalidad de una situación histórico-política caracterizada por un equilibrio de fuerzas con una perspectiva catastrófica, no siempre tienen el mismo significado. Puede haber un cesarismo progresivo y un regresivo, y el significado exacto de toda forma de cesarismo solo puede reconstruirse, en última instancia, a base de la historia concreta, no de un esquema sociológico” agregando, “El cesarismo es progresivo cuando su intervención ayuda a las fuerzas progresivas a triunfar aunque sea con ciertos compromisos y con ciertas limitaciones de la victoria; es regresivo cuando su intervención ayuda a triunfar a las fuerzas regresivas, aunque también sea con ciertos compromisos y limitaciones (cabe decir, sin embargo, que dichos compromisos y limitaciones tienen en este caso un valor distinto a los del caso anterior) “ (4)

De acuerdo con lo anterior, un somero análisis de las clases sociales al final de la Revolución Mexicana, nos permite advertir no solo las condiciones para el surgimiento de esta tendencia bonapartista, sino también su orientación básica. Recordemos: por un lado un movimiento campesino derrotado; pero por otro lado una burguesía políticamente derrotada y duramente golpeada en lo económico, y que como refiere Shulgovski, esta débilmente organizada – en su sector industrial – y aún entre sus agrupaciones existían divergencias. (5)

Por otra parte, la clase obrera, que en realidad era la única fuerza que pudo haber orientado la dirección del proceso en una forma diferente se encontraba imposibilitada para asumir la dirección de este.

Asimismo, la tendencia nacionalista revolucionaria, cuyas cabezas más visibles eran Francisco José Mujica, Adalberto Tejeda, Salvador Alvarado, Carrillo Puerto, etc cuya base social era el campesinado, y cuyos intereses representaban, no podía en ese momento plantear otra perspectiva. Derrotado el movimiento campesino, asesinado Emiliano Zapata, esta tendencia habría de esperar un nuevo ascenso de la lucha de masas en el curso de los cuales se iría organizando, cohesionado hasta lograr tomar el poder e imponer su política durante el cardenismo.

Vemos pues, que la única fuerza capaz de influir a nivel nacional en los destinos del país, y de lograr la reconstrucción del nuevo Estado, era el ejército, que va a constituir el principal instrumento político del gobierno de Álvaro Obregón, y que sin embargo se encontraba dominado por una serie de caudillos militares que representaban las tendencias separatistas en su seno; y que por tanto significaban serios obstáculos y limitaciones al gobierno de Obregón para estructurar el nuevo Estado, y crear las condiciones favorables para el desarrollo del país.

Frente a estas tendencias separatistas , representadas por los caudillos, el gobierno de Álvaro Obregón va a proceder en forma similar a la que utilizó Porfirio Díaz para contener y controlar todos estos sectores con intenciones hegemónicas.

Así, por una parte va atender a reducir los efectivos del ejército, que en 1920 durante el gobierno interino de Adolfo de la Huerta es reducido en 21 mil miembros de tropa, entre oficiales y soldados “...bajo el plan de las colonias agrícolas, que consistía en dotar de tierras de las antiguas haciendas a los excombatientes dados de baja.”

Durante 1921, ya con Obregón en la Presidencia, cerca de 4,648 generales y oficiales y 35 mil soldados son dados de baja e incorporados a la reserva con sus sueldos denegados, con lo que el ejército quedo constituido por solo 508 generales, 2,758 jefes 8,538 oficiales y 53 mil individuos de tropa. Es decir, en año y medio el ejército fue reducido en cerca de un 50%.

Asimismo, Obregón va a intentar ganar el control sobre los innumerables jefes locales y regionales mediante un sistema de relaciones de lealtad, que descansaba en el reconocimiento de su poder local y/o regional, así como darles facilidades para su enriquecimiento personal. En la medida en que estos sistemas de control no funcionaban, Obregón va a ordenar la desaparición física y en 1921 cerca de 38 generales brigadieres caen fusilados. (7)

Pero principalmente para contrarrestar el predominio político de la casta militar, así como las presiones imperialistas que buscaban un trato preferencial y de privilegio en sus propiedades en México, exigiendo la no aplicación y derogación del Art. 27 constitucional, la tendencia bonapartista encabezada por Obregón, va a buscar apoyarse en las masas populares.
De esta forma, aunque el bonapartismo Obregonista va a ser de tipo regresivo, pues su objetivo va a ser el desarrollo de una buena burguesía, por su misma debilidad de origen—debilidad marcada por la multitud de caudillos militares—va a depender para su estabilización y desarrollo del apoyo social, político y coyunturalmente militar (1923,1926,1929) de la masas obreras y campesinas; y por tanto a ser permeables a las presiones de estas, haciéndoles concesiones, sin las cuales, tanto la necesidad de su apoyo como la posibilidad de contenerlas y controlarlas, para así desarrollar su objetivo último hubiera sido una mera ilusión.

De este hecho hay que extraer todas las consecuencias. Esto significó que el régimen bonapartista surgido de la Revolución Mexicana iba a depender – si, ¡a depender! – para su permanencia y desarrollo, así como para implementar su objetivo de desarrollar al país por la vía capitalista, del apoyo de las masas obreras y campesinas.

“Y esto es una manifestación de las conquistas durante la Revolución y de su lucha posterior, conquistas parciales y mediatizadas pero conquistas al fin. Y es esta lucha de las masas la que ha reducido a la burguesía a tal estado de debilidad, que la burguesía no puede gobernar al país como una burguesía “decente” que el país tiene que ser gobernado por una dirección bonapartista, que depende en alto grado de las masas.”

Así este apoyo de masas, aunque el ejército constituyese el principal instrumento político le permitiría:

1.- Por una parte controlar y enfrentar a las facciones militares y sus intentos separatistas, ejemplificados a lo largo de su gobierno por una serie de rebeliones y alzamientos de sectores del ejército y de caudillos que habían sido excluidos del poder.

2.- Por otro lado sobre esta base de masas y apoyado también el sentimiento antiimperialista del ejército, enfrentar al imperialismo y negociar con él, y a las fuerzas restauradoras por otro, y además a la posible e inevitable alianza de ambas. (9)

SU BASE DE APOYO EN EL MOVIMIENTO OBRERO.

La base de apoyo directa del bonapartismo regresivo de Álvaro Obregón, dentro del movimiento obrero, sería la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM)

Para entender el por qué de esta alianza que un sector del movimiento obrero entabló con el gobierno bonapartista de Obregón; y que señala el principio de la hipoteca que el movimiento obrero hace de sus intereses de clase frente al nuevo Estado; así como su dependencia y control por este, es necesario señalar algunos antecedentes.

Por un lado el desarrollo ideológico del movimiento obrero en México para 1919 había desembocado en 3 corrientes principales que para 1921 quedan perfectamente delineadas. Por un lado la corriente anarcosindicalista; por otro lado los comunistas y finalmente la corriente sindical reformista y oportunista cuyo dirigente era Luis N. Morones.
En las tres corrientes ideológicas predominantes en el seno del movimiento obrero, era notoria la carencia de una concepción clara y objetiva de cual debía ser la estrategia que debía seguir el proletariado para alcanzar sus fines y dentro de esta estrategia cual era la caracterización del nuevo estado mexicano. Y esta carencia de una estrategia así como la falta de una caracterización correcta y concreta del Estado, era reflejo de la inmadurez tanto objetiva como subjetiva del proletariado mexicano de aquel entonces.
Sin embargo, entre la corriente anarcosindicalista y la comunista, que desde posiciones diferentes no acertaban a definir correctamente al nuevo Estado, se encontraba la posición sindical reformista que encabezada por Morones se planteaba la participación en el poder como un medio para alcanzar el “socialismo”.
Esta corriente ideológica en el seno del movimiento obrero tenía como punto de partida el fracaso de la Casa del Obrero Mundial como dirección del movimiento obrero, así como la discusión que suscitó en el sentido de definir una nueva estrategia que excluyera los métodos anarcosindicalistas de acción directa (10) ; y su primer resultado organizativo fue la formación del Partido Socialista Obrero que en sus principios se planteaba la participación en política, argumentado que:
“...teniendo en cuenta el estado moral, el espíritu de la inmensa mayoría de nuestros compañeros, poco avanzados en esta lucha, y teniendo en cuenta la táctica que para hostilizarnos están usando nuestros enemigos”se planteaba la acción múltiple y esto como un reflejo de la experiencia de la represión de la huelga general de 1916. Señalando “no esperaremos que nuestros diputados consigan para los obreros grandes mejoras ni mucho menos que lleven a cabo todas nuestras aspiraciones; pero si pueden ser una ayuda eficaz para nuestros movimientos emancipadores. El objeto es que los sindicatos tengan, en caso necesario, donde escudarse, y que si por desgracia vuelve a llegar el momento en que las bocas de los famélicos estén amordazadas haya compañeros en posibilidad de hacer oír la voz de los parias oprimidos.” (11)
Así, si bien por el lado del movimiento obrero, para 1917, se observa claramente una disposición a la alianza con el Estado, por el lado de este existía ya la conciencia de la importancia y la fuerza que este tipo de alianza le redituaban. Los antecedentes inmediatos eran el famoso pacto Obregón-COM, por el cual se formaron los Batallones Rojos que le garantizaron al Carrancismo una base de apoyo política y militar en contra del movimiento campesino de Villa y Zapata.

De esta forma, apenas se conoció la intención de los obreros de convocar a la celebración de un Congreso obrero en 1918 – que había sido una de las principales conclusiones del Congreso de Tampico de octubre de 1917 – el gobernador de Coahuila, adelantándose a los obreros, propuso al Congreso local, la celebración de una Conferencia Obrera Nacional, con la intención de controlar este intento de organización obrera.

Este llamado oficial del gobierno de Coahuila produjo diversas reacciones en el movimiento obrero. Por un lado muchas asociaciones de todas las tendencias aceptaron la invitación, con la esperanza de poder imponer su control tanto al Congreso como a la organización que de ahí surgiera. (12) Sin embargo, en toda la República se mantuvo desconfianza. Concretamente en el D.F., la Federación de Sindicatos Obreros del D.F., que una asamblea celebrada el 30 de marzo, a la que asistieron 14 agrupaciones; de 27 representantes obreros, solo 4 votaron por ir (el SME se encontraba entre estas) Finalmente se acordó no asistir al Congreso de Saltillo. (13)

De este congreso nacería la CROM, cuyo “...programa general de acción... era suave y reformista” (14) y en el cual referente a la legislación laboral acordaron lo siguiente:

“1.- Exigimos al gobierno del centro y a los de los Estados, la inmediata reglamentación del artículo 123 constitucional, para su pronta aplicación por parte de los encargados de ejecutar las leyes, teniendo en cuenta al hacerse la reglamentación que se cita, la opinión de los trabajadores en los lugares donde se legisle.

“2.- El Congreso Obrero Nacional declara terminantemente que es de urgente necesidad solucionar satisfactoriamente para los intereses obreros, las dificultades creadas por los procedimientos llevados a cabo por el elemento patronal, al amparo de la ley, y que a continuación se expresan:

“A.- teniendo en cuenta que las resoluciones de las Juntas de Conciliación y Arbitraje que tienden a beneficiar a los trabajadores no se llevan a la practica por las autoridades encargadas de ejecutarlas en un plazo perentorio, y si se procura por parte de estas retardar o notificar los acuerdos de referencia, los obreros representados en el Congreso piden a las respectivas Legislativas de los Estados, que los acuerdos de las Juntas de conciliación y Arbitraje causen ejecutoria tres días después de dictado el fallo, sin más trámite que la notificación a loa acuerdos sin que proceda el amparo por lo acuerdos que dicte la Junta de conciliación y Arbitraje.

“B.- Pedimos la no procedencia del amparo cuando estos lesionen directamente los intereses de una Corporación obrera.

“C.- En vista de los males que acarrea al elemento trabajador la celebración de contratos aislados, los contratos de trabajo que se celebren entre patrones y obreros deberán ser por mediación de las agrupaciones a que pertenezcan.

“3.- Si los procedimientos propuesto simplifican una reforma parcial o total de las disposiciones legales actualmente en vigor, exigimos la derogación o modificación inmediata de acuerdo con las necesidades especificadas.

“4.- considerando que el trabajador debe tener el mayor tiempo de descanso posible, el Congreso reconoce que debe implantarse la semana inglesa de trabajo con goce de salario integro.” (15)

Sobre este sector reformista del movimiento obrero agrupado en la CROM sería que el gobierno bonapartista de Obregón encontraría el apoyo de masas necesario para dar estabilidad a su gobierno. Pero lo que también es cierto es que, tanto las expectativas y demandas de la CROM – que como ya vimos se centraban en la aplicación y reglamentación del art. 123 constitucional – así como la concepción de sus dirigentes que veían en la participación en el aparato de poder un camino para la conquista de un nebuloso socialismo, serían una base firme para establecer esta alianza.

Sería Morones quien buscaría esta alianza al mandar en agosto de 1919, y sin consultar su base, un escrito a Obregón – escrito que también envío a Pablo González y al Ingeniero Bonillas los otros candidatos – conteniendo los siguientes puntos:

“I.- ... que exista un Ministerio .. para resolver todo lo relacionado con los intereses de los trabajadores que se titule: Ministerio del trabajo y que este a cargo de persona identificada con las necesidades morales y materiales de los mismos.”

“II.- Que mientras se lleve a efecto la iniciativa del punto primero, sea nombrada una persona que tenga la identificación que señale el mismo punto, para que ocupe la Cartera de Industria, Comercio y Trabajo.
“III.- Que en la Secretaría de Agricultura y Fomento se de cabida a un elemento suficientemente apto en el ramo, y que a ese elemento le sean atendidas todas las indicaciones razonadas que sobre tal aspecto haga.”

“IV.- Que para el nombramiento de las personas que señalan los puntos I,II,III se tome en consideración la opinión de los representantes del Partido Político que se forme a iniciativa de los suscritos, siendo condición para aquellos que reúnan las facultades propias para el desempeño del empleo.”

“V.- Que tan luego como esté aprobada la Ley del Trabajo, su promulgación sea inmediata poniendo el Poder Ejecutivo de la Unión, todo lo que este de su parte para el mejor cumplimiento de la misma.”

“VI.- Que se reconozca la personalidad legal del Comité Central de la CROM, para tratar directamente con el Ministerio del Trabajo, o en su defecto, con el Poder Ejecutivo de la Unión, todos los asuntos relacionados con las agrupaciones de la República.”

“VII.- Que se designe por lo menos un día cada semana para el efecto del punto anterior salvo casos excepcionales que de suyo indicaran esa necesidad.”

“VIII.- Que se den las facilidades necesarias para que puedan llevarse a la práctica todos los acuerdos tendientes a lograr el bienestar y progreso cultural de los trabajadores, a que han llegado los Congresos obreros efectuados en las ciudades de Saltillo... y Zacatecas, así como para los que se tomen en Congresos futuros.”

“IX.- Que se tomen en consideración las opiniones de los representantes de la organización obrera en el país, cuando se trate de llevar a cabo, por parte del ejecutivo, reformas o procedimientos de interés general.”

“X.- Que se den las facilidades necesarias para la propaganda y organización obrera en el país.”

“XI.- Que se den las facilidades necesarias para la propaganda de unificación obrera en el exterior de la República, con el objeto de estrechar las relaciones de pueblo a pueblo y así poder conjurar cualquier peligro internacional que pueda surgir.”

La reacción de los precandidatos al programa propuesto por Morones fue diversa. Pablo González “contesto evasivamente, diciendo que se concretaría a gobernar con la Constitución el ingeniero Bonillas manifestó que aún no tenía decidida su aceptación de la candidatura, y el C. Álvaro Obregón aceptó de plano las bases propuestas.” (16) La alianza entre la tendencia bonapartista y un sector del movimiento obrero estaba sellada.

Vistos con antipatía y presionados por Carranza a raíz de que se hizo público su apoyo a Álvaro Obregón, la CROM se vio obligada a celebrar su 1ª. Convención en Zacatecas, donde el gobernador era obregonista y movilizados lo largo de toda la república, formando grupos de obreros y campesinos que estuvieran dispuestos a apoyar y en caso necesario a pelear por Obregón, era ya evidente que el triunfo pertenecía al general Obregón. (17)

En efecto, sería precisamente el apoyo brindado por la CROM a Obregón, aunado al pacto entre Obregón y los jefes pequeño burgueses zapatistas y el apoyo brindado por el ejército, que Álvaro Obregón llegaría a la presidencia.

Como ya vimos, la terquedad burguesa de Carranza precipitó los acontecimientos. En abril de 1920 Obregón tiene que abandonar la capital seguido de Morones. El Partido Laborista Mexicano—órgano político de la CROM—en un manifiesto desconoce a Carranza y sus lideres “son enviados inmediatamente a formar grupos para luchar por Obregón y organizar la propaganda a su favor”. El 22 de abril Álvaro Obregón proclama el Plan de Agua Prieta, arrastrando a una parte considerable del ejército tras él. El golpe de estado estaba consumado.

La llegada de la tendencia bonapartista al poder en 1920 significó para la CROM el inmediato cumplimiento de los puntos suscritos en el pacto secreto entre Morones y Obregón. Así, no bien ha asumido De La Huerta la presidencia interina de la República se otorga a Morones la dirección del Departamento de Establecimientos Fabriles; se crea el Departamento de Previsión Social cuya dirección es encomendada a Eduardo Moneda; se pone a Rosendo Salazar al frente de la imprenta del gobierno; y Celestino Gasca, es nombrado gobernador del Distrito Federal . Siendo todos ellos miembros prominentes de la CROM.
Posteriormente, siendo ya presidente Obregón emprendería una amplia política de cooperación hacia la CROM subsidiando con dinero las actividades sindicales y políticas de esta. Asimismo diversos puestos son concedidos a dirigentes obreros de la CROM Morones recibe la jefatura de los Establecimientos fabriles como compensación por la Secretaría de Industria.

Comercio y Trabajo que no se le otorgó. Ricardo Treviño, Gonzalo González, José F. Gutiérrez y Lombardo Toledano son electos diputados y Juan Sarabia senador. Además en las elecciones municipales de la CD. De México, el PLM obtiene más del 50% de los puestos de concejales (18)

De esta manera se iba a definir la política de Obregón hacia su base de apoyo en el movimiento obrero: concesiones a la CROM en sus movimientos y control de esta mediante la incorporación de sus dirigentes al usufructo del aparato de gobierno.

Por el contrario, la política de Obregón hacia el movimiento obrero independiente tendería a la represión, aún tratándose de demandas poco trascendentes. Sin embargo, esta política no se delinearía sino hasta 1921 y como veremos no se estableció en forma lineal.

SU POLÍTICA HACIA EL MOVIMIENTO OBRERO

Cuando en razón de brevedad se señala que la política del gobierno obregonista hacia el movimiento obrero se definió en parte como una política de concesiones hacia el movimiento obrero agrupado en la CROM y en parte reprimiendo los intentos obreros de actuar en forma independiente de la central obrera que el prohijaba, se puede caer en el equívoco de entender esta política como obra de una “voluntad” que en forma maquiavélica decide en que momento actuar: reprimiendo o haciendo concesiones.

Nada más falso. La sola comprensión de las características del régimen surgido de la Revolución Mexicana, nos obliga a considerar como un factor de primera importancia en la estructuración de esta política, la situación específica del proletariado en el México de entonces las características de sus movilizaciones la fuerza de estas, así como los objetivos propuestos. Pero aún más, nos obliga a tomar en cuenta la específica y variable situación política nacional e internacional del país, en coyunturas determinadas en que se producen las movilizaciones obreras y sobre las cuales se define en uno u otro sentido la política del gobierno obregonista.

Tomando en cuenta estas indicaciones, sostengo que la política de Obregón hacia el movimiento obrero, más que obra de los actos unipersonales de este; más que una política lineal y clara desde sus orígenes, fue el resultado del desarrollo de diversos hechos y factores, entre los que se encontraban: no solo la orientación básica que el régimen surgido de la Revolución Mexicana imprimió al proceso en el sentido de un desarrollo capitalista. Así como la incorporación de la burocracia sindical al aparato de gobierno, mediante lo cual ganaba el control de las masas obreras y campesinas; sino que también – y primordialmente – fue el resultado de la situación del movimiento obrero, de las características de su movilizaciones – cuyo auge se localiza en 1919-1922, con su punto mas elevado en 1921 – así como de los métodos y tácticas de lucha utilizadas. Todo esto dentro de los marcos específicos de una situación de crisis e inestabilidad política interna y de presiones imperialistas.

Ya desde la época de la fundación de la CROM, lo que encontramos a nivel nacional, es un movimiento obrero orgánicamente dividido. Además de la CROM, existía la Confederación Nacional Católica del Trabajo, fundada en 1920, bajo los auspicios del Secretariado Social Mexicano, cuya doctrina estaba basada en la encíclica Rerum Novarum, y que a todas luces mostraba su faz reaccionaria, por ejemplo se oponía a la aplicación de la reforma agraria y proponía a cambio cajas de ahorro que “condujesen a la formación de una clase de pequeños propietarios.”(19).

Ese mismo año es fundada la Federación Comunista del Proletariado Mexicano. Esta Organización filial sindical del PCM, en su declaración de principios acordaba “...unir a los trabajados en asociaciones gremiales o federaciones industriales de resistencia, como la mejor forma de actuar directamente sobre cada industria o profesión, y como el mejor medio de luchar contra los “trusts” o acaparamientos capitalistas, y el atropello a los derechos y dignidad de la clase trabajadora. Federalizar estas asociaciones, organizando conscientemente a los trabajadores a fin de constituir la fuerza de resistencia al avasallamiento capitalista, a la vez que la fuerza propulsora del progreso humano, tendiente a desaparecer las diferencias de clases y a establecer la equidad económica en una sociedad de productos libres”, apoyarse recíprocamente y rechazando “..toda solidaridad con los partidos políticos burgueses u obreros, puesto que luchan por la conquistas del poder gubernamental ( satisfaciendo predominios de clase o círculos y ambiciones personales. La Federación lucha y se organiza para conquistar todas la mejoras posibles dentro del orden actual, y para que los opresivos órganos políticos y jurídicos del estado burgués queden producidos a funciones administrativas, cuando la sociedad este regida por la nueva teoría económica que proclama: ¡que todos trabajen y produzcan según sus fuerzan y consuman según sus necesidades!” Después de lanzar cargos a los capitalistas, finaliza invitando a todas las agrupaciones obreras a que ingresen a la Federación Comunista del Proletariado Mexicano. (20)

Esta declaración de principios, además de mostrar palpablemente la fuerte influencia anarquista en las filas comunistas, como lo es su rechazo a la participación política, cuestión que de pasada evidencia su bajo nivel teórico y falta de comprensión de una tesis de la III Internacional Comunista, evidencia su falta de compresión de la realidad nacional. Sin programa y comprensión del desarrollo revolucionario en México, como podía esperarse que guiase y condujera las luchas obreras de aquel entonces!
En 1921 se crea la Confederación Cristiana de los Caballeros de la Humanidad y ese mismo año, nace una organización cuyo peso e importancia dentro del movimiento obrero en los primeros años del gobierno obregonista es innegable. Nos referimos a la Confederación General de Trabajadores (CGT)

La CGT nace a raíz del Congreso Comunista Convención radical Roja, celebrada, en la Ciudad de México en febrero de 1921. Participaron en su formación además de los comunistas, una serie de grupos y organizaciones que o bien se habían salido de la CROM desde 1919 o bien abandonaron esta central cuando en el congreso de la CROM en 1920 fracasaron en sus intentos de derrotar a Morones y su grupo “acción”.

Las delegaciones obreras que asistieron a este Congreso fueron:

ORGANIZACIONES
DELEGADOS


Sindicato de Tabaqueros de Veracruz
Juan Barrios
Local Comunista de Veracruz
José Rubio
Talleres de Indianilla de la Cía. de tranvías de México, S.A.
Jenaro Castro y Pedro García
Sindicato de Obreros de la Cía. Ericsson
Benjamín Quezada y José del Río
Unión de agricultores de san Luis Potosí
Candelario Lucio
Grupo antorcha Libertaria de Ver., IVV de México
Heron Proal y José Refugio Rodríguez
Trabajadores Industriales del petróleo Tampico COM
Welton Pale y Benito De Tampico Obregón.
Federación de Jóvenes Comunistas
Gabriel Sánchez, Felipe Hernández.
Local Comunista de Tampico.
Sebastián san Vicente.
Unión de agricultores de Mérida
Fortunato González.
Obreros Libertarios y Agricultores de Mexicali
Mariano O. Castañeda
Federación de Obreros Municipales de México.
José Aguilera
Sindicato de Obreros y Artesanos de Sta. Rosa Veracruz.
Aurelio Hernández
Sindicato de Panaderos del D.F.
Jenaro Gómez Leopoldo Urmachea.
Liga de Trabajadores de la Zona Marítima y de la de Mineros y Fogoneros del golfo de México.
Rafael García
Grupo Propaganda Libertario de Guadalajara y de la Unión de Obreros y Campesinos de Ahualulco, Jalisco
Ignacio López
Sindicato de Obreros de Sonora Apolunio
L. Castro
Unión Industrial de Mineros de Guanajuato
W. Espinoza
Unión de Jaboneros del D.F.
Leonardo Hernández
Federación Sindicalista de Atlixco, Puebla
Boraquiel Marquez.
Local Comunista del D.F.
Frank Seamen.
Grupo Cultural vida Nuev
José allen.
Federación de Sindicatos de Hilados y Tejidos Del D.F
Maria del Carmen García y Simón Santana
Federación de Obreros Municipales
Ángel Sánchez
Sindicato de Trafico de México
Guillermo Escobar y Rodolfo Aguirre
Sindicato de carretilleros de Veracruz
Francisco Mercado y José Ma. Cruz
Sindicato de Campesinos de Ojital Veracruz
Francisco Cedeño
Sindicato de la Cigarrera Mexicana
Jacinto Huitrón, Isaac Aguirre y María Islas
Grupo Editor “Lux”
Rafael Quintero (22)

Aún cuando la formación de la CGT participaron tanto comunistas como Elementos conservadores, fuero los anarcosindicalistas los que impusieron su posición. Así, en septiembre de 1920, en el 1er. Congreso de esta central los comunistas son derrotados y abandonan la CGT después de fracasar en sus empeños de hacerla participar en política y de adherirla a la III Internacional. De igual forma, los elementos conservadores representados por José G. Escobedo y Rosendo Salazar que se oponían al anarquismo y que intentaron ganar el control de la organización son derrotados en 1922.

En sus primeros años, la CGT participó en numerosas huelgas, que mal dirigidas traían como consecuencia enfrentamientos sumamente violentos, aunque es innegable el papel tan importante que desarrollo en las movilizaciones obreras de 1920-1922, Pues ante el cada vez mayor control del gobierno sobre la CROM, sus movilizaciones tendían a inclinar la política de negociación de las demandas obreras.

Esta dirección equivocada de la CGT en sus principales movimientos huelguísticos derivaba de su incomprensión del carácter bonapartista del gobierno de Obregón y por tanto le impedía aprovechar mediante una política y una dirección correcta, las posibilidades que para la organización y el logro de objetivos parciales brindaba.

Esta incomprensión correspondía directamente y no era resultado más que la de la ideología anarconsindicalista en que se sustentaba esta organización, así como de su pobreza teórica y política.

Por ejemplo, en las bases y resoluciones del Congreso que dio origen de la CGT en su preámbulo se asentaba: “Para poder defendernos y educarnos, así como para conquista la completa emancipación de los obreros y campesinos aceptamos como principio fundamental la “lucha de clases “, reconociendo que no hay nada en común entre la clase laborante y la clase explotadora; sostenemos como aspiración suprema el “comunismo libertario” y como táctica de la lucha la “acción directa” exenta de toda política burguesa o no ...”

Con estos puntos programáticos tan restringidos y limitados evidentemente no podía avanzarse gran cosa. Era correcta por ejemplo el reconocimiento de la lucha de clases , pero hacía falta precisar cual era el desarrollo de esta en México; su sentido y bajo que formas se desarrollaba, que la CGT no comprendió cual era el proceso en que se desarrollaba la lucha de clases en México nos lo muestra el acalorado debate y finalmente la exclusión de la proposición hecha en el Congreso, en el sentido de que la CGT incluyera como punto programático la lucha por los contratos colectivos.

De hecho, casi al final del Congreso algunas delegaciones presentaron la iniciativa en el sentido de que se determinará la conveniencia de adoptar los contratos colectivos. Juan Barrios, delegado del Sindicato de Tabaqueros de Veracruz fue uno de los participantes que más abogó por esta proposición. Decía que “en México ... en donde el trabajador tiene más exigencias y obligaciones que libertades, se impone imperiosamente el que se adopten tales contratos y luchar por su efectividad. Por más que los “colectivos” como los individuales no sean otra cosa, no signifiquen más que la esclavitud de la clase laborante.”

Leopoldo Urmachea, del sindicato de Panaderos del D.F., replicó: “La verdad, compañeros que esto más parece un plagio a la Constitución, puesto que ya queremos legislar... al margen del 123”

Por su parte Sebastián san Vicente, de la Local Comunista de Tampico, declaró que esa proposición pugnaba abiertamente con los postulados de la CGT. Alguien más manifestó: “ ¡que nos importa a nosotros el Contrato Colectivo cuando nuestro objeto esencial, fundamental, único es el todo! El colectivismo e individualismo en esta cuestión son la misma música... esta es una convención revolucionaria, no la American Federatión of Labor; en consecuencia, luchemos siempre procurando llegar al término de nuestras aspiraciones, al “todo”, más sin menospreciar las ganancias que se obtengan en beneficio de las clases proletarias.”

Leonardo Hernández de la Unión de Jaboneros del D.F. ejemplifica su rechazo, señalando “...hace años la compañía de tranvías fue la primera en reconocer al sindicato de electricistas de reglamentar lasa ocho horas, de establecer4 un servicio médico y de aumentar los jornales...transcurrió el tiempo, y el espíritu de organización comenzó a extinguirse entre los electricistas, y desde entones, se iniciaron las destituciones. Porque como decía la mayor parte de los empleados de la compañía.
¡Por qué declararnos en huelga, mostrarnos exigentes con una empresa que tan bien nos trata?...”

Finalmente, en la penúltima sesión del Congreso, se lanzaron duros ataques a los lideres de la CROM. Rafael García, representante de los estibadores de Veracruz y María del Carmen representante de la Federación Obrera de Hilados y Tejidos del Distrito Federal y del Estado de México, se encargaron de sumar cargos en su contra; tachándolos de rastreros y perversos y calificándolos como los peores enemigos de la clase obrera. (24).

En 1922 es fundada la Confederación Nacional de Obreros Católicos y existen además la Unión de Conductores, Maquinistas, Garroteros y Fogoneros, así como el SME.

Concretamente en el D.F. se podía advertir fácilmente el fraccionamiento en que se encontraba el movimiento obrero en México. Así en 1919 existían las siguientes organizaciones obreras: la Federación de Sindicatos Obreros del D.F. – que el 2 de febrero se fusionó a la CROM – el Gran Grupo Central de Trabajadores y el Gran Centro Obrero Independiente, aunque estas dos últimas organizaciones serían de corta vida.
Para 1922, además del SME existían las siguientes organizaciones obreras en D.F.: la Federación de Sindicatos Obreros Del D.F.—dependiente de la CROM—la Federación Local de Sindicatos – perteneciente a la CGT—y pequeños sindicatos, aunque las organizaciones obreras que agrupaban a más número de trabajadores eran la FSODF y la FLS.
La Federación de Sindicatos Obreros del D.F. agrupaba a las siguientes organizaciones: Sindicato de Artes Graficas de Talleres Oficiales Sindicato de Artes Graficas de Talleres Comerciales, Sindicato de Establecimientos Fabriles, Sindicato de Empleados de Restaurantes, Sindicato de Empleados de Boticas y Droguerías, Unión de Tramoyistas y Escenográfos, Sindicato de Trabajadores del Hierro, Sindicato de Obreros y Obreras de “El Buen Tono”, Sindicato de Dulceros y Reposteros, Sindicato de Vidrieros y Similares, Unión de Operarios Sastres, Sindicato de Agentes de Hotel., Casa del Obrero Mundial, Centro Social de Chóferes, Sindicato de Botoneros, Sindicato de Billeteros, Sindicato de Costureras y Confeccionistas, Sindicato de la fábrica “La Carolina”, Sindicato de Zapateros, Sindicato de El3ectricistas (no comprendía a trabajadores de la Cia. De Luz) y Sindicato de Oficios Varios. (25)

Por su parte la Federación Local de Sindicatos incluía las siguientes agrupaciones : Federación de Empleados y Obreros de la Cía. de Tranvías de México, S.A. (que comprendía el Sindicato de Talleres y el Sindicato de Tráfico), La Unión de Resistencia de Obreras y Obreros del Palacio de Hierro, Sindicato de Obreras y empleados de la empresa de Teléfonos ericsson, la Federación de Hilados y Tejidos del D.F. que incluía sindicatos de las siguientes fabricas: “La Magdalena”, “La Abeja” , “La Hormiga”, “San Antonio Abad”, “La Aurrera”, “La Europea”, “La Unión”, “El Salvador”, “La Trinidad”, y “La Liniera”; el Sindicato de Obreros y Obreras de la Francia Marítima, el Sindicato de Trabajadores Dulceros, Reposteros y Similares que incluía a trabajadores de las siguientes fábricas: “Zahalers”, “La Alpina”, “La Flor de México”, “La Moderna”, “La Vasconia”, “La Purísima”; El Sindicato de Panaderos del D.F. que agrupaba a cerca de 3,000 trabajadores (26) (que se separa de la CGT en mayo de 1922, aunque siguió cercano a ella)Había además otras organizaciones como la Federación Camionera del D.F. que sin estar clara su pertenencia a la CGT cooperaban y estaban más cercanos a esta que a la CROM.

Por su parte el SME incluía a divisiones de Necaxa, El Oro y Palpam (hoy Alameda)—que se adhiere el 4 de agosto de 1922—e incluía al Sindicato de Trabajadores de la Cía. Telefónica y Telegráfica Mexicana.
Además de esta división orgánica en el seno del movimiento obrero organizado en el D.F. que era reflejo de la situación de este a nivel nacional—se advierte claramente una de sus limitaciones más fuertes. En efecto, se trataba de un proletariado apenas en formación con fuertes matices artesanales y aunado a esto con una estructura y formas de organización que respondía más a intereses de tipo gremial y que eran un obstáculo tanto para la solidaridad como para el desarrollo de su conciencia de clase. (27)

LA LUCHA OBRERA POR LA REGLAMENTACIÓN DEL 123.

Como es perfectamente comprensible, un proletariado apenas en formación y numéricamente débil; orgánicamente dividido y con una estructura sindical de tipo gremial; con fuertes diferencias y divisiones de tipo político, ideológicamente atrasado y falto de una dirección proletaria, no podía avanzar muy lejos en la lucha por imponer sus reivindicaciones de clases.

Esta situación del movimiento obrero pesó para que la tendencia pequeño burguesa que tomó el poder en 1920 realizará una política bonapartista de tipo regresivo, pero también la misma situación del proletariado en México, pesó para que las concesiones obtenidas fuesen secundarias y esto pese a que un sector del movimiento obrero – la CROM – constituía la base de apoyo del régimen bonapartista de Obregón.

Recordemos que uno de los principales acuerdos del Congreso de Saltillo fue precisamente exigir a los gobiernos del centro y de los estados, la inmediata reglamentación del art. 123 constitucional.

Dentro de esta perspectiva, el 25 de septiembre de 1920, la Federación de Sindicatos Obreros del D.F., acordó enviar al presidente Adolfo de la Huerta y a la Cámara de diputados, un memorial en donde demandaba la inmediata reglamentación del artículo 27 y 123.

Así mismo acordaron para el 26 de Septiembre efectuar manifestaciones en todos los estados de la Republica como presión para exigir la reglamentación de estos artículos (28)

Igualmente en el Congreso de Orizaba, celebrado en julio de 1921, además de apoyara al gobierno de Obregón frente a las presiones imperialistas demandaron estas mismas exigencias. (29)

Para 1922, la Federación de sindicatos obreros del D.F., volvió a insistir sobre este punto y envió al presidente Obregón un memorial demandando la inmediata reglamentación del funcionamiento de las oficinas de Conciliación y arbitraje y efectuando una manifestación de protesta en contra de la Suprema Corte de Justicia, por unas declaraciones vertidas por funcionarios de esta, en el sentido de que las Juntas de Conciliación y Arbitraje carecían de legalidad para fallar en los conflictos entre el Capital y el trabajo. (30)

La reglamentación del Artículo 123 constituía una necesidad objetiva del proletariado en aquella época. No solo era necesaria para terminar con la ambivalencia jurídica de la contradicción entre el artículo 4 y el 123, que la burguesía aprovechaba para argumentar que si bien existía el derecho de huelga, también existía el “trabajo libre”, a partir de lo cual realizaban un esquirolaje supuestamente legal.

No solo importaba por la necesidad de precisar a través de su reglamentación algunos puntos del artículo 23. (31), sino porque fundamentalmente el logra la consolidación de conquistas sancionadas en la Constitución, se hubiera traducido en un fortalecimiento del movimiento obrero en México, preparándolo para nuevas empresas.

En este punto hay que hacer una distinción entre el significado y la importancia objetiva que la reglamentación del art. 123 guardaba para la clase obrera y la perspectiva desde la cual la tendencia bonapartista juzgaba la necesidad de su reglamentación; y es tal vez aquí donde con más claridad se distingue su sustrato ideológico pequeño burgués. (32)

Uno de los rasgos distintivos de toda dirección bonapartista es precisamente el carácter oscilante de su política. Resultado de una situación en que las clases sociales en pugna han llegado a un momento de equilibrio de fuerzas, su política será el reflejo de este. Sujeta a las presiones de una de las partes, tenderá a apoyarse en la otra parte contrarrestarla, y dentro de este cambiante juego de presiones y apoyos un camino tenderá a definirse como la salida que le permitirá subsistir y conservar su carácter bonapartista: la conciliación de los intereses en pugna.

A comienzos de julio de 1920, Adolfo de la Huerta es interrogado por la prensa sobre las movilizaciones obreras de ese año y la posición del gobierno ante ellas. Su declaración es ilustrativa “...la intervención del gobierno en este movimiento ... ha ido encaminada a esa alta tarea de hacer entender: a los trabajadores sus derechos; y a los industriales sus obligaciones; todo ello dentro de un perfecto concepto de la justicia y de la equidad” agregando, “...hay que establecer el término medio... que llamaría yo “posibilista” para llegar a un arreglo equitativo y cordial, que es lo que precisamente esta procurando el gobierno en estos momentos” (33) vemos pues que lo esencial de estas declaraciones aunque De la Huerta no lo diga con las mismas palabras es la actitud de lograr la conciliación entre las clases en pugna.

En este mismo sentido son las declaraciones de Álvaro Obregón, que también se ubican en el contexto de decenas de huelgas a nivel nacional y ante las cuales expresó: “...las distintas dificultades de los trabajadores se deben a que no existe una reglamentación del trabajo sobre la cual deban basar sus resoluciones los encargados de conciliar los intereses de obreros y patrones. Esto ha dado por resultado que los asuntos obreros y las huelgas sigan el derrotero que les marcan los partidos políticos o los intereses de tal o cual grupo, en la región en que se registran esos movimientos” agregando, “...lo que hace falta y mucha falta... es una ley del trabajo, que establezca las responsabilidades, los derechos y los deberes de los obreros y de los patrones. En estos momentos me estoy ocupando de estudiar un proyecto de reglamentación sobre el particular, y será uno de los asuntos que procurare poner en práctica inmediatamente después de asumir el poder” manifestando que “...estuviesen en vigor alguna ley sobre el trabajo, haría porque fuese respetada, y que los obreros siguiesen estrictamente su línea trazada, tanto respetando derechos como asumiendo responsabilidades, de igual cosa haría respecto al capital.” (34) Resulta evidente el propósito que animaba a Obregón para reglamentar el art. 123: se trataba de conciliar los intereses de obreros y patrones.

Dentro de esta perspectiva, el 26 de junio de 1920, la Secretaría de Gobernación giró una circular a todas las agrupaciones obreras de la República, participándoles que a partir de esa fecha, el gobierno federal intervendría directamente en todos los conflictos entre capital y trabajo. Además, se obligaba a todas las agrupaciones obreras a avisar “... con la oportunidad debida a la Secretaría de Gobernación y a Industria, Comercio y Trabajo de las dificultades que se presenten para procurar una solución satisfactoria.” (35). Posteriormente el 22 de agosto del mismo año, el Secretario de Industria anunció a la prensa que había quedado terminado el proyecto de Ley de Trabajo, por medio de la cual tanto los industriales como los obreros tendrían garantías.

Tanto en el acuerdo del 26de junio como en la formulación del proyecto de Ley del Trabajo, se partía de la idea explícita de la nulidad tanto de la Junta de Conciliación y Arbitraje como del Departamento de Trabajo, por la falta de una ley orgánica del art.123 constitucional. “El Universal” comentando estas declaraciones decía: “El ministro de Industria, ha terminado un concienzudo estudio del cual se desprende que las Juntas de Conciliación y Arbitraje, en el terreno de la práctica, han resultado un absoluto fracaso. Y esto no solamente en México, donde la Junta carece de toda fuerza legal, sino aun en los estados, ñeque como Veracruz, Coahuila, Durango, etc. Ya está reglamentado el art. 123 constitucional, y por lo tanto tienen una ley en que apoyarse”. (36)

Es a partir del mes de diciembre de 1920, que comienza a discutirse tanto en la Cámara de Senadores, como en la de Diputados, un proyecto de Ley reglamentaria del art. 123, continuando esta durante los meses de mayo, junio, julio y octubre de 1921, durante los cuales el Senado aprobó algunos artículos de esta. (37)

Diez días antes de tomar posesión de su cargo como presidente, Álvaro Obregón envió al Congreso de la Unión, la Ley del Seguro Obrero para ser agregada a la Ley del Trabajo que se estaba discutiendo en ese momento. Este proyecto de ley, pedía se decretase “...el pago por los empresarios de un 10% adicional sobre el salario obrero, para crear una pequeña reserva monetaria administrada por el Estado, que solventara los gastos del obrero al retiro de este de su trabajo, después de un periodo normal de labores de 25 a 30 años.” (38)

Como resulta obvio, estos intentos de reglamentación del articulo 123 respondían a las expectativas y presiones de las masas trabajadoras del país. Particularmente respondían como sector del movimiento obrero organizado en la CROM, y esto pese a las perspectivas distintas con que tanto los trabajadores como Obregón veían la promulgación de una Ley del Trabajo.
Pero para sacar adelante esta demanda se necesitaba fuerza y la clase obrera no la tenía.
¡Claro! , había logrado imponer en el tapete de la discusión la necesidad de la reglamentación del art. 123, e igualmente las intensas movilizaciones de 1920 y 192, así como los reclamos explícitos de un sector del movimiento obrero habían motivado declaraciones y hechos que avanzaban en este sentido.
Sin embargo, pese a que la clase obrera había puesto en la “orden del día” la necesidad de una reglamentación el artículo 123, pese a que esta necesidad impregnaba el ambiente social como puede descubrirse en los periódicos de época (39), para sacar adelante esta demanda se necesitaba mucha más fuerza.

Y esta fuerza necesaria para inclinar la política de Obregón a concesiones más profundas a la clase obrera y para vencer la resistencia y de la clase capitalista, se veía restada no solo por la división orgánica, política y el atraso ideológico del movimiento obrero, al que correspondían estructuras sindicales de tipo gremial que reflejaban a un proletariado en formación, sino también por el control que el gobierno de Obregón comenzaba a operar sobre este, por intermedio de las burocracias sindicales que había incorporado a el usufructo del apartado de gobierno. (40)

Finalmente este proyecto de Ley de Seguro Obrero fracaso rotundamente. Como señala un estudioso del gobierno obregonista: “Las Cámaras del Congreso de la Unión rechazaron sin mayor consideración el proyecto de ley, ante la contradicción existente entre los objetivos sociales del seguro obrero y las necesidades económicas de las empresas capitalistas que se hallaban en una fase de acumulación intensiva de Capital: las empresas extranjeras, con el propósito de reforzar sus monopolios internacionales, y los capitalistas nacionales con la intención de afirmar sus inversiones industriales ante las extranjeras” (41)

Sería sobre este complejo panorama que se iría definiendo la política de Obregón hacía el movimiento obrero. Sin embargo, esta política de Obregón no se delinearía claramente hasta 1921, una vez que se ha consolidado en el poder. Inicialmente la llegada al poder de esta tendencia bonapartista se va a traducir en una serie de condiciones favorables al movimiento obrero.

LOS OBREROS SE COBRAN EL APOYO

La clase obrera que a través de un sector organizado (CROM) había participado activamente apoyando a lo largo y ancho del país la candidatura de Álvaro Obregón y que ante la posición de Carranza por imponer al Ing. Bonilla como presidente se había lanzado a organizar grupos armados de apoyo a obregón veía la hora de cobrarse el apoyo brindado. (42)
Decenas de huelgas estallaron en todo el país durante los meses de junio, julio y agosto—marcando el primer auge del movimiento obrero en 1920—y ante las cuales el gobierno de De La Huerta, o se veía obligado a mantener una actitud neutral, cuidando de aclarar por boca del general Plutarco Elías Calles –Secretario de Guerra—que no serían reprimidas y que el ejercito mantendría una posición neutral o bien apoyando las demandas de los obreros. Se dejaba sentir claramente una de las características del bonapartismo, que necesitado de apoyo obrero y campesino, obligadamente tenía que ser permeable a las presiones de estas.
En la última semana de junio aproximadamente XXXXXXXXXXX trabajadores de Coahuila agrupados en la “Sociedad Defensora del Proletariado” van a la huelga exigiendo aumento de salario. Ante la actitud de la tropa de esa zona que brindo su apoyo a los hacendados de la región y apreso a los dirigentes de esta organización, el general Calles declaró que “...la huelga es un derecho de los gremios obreros”, manifestando su apoyo a los huelguistas y planteando que los militares responsables de la represión serían castigados. (43)

A finales del mismo mes y durante julio y agosto estallaron diversas huelgas en el país. En la Compañía petrolera “El Águila”, en los ferrocarriles mexicanos en Orizaba, en la Compañías mineras de Chihuahua y Durango. En Monterrey, Tampico, Torreón, Querétaro, Baja California, Puebla, Veracruz y Oaxaca. (44)

El 8 de julio, Adolfo de la Huerta, entrevistado por un reportero de “El Demócrata” en relación al movimiento obrero que a nivel nacional se manifestaba en múltiples huelgas declaró lo siguiente: “ Todo se reduce en síntesis a una serie de demandas de los trabajadores a los industriales”.

“El Demócrata”: “Pero que pueden determinar las huelgas ¿No es así?”.

“Seguramente; toda petición de obreros a industriales se convierte en huelga cuando las demandas son justas y no se obtienen los resultados que se pretenden, ni se escuchan las razones que se invocan”.

“Eso es natural, y en vano puede haber quien intente detener esa transformación del socialismo doctrinal en un socialismo práctico pues que la virtud intrínseca de idea tiene que vencer siempre a los artificios del ingenio y hasta los propósitos de la voluntad de quienes se empeñen en desconocer los derechos del proletariado...los derechos, entiéndanse bien; los derechos.”

“Porque hay...quien confunde los derechos con la exigencia y la razón con el capricho... hay que establecer el término medio... que llamaría yo “posibilista”, para llegar a un arreglo equitativo y cordial, que es lo que precisamente está procurando el gobierno en estos momentos, quien comprendiendo que toda vez que las exigencias materiales y morales latentes en el movimiento de las clases obreras—verdadera fuerza impulsora de su ascensión social—no puede negarse, se encuentra obligado a encausar este movimiento dentro del verdadero camino de su idealidad moral y de su justicia material.”

“Así pues, la intervención del gobierno en este movimiento: ha sido encaminado a esa alta tarea de hacer entender: a los trabajadores sus derechos; y a los industriales sus obligaciones, todo ello dentro de un perfecto concepto de la justicia y la equidad.”

“El Demócrata”.- “Los industriales creen :” “Si, ya lo sé ; creen que el gobierno está inclinado a los obreros y no es cierto en la amplia acepción de este término. El gobierno está y estará inclinado siempre del lado de la justicia. Demuestran muchos de esos industriales descontentos que han tenido en cuenta el alto costo de la vida y los mismos altos precios a que ellos venden los productos de sus fabricas y que han procurado en relación con ellos, mejorar las condiciones y sus obreros y tendrán el apoyo del gobierno.”

“Yo he manifestado repetidas veces... que todos los empresarios capitalistas e industriales, lo mismo extranjeros que nacionales tienen abiertas las puertas del país para la explotación de la riqueza, pero declaro también que el gobierno apoyará debidamente al proletariado, no importa si es nacional o extranjero, con tal que en México trabaje, contra toda injusticia y procurara buscar el mejoramiento intelectual y económico de los trabajadores.” (45)

Aunque es perfectamente perceptible en estas declaraciones que el proyecto de desarrollo que se plantea es capitalista, por la invitación que se hace a los empresarios nacionales y extranjeros para la explotación de la riqueza en México, es igualmente claro el carácter típicamente bonapartista de estas.

Así por una parte acepta como justas ciertas demandas de los trabajadores, pero también descarta otras basadas, según él en el capricho; llamándolos a buscar un término “posibilista”. Por otra parte presiona a la burguesía industrial para que conceda ciertas demandas, pero señala que tendrán todo el apoyo del gobierno para desarrollarse como clase, si cumplen con estas obligaciones. Es decir, por un lado se apoya en el proletariado, conteniéndolo para presionar a la burguesía a ceder en algunas demandas y por otro se apoya a la burguesía para contener al proletariado en los límites que él llama “posibilista” o sea sin atentar el carácter de la propiedad privada de los medios de producción.

Dentro de este contexto de intensas movilizaciones obreras y políticamente en el lapso de tiempo que va del inicio del levantamiento de Álvaro Obregón, a mediados de abril de 1920 a la entrada del ejercito liberador el 7 de mayo a la Ciudad de México, y el periodo del interinato de Adolfo de la Huerta del 1 de junio al 30 de noviembre de 1920, es que se ubican las primeras movilizaciones de los trabajadores Electricistas del SME y sus hermanos de clase los Tranviarios.

A LA CONQUISTA DEL RECONOCIMIENTO SINDICAL

Varios hechos amenazaban con convertir 1920 en un año de cambios efervescencia política grandes movilizaciones obreras. Por un lado se encontraba la critica situación económica por la que el país venía atravesando en los últimos años como resultado de la desorganización económica producto del movimiento armado. El resultado inmediato de esto último sería las grandes movilizaciones y huelgas que el proletariado en México aprendería, no solo para recuperar el poder adquisitivo de sus salarios sino que también para imponer en la practica una serie de conquistas, que como el derecho a la organización sindical, se encontraban sancionadas en la Constitución por otro lado se encontraba el problema de la sucesión presidencial que se iba tornando critico debido a la terquedad de Carranza de querer imponer como sucesor al Ingeniero Ignacio bonilla por encima de las fuerzas que habían hecho la Revolución.

Estos últimos acontecimientos se precipitan en el mes de abril en que Álvaro Obregón tiene que abandonar la capital ante las intenciones de Carranza de capturarlo. El 10 de abril el general Plutarco Elías Calles, y de este fecha a la entrada del ejercito liberal Revolucionario a la Ciudad de México, el 7 de mayo, solo habrían de pasar unos cuantos días para que la correlación de fuerzas se mostrasen abiertamente favorable a las fuerzas político militares que Álvaro Obregón representaba.

En los días posteriores al pronunciamiento de Calles, se van dando un a serie de pronunciamientos a favor de la rebelión – Pascual Ortiz Rubio Gobernador de Michoacán, el General Enrique Estrada gobernador de Zacatecas, Benjamín Gil etc. – hasta la promulgación del famoso Plan de Agua Prieta, por medio del cual Álvaro Obregón se constituye en centro de la rebelión a nivel nacional.

Este rápido cambio en la correlación de fuerzas militares – que no era si no la expresión tardía de un cambio en la correlación de fuerzas a nivel social y político que se había alcanzado en la revolución—generó en la Ciudad de México, condiciones favorables a las condiciones de los trabajadores. Esto no podía ser después de todo de otra forma. De hecho ante la acelerada perdida de poder militar del gobierno de Carranza, y el avance de los ejércitos rebeldes a la ciudad de México, cualquier actitud represiva de este hacía los trabajadores sin lugar a dudas hubiese significado precipitar los acontecimientos. Sin embargo, esta reanimación y movilización de los trabajadores venía de más lejos, aunque esta situación de crisis política le habría causes favorables. En particular venía de los intentos de organización de 1916, 1917 y 1918, se conectan con el reconocimiento de sus conquistas en la constitución y encuentran sus acicate en la situación de creciente inflación como producto y expresión de la crisis por la que atravesaba el país en esos años.

En efecto, como resultado de la paralización de la actividad productiva a causa del movimiento armado el costo de la vida en D.F., había aumentado en un 233% con respecto a 1910 (1) más particularmente de 1919 a 1920 el costo de la vida había aumentado en un 116%. A lo anterior se le sumaba el alza adicional originada por la falta de moneda circulante y la emisión de los llamados”vales Cabrera” (2)Concretamente en la última semana de abril los precios de los artículos de primera necesidad aumentaron en más de un 50% El kilo de azúcar que se cotizaba a .54 centavos el carbón de .5 y .6 centavos a 12 y 13 centavos. Esta suplementaria elevación de los artículos de primera necesidad fue causada por la especulación que los comerciantes de la Ciudad e México, alegando como causas la alarma por los acontecimientos políticos nacionales y los peligros que corrían los trenes de carga. (3)

Como es de suponerse, esta situación originó un gran descontento en los trabajadores, que junto con el ambiente favorable que la crisis política abría, dio como resultado el estallamiento de huelgas y movi8lizaciones a lo largo y ancho del país. Movilizaciones y huelgas obreras que conocen dos grandes auges en 1920: la primera se localiza en los meses de junio, julio y agosto y la segunda en la segunda quincena del mes de octubre.

El SME, al amparo de estos cambios políticos y estimulado por la creciente movilización obrero comenzaría a salir tímidamente del letargo sindical en que se encontraba. Directamente contagiados estimulados por los radicales y combativos trabajadores tranviarios; cobijados y amparados por las coyunturas que las movilizaciones de los tranviarios le abrían, el SME pasaría sucesivamente por desmovilizaciones en pos de mejores condiciones económicas, hasta conquistar en la tercera de estas, el derecho a su organización sindical.
El por qué los tranviarios jugarían el decisivo papel de coadyuvar a la incorporación del SME a las movilizaciones obreras de esos años, se explica por los siguientes hechos: en aquel tiempo, tanto la Cía. De Luz como la de Tranvías, pertenecía al mismo consorcio, integrado por la misma junta directiva; aún más, muchos trabajadores al servicio de la Cía. de Luz figuraban en nómina de Tranvías y viceversa; e indistintamente pertenecían a uno u otro sindicato. Sin embargo lo más importante, es que esta íntima relación entre ambos gremio venía del hecho que en muchos casos tenían como asiento los mismos centros de trabajo.
A no dudarse, esta íntima relación, facilitaba la comunicación, así como la discusión e intercambio de experiencias entre ambos tipos de trabajadores; y no es arriesgado suponer que los trabajadores electricistas estimulados por este estrecho contacto con los tranviarios se animaron a incorporarse a las luchas obreras de 1920. (4)

INTENTOS TIMIDOS (I)

El 10 de abril – día en que se inicia la rebelión obregonista con el pronunciamiento del general Calles – estallan en la Cd. de México varias huelgas de trabajadores de fábricas de hilados y tejidos, entre las que se encontraban “La abeja”, “La Hormiga”, “La Monserrate”, “Santa Teresa””, “La Magdalena” y la “Alpina”. Estos trabajadores que sumaban aproximadamente $ 4,600.00 se habían declarado en Huelga debido a la negativa de sus patrones para satisfacer una serie de demandas tales como: reposición de unos obreros cesados, aumentos de salarios, reconocimiento de sus sindicatos, jornada de 8 horas y pago doble de las horas extras. Estas huelgas concluyeron el 26 de abril, aún cuando desde el 21 se había logrado que los obreros cesados fueran indemnizados con 3 meses de sueldo y aumentos de salarios, amén de que sus otras peticiones serían estudiadas. Sin embargo, se mencionaba por la prensa que la prolongación de estas huelgas, tenía como propósito apoyar la rebelión obregonista. (5)

Además de los hilanderos y tejedores se encontraban en huelga los obreros de la fábrica de cigarros “El Buen Tono” y de la “Compañía Cigarrera Mexicana”, así como los trabajadores de la “Litográfica Española”, sumando entre todos aproximadamente unos 3,600 obreros. Estas huelgas cuyo denominador común fue la negativa de los patrones para conceder aumentos de salarios, mejores condiciones de trabajo y para los primeros reconocimiento de su sindicato, quedaron resueltas el 16 y17 de abril respectivamente. (6)

En este contexto, el 13 de abril la Federación de Tranviarios envió un “memorial” a la Cía. de Tranvías, pidiendo un aumento de salarios de 40%, el mejoramiento del sanatorio y la solución del problema de los accidentes de trabajo; de esto también notificaron a la Junta de Conciliación. De hecho, este movimiento no era sino la continuación de otro en que se habían pedido un aumento del 50% en sus salarios obteniendo únicamente un 10% (7)

La posición de la Cía. De Tranvías fue de darle largas al asunto, pues ni resolvían las peticiones planteadas por los tranviarios, ni avanzaban en las pláticas con las comisiones de tranviarios que iban a conferenciar con ella. Pese a esto, los tranviarios firmes en su decisión, se iban preparando para estallar la huelga. Así, el 26 de abril, la Federación de Obreros y Empleados de la Cía. de Tranvías de México mandó un ultimátum a la empresa informándole haber decretado la huelga dentro de un plazo improrrogable de 10 días. De acuerdo con esto la huelga debería estallar el jueves 6 de mayo a las 12 de la noche. (8)

Ante esta rotunda declaración el gobierno de Carranza definió su posición de clase, declarando que aún en el caso de que se fracasará en las negociaciones para evitar la huelga, el tráfico de los tranvías no se suspendería,”.. pues este mismo gobierno tomará medidas para garantizar ese servicio público.” (9)

Sin embargo, hay que ubicar en su justo nivel esta declaración del gobierno de Carranza por boca del Lic. Rueda Magro gobernador del D.F., Ya habíamos dicho como el cambio de la correlación de fuerzas a nivel nacional forzó al gobierno de Carranza a no adoptar una actitud represiva frente a las huelgas de abril. Para imponer esa política se necesitaba fuerza y esa fuerza Carranza la había venido perdiendo de manera acelerada en los últimos días; por tanto cualquier intento de reprimir a los huelguistas hubiese significado precipitar los acontecimientos de la manera más obvia, al orillar a los obreros a que tomasen las armas en favor de Obregón. Pero a su vez el permitir que la huelga de los tranviarios se hubiera precipitado a los acontecimientos al suspenderse uno de los principales servicios públicos en la capital. Entonces estas declaraciones del gobierno más que demostrar fuerza por la amenaza que hacía de reprimir, manifestaba la debilidad ya agónica de carranza.

El 30 de abril y aprovechando la cobertura que le brindaban los tranviarios, los trabajadores de la Cía. Mexicana de Luz y Fuerza mandaron un memorial a la empresa solicitando un aumento de salarios del 100%, que ese aumento se pusiera en vigor a partir del 1 de mayo y que la empresa pagará a todo el personal los días de descanso.

Los electricistas dieron un plazo que terminaba el 6 de mayo, coincidiendo en esto con el estallamiento de la huelga de los tranviarios, para que fueran resultas sus peticiones. Sin embargo, no fue sino hasta el 7 de mayo que fueron recibidos por la gerencia, quien se negó a aumentarles los salarios en un 100% señalando que las otras peticiones las resolvería hasta el día 12. Los representantes de los electricistas insistieron en que no era posible esperar más tiempo y pidieron saber que tanto por ciento estaba dispuesta a conceder.- sueldos menores y en escala un 1% a los mayores, ofrecimiento que fue rechazado por los electricistas, pues en promedio solo significaba un 20% de aumento en sus salarios.

Los representantes electricistas propusieron, como una solución intermedia y de acuerdo con una proposición del personal del departamento de Operación, que se hiciera un aumento de 75 a un 40% proporcionalmente, siendo esta propuesta nuevamente rechazada por la empresa por debajo del agua, mientras tanto la Cía. desarrollaba su política divisionista, ofreciéndoles a los obreros del departamento de Operación aumentos mayores de salario, con el obvio propósito de quebrar la unidad de los electricistas y echar para abajo su movimiento.(10)

Ese mismo día hizo su entrada a la Cd. de México el “Ejército Liberal Revolucionario” al mando del general Pablo González, siendo nombrado inmediatamente el Lic. Y diputado Gómez Noriega gobernados del D.F. quien declaró que el nuevo gobierno “...estaba en la mejor disposición de ayudar a todas las clases trabajadoras conciliando también los interese de las industrias y el interés público.” Aunque ofreciendo que “...en el momento actual y por las circunstancias anormales reinantes, se impediría reprimiría cualquier movimiento huelguístico apelando a la fuerza.” (11)

Estas declaraciones del gobierno del D.F., motivaron que los obreros de las fábricas de Hilados y Tejidos, “La Alpina” y “La Hormiga” que se encontraban en huelga desde el 7 de mayo, por incumplimiento de los industriales del convenio pasado, resolvieran volver a sus trabajos, aunque sin retirar sus peticiones; sin embargo, los textiles de la “Santa Teresa” y “La Magdalena” decidieron esperar la resolución de los patrones. (12)

Reanudadas las juntas de conciliación entre los representantes tranviarios y la Cía. de Tranvías, en presencia del gobernados del D.F., este impuso finalmente una formula de transacción. Ni el 50% que pedían los tranviarios ni el 15% que ofrecía la empresa, sino un 25% (13)

Los electricistas pese a que aprovecharon la cobertura que les brindó la movilización de los tranviarios y que el 15 de mayo en una asamblea la que asistieron aproximadamente 300 trabajadores (14) acordaron no ceder ante la empresa, siguieron un camino diferente en la negociación de su demanda, pues no recurrieron al arbitrio de las autoridades, sino que negociando directamente con la empresa y manteniendo una posición unitaria, pese a los esfuerzos de la Cía. de Luz por dividirlos, consiguieron el 17 de mayo un aumento del 25% en sus salarios. (15)

Este movimiento de los electricistas del SME significó un triunfo, porque los arrancó del periodo de inmovilización y aletargamiento en que se habían hundido y aunque el aumento de salarios fue debajo de los propuesto inicialmente, también significó un triunfo, desde la perspectiva de sus futuros movimientos tendientes a recuperar el poder adquisitivo de sus salarios.

La Cía. de Luz y Tranvías al verse obligada a conceder este aumento en los salarios, recurrió a uno de sus expedientes favoritos para evitar que estos aumentos mermaran las altas ganancias que obtenían a costa de la explotación de los trabajadores. Alegando que desde 1914 no habían efectuado pago de dividendos a sus accionistas y que de hecho los aumentos saláriales, junto con la creciente inversión en equipo, se traducía en perdidas económicas, lograba que sus tarifas fuesen aumentadas; transfiriendo, de hecho, así los aumentos de salarios al público consumidor. (16)

Como la compañía había concedido aumentar los salarios merced al aumento transitorio que obtuvo en sus tarifas de fletes y pasajes foráneos, una vez que este aumento dejo de regir, aquella descontó automáticamente a los trabajadores el 25% que ya habían obtenido, motivando con esto hondo descontento y el que estos declararán irse a la huelga. Sin embargo, el conflicto no prospero debido a la intervención del gobernador del D.F., que consiguió que la Cía. de Tranvías acatara la disposición del gobierno y respetará el aumento concedido. (17)

Sin embargo, el conflicto seguía planteado, como lo declararon los trabajadores en una junta celebrada el 25 de junio en la noche, en donde acordaron “...hacer gestiones para conseguir el aumento total del 50% que ha tiempo tienen pedido, fundándose para ello en el alto costo de la vida, en lo bajo de los salarios a pesar del reciente aumento del 25%. (18) Como vemos pues, la política de los trabajadores de la Cía. de Luz y tranvías, pero sobre todo la de los tranviarios, constituía todo un proyecto de acción tendiente a recuperar su poder adquisitivo y a mejorar sus condiciones económicas.

INTENTOS TIMIDOS (II)

El 1 de junio toma posesión como presidente interino e general Adolfo de la Huerta, cuyo mandato se prolongaría hasta el 30 de noviembre de1920. Sin embargo, la llegada al poder de esta tendencia pequeño burguesa cuya cabeza principal era Álvaro Obregón, y que transitoriamente representaba De la Huerta, de ninguna manera significó la superación de la crisis política y económica en que se hallaba el país.- Pasarían varios años para lograr la reconstrucción del nuevo Estado y ligado con esto el desarrollo de una política económica que sentara las bases para el desarrollo del capitalismo en México.
Dentro de esta perspectiva, el reconocimiento del gobierno de México por parte de los Estados Unidos, constituía una necesidad del grupo gobernante como una salida importante a la situación de crisis del país. Sin embargo, este reconocimiento era condicionado a las exigencias del imperialismo que demandaba una política de trato preferencial y de privilegio respecto de sus propiedades en México y sobretodo en la cuestión del petróleo.

Así, apenas iniciado el gobierno interino de Adolfo de la Huerta, este hubo de enfrentar una serie de presiones que tanto un sector de la burguesía de los EU. le hacía, como internamente las presiones que las Cías. Petroleras le hacían para obtener un trato preferencial y de privilegio.
En el gobierno de los EU. – que desde el inicio de la rebelión obregonista había declarado que no entraría en tratos con “los rebeldes de Sonora”, estimando además que el ex gobernador de la Huerta era uno de los más activos propagandistas y simpatizadores de la doctrina soviet (19)—que se había negado a reconocer al gobierno de De la Huerta, se perfilaban claramente dos posiciones en relación a l política a seguir respecto a México. Una de ellas encabezada por el senador Albert F. Fall se había pronunciado por un no reconocimiento del gobierno formal de este, en el sentido que sería debidamente revisada y reformada la Constitución de 1917; amenazando con la intervención militar en caso de que el gobierno mexicano no accediese (20) La otra representada en la Convención Nacional Demócrata sin dejar de plantearse una política de trato preferencial hacia los propietarios norteamericanos en México, se inclinaba más por una política menos dura y más de negociación para alcanzar ese objetivo. (21)

Internamente las presiones del imperialismo norteamericano en México se manifestaban en una serie de negociaciones de las Cías. Petroleras con el gobierno de México, por medio de las cuales estas intentaban que se derogasen los decretos sobre el petróleo. Respecto a esta cuestión, la posición del gobierno de Adolfo de la Huerta quedó manifestada en las declaraciones del entonces Secretario de Industria Comercio y Trabajo, general Jacinto Treviño, quien el 29 de junio declaró “El gobierno de México no puede violar la Constitución como quieren los petroleros. Si los derechos de los petroleros son sagrados, también los de nuestra nación deben ser igualmente respetados.” (22)

Sobre este contexto de presiones combinadas de los intereses imperialistas en México, se habían venido dando una serie de sublevaciones de miembros del ejército, como la del general Jesús Guajardo el 1 de julio, y por otra parte una serie de remociones, reajustes y depuraciones en los aparatos de gobierno de los estados desconociendo y quitando a gobernadores y miembros de las Cámaras Legislativas que se habían opuesto o no se habían adherido al Plan de Agua Prieta—por ejemplo en Michoacán, Puebla, Veracruz, Campeche, Yucatán, Oaxaca, Jalisco, Edo. De México 23 y que mostraban la inestabilidad política del país durante el gobierno de Adolfo de la Huerta. (24)

Sería en este amplio contexto nacional marcado por el signo de la crisis y la inestabilidad política y económica durante el gobierno interino del general Adolfo de la Huerta, que se ubica la segunda movilización de los trabajadores tranviarios, al amparo de la cual los electricistas del SME plantearían nuevamente sus demandas.
Consecuentes con su plan de acción tendiente a recuperar el poder adquisitivo de sus salarios, el miércoles 17 de agosto, en una junta celebrada con el gobierno del D.F., los tranviarios declararon de una manera categórica que irían a la huelga si no lograban que se les aumentasen un 25% más sobre los salarios que venían percibiendo. (25)

Al momento en que los tranviarios hicieron la declaración de que irían a la huelga, se encontraban en huelga los tranviarios de Veracruz, que pertenecía a la Cía. de Tranvías de México; los obreros textiles de “La Corona” así como los obreros de la fábrica textil de Metepéc Puebla. (26)

Los tranviarios se encontraban en huelga exigiendo un aumento del 50% en sus salarios y su movilización había concitado el apoyo de mayor parte de las organizaciones obreras del puerto de Veracruz (27) que el 14 de agosto habían declarado que irían a la huelga si la Cía. de Tranvías no accedía a sus demandas. (28)

Por su parte los obreros de la fábrica textil “La Corona” se encontraban en huelga exigiendo la restitución en su puesto a una maestra de trabajo que había sido cesada. (29)

Ante esta demanda de los tranviarios – a la que se sumaron algunos trabajadores electricistas—la Cía. respondió en los términos y conocidos y utilizados para enfrentar las exigencias de aumentos saláriales de sus trabajadores; argumentando que este aumento del 25% no era posible, pues aunque ya estaban cobrando las tarifas aumentadas en las líneas foráneas y en los fletes, también tenía muchos gastos “...al grado de que sus ganancias son irrisorias.” (30)

La respuesta de los tranviarios a esta actitud de la empresa no pudo dejar de ser más atinada y hábil, pues exigieron que se designara una comisión que revisara la contabilidad de la compañía.

La revisión de la contabilidad de la empresa de Tranvías se hizo, lo que vino a reafirmar más la decisión de los tranviarios en su lucha por obtener un aumento del 25%. Sin embargo, la respuesta de De la Huerta a la comisión de Tranviarios que recibió del 3 de septiembre, fue defendiendo a la Cía. de Tranvías, señalando “...que la Compañía no podía pagar mayores sueldos por ahora, en virtud de que, si es verdad que sus ingresos han aumentado últimamente, lo es también que aumentó ya los salarios un 25% más, y además está haciendo tales gastos en reparaciones, que apenas si le bastan sus ingresos para hacer frente a ellos. Adolfo de la Huerta, la hubiera suscrito gustosamente cualquier alto jefe de la Cía. de Tranvías.
Así las cosas, el 18 de septiembre en la tarde, en una asamblea “borrascosa”, efectuada en los salones de la Unión de Empleados de Restauran y en donde según el reportero de “El Universal” reinaba una atmósfera “Bolcheviquista” insoportable, y en donde los más avanzados proponían la confiscación de la empresa, siguiendo el ejemplo de los socialistas en Italia, los tranviarios acordaron pedir el cumplimiento de los acuerdos que se tomaron durante la pasada huelga, y el aumento de sus salarios en un 25%, decretando además la huelga para el día 1 de octubre. Para esto último designaron una comisión para notificarle a la empresa. (32)

Declarada la lucha abiertamente, el gerente de la Cía. de Tranvías, manifestó sin empacho alguno, que si los tranviarios decretaban la huelga “...el servicio no se suspendería, siempre y cuando el gobierno les facilitara a los policías de la ciudad, dado que casi todos ellos habían sido motoristas y conductores...”y que si las cosas se llevan al extremo, cuentan con que a su departamento de empleos, diariamente acuden numerosos obreros de todos los oficios a pedir trabajo.” Vemos pues, que roto el principal argumento de la empresa para no conceder el aumento del 25% no le quedaba otro camino que mostrar su verdadero rostro, amenazando a los trabajadores con el despido, desconociendo además el derecho de huelga, y haciendo una clara invitación a las autoridades para que reprimiera el movimiento.

Por su parte los tranviarios, el 20 de septiembre tenían listo un ultimátum para mandarlo a la gerencia de la Cía. de Tranvías, así como copias para remitirlas a la Presidencia de la República, al Departamento de Conciliación y Arbitraje, al Gobierno del Distrito y al Ayuntamiento, así como circulares para todos los gremios obreros de la República, pidiendo ayuda en caso necesario.

Mr. Conway, director general de la Cía. de Tranvías declaró en relación a los medios de resolver el conflicto en puerta: “o aumentar en algo los pasajes o reducir el personal.” (33)

Esta continua cantaleta de la Cía. de Tranvías, dio pábulo para que el Secretario de Hacienda el general Salvador Alvarado, manifestase a la prensa el 22 de septiembre de 1920 que tenía en su poder unos convenios firmados por los que el gobierno iba a adquirir en propiedad las empresas, matriz y subsidiarias de la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza y de la Cía. de Tranvías de México, S.A., agregando que esta venta le había sido propuesta por los propios accionistas. Inmediatamente el presidente del Consejo Directivo de la Cía. de Luz y Fuerza Mr. E. R. Peacock, declaró a los periódicos en relación a esta noticia: “Debe tratarse de alguna equivocación, pues ningún miembro del Comité Ejecutivo de las citadas compañías ha tenido siquiera noticia de que se proyecte tal operación, y es seguro que ninguna persona debidamente autorizada por cualquiera de las Compañías mencionadas, ha entrado en tratos con los funcionarios del Gobierno Mexicano.” Interrogado el Secretario de Hacienda sobre estas declaraciones afirmó: “En realidad, el gobierno va a adquirir la Compañía de Tranvías y la de Luz y Fuerza; que tiene en su poder los convenios firmados a que se refirió hacer poco, y que tales documentos están autorizados por quien tiene derecho a concertar la operación” agregando que “...tan luego como este aliviado el señor Presidente, dará cuenta con ese asunto, a fin de ver si el primer magistrado aprueba la operación, y después se darán los pasos respectivos para la ratificación de los aludidos convenios; que la operación está planeada de modo que no signifique ni sacrificio ni desembolsó para el gobierno la referida operación”. Al parecer este propósito del Secretario de Hacienda no prosperó, ni se volvió a tocar este asunto en la prensa. Sin embargo consignamos este propósito, pues parece ser el primer intento por nacionalizar esta industria. (34)

El día 27 de septiembre, los tranviarios celebraron una reunión con el general Celestino Gasca, Gobernador del D.F., en que expusieron sus necesidades en las que fundaban sus demandas y en donde acordaron esperar a que el gobernador hablara con los representantes de la compañía que habían sido citados para esa misma tarde. (35)

En esta entrevista queremos destacar la declaración de un representante de los peones de “vía permanente”, que en forma por demás patética relata al gobernador las condiciones injustas y dramáticas de su trabajo y de su condición de asalariado. “El Universal” lo condensa así:

“Lorenzo Hernández representante de los peones de vía permanente, habló al gobernador, le relató la pobreza en que los de su clase viven y el mal trato que soportan por parte de los capataces, asegurando que la Gerencia de la Compañía con seguridad no conoce esas irregularidades que en su institución se cometen, pues seguro está de que por sentimiento de humanidad lo habría remediado. Se nos paga salario tan corto que no es soportable nuestra miseria dice Hernández, nuestros hijos, por no presentarse desnudos al Colegio mejor no asisten. Nuestro trabajo es el más duro y penoso. Se ha llegado el caso de que los capataces nos golpeen y al ir a presentar nuestra queja, al jefe inmediato, salgamos a empellones. El señor Gerente está tan lejos de nosotros que no nos atrevemos a verlo y por ello no tiene conocimiento de nuestra situación.” (36)

destacamos en estas palabras, la descripción de mal trato que los obreros recibían de superiores, que va a ser a lo largo de estos años, una fuente constante de movilizaciones de los trabajadores y que poco a poco, junto con su combinación con otras movilizaciones por mejores condiciones laborales y saláriales, irían elevando y fortaleciendo la conciencia de clase de los trabajadores electricistas y superando la visión ingenua y sincera que los trabajadores tenían de sus patrones y que se manifiesta en las declaraciones de este representante de los trabajadores.

Esa misma tarde del 27 de septiembre Mr. Conway acudió al llamado del gobernador de donde salió se la intransigencia en que se encontraba, ofreciendo a Gasca que trataría de llegar a un acuerdo con los trabajadores. Naturalmente que se llegó a un acuerdo. Por principio la empresa accedió a aumentar los salarios a los tranviarios y electricistas en un 25%, pero ya obtenida la promesa de que sus tarifas serían elevadas también en un 25%.

El 2 de octubre en asamblea, los tranviarios fueron informados de este acuerdo y prorrumpieron en vivas para los funcionarios públicos en ese momento una manifestación de reconocimiento de la clase trabajadora, “por las gestiones llevadas a cabo por el señor De la Huerta” (37)

Así, el 7 de octubre apareció en la prensa capitalina que “...por acuerdo del señor presidente de la República, la empresa de Tranvías queda facultada para aumentar sus tarifas, tan foráneas como urbanas, en un veinticinco por ciento más, con respecto a las actuales.” (38)

Con este acuerdo entraba en abierta contradicción el dictamen de la comisión nombrada por el mismo presidente Adolfo de la Huerta, que sostuvo que “... habiendo llegado las tarifas al maximiun de la concesión concedida, era por tanto injusto que la empresa tratara de subir sus tarifas”. Recomendando que “...continuaran subsistiendo las tarifas que hasta la fecha rigen y que son las que corresponden al primero de enero del presente año.” (39) Como vemos pues el gobierno de Adolfo De la Huerta estaba desarrollando una política a favor de la empresa de tranvías yen contra de los intereses de las clases populares como lo demuestran las protestas de las poblaciones foráneas del D.F. por el aumento de los pasajes. (40)

Esta movilización de los tranviarios que arrastró a algunos elementos electricistas se dio en un momento en que la inestabilidad política posterior a la rebelión obregonista y primeros meses del interinato de Adolfo de la Huerta tendía a decrecer.

Claro que los alzamientos y rebeliones militares continuaron como por ejemplo la del general Pineda en Chiapas al mando de 300 hombres, (41)pero fuera de los conflictos regionales como los de Yucatán, Michoacán, y Veracruz (42) así como las intentonas de ex carrancistas como la de los generales Marciano González, Alfredo Rodríguez, el ingeniero Severiano Martínez y el lic. Gustavo Mireles Espinosa, que pretendieron atacar las poblaciones de Ojinaga y Bronswille, estas manifestaciones de crisis e inestabilidad no se comparaban con sus análogas de los primeros meses después de la rebelión obregonista. (43)

Por otra parte, el conflicto del gobierno mexicano con las compañías petroleras había mermado y para el 5 de octubre estas habían declarado en Nueva York y Washington que no tenían controversia con el gobierno de México “...cuya legislación petrolera está plenamente reconocida por ellas.” (44)

En el ámbito de las relaciones internacionales, el Gobierno Mexicano se había venido preocupando por el estado de sus relaciones con los Estados Unidos. Y por la necesidad del reconocimiento de este . Y a través del embajador de México en los E.U. Fernando Iglesias Calderón, así como el enviado confidencial Roberto Pesqueira, había venido desarrollando esfuerzos en este sentido.
Por parte de los Estados Unidos, aunque las condiciones para el reconocimiento de México habían quedado planteadas por el Secretario de Estado Colby, en las conferencias celebradas en Washington con el embajador de México, condicionando el reconocimiento a los siguientes puntos: primero “protección a las vidas y propiedades norteamericanos” segundo, “Indemnización por los perjuicios recibidos por los extranjeros” tercero “Derogación de las leyes confiscatorias expedidas por el Sr. Carranza por parte del presidente Wilson se habían dado una serie de posturas tendientes más a la negociación como por ejemplo sus declaraciones del 215 de septiembre donde reconocía la legalidad del gobierno de Adolfo de la Huerta (45), así como por el envío a México del señor George Creel con el propósito de sondear al presidente y a Álvaro Obregón. Por su parte, algunas agrupaciones patronales norteamericanas, como por ejemplo la Cámara de Comercio del Paso Texas y de Houston, y el gobernador de Texas, presionaban para que los Estados Unidos reconocieran al gobierno de México. (46)

A primera vista no se ve como esta situación de crisis política interna y presiones imperialistas que en estos días mostraba una faz de calma, influyeran o condicionaran el proceso como la actitud arbitral y conciliadora del gobierno de Obregón en este conflicto. Y digo a primera vista, pues el desarrollo de la movilización de los tranviarios, no se observa ningún hecho que permita ligar con la evidencia del gobierno ante ella, a la situación política nacional y a sus relaciones con el imperialismo. Para encontrar ese nexo, que no se muestra abiertamente a nuestros ojos, es necesario recordar que los tranviarios en este tiempo pertenecían a la CROM, A TRAVÉS DE LA federación de sindicatos Obreros del D.F. Como miembros de la CROM formaban parte de esa base de apoyo del gobierno bonapartista. La movilización de los tranviarios era pues la movilización de una parte de las bases obreras en las que se apoyaba este gobierno; y aquí se encuentra la razón profunda que nos explica la posición arbitral favorable a los intereses económicos de los tranviarios, de parte del gobierno de De la Huerta.

Naturalmente que en esos días no se evidenciaba ninguna señal que mostrara la necesidad que tenía el gobierno de De la Huerta de estas bases obreras; sin embargo, en la medida en que tanto las presiones imperialistas, así como la situación de crisis interna fueron hechos presentes a lo largo de estos gobiernos posrevolucionarios; estos ante las presiones que significaban las movilizaciones obreras tenían que ceder a sus exigencias como única medida capaz de garantizar ese apoyo que le era necesario en determinados momentos.

EL CONVENIO DE 1920

Como ya señalamos, la coyuntura brindada por la movilización de los tranviarios fue nuevamente aprovechada por los electricistas para plantear una demanda de aumento de salarios, que al igual que a los tranviarios les fue concedida por la Cía. de Luz. Sin embargo, como ha quedado claro esta inicial reincorporación de los electricistas del SME se había venido dando en forma muy tímida; al amparo y bajo la cobertura que le brindaban los tranviarios que se distinguían por la radicalidad y combatividad de sus movimientos.

La razón del porque de esta reincorporación tímida del SME a la lucha obrera de 920, se encuentra, como ya señalamos en las experiencias de lucha a partir de la huelga de 1916, que habían generado y conformado en la base y en la conciencia de la dirección del SME métodos y formas de lucha que desechaban formas radicales, y habían afianzado la idea de que sus movimientos los tenían que desarrollar de acuerdo con las circunstancias políticas del país.

Pero esta conciencia cautelosa que explica su tímida reincorporación estaba cambiando radicalmente. A no dudarse, el resultado favorable a los trabajadores en la mayor parte de sus movilizaciones y huelgas; así como la actitud de hecho y de palabra del gobierno de favorecer y conceder las demandas de los trabajadores, obraba en el sentido de hacer que el SME abandonará su timidez y cautelosidad y se reincorporará plenamente a las movilizaciones obreras de estos años.

El hecho que habría de precipitar este cambio de actitud, sería provocado por el despido que la Cía. de Luz hizo de los trabajadores electricistas que se habían destacado, junto con los tranviarios en la pasada movilización. En efecto, la Cía. de Luz, en reprimenda y con el obvio propósito de eliminar a los elementos que participaron junto con los tranviarios, para así dar una lección al resto de los trabajadores electricistas, dispuso el cese de ellos, cubriendo esta represalia con un barniz legal al indemnizarlos con 3 meses de sueldo.

Por su parte, el SME denotando que había percibido el cambio de las condiciones políticas del país, no estuvo de acuerdo con esta determinación de la Cía. de Luz y en una asamblea extraordinaria celebrada el 7 de octubre votó la huelga, en caso de que la compañía no reintegrase a sus trabajo a los separados. Además acordaron enviar a la Cía. de Luz “...un ultimátum de tres días, pasado el cual los electricistas irían a la huelga.” (47)

Esta movilización de los electricistas del SME coincide con el segundo gran auge del movimiento obrero en 1920. El primero como ya apuntamos se dio en los meses de junio, julio y agosto, apenas había tomado posesión de la presidencia Adolfo de la Huerta, y aunque en el mes de septiembre se registraron algunas movilizaciones importantes y como la huelga de la “Orden de Maquinistas y Fogoneros” que tenía ramificaciones en varios estados de la república (48) así como las amenazas de huelga por parte de los obreros textiles de Puebla, Tlaxcala y Orizaba, en apoyo de los obreros huelguistas de la fábrica de Metepec, Puebla; así como las huelgas de los obreros tabacaleros de “El Buen Tono” y la “Compañías Cigarrera Mexicana” y los apoyos huelguísticos solidarios por parte de algunos núcleos de obreros textiles a esta, como fueron los casos de los obreros de “La Corona”, “La Alpina”, “La Magdalena” y otros (49), no va a ser sino hasta comienzos del mes de octubre que se comienza a gestar una movilización obrera que por la intensidad , el número de trabajadores involucrados, la fuerza de estas y su duración, marcan el segundo gran auge de las movilizaciones obreras a nivel nacional.

El 4 de octubre aproximadamente 2,000 obreros de la fábrica de hilados y tejidos “La Carolina” se declaran en huelga debido a la negativa de la empresa en separar a un obrero que se había dedicado a hostilizar a los trabajadores. El 5 de octubre, 2,000 obreros de la fábrica de hilados y tejidos “La Hormiga” van a la huelga motivados por que la gerencia le había negado la entrada a la fábrica a uno de los trabajadores. Ese mismo día, los obreros mineros de la “Dos Estrellas” en Tlalpujahua, Michoacán se declaran en huelga demandando aumento de salarios, siendo apoyados con la huelga misma por los campesinos organizados de Michoacán (50). También se encontraban en huelga los obreros de la fábrica de San Juan Amatlán Puebla, demandando aumentos de salarios. (51) El 10 de octubre, los panaderos de Aguascalientes se declaran en huelga demandando aumentos saláriales y mejores condiciones de trabajo y ese mismo día aproximadamente 2,000 obreros hilanderos de Río Hondo Puebla, se van a la huelga debido a los malos tratos de un capataz (52) y el 13 de octubre estalla la huelga de los mineros de Coahuila demandando aumentos de salarios.

Aunque las huelgas de “La Carolina” y “La Hormiga” quedaron resueltas “...en sentido satisfactorio para ambas partes disidentes”, el 14 de octubre, algunas organizaciones obreras del D.F., como los panaderos, cerveceros, de la telefónica Ericsson, de la fábrica de Loza del Niño Perdido y de la fábrica de alhajas “El Recuerdo además que mantenían comunicación con los mineros de Coahuila. (53)

El 18 de octubre, los mineros de Jalisco se declaran en huelga debido a la negativa de la empresa para aumentarles los salarios. (54) El 20 de octubre, los mineros de Angangueo Michoacán se van a la huelga en solidaridad con los huelguistas de la “Dos Estrellas” y es mismo día los Estibadores y Cargadores del Puerto de Veracruz y declaran huelga debido que las compañías navieras del puerto habían decidido desconocer a sus sindicatos, originando así un amplio e intenso movimiento que junto con el conflicto de los mineros de Coahuila, serían los más importantes en las huelgas del segundo semestre de 1920; y que concitaría un amplio apoyo tanto de sus similares en Puerto México, Salina Cruz y la Federación Obrera de Progreso Yucatán, que fueron a la huelga solidaria el 24 6 28 de octubre, así como de la CROM y de algunas otras organizaciones obreras del D.F., cercanas a la Federación Comunista del Proletariado Mexicano.

En este contexto de intensas movilizaciones obreras y huelgas, al día siguiente de la asamblea en la que el SME votó la huelga exigiendo la reposición de los separados por represalias, una comisión acudió a la Presidencia de la República, con el objeto de solicitar el apoyo del gobierno “para que la Compañía de Luz y Fuerza Eléctrica vuelva a sus trabajo a los electricistas que fueron cesados, debido a que secundaron el reciente conato de huelga.”

Siendo recibidos por el jefe del departamento de Previsión Social, este les expresó en nombre del presidente, que gestionaría el que la gerencia de la Cía. de Luz entrara en arreglos para resolver las dificultades. Los periódicos consignaban que al parecer los ánimos de los trabajadores electricistas estaban muy exaltados y amenazaban con dejar sin energía eléctrica y tranvías a todo el D.F..

Por su parte la Cía. de Luz declaró únicamente – después de decir que el aumento de sueldos la Cía. lo había dado espontáneamente, como si no hubiera sido arrancado por la presión de los tranviarios y electricistas y con la amenaza de una huelga – que el cese de los trabajadores electricistas no se debía a reprimir exceso de personal y que “...finalmente se trata de un movimiento provocado por agitadores profesionales, motivo por el cual la empresa, como considera cuerdos a los tranviarios tiene la seguridad de que estos no vayan a la huelga..” 8559 Parece ser que las respuestas de la burguesía siguen siendo las mismas a más de 50 años de distancia de este hecho.

Cualquier movimiento obrero que se plantee consecuentemente la defensa de los derechos de sus asociados es explicado en términos de ser causado por “agitadores profesionales”.

El 11 de octubre, el comité de huelga estuvo nuevamente en la presidencia de la República donde manifestaron que los cesados deberían ser indemnizados todos con el mismo número de meses, y que a aquellos que se nieguen a aceptar esa cantidad, deben de volverlos a su empleo en la inteligencia de que de lo contrario irían a la huelga.

La respuesta de la presidencia fue en el sentido de conferenciar con el gerente Mr. Conway, con el propósito de llegar a un acuerdo y de este modo evitar la huelga. (56)

Ese mismo día el gerente fue recibido por el presidente de la Huerta, ante quien, y acompañado por el encargado de negocios de Inglaterra, manifestó nuevamente que los cesados lo fueron por exceso de personal y que habían sido indemnizados en exceso, pues a algunos se les había dado hasta 6 meses, y que habían hecho ya todo por dejar satisfechos a los descontentos que según ellos no eran todos sino solamente tres.
Todavía el 19 de octubre, 50 electricistas solicitaron audiencia presidencial siendo recibios, por De la Huerta ante quien manifestaron nuevamente sus deseos de ver solucionadas las dificultades entre el SME y la Cía de Luz (57).

Para estas fechas, la movilización obrera había alcanzado su apogeo. De acuerdo con el “Demócrata” se encontraban en huelga alrededor de 25 mil obreros en toda la República (58), y se registraban todavía casos de nuevas huelgas como la de los estibadores y boteros de la “transcontinental” Oil Co.”que se declararon en huelga debido a la política discriminatoria de las Compañías Petroleras hacia los trabajadores mexicanos. (59)

El 26 de Octubre, aproximadamente 30,000 obreros de las fábricas de Hilados y Tejidos de Puebla decretan la huelga exigiendo aumentos del 55% al 60% en sus salarios. Estos obreros estaban organizados en la Confederación de Sindicatos del Estado de Puebla, quien al decir de “El Demócrata” declararon la huelga de acuerdo con la CROM y en apoyo de los huelguistas de Veracruz y Tampico (69).

El 28 de octubre, aproximadamente 500 trabajadores de los talleres del “Palacio de Hierro” se van a la huelga debido a los malos tratos por parte de sus superiores y demandando aumento de salarios, terminando este conflicto el 30 de octubre al lograr el aumento exigido. Ese mismo día termina la huelga de la “Dos Estrellas”, obteniendo los mineros un aumento de salarios aunque menor al que exigían. (61)
En este ambiente de grandes movilizaciones y huelgas y dado que las pláticas de avenencia no avanzaban por la intransigencia de la empresa, el 28 de octubre los electricistas del SME organizaron una manifestación que recorrió las principales calles de la ciudad hasta llegar al Palacio Nacional, donde obtuvieron la promesa de que su conflicto sería resuelto satisfactoriamente para ambas partes. (62)

Sin embargo, la actitud intransigente de la empresa denotaba que no había comprendido las nuevas condiciones políticas en que se desarrollaban las luchas de los trabajadores; esto quedo mucho más claro cuando las Cía. de tranvías violó el acuerdo al que había llegado con los huelguistas en el movimiento de agosto-septiembre, pues como lo denunciaban los tranviarios aseguraban que con ellos irían a la huelga todos los electricistas de México y Necaxa. (63)

De hecho, aunque no se consignara en ningún pacto, los tranviarios y electricistas habían establecido una alianza en la práctica, pues como hemos visto a lo largo de estas líneas, la coyuntura abierta por los 2 movimientos tranviarios creo las condiciones para que los electricistas comenzara a participar activamente en la lucha obrera a nivel nacional.

Así, el 4 de noviembre, en un ultimátum dirigido a la Presidencia de la República, los tranviarios manifestaban estar dispuestos a ir a la huelga para el lunes i de noviembre, exigiendo un aumento del 50% a todos los trabajadores sin excepción y reposición en sus puestos para los cesados que lo deseen o indemnización de 3 meses de sueldo más un mes por cada año de trabajo en la compañía.(64)

Por su parte el SME el 11 de noviembre presentó a la gerencia de la Cía. de Luz un memorial con copia a la oficina de Trabajo y Previsión Social de la Presidencia de la República señalando un plazo de 10 días que terminaba el domingo 22 a las 11:45 p.m. “Para que se resuelvan sus peticiones, o de lo contrario irían a la huelga.” (65)

Para estas fechas en que los tranviarios y electricistas plantean claramente su movimiento de huelga, el auge del movimiento obrero a nivel nacional estaba pasando. El 4 de noviembre los huelguistas poblanos regresan al trabajo designándose una comisión mixta compuesta por 3 industriales y 3 obreros para estudiar las peticiones que aún no habían sido resueltas. Ese mismo día los huelguistas de los minerales de Coahuila regresan a sus trabajo al pasar la propiedad de estos minerales a ser administrados por el Gobierno Federal debido a la intransigencia de las Cías. mineras y ante la urgencia que el gobierno tenia de combustible; logrando finalmente los mineros un aumento de sus salarios al permitírseles a las Cía. mineras el aumento del importe del combustible (66)

El 6 de noviembre, aproximadamente 800 hilanderos y tejedores de la fábrica de San Ildefonso, Edo. De México se declaran en huelga debido a los malos tratos de un capataz, y ese mismo día los obreros de la “Unión de Forjadores de Aguascalientes” van a la huelga debido al cese del mayor herrero de la Unión. El 8 de noviembre se declaran en huelga los obreros de “El Palacio de Hierro” y los de la fábrica de llantas “Pelzer” (67)

El 12 de noviembre finaliza el conflicto de los obreros del Puerto de Veracruz, al aceptarse el convenio del 30 de octubre de 1917 (reformado en julio de 1920) que los navieros locales se habían negado a reconocer. Ese mismo día se soluciona la huelga de los obreros de la fábrica de llantas “Pelzer”, al indemnizarse a los obreros cesados y para el 15 de noviembre la única huelga en el D.F. era la de los obreros de “El Palacio de Hierro”, quedando resuelta esta el 19 de noviembre, aunque ese mismo día 800 obreros de la fábrica de hilados y tejidos “La Magdalena” se declararon en huelga debido a que no se les proporcionaba material de buena calidad para sus trabajos, quedando solucionada esta el 21 de ese mes (68), por lo que de hecho cuando los tranviarios y electricistas declaran abiertamente que están dispuestos a ir a la huelga, el auge del movimiento obrero en esos meses había pasado ya en sus momentos más culminantes: la huelga de los mineros de Coahuila y la de los Estibadores del puerto de Veracruz.

Por otra parte, en estos mismos días, el país atravesaba por una fase estable; no se registraban nuevos levantamientos ni rebeliones armadas ni signo alguno que indicase un agravamiento del conflicto latente entre las compañías petroleras y el gobierno de De la Huerta, por lo que es válido afirmar que en esta movilización de los electricistas, la actitud del gobierno no estuvo influida y medida por la situación política nacional, sino más bien por específica correlación de fuerza de los sectores de clase en pugna, así como también por la posición del SME favorable a la negociación transacción de sus principales demandas.

Como la presión combinada de Tranviarios y electricistas iba en aumento, Mr. Conway en una reunión que tuvo con una delegación de electricistas el viernes 13 de noviembre, accedió a cumplir la demanda de estos de un 50% de aumento en sus salarios y a reconocer al sindicato, pero como se mostró reacio a indemnizar con un mes más de sueldo a los trabajadores cesados y a separar a algunos técnicos que hostilizaban a los trabajadores no se pudo llegar a ningún acuerdo; por lo que ese mismo día en la tarde una comisión de electricistas visito al presidente De la Huerta, manifestándole que en un plazo de 10 días y en unión de todos los sindicatos de la República, irían a la huelga (69) sino se arreglaba satisfactoriamente tanto su conflicto como el de las demás organizaciones. Con esto se refería al llamado que la Federación comunista del Proletariado Mexicano había hecho para realizar una huelga general en el D.F., como una medida de apoyo a los huelguistas de Veracruz.

Este movimiento de huelga de los electricistas no había encontrado apoyo por parte del gobierno, pues en palabras del comisionado de la Oficina de Previsión Social, la demanda de los electricistas que pedían un mes de sueldo más, por cada año de servicios por pago de indemnización a los trabajadores cesados era del todo injustificado. “ ...pues no puede apoyarse en ninguna ley.” Naturalmente, la demanda planteada por los electricistas no encontraba apoyo legal alguno, pues de acuerdo al artículo 123 de la Constitución solo correspondían tres meses de sueldo como indemnización. Sin embargo, a los trabajadores electricistas les correspondía toda la justicia y razón en esta demanda y sería la propia lucha la que se encargaría de que esta demanda fuera reconocida como un derecho legal.
Dado que la oficina de la Presidencia de la República había manifestado que las demandas de los electricistas eran injustificadas y que impediría la huelga (70), el SME decidió postergar el estallido de esta, que estaba programada para el domingo 22 de noviembre, prefiriendo seguir el camino de la negociación y comunicando este acuerdo el 19 de noviembre al departamento de previsión social. (71)

Esto parece confirmarse, pues los trabajadores electricistas plantearon a los pocos días un nuevo movimiento de huelga, que debía estallar a las doce de la noche del 30 de noviembre, haciendo publica esta decisión por medio de numerosos manifiestos distribuidos en toda la ciudad; y en donde reafirmaban las demandas que los había llevado a tomar esta decisión. (72) Así como la continuidad y firmeza de su movimiento llevo nuevamente a la mesa de las negociaciones sus demandas y el jueves 25 de noviembre, en una reunión que se prolongo hasta cerca de las 11 de la noche, y en donde el gobernador del D.F. obro como mediador, los delegados electricistas y los representantes de la empresa acordaron un aumento de un 50% como máximo que se aplicaría proporcionalmente a los salarios de los trabajadores. Al día siguiente en las oficinas del gobernador Celestino Gasca se firmo un convenio entre la Compañía de Luz (73) y los representantes del SME que solucionaban el conflicto y sancionaba las bases de la nueva relación entre los electricistas y la empresa. Por medio de este convenio la Compañía de Luz se comprometía a lo siguiente:

1.- La Compañía paga al obrero Lucas Pérez, que separó de su servicio 4 meses de sueldo.

2.- Para evitar futuras huelgas la Compañía esta dispuesta a tratar previamente en casos de dificultades, con los representantes de todos los departamentos y sin prejuicio de que la Compañía pueda tratar también directamente con los obreros.

Mediante esta cláusula la empresa reconocía de hecho la existencia del SME. Los trabajadores electricistas habían ganado en la lucha el derecho y el reconocimiento sindical: ¡ El SME había conquistado en la lucha misma el derecho de su existencia !

3.- Se accede a aumentar los salarios en general en la proporción de 65, 60, 50, 40, 35, 30, 25, 20 25, y 10 por ciento respectivamente para los que reciben sueldos desde $ 1.75, 2.01, 3.01, 4.01, 5.01, 6.01, 7.01, 8.01, 9.01 y 10.01.

4.- Los aumentos se harán efectivos desde el primero de octubre del corriente año.

5.- si los obreros lo desean, pueden dejar las sumas que les corresponde por concepto de aumento en poder de la compañía, hasta que se resuelva el aumento que los empleados deberán recibir desde el 1º. De Enero.

6.- Para que la Compañía resuelva en justicia sobre las quejas contra los señores Collogn y Hausser, los obreros deben presentar en un plazo de 10 días quejas concretas y justificadas.
7.- La Compañías, mientras se expide la Ley Orgánica del articulo 123 Constitucional, señala una pensión para sus servidores, en relación con su antigüedad para los caso de separación.
8.- La compañía estuvo conforme en pagarle al obrero Celestino Guadarrama, considerando el caso como excepcional, una pensión de 4.75 por día de trabajo efectuado desde el primero de octubre y también está dispuesta la compañía a entregarle a Guadarrama si así le conviene a este 3 anualidades de dicha pensión si renuncia a la misma el interesado.
Conocer la historia de nuestro sindicato no constituye un afán de erudición. La historia nos brinda lecciones y enseñanzas. Su conocimiento nos permite comprobar, reafirmar o desechar ciertas ideas que tenemos acerca del presente. En particular, el conocimiento de la historia del SME, nos permite desechar ciertas ideas que hoy constituyen obstáculos para elevar nuestra conciencia de clase. Una de esta creencias consiste en afirmar que siempre hemos ido un sindicato combativo y democrático.

Se habla así de que tenemos más de 60 años de lucha.
Aún cuando no lo parezca, esta idea así planteada, cumple su papel mediatizador. Esgrimida por los dirigentes que quieren mantener inactivo y desmovilizado al sindicato, esta idea cumple la función de justificar y darle legitimidad histórica a su mandato antidemocrático. Si la historia de nuestro sindicato ha sido siempre democrática y combativa y no han existido momentos de reflujo y desmovilización quiere decir que su periodo forma parte de esa historia y es democrático ; y lo que es más importante, sacan la conclusión de que no es necesario cambiarlo.
La historia real del sindicato nos muestra que en su desarrollo ha atravesado por periodos de desmovilización y desorganización, que no siempre ha sido un sindicato democrático y combativo; que hemos tenido periodos de reflujo y que para superar esa desmovilización y esa antidemocracia, el SME ha tenido que hacer un esfuerzo y luchar. Esta es, en parte, la lección que nos brinda el conocimiento del periodo de 1919-20. Como también nos lo brinda el periodo de 1925 a 1932 en el cual se da una férrea lucha entre dos corrientes sindicales en el seno de nuestra organización: una pro patronal y otra sindical. Como también nos brinda esta lección el llamado Movimiento de Verónica por medio del cual el SME hace un esfuerzo por sacudirse el control de una dirección autoritaria y represiva.
Concretamente los años de 1919-20 nos muestran un SME desmovilizado y desorganizado, y los esfuerzos que hace para recuperarse e incorporarse ala lucha obrera de estos años.
Asimismo nos muestra que sus conquistas económicas y laborales más valiosas no le han sido dadas como dadivas, ni las ha obtenido pasivamente, sino que las ha tenido que ganar a través de la lucha. Es evidente, pues, que esta otra lección, aun cuando parezca muy obvia, tiene un peso muy importante para el presente, en el que nuevamente los trabajadores del SME hacen un esfuerzo para abandonar su inmovilidad y recuperar sus mejores tradiciones históricas.

LA POLÍTICA DEL ESTADO HACIA EL SECTOR ELECTRICO

A su llegada al poder, la tendencia pequeño burguesa que Obregón jefaturaba, se encontraría con una situación de aguda depresión económica del país. Tanto en el campo como en la ciudad.
En la ciudad, esta crisis económica se manifestaba por un “... profundo abatimiento en las inversiones privadas; con la producción industrial dañada en sus centros fabriles o estancada su producción por la inestabilidad monetaria y por las frecuentes luchas obreras, dirigidas por sindicatos fuera del control gubernamental; con el comercio afectado seriamente por el fuerte regionalismo político, ejercido por los caudillos militares en sus localidades, y por los daños causados en las vías de comunicaciones.”

Ante esta situación el gobierno se encontraba “...sin posibilidades de invertir en obras de riego de electrificación, de reconstrucción de los ferrocarriles o carreteras por falta de crédito externo, provocado a su vez por la suspensión del pago de intereses de la deuda pública, ante la imposibilidad de gravar a las fuentes de producción manufacturera, y ante la inexistencia de un sistema bancario de financiamiento interno; con renglones presupuestarios de gobierno que otorgaba un 53% de sus gastos al sector militar en 1921, y un 46.4% durante 1922”. (1)

Era evidente pues, que una de las principales tareas del gobierno Obregonista sería la reconstrucción de la economía nacional que prácticamente se encontraba postrada. Para esto, Obregón buscaría la salida en las inversiones extranjeras, así como en la ayuda política que le podría brindar el reconocimiento por parte de los Estados Unidos. Igualmente, dentro de su política industrial, el sector eléctrico jugaría un papel central por tratarse ya para estos años, de un sector básico para la economía y estratégico para el desarrollo económico nacional.
Este carácter básico y estratégico de la industria eléctrica en los marcos de la economía mexicana, no solo dimanaba del hecho de tratarse de una industria “suministradora de un servicio esencial para el funcionamiento de las demás, y en general para toda la estructura productiva.”, sino particularmente por el papel, que para estos años, ya jugaba en el desarrollo de las fuerzas productivas del país.
En efecto, aunque el desarrollo de la industria eléctrica se inicia como parte de la división técnica del trabajo de, principalmente, empresas mineras y textiles, que introducían pequeñas plantas generadoras, “con el propósito de ampliar la actividad productiva de sus establecimientos”, “...pronto la industria eléctrica adquirió su propio peso especifico dentro del proceso de desarrollo que avanzaba simultáneamente en varios frentes. Al instalar una industria que para su tiempo era moderna y eficiente, los empresarios extranjeros no solo hicieron posible la expansión del sector exportador de la economía en la primera década del siglo, sin que incrementaron la infraestructura del país, que serviría de base material para las subsiguientes etapas de industrialización.”

Así, “la introducción de la energía eléctrica trajo consigo cambios y avances fundamentales en la minería, en la industria petrolera y en la textil; provocó ahorros en los costos de producción, con la introducción de maquinaria automática que simplificaba el trabajo y empleaba mano de obra menos calificada, y posibilitaba jornadas más largas de trabajo, así como una planeación más “racional” del proceso productivo. Las plantas fabriles modernas se concentraron cerca de las fuentes de energía, porque era posible hacer fuertes inversiones de capital y aumentar la productividad. La industrialización en gran escala del país fue acelerada por la llegada de la energía eléctrica.” (3)

Fue precisamente este carácter básico y estratégico de la industria eléctrica por suministrar un servicio esencial para el funcionamiento y desarrollo de la economía del país, lo que desde sus inicios la hizo llevar el estigma del control estatal.
Como lo señala ese estudio de referencia:

“La política del Estado Mexicano hacía las compañías eléctricas extranjeras se basó en la idea de que eran necesarias para el progreso del país y reclamó de ellas este papel que les confería; ideología que chocaba con la política e intereses de las empresas. Y así fue como en el país en donde el Estado se erigía en puntal de la sociedad y motor del desarrollo nacional, cobró cuerpo una viva contienda entre este, por un lado defendiendo los intereses que creía vitales para el progreso del país, y las empresas extranjeras de energía eléctrica, por otro lado, con sus propios intereses: se habían constituido en pieza importante en la economía del país y el Estado se avocaba a su control y reglamentación.”

De esta manera, la relación entre el Estado y las empresas eléctricas fue en esencia conflictiva; expresada por una política de resistencia, chantaje y presiones de todo tipo, por parte de las compañías eléctricas, y por una política de reglamentación e intervención creciente por parte del Estado.” (4)

“La intervención del Estado en la industria eléctrica fue en aumento distinguiéndose tres momentos en este proceso: después de un periodo inicial en que se le otorgaron condiciones favorables casi irrestrictas para su funcionamiento, sobre todo durante el porfiriato aunque ya en esta época se habían dado algunos intentos tibios de legislación, fue sobre todo después de la Revolución cuando se empezó una reglamentación más estricta; se prosiguió con la participación económica a través del otorgamiento de créditos a las compañías eléctricas, creación de plantas propias, y la formación de la Comisión Federal de Electricidad; este proceso culminó con la nacionalización de la industria al comprarse casi todos los bienes de las compañías en 1960.” (5)

Así, el 6 de julio de 1918 se expide un decreto que establecía por primera vez, una renta anual por el uso de las aguas de propiedad nacional utilizadas para generar energía eléctrica”, y unos años más tarde “...se dictó un acuerdo que puede considerarse el primer esfuerzo real y serio tendiente a reglamentar la industria de generación de energía eléctrica; por medio de él se resuelve crear la Comisión de Fomento y Control de la Industria de Generación de fuerza. En la exposición de motivos del acuerdo se asienta “la necesidad de que el Estado intervenga en la industria eléctrica a fin de vigilar el principio de que sobre el interés individual está el colectivo...” “La Comisión dependería de las secretarias de Agricultura y Fomento y de Industria y Comercio; estaría facultada para actuar en la revisión de la posición legal de las empresas que vendían electricidad al pueblo; intervenir en conflictos surgidos entre los consumidores y las compañías eléctricas; regular las tarifas de electricidad y pugnar por la conservación de los recursos hidráulicos nacionales y coordinar su utilización con propósitos de irrigación e industriales; intervenir para el conocimiento exacto de la situación financiera y las operaciones de las empresas e interponer las restricciones conducentes; elaborar estadísticas y formular los estudios y proyectos de ley que redunden en beneficio de la industria eléctrica del país.” (6)

Sin embargo, este intento de reglamentar el funcionamiento de las compañías eléctricas extranjeras no prosperaron “...por presiones de las mismas compañías, y porque el gobierno no dio todo el respaldo legal y económico a la comisión para que pudiera actuar con decisión ante ellas.” (7)

Como lo indica claramente el estudio a que nos referimos:

“Las circunstancias se habían conjugado para conciliar momentáneamente los intereses de las compañías y el gobierno; los dos se avocaron a su modo, a la reconstrucción del país. Aquellos tenían claro que este hecho quería la utilización de una capacidad energética mayor; el nuevo auge que tomaron las actividades orientadas a la exportación, el crecimiento de las concentraciones del gobierno de Obregón, en el sentido de que pugnaría por consolidar y modernizar la economía del país—dentro de un nuevo marco constitucional—acabaron por decidir a las compañías a realizar nuevas inversiones. Por otro lado, las compañías y el gobierno pusieron lo que estuvo de su parte para no provocar un conflicto que empañara su relación. Las compañías eléctricas, por su parte para no provocar un conflicto que empañara su relación. Las compañías eléctricas, por su parte, se sustrajeron al conflicto entre el Estado y los intereses extranjeros ligados a la tierra y al subsuelo y siguieron funcionando con relativa libertad. El gobierno, a su vez, probablemente era consciente de la importancia de la electricidad para llevar a cabo esa consolidación y modernización de la economía que se proponía y, además, sabía que en el país no existían los recursos de capital necesarios para la generación de energía eléctrica.” (8)

Lo anterior no significa, en modo alguno, que en este interludio de conciliación entre las empresas eléctricas extranjeras y el gobierno mexicano no se presentaran conflictos y roces entre ellos.
Visto a fondo, como ya hemos señalado páginas atrás, estos intentos por reglamentar y controlar, y aun de nacionalizar a la industria eléctrica, emanaba de una serie de sectores tales como técnicos, intelectuales y nacionalistas dentro del gobierno que amparados en el espíritu del artículo 27 Constitucional reclamaban para la nación, el usufructo y control de esta riqueza. (9)

De aquí viene el primer intento por nacionalizar esta industria de parte del Secretario de Hacienda el general Salvador Alvarado, que apoyándose en las continuas cantaletas de la Cía. de Luz y Tranvías, en el sentido de argumentar que desde 1914 no tenían utilidades para así negarse a conceder aumentos de salarios a sus trabajadores, las aprovechó para plantear la compra de esta compañía, por parte del gobierno de Adolfo de la Huerta.

Asimismo, en esta misma línea, son las criticas que el ingeniero Morales Hesse—que—estuvo intervenida por el gobierno—hace a la posibilidad de aumentar tarifas para que la Cía. pudiese aumentar salarios, pues a su criterio se iba a perjudicar a millares de vecinos de las poblaciones foráneas del D. F.
Igualmente, estos intentos por reglamentar el funcionamiento y desarrollo de las Cías. eléctricas iban a encontrar un fuerte aliado en amplios sectores del pueblo, que eran los más afectados ante el alza de tarifas de los tranvías, que operaban mancomunadamente con las compañías eléctricas extranjeras.

Casos como estos se registran a principios de 1920, donde un rumor de alza de tarifas de luz, suscitó una viva oposición en diversos sectores de la población del DF(10); la oposición del Ayuntamiento de Veracruz a finales de 1920 a un aumento de las tarifas de luz que la Cía. De Luz de ese puerto que era filial de la del D.F., solicito para aumentar los salarios a sus obreros (11); la protesta del mes de noviembre que diversas poblaciones foráneas del D.F. hicieron ante el alza de tarifas de la Cía. de Luz y Tranvías etc. (12)

Finalmente, estos intentos de reglamentación del sector eléctrico, encontrarían también un fuerte apoyo en sectores importantes de la burguesía nativa, que se opusieron tenazmente a la elevación de las tarifas eléctricas. Como ejemplo mencionare la abierta pugna que se desarrollo entre la Cía. de Luz de Puebla y los industriales de ese estado y de Tlaxcala ante la intención en Junio y posteriormente en agosto de 1920, de elevar sus tarifas e imponer una tarifa de consumo máximo. (13)

Sin embargo esta viva oposición a las compañías eléctricas extranjeras que combinaba intereses de la burguesía nativa, expectativas populares y de sectores nacionalistas y de sectores nacionalistas del gobierno, tardaría todavía un tiempo en organizarse, y pensar en la vida política del país.

Por lo tanto, como ya mencionamos, se abría un interludio de conciliación entre ambas partes en conflicto. Ambas Partes cumplirían con el compromiso que tácitamente se habían otorgado. Las Cías. Eléctricas cumpliendo su cometido de satisfacer la demanda de fluido eléctrico para el desarrollo del país, y el Estado permitiéndoles obrar con relativa libertad, sobre todo en el renglón que más interesaba a las compañías eléctrica: las tarifas. Renglón en que operaron con libertad, por lo menos hasta 1932, en que se empezó una revisión de las tarifas por parte del gobierno. (14)

Esta específica relación entre el régimen obregonista y las compañías eléctricas extranjeras crearía el campo de la lucha de clases en que se desarrollarían las movilizaciones y las acciones de los electricistas del SME. En primer lugar, dado que el gobierno consideraba a la industria eléctrica básica y estratégica para sus planes de desarrollo económico del país; que la consideraba como un servicio de interés publico, entendía que su funcionamiento no debía entorpecerse por los conflictos que se suscitaran entre la empresa y los trabajadores electricistas. Por tanto su actitud iba a ser generalmente de rechazo a que los conflictos en su seno se dirimiesen utilizando métodos radicales como paros o huelgas.

Esta situación que de entrada beneficiaba a las Compañías eléctricas extranjeras, pues limitaba a los electricistas en la utilización del derecho de huelga, se acentuaba por la misma disposición de las compañías eléctricas extranjeras de no intervenir al lado de las compañías petroleras en su agudo conflicto con el gobierno mexicano. De aquí, que el gobierno mexicano buscase solucionar estos conflictos obrero-patronales actuando como arbitro y procurando la negociación entre las partes.

Lo anterior no significaba que el gobierno mexicano tendiera a inclinarse en forma absoluta del lado de las compañías eléctricas extranjeras en estos conflictos. Varios hechos actuaban en sentido contrario. En primer lugar su carácter bonapartista que entre otras cosas se manifestaba en su real dependencia del apoyo de las masas obreras y campesinas; lo que lo obligaba a ceder ante las presiones de estas.

Además, también pesaba el hecho de que al gobierno le interesaba mantener en el sector eléctrico un contrapeso a las compañías. De aquí, que estuviese dispuesto a conceder a las presiones de los trabajadores electricistas, siempre y cuando estos conflictos se dirimiesen sin recurrir a medidas radicales; y si en cambio utilizando el camino de la negociación, donde él actuaba como árbitro.
Sin embargo, lo más importante es que el tipo de sindicalismo en que se movía el ME, , encajaba en el campo de acción que le abrían las relaciones entre el Estado y las empresas eléctricas extranjeras. Dicho de otra forma; el SME al rechazar de entrada la utilización de medidas radicales para solucionar sus problemas con la Cía. de Luz, le permitió utilizar ese margen que le abría la relación Estado-Compañías eléctricas. Asimismo, el hecho de que el SME buscara—por lo menos en estos años al gobierno como árbitro y conciliador en sus conflictos fortalecía la utilización de este camino para avanzar en la conquista de sus demandas laborales.

En este mismo sentido ayudaba también el principio de no participación en política del SME, que al desligarlo de la actividad política abierta; al impedirles criticar e impugnar, por lo menos en esta década, la política del Estado y su central la CROM, hacia el movimiento obrero independiente, reducía los márgenes de posibles conflictos con el gobierno y esta central obrera.

Por otro lado es dable pensar que a las compañías eléctricas extranjeras, dado el ambiente de relativa libertad en que se desenvolvían sus actividades, no les interesaba que el exacerbamiento de sus conflictos con los electricistas enturbiase su imagen pública y por tanto entorpeciese sus actividades, que ya en estos años enfrentaban el riesgo de ser reglamentadas. De aquí, que, aun cuando, como en el resto de las empresas extranjeras, sobre explotaran a los trabajadores, dieran un trato despótica sus subordinados y se negasen a mejorar las condiciones de vida y trabajo de sus obreros, ante la presión de estos estuvieran más dispuestos a negociar sus demandas y por tanto a conceder. Por otro lado, como ya vimos a las compañías les interesaba hasta cierto punto negociar las demandas de sus trabajadores, pues esto se traducía en la posibilidad de elevar sus tarifas.
El caso de los tranviarios del D.F. era la otra cara del sindicalismo en la Cía. de Luz y Tranvías. Pese a ser trabajadores de este mismo consorcio extranjero, su política sindical rompía estos marcos donde podían dirimir sus conflictos y frecuentemente se enfrentaban al gobierno y para la solución de sus conflictos.

Como ya vimos su misma ideología anarcosindicalista y su pertenencia a la CGT les impedía aprovechar a sus favor los canales que les abría el carácter bonapartista del gobierno obregonista y conducían sus movimientos a continuos enfrentamientos. Asimismo su tenaz e iracunda crítica y oposición a la central obrera del gobierno, la CROM, les fue acarreando la ira del Estado y posteriormente su represión en la huelga de 1923.

Tranviarios y electricistas eran hermanos de clase inmediatos. Formaban parte de una misma empresa. Sin embargo su tipo de sindicalismo era abiertamente diferente. Ambos venían de un pasado de movilizaciones y luchas. El SME venia de la primera huelga general en el D.F. que él había encabezado, y en su trayecto había aprendido a ser pragmático. Este hecho le permitió aprovechar los márgenes de acción que le abran las relaciones del estado y la industria eléctrica: situación que aprovechó para acrecentar y fortalecer sus conquistas laborales. Los tranviarios en cambio, inmersos en una ideología para estos años ya inoperante el anarcosindicalismo – fueron incapaces de aprovechar esta coyuntura y aún cuando jugaron un papel destacado en las movilizaciones obreras de estos años, sucumbirían finalmente a la política del Estado.

En lo que sigue, esto quedara de manifiesto en el capitulo “El SME y las movilizaciones obreras de 1921-22” y “La CGT y el fracaso de una dirección equivocada.”

EL SME Y LAS MOVILIZACIONES OBRERAS DE 1921-22

En 1921, ya consolidado Álvaro Obregón en el poder, lo mismo que la CROM, la política de este hacia el movimiento obrero se va a definir en parte como una política de concesiones y apoyo a la CROM y control de esta a través de sus burocracias sindicales, haciéndolas partícipes del usufructo del aparato de gobierno, y en parte reprimiendo los intentos obreros de actuar de manera independiente de esta central que él prohijaba.

El SME que había emergido al régimen obregonista como un sindicato con una amplia experiencia en el sentido de sujetar y adecuar sus movilizaciones y conflictos a las circunstancias políticas por las que atravesaba el país en un momento dado; lo cual lo inclinaba más a utilizar métodos de negociación. Que sostenía el principio de no participación en política, reafirmaría estos principios a la luz de las experiencias observadas en el resto del movimiento obrero, de los tranviarios, así como en las suyas propias.

PRIMERA DEFINICIÓN DE UNA POLÍTICA.

La primera organización de trabajadores, sobre la que se definiría la política de Obregón hacia todo intento obrero de actuar de manera independiente, es la Confederación de Sociedades Ferrocarrileras de la República Mexicana.
Esta Confederación había obtenido la promesa de su reconocimiento gremial por la Gerencia de los Ferrocarriles. Sin embargo, como esta movilización de los ferrocarrileros se manejaba como una amenaza política al gobierno de Obregón, el director general de los ferrocarriles retardó el reconocimiento, motivando con esto que la Confederación planteara ir a la huelga para lograr este fin.

La huelga estalló a fines de febrero de 1921. La respuesta de Obregón fue lanzar las tropas contra los huelguistas y prometer su protección a todos aquellos trabajadores que continuasen sus labores; acusando a los huelguistas de actos de sabotaje y justificando su actitud con el argumento de que la huelga iba en contra de su gobierno. (1)

En los días en que esta movilización de los ferrocarrileros culmina en la huelga, la situación de crisis política interna así como las presiones del imperialismo no habían menguado.
Se rumoraba insistentemente en estos días, que para el día 4 de marzo estallarían movimientos rebeldes en la frontera con los Estados Unidos, cuyo fin era mostrar al gobierno del presidente Warren C. Harding, que el gobierno mexicano era incapaz de mantener el orden interno, y de esta manera presionar para que se le negara el reconocimiento.
Asimismo, dentro del ejercito, que como ya mencionamos constituía el instrumento político principal de Álvaro Obregón para lograr la estructuración del nuevo Estado, paradójicamente se daban continuamente una serie de tendencias separatistas manifestadas en regulares alzamientos de jefes con mando de tropa. Así por ejemplo, el 19 de febrero se denunció públicamente un complot de rebeldía en el puerto de Tampico; complot en el que estaban implicados el general Humberto Barros, el exgeneral N. Velaso Rus y el teniente coronel Vega, este último jefe del Octavo Regimiento de Ametralladoras. Grupo rebelde que al parecer tenía ligas con Francisco Murguía. Igualmente el 22 de febrero se sublevó el general de brigada Eduardo Hernández, jefe de la segunda brigada de caballería de la segunda División del Noroeste, al mando de 20 hombres en Zamora Michoacán; y el 27 de ese mes, es encarcelado el general Carlos Tejeda, acusado de participar en una llamada “Junta Revolucionaria” que pretendía derrocar al gobierno de Álvaro Obregón. (2)

Combinado con lo anterior, se había venido sosteniendo las presiones de las compañías petroleras, interesadas en la no aplicación y derogación del articulo 27. Estas presiones se acentuaron a raíz de la publicación del Proyecto de Ley de Impuestos al Petróleo, el 26 de enero de 1921, por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Este proyecto tasaba impositivamente la producción de petróleo crudo, gas natural y derivados de estos productos y fue rechazado por las compañías petroleras el 6 de febrero, demandando modificaciones al mismo. Algunas de ellas como la “The Texas Company of México”, la “Atlantic Mexican Refinadora of Petróleo”, la “Cortez Oil Corporation”, la “Eats Coats Oil Company”, la “Metropolitana de Oleoductos” y la “New England Fuel Oil Company”, recurrieron al recurso del amparo. (3)asimismo, estos intentos del gobierno mexicano por controlar a las compañías petroleras suscitaron en el periódico “The Chicago Dailly Tribune”, considerado como el órgano del triunfante Partido Republicano de los E. U., un amenazador editorial en donde reconociendo la importancia de la producción petrolera de México planteaba que “El mundo civilizado (léase los E. U.) no podrá permanecer indiferente a la finalidad de suplirse de los artículos capitales que necesita por el hecho de que por medio campee el problema político de una soberanía.” Agregando, “esas soberanías serán respetadas únicamente por lo que concierne a ciertas responsabilidades estatuidas para los miembros de unación. Ningún pueblo puede esperar el control de los recursos que requiere el mundo para satisfacer sus propias necesidades. Ningún pueblo puede cerrar herméticamente las fuentes indispensables para la vida misma de la humanidad.” (4) La independencia en este sentido, no poderosas, para los países atrasados y dependientes, entre los cuales México estaba ya comprendido.
Esta situación de crisis que presionaba y revestía pote4nciales peligros al gobierno de Obregón nos permite explicar la respuesta represiva de este a la huelga ferrocarrilera.
La huelga ferrocarrilera, en la medida en que se le presentaba como un movimiento contra su gobierno, seguramente la vio como algo que vendría a acrecentar este cuadro de crisis y presiones que rompían la estabilidad de su gobierno; además por la importancia del transporte ferrocarrilero, un medio por el cual los enemigos de su régimen hubiesen podido provocarle serios problemas.

Ante esta respuesta represiva, los trabajadores ferrocarrileros acordaron realizar una manifestación por las principales calles de la ciudad, para apoyar sus demandas. El gobernador del D. F. Celestino Gasca, les concedió el permiso, no así Obregón, que de inmediato objeto este, cediendo solo cuando “Todos los miembros de la CROM que ocupaban puestos en el gobierno, amenazaron con renunciar, si Obregón persistía en su actitud.” (5) Obregón tuvo que ceder y la manifestación se efectuó.
Para entender esta posición adoptada por la CROM, ante la actitud de Obregón debemos recordar ciertos hechos. Ya habíamos mencionado que todavía por estos años no se establecía un control vertical sobre las organizaciones de trabajadores que conformaban la CROM y que por tanto, las decisiones de estas pesaban en la actitud y posición de los dirigentes. Pero por otra parte, el conflicto de los ferrocarrileros había aglutinado y movilizado a una gran cantidad de organizaciones, tanto de la CROM como de la CGT; que habían constituido un comité de huelga y habían planteado ir a la huelga general si fuese necesario. Todos estos hechos presionaban a los dirigentes de la CROM a tomar una actitud más flexible y a presionar a Obregón con la amenaza de renunciar a sus puesto en caso de que persistiera en su actitud de impedir la manifestación. Así pues, lo que se encontraba en el fondo era la presión de los trabajadores. Evidentemente haber obrado en sentido contrario hubiera significado no solo el desprestigio, sino también perder la posibilidad de controlarlos.

En esta manifestación de apoyo a las demandas ferrocarrileras participaron alrededor de 8,000 obreros pertenecientes a las siguientes agrupaciones; Comité de la CROM a la vanguardia con el estandarte rojo y negro; Alianza Ferrocarrilera con su estandarte blanco y oro; Comité de la Federación de Sindicatos, con una manta en que se leía “La Confederación Regional Obrera Mexicana cuidará de que sean atendidas las peticiones que hoy hacen los obreros de la República.”

Atrás de estas organizaciones venían los siguientes sindicatos: Calderos y Aprendices, Talleres Gráficos Comerciales, Unión de Pintores Talleres Gráficos Oficiales, Sindicato de Carpinteros, Obreros y Empleados de la Compañía de Tranvías, Compañías Telefónicas y Telegráficas, Cuerpo Feminista, Sindicato de “El Recuerdo”, Obreros de “La Carolina”, Unión de Trabajadores del Hierro, Sindicato Mexicano de Electricistas, Departamentos Fabriles, Sindicato de “El Buen Tono”, Sindicato de la Compañía Cigarrera “El Águila”, Sindicato de Panaderos, Sindicato de Zapateros, Sindicato de Billeteros, Unión de Empleados de Restauran Delegación de los IWW y al final el Partido Comunista. (6)
Como burócratas sindicales, los dirigentes de la CROM tuvieron que ceder en parte a la presión de los trabajadores que apoyaban la huelga de los ferrocarrileros. Pero también defendiendo y protegiendo sus intereses propios dentro de la perspectiva de carrerismo político y enriquecimiento que les ofrecía su inclusión en el aparato de gobierno, estos dirigentes van a llegar a un acierto con el gobierno, a espaldas de los trabajadores afectados.

En efecto, Obregón logra un acuerdo secreto con los lideres de la CROM, “consistente en levantar la huelga, después de satisfacerse algunos de los puntos pedidos, siendo los puntos restantes cubiertos cuando ya no existiera la presión de la huelga.”

El primer punto concedido fue el reconocimiento de la Confederación Ferrocarrilera por parte del gobierno de Obregón y por parte de la CROM la orden de levantar la huelga. Pero como este compromiso entre la CROM y el gobierno obregonista era secreto, el desenlace del conflicto se tradujo en un desprestigio de los dirigentes de la CROM ante los ferrocarrileros inclinándose estos entonces hacia la CTGT. (7)

El apoyo del SME a la huelga de los ferrocarrileros fue manifiesta. Primero participando en la manifestación del 27 de febrero y después votando ir a la huelga por solidaridad; aunque esta última decisión fue tomada a partir de problemas internos.

La Cía. de Luz, continuando con su política de “extirpar” de la empresa a todos aquellos elementos más inquietos y conscientes, había venido despidiendo a trabajadores entre los que se encontraban miembros del Comité Ejecutivo del SME.

Por tal motivo, los trabajadores electricistas fueron citados para una asamblea el 2 de marzo de 1921, con el propósito de “tomar las medidas adecuadas para lograr la reposición que debió haberse iniciado a las q0 de la mañana, tuvo sin embargo que posponerse hasta las 7 de la noche, debido a que un gran número de agremiados no habían podido abandonar sus trabajos.

Al inicio de la asamblea, el comité Ejecutivo informo a los trabajadores ahí reunidos de los ceses que había hecho la Cía. de Luz, contándose entre estos los miembros del comité Ejecutivo. En esta asamblea, que se prolongo hasta las doce de la noche y que según “El Universal” fue acalorada como pocas, se presentaron dos posiciones. Por un lado aquellos que proponían la vía diplomática para solucionar el conflicto, gestionando ante la Cía. la reposición de los cesados; y otra posición que planteaba la huelga electricista. Finalmente se llego al acuerdo de votar la huelga general de apoyo a los ferrocarrileros, aunque reservándose el derecho de ir a la huelga ellos solos, de solucionarse el conflicto ferrocarrilero, salvo que fuesen repuestos en sus puestos los obreros cesados por la Cía. de Luz. (8)

LA CGT Y SU PAPEL EN LAS MOVILIZACIONES OBRERAS DE 1921-22.

La acción represiva de que fueron objeto los huelguistas ferrocarrileros no solo marco como en efecto fue, la primera definición de la política de Obregón hacia el movimiento obrero independiente, sino que también por la participación que los dirigentes cromistas tuvieron en esta, señala el avance en el control por parte del gobierno, sobre los principales lideres de esta central. Este hecho no importa solamente por que a partir de el, el prestigio de la CGT como una central combativa crece a los ojos de los trabajadores; sino también por que a partir de ese momento la política de Obregón hacia el movimiento obrero independiente, en buena medida se iba a conformar, por las presiones ejercidas por la CGT, dentro de la cual los tranviarios era uno de sus principales pilares.

En efecto, durante el resto de 1921, va a ser la presión que significaba las movilizaciones de la CGT en el D.F. lo que hará que la política de Obregón hacia el movimiento obrero independiente se defina, si bien es cierto no en un sentido completamente favorable a los intereses de los obreros, si en un sentido de conciliación y negociación de las demandas planteadas en cada conflicto.

Veamos el desarrollo de algunos de estos:

El 19 de abril, en una asamblea efectuada en el salón del sindicato de Panaderos a las 6 p.m. los obreros tranviarios de Talleres acordaron una huelga forzosa por no estar de acuerdo con la reducción de la jornada de trabajo a 6 horas y pago proporcional, que la Cía. de Tranvías había hecho.

En el fondo de este movimiento, se encontraba el hecho de una escasez de agua en la Presa de Necaxa—cuya planta era la principal fuente generadora de electricidad en aquellos entonces—motivada directamente porque la Cía. sin adecuar racionalmente el volumen de la generación de fluido eléctrico al consumo, había aumentado considerablemente este último. Esta política de la Cía. de Luz y Tranvías, tuvo como consecuencia inmediata la reducción de la jornada de trabajo en la mayor parte de las fábricas que se encontraban en el área de distribución de la Cía. de Luz, así como el cese de una cantidad considerable de trabajadores (9) ; y en el ascenso del malestar e inquietud en la mayor parte de los trabajadores organizados del D. F. , que no estuvieron conformes con esto pues se tradujo en una disminución de su salario. (10)

A esta asamblea en al que los obreros de Talleres declararon la huelga forzosa, exigiendo la jornada completa y restitución de sus trabajos a los obreros cesados, también acudió una comisión de trabajadores del departamento de tráfico, manifestando ante la asamblea su inconformidad por los despidos y manifestando que ellos también podrían ir a la huelga.
Enterada de este movimiento de huelga, ese mismo día tanto la Junta de conciliación y Arbitraje, como el gobernador del Distrito, Celestino Gasca, iniciaron las gestiones citando a ambas partes para una junta el 20 de abril a las 11 de la mañana. (11)

Ese día se efectuaron dos juntas en las oficinas del Gobierno del D. F. entre los representantes de los tranviarios y la Cía. de Tranvías. En la primera de ellas, los tranviarios demandaron que la Cía. de Tranvías suspendiera los efectos de la disposición de la rebaja de horas de trabajo durante 10 días, a fin de que demostrara tener razón y que pagara a los huelguistas los días que habían dejado de trabajar.
Esta petición no encontró respuesta, pues el representante de la Cía. de Tranvías declaró que no tenía facultades para responder. En la segunda junta la Cía. de Tranvías ofreció que la jornada de trabajo fuese de 7 horas hasta el 31 de julio, y que a partir del 1 de agosto se reanudara la jornada de 8 horas. Los representantes de los tranviarios respondieron que llevarían esta proposición a la Asamblea para que ella decidiera.

Aun cuando parece que los Tranviarios habían llegado a un acuerdo con la Cía. de Tranvías, la huelga continuaba todavía el 21 de abril pues la empresa se había negado a pagar 16 horas de trabajo de tiempo perdido y la restitución en su empleo a 30 trabajadores.- debido a esto, ese mismo día los tranviarios organizaron un mitin en las calles de San Miguel, acordando sostener la huelga hasta ver satisfechas sus demandas. Después de este mitin, los tranviarios realizaron una manifestación que llegó hasta las oficinas del gobierno del D.F. donde una comisión de trabajadores visitó al gobernador para exponerle la resolución que habían tomado.
Los tranviarios que unos días antes se habían separado de la CROM adhiriéndose a la CGT pues quedaron inconformes con aquella por no haber decretado la huelga general en apoyo a los huelguistas ferrocarrileros, se encontraron en este movimiento con oposición por parte del gobierno, pues no bien se había declarado la huelga, este dijo que en caso de que la huelga se extendiese, el servicio de trenes no se suspendería y el gobierno daría facilidades a los obreros libres que quisieran trabajar, protegiéndolos con la fuerza pública (12)

Por otra parte, la empresa había venido realizando trabajos pendientes a tener en un momento dado, los electricistas y trenistas necesarios para impedir la suspensión de los servicios de trenes en caso de huelga.
Para estos días en el D.F. se encontraban en huelga los obreros de la fabrica de hilados y tejidos “La Guadalupana” y el 20 de abril se declararon en huelga 800 obreros de la fabrica de hilados y tejidos “La Hormiga” debido a la negativa de los patrones de no permitir que los obreros no introdujeran sus alimentos a la fabrica y por no cumplir con la jornada de 8 horas, haciéndolos trabajar de mas.

El 22 de abril se declararon en huelga aproximadamente 1000 obreros de la fabrica de hilados y tejidos de Río Hondo, debido a que uno de los industriales había golpeado brutalmente a un trabajador que por travesura tocó la campana de la fabrica.

Por otra parte al momento de efectuarse la huelga de los tranviarios, el país parecía atravesar por una situación de calma. En el campo de las presiones imperialistas, las compañías petroleras no evidenciaban actividad publica ninguna, antes al contrario, en la prensa neoyorquina se insistía en la necesidad del reconocimiento del gobierno de Obregón por parte de los E. U. (14)

Asimismo, aunque en estos días se habían registrado algunos movimientos rebeldes como el del ex general Antonio Mora en Tlaxcala y el General Isabel Guerrero en Puebla; y se encontraba en armas Ismael Hernández merodeando en los estados de Nuevo León, Zacatecas, Coahuila y San Luis Potosí. Estos movimientos rebeldes no parecían preocupar gran cosa al gobierno de Obregón; y también parece no haber tenido influencia alguna en la conformación de su política hacía el movimiento de los tranviarios (15)

A este frente empresa-gobierno que intentaba detener el movimiento de los huelguistas tranviarios, se opuso un frente solidario de los trabajadores trenistas y electricistas, que en sendas asambleas acordaron sumarse a la huelga; acordando sin embargo dar un plazo de 10 días para lanzarse a la huelga. (16)

Asimismo los llamados sindicatos “rojos” que no eran otros que los que pertenecían a la CGT – en una asamblea celebrada en el sindicato de Panaderos, acordaron votar la huelga general solidaria hacía los tranviarios en caso de que no se solucionara el conflicto. Esta huelga incluía a panaderos, hilanderos, cigarreros, jaboneros, metalúrgicos y otros sindicatos. (17)

Fue la presión de este sector del movimiento obrero organizado del D.F. – la CROM no apoyo el movimiento de huelga de los tranviarios – posibilito que para el 23 de abril el conflicto quedará solucionara por la firma de un convenio en que se estipulaba que la Cía. de Tranvías se comprometía a dejar una jornada de 7 horas en lo que faltaba del mes y a partir del 1 de mayo esta seria de 6 horas, aún cuando se pagarían jornadas de 7 horas, comprometiéndose los trabajadores a rembolsar esta diferencia a partir del 27 de septiembre, bien en efectivo o mediante 30 minutos de trabajo extra diario. Igualmente la Cía. de Tranvías se comprometía a no ejercer represalias hacia ningún trabajadores que hubiese secundado la huelga, y a pagar a los obreros los días que dejaron de trabajar a razón de 7 horas diarias. (18)

Este movimiento de huelga de los tranviarios fue un triunfo, no sólo porque mediante la fuerza de la organización arrancó parte del poder de decisión de la empresa en lo referente a la jornada de trabajo, sino también porque a la oposición del gobierno y la empresa por detener el movimiento se opuso la actitud solidaria de una parte del movimiento obrero organizado del D.F. y sacaron adelante esta lucha.

A principios de mayo, los trabajadores de la Compañía Telefónica Ericsson van a la huelga debido a la negativa de la empresa a pagar el sueldo a sus trabajadores cuando estos enfermasen . Esta negativa de la empresa obedecía al hecho de que quería evitar que se sentara el precedente de “que el servicio médico, en forma estipulada en el contrato, no lo daría más la Compañía”. Asimismo, esta, con el propósito de romper la huelga comenzó a reclutar nuevo personal.

Ante esta actitud asumida por la Ericsson, tanto la CROM como la CGT votaron el 8 de mayo la ayuda económica para los huelguistas, entregándoles ese mismo día una suma de dinero.

Este conflicto de los telefonistas de la Ericsson se dio en una situación de calma política. El conflicto del gobierno mexicano con las compañías petroleras se encontraba latente y había de esperar hasta el mes de julio para manifestarse en forma violenta. Dentro de esta situación de temporal estabilidad política, hasta se llegaba a rumorar que el reconocimiento de México por el gobierno de los E.U era cuestión de unos pocos días. Igualmente en estos días no se registró ningún levantamiento o rebelión, a excepción de una partida de rebeldes en el norte de Zacatecas y de un alzamiento el 10 de mayo en Cárdenas Tabasco. (19)

De igual manera esta huelga de los trabajadores de la Ericsson se da en un momento en que el movimiento obrero a nivel nacional atravesaba por un período de relativa calma, pues a excepción de la huelga de cerca de 2,000 hilanderos del estado de Querétaro, no se registran movimientos de huelga a nivel nacional (20)

Iniciadas ya las negociaciones, y dado que estas no prosperaban, el 10 de mayo, los sindicatos agrupados en la CGT votaron la huelga general, si en un plazo de 72 horas no se solucionaba la huelga de los trabajadores de la Ericsson.

Ese mismo día en la noche una comisión de trabajadores electricistas del SME visitó la redacción de el periódico “El Universal”, donde manifestaron lo siguiente: “Venimos con el objeto de que “El universal” haga del conocimiento de las autoridades y público en general que habiendo votado la huelga general del gremio, estamos dispuestos a dejar al Distrito Federal y estados circunvecinos a donde este ramificado el Sindicato, o que reciben energía eléctrica de la Planta de Necaxa, sin luz, fuerza eléctrica y servicio de tranvías. Esta huelga es únicamente por solidaridad con los obreros y empleados de la Telefónica Ericsson que se hallan en huelga, pues no tenemos con la compañía que servimos ningún motivo de disgusto. (21)

Este planteamiento de huelga general por parte de un sector del movimiento obrero organizado del D.F. motivó que el presidente Obregón contestara categóricamente “que dentro de la ley su gobierno tomaría todas las medidas y precauciones debidas, a fin de que los servicios públicos, por serlo, no se afectaran con una huelga general. (22)

Sin embargo estas declaraciones de Álvaro Obregón no significaban una oposición a las demandas de los telefonistas, sino exclusivamente la posición de impedir la extensión de la huelga por solidaridad y fundamentalmente que esta afectará los servicios públicos. De hecho el gobierno del D.F. había declarado el 10 de mayo que “...las peticiones de los huelguistas son justas, están dentro de la ley...”(23)

En las reuniones de conciliación que se habían venido efectuando desde el 11 de mayo, para el día 13 de ese mes ya se había llegado a una transacción, con la mediación del general Obregón. Este acuerdo consistía en que los huelguistas aceptarían que solamente en caso de enfermedad completamente comprobada recibirían su salario y que la compañía para saber si en efecto se trataba de una enfermedad tenía 3 días para averiguarlo por medio de su servicio médico. Además, la Cía. Telefónica se comprometía a no ejercer represalias contra los huelguistas.

La huelga sin embargo continuo en pie, pera la empresa solo quería pagarles el 50% de sus salarios durante el tiempo que durase la huelga; y porque además pretendía cobrarles este pago de salarios caídos posteriormente, mediante trabajos extras. En asamblea efectuada el sábado 14 de mayo los trabajadores de la Ericsson rechazaron estas pretensiones de la empresa y el SME por su parte acordó que para el lunes 16 cortaría la energía eléctrica a talleres y fabricas, aunque respetaría el alumbrado público.

Finalmente el conflicto de los trabajadores de la Ericsson se solucionó en una forma insólita.

Se encontraban los huelguistas en una asamblea el lunes 16 de mayo en la mañana discutiendo si aceptaban el pago del 50% sobre sus, salarios que les ofrecía la empresa, o bien si exigían todo el tiempo de la huelga, estando presentes además delegaciones de todos los sindicatos de la CGT y los electricistas que esperaban solo la decisión de la asamblea para decretar la huelga, cuando se presento una Comisión de la CROM y ofreció cubrir el 50% de los salarios caídos que faltaban, “con tal de, se diese por concluido el conflicto que estaba perjudicando a todo el Distrito Federal.”

En esta actitud insólita de la CROM de pagar cerca de $5,000 a los huelguistas con tal de dar por terminado el conflicto, se adivina sin esfuerzo a favor de quien se estaba realizando esta acción. Si realmente hubiesen querido beneficiar a los huelguistas, hubieran presionado junto con los sindicatos de la CGT para que este desembolso lo hiciera la empresa creando así el precedente. Sin embargo, esto último no lo hicieron. Y el gobierno que ya había agotado todas “sus” posibilidades para solucionar el conflicto se habría visto en una situación bastante delicada si la huelga se hubiera efectuado, pues la oposición de la empresa era tan cerrada en lo que se refería, a salarios caídos. Como vemos pues, la acción de la CROM iba dirigida a aliviar de una presión molesta al gobierno de Obregón y no es aventurado pensar por la cantidad de dinero desembolsada que fuese directamente el gobierno el que proporcionó este dinero a la CROM.

A principios de julio, los obreros de los Talleres de la Cía. de Tranvías vuelven a ir a la huelga, debido a que la empresa no respetó uno de los puntos del convenio a que habían llegado en la huelga pasada, consistente en que a partir del 1 de julio se reanudaría la jornada de 8 horas. Ante esta violación al convenio, los obreros de los Talleres gestionaron inicialmente el cumplimiento de lo pactado, o bien que la jornada de trabajo fuese de 6 horas pero que se les pagaran 7.

La respuesta de la Cía. de Tranvía a esta reclamación de los obreros de los Talleres fue el cierre de estos, mencionándose que aproximadamente 2,500 obreros quedaron cesados. Con todo y que la Cía. de Tranvías tomo esta medida con la intención de amedrentar a los obreros, estos continuaron por si mismo la huelga. (24)

El miércoles 6 de julio, en asamblea efectuada en un local de la calle de Netzhualcoyotl. los trenistas de la Cía. de Tranvías, decidieron secundar el movimiento de huelga de los obreros de Talleres, pero acordando para esto dar un plazo de 10 días a la Cía. para que solucionase el conflicto.

Ese mismo día se iniciaron las juntas de avenencia en el gobierno del D.F., aunque estas no prosperaron y dado que la Cía. de Tranvías había declarado que el movimiento de huelga era parcial, el 7 de julio los trabajadores tranviarios realizaron una manifestación que salió de la calle de Netzhualcoyotl, recorriendo las principales calles de la ciudad. En esta manifestación participó el comité ejecutivo de la CGT. (25)

Al día siguiente todos los sindicatos de la CGT acordaron ir a la huelga para el jueves 14 de julio, en caso de que no se resolviese favorablemente el conflicto de los tranviarios.

La política de la Cía. de Tranvías fuera de la mesa de negociaciones había consistido en tratar de quebrar la huelga por medio de obreros “libres” o esquiroles. Sin embargo esta política fracasó ante la firmeza de los tranviarios que, por ejemplo en los talleres de Indianilla y San Antonio Abad, se opusieron a estos intentos, registrándose algunos choques entre huelguistas y esquiroles. (26)

Finalmente el resultado de este conflicto fue un transacción mediante un convenio firmado el 14 de julio entre la Cía. de Tranvías y los representantes tranviarios, por medio del cual la empresa se comprometía a pagar un 50% de los salarios a los trabajadores durante los días que duró la huelga; que la deuda de los trabajadores le sería pagada a partir del 1 de octubre; que la Cía. aceptaba que la reanudación de la jornada de 8 horas fuese a partir del 15 de julio, acordándose además que para el futuro cualquier motivo de conflicto fuese notificado con 36 horas de anticipación, por escrito y con copia al gobierno del D.F. y a la Junta de Conciliación y Arbitraje. Firmaban este convenio, por la Cía. de Tranvías, el director general G.R. Conway. Por los representantes de Talleres Genaro Castro, Fernando Valdez, Jesús Sotelo, Fernando León y Juan Serratos. Por el gobierno del D.F. Celestino Gasca.

Para entender el por qué los tranviarios no encontraron oposición por parte del gobierno en el desarrollo de su movilización es necesario recordar cual era la situación política específica por la que atravesaba el país en esos días.
Ya en páginas anteriores habíamos señalado como la presencia del imperialismo norteamericano en nuestro país, se concretaba en las presiones que las compañías petroleras hacían al gobierno, así como el que frente a estas presiones el gobierno mantenía la postura de defender la vigencia del artículo 27 constitucional.
Pues bien, el 1 de julio entró en vigor un impuesto del 25% sobre las exportaciones de petróleo, motivando esta medida el que las compañías petroleras arguyendo una baja en el precio mundial del petróleo, pero en realidad presionando al gobierno para que derogase el impuesto comenzaron a cerrar pozos; disminuyendo la producción de petróleo y cesando a miles de trabajadores de las zonas petroleras de Tampico.
Aunque el numero de cesados no se precisa, este fluctuaba entre los 10 y 25 mil obreros, que por diversos canales manifestaron su inconformidad organizando mítines y manifestaciones para protestar por estos hechos. Por ejemplo en Tuxpan, los obreros cesados organizaron una manifestación de protesta, pidiendo hablar con los gerentes de las compañías petroleras de esas zonas, quienes les dijeron que le único culpable de sus separaciones era el gobierno al haber gravado en un 25% la exportación de petróleo. Asimismo en Tampico, la CROM organizó un mitin donde se protestó enérgicamente por la actitud de las compañías a quienes se tachó de explotadoras y enemigas del proletariado universal y de los pueblos débiles de América.

Otra de las medidas que las compañías petroleras utilizaron, fue el lograr que aproximadamente 4 o 5 acorazados norteamericanos se apostaran en las costas de Tampico, so pretexto de proteger y garantizar las vidas y propiedades de los norteamericanos residentes en ese puerto, pero en realidad buscando presionar al gobierno mexicano con la amenaza de una intervención militar.
Este último hecho motivo que el Congreso de la CROM que en ese momento se realizaba en Orizaba, protestara enérgicamente por la llegada de los barcos de guerra da Tampico y declararan públicamente su apoyo a Álvaro Obregón.
Finalmente, como estas presiones no lograron que el gobierno diera marcha atrás, derogando el impuesto a la exportación del petróleo, las compañías petroleras recurrieron al expediente de subvencionar la rebelión del general Daniel Martínez Herrera en la Huasteca, fracasando en este intento, pues estos rebeldes fueron rápidamente derrotados. (27)

Sobre este contexto de presiones económicas sociales y militares de las compañías petroleras sobre el gobierno de México, combinada además con la amenaza presente y persistente de posibles levantamientos auspiciados por un grupo de rebeldes entre los que se encontraban Esteban Cantú, Pablo González, Francisco Murguía Ignacio Bonillas, Alfredo Robles Domínguez y otros, que planeaban el derrocamiento de Obregón desde los E. U. (28) se da la movilización de los tranviarios. Y a su vez este contexto de crisis y presiones cuyo centro convergente era el gobierno de México, nos explica el por qué, al contrario de las movilizaciones anteriores, esta vez los tranviarios no se toparon con la oposición de este.
Ya señalamos como ante estas presiones imperialistas, el gobierno había encontrado en la CROM un apoyo, aunque condicionado al cumplimiento de una serie de demandas de tipo laboral. Por otra parte, aun cuando las organizaciones independientes de la CROM no habían manifestado públicamente su protesta por las presiones imperialistas del as compañías petroleras, “ El Demócrata” no dejó de señalar que en muchos trabajadores existía el ánimo de condenar la posición de estas hacia los trabajadores y el gobierno de México.
Vemos pues que la posición del gobierno en el conflicto de los tranviarios encerraba varias razones. Por una parte obedecía a la necesidad de no generar mayores problemas internos que viniesen a incrementar la crisis por la que atravesaba; pero a su vez obedecía también al hecho de que para enfrentar las presiones a que estaba sujeto necesitaba apoyarse en las bases obreras, y aunque la CROM en ese momento había manifestado públicamente su apoyo al gobierno, a este no podía interesarle oponerse a la movilización de los tranviarios, pues esto hubiera significado enfrentar a un sector considerable de los obreros del D.F. que habían acordado apoyar con la huelga misma la movilización de los tranviarios.
Para el 21 de octubre, los tranviarios en una asamblea muy caldeada acordaron ir a la huelga si en un plazo de 10 días no se restituía en su puesto o se indemnizaba a tres obreros cesados. (29)

Por su parte, todas las organizaciones obreras adheridas a la CGT, ese mismo día dirigieron comunicados a loa Federación de Tranviarios manifestando su apoyo “...y ofreciendo solidaridad amplia, moral y económica, para cuando se registre, en caso dado, el movimiento huelguístico.” (30)

Habiendo dado aviso al gobierno del D.F. y a la Junta de Conciliación y Arbitraje, se iniciaron las juntas de avenencia. Sin embargo para el día 29 aun no se había llegado a ningún acuerdo y las juntas habían resultado infructuosas, Por lo que el mismo 29 de octubre, la asamblea de tranviarios acordó votar una huelga de brazos caídos de 4 horas para el 31 de octubre; y en caso de no arreglarse las dificultades, esta continuaría por tiempo indefinido.
Esta movilización de los tranviarios coincide con la terminación de las pláticas que el Secretario de Hacienda Adolfo de la Huerta había venido sosteniendo desde comienzos de octubre con Mr. Lamont, representante de el Comité Internacional de Banqueros para México. (31) Estas conferencias se realizaron a petición del gobierno mexicano y tenían como fin discutir ciertas proposiciones tendientes a la amortización de la deuda exterior, y el restablecimiento del crédito de México en los mercado8 de inversiones del mundo ( de acuerdo al texto de la declaración de Thomas Lamont, al final zar las conferencias). Aunque de estas pláticas no emanó ningún arreglo esencial sobre e tos temas, si constituyeron pasos adelante es las negociaciones de la deuda exterior de México. (32) Asimismo como resultado de las políticas de Adolfo de la Huerta con una serie de magnates petroleros ( Doheny, Van Dyke, Sin clair, Betty y Teagle). algunas compañías petroleras entre las que se encontraban la “International Petroleum Company, “Texas Oil Co.” Etc. retiraron. y desistieron de los amparos que habían antepuesto contra el impuesto de exportación de petróleo. (33)

Sin embargo, pese a que en el nivel de las relaciones del gobierno con el imperialismo yanqui y las compañías petroleras pintaban de manera favorable al gobierno de Obregón, internamente en el país se iba configurando una situación de crisis económica, cuyas manifestaciones más trágicas era el considerable número de trabajadores mexicanos desempleados, situación que se iba a prolongar hasta final de combinándose con un auge de levantamientos movimientos rebeldes en todo el país. ~.

Así, el 16 de octubre, se sublevó’ el general Espejo en el estado de Veracruz, al mando de 60 hombres. En Oaxaca se encontraba levantado en armas Erasmo Flores y se mencionaban gavillas en Yucatán; y el 25 de octubre se alzo en armas el ex general Macias en el estado de Chiapas. Ese mismo día, el rebelde Francisco. Luis Castillo asalto el tren Panamericano. Sin embargo, sobre esta serie de asaltos y levantamientos el gobierno de Obregón, a través del Secretario de Guerra manifestó que e reducían a brotes aislados y sin importancia. (34)

De una manera conservadora “El Demócrata” mencionaba que aproximadamente 1,500 obreros habían quedado cesantes en Durango, y algunos miles más estaban en peligro de serlo en el Norte del país, por la suspensión parcial de labores de las compañías mineras. Esta suspensión de labores al parecer obedecía a una baja del precio mundial del metal extraído. (35)

Asimismo, las compañías petroleras habían venido cesando a una cantidad considerable de trabajadores, violando la ley del trabajo de Veracruz, que estipulaba que los trabajadores debían ser avisados con anticipación e indemnizados.

Contra estos ceses ilegales, la Secretaria de Industria y Comercio protestó enviando una circular a las compañías petroleras, obteniendo que las principales compañías en México recibieran instrucciones de sus casas matrices en los E. U. ordenándoles suspender por completo el cese de los obreros mexicanos. (36)

Estos ceses masivos que las compañías petroleras realizaron en realidad no buscaban presionar al gobierno mexicano para lograr la derogación del impuesto a la exportación de petróleo del 7 de junio, pues en platicas posteriores, estas aceptaron pagar el impuesto, solicitando solo una rebaja del mismo. Estos ceses masivos obedecían más a la indiscriminada política de saqueo de nuestros recursos naturales.

En efecto, debido a que el precio del barril de petróleo oscilaba en los E. U. Entre 1.50 y 3.00 dólares, mientras que el barril de petróleo crudo de Panuco y Tuxpan oscilaba en los puertos de Houston y Galveston aproximadamente entre .701 y .745 dólares—incluido ya el flete marítimo y el impuesto a la exportación—las compañías petroleras se lanzaron a realizar una serie de obras y construcciones con el objeto de acelerar la producción. Obras que al finalizarse dejaron sin empleo a miles de trabajadores de la zona petrolera del Golfo de México. (37)

Esta situación de crisis económica y sublevaciones militares, tendía a inclinar al gobierno de Obregón del lado del proletariado. En el último caso para poder enfrentar a las tendencias separatistas en el seno del ejército.
En el primer caso por el gran malestar y descontento que esta situación de desempleo generaba en el proletariado. Esto nos explica la posición neutral y arbitral del gobierno en el conflicto de los tranviarios. Aunque, claro esta, la solución favorable de este conflicto obedeció a la movilización y presión de los tranviarios y al apoyo que les brindó la CGT.
Así, esta presión de los tranviarios y de un sector del movimiento obrero agrupado en la CGT, obligó a la empresa a indemnizar a uno de los obreros cesados y a reponer al otro en su trabajo, por lo que la huelga que tenían votada no se efectuó.

El 8 de diciembre, los obreros de Talleres del 1er. Turno de la Cía. de Tranvías, declararon la huelga, siendo secundados inmediatamente por los del segundo turno. El motivo de esta inesperada huelga, fue el cese que la compañía había hecho del trabajador Fernando León, secretario general del Sindicato de Talleres, que como obrero tenía más de 11 años de antigüedad.

Al declarar la huelga, lo obreros acordaron permanecer en sus centros de trabajo, tomando esta medida para evitar, como en movimientos pasados, que la empresa introdujera esquiroles u obreros libres, para romperles la huelga.
Al día siguiente, el Sindicato de Tráfico también acordó secundar la huelga para el día 12 de diciembre, si para entonces no se había llegado a un acuerdo satisfactorio.

Ese mismo día se iniciaron las juntas de avenencia en el gobierno del D. F. a la cual asistieron el gerente de la Cía. de Tranvías Mr. Conway, ante el cual los obreros presentaron el siguiente pliego de peticiones:

1.- “Rehabilitación en su empleo del señor León, secretario general del sindicato, en la inteligencia de que los obreros no cederán en esto en lo más mínimo, en virtud de existirle precedente de que cuanto obrero llega a ese cargo en el sindicato inmediatamente es separado de la compañía.”

2.- “Cese inmediato o traslado a otra oficina de la compañía, del norteamericano jefe de los talleres.”

3.- “Pago a jornal integro de los días que dure la huelga.”

Como se entiende Mr. Conway, rechazó estas peticiones. (38)

Dado que las juntas de avenencia celebradas después del 9 de diciembre no llegaban a ningún acuerdo, el domingo 11 de diciembre a las 12 de la noche, los trabajadores de Tráfico de la Cía. de Tranvías, iniciaron un paro que duraría 24 horas; anticipando que desde las 12 de la noche, comenzaría a correr el plazo de 10 días a que obliga la Constitución, para que si no se resolvían satisfactoriamente las peticiones de los obreros de Talleres se declarara la huelga indefinida.

La presión que significaba esta declaratoria de paro por parte del sindicato de Tráfico en unos días en que aumentaba la circulación de tranvías debido a las peregrinaciones y pasajes que se dirigían a la Villa de Guadalupe, ocasionó que la Cía. de Tranvías, momentos después de estallar el paro, expidiera el siguiente comunicado, en que se observa una ruptura de su inicial intransigencia y que de manera sintética se reduce a lo siguiente: La Cía. de Tranvías, de acuerdo con la Constitución, “Puede separar a cualquier trabajador aun sin causa cubriéndole tres meses de sueldo. “Pero en este caso concreto “... no solo esta dispuesta a cubrir los tres meses de ley a que se acaba de hacer referencia, sino que ha ofrecido duplicar esta compensación pagando seis meses... además para evitar cualquier mala impresión con motivo del carácter que dicho obrero tiene en el sindicato de Talleres, la compañía ha ofrecido conservar en sus listas de raya, y como empleado de planta a dicho obrero hasta el día 31 de diciembre del corriente año, fecha en que cesara en sus funciones en dicho sindicato, a fin de que mientras tenga ese carácter conserve también el del empleado de la Compañía, gozando en tanto de licencia con sueldo y recibiendo a partir del 1 de enero de 1922, fecha en que se hará efectiva su separación, los cinco meses adicionales de compensación que completarán los seis meses que la compañía esta dispuesta a pagarle. “En relación al cese o cambio de departamento del maestro mecánico de Talleres, Munrray, la Cia. Declaró que estaba dispuesta a llegar a un arreglo mediante el cual, conservando este señor su actual puesto, no estuviese en contacto directo con el personal de los talleres.
De todas formas, pese a que la Cía. de Tranvías comenzaba a ceder, el paro se efectuó ocasionando a la empresa pérdidas calculadas en $200,000. (39)

Aun cuando en las juntas de avenencia posteriores, la empresa cedió en otro punto al aceptar pagar sus salarios a todos los huelguistas, durante los días de huelga, los obreros de Talleres en una asamblea efectuada en el local de la CGT acordaron continuar la huelga rechazando las proposiciones de la empresa.

Esta asamblea como dijimos se celebró en el local sindical de la CGT y este error de los obreros de Talleres de abandonar sus centros de trabajo, fue inmediatamente aprovechado por la empresa, que solicitó y obtuvo del gobierno que impidiera la entrada a los talleres a los huelguistas. Los huelguistas al enterarse de esta medida resolvieron formar cuerpos de vigilancia “que impidiesen a todo trance la entrada de esquiroles a los talleres” (40). Por su parte el gobierno una vez que accedió a la petición de la Cía. de tranvías se negó a garantizar a los esquiroles contra cualquier ataque de los huelguistas.
Este movimiento de los tranviarios se vio apoyado por los sindicatos de la CGT, no así por la CROM que declaró que en caso de que los sindicatos de la CGT fuesen a la huelga, ella no secundaría este movimiento “...pues en otras ocasiones en que ha secundado análogas huelgas solo ha cosechado más tarde insultos y enconados odios.” (41)
Finalmente, después de una serie de negociaciones en que ambas partes modificaron sus proposiciones iniciales, aunque los que más cedieron fueron los tranviarios; y en que la conciliación del conflicto pasó a manos del presidente, ante el fracaso del gobernador del DF y la intransigencia de la empresa, el 17 de diciembre a las 2 de la mañana se firmó un convenio entre la Cía. de Tranvías y los tranviarios, por el cual, la empresa se comprometía a pagar al obrero Fernando León, la cantidad de 2,500 pesos de indemnización; así como pagar a los tranviarios que hubiesen dejado de trabajar 6 días el salario de 7; a los que habían dejado de trabajar 5, el salario de 6 y a los obreros de los Talleres y de Tráfico 4 días de salario. Además de que a partir del 1 de enero en adelante, Murria no tendría ninguna injerencia directa con el personal de Talleres.
Ya habíamos mencionado que como expresión de la crisis económica por la que atravesaba el país en estos meses, el número de trabajadores cesados había aumentado considerablemente tanto en las zonas mineras del norte, como en la región petrolera del Golfo. En el mes de noviembre, el problema del desempleo se acrecentó, pues miles de peones de la región lagunera quedaron sin trabajo al suspenderse las siembras por la escasez de agua en el río Nazas. (42)

Asimismo, aproximadamente 5,00 obreros de Puebla

tra parte no entorpecer la creciente distensión con las compañías petroleras.
En efecto, desde inicios de noviembre Adolfo de la Huerta había venido efectuando una serie de pláticas con representantes de los banqueros norteamericanos Mr. Kingsley Fankhausser y Pettyjhon (50) así como el representante de la Casa Spyer y Mr. J. A. Ryan representante de la Texas Oil Company para el arreglo de la deuda exterior de México. (51) Que las negociaciones avanzaban nos los muestra los continuos comentarios favorables al gobierno de Obregón que se consignaban en la prensa de los E.U. Asimismo el avance de estas negociaciones tenía su reflejo en el insistente rumor, después de finalizar las pláticas con Mr. Fankhausser y Pettyjhon, de que el gobierno mexicano había concertado con los banqueros extranjeros un préstamo de 100 millones de dólares (53) ; así como el hecho real de que las compañías petroleras aceptaron cubrir sus adeudos sobre el impuesto del 25% a la exportación de petróleo crudo. (54)

Internamente, aunque los movimientos rebeldes se habían reducido considerablemente y solo se registró uno en Cotaxtla Ver. (55), al contrario del mes de noviembre en que se registraron 5 en diferentes partes del país, y pese a que el Secretario de Guerra—general Enrique Estrada—había declarado que el país estaba en perfecta clama y que las partidas rebeldes no inspiraban cuidado alguno (56), no dejaba de ser persistente la amenaza de grupos de rebeldes que desde los E. U. –encabezados por Esteban Cantú y José María Maytorena–, planteaban la restauración de la constitución DE 1857; multiplicando sus actividades en las ciudades de San Antonio, San Diego, San Francisco y en otras partes de la Alta California (57) y ante lo cual el gobierno mexicano se apresto a fortalecer la vigilancia en el norte de Sonora y Chihuahua.
Sobre esta situación de crisis económica, amenazas de rebeliones y regateos con el imperialismo, combinada con la posibilidad de huelga en los ferrocarriles por agresiones del consejo directivo de los F. F. C. C. A los trabajadores de la Unión de Conductores, Maquinistas, Garroteros y Fogoneros (58) , se da el conflicto de los tranviarios. Aunque como ya vimos por la misma dispersión de los esfuerzos y la división misma en el seno de el proletariado, en los diversos frentes de lucha entre los trabajadores y la burguesía local y extranjera la política del régimen bonapartista de Obregón no tendía a definirse de manera clara a favor del proletariado. Sin embargo, la situación de malestar y descontento por los miles de obreros cesados y los problemas sociales y económicos que esto representaba, además de la necesidad misma del gobierno de mantener al país en calma –como condición necesaria para poder negociar de manera favorable con el imperialismo– obligaba a que el gobierno de Obregón tendiese más a una política de conciliación y negociación en relación a las movilizaciones de trabajadores independientes como la Federación de Tranviarios.

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En la mayor parte de las movilizaciones de 1921, en que participa la CGT (julio, octubre y diciembre) las condiciones políticas nacionales e internacionales por las que atravesaba el gobierno de Obregón, le abrían cauces favorables a sus conflictos; en el sentido de presionar al gobierno a buscar una solución arbitral y conciliadora en estos.

Naturalmente que la CGT no constituía la base directa de apoyo del gobierno Bonapartista de Obregón; esta base lo era la CROM. Sin embargo, enfrentado a una situación nacional, donde el común denominador era una crisis permanente el gobierno de Obregón, objetivamente se veía obligado a asumir una posición arbitral y conciliadora en estos conflictos, pues este era el único sendero posible para poder
EL SME A LA CONQUISTA DE NUEVOS DERECHOS LABORALES: EL CONVENIO DE DICIEMBRE DE 1921.
Después de la escasez de energía eléctrica, que duró alrededor de 9 meses y que como mencionamos fue motivado directamente por la política de la empresa, que en su afán de aumentar sus ganancias no adecuó el volumen de consumo de Luz inició la construcción de una nueva planta en un lugar llamado Tepexic; debajo de la planta de Necaxa y utilizando el agua que mueve a esta.

Para la construcción de esta nueva planta, la Cía. de Luz contrató más de 1,500 obreros.
Las condiciones de estos trabajadores no podía ser más lamentable. Aunque en los contratos firmados, la Cía. de Luz se había comprometido a brindarles toda clase de servicios, los obreros se veían obligados a dormir bajo el cielo raso, mientras en cambio los soldados del destacamento de ese lugar—400 aproximadamente—vivían en tiendas de campaña proporcionadas por la Cía. de Luz, en un lugar que se caracteriza por su humedad y en donde llueve con suma frecuencia.

Como los trabajadores se veían obligados a permanecer en el perímetro de la construcción pues las poblaciones más cercanas se encontraban lejos del campamento de construcción de la nueva planta, la compra de los artículos de primera necesidad los tenían que hacer en una tienda del lugar, que los vendía a precios más elevados.

Cuando ocurrían accidentes de trabajo –cosa que era frecuente– y perecían trabajadores, como fue el caso del desprendimiento de un riel que barrió materialmente a un gran número de obreros pereciendo muchos de ellos –los trabajadores que intentaron gestionar las indemnizaciones a los familiares de los fallecidos, no lo podían hacer pues la empresa negaba tener las direcciones de los familiares–, aunque de hecho cuando los obreros entraban a trabajar, la Cía. de Luz les pedía la dirección de sus familiares.

Estos hechos generaban descontento en los trabajadores, que desde la segunda quincena del mes de octubre de 1921, venían exigiendo a los representantes de la empresa: aumentos de salarios, casas-habitación para ellos, etc. Este malestar de los trabajadores culminó con la entrega a la Cía. de un memorial en que denunciaban la situación en que se encontraban, y exigían solución a esta.

Como el memorial que estos trabajadores enviaron a la Cía. de Luz y Fuerza ni siquiera les fue contestado, el 18 de noviembre los trabajadores del departamento de Construcción se declararon en huelga. (61)

Mientras tanto, la División Necaxa había dirigido diversas comunicaciones a la matriz del SME en el D. F. y a las divisiones de este, informando detalladamente del movimiento huelguístico efectuado, de las pláticas sostenidas con la Cía. de Luz y Fuerza Motriz y la del Real del Monte y Pachuca, así como de la reconcentración de tropas en Necaxa con motivo de la huelga.
Esta comunicación fue leída en la asamblea de la matriz del SME en el D. F. el 26 de noviembre de 1921, acordándose unánimemente se respondiera a la División Necaxa que se suspendieran las pláticas para reanudarse en la capital el próximo mes de diciembre; no se aceptará ninguna proposición de la Compañía para el Compañero Tapia; que enviaran copia del convenio que se presentaría a la Cía. de Luz; que se nombrara la Comisión que los representaría en la discusión del convenio; y por último, se remitiese un telegrama al presidente Álvaro Obregón pidiéndole que recibiera la comisión de electricistas que gestionaría el retiro de las fuerzas militares de Necaxa. (62).

A las demandas presentadas por los trabajadores de la división Necaxa, se les sumaron otras hasta un total de 36 cláusulas, que junto con un memorial (63), fueron entregadas a la Cía. de Luz el 14 de diciembre, aniversario de la fundación del SME, fijando un plazo de 36 horas para que fuera resuelto;.

En vista de que el Director General G. R. Conway adujese imposibilidad de tiempo para resolver el memorial en el plazo de 36 horas, que el SME le había concedido, este en asamblea, acordó prolongar el plazo hasta el martes 20 a las p.m.
El gerente contestó a esta carta participando que las platicas podían iniciarse el miércoles 21 a las 10 de la mañana, ante lo cual los electricistas nombraron sus representantes llevando la representación general Ponciano Solís como secretario General y Porfirio Mendoza , Samuel Reyes y Jesús Z. García , como representantes de la División Necaxa.

Sin embargo, el día 20 en la noche en una asamblea en que se estaba discutiendo la actitud que debería asumir el Sindicato en la junta del miércoles 21, uno de los comisionados de Necaxa, comunicó que la Compañía de Luz y Fuerza había cesado el 19 de diciembre a 25 carpinteros que prestaban sus servicios en los talleres de construcción de Tepexic, como represalia por haber participado en una de las manifestaciones de protesta efectuada el 17 de noviembre. Ante esta noticia la asamblea acordó por unanimidad que el la conferencia del 21, presentaran un ultimátum a la empresa antes de iniciara la conferencia, exigiendo la restitución de estos trabajadores, y en caso contrario se suspenderían las platicas e inmediatamente se decretaría el paro general como protesta por la separación de estos trabajadores. (64)

Este ultimátum fue presentado al Director de la Cía. de Luz, quien manifestó que este asunto era ajeno a la Cía. , debiendo tratarlo con la Compañía Real del Monte y Pachuca, quien era la que había contratado a los 50 carpinteros y argumentando que de efectuarse la huelga estarían act5uando fuera de la ley, puesto que no se había dado el plazo constitucional de los 10 días. Los representantes electricistas se retiraron dirigiéndose inmediatamente a las oficinas del gobierno del D. F. para plantear el problema de los 50 carpinteros, respondiéndoles que para resolver este asunto deberían dirigirse a las autoridades de Pachuca.
Del resultado de estas gestiones los representantes electricistas informaron a la asamblea del 21 de diciembre, acordado esta dar un plazo de 10 días a la empresa para que solucionase el conflicto, o en caso contrario irían a la huelga. (65)

Para estas fechas, el problema de los trabajadores cesados en el país tendía a agravarse. Aproximadamente 4,000 obreros petroleros estaban en trance de ser cesados para el ultimo del mes, pues una de las compañías petroleras había terminado la construcción de una de sus refinerías. (66)Por otra parte, la situación de los obreros cesados, de la región de Atlixco Puebla tendía a hacerse en extremo delicada, por falta de recursos económicos; además de lo que los industriales poblanos intentaron por estos días montar una provocación que orillara al gobierno de Obregón a reprimir a los trabajadores cesados y a las organizaciones que los apoyaban. Esta provocación se encargó de echarla a andar el cónsul español Alejandro Quijano, propietario de la fabrica de mantas “El Mayorazgo” al expulsar a 4 familias de las habitaciones que ocupaban en la misma fabrica, quienes se establecieron provisionalmente en unos terrenos baldíos propiedad de la misma fabrica. Este hecho sirvió de pretexto para que este industrial cesara a cerca de 400 obreros y se acusara a los trabajadores de invadir las haciendas y fabricas y de querer implantar un “soviet” en el estado de Puebla. (67) Hechos similares ocurrieron en las haciendas “El Cristo” , “La Luna” , y “San Matías” y fueron caracterizados en igual forma por la prensa nacional.
Esta situación de movilización obrera iba a acompañar al SME a lo largo de su conflicto con la Cía. de Luz. Por otra parte, aunque a nivel internacional las relaciones del gobierno mexicano con las compañías petroleras, como ya mencionamos no se mostraba conflictiva y las platicas entre De la Huerta y los banqueos extranjeros para negociar la deuda exterior avanzaba sin tropiezos, esta situación presionaba al gobierno de Obregón a buscar un arreglo pacifico y conciliatorio, no solo como una medida obvia para avanzar en las negociaciones con los banqueros sin presiones internas, sino también para garantizarse una base de apoyo con la cual negociar frente a las presiones de estos.

Así, la solución al conflicto de los cesados de Tampico sería el pago de su salario correspondiente a 8 días y una cantidad equivalente a 2 ½ días por cada mes que hubieran trabajado. En el caso de los obreros de Atlixco, Puebla, las fábricas que habían suspendido sus labores, cesando a cientos de obreros, paulatinamente comenzaron a reanudar sus labores.

Con todo y que los electricistas habían manifestado ir a la huelga en un plazo de 10 días en caso de no resolverse el problema de los carpinteros cesados, el 23 de diciembre, una comisión de electricistas se presentó ante el gerente Conway “manifestando que por lo pronto tratarían los asuntos propios de la compañía.”

Sin embargo, el 27 de diciembre, después de haber celebrado varias juntas con la Cía. de Luz, los representantes acordaron suspender estas debido a que no eran tomadas en cuenta las 16 cláusulas que adicionaban al convenio de 1917 y al declarar el gerente Conway que no aceptaría tales adiciones.

De hecho la Cía. de Luz había declarado por estas fechas, en un manifiesto que apareció en los principales diarios de la capital, que la compañía había aceptado obligaciones mucho más amplias que las que le imponía la Constitución y aun las incluidas en el proyecto de Ley que había sido aprobado por la Cámara de Diputados.

Ese mismo día en la noche, los electricistas acordaron por unanimidad suspender todo arreglo directo con la Cía. de Luz y dar aviso como mediador, continuando con las juntas conciliatorias.

En esa misma asamblea se informó que e esperaba el arribo de uno de los delegados que fueron a Necaxa, con el objeto de resolver el reingreso o indemnización de los 50 carpinteros separados y que del informe de este, normarían su actitud, aún cuando el convenio que se estaba discutiendo quedara aprobado. (68)

Habiendo notificado los electricistas al gobernador de su determinación y habiendo puesto en sus manos copia del convenio, este citó a las dos partes para el 29 de diciembre a las 10 de la mañana, para reanudar las pláticas interrumpidas. (69)

Como el plazo para iniciar la huelga fenecía el sábado 31, el día 29, un grupo de comerciantes, industriales y particulares trató de entrevistarse con Alvaro Obregón, para pedirle que mediara en el conflicto.

Por parte de las organizaciones obreras, el SME ya había recibido apoyo a su movimiento. Por ejemplo el sindicato de Trabajadores de la Cía. Telefónica y Telegráfica Mexicana, había sido el primer sindicato que en asamblea del 22 de diciembre había acordado secundar el movimiento de los electricistas, “para mantener en alto y firmemente el principio de solidaridad”. A este apoyo se le había sumado el de otras organizaciones del D.F. entre ellas varias fábricas de hilados y tejidos del D.F., Puebla y aún de otras entidades. Por su parte la CGT que se había instalado en el local del SME en la avenida de los Hombres Ilustres (hoy avenida Hidalgo) para celebrar un Congreso, había manifestado el 25 de diciembre, que secundarían el movimiento de los electricistas. (70)

El día 29 de diciembre en la mañana, se iniciaron las juntas de avenencia en las oficinas del gobierno del D.F. pero para el 30 en la noche aún no se había llegado a ningún acuerdo. (71)

Para este día, la situación se tornaba ya crítica, pues el plazo para decretar la huelga vencía el sábado 31 en la noche y el día 29 los electricistas en una asamblea, habían ratificado su acuerdo de llegar a cabo la huelga en caso de no tener éxito en sus gestiones; y junto con ellos, la CGT había también ratificado su decisión de secundar en todo el movimiento de huelga. (72)

Y en verdad que la situación era crítica. La huelga del SME si se efectuaba amenazaba paralizar las fábricas y la producción en el D.F., Hidalgo, Pachuca y el trabajo de alrededor de 102,000 obreros que componían la fuerza de trabajo en la zona de distribución de la Cía. de Luz, repartida en la forma siguiente:
Hilanderos del D. F.
15,000
Tranviarios, entre tripulación y trabajadores de talleres.
7,000
Operarios de Fundiciones y Talleres Mecánicos.
10,000
Carpinterías, fábricas de cerámica, jabonerías, etc.
20,000
Periódicos y Talleres Gráficos particulares.
5,000
Fabricas de ropa hecha, confecciones y galonería.
18,000
Talleres pequeños
2,000
Mineros de Pachuca
6,000
Otras industrias de Pachuca.
2,000
Mineros de El Oro, Real del Monte y Tlalpujahua.
4,000
Huelguistas de Necaxa, incluyendo los que trabajan en la planta nueva.
3,000
Plantas de cianuración y fundiciones, inclusive los minerales del Estado de Hidalgo. (73)
4,000

el viernes 30 se celebraron varias juntas de avenencia entre el gobernador del D. F., el gerente de la Cía. de Luz y los representantes del SME. En la primera de ellas celebrada entre Mr. Conway , acompañado de sus abogados, y los electricistas, no se llegó a ningún acuerdo, debido a que Mr. Conway rechazó en principio las demandas de los electicistas por considerarlas injustas. En vista de esta actitud, intervino el presidente Obregón, quien al parecer obtuvo que la empresa cediera en algo, lo que se reflejó en la junta que se efectuó a las 7 de la noche. Sin embargo, inmediatamente después de esta reunión los representantes de los electricistas conferenciaron con el gobernador hasta altas horas de la noche, manifestándole que estaban dispuestos a declarar la huelga si la Cía. no reconocía el convenio de 1017 y no definiera su posición respecto a las indemnizaciones y accidentes de trabajo. En lo referente al reingreso de los 50 carpinteros separados, manifestaron que no tratarían este asunto ante el gobernador, pues este no tenía jurisdicción para ello. Los periódicos señalaban que estas juntas habían fracasado pues la empresa se negaba a aceptar jubilar a los que por diversas causas independientes de su voluntad no pudieran trabajar después de 20 años de antigüedad, así como indemnizar a los obreros en caso de accidente de trabajo.
El 30 de diciembre en la noche, el SME celebró una asamblea en donde los obreros entusiastamente declararon que irían a la huelga en caso de no accederse a sus peticiones que, señalaban “...respalda el contenido del artículo 123” se pronunciaron vehementes discursos en contra del esquirolaje y se nombraron varias comisiones “a fin de que se desarrollaran todas las actividades en pro del movimiento huelguístico” (74)
Ese mismo día, una comisión de los llamados “obreros libres” encabezados por su líder José López, acordaron en asamblea, oponerse a la huelga de los electricistas, designando para este efecto una comisión que entrevistara al presidente Obregón pidiéndole que interviniese directamente a fin de evitar la huelga.

De acuerdo con datos proporcionados por “El Universal” de los 100,000 obreros que había en el D.F. y el estado de Hidalgo, aproximadamente unos 20,000 estaban sindicalizados. (75).

Ya habíamos mencionado que uno de los puntos esenciales de la demanda de los electricistas era el que se refería a indemnizaciones por parte de la empresa en caso de accidentes de trabajo. Pues bien, esta demanda de estricta defensa y protección de la clase trabajadora encontró resistencia y oposición en una editorial de “El Universal”, que actuando directamente como vocero de la burguesía planteo que “...inútil exigir de los industriales, el que, no ya en vida del trabajador, sino en caso de muerte de este, sus familiares queden asegurados por las empresas con el salario integro del difunto por espacio nada menos que de cinco años. Esto, antes que deber de los industriales, parece serlo de sindicatos organizados que mirasen por el porvenir de sus asociados y de sus familias.” (76)

Naturalmente que desde la visión ideológica estrecha y burguesa de el editorial de “El Universal” no se podía entender que las indemnizaciones por accidentes de trajo fuese un “deber” de los industriales. Pues desde esta posición ideológica burguesa, ¿ que otra cosa es la relación entre el proletario y el capitalista, sino una relación de igualdad?., pues el capitalista a cambio de un salario que da, recibe del trabajador su fuerza de trabajo a cambio; visión que sin romper el velo de lo aparente se queda en la superficie, ignorando que en esta relación de aparente igualdad, lo que se entabla a es una relación de explotación en que la fuerza de trabajo del obrero reproduce con su esfuerzo no solo el valor de su fuerza de trabajo, sino que además crea un nuevo valor que se lo apropia el capitalista.

Los trabajadores electricistas, sin plantearse en esta perspectiva científica y de clase del proletariado, pero si respondiendo directamente a sus intereses de clase, hicieron caso omiso del llamado al “buen juicio” y “patriotismo” que les hacía “El Universal” y sacaron adelante esta demanda; que por cierto databa del convenio de 1917, pero que para estas fechas se les pretendía escamotar.

Todavía el 31 de diciembre se celebraron varias juntas de avenencia. En las dos primeras no se llegó a ningún acuerdo, debido a la intransigencia de Mr. Conway, y esto pese a que los electricistas habían cedido en algunos puntos; por lo que al inicio de la tercera junta los representantes del SME manifestaron que el conflicto debería quedar solucionado antes de las 8 de la noche, para así poder tener tiempo para girar ordenes a Necaxa y otras divisiones de la Cía. de Luz, pues en caso contrario la huelga se llevaría a cabo.
Un minuto antes de las 8 de la noche, se informó a la prensa que se había llegado a un acuerdo. Inmediatamente un grupo de electricistas salió a notificar a Necaxa y demás dependencias de la Cía. de Luz, que las dificultades se habían solucionado y que se suspendía la huelga. Poco después de las 12 de la noche, los electricistas abandonaron las oficinas del gobernador del D. F. para dirigirse al salón de sesiones del SME, donde se encontraban reunidos los agremiados en sesión permanente, y prorrumpieron en aplausos y muestras de regocijo al enterarse de los resultados a que se habían llegado; pronunciándose elocuentes discursos “por medio de los cuales se demostró hasta la evidencia que para que el proletariado llegue a conseguir que se le respeten sus derechos, se impone la organización sindical.” (77)

Posteriormente, el martes 3 de enero de 1922, en la noche, una numerosa comisión del SME visitó al presidente Obregón a fin de hacerle presente que los obreros, con motivo de las dificultades que se habían presentado con la Cía. de Luz, por ningún concepto trataron de organizar un movimiento de rebelión tras la huelga que proyectaban.
A esta reunión asistieron varios de los dirigentes del SME y hablaron Salvador Célis Gutiérrez y Jorge Solsoma. Este último pronunció un discurso en el que señaló que la huelga no buscaba otro fin más que lograr el mejoramiento colectivo del obrero, por medio de la acción conjunta dentro de la ley, para que la compañía procediera en forma equitativa.

Indicó que los obreros estaban convencidos de que actualmente sería un crimen de esa patria iniciar un movimiento armado en el país y que, por lo tanto eran falsos los rumores que se habían hecho circular acerca de que la huelga escondía miras políticas. (18)

Así como las movilizaciones que el SME realizó hasta noviembre de 1920, habían significado su despertar a la vida sindical activa del país, en pos de mejores condiciones económicas y el reconocimiento de su organización sindical por parte de la empresa; la lucha que dio a finales de 1921, no solo significó recobrar y dar vigencia a una serie de derechos laborales conquistados en 1917, sino también la conquista de nuevos.

El convenio del 31 de diciembre incluía 16 cláusulas nuevas en relación al de 1917 y al de 1920, siendo estas: la 4º , 4, 7, 11, 12, 13, 14, 18, 20, 25, 32, 33, 34, 35, 36.

Las cláusulas del convenio del 5 de septiembre que fueron adicionadas y/o reformadas, fueron las siguientes: 1, 2, 3, 4, 7, 10, 14, 16, 17, 19, 21, 22, 29, 30 y 31 del convenio del 31 de diciembre de 1921.

De las nuevas cláusulas que incluía el convenio de 1921, el 4º obligaba a la Cía. de Luz a celebrar contratos para todos los trabajos eventuales; el 6º obligaba a la Cía. de manera especifica a brindar servicios de Sanatorio a sus trabajadores; el 7.- Igualmente; el 9.- obligaba a la Cía. a restituir en su trabajo a los accidentados una vez que se hubiesen restablecido; el 11.- obligaba a la Cía. a observar una prórroga en la conservación del puesto de un trabajador que se hubiese accidentado o lesionado, pagándole su salario; el 13.- planteaba las condiciones para el pago a los trabajadores enfermos ; el 12.- obligaba a la Cía. a restituirlos en sus trabajos una vez restablecidos ; el 14.- Obligaba a la Cía. a prestar servicio médico y medicinas a los familiares del trabajador; el 18.- Obligaba a la Cía. a pagar el día de descanso sin descuento en caso de falta justificada; el 20.- Obligaba a la Cía. a pagar los días festivos a los trabajadores a salario por día: el 25.- Establecía el salario base por departamento; el 32.- Establecía el derecho a la jubilación; el 33.- Obligaba a la Cía. a cumplir con la fracción XII del artículo 123 Constitucional; el 34.- Obligaba a la Cía. a establecer un sistema de pago eficiente; el 35.- Obligaba a la Cía. a surtir adecuadamente a la tienda de Necaxa; el 36.- Establecía el control de los trabajadores sobre su fondo de reserva, el cual se derivaba de su antigüedad.

Las cláusulas del proyecto de convenio que no fueron aceptadas por la Cía. y retiradas en las negociaciones por los trabajadores, fueron “La compañía establece para todos sus empleados y obreros en todas sus dependencias el día de descanso por semana con goce de sueldo.”

Este artículo pretendía reformar el artículo 8 del convenio de 1917.

“La Compañía se obliga a indemnizar con cuatro años de sueldo a los empleados u obreros que hayan servido o estén sirviendo de representantes a los propios empleados y obreros, cundo se les separe sin causa justificada.”
Las cláusulas del proyecto de convenio que se sujetaron a una transacción y que motivaron la resistencia de la Cía. fueron:

1.- El artículo del proyecto de convenio, que después resultó ser el artículo 10 del convenio de dic. de 1921, exigía 5 años de indemnización en caso de fallecimiento.

2.- El artículo del proyecto de convenio que después resultó ser el artículo 20 del convenio de dic. de 1921, establecería originalmente:

“En los casos en que los empleados u obreros que hacen sus trabajos por turno, tengan que trabajar cualquiera de los días indicados, percibirán por las horas que trabajan la parte correspondiente a su sueldo, ordinario más el ciento cincuenta por ciento de aumento. A los empleados u obreros que no hacen sus trabajos por turno, no les será descontado su sueldo, en caso de no tener que trabajar en alguno de los días festivos mencionados, pero, por si por alguna circunstancia es necesario que desempeñen algún servicio, entonces percibirán su sueldo ordinario más el 50% de aumento.”

3. - El artículo del proyecto de convenio que después resultó ser el Art. 25 del convenio de dic. de 1921 establecía originalmente:

“La compañía establecerá para todos sus empleados y obreros, el sueldo Standard, según la clase de trabajo que desempeñen, tomando como base, el sueldo más alto, que actualmente se paga, y sobre todo se aplicará un aumento de un 15%.”

4.- El artículo del proyecto de convenio., que después resultó ser el artículo 31 y 32 del convenio de dic. de 1921 establecía originalmente:

“La Compañía entretanto es reglamentado el artículo 123 Constitucional vigente, en su parte, relativa, jubilara con su sueldo completo a los empleados u obreros que hayan cumplido 20 años de servicio, y donara por razón de antigüedad a quienes se separen o sea separados por cualquier causa, un mes de sueldo por cada año de servicio o fracción; en caso de fallecimiento la Compañía hará entrega de las cantidades correspondientes por razón de antigüedad a los herederos del finado.”

LA CUARTA HUELGA DEL SME.

A mediados de febrero, se comienza a gestar lo que sería la 4a. huelga del SME. La Compañía de Luz, continuando con su política de “extirpar” a los elementos más combativos e inquietos del sindicato cesó a 20 de los que más se habían distinguido en el pasado movimiento.
Motivado directamente por esa represalia, el SME celebró una asamblea en la que acordaron dirigir un ultimátum al gerente Conway, planteándole que si en un plazo de 10 días, a partir del 20 de febrero, no cumplía en todas sus partes el convenio del 31 de diciembre de 1921 decretarían un movimiento de huelga o usarían los procedimientos que más les conviniera.

Como la Cía. de Tranvías, el 22 de febrero, había cesado también a más de 25 obreros de Vía permanente, la mayor parte de los trabajadores del segundo turno de los Talleres de Indianilla abandonaron sus ocupaciones en señal protesta. Asimismo el sindicato de Talleres instituyó en asamblea extraordinaria para resolver sobre este problema, acordando dirigir un ultimátum al gerente Conway, en el que se le exigía que repusiera en sus puestos a los cesados y se les indemnizara por los días que habían dejado de trabajar; además que retirase a un tal Murray del frente de los Talleres de indianilla, por el mal trato que daba a los trabajadores.

El conflicto amenazaba estallar en varios pues el 24 en la noche, los tranviarios discutieron en asamblea, las demandas de empleados del departamento de Vía, precisándolos para darlos a conocer a la Cía. de Tranvías en un memorial. Estas demandas eran igualación de salarios a los que prestaban sus servicios en el mismo departamento; que ningún obrero fuese contratado para hacer trabajo a destajo y que la compañía cumpliera la parte del convenio pasado, que la obligaba a establecer un hospital para accidentes de trabajo. (79)

Por su parte el SME en una asamblea celebrada en la noche del 24 de febrero en la avenida de los Hombres Ilustres, votó una vez más a favor del movimiento de huelga, dando a conocer a su vez las causas que lo impulsaban a la lucha. Estas eran:

“Primero. Por no cubrir las vacantes que ocurran en los distintos departamentos de acuerdo con el escalafón, según convenio que firmó con este sindicato en el gobierno del Distrito Federal el 31 de diciembre de 1921. Casos, subsobrestante de Líneas Aéreas y de la planta de San Ildefonso.
“Segundo.- Por haber separado, injustificadamente del trabajo a veinte compañeros, rehusándose terminantemente a indemnizarlos, conforme lo previene la fracción XXI del artículo 123.

“Tercero.- Por exigir a nuestros compañeros que le presten servicios en sus distintas pertenencias, que le firmen contratos de trabajo, en los cuales los hace renunciar a los derechos que otorga la Constitución.

“Cuarto.-Por no querer internar a los compañeros que se accidenten en el trabajo, en sanatorios de primer orden, según lo especifica el convenio mencionado.

“Quinto.- Por no indemnizar a veinte compañeros que se han mutilado dedos, manos, brazos, orejas, piernas, etc.,etc., en el trabajo.

“Sexto.- Por no tener higienizados sus departamentos de trabajo.

“Séptimo.- Por no proporcionar toda la herramienta, conforme el convenio citado, para el desempeño de sus trabajos.”

“Octavo.- Por no poner el personal suficiente, en las cuadrillas de Líneas Aéreas, como lo prescribe el propio convenio.
“Noveno.- Por no querer presentar las bases prometidas en el convenio aludido, para el sueldo Estándar.

“Décimo.- Por no pagar al compañero Rosendo Rojas, su sueldo correspondiente como ayudante durante once meses, en el departamento de Subestaciones

“Decimoprimero.- Por no pagar a los compañeros Gabriel Hernández, Manuel Rojas y Silvestre Rangel, dos horas extraordinarias y tiempo doble, durante tres años, que las trabajaron en el Almacén del Patio del Valle,
“Duodécimo.- Por no pagar al compañero Bernabé Campuzano, la cantidad de $50.00, por diferencia de sueldo, desde el día 28 de marzo de 1921, hasta el día 31 de diciembre del mismo año, a razón de $1.25 diarios.
“Decimotercero.- Por no pagar al compañero Manuel Díaz, la cantidad de $50.00 por diferencia de sueldo, desde el día 28 de marzo de 1921, hasta el día 31 de diciembre del mismo año, a razón de $1.25 diarios.

“Decimocuarto.- Por exigir a los compañeros que le prestan servicios en las Líneas de Transmisión, trabajar diariamente más horas de las que reglamenta la Constitución, sin retribución, conforme a la misma.

“Decimoquinta.- Por negarse a nombrar sus representantes a la junta Permanente de Conciliación, en Necaxa, Pue., para que, conforme a la ley del Trabajo del Estado Libre y Soberano de Puebla, en su artículo X obre en el caso de la separación injustificada del trabajo, de cincuenta compañeros.”

En los días en que se anuncia la inminencia de la huelga de los electricista, el país atravesaba por una situación de calma política, pues a excepción de una rebelión local en Michoacán en contra del gobierno del general Mújica, y de un conflicto político en Puebla, en contra del gobernador José María Sánchez, el resto del país se encontraba tranquilo. Asimismo, aunque el 19 de febrero, la prensa consignó una rebelión militar en el norte que tenía ligas con el general Francisco Murguia esta aborto al capturarse a sus principales cabecillas; y el 24 de febrero se alz6 en armas el general Antonio Medina, en el estado de Puebla al mando de 21 hombres, estos alzamientos no eran importantes y además no significaban ningún peligro para el gobierno de Obregón. (80)

En estos días, el gobierno mexicano se encontraba en Pláticas con los representantes de las principales compañías petroleras para llegar a un arreglo para el pago del impuesto a la exportación de petróleo, En generar estas pláticas avanzaban como lo muestra indirecta mente el que las compañías pagasen por estos días alrededor de 5 millones de pesos que daban al fisco, por concepto de impuestos de producción 7: durante el mes de enero.

Sin embargo, de acuerdo a las información oficiales de los cónsules mexicanos en los E. U. , en ese país se había desatado una nueva campaña para hacer fracasar cualquier arreglo Por ejemplo, la oficina de petróleo de Washington, en inf9rmes a la Cámara “sobre el problema petrolero en los Estados Unidos”, habías señalado que el gobierno de los E.U. debía utilizar todos los medios necesarios para asegura se la producción petrolera presente y futura de México, y que no debía esperar que se res mentara el articulo 27, sino proceder como lo x4eauerran las circunstancias También los banqueros de Wall Street habían desatado una c pafia contra México, destinada a causar desconfianza entre los petroleros y banqueros que habían pactado arreglos con México: por ejemplo criticaban a Dohony “...por haber aceptado pago de los derechos de exportación, indican que no debería haberlo hecho, sin esperar a que la presión americana obligara al gobierno de México a derogar todas las leyes y decretos que los petroleros estiman atentatorio8 a 55 intereses t, Estos banqueros también habían sugerido al Secretario del Interior Albert Fall, hacer presión ante el gobierno de México para este firmara un tratado de amistad, en donde se les garantizara un trato de privilegio (82) Asimismo, el periódico “United Press” había afirmado que en Yucatán se había proclamado la república Soviet, y que una conspiración obligó a Obregón a trasladar a Veracruz su gobierno. Pese a esta intensa campaña, algunos sectores de la burguesía de los E.U. por intermedio de sus representantes políticos se pronunciaban por el reconocimiento de México —por los E.U. como fue el caso del representante por Texas en la Cámara de Representantes.(83)

Finalmente, estos arreglos con las compañías petroleras, concluyeron el 21 de febrero, al firmarse un convenio en el que se estipula que estos impuestos a la exportación serían cubiertos en oro nacional o en bonos de la deuda pública, recibiéndose estos, así como los cupones, vencidos o no, por el valor nominal de los propios bonos. Asimismo se estipulaba que las compañías petroleras podrían por una sola vez y respecto de lo adeudado hasta el enero, entregar a la Tesorería General de la nación, en vez de la deuda pública, su equivalente actual al promedio importe del valor nominal de dichos bonos.

Los peri6dicos de los E.U. como “The World” plantearon que la firma de este convenio constituía el primer paso para el reconocimiento de México, siendo el siguiente paso la negociación para el pago de la deuda exterior de nuestro país. (84)

De hecho esta situación favorable del gobierno de México en sus relaciones con el imperialismo norteamericano abarcarían el periodo de tiempo en que se da la movilización de los electricistas.

E1 mismo día en que el SME voto nuevamente a favor de la huelga, el gobierno del D.F. giró un oficio tanto al SME como a los tranviarios invitándolos para un reunión el 25, con el objeto de discutir las demandas hechas por ambas organizaciones. (85) Estas juntas conciliatorias que se prolongaron hasta el 1 de marzo no lograron ningún resultado positivo pues la Cía. de Luz se negaba a ceder en 4 puntos esenciales de las peticiones de los e1etricístas, a saber: indemnización de tres meses de sueldo a los obreros cesados; eliminación de ciertas cláusulas de los contratos de trabajo por las cuales se hacia renunciar de ciertos derechos que otorga la Constitución;. e indemnización por accidentes de trabajo y separación del señor Hausser. El único punto que había concedido la empresa era el referente a la instalación de un hospital en Necaxa,. rechazando los otros, “por considerarlo injusto para la empresa”.

Así las cosas, el 1 de marzo, habiendo declarado los representantes electricistas que no entrarían en transacciones “si no era a base de lo que tenían propuesto”, el gerente de la Cía. de Luz respondió a la junta , “que si no armonizaban sus intereses con los de la compañía, el se vería en la necesidad de no realizar siquiera el ofrecimiento que consta en el cuarto de los puntos –se refería a la instalación de un hospital en Necaxa– Esta actitud desafiante y arrogante del gerente de la Cía. de Luz provocó un profundo resentimiento en los trabajadores que se retiraron de las oficinas del gobernador Celestino Gasca, dando por terminadas las pláticas conciliatorias. Los representantes electricistas abandonaron las oficinas del gobierno del D.F. y se dirigieron al local del SME, donde informaron a la asamblea del resultado de las gestiones, habiendo acordado esta, decretar la huelga en 1a fecha fijada.

Ese mismo día, los tranviarios declararon que secundarían el movimiento de los electricistas y el sindicato de Panaderos, así como todos los sindicatos adheridos a la CGT acordaron prestar solidaridad tanto a los electricistas como a los tranviarios. Al parecer también se recibieron notificaciones de los sindicatos de Puebla, Hidalgo, México, Michoacán, Querétaro ,y Guanajuato, comunicándole al SME que secundarían la huelga si no se llegaba a un acuerdo satisfactorio.

E1 SME por su parte, ese día, dio a la prensa un comunicado en que explicaba el porqué de su movimiento de huelga. Este comunicado apareció el 2 de marzo y decía lo siguiente.”
“Fresca aun está. en la memoria, el último conflicto que sostuvieron los electricistas la Compañía de Luz y Fuerza Motriz, S.A. y del cual el público fue ampliamente informado cuando de nuevo surge el espectro aterrador de posibilidad de una huelga general ¿Quien tiene la culpa del conflicto? Antes de que esta lucha colosal entre el capital y el trabajo lleve a cabo, conviene hacer saber al gobierno y al público en general, el origen de dicho movimiento.”

“Es ya tradicional la paciencia con que los trabajadores de la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, S.A. han sabido esperar su mejoramiento. Dos meses hace poco más o menos, que la Compañía firmó un convenio con sus empleados ,y obreros. En dicho convenio se estipulaba que la Compañía daría tres meses de sueldo a empleados y obreros que fueran cesados de su trabajo sin causa justificada. La Compañía violó ese punto haciendo dimitir a quince obreros de las plantas de vapor de San Lázaro, Indianilla y Nonoalco, sin indemnización.”

La Compañía se comprometió a dar medios de transportación para los trabajadores de construcción;; esta cláusula no ha sido cumplida en todas sus partes.”

La compañía se comprometió a internar en Hospitales de primera clase a los obreros lesionados por accidentes en el trabajo; este punto no lo ha cumplido, dejándolo siempre pendiente en todos los casos que se le han presentado.”

“La compañía no ha cumplido con la cláusula, referente al escalafón, poniendo siempre pretextos o evasivas para señalar los candidatos, a los puestos vacantes.

“La compañía ha rehusado especificar, según dicho convenio, cuales son los trabajos.”

“Igualmente la compañía se ha negado a aumentar el número de trabajadores que componen las cuadrillas en los departamentos de Líneas Aéreas y Cables.”

“La compañía se ha concretado a dejar “pendiente” el caso de indemnización a los Compañeros accidentados”

“Una vez que los empleados y obreros de la Compañía de Luz y Fuerza Motriz, S.A. han sido engañados, no les queda más recurso que apelar a la huelga, si la Compañía no cumple con el convenio en el corto lapso de tiempo que le queda.”

“Como los proletariados saben muy bien que todos los gobiernos del mundo —exceptuando el de Rusia— son aliados del capitalismo, y como a conflictos anteriores que han tenido los electricistas con la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, S.A. los gobiernos pasados, para lograr la victoria del capitalismo y perpetuar la esclavitud económica de los hombres han querido atribuirles un carácter político los electricistas DECLARAN SOLEMNEMENTE ante la sociedad y el mundo civilizado, que su movimiento no abriga en si miras políticas; que tras este movimiento puramente económico social, no hay lideres políticos ni militares que puedan aprovecharse de la situación creada por una huelga.”

“Por otra parte, los proletariados que están ya empapados en la lucha de clases, no pueden esperar, mientras exista el sistema actual de explotación, que la burguesía los llegue a salvar; ni tampoco creen que sea justo y decoroso que permanezcan mudos en presencia del dolor el sufrimiento por el simple hecho de no querer ocasionar un malestar social, lanzándose a la, huelga.”

Por último los ELECTRICISTAS ANTICIPAN a la policía de la metr6poli que adopte una actitud recta y justa dentro del cumplimiento de su deber.”

“También se pone en conocimiento de los obreros libres y esquiroles, que el Sindicato Mexicano de Electricistas no será responsable de los ultrajes que pudieran sufrir por parte de aquellos que simpaticen con la huelga. Pues aunque reconoce la libertad en el trabajo, el principio de solidaridad esta más alto.”

SALUD Y REVOLUCION SOCIAL

EL COMITE PRO HUELGA (86)

Este desplegado del SME es bastante ilustrativo respecto a la conciencia alcanzada por sus miembros y dirección. Hecho en un momento de tensión, necesariamente refleja el cúmulo de experiencias y lecciones que el SME había asimilado en su corta historia.

Aparte del espacio que le dedican en el desplegado a dar a conocer las razones inmediatas de su movimiento y que se refieren a las violaciones que la empresa había cometido, una parte importante del mismo lo dedican a explicar políticamente su movimiento, en los términos siguientes:

Reconocen la lucha de clases y señalan que dentro del actual sistema de explotación capitalista no es a la burguesía a la que le corresponde remediar sus males, sino a ellos.

Tienen conciencia del carácter básico y de la importancia económica de la industria en que laboraban.

Identifican al gobierno aún cuando la alusión la pretendan disfrazar refiriéndose a lo pasado, como un aliado de la burguesía.

Dotan a su movimiento de un carácter exclusivamente económico, desligándolo de lo político.
Y finalmente reconocen, indirectamente, al hacer referencia a su paciencia, el carácter no radical con que conducían a sus movimientos y dentro del cual la huelga era el último “recurso”.

Durante el tiempo que duraron las juntas de avenencia hasta el rompimiento de las mismas por la actitud desafiante y arrogante de la Cía. de Luz, el ambiente obrero de la Capital atravesaba por un momento de gran tensión, debido a la represión de que fueron objeto los trabajadores del Sindicato de Chóferes a manos de la policía el 27 de febrero. Estos trabajadores habían declarado la huelga desde el 26 de febrero en protesta contra la tarifa-horario que el ayuntamiento de la Ciudad de México les había impuesto (87)

Esta movilización que había logrado el apoyo solidario de la Federación de Sindicatos Obreros del D.F. fue solucionado favorablemente el 1º de marzo (88), Un día antes de que los electricistas declararán la huelga y no es aventurado pensar que en esta pronta solución haya pesado la presión que significaba la inminencia de la huelga de los electricistas.
Todavía el 2 de marzo, día en que estallaría la huelga a las 12 de la noche, se intento solucionar el conflicto habiendo para tal efecto convocado el gobierno del D.F. a una reunión que se celebraría a las 10 de la mañana en el despacho de la Presidencia de la República.

En esta reunión donde los electricistas expusieron sus peticiones a Álvaro Obregón, con la intención de este, se pudo conseguir la conciliación de los intereses de ambas partes en la mayor parte de las demandas de los electricistas, aunque no se logro ningún resultado acerca de la indemnización de los señores Marín, José Bauch y Solsoma,; así como el punto que exigía la destitución del señor Hausser.

En lo que se refiere a las indemnizaciones y contratos. Estos últimos fueron aceptados por los trabajadores tal y como los planteaba la Cía. de Luz para obviar dificultades, aunque los consideraron anticonstitucionales. Esto fue debido a que se acordó pagar un mes de indemnización a los obreros cesados con más de cuatro meses de trabajo; dos meses de indemnización después de ocho meses de trabajo y tres meses de indemnización después de un año de firmado el contrato.

Las pláticas conciliatorias se reanudaron en la tarde, aún cuando sin lograr ningún acuerdo que diese por terminado el conflicto.
Por lo que la asamblea del SME nombro una comisión que comunico al gobernador del D.F. que las seis de la tarde se acercaban y después de ese tiempo sería imposible evitar la huelga.

Al fracasar este último intento conciliatorio, debido a la intransigencia de la Cía. de Luz, el gobernador Celestino Gasca, informo de los resultados al Presidente y le comunico que estaría en el local del SME “ para conocer la opinión exacta de las clases trabajadoras sobre las gestiones llevadas a cabo.”

Al parecer el gobernador Gasca, intentaba detener la huelga en el seno mismo de la asamblea de los Electricistas.
A eso de las 8 de la noche llego Gasca al salón de cesiones del SME, acompañado del general Rodríguez . En el salón de la asamblea, los representantes de la prensa ocupaban sitios junto a la mesa directiva. A su llegada, el gobernador fue recibido con cordialidad, continuando en el uso de la palabra varios oradores que interrogaron a la asamblea, preguntando si creían conveniente llevar a cabo la huelga decretada “dado que habían obtenido la mayor parte de las peticiones hechas a la Compañía de Luz y Fuerza Motriz.” La respuesta de la asamblea fue unánime: a la huelga, sino se separaba de su puesto a Hausser y se indemnizaba a Marin, Bauch y Solsoma; compañeros que “...a consecuencia de su constancia y desinterés en la lucha sindical, a últimas hora fue separado.”

Tanto Salvador Celis Gutiérrez, como Jorge V. Solsoma rindieron un detallado informe a la asamblea de los resultados obtenidos en las pláticas conciliatorias celebradas con el gobernador y el presidente de la República. A continuación Gasca pidió la palabra, expresando que las leyes eran producto de las necesidades y aspiraciones de los pueblos y que por tanto necesitaban forzosamente ser respetadas, planteando que estas leyes no habían podido ser reglamentadas “ y que por esta circunstancia se registraban estos contratiempos entre las entidades capital y trabajo”; que el gobierno había hecho todo lo posible para solucionar el conflicto y que si bien las últimas peticiones no fueron aceptadas por la Cía., de Luz, el pliego de peticiones si les había sido aceptado por la empresa; precisando a continuación “que los trabajadores al decretar la huelga, se colocaban frente al gobierno que conforme a lo prescrito en la Constitución General de la República, tiene que prestar amplias garantías a la empresa afectada, para que reanude desde luego los servicios interrumpidos. Y en esa forma procederá el gobierno, dijo el señor Gasca, porque con el presente movimiento se lesionan los servicios públicos.” Advirtiendo a continuación que era sobre el SME que recaían todas las responsabilidades de los acontecimientos que se registrasen a consecuencia de la huelga. Estas palabras fueron recibidas con descontento por la asamblea, agravándose cuando Celestino Gasca agregó, “que los obreros de mayor cultura (“las responsabilidades del individuo se miden por su cultura” dijo) de facilidades amplias de comprensión que dirigían el movimiento eran los mayormente responsables de los trastornos futuros. “No, no, no..prorrumpieron varias voces...” La asamblea también se exaltó cuando, al finalizar, Gasca dijo que haría respetar el derecho de concertación de contratos por parte de los “libres” o esquiroles.

Tanto Celis como Solsoma, al tomar la palabra para contestar al gobernador, reconocieron la “buena voluntad” de parte del gobierno, pero declararon , “.. abierta, categórica, terminantemente, que “la buena voluntad de los funcionarios, no basta, no ha bastado ni satisfacerá las aspiraciones y necesidades de las clases proletarias. Reconocer lo dicho en el gobierno, no implica, para el proletariado, que sus intereses estén garantizados. Por lo demás si las leyes deben respetarse, por ser producto de los pueblos, esa no es obligación tan solo de los trabajadores, sino de todas las compañías y de todo mundo. En consecuencia, ya que la constitución del 17 surgió como se dice de las aspiraciones y necesidades de las clases populares, debemos nosotros, por medio de la acción, la equidad y la justicia, hacerla respetar. Para ello, hay que declarar la huelga.” Otro orador afirmo: “Nosotros que fuimos llamados a ala lucha revolucionaria, no lo hicimos para formar malas leyes, sino para conquistar libertades, ¿Por qué, pues, hoy, a nombre de la ley, y olvidándose los derechos que la Constitución nos concede, se nos pretende hacer responsables de las consecuencias de este conflicto? .... la única responsable es la compañía.” En forma parecida hicieron uso de la palabra Salvador Celis Gutiérrez, Miguel Tapia, Enrique Ramírez, R. Balleza, Jenaro Gómez y otros. Sus palabras fueron sancionadas terminantemente por todos los integrantes de la asamblea.

El gobernador Celestino Gasca se disponía a salir, después de haber fracasado en su empeño de evitar la huelga, cuando la asamblea le pidió que permaneciese unos minutos más con el fin de enterarse cual era el sentir de los trabajadores.

Algún orador pronunció las siguientes palabras:

“Señor Gobernador, compañero Gasca: Declaramos públicamente, para conocimiento de la sociedad, que no hacemos huelga en contra del gobierno ni que, por lo tanto, abrigamos el propósito de enfrentarnos a él; nosotros reclamamos el respeto de nuestros derechos, dentro de la equidad y la justicia. Si el gobierno, por expresiones de ud. Ciudadano gobernador del Distrito, ha reconocido que en nuestras peticiones nos inspira un alto espíritu de justicia, nosotros afirmamos que de este grave conflicto, la única responsable es la Compañía de Luz y Fuerza, o sus representantes, que se han mostrado intransigentes. “Además se advirtió al gobernador, que de ninguna manera podía sentarse el precedente de que existía pugna entre uno y otro precepto constitucional, como se pretende al desconocerse derechos a los trabajadores y protegerse ampliamente a los industriales. Agregando por último, que en caso de agravarse la situación, el gobierno debía incautarse la compañía.

Al abandonar el gobernador el salón del SME la asamblea estalló en violentas y elocuentes frases a favor de la huelga, de la acción directa y de la incautación de la Cía. de Luz por el gobierno.

Finalmente, en medio del inmenso entusiasmo de los asambleístas, se nombraron las comisiones que en ese momento salieron del local a todas las plantas productoras de energía para indicar a sus compañeros que a las 12 de la noche deberían abandonar sus puestos por haberse decretado la huelga. A última hora, arribó una comisión de Necaxa, informando que sus compañeros estaban dispuestos a ir a la huelga a la hora señalada. (89)

Este movimiento de huelga del SME iba a ser secundado por los tranviarios que el días 2 de marzo, acordaron decretar la huelga a partir de las 12 de la noche. Sin embargo, el movimiento de los tranvías se interrumpió a eso de las 7 de la noche, por que la empresa, al enterarse de esta decisión comenzó a retirar los carros que estaban prestando servicio público.

Inmediatamente después de iniciada la huelga electricista, la inspección General de Policía dispuso que todas las plantas de Luz, energía o bombas fuesen vigiladas severamente a fin de evitar que fueran víctimas de algún atentado. Acordaron, además, redoblar la vigilancia a partir de las 12 de la noche con ordenes de detener a todo individuo que fuese sospechoso. (90)

Como a eso de la una de la mañana, un grupo de policías que hacía ronda por el rumbo de la Colonia San Rafael, detuvo a varios huelguistas que a bordo de automóviles y supuestamente conduciendo instrumentos, iban a cortar cables de Línea Elevada. Los huelguistas, sin oponer resistencia fueron conducidos a ala Inspección General de Policía, donde quedaron detenidos.
El gobernador del D.F. después de recibir los informes que le rindieron los empleados de la Inspección General de Policía, confirmando la detención de los 10 huelguistas, ordeno que por vía telefónica se citara a Celis Gutiérrez y al comité Pro-Huelga, “...con el objeto de celebrar con ellos una nueva conferencia, tendiente a evitar que se consumarán actos y violentos, durante el tiempo que durase el movimiento.”

Por su parte los electricistas de Necaxa, al decretarse el inicio de la huelga, procedieron a cortar la corriente eléctrica que surtía la capital, alcanzado a cortar 3 líneas conductores de 85 mil voltios, cada una y dos de 20 mil; sin embargo, una de ellas de 20 mil voltios, siguió funcionando debido a que tropas al mando del general Elizondo, impidieron a los trabajadores que abandonase sus centros de trabajo. Debido a esto, el servicio de luz no se interrumpió en el D.F., y solo las pequeñas industrias como Talleres de Zapaterías, Terneria Mecánica y 3 o 4 fábricas de hilados y tejidos sufrieron los efectos de la huelga. Las grandes industrias contaban con plantas propias. Se calcula que solo aproximadamente unos 600 obreros suspendieron su trabajo debido a huelga electricista. (91)

Apenas tuvo conocimiento el SME de la detención de los 10 compañeros, una comisión se presentó en las oficinas del gobernados, pidiendo la libertad de los detenidos. Se les contestó que los elementos más conscientes ya habían sido puestos en libertad, pero que con el resto no podía procederse en igual forma. Además se les comunicó a los huelguistas, que el gobierno estaba dispuesto a impartir amplias garantías a la propiedad de la empresa y a no permitir que se interrumpiera el servicio público.

Por su parte el Comité Pro-Huelga del SME se dirigió a la Inspección General de Policia, donde solicito credencial para las comisiones que se encargarían de resguardar los intereses de los trabajadores vigilando frente a las puertas de las diferentes planteas de energía eléctrica, para que la huelga no fuera rota por obreros “libres” o esquiroles.

La noticia de que el ejército había impedido que los trabajadores de Necaxa abandonarán sus trabajos produjo en el SME un profundo resentimiento, pues decían que al “....exigírseles diez días de plazo para decretar al movimiento se tuvo en cuenta la constitución general de la República, a la vez que los preceptos que se refieren al derecho de huelga que asiste a las clases laborantes... pero que, cuando el movimiento se decreto, entonces elásticamente se dió interpretación a la carta magna y a pretexto de atender un servicio público se ejerce violencia y presión en contra del proletariado, cuyos derechos, con tal procedimiento no son respetados.” Haciendo hincapié, además, los huelguistas, en que ningún precepto constitucional esta en pugna con otro, y que si el gobierno quería garantizar el servicio público, no se obligará a los obreros a trabajar a la fuerza, sino que se usarán de otros procedimientos pero ajustando siempre a la equidad.

Ese mismo día 3 de marzo, los integrantes del sindicato de tráfico dirigieron a la Cía de Tranvías y al Gobierno del D.F. una circular explicando que ellos no eran responsables de la suspensión del tráfico efectuado el 2 de marzo, sino la Cía de Tranvías; acordando además protestar enérgicamente por la detención de los electricistas, así como porque se les hiciese trabajar a fuerza de bayoneta a los trabajadores de Necaxa.

En esta misma asamblea, en que la Comisión que entrevisto a Gasca, rindió un informe de sus gestiones, se propuso que se organizará una manifestación de protesta para pedir públicamente al gobernador del D.F. la libertad de los electricistas detenidos. Sin embargo, la asamblea en forma unánime manifestó su inconformidad “...aduciendo que los electricistas no querían valerse de esas manifestaciones que no conducen a nada favorable, y si de otros procedimientos dignos de la clase libertaría, o sea la productora.”

Cuando más animada estaba la asamblea de Uruguay, se presento el Secretario General de la Federación de Sindicatos de Hilados y Tejidos del D.F., manifestando su apoyo al movimiento y diciendo que lo secundaría. A su vez, el Sindicato de Obreros Panaderos del D.F., a través de su secretario General Manuel Ponce de León, testimonio una vez más su apoyo a los electricistas y anuncio que al día siguiente celebraría una magna asamblea para tratar lo relativo a inmediata secundación de la huelga. Lo mismo dijo la unión de molineros de Trigo y Similares, a través de su representante Leonardo Hernández. Por su parte la Federación de Tranviarios declaró nuevamente que hacía suyo el movimiento de los electricistas.
Así mismo en esta asamblea se produjeron incendiarios discursos abogando por la incautación de la Cía. de Luz y Tranvías.

A eso de las 8 de la noche, el presidente Álvaro Obregón ordeno que se llamará al comité Pro-Huelga del SME al castillo de Chapultepec, a fin de celebrar una conferencia. El comité acepto de inmediato, “...causa por la cual las asambleas reunidas en la avenida Uruguay y la de los Hombres Ilustres, se constituyeron en cesión permanente.

Esta comisión conferencio con Obregón durante varias horas informándole de las causas que los habían impulsado a la huelga. Esta comisión declaro poco después en el asamblea permanente que se celebraba en la avenida de los Hombres Ilustres que “...el señor Presidente de la República reconoció que los obreros habían obtenido cosas que, consideradas desde todo punto de vista, eran excesivas.” Exhortándolos a reconsiderar su situación, “...y de una vez por todas declararan si consentían en que nombraran un arbitro, para ver si la compañía de Luz y Fuerza estaba o no en lo justo, al no conceder las indemnizaciones reclamadas para los obreros Marín y Bauch.”

La asamblea del SME se opuso a la proposición de Obregón, considerando que la Constitución determinaba que no podían establecerse tribunales de excepción para dictas fallos y el arbitraje se consideraba como tribunal de excepción. Finalmente, Salvador Celis Gutiérrez, que presidía la asamblea preguntó a esta si continuaba la huelga, a lo que esta repuso afirmativamente. (92)

El viernes 3 de marzo en la madrugada, la policía detuvo a varios huelguistas que intentaban cortar los cables conductores de energía eléctrica. Fueron detenidos unos por los llanos que se encontraban al lado del Hospital General, otros en las inmediaciones de la Planta de Nonoalco y un solitario en la Planta situada en la esquina de las calles de San Juan de Dios y Recabado. Sin embargo, un grupo de huelguistas logró cortar los cables en un punto llamado “primavera” por el rumbo de la Condesa Como este cable conducía energía eléctrica de Nonoalco a Xochimilco, para mover las bombas que surten de agua a la ciudad de México, inmediatamente el servicio de agua potable se suspendió.

Al enterarse de esto, el gobernador del D. F. “dispuso que un pelotón de gendarmes de la Montada salieran a proteger a un grupo de electricistas adictos a la Compañía para que procediera a hacer la reparación del cable cortado y de esta manera se reanudara el servicio de agua.”Sin embargo, al presentarse los esquiroles a reparar el cable cortado, los huelguistas se opusieron terminantemente, teniendo que retirarse los esquiroles; y quedando solo un destacamento de la Montada para evitar nuevos daños.

Por su parte La jefatura de la Guarnición de la Plaza puso a disposición de la Inspección General de policía a 200 individuos de tropa, para que se encargaran de hacer guardia en las comisarías, para que así la policía pudiese intervenir en caso de desordenes. (93)

Debido a que tanto las autoridades militares como la policía continuaban apresando huelguistas, el SME se dirigió al gobernador del D. F. protestando por estas represalias. “tanto más cuanto que las leyes precisan que a los trabajadores se les reconoce el derecho de huelga.” Como esas gestiones resultaron infructuosas, el 4 de marzo, más de 2,000 obreros tranviarios y electricistas realizaron una manifestación de protesta, que recorrió la avenida Uruguay, Indianilla, Bucareli, avenida Juárez, Madero, 5 de febrero, hasta regresar a Uruguay. Ahí, frente al edificio sindical de la CGT, realizaron un mitin, en el que varios lideres criticaron severamente a los industriales y comentaron la actitud asumida por el gobierno. Los oradores que hablaron desde los balcones de la CGT “manifestaron que antes de celebrar una ridícula y tendenciosa transacción con los industriales, o sea con la Compañía de Luz y Fuera, se debería recurrir desde luego a la acción directa, al sabotaje, y, si las autoridades militares continúan obligando a los obreros a trabajar por la fuerza, no obstante de que se les ha reconocido el derecho de huelga, entonces se hace necesario defender en otra forma los derechos de las clases proletarias ultrajadas.”

En realidad, esta era una concepción de métodos de lucha de la CGT. La del SME como lo demuestra su inicial rechaza a esta manifestación, así como la descripción que hemos hecho de sus principales movilizaciones, era precisamente la que repudiaba esta posición sostenida por los tranviarios, la transacción.

Ese día en que se realizó la manifestación, el sindicato de Obreros Panaderos decretó la huelga, y el consejo de la Federación Local de la CGT determinó que todos los sindicatos decretasen la huelga desde luego.

Las agrupaciones que habían resuelto seguir la suerte que pudiera correr el SME eran: la Federación de Hilados y Tejidos del D.F. y del Estado de México, la Unión de Molineros de Nixtamal y Similares, el sindicato de Empleados y Obreros de la Cía. Telefónica y Telegráfica Mexicana, el sindicato de Tráfico de talleres de la Cía. de Tranvías y otros. El sindicato de Chóferes no acepto la invitación hecha por los panaderos para secundar el movimiento, pues pertenecía a la federación de Sindicatos Obreros del D.F., que era una filial de la CROM.
Ese día continuaron los trabajos iniciados el 3 de marzo, tendientes a lograr la unificación de tranviarios y electricistas, acordándose en la asamblea nombrar dos comisiones: una para que prestase la ayuda necesaria al comité pro-huelga de los electricistas y otra, para que con dicho comité y en asamblea plenaria tratase lo relativo a la unificación de los gremios.

Ese día, la policía frustro otro intento de cortar los cables de energía eléctrica, que se encontraban por el rumbo de Tepexpan.

Las plantas de luz que habían estado vigiladas por policías, a partir del 4 de marzo comenzaron a serlo por tropas Federales. En las plantas de indianilla, Nonoalco, San Lazaro y San Juan de Dios, además del destacamento federal había 2 ametralladoras en cada una de ellas. Asimismo en la inspección general de policía dispuso que dos camiones con tropa federal de la que tenía a sus ordenes, se presentara para escoltar a las cuadrillas de trabajadores que iban a reparar los desperfectos en las líneas, así como para el cambio de los carbones en los focos de arco. Donde esta manera a la una de la tarde del 4 de marzo, se reanudó el servicio de agua para la ciudad, al ser reparados los cables de 20,000 volteos que habían sido cortados en “ la primavera”; y para evitar que fueran cortados nuevamente, 200 hombres repartidos en camiones vigilaban las zonas por donde pasaban estos cables.

En la noche de ese día, el sindicato de panaderos reunido en la asamblea en las calles de Netzahualcoyotl, propuso y organizo una manifestación, que en numero de 1000 salió de su local hasta llegar a la Avenida e Uruguay, siguiendo hasta el edificio de la CGT. Los manifestantes portando el estandarte rojo y negro expresaban su descontento y gritaban mueran a la burguesía. En el trayecto se les unieron los tranviarios que se encontraban reunidos en la Avenida de Uruguay # 23, continuando la manifestación por las calles de San Juan de Letran dando vuelta por la Avenida Juárez, hasta llegar frente al edificio del gobierno del D. F. ahí un líder llamado “Laurito” arengó a los manifestantes, “aconsejándoles firmeza y energía para llegar hasta el triunfo o la derrota, pero siempre ejerciendo la acción directa.”

Mientras todo esto ocurría, los representantes del SME continuaban conferenciando con el gobernador del D.F. habiendo llegado al acuerdo de que los obreros cesados, Marin y Bauch, recibirían un mes de sueldo como indemnización(94), mientras que el caso pasaba a un Tribunal para que este dictaminara si dichos trabajadores eran responsables de las calumnias que emanaron del Sr. Hausser. Llegado a este acuerdo, el gobernador pidió que se suspendiera la conferencia a fin de que el convenio a que habían llegado fuera requisitado mediante las firmas del gerente de la Cía. de Luz y de los miembros del Comité Pro-Huelga, además de él; acordándose reanudar las pláticas a las 12 de la noche para firmar el convenio.

Los representantes electricistas se mostraban complacidos de los resultados obtenidos y declararon que el conflicto podía considerarse solucionado, pero que mientras no se firmara el convenio y fueran puestos e libertad sus compañeros, la huelga continuaría agregándosele otros gremios.
La detención de los huelguistas electricistas se había convertido en un serio problema, pues sus compañeros, exasperados, habían resuelto obtener su autonomía, si era necesario hasta por medios violentos. Esto no ocurrió, pues apenas firmado el convenio, los huelguistas detenidos fueron puestos en libertad..

Apenas se firmó el convenio, los electricistas entraron a trabajar nuevamente y a reparar los cables rotos durante los días que duró la huelga. Horas después de solucionado el conflicto, el comité Pro-Huelga giró circulares telegráficas a los operarios de Necaxa, informándoles que se había llegado a un acuerdo favorable, pues todas las peticiones formuladas habían sido aceptadas por la Cía. de Luz.

De los resultados obtenidos el SME informó en una asamblea celebrada el 5 de marzo en la mañana.
Entre los trabajadores del D. F. se comentó ampliamente el triunfo obtenido por los electricista, recibiendo telegramas de las divisiones en las que se les felicitaba, precisándole, además, que debía hacer cuantas gestiones estuvieran a su alcance para que el nuevo convenio se cumpliera en todas sus partes y no sucediese lo mismo que con el convenio del 31 de diciembre de3 1921. Por su parte, la CGT manifestó que estaría pendiente, vigilando que la Cía. de Luz cumpliese lo preceptuado en el convenio. (95)

Sin embargo, la Cía. de Luz, no se había percatado todavía de la fuerza que había tomado el SME, pues un alto empleado de la empresa resolvió reponer en su puesto al Sr. Hausser, en su carácter de jefe del departamento de Conexiones. Ante esto, los trabajadores de Conexiones cortaron de inmediato la energía eléctrica, en la mañana del 6 de marzo y provocaron que la ciudad quedara sin agua potable algunas horas. Con esta medida de presión, ante el gobernador, obteniendo que el Sr. Hausser no tuviera ya ninguna injerencia en dicho departamento. (96)

Así como el convenio de 1920 significó el despertar de l SME nuevamente a la vida sindical y su reconocimiento de hecho ante la Cía. de Luz, y el convenio de 1921 había significado la reconquista , mediante la lucha, mediante le convenio de 1917, además de la conquista de nievas cláusulas que garantizaban derechos económicos y laborales; el convenio de 1922 , logrado a través de una huelga, sin contar con el apoyo de una parte del movimiento obrero de la capital (CROM) y bajo la presión de la bota militar, significó la defensa de estos derechos conquistados.
No consiguió ningún derecho nuevo a los trabajadores—aun cuando el punto 3 del convenio, aun como punto de transacción podría considerarse como tal.—pero si afirmó la voluntad de los electricistas organizados en el SME por defender sus conquistas.

LA CGT Y EL SME, DOS SINDICALISMOS DIFERENTES.

Son evidentes las diferencias observadas entre el tipo de sindicalismo practicado por el SME y el de los Tranviarios. Pertenecientes de hecho a una misma empresa y existiendo una intima relación entre los agremiados de ambas agrupaciones, existía pese a todo esto una radical diferencia en la concepción de su lucha sindical, así como en los métodos y formas de acción empleados para lograr sus objetivos.

En tanto los Tranviarios, acorde con su ideología anarcosindicalista, de una manera nebulosa concebían la lucha sindical como un procedimiento para alcanzar la aspiración suprema del “comunismo libertario” y la “plena emancipación de los obreros y campesinos”, el SME restringía la lucha sindical a una función cuyo objetivo era meramente alcanzar el mejoramiento de los trabajadores, respaldando y apoyando sus luchas en el artículo 123 constitucional. Tanto la movilización de 1921, como la u de marzo de 1922, son muestras palpables de esta posición del SME.
Recordemos, por ejemplo, la asamblea del 30 de diciembre de 1921, en donde los electricistas declaran explícitamente que sus peticiones están respaldadas en le contenido del art. 123 así como la respuesta de los principales dirigentes del SME al discurso del gobernador, que amenazaba con detener la huelga de marzo de 1922.

Naturalmente, que a partir de concepciones tan opuestas de la función de la lucha sindical se derivaban métodos y formas de lucha diferentes. Así, en tanto los tranviarios planteaban la solución de sus conflictos a través de la huelga misma—como una forma de ejercer su llamada “acción directa” – hecho a partir del cual aceptaban o rechazaban un proceso de negociación de sus principales demandas, el SME por el contrario prefería seguir un lento proceso de negociación, al final de los cuales una vez agotado este camino, se planteaban la huelga.

Pero aun más. En la medida en que los tranviarios concebían la lucha sindical como una forma a través de la cual alcanzar la nebulosidad e su “comunismo libertario”, en sus movilizaciones descuidaban o le conferían un lugar secundario a las cuestiones particulares que habían generado esas movilizaciones. Recordemos por ejemplo, como en la discusión acerca de si se aceptaba la lucha por los contratos colectivos en el Congreso que dio origen a la CGT, un orador manifestaba “¿Qué nos importa a nosotros el contrato colectivo, cuando nuestro objeto esencial, fundamental, uno es el todo”.Este ejemplo nos ayuda a comprender como en la ideología anarconsindicalista, en aras de objetivos poco definidos, se olvidaban o despreciaban todas aquellas cuestiones programáticas que señalaban el camino y el ritmo por medio del cual se podía avanzar en el logro de ese objetivo.

Por lo demás, aunque estos problemas no destacan en las movilizaciones de los tranviarios pues se trataban de luchas defensivas, es evidente la falta de un programa que contemplase demandas laborales. Simplemente no las había y esto porque entre el objetivo final y los problemas particulares que los empujaban a la movilización no se contemplaban los pasos necesarios para avanzar hacia ellos.

Al contrario de los tranviarios, el SME en la medida que confería a la lucha sindical la función de servir como instrumento para lograr el mejoramiento económico y social de los trabajadores, sus movilizaciones iban apoyadas en una serie de puntos reivindicativos, ya conquistados o que pretendían conquistar. Esto no solamente posibilitaba la negociación de sus demandas, sino que también permitía avanzar objetivamente en sus condiciones laborales, como lo muestran las conquistas del convenio de 1921, que iban más allá de lo planteado por el artículo 123 de la Constitución.
Que la lucha del SME quedaba limitada a una lucha puramente económica y reivindicativa era obvio. Pero el SME por si mismo no podía avanzar más allá. Hacía falta una dirección política proletaria que, a partir de sus propias movilizaciones e intereses particulares, hiciera avanzar al proletariado hacia el logro de su interés histórico, y el socialismo. Pero en México esa dirección, y el Partido Comunista Mexicano que se la confirió, objetivamente no cumplió con ella.

La movilización de diciembre de 1921 y la huelga de 1922 no solo posibilito al SME la conquista de nuevos derechos laborales, no solo consiguió que estos se elevarán por encima de la constitución, sino que también reafirmó en el SME una serie de principios con los cuales había emergido al régimen bonapartista de Obregón, y que eran resultado de sus experiencias previas a partir de la huelga de 1916. Me refiero a su principio de no participación en política.

El 17 de marzo de 1922, pocos días después de la huelga, en una asamblea de el SME una asambleísta “...indicando las dificultades que presentan las huelgas...” propuso “...la unificación con la Federación de Sindicatos a base de miras políticas.” Obviamente se refería a la CROM. (97)

La respuesta escueta, consignada en el libro de actas del SME, de esa asamblea fue” se acordó que el sindicato no tome participación alguna en política.” Sin embargo, esta respuesta escueta reflejaba toda una convicción de los electricistas, cuyo punto de afirmación eran las movilizaciones dadas en 1921, pero fundamentalmente la huelga de 1922.

Encerraba no solo la asimilación de su experiencia huelguista; sino también las consecuencias ya patentes en estos años, a las que conducían un sindicalismo atado a los designios del Estado, sin independencia política y orgánica.

Este principio cumplía un doble propósito.- por una parte evitar que sus movilizaciones fuesen interpretadas como movimientos cuya finalidad fuera crear conflictos políticos al gobierno de Obregón; y por otro lado, y esto fue lo principal, garantizar la independencia de los electricistas, para decidir por si mismos sobre sus asuntos internos y sus intereses económicos.

Así como las movilizaciones del SME en 1920 la de diciembre de 1921 y la huelga de marzo de 1922 nos brinda la enseñanza de que las principales conquistas del sindicato han sido ganadas a través de la movilización y a lucha.

Estas mismas movilizaciones nos brindan una serie de lecciones que en la situación actual cobran actualidad, dada la situación de despertar del sindicato. Me refiero al problema de las alianzas y de los apoyos que todo sindicato tiene que entablar para sacar adelante su movimiento.
Este problema, ha sido menospreciado o simplemente ignorado debido en buena parte a la autosuficiencia con que nuestro sindicato ha actuado en su pasada y reciente historia. Así, el problema de la necesidad de buscar apoyo y solidaridad en el resto de la clase, ha sido minimizado o bien reducido a un simple formulismo y limitado exclusivamente a las organizaciones controladas por el aparato charro. Esta actitud ha tendido a aislarnos del resto de los trabajadores, y ha generado la falsa idea de que para sacar adelante nuestras demandas nos bastamos nosotros solos.

En este sentido, las movilizaciones de 1920 pero en mayor medida la de diciembre de 1921 y la huelga de marzo de 1922, nos muestran que las cosas no han funcionado así. La enseñanza más valiosa que nos brindan es que las conquistas y los avances que en materia económica y laboral ha obtenido el SME no han estado al margen de una situación de avance y movilización en el resto del movimiento obrero.

Así por ejemplo, la reincorporación del SME a la lucha obrera en 1920, así como el abandono de su letargo y desorganización, difícilmente se hubiera dado, si no hubiera contado a su favor el apoyo objetivo que le brindaban las luchas obreras de estos años, así como el apoyo concreto que le brindó los tranviarios. Es decir, las conquistas del SME siempre han dependido del grado de movilización, apoyo y solidaridad, es decir, las conquistas del SME siempre han dependido del grado de movilización, apoyo y solidaridad, es decir de unidad que se ha alcanzado en el resto de la clase trabajadora, y nunca se han dado al margen de estas luchas.

LA CGT Y EL FRACASO DE UNA DIRECCIÓN EQUIVOCADA

Ya habíamos dicho como las movilizaciones de las organizaciones obreras pertenecientes a la CGT y concretamente los tranviarios, presionaban al gobierno de Obregón a buscar una solución arbitral y conciliadora a los conflictos obreros en 1921; para esto contaron a su favor, con una situación nacional de crisis que tendía a inclinar al gobierno a esta posición por su propia conveniencia. Además vimos, como para la solución de estos conflictos, había contado también la disposición de los tranviarios a negociar sus demandas.
Sin embargo, los tranviarios llevaban ya en su seno la semilla de su derrota. Este destino se derivaba de su concepción ideológica, y se manifestaría por la política intransigente y negada a cualquier negociación en sus siguientes movilizaciones.
Así, de una posición favorable a la negociación, que les había permitido aprovechar las condiciones favorables nacionales en 1921, los tranviarios en 1922 y 1923 pasarían a una posición intransigente y negada a cualquier negociación. Plantearían la solución de sus conflictos en términos del todo o nada; y apoyarían esta actitud en posiciones exclusivamente de fuerza, rayando a veces en posiciones francamente provocadoras.

Como vimos, esta política de la CGT y los tranviarios en la conducción de sus movimientos derivaba de su ideología anarcosindicalista; que los orillaba a plantear la solución de sus conflictos en términos de posiciones de fuerza exclusivamente, y sin un previo análisis del nivel de correlación de fuerzas en el que objetivamente se ubicaban sus conflictos.

Pero también esta posición de los tranviarios en 1922 y 1923, fue el resultado de la asimilación de sus experiencias previas; en las cuales la empresa sistemáticamente se había negado a cumplir los compromisos establecidos en los convenios. Significaba una desilusión de la táctica de negociación y transacción, por el incumplimiento de la Cía. de Tranvías.

Era obvio que este desconocimiento reiterado por parte de la Cía. de Tranvías, no podía menos que fortalecer la línea dentro de la CGT y los tranviarios que, como quedo manifiesto en la manifestación del 4 de marzo de 1921; estaban por una actitud intransigente y provocadora. Las huelgas de junio de 1922 y la de enero de 1923, son los hechos que lo demuestran.

LA QUIEBRA DE LA HUELGA DE 1923 DE LOS TRANVIARIOS.

A comienzos de enero de 1923 se comienza a generar la decisiva huelga de los tranviarios, cuyo final sería la represión de esta por parte del gobierno de Obregón y un golpe mortal a la organización obrera que era la CGT, y cuyo principal pilar era la Federación de Obreros y empleados de Tranvías.

El inicio de este conflicto iba a ser generado por la Cía. de Tranvías de México S.A., quien un mes antes había anunciado, que por exceso de personal, había tomado el acuerdo de separar a un 10% de los trabajadores; apoyando esta decisión en la Constitución que le facultaba, decía, a separar a los trabajadores que no le fueran necesarios para cubrir sus servicios.

Esta decisión de la empresa provocó descontento en todo el gremio de tranviarios, que en asamblea acordaron rechazar esta medida, por considerarla injusta. El despido de tres operarios de gran antigüedad, generó mayor descontento, por lo que los tranviarios, al fracasar en sus gestiones para que fueran repuestos en sus empleos, acordaron dar 10 días de plazo a la Cía. de Tranvías para solucionar el conflicto o de lo contrario irían a la huelga. De esta decisión los tranviarios dieron aviso al gobernador del D.F. (48)

Al enterarse de este conflicto, el gobernador Celestino Gasca citó a una junta a ambas partes, la cual no pudo efectuarse por no haber asistido los tranviarios. En las juntas posteriores no se pudo llegar a ningún arreglo tanto porque ambas partes no cedían en sus pretensiones, como porque el gerente general de la Cía. de Tranvías se encontraba enfermo. (49)

Debido al estancamiento de las juntas conciliatorias, por la enfermedad de Mr. Conway, la declaración de Tranviarios acordó decretar un paro parcial el 13 de enero de los obreros de Talleres y Reparaciones; habiendo pesado también en esta decisión el que no se perdiera el plazo constitucional fijado, así como la fuerza que habían ganado con la declaratoria de huelga(5O). Sin embargo, dado que el estado de los tranvías era defectuoso, la sola declaración de huelga motivó que el conflicto se agrandase, pues cada vez eran menos los carros que podían prestar servicios.

Sobre esta declaratoria de huelga parcial, las juntas de aveniencia continuaban, sin que se pudiera llegar a ningún acuerdo. Los tranviarios exigían además de los 3 meses de indemnización marcados por la Constitución, y que la Cía. de Tranvías aceptaba dar, un mes de indemnización por cada año de servicio de los cesados. Este punto los tranviarios lo apoyaban en la cláusula 31 del convenio celebrado entre la Cia. de Luz y el SME el 31 de diciembre de 1921. Demandaban también el pago de jornal al personal que había dejado de trabajar por estar descompuestos los carros. (51)

Para el 20 de enero, la huelga de tranviarios se había generalizado, al sumarse a esta el sindicato de Tráfico (52)

Por su parte las organizaciones de la CGT acordaron secundar la huelga de los tranviarios por solidaridad. El SME en asamblea, había votado el apoyo moral a los huelguistas, acordando comunicar esta decisión a la CGT, a la Federación de Tranviarios y al gobierno del D.F.; y solo en caso de suspensión de las pláticas discutiría la forma de prestarles ayuda solidaria. (53)

Los camioneros acordaron prestar la ayuda económica de $2,500 diarios (54) y la Federación Social de Campesinos de Puebla y Tlaxcala que agrupaba a 150 pueblos, dirigió comunicaciones a la CGT y a Obregón, apoyando a los tranviarios. (55)

Al momento de generalizarse la huelga en todo el gremio de los tranviarios, la situación política del país, atravesaba por un momento de gran calma, pues tanto los movimientos rebeldes, como las presiones imperialista habían menguado considerablemente. Sobre los movimientos rebeldes, por ejemplo, el 19 de enero la Secretaría de Guerra anunció que solo había 3 gavillas en toda la República: la de Carlos Green en Tabasco, la de Mario Ferrer en Oaxaca y la Lindoro Hernández en Puebla.

Esta disminución de los movimientos rebeldes, se explica porque aproximadamente un mes antes, el gobierno de 0bregón decretó una Ley de Amnistia cuyos efectos terminaban el 21 de enero, dando como resultado que una gran cantidad de jefes rebeldes depusieran sus armas.

Esta fuerte disminución de los movimientos rebeldes naturalmente que venía a agregar elementos de tranquilidad y estabilidad al gobierno Obregonista; aunque no significara la desaparición de estas tendencias separatistas, que se manifestarían en forma fuerte en la rebelión de finales de 1923, en donde más de 1/3 de los generales en servicio y más de la mitad de la tropa, se alzaron en contra del intento de Obregón por imponer a Calles como candidato a la Presidencia de la República. ( 56)

Por el lado de las presiones imperialistas, estas habían menguado bastante, a raíz del convenio de junio de 1922 entre el gobierno de México y el Comité Internacional de Banqueros para el pago de la deuda exterior de México.

El desenlace final de estas negociaciones serían las grandes concesiones que el gobierno de Obregón hizo al imperialismo a través delos Tratados de Bucareli firmados a principios de agosto de 1923, y su reconocimiento por el gobierno de los E.U. a finales del mismo mes.

De hecho por estos días, el único acontecimiento que vino a perturbar la situación de calma política por las que atravezaba el país, fueron las protestas que a nivel nacional realizaron una serie de organizaciones católicas como la de los Caballeros de Colón, Los Jóvenes Católicos, la Unión Popular, la Unión de Damas Católicas y otras, ante la expulsión del enviado apostólico de Roma, Monseñor Emesto Filippi, por una serie de actos que encabezó y que contravenían lo dispuesto en la Constitución sobre la libertad de cultos.

Estas protestas se dieron a nivel nacional y atrás de ellas se encontraban las tendencias que buscaban organizarse políticamente para defender sus intereses económicos en el campo y contra la Constitución. Sin embargo, estas protestas no prosperaron por la firmeza del gobierno de Obregón, por el apoyo que encontró dentro de su mismo gobierno, y por el apoyo que le brindaron las masas obreras, que se manifestaron en contra de este clericalismo.

En resumen, la situación de calma política y de mengua en las presiones imperialistas hacía que estas no pesaran en la configuración de la política de Obregón hacia la movilización de los tranviarios; por lo menos en el sentido de orillarlo a buscar una salida conciliatoria y favorable a los intereses obreros. Más bien esta política se estructuró en base misma de la correlación de fuerzas de los sectores de clase en pugna, así como de la política desarrollada por los lideres de la CROM en este conflicto.

Dado que las juntas de aveniencia no prosperaban, el gobernador del D.F. propuso a ambas partes, que el conflicto pasara al arbitraje del presidente Obregón. Así, el 23 de enero, los huelguistas acompañados por Celestino Gasca solicitaron una audiencia presidencial manifestándoles Alvaro Obregón que estudiaría sus demandas “...con el fin de ver en que forma el Ejecutivo puede intervenir para hacer cesar el conflicto.”

Sobre esta entrevista, los huelguistas informaron que: ““Luego de escucharnos, el señor Presidente, nos ofreció que hablaría con el gerente Mr. R.G,R. Conway, y trataría de convencerlo para que cediera en algo a las Peticiones que le hemos formulado; pero que del mismo modo pedía a los obreros retiraran de ese pliego lo que no fuera justo ni estuviera dentro de la ley, pues que si él, el general Obregón, se había mostrado siempre amigo de los obreros, también su carácter lo obligaba a ser respetuoso de la justicia y de la ley””. (57)

De esta manera, el 24 de enero el presidente Obregón celebró varias pláticas con Mr, Conway, en el curso de las cuales este último mostró la documentación sobre el estado económico de la Cía. de Tranvías y ratifico que fuera de la indemnización de 3 meses a c/u de los cesados, la empresa no estaba dispuesta a ceder en las restantes demandas. El 25 de enero se volvieron a reunir Alvaro Obregón y los tranviarios, dándoles a conocer la resolución de la Cía. de Tranvías. Sin embargo no se llegaba a ningún acuerdo, pues ambas partes se mostraban intransigentes. Después de esta junta, al parecer se suspendieron las pláticas, habiendo declarado el C. de Huelga el 26 de enero que “...nada han hecho, ni harán si la Compañía no cede a las peticiones que han presentado..”(58)

A la par de este proceso de negociación, se había venido generando y profundizando un descontento en el seno de los tranviarios en contra del comité de huelga. De hecho, como quedo manifiesto desde la asamblea del 13 de enero, en donde se discutió la generalización de la huelga, el sindicato de Tráfico se había opuesto a ella.” (59)

Sobre estos sectores de trabajadores descontentos con la huelga, opero la política divisionista de la Cía. de Tranvías, y para el 24 de enero los periódicos dieron la noticia que un grupo de obreros tranviarios había comenzado a trabajar en una de las líneas de Sta. María. Ese mismo día el comité de vigilancia de los huelguistas se encontró a una cuadrilla trabajando por el rumbo de “Puente de Piedra”, quienes al verlos huyeron despavoridos. Igualmente un grupo de 15 obreros del departamento de Reparaciones se encontraba trabajando en Nonoalco, (60)

Tanto la prolongación de la huelga, así como el que no se avizorara a corto plazo una solución a esta comenzó a generar descontento en el seno de los tranviarios, que hacían propaganda para retornar al trabajo. “El Demócrata” dio la noticia, por ejemplo, que para el 26 de enero algunos trabajadores manifestaban su desesperación por la crítica situación en que se encontraban. (61)

Esta situación de descontento y desesperación fue aprovechada por los lideres de la CROM que comenzaron a realizar una Política divisionista en el seno de los tranviarios, con el claro propósito de que los trabajadores desconocieran al comité de huelga y así escindir a la Federación de Tranviarios.

La primera manifestación de esta política fue el manifiesto que un grupo de tranviarios dio a la luz pública el 26 de enero, en el cual exigían dar por terminado el conflicto, culpando al comité de huelga “...de no obrar con la rapidez y la energía necesarios” y acusándolos de no premeditar las consecuencias y resultados de. la huelga. (62).

Ese mismo día este grupo de tranviarios descontentos, que era minoritario, acordó citar a una asamblea en el Teatro Principal, para destituir al comité ejecutivo y designar otro comité de huelga. Uno de los firmantes de este manifiesto declaró lo que de hecho había llevado a la escisión en el seno de los tranviarios, afirmó: “Creemos firmemente que si la solución de la huelga estuviera en manos más capaces, y de elementos que antepusieran los intereses de todos los trabajadores a su interés personal y a un malentendido odio al capital, ya esto estaría terminado hace muchos días.” (63)

Este grupo de tranviarios escisionistas apoyaban, sin embargo, sus declaraciones en hechos ciertos. Sus declaraciones traslucían la falta de sensibilidad de la dirección de los tranviarios, ante la crítica situación económica en que estos se encontraban; pues no se presentaba ninguna opción que tendiera a la solución del conflicto, y esto en momentos en que era ya del dominio público este descontento y cual sería el desenlace final del mismo.

Pero también estas declaraciones de uno de los firmantes del manifiesto, indirectamente señalaba la posición a que conducían los planteamientos tácticos de la CGT. En aras de el nebuloso ideal del “comunismo libertario” y del medio para llegar a este objetivo, la acción directa, cada conflicto era concebido como un trampolín para acercarse a este; sin plantearse tanto las formas como el programa que tendiera a acercarlos o los hiciera avanzar hacia este propósito; y descuidando o ignorando tanto las razones específicas que habían generado esa movilización, como la situación de la base en el desarrollo de esta.

Así, el 27 de enero, apoyada por la policía que fue llamada para contener los intentos de impedirla por parte de los huelguistas, se celebró la asamblea en el Teatro Principal, en el cual el grupo de tranviarios descontentos desconoció públicamente al comité ejecutivo y al de huelga y procedió a nombrar otro. Su paso inmediato fue entrar rápidamente en arreglos con la Cía. de Tranvías y ese mismo día en la noche se firmó un convenio que daba por terminado el conflicto. (64)

El 29 de enero, Obregón, manifestando públicamente su apoyo a la naciente Unión Sindicalista de Empleados y Obreros de Tranvías, dirigió a esta el siguiente telegrama:

““...Ejecutivo a mí cargo, lamenta sinceramente incidente que ha surgido entre trabajadores y la Compañía de Tranvías, pero considero que intransigencia extremada de directores que ustedes han rechazado hacía imposible cualquier esperanza avenimiento, y el propio ejecutivo formula votos porque logren mejor inteligencia con empresa a que sirven, estando misma disposición prestar su apoyo en todos aquellos casos en que obreros libres limiten sus pretensiones a lo que sea lógico y moral. Afectuosamente Presidente República, Álvaro Obregón.””

La respuesta de la Unión Sindicalista de empleados y Obreros de Tranvías, nos revela de manera indirecta, el resultado a que conducía esta dirección equivocada de los tranviarios. Contestó la Unión a Obregón: “nos satisface que el señor Presidente haya reconocido a los malos elementos que nos llevaron al fracaso de la pasada huelga, y a todas las anteriores, pues parecía que esos elementos estaban vendidos a nuestros enemigos, para hacernos perder todas las huelgas que habíamos iniciado.” (65)

Como el acuerdo a que había llegado la Unión Sindicalista de Empleados y Obreros de Tranvías, obligaba a entrar a laborar de inmediato, la posición inicial de los huelguistas de la Federación fue evitar que los tranviarios de la “Unión” lo hicieran. Para esto reforzaron los piquetes de vigilancia con obreros hilanderos, de “El Palacio de Hierro” y telefonistas. Posteriormente, en una asamblea efectuada el 30 de enero, la Federación de Tranviarios acordó designar nuevo comité ejecutivo y de huelga para que entrara en arreglos con la empresa; manifestando su mejor disposición de tratar con el gerente Mr. Conway, para resolver el conflicto.

En esta misma asamblea se acordó nombrar delegados que salieran a los estados de la República a solicitar de las organizaciones obreras su apoyo a la huelga, declarando un paro general.

Ese mismo día, las organizaciones obreras de la CGT se declararon en huelga en solidaridad con los tranviarios que continuaban en huelga, y el SME, por medio de su secretario general Felipe Bustos, envió un telegrama al gerente de la Cía. de Tranvías, apoyando las peticiones de los huelguistas y planteando que de no solucionarse el conflicto, el SME tomaría medidas más enérgicas. (66) Asimismo, otras organizaciones obreras del D.F. como los ganaderos hicieron pública su decisión de secundar la huelga en apoyo de los huelguistas.

La Federación de Tranviarios, en respuesta y como protesta por el apoyo brindado por Obregón a la “Unión”, el 31 de enero realizaron una manifestación en la que participaron aproximadamente 2,000 obreros, y en cuyo desarrollo se pronunciaron violentos discursos en contra de las autoridades por su política obrera partidista, denunciando a Morones y a Gasca, como dos autores intelectuales de la división de los tranviarios.

En esta manifestación, el Senador y director de “El Demócrata” Alessio Robles, se pronunció a favor de los huelguistas, atacando también a Morones y su grupo. (67)

La fuerza que los huelguistas tranviarios habían venido perdiendo ante la falta de una opción que los arrancara de la situación de impasse en que se encontraban antes del 28 de enero, en que no se avisoraba una solución al conflicto, comenzó a recuperarse a partir de la escisión de los tranviarios que formaron la Unión Sindicalista. Ya mostramos como esto se redujo en un fortalecimiento de los huelguistas por el apoyo de las organizaciones obreras la CGT. La manifestación fué el punto culminante de este fortalecimiento, y esto se observa claramente en el cambio de orientación de el periódico “El Demócrata”, que a través de un redactor favorable a los divisionistas, había venido atacando y desprestigiando a los que se mantenían en huelga. A su vez, el envío de delegados tranviarios a los estados de la República también comenzó a surtir efecto, pues para el 1 de febrero, obreros hilanderos y tranviarios de Toluca, habían declarado que estaban dispuestos a secundar la huelga. Por su parte el SME, cumpliendo con un acuerdo de asamblea, el 31 de enero se entrevisto con el Presidente Obregón, poniendo en conocimiento de este, “la disposición en que estaban de prestar su ayuda moral a los huelguistas.”

Todos estos apoyos conducían al fortalecimiento de los huelguistas. Pero este fortalecimiento era relativo y transitorio, pues en contra obraba no solamente la división existente, sino también el apoyo de un sector del gobierno encabezado por Obregón, y apoyado por los lideres de la CROM, a favor de la Unión Sindicalista; y era transitorio, pues la fuerza que los huelguistas habían adquirido por el apoyo brindado, solo podía resultar eficaz en la medida en que se buscara con rapidez la negociación.

Como ya mostramos, la escisión de los tranviarios orilló a los huelguistas a cambiar su comité ejecutivo y de huelga con el propósito de buscar la negociación con la empresa; lo que de hecho significaba la rectificación de la política intransigente que la dirección anterior había sostenido.

Sin embargo, una provocación que surtió efectos en estos momentos culminantes, echaría por tierra esta posibilidad, y daría pie a la buscada represión de la huelga. por parte del gobierno de Obregón.

Los hechos ocurrieron así. El 1 de febrero, encontrándose los huelguistas en asamblea, y en un momento en que el comité de huelga había salido a tratar de conferenciar con Obregón sobre las demandas planteadas, un trabajador no identificado, arguyendo que la única manera de impedir que la huelga se debilitara era impedir la salida de trenes de la Cía. de Tranvías, propuso impedir a toda costa y por cualquier medio la salida de estos. La asamblea que en esos momentos se encontraba con los ánimos caldeados fue presa de esta provocación y se lanzo a la calle a tratar de impedir la circulación de los tranvías; dando origen este hecho a un zafarrancho y enfrentamiento con los gendarmes que custodiaban los trenes. El resultado final de estos hechos violentos fue la ocupación del local de la CGT por el ejército y el encarcelamiento de decenas de huelguistas.

Este hecho marco la derrota del movimiento huelga, pues los huelguistas se vieron también en la imposibilidad de reunirse, ante la amenaza del gobierno de clausurar el local donde lo hicieran. Sin embargo, la intervención favorable del Secretario de Hacienda, Adolfo de la Huerta, consiguió que los huelguistas apresados fueran liberados; así como que la empresa se comprometiera a dar amplias garantías y a garantizar que sus derechos como empleados de la Cía. de Tranvías quedaban en pie.

Los acontecimientos posteriores serían un forcejeo entre la Cía. de Tranvías y la Federación de Tranviarios, debido a la posición de la empresa de no aceptar el reingreso de algunos obreros que habían participado en la huelga.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho, pues el resultado de este movimiento no solo significó la derrota del movimiento de huelga y el fracaso de una dirección falta de una política exitosa; sino también un golpe mortal a la CGT por la escisión de los tranviarios, que constituían el pilar más fuerte de esta central obrera.

Asimismo, este hecho marcó el fortalecimiento de la política represiva del gobierno hacia el movimiento obrero independiente y su inclinación a favor de los intereses de la burguesía. Esto quedaría plenamente de manifiesto en 1925, en las declaraciones que el líder de la Federación de Sindicatos Obreros del D.F. hizo a la prensa y por medio de las cuales, la CROM mostraba su virtual dependencia a los intereses de la burguesía nativa y del imperialismo.

EPILOGO Y PUNTO DE PARTIDA

Sabido es que en la medida en que las direcciones bonapartistas surgen como una tercera -fuerza arbitral, ante una situación de equilibrio catastrófico de clases sociales en pugna, tienen por tanto un carácter transitorio. “Subsisten como tales mientras subsista el equilibrio de fuerzas entre las clases contendientes Roto el equilibrio por el fortalecimiento de una de las clases en pugna, la direcci6n bonapartista deja de serlo, y bien se pone al servicio de la clase más fuerte, bien es derribada por ella.” (1)

Pues bien, en el México postrevolucionario ese equilibrio de fuerzas, del cual habían emergido las clases sociales en pugna en la Revolución Mexicana, comenzó a romperse por el lado del surgimiento y fortalecimiento de “una nueva burguesía, ligada a los restos, a los hacendados, pero que tiene su fuente original de capitales en el propio presupuesto estatal.”

Esta nueva burguesía, en el proceso mismo de su fortalecimiento se iría apoderando cada vez más del control estatal en su propio beneficio. De tal manera que para finales del maximato “...era la burguesía la que controlaba los aparatos del poder, aprovechando el nexo del Estado con los sindicatos y organismos campesinos, para tratar de impedir toda lucha de las masas incluso en defensa de posiciones ya conquistadas.” (2)

“Así, en la relación del Estado con el movimiento obrero a través de la CROM cuyo líder, Morones, era ministro- las concesiones a los Obreros eran cada vez menos, hasta anularse del todo, y las medidas represivas eran cada vez más” (3)
En este sentido, la represión a la huelga de los tranviarios en 1923, marca el fortalecimiento de esta política del gobierno hacia el movimiento obrero independiente, y señala el inicio de la cada vez mayor inclinación del régimen bonapartista a favor de los intereses de la burguesía. No solo por el golpe mortal que .se le asesta a los tranviarios y con ellos a la CGT, –por ser estos uno de sus pilares centrales, y por el papel jugado por esta central 0brera en las movilizaciones de 1921– sino también porque el papel jugado por la CROM en este conflicto, mostraba el grado a que había negado en su supeditación a los intereses de la burguesía y del imperialismo, así como su dependencia real hacia el Estado.

Las consecuencias que en el SME tendría el fortalecimiento de esta política represiva del gobierno de Obregón hacia el movimiento obrero independiente serian varías.

Por un lado, como ya vimos, la asimilación de. sus experiencias huelguistas a lo largo de éstos años, hasta 1922 se tradujo en el fortalecimiento de las principales características con las que había emergido al obregonismo, a saber: repliegue a una concepción que entendía la lucha sindical como una forma de lograr el mejoramiento económico y social de los trabajadores, respaldándose para esto en el contenido del Art. 123; concepción de la lucha sindical de la cual derivaban sus métodos y formas de lucha, caracterizados por un rechazo de métodos radicales, y prefiriendo seguir en sus conflictos un proceso de negociación y arreglo de filas principales demandas; fortalecimiento del .Principio de no participación en política, e independencia de cualquier organización obrera COmo un camino por el cual se garantizaban el poder decidir por si mismos, sobre sus propios intereses económicos.

Esta peculiar conformación del SME –que se mantendría en sus rasgos principales hasta comienzos de la década de los 30– descansaría en lo que seria otro elemento de la estructura del SME: su tradición de vida democrática

En efecto, a lo largo de estos años, el SME descanso y baso su funcionamiento interno en una acentuada vida democrática, a través del mecanismo de asambleas periódicas y regulares

De hecho estas asambleas generales, constituían la máxima autoridad dentro del SME. Se celebraban ordinariamente cada 7 días, y en ellas se discutían todos los asuntos que atañían al sindicato; desde la lectura y respuesta a toda la correspondencia dirigida al sindicato, pasando por las relaciones sostenidas con otras organizaciones obreras, con autoridades del gobierno, hasta la discusión y toma de decisiones sobre problemas con la empresa. Es decir, en estas asambleas se ventilaban democráticamente absolutamente todos los asuntos y cuestiones que interesaran y tuvieran que ver con el SME. Siendo la Asamblea general, el órgano encargado de resolver y decidir en cada uno de estos aspectos.

Esta forma de funcionamiento y de vida democrática era llevada a tales extremos, que a veces en estas discusiones de asamblea se ventilaban asuntos deportivos, como si por ejemplo se le daba o no ayuda a trabajadores del SME para que sostuvieran un equipo de béisbol.

Naturalmente que este tipo de funcionamiento democrático, basado en asambleas generales, era correcto y operante, porque el SME en esos años todavía no era el gigantesco sindicato que es hoy día.

A este respecto, aunque no poseemos datos -precisos, sobre como se dio el crecimiento numérico del SME, algunos indicios nos permite afirmar que para 1927, el numero de agremiados en el D.F. no pasaba de los 300 trabajadores. A partir de 1929, el numero de agremiados aumenta sustancialmente debido al convenio celebrado ese año, que impedía que los trabajadores “libres” tuvieran derecho a las prerrogativas de los trabajadores sindicalizados; y para 1934 se calcula en 1746 el total de trabajadores sindicalizados y de planta en el SME y un número indeterminado de provisionales.

Obviamente para un numero tan pequeño de trabajadores, las asambleas generales constituían un mecanismo operante y ágil de funcionamiento democrático, pues su regularidad y el escaso numero de agremiados, permitía la participación de todos ellos en la toma de decisiones

Esta tradición de vida democrática –que en el SME viene desde 1914– jugaría un papel central en la vida del sindicato, a lo largo de estos años. Así, aunque inicialmente lo que permitió al sindicato garantizar la permanencia y continuidad de su vida democrática, fue su enmarcamiento al tipo de sindicalismo ya descrito, esta tradición de vida democrática, junto con su combinación con las características sindicales del SME, jugaría un papel central en la lucha por garantizar su independencia orgánica respecto del Estado y la CROM.

Asimismo, la combinación de estos elementos de su estructura sindical, y el mayor o menor peso que la vida sindical le dio a cada uno de ellos, determino las diversas fases por las que atravesó el SME respecto del Estado, la CROM y la Cía. de Luz. Posiciones que iban desde francos acercamientos y conciliación, hasta posiciones de rechazo y rebeldía, pasando por otras de dialogo y conciliación.

Aunque aparentemente esta tesis choca con la afirmación anterior, tal apariencia se desvanece si observamos que en realidad estos vaivenes no eran mas que el resultado natural del carácter contradictorio de los elementos que conformaban la estructura del SME en estos años

En efecto, difícilmente podían conciliarse elementos tales como un funcionamiento democrático con una concepción que entendía la lucha sindical como un lento proceso de negociación y transacción de sus principales demandas, sin recurrir a medidas radicales. Obviamente, esto tenía que chocar con una vida democrática, donde era norma discutir todos los problemas del SME, y donde al calor de la discusión y del bate se planteaba recurrir a medidas radical,; como la huelga.

Sin embargo, el fortalecimiento de la política represiva de los gobiernos posrevolucionarios tendría repercusiones y consecuencias más profundas en la vida del SME. En efecto, la continuidad de estas condiciones políticas desfavorables para el desarrollo del movimiento obrero, así como la inexistencia de un centro político proletario que abriera perspectivas para el avance, crearía las condiciones necesarias en el SME para el florecimiento en ciertos de la base y con ello el ascenso en lucha con la corriente sindical reformista, de una posición y corriente ideológica, que se plantearía la colaboración con el capital –supeditando los intereses de los trabajadores a los de la empresa– concebiría de acuerdo a esto la relación entre el capital y el trabajo como una relación armónica; y plantearía la educación y al cooperativismo como la panacea para la liberación de los trabajadores.

Representantes destacados de la posición sindical serian por ejemplo Salvador Celis Gutiérrez, Ernesto Velasco y Felipe Bustos pese a sus inconsecuencias. Representantes de la posición pequeño burguesa fueron a nivel de ejemplo Luis R. Ochoa, Francisco de Celis Vértiz, Magdiel Romero, Ernesto Lozano, etc,

La base social de la posición sindical reformista se hallaría, como lo indican algunos indicios, fundamentalmente en sectores de trabajadores obreros, que en la realidad de su trabajo sufrían y vivían cotidianamente la lucha entre el capital y el trabajo, y que por instinto de clase rechazaban las opiniones que les presentaban los dirigentes que pretendían cubrir con un manto de paz y armonía el carácter antagónico de esta relación y pretendían salidas utópicas al problema de la liberación de los trabajadores.

Es decir, la posición sindical reformista, encontraba apoyo constante en estos sectores trabajadores, que ante la falta de un centro político proletario y un programa obrero que orientase sus luchas, por instinto de clase acertaban a definir de que lado estaban sus intereses, y que ante los embates de la empresa y la difícil etapa por la que atravesaban comprendieron que era necesario sostener esta posición.

Por su parte, la base social de la corriente pequeño burguesa, se encontraba en todos aquellos trabajadores de nivel medio y de oficinas que ante la falta de una perspectiva que los ganase al campo de las ideas proletarias tendían a acercarse ideológicamente a las posiciones pequeño burguesas y se encontraban identificados con los portavoces utópicos, que pregonaban sin descaro el carácter armónico de las relaciones capital-trabajo y la educación y el cooperativismo como la panacea proletaria.

Esta corriente ideológica pequeño burguesa, cuya primera manifestación evidente se encuentra en 1925 en las paginas de la revista “Electra” que era sostenida por la Cía. de Luz y Tranvías, y cuyo órgano de expresión y difusión de sus ideas seria la revista “LUX”, se desarrollaría en lucha constante con la corriente sindicalista, hasta aproximadamente 1932 en que merced a la agudización de la lucha de clases en el sector eléctrico, el ascenso de la lucha de masas a nivel nacional y junto con ella, la llegada al poder de la tendencia nacionalista revolucionaria que Lázaro Cárdenas encabezaba, asciende a la dirección del SME una corriente ideológica que basándose en una concepción marxista de la sociedad plantearía la relación entre el capital y el trabajo como antagónica; explicaría la situación de explotación del obrero como un hecho intrínseco de la sociedad capitalista –derivado de la propiedad privada de los medios de producción– y plantearía al Socialismo como el interés histórico de los trabajadores.

Así pues, la contradicción establecida entre estas dos tendencias ideológicas y sindicales en el seno del SME, concluye con el ascenso a la dirección del SME de una corriente revolucionaria y proletaria, cuyas principales portavoces y dirigentes fueron Breña Alvirez, Espinoza Casanova, Paulin Ortiz, etc. Concluye pues con el rebasamiento de la posición sindical reformista y el rompimiento con la corriente pequeño burguesa.

Falta sin embargo, señalar un aspecto de la mayor importancia para entender y comprender la vida del SME a lo largo de estos años. Un hecho histórico que particularmente hoy cobra una actualidad innegable. Me refiero a la incansable y tesonera lucha que nuestro sindicato libro para conquistar la UNIDAD de todos los trabajadores electricistas del país.

Aunque es cierto que el acentuamiento de una política desfavorable al movimiento obrero limo y condiciono el surgimiento en el SME de posiciones pequeño burguesas y propatronales, no destruyo por completo la tradición revolucionaria de un sindicato que ha jugado y jugara un papel central en la lucha de clases en nuestro país. Menguada y limada, esta tradición democrática y revolucionaría del SME sería impulsada por la corriente sindical reformista –que en este sentido dejo de serlo– que aún con visos de burocratización e inconsecuencias continuaría y superaría una tarea revolucionaria que el SME había iniciado en 1914: LA UNIDAD ELECTRICISTA.

En efecto, apenas recién formado el SME, a partir de 1916 habría de iniciar una incansable lucha por unificar democráticamente a los trabajadores electricistas del país. Esta labor altamente revolucionaria la reemprendería después del intervalo carrancista, con mayores bríos en la década de los 20, culminando esta tarea en 1925, al organizar la Confederación Nacional de Electricistas y Similares, que para 1932 abarcaba a todos los electricistas del país; y terminaría en 1934, cuando el SME se escinde y abandona la CNES debido a una incomprensión que se dio en el seno de esta organización acerca de la estructura sindical que debía tener lo que ya para entonces adquiría las características de un sindicato nacional de industria.

ANEXO

RECORDANDO LA HISTORIA DE NUESTRA ORGANIZACION.
Por Francisco de Celis Vertiz.

“Allá por el año de 1908, un grupo de entusiastas camaradas llenos de energía, de ideas libertarias por excelencia empezaron a buscar la manera de agruparse con el fin de hallar el mejoramiento colectivo, tanto moral como material....Se llevaron a cabo las primeras juntas en la casa de los compañeros Rafael y Silvestre Sánchez, antiguos obreros de la Cía. Mexicana de Gas y Luz Eléctrica Limitada, y que vivían en la calle de “La Nana” (actualmente segunda de San Juan de Dios) y que esta precisamente frente a la subestación de Tranvías denominada “La Nana”, pero llegó el momento en que ya no había el espacio suficiente para contener a la cantidad de concurrentes y hubo necesidad de reunirse en distintos lugares, para lograr formar las primeras “asambleas”, pero como desgraciadamente nunca faltan traidores, fueron delatados dichos compañeros ante la Gerencia de la Cía. Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, S.A. la cual después de separar a varios amonestar a otros para que desistieran de sus propósitos... aquellos compañeros tuvieron que ser prudentes y esperar mejores tiempos, dejando transcurrir dos años más, renaciendo el rescoldo de aquella idea en 1910, en que se reanudaron por segunda vez las actividades presindícales con mayores bríos, tacto y sigilo, para no fracasar como la primera vez. Persistiendo como de costumbre, con la propaganda, hubo varias juntas preliminares, siempre “ a reunir un núcleo como de doscientos, respetable numero para batallar en buena lid. Hubo varis reuniones en el “Centro de Dependientes” situado en la 3ª. De Tacuba, y con motivo de no despertar sospechas, se le dio el cariz a la incipiente Agrupación de “Mutualista”, pero naturalmente con el fin preconcebido de convertirla en “Sindicato Mexicano de Electricista”, a medida que el tiempo fuera propicio, pero desgraciadamente como de costumbre predomino “la ley del más fuere”; se le da todo género de informes a la Cía. Y separa a un puñado de compañeros entre los que salieron Morones, Leduc, Frutos, Moreno y otros que sería largo enumera, recibiendo el resto que quedaban trabajando, estas palabras a secas por los señores Fiske (ingeniero en jefe) y Foley (jefe de personal): “o sociedad o trabajo”, palabra que tenía que ser contestada en el perentorio plazo de ocho horas... Y... tuvieron que inclinar la cerviz, aunque con una íntima esperanza pues debemos recordar que se iniciaba ya la Revolución Maderista!

“A mediados del año de 1914, se intenta por tercera vez trabajar sobre el mismo plano.., y después de varias juntas, como siempre ais1adas, pero ya el ambiente era más favorable, --por que la Revolución también en el lapso de tiempo que había transcurrido, demostró que las fuerzas que clamara las masas oprimidas, -no pueden ser contenidas aun por las barreras más gigantescas e imaginarias, y sin embargo -nunca se abandono el plan de ataque y se tuvo que formar la agrupación con “el barniz” de Mutualista, aceptando el ofrecimiento del Ing. -Salvador Domenzain...para efectuar las reuniones en su casa habitación en la antigua “Colonia de El Buen Tono”; Ahí se efectuaron varias reuniones que sirvieron para dar los primeros pasos “en firme”, y so pretexto de no caber en el lugar antes indicado se citó para un domingo a una reunión máxima en la Sub-estación de “La Nana” (el día 13 de diciembre de 1914)”

“Efectivamente concurrieron más de los que se habían previamente citado, al grado de tener que juntarse en la azotea del edificio, al aire libre...Serian como las once de la mañana y los citados (alrededor de trescientos) estaban ahí puntuales, encontrándose entre los más destacados, los siguientes compañeros:...Luis R. Ochoa, Luis Harris, Ernesto Velasco, Carlos de la Peña Gil, Antonio Arceo, Carlos Butt, Leduc, Tresarie, Enrique Sánchez, Revilla, Rosales de la Vega Domínguez, etc....pero todos estaban unificados en un solo criterio; declarar de una vez por todas, la virilidad que se debería desarrollar ante tan tremendo problema, a trueque de admitir todo lo que pudiera sobrevenir al tomar esta resoluci6n definitiva. Invitaron a todos los presentes a formar una hilera alrededor de la azotea, y con toda claridad les fue expuesto que no estaban dispuestos a seguir siendo destrozados como en ocasiones anteriores, debiendo ser lo suficientemente hombres, para conseguir lo que tanto anhelaban, y con toda franqueza en esa reuni6n se deberían “correr telones” y arrancar “caretas” y los que estuvieran de acuerdo en que se formara el “Sindicato de Electricistas” dieran un paso al frente, y los que no, permanecieran en sus lugares, y como movidos por un resorte, todos sin excepción avanzaron al centro gritando: ¡Sindicato de Electricistas!...”

En seguida se procedió a cambiar impresiones y se acordó pedir al Departamento del Trabajo, cuyas oficinas estaban entonces en la Escuela de Minería (calle de Tacuba), facilidades para verificar nuestras asambleas preliminares y organizarnos en debida forma, nombrándose al efecto una Comisión portadora de una comunicación con la que se dio por terminada la primera Asamblea Constitutiva del Sindicato.”

“El lunes siguiente cumplió’ la comisión su misión por la mañana entrevistando al compañero José Colado, Jefe en aquel entonces del antes citado Departamento, quien con toda gentileza los felicitó por la determinación tomada, asegurando para la naciente Agrupación un completo éxito y larga Vida; dado que era un grupo homogéneo.”

“..tuvimos la primera Asamblea general el LUNES 14 DE DICIEMBRE DE 1914, en el edificio de la Escuela de Minería ( calle de Tacuba)nombrándose una comisión para empezar a hacer “inscripciones”, estampando cada uno de sus miembros su firma en un “libro de registro”; la segunda asamblea se verificó el jueves 17 del mismo mes; nombrándose el PRIMER COMITE para regir los destinos de la reciente agrupación.”

Tomado de la revista “LUX”, Diciembre. 1939.
EL CUARTELEZO. Por José Calvillo.

- “Viva tendencia del elemento trabajador hacia su organización sindical caldeaba el ambiente nacional en 1914.”

“El Capitalismo llego a sentirse conturbado “La Gerencia de la Cía. de Luz trato de prevenir el golpe. El señor Graham Fulton planeo la fundación de una “eficiente” sociedad mutualista, y así lo comunicó a sus altos empleados, acordando que, para exponer tal proyecto, se convocara al personal. La junta tuvo lugar el 9 de diciembre en San Juan de Letran 5 y la presidió Salvador Domenzain asesorado por Jefes de Departamento, entre quienes había varios sindicalistas.”

“La exposición del proyecto no tuvo ninguna resonancia en pro. Aunque el ambiente era de represión; Sin embargo, se atrevieron a pedir la palabra en contra los compañeros Francisco Orta, Rafael de Ávila y José Rosales de la Vega.”

“La sala permaneció en actitud expectante. Rosales definió la tendencia orientada del obrerismo; la organización clásica del trabajador, en acuerdo con el capitalismo...”

“Comparo estos principios y esta ideología con las tendencias del mutualismo que, cuando es mal alimentado no responde a su raquítica finalidad y, en todo caso, no dignifica el trabajo, que es ley de la sociedad y de la vida, ni decide de una justa y racional economía.” “Expreso que no era tiempo de tanteos, puesto que, aun los obreros se hallaban en pie de Organización sindical, Presentó una proposición a la que no se le dio entrada. Después de esto se pidió la firma de los presentes...Ninguno firmo y empezó a despejarse la Sala.”

“Fueron designados luego, en la Comisión de Estatutos para Sociedad Mutualista, los compañeros Arceo, Ochoa, Velasco, Rosales de la Vega, Leduc, Carlos de la Peña Gil, Enrique Guzmán y Roberto Pérez.”

“Estos compañeros se citaron el viernes 12 diciembre en las azoteas de la planta de “La Nana” y allí’ dieron un cambio de frente.”
Tomado de la revista “LUX”. Diciembre. 1939

ANEXO 2
EL CUARTELAZO. Por José Calvillo.
“Viva tendencia del elemento trabajador ha­cia su organización sindical caldeaba el ambi­ente nacional en 1914.”

“El Capitalismo llego a sentirse conturbado “La Gerencia de la Cía. de Luz trato de prevenir el golpe. El señor Graham Fulton planeo la fundación de una “eficiente” sociedad mutualista, y así lo comunicó a sus altos empleados ,acordando que, para exponer tal proyecto, se convocara al personal. La junta tuvo lugar el 9 de diciembre en San Juan de Letran 5 y la presidió Salvador Domenzain asesorado por Jefes de Departamento, entre quienes había varios sindicalistas.”

“La exposición del proyecto no tuvo ninguna resonancia en pro. Aunque el ambiente era de represión; Sin embargo, se atrevieron a pedir la palabra en contra los compañeros Francisco Orta, Rafael de Ávila y José Rosales de la Vega.”

“La sala permaneció en actitud expectante. Rosales definió la tendencia orientada del obrerismo; la organización clásica del trabajador, en acuerdo con el capitalismo...”

“Comparo estos principios y esta ideología con las tendencias del mutualismo que, cuando es mal alimentado no responde a su raquítica finalidad y, en todo caso, no dignifica el trabajo, que es ley de la sociedad y de la vida, ni decide de una justa y racional economía.” “Expreso que no era tiempo de tanteos, puesto que, aun los obreros se hallaban en pie de Organización sindical, Presentó una proposición a la que no se le dio entrada. Después de esto se pidió la firma de los presentes...Ninguno firmo y empezó a despejarse la Sala.”

“Fueron designados luego, en la Comisión de Estatutos para Sociedad Mutualista, los compañeros Arceo, Ochoa, Velasco, Rosales de la Vega, Leduc, Carlos de la Peña Gil, Enrique Guzmán y Roberto Pérez.”

“Estos compañeros se citaron el viernes 12 diciembre en las azoteas de la planta de “La Nana” y allí’ dieron un cambio de frente.”
Tomado de la revista “LUX”. Diciembre. 1939

ANEXO
ANECDOTARIO SINDICAL. UN PASO AL FRENTE Y UNA PROFECÍA QUE SE CUMPLE.
Por Francisco de Celis V.
“Uno a uno, íbamos llegando “los conjurados”, procurando pasar inadvertidos por las gentes que transitaban por aquellos barrios de dudosa fama en aquel entonces.”
“Con cautelosa manera formábamos corrillos, procurando hablar en voz baja y sin ser vistos desde la calle, pero, eso si, unos a otros nos “identificábamos” sin reserva alguna “por si las dudas”, pues había por aquel tiempo, unos policías secretos de la Cía., conocidos como “la mano negra”.

“...los más connotados nos explicaron la situación: aviase ya dado cuenta la empresa de las primeras manifestaciones de la gestación de la rebeldía que cundía entre sus trabajadores, por mejorar su situación y con soberbia inaudita les planteaba el siguiente dilema a escoger “O SOCIEDAD O TRABAJO”

¡¡¡Compañeros!!!... los hemos citado con el fin de organizar una “sociedad”, si pero de un nuevo tipo, una sociedad de RESISTENCIA que seria más que “mutualista”... una sociedad de resistencia que llamaremos “SINDICATO”, para presentar ante la compañía de luz nuestro “pliego de peticiones.”
“...Pero...es necesario unirnos primero; organizarnos en debida forma, para tener un cuerpo directivo de nuestros primeros trabajos.... el peligro acecha y ya saben la consigna de la Cía. ...”solo hay DOS SOPAS” a elegir : O SOCIE­DAD O TRABAJO...no queremos obligar a nadie en ésta aventura, sino que, con toda libertad, y consultando antes con su conciencia decidan... fórmense en una fila y a la voz de ...¡¡¡ UN PASO AL FRENTE!!! saldrán de esa fila los compañeros que estén dispuestos a todo...¡¡¡porque...SINDICATO y no otra”Sociedad” saldrá de aquí en adelante!!!”

“Los que por razones muy personales no deseen seguirnos, pueden quedarse en su lugar con la seguridad de que no serán obligados a nada.”

“Todos instintivamente, volvimos la vista hacia atrás, para ver quien o quienes se habían quedado sin dar el paso al frente, pero con gran satisfacción, vimos que todos, absolutamente todos, habíamos avanzado un paso adelante..”
Tomado de la revista”LUX” Noviembre. 1956.

LA CREACION DEL SME: LAS HUELGAS DE 1915 y 1916, NARRADAS POR SU PRINCIPAL PROTAGONISTA.
Ernesto Velasco.
A principios de 1914, época de intensa revolución armada y social y de grande apremio para las diversas facciones que estuvieron en el poder, nos llegó a los trabajadores de “línea elevada” unos volantes impresos remitidos por los camaradas tranviarios, quienes acababan de llevar a cabo un movimiento de huelga respaldados militarmente por el entonces Gobernador del Distrito, General Heriberto Jara, que tuvo su desenlace con la incautación por el Gobierno de la Compañía de Tranvías de México, S.A. y en cuyo respaldo confiaba, invitándonos a formar una sola agrupación, incluyendo diversas sanciones para quienes no aceptaron En esos días estábamos, a invitación del extinto compañero Salvador Domenzain, reuniéndonos en su domicilio, para ultimar la formación de una Sociedad de carácter mutualista. Naturalmente ese genero de asociaciones no estaba de acuerdo con la situación ni menos con el volante de marras, y hubimos de cambiar el rumbo para intervenir en la lucha sindical que se estaba generalizando debido a los esfuerzos de los miembros de la “Casa del Obrero Mundial”. Convenciendo Domenzain de las razones que adujimos y no teniendo sitio apropiado en que reunirnos, el mismo compañero, a la sazón Operador de la Sub—estación de la Nana, nos invit6 a celebrar la entrevista o cambio de impresiones en dicho lugar, eligiéndose la azotea del propio edificio y la fecha, el 6 de diciembre; reunidos ahí los compañeros Luis R. Ochoa, Domenzain, Carlos de la Peña, paréceme que Agustín López, el que esto escribe y algún otro que no recuerdo: la junta fue relativamente corta, y por primeras providencias, se aprobó el nombramiento de varias comisiones para hacer la propaganda, lo más sigilosamente posible, pues ya se nos había dicho, por los jefes, que o Sindicatos o trabajo; se comunicó a todos que la Asamblea preliminar se verificaría en el Salón de Actos de la Escuela de Comercio, junto a la de Minería (este sitio lo arreglo el compañero José Colado a quien suplique tales gestiones, así Como que nos asesorara en la referida Asamblea lo cual hizo ampliamente): el compañero Colad0 ocupaba desde el tiempo del señor Madero, la Jefatura del Departamento del Trabajo.”

“Después de las explicaciones y exhortaciones de rigor, se procedió al nombramiento del Comité’ que quedo integrado por varios compañeros entre ellos, el compañero Ochoa como Srio. General y el que esto escribe, Srio, del Inte­rior. (no recuerdo los nombres de los demás, pero deben constar en el archivo).”

“Buscamos sitio para las siguientes sesiones, y temporalmente nos reunimos en lo que era el convento de Sta. Brigida, donde se nos facilito local, pero como se notara un movimi­ento poco después, de militarización, con lo que no estuvimos de acuerdo, alquilamos un antiguo salón de cine llamado “Salón Star” en la esquina de San Diego y Alameda.”

“La lucha que se inicio fue ruda, pues por una parte, el Gobierno no daba color franco de obrerismo, y por la otra, la sorpresa de la Compañía, nos tenían un tanto desorientados para actuar con decisión; de cualquier manera, lo que todo mundo quena como primer paso, era un aumento de salarios principalmente; se buscaron todos los datos, en primer lugar, las posibilidades de la Compañía y en segundo, las listas de raya, etc., esto nos tomó tiempo, para las múltiples dificultades que se nos ofrecían, pero al fin con esos datos en nuestro Poder, se hizo la petición a la expresada Compañía, que se negó siquiera a discutir, llegando a declararle la huelga de improviso el día 5 de marzo de 1915, estallando a las 2:05 A.M. El único obstáculo encontrado, era la oposición de Lason, Operador de Nonoalco, pero algunos compañeros lo secuestraron, y quedo suspendido TOTALMENTE TODO SERVICIO DE ENERGÍA ELÉCTRICA en el D. F.”

De los datos adquiridos, llegamos a conocimiento de que los peones y muchos ayudantes de celadores, ganabas $0.75 y fuera del. D.F. hasta. $0.50 y menos; de manera que nuestro pliego de peticiones por ese capítulo, fue que se considerarían todos los sueldos menores de $l.00 como de este valor, y que sobre este, se aumentarían en 50 por ciento y decreciendo el porcentaje hacia los sueldos mayores hasta llegar a un aumento del 15 por ciento. Después de muchas entrevistas enojosas, nos fue concedido totalmente lo pedido, reanudándose el servicio a las 8.30 P.M. del mismo día. Naturalmente, hubo mayor dureza con nosotros desde esa fecha , lo que hacía que las entrevistas menudearan para aplacar esa conducta.”

“La 2ª. Huelga tuvo lugar el día 13 de agosto siguiente (si mal no recuerdo) originado especialmente por el cese de alrededor de 40 empleados de Cobranzas que no serían utilizados, porque la Compañía había dispuesto, que los suscritores pagaran en las oficinas de la misma. En estas nuevas peticiones, se pedía otro aumento proporcional para todo el personal en sus sueldos y otras cosas necesarias, inclusive una mejor y más justa reglamentación en el trabajo, pues la semblanza del Gobierno, no nos dejaba pedir más. Esta huelga estalló a la una y cinco A. M. Muy de mañana estaba el Salón lleno de compañeros que permanecían en el hasta conocer la solución. A eso de las 10 A. M. Se presentó a mí, un ayudante del General D. Pablo González Comandante Militar de la Plaza, indicándome que dicho militar me necesitaba; a esta solicitud, conteste que estaba a sus ordenes en el Salón del que no me era posible }separarme, pues yo era el Srio. General; poco después; volvió acompañado de los señores Juan Sarabia, José Morales Hess y un abogado, cuyo nombre no recuerdo, a quienes introduje al Salón, y concedida a ellos la palabra, nos regaron en diversas formas, reanudar el servicio y que para conocer mejor las intenciones del General mencionado, se hacia necesaria mi presencia ante él; a esto se opuso el Sindicato, y nombro una comisión compuesta por Antonio Arceo, Carlos de la Peña, José M. Trejo, yo y alguien más que no recuerdo. Una vez en presencia del Comandante Militar, este nos dirigió una arenga punzante e impropia y en desacuerdo con su investidura y con las consideraciones que creíamos merecer; como el compañero Trejo insistiera en la justificación de nuestras peticiones, ya que yo llevaba una estadística completa de las erogaciones y posibles ganancias de la Compañía, que la ponían en condiciones de aceptar lo pedido ( a mi no me permitió hablar el Sr. Gral.); debo decir que el compañero Trejo se veía bastante bien de salud e indumentaria, y se ocurrió como argumento supre­mo, QUE MATERIALMENTE NOS ESTÁBAMOS MURIENDO DE HAMBRE con los sueldos que percibíamos, decir esto Trejo y enfurecerse el General todo fue uno y le dijo, colérico mirándolo de arriba a abajo, ¿si? pues a usted lo voy a enseñar a morirse de hambre, ya vera...esta actitud injuriosa y brutal del Gral. duró grande rato; nosotros, es decir, el resto de la Comisión, procuramos muchas veces calmarlo, pero no daba trazas, lo contrario muchísimo el argumento de Trejo, que lo desmentían sus prendas de vestir y su gran salud; al fin nos dijo imperativamente me van a reanudar el servicio inmediatamente, y a cambio de eso, les voy a dar el monto a que ascienda el aumento que piden durante tres meses, tiempo este que emplearían ustedes en revisar los libros de la Compañía en unión de tres personas en mi representación (los mismos que fueron al Salón) y de parte de ustedes (dirigiéndose entonces hacia mi) otra Comisión de tres ,en la que usted formará parte, y Si en ese periodo no me comprueban lo que aseguran, respecto a las posibilidades de la Compañía, me lo pagan. Llévense a este, seña1ando a Trejo; este camarada, se nos perdió inmediatamente, cosa que de momento nos alarmó, pero al llegar al Salón, lo encontramos rogando a la Asamblea, que por sus hijos, hermanos, padres, etc., reanudáramos el servicio, pues según é1; se nos fusilaría en masa de no hacerlo. Subimos a la plataforma, y yo, serenamente referí las condiciones impuestas por el General, omitiendo naturalmente los detalles agrios de la conferencia, lo que mortifico grandemente a nuestro C. Trejo. Esta medida, la puse en conocimiento de la Gerencia de la Compañía y esta me llamó horas después, para comunicarme, que acababa de recibir un cable de Toronto, autorizándolo para arbitrarse los medios de cubrir nuestras peticiones. El servicio terminó en reanudarse a las 18:55 P.M. del mismo día.”

A los pocos días, y sin mediar solicitud expresa de las dependencias foráneas de la Compañía y en compensación de la gran solidaridad de Necaxa y demás plantas subsidiarias redacte y sometí a la consideración de la Asamblea, loe pliegos de peticiones ( que hoy se llaman :Contratos de Trabajo) para cada una de dichas dependencias, y me puse materialmente a localizar al señor Gerente, hasta que lo encontré en :el edificio que forma parte de la esquina de Bucareli y Donato Guerra, ahí estaba el señor Lic. Rivas y Cervantes, le presente los documentos muy semejantes al acabado de conceder, y con el reciente antecedente de la huelga, todavía vivo en su mente, y con poco discutir, me los firmó sin quitarle un solo punto. Hubo gran regocijo por la violencia de tales arreg1os.”

“Después de terminado mi periodo, solicite y obtuve un permiso de tres meses para ir a los Estados Unidos, pues quería trabajar a11á; la :Compañía me dio por solicitud mía, dos cartas .muy raras por lo amplias, una en ingles y otra en español, en las que hacían constar, tanto el tiempo de servicios en los Departamentos en los que preste, como mi actual sueldo.”

“Durante la búsqueda de empleo en Nueva York, me persuadí de que hasta alía llegaron los informes de nuestros dos movimientos de huelga, y naturalmente , no obtuve éxito; durante mi estancia allá, recibí entre otras cartas una de Salustio Hernández, contándome que la Compañía estaba volviendo por sus fueros.
El Srio. General que me substituyo fue el compañero Juan R. Leño. Volví sin más aviso, el día preciso en que debía reanudar mis labores en la Compañía. A las pocas semanas renuncio el camarada Reyes Leño, y fui electo nuevamente Secretario General. Comenzó como yo esperaba gran movimiento de reivindicación, y menudearon las quejas que tuve procurar resolver ante la Compañía, siempre con dificultades y humillaciones que mi testarudez me hacían insistir y con una evidente mala voluntad de parte de las autoridades. Estas dificultades amontonadas por la intransigencia de la Compañía nos llevaron por fin a declararle nuevamente la tercera huelga intempestiva el día 28 de julio de 1916.”

“Ya con los barruntos del deseo del movimiento, me traslade a Necaxa con algunos compañe­ros secretamente, y llame al Comité de ellos, para comunicarles la inminencia de otra huelga secretamente también, nos reunimos en una especie de masonería en la casa de uno de ellos, Comprometiéndonos solemnemente a acatar mis indicaciones, caso de ser necesario el movimiento, redactando un mensaje en clave, que firma­ría Ernesto H. Velasco, con la advertencia de que de no llevar tal “H” no fuera obedecido. Así las cosas, llego el momento esperado , y remití el dicho mensaje, suspendiéndose el fluido eléctrico TOTALMENTE EN TODAS LAS FUENTES DE LA CIA., a las dos horas veinte minutos de la mañana del día mencionado. Esta huelga duro tres días. Antes de declarar el movimiento (unos ocho días ) quise apoyarlo con una solidaridad absoluta de la Federación de Sindicatos Obreros del D.F. y deseando cambiar impresiones con los dirigentes obreros, me encamine al edificio social de los Dependientes de restaurantes ( simpático y valiente gremio) en el camino, me encontré al compañero Luis N. Morones a quien le comunique mi deseo, y juntos llegamos al sitio indicado, encontrándonos con que las diversas Comisiones que hacían gestiones para que los industriales pagarán con papel infalsificable a sus obreros, de acuerdo con una disposición reciente en que tal cosa convinieron en el Teatro Abreu ante el C. Gral. Benjamín C. Hill los patrones, y dando cuenta de sus dificultades, aproveche un momento oportuno para hacerles notar lo inútil de tales gestiones pues tal papel bajaba a grandes pasos y la miseria cundía rápidamente entre el elemento trabajador. Esta exhortación que tanto Morones como yo hiciéramos, cambió totalmente el cariz de la Asamblea, proponiendo y al final y secundado por Morones y otros camaradas de la misma Asamblea, que deberíamos organizar una huelga general, absolutamente económica (esto daría más fuerza a nuestro movimiento, sobre todo, era el único paso adecuado para acabar con la miseria del pueblo. Se designó una Comisión o Comité de Huelga y se nos designo a Reinaldo Cervantes Torres y a mí, para redactar un Manifiesto a la Nación que fue aprobado por los componentes de la Federación. Las peticiones contenidas en el Manifiesto, se fundaron en la ya insostenible baja del papel moneda, pues se echaba mano hasta de las llamadas planillas de los tranvías que tenían gran aceptación en los mercados, llegando ya a la desesperación la situación de los trabajadores en consecuencia, se pedía, o una de dos, o se pagaba con papel moneda de acuerdo con su cotización en la Bolsa de Nueva York, o se nos pagaba con moneda metálica escondida totalmente para el Estado, pero mayor era nuestra osadía en aquel entonces, y como medida de precaución s me indicó esconderme. Mi escondite, lo di a conocer a dos camaradas del Sindicato, para que se me comunicara con oportunidad el resultado de las gestiones que hacía la Comisión o Comité de huelga que después supe fue (llamado a presencia del Primer Jefe Don Venustiano Carranza. El 31 de julio, la policía fue conducida a mi escondite por aquellos compañeros que lo sabían y fui conducido la presencia del Gral. López de Lara, Gobernador del Distrito Federal, pues el tal Manifiesto había sido pegado en las esquinas con toda rapidez, y con la misma, la policía aprehendía a los pegadores y desprendía los papeles y hacia una verdadera redada de camaradas que vestían overoles, dando1os por electricistas; el Salón Star y otros muchos, fueron invadidos y saqueados por los soldados, pareciendo la ciudad en estado de sitio, por la reconcentración de elementos militares un tanto desusada.. Una vez en presencia del Gobernador, este me mostró un ejemplar todavía húmedo, de un Decreto, estableciendo la Ley Marcial y que conforme a ella sería juzgado, de no reanudar el servicio eléctrico, pues según supe después, tanto la Compañía como el Gobierno, habían concentrado rompehuelgas en las plantas, pero en vista de que tanto en este movimiento como en los anteriores, habíamos fijado sobre los tableros de la planta de Nonoalco y otras, con grandes caracteres con tinta, que no nos hacíamos responsables del manejo de dichas plantas sin nuestra intervención, pues habíamos saboteado no solo las plantas sino las líneas de Transmisión, los tales rompe huelgas, entre quienes había ingenieros electricistas y obreros libres, no se atrevieron a tentar nada, y así se lo comunicaron al Gobierno ; este no tuvo mas remedio, que dar conmigo como lo hizo; en la entrevista forzada que te­nía con dicho funcionario, me negué a obedecerlo, indicándole que el único capacitado para dar ese paso era el Comité de Huelga. Ante esta actitud, me encerraron en un separo del edificio del Gobierno del D.F., con la advertencia de que lo fuera reflexionando; después de dos horas, fui conducido nuevamente a su presencia, y nuevo apremio de su parte, y nueva —negativa de la mía; me regresaron nuevamente a mi separo y al poco rato, un oficial me llevo una charola con víveres y un fajo de billetes, que para mi familia estos últimos indignado rechace este obsequio, a los pocos momentos, fui llevado nuevamente a la oficina del Gobernador ,quien me trato esta vez, con un comedimiento y cortesía, que me sorprendió, diciéndome: El primer Jefe, me acaba de comunicar por teléfono, que ya tiene en sus manos peticiones arrancadas de una esquina y que ofrecía desde luego estudiarlas, asegurándome que los encontraba justas.. Pedí seguridades y casi me interrumpió diciéndome: Sr. Velasco, le tiendo a Ud. esta mano de Caballero y Funcionario, como una muestra de sinceridad y respalda al C. Primer Jefe, dándole tanto a Ud · como a sus compañeros, toda clase de garantías para reanudar el servicio, como de ponerlos en libertad una vez conseguida la energía eléctrica; no ve Ud. la situación militar porque atravesamos, la inmensa responsabilidad en que Ud. incurre por los ..fallecimientos en los Hospitales por falta de agua y luz para sus tratamientos, la epidemia que se avecina con el drenaje atascado por falta de agua, etc,etc., sobre todo, la Comisión de Ud. me esta hablando, ya le dio al C. Primer Jefe su asentamiento y es solo Ud. el testarudo; todavía le pedí que me diera facilidades para verme con el Comité de Huelga, para ponernos de acuerdo, contestándome que yo era e1 único indicado para reanudar los servicios aludidos, y que ya me había dado su palabra para que no tuviera tanta desconfianza. Caí en e1 garlito, y accedí; me ordeno ser acompañado por cuatro soldados ( para protegerme y un oficial de apellido extranjero y que no recuerdo ahora) ; así recorrí todas las subestaciones Comenzando con Nonoalco, donde encontré a los referidos rompe-huelgas, trasmití el mensaje ya acordado, así como en la Verónica, donde me encontré con el Jefe de las Comisiones de Seguridad, quien después de que me vio comunicarme con las foráneas que estaban ligadas con la Verónica, me senté a esperar que sincronizara para que mandaran el fluido a dicha planta; esto por ignorancia del funcionario aludido, me iba a costar la vida a sus manos, pues creía que me estaba haciendo y burlándome del C. Gobernador, entonces intervino mi custodio impidiéndolo, por recomendación expresa de dicho gobernador; sin más incidente, seguí mi recorrido hasta llegar a la Noria, dejando restablecido el servicio a las 11 hrs. A.M, del día lo de agosto.”

Confiado yo en la palabra empeñada del Sr. López de Lara, pedí a mis custodios me condujeran a su despacho para darle cuenta de mi compromiso; pero grande fue mi sorpresa, cuando se les ordeno, sin dejarme entrar, que se me incomunicara nuevamente; no me valieron protestas ni injurias. Mientras tanto, la famosa Ley Marcial, se había publicado en forma de Bando. A las 2 P.M. fui remitido a la Penitenciaría, consignado a un Juzgado Militar, bajo el cargo de TRAIDOR A LA PATRIA Y COMPLICE DE REBELION, debiendo ser juzgado conforme a la ley de Juárez, expedida el 6 de enero de 1862. Llegado e la Penitenciaria, fui conducido a la crujía “E” donde recibí otra sorpresa más, pues en ella estaban recluidos todos los componentes del Comité de Huelga, consignados por Don Venustiano bajo el mismo cargo que a mi, después de ser injuriados por dicho funcionario, el día que concurrieron a su llamado. Todo esto lo ignoraba yo. Aquellos camaradas me boicotearon en cierta forma, suponiéndome traidor, pues ignoraban lo acontecido conmigo.. Uno de ellos, ya estando entre filas para ser juzgados, llamo aparte a las compañeras que integraban dicho Comité y casi en mis narices, les advirtió que sostuvieran que ellos no habían ordenado el paro de los servicios públicos, ante el Jurado, lo que me daba a entender que yo iba ser el único responsable del movimiento. Una vez en el Salón de Jurados, ubicado en lo que fue Cárcel de Belén, muchos de los camaradas —acusados, mostraron nombramientos y documentos oficiales como colaboradores del Gobierno, etc ..yo no tenia nada parecido, ahí ratificaron lo convenido en mi contra, o por mejor decir, alegando cierta irresponsabilidad, de manera —que yo estaba mal parado; sin embargo, el Sr. Lic. Antonio Villalobos, actual Jefe del Depto. ‘del Trabajo, Agente del Ministerio Público, en dicho Jurado, reformo sus conclusiones, apartándose seguramente de la consigna, y probablemente de acuerdo con el Jurado, y nos absolvió ‘del cargo por el que se nos juzgaba, y fuimos devueltos a la Penitenciaria, acusados de alterar que se yo que conforme a un precepto del Código de Comercio y consignados a un Tribunal del Orden Común; libres ya de ser juzgados en ,Consejo Sumarísimo, bajo un régimen militar como se nos había juzgado. Entretanto se nos estaba juzgando acorralados por fuerte contingente militar, en las ventanas, por fuera, estaba la multitud aglomerada contemplando esa infamia, ya que el Salón esta atestado de camaradas; al regreso al presidio, fuimos acompañados por enorme multitud hasta que traspusimos la puerta. No conforme con la opinión del Consejo, ni menos con la del Lic. Villalobos, el Sr. Carranza ordenó el encarcelamiento del referido Abogado, y más tarde expulsado del país Rápidamente se ordenó la reposición del Jurado Sumarísimo, y se nos volvió a juzgar con palabras mas, palabras menos, bajo el mismo cargo. En este nuevo Consejo Sumarísimo, yo el verdadero blanco de las mas pérfidas acusaciones. Un nuevo lleno de camaradas, que nos auxiliaban con alimentos, pan, etc., de algunos sindicatos; esta sesión, duro de las 3 de la tarde, hasta las seis de la mañana siguiente, advirtiendo de paso, que dos horas antes, los principales funcionarios del Consejo, se ausentaron del recinto y regresaron a las 6 a.m.; puestos de pie, se leyó el veredicto, que puso en libertad a todos los demás, y sentenciándome a mi a muerte. Al escuchar tal sentencia, una de las compañeras acusadas, sufrió un síncope, y los demás salieron a escape, quedando yo custodiado y conducido a la Penitenciaria, asegurándose en mi celda . Media hora más tarde, desfilaron ante mi encierro, una multitud a quienes trabajosamente se les pudo dar boleta de visita, siendo necesario suspender las de otros reos durante todo el día; entre ellos, fue el compañero Morones que me llevó una botella de Coñac que nunca use antes; pero que sin yo darme cuenta, la apure durante el día; a este compañero le regale mi corbata de recuerdo y le di algunos encargos, pues tenia la firme convicción de ser fusilado en breve y lo que me parecía peor, que fuera privadamente.

Con este otro resultado, tampoco estuvo de acuerdo el Primer Jefe, y ordeno al Comandante Militar de la Plaza, la reaprehensión de los libertados, pero el éxito no fue completo, pues varios se escondieron o salieron del país y a los que lograron atrapar, los pusieron en libertad meses más tarde.

A raíz de estas nuevas aprehensiones, y precisamente el día 28 del mismo agosto, vimos con gran regocijo, que el Sr. Carranza había lanzado un Decreto estableciendo el pago forzoso a los trabajadores de todo el país, con moneda metálica “oro nacional” esto nos hizo mandarle un telegrama felicitándolo por tal medida, y claro, esperábamos que habiendo reflexionado, esto recordaría que nos debía poner en libertad; pero no, se concretó a contestar agradecido; naturalmente, le mandamos otro pidiéndole nuestra libertad, apoyándonos en que tales fueron nuestras peticiones, y que ya que las concedía, lo indicado era ponernos en libertad. Este telegrama no tuvo contestación.

Yo mientras tanto esperaba la muerte de un momento a otro. Así esperando, estuve 10 meses con la sentencia de muerte encima, cuando se me comunicó la conmutación de tal sentencia por la extraordinaria de 20 años POR EQUIDAD

esta comunicación me negué a firmarla lo que valió el cambio de Crujía y trato más riguroso tampoco quise confesarme con un cura de oficio para tales casos a raíz de mi primera sentencia. Transcurrieron otros ocho meses antes de ponerme en libertad; total 18 meses 18 días encerrado.

Mientras todo esto me ocurrió, siempre tuve la ayuda pecuniaria, como si estuviera trabajando, de los fondos del Sindicato, hasta mi salida. También supe a tiempo, las innumerables gestiones que en mi favor se hicieron ante el Sr. Carranza durante todo este tiempo, no tan solo por mis camaradas de este Sindicato, sino de todo el país acciones estas que nunca olvido y que sigo agradeciendo. A decir verdad, aquellos atentados desorientaron un —tanto al elemento organizado, pero tomando nuevos bríos, se rehizo y la lucha sindical siguió su curso.

¿Que como pude, al fin, salir sin compurgar los famosos 20 años? fue de la siguiente manera: El Primer Jefe, nunca hizo caso a los trabajadores que gestionaban insistentemente mi libertad; se concretaba a estudiar el caso, o a ofrecer complacerlos, como ocurrió’ en cierta visita que hizo a Necaxa; pero en cambio, en un caso meramente político, si accedió’, y fue como sigue: Las elecciones municipales para la ciudad de México, estaban organizándose; había en proyecto dos planillas, una encabezada por capitalistas y hombres de industria, por el Sr; Carlos B. Zetina, y otra de extracción obrera encabezada por un Sr. Coronel Filiberto Villareal. como esta última propaganda fuera más Popular (entre los trabajadores se entiende)temeroso Don Venustiano de dejar administrar la Ciudad, a. elementos, según el impreparados, pero observando la profundidad que llevaba esa Campaña, llamo al Coronel Villareal y este se

presento ante él, acompañado de SUS colaboradores obreros; en esa entrevista se le hicieron varias ofertas al referido Coronel, que este no acepto; él sabía, porque visitaba muchos centros obreros, debido a tales actividades, que había un tal Ernesto Velasco preso, por cuya libertad se empeñaban los trabajadores; ocurríosele entonces pedir mi libertad a cambio de dejar la campaña municipal en que se había empeñado, con el consentimiento de sus acompañantes. Debo advertir, que ni yo sabía que había un tal Filiberto Villarreal, ni él me conocía, mas que por lo que le contaban los trabajadores. Dn Venustiano se puso a reflexionar, que ya seria bastante castigo para mi el tiempo de cautiverio, y que habrían escarmentado los trabajadores, yo inclusive; después de algunas reflexiones hechas, le concedió lo que solicitaba, y salió’ inmediatamente a ponerlo en conocimiento, primero, de este Sindicato y después a la Federación de Sindicatos Obreros del D.F., e invitando a todos a ir por mi a la Penitenciaria el día 18 de febrero de 1918. Yo estaba ignorante de todo eso, de modo que fue para mi una enorme sorpresa máxime cuando había prometido el Sr. Carranza varias veces tal cosa y no lo había cumplido.

A mi salida, quede asombrado de la inmensa multitud de trabajadores de ambos sexos que me esperaban a las puertas de la prisión; salí acompañado del Director de ese establecimiento y nos colocamos frente a las cámaras fotográficas de los periodistas, y acto seguido levanta do en hombros en cuya postura escuche varios discursos vibrantísimos de algunos camaradas dirigentes obreros, que conteste en la misma forma en la puerta del presidio, terminando mi contestación con “Viva la Huelga”; acto seguido, desfilamos hasta llegar al hemiciclo a Juárez, donde se repitieron los discursos y salutaciones; como tales palabras eran fuertes contra el Gobierno, y enfrente estaba en el Cuartel General del Jefe de la Guarnición de la Plaza, los compañeros temerosos de un nuevo atropello me sacaron en vilo, y atravesando los jardines de la Alameda, fuimos a parar al Edificio Social, donde se me tenía preparada una recepción cariñosísima, que dio lugar a nuevos discursos y felicitaciones y terminando con un baile que acabó a las 5 de la mañana siguiente. Por invitación mía, me acompañaron un Sr. Diputado cuyo nombre no recuerdo y el citado Villarreal, a las oficinas de la Cía. Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, para saber si mi empleo que deje involuntariamente, estaba vacante, o cualquiera otro similar; la contestación del ingeniero en Jefe, fue esta: “pero Sr. Velasco, la Cía. no tiene nada contra ud. pero hombre sale ‘Ud. de la Penitenciaria gritando viva la huelga, como se le ocurre que la Cía. lo reciba”. Nos retiramos sin hacer la menor objeción. Perdí mi empleo, pero el Sindicato esta vivo.

Al día siguiente, me presente en el Sindicato y rogué al compañero Srio. General del Sindicato, Salvador Célis Gutiérrez, ya desaparecido, que se imprimieran unos volantes y se distribuyeran en los centros obreros, convocando a una Junta para un día fijado en el cine Buen Tono, que ya no existe, con el único propósito de que se me juzgara en relación con mi actuación durante el movimiento ocurrido, pues hasta la prisión me llegaba rumores de que se me consideraba traidor al movimiento por algunos compañeros, pues salí con esa lastimadura. Concurrieron casi en su totalidad los miembros de la Federación del D.F. y numerosísimos camaradas. Se explic6 el motivo de tal reunión por el compañero Célis y yo exhorte a los asistentes a lanzarme los cargos de que tuve noticia, si así se pensaba todavía. Tuve la satisfacción de no escuchar palabra alguna durante cerca de 30 minutos, después de los cuales, el compañero Morones dijo: compañeros, lejos de pretender sembrar la desunión, —debemos agruparnos nuevamente como un solo hombre, para seguir luchando por la Organización Todos lo ofrecimos, y yo salí completamente curado de la lastimadura anterior.
Tomado de la revista “LUX”.

NOTAS DE PIE DE PAGINA

Capítulo I

1.- Entrevista realizada a Francisco de Celis Vertiz el 25 de abril de 1974.
2.- “LUX” órgano de la confederación Nacional de Electricistas y Similares, Agosto-Septiembre de 1930, p.17.
3.- “LUX” la revista de los trabajadores, enero de 1957, p. 52, 53 y 61.
4.- “El Universal”. Diciembre 28 y 29 de 1919.
5.- “El Demócrata” 14, 18 y 20 de mayo de 1919.
6.- “El Demócrata” 6 y 12 de septiembre de 1919.
7.- En este tiempo, los tranviarios no pertenecían a la Federación de Sindicatos Obreros del D.F. sino al cuerpo central de Trabajadores. Además de estas organizaciones obreras existía el Gran Centro Obrero Independiente. Estas dos últimas organizaciones fueron de efímera duración.
8.- En contra de esta tendencia dominante en el aspecto ideológico del SME se encuentra el caso de Salvador Célis Gutiérrez quien a comienzo de 1920, se embarcó en una aventura política al formar el “Partido Nacional de Electromecánicos”, que apoyaba la candidatura del general Pablo González, a condición de que este adicionara una serie de derechos obreros a la plataforma de la “Liga Democrática” que impulsaba la candidatura de este general. Este hecho no mina la justeza de la interpretación como lo demuestra el desarrollo tanto del SME como del propio Célis Gutiérrez. “El Universal” 28 de enero, 15, 10 y 24 de feb. Y 6 de marzo de 1920.
9.- De acuerdo a la entrevista realizada a Francisco de Celis V., que asistió a varias sesiones de la CROM, en el local que tenía en Belisario Domínguez.
10.- A mediados de abril de 1920, el SME fue invitado a la Convención de la CROM en Aguascalientes, discutiéndose esta proposición en asamblea. No se conoció la respuesta del SME. El Demócrata” 23 de abril de 1920. En este mismo sentido de relaciones amistosas puede interpretarse la declaración del SME de mayo de 1922, de “mantener este sindicato independiente de las diferentes agrupaciones pero impartirles ayuda a todas..” SME Libro de actas, 2ª, p. 9 mayo 8 de 1922.
11.- “LUX” 1 de diciembre de 1956 p. 10 y 11.

Capítulo II.
1.- La revolución Mexicana y el desarrollo del capitalismo en México. Doc. Mimeog. p. 10
2.- Idem. P.10
3.- Carlos Marx. El capital . T. I. P. 376 cit. En “La Revolución Mexicana y ...” p. 8
4.- La Rev. Mex...” p. 10.
5.- Leal, Juan Felipe. La burguesía y el Estado Mexicano. P. 189
6.- Op. Cit. La rev. Mex. P. 7
7.- Idem. P. 7
8.- . Gilly, Adolfo. La Revolución Interrumpida. P. 37.
9.- Idem. P. 38
10.- Op. Cit. Leal, Juan felipe. P. 88.
11,. Idem. P. 100.
12.- Idem. P. 103
13.- carr, Barry. El Movimiento Obrero y la política en México. 1910. 1910-1929. p. 15. T.I.
14.- Ibidem. P. 17 y 18
15.- Op. Cit. Leal, Juan felipe. P. 114.
16.- Carr. Barry. Op. cit. p. 16.
17.- Rosenweig, Fernando. “La Industria”. En Daniel cosio Villegas. Historia Moderna de México. El Porfiriato. Vida Económica. T. I.p. 414-421. cit. Por Leal, J.F. Op. Cit. P. 118.
18.- González Navarro, Moisés. Historia Moderna de México. EL Porfiriato. Vida social p. 298. carr, barry. Op. Cit. T. I. P. 33
19.- carr, barry. Op. cit. p. 24 y ss.
20.- Leal, J.F. Op. cit. p. 10.
21.- “El primero de mayo y el bonap. “Op. Cit.
22.- Ibidem.
23.- Gilly, A. Op. cit. p. 151
24.- Idem. P. 227
25.- Idem. P. 230
26.- Idem. P. 228
27.- Idem. P. 225

Capítulo III.
1.- Tzvi Medin. Ideología y Praxis política de Lázaro Cárdenas. P. 13.
2.- El primero de mayo y el Bonap. Doc. Mimeog
3.- Guershenson, antonio. El movimiento obrero ante el nacionalismo revolucionario. La experiencia cardenista. P. 20
4.- Gramsci, Antonio. La política y el Estado Moderno p. 124-129.
5.- Shulgovski, Anatol. México en la encrucijada de su historia p. 13 y 39.
6.- Guershenson, Antonio. Op. Cit. P. 60
7.- Rosas, Javier. Obregón: el último caudillo de la Revolución Mexicana p. 35 y 62.
8.- El primero de mayo y el bonap.
9.- Gilly, Adolfo. Op. Cit. P. 340-41
10.- Carr, Barry. Op. Cit. p. 127
11.- Salazar y Escobedo. Las pugnas de la Gleba p. 236-238.
12.- Clark, Marjorie ruth. Organized Labor in México p. 59
13.- “El Nacional” 11 de abril de 1919.
14.- carr, Barry. Op. Cit. p. 133
15.- “El demócrata” 16 de mayo de 1921.
16.- Salazar y Escobedo. Op. Cit. P. 69
17.- Clark, M.r. Op.Cit. p. 73
18.- Basurto Romero, Jorge., El Proletariado Industrial en México. P.200
19.- Ibidem. P.222
20.- “El Demócrata” 20 de sept. De 1920.
21.- Clark, M.R. Op.Cit. p. 82, 83, 84.
22.- “El demócrata “16 y 17 de feb. De 1921.
23.- Ibidem. 25 de febrero de 1921
24.- Ibidem. 21 y 22 de febrero de 1921.
25.- Ibidem. P. 18 de feb. De 1922.
26.- Ibidem. 7, 13 y 15 de junio de 1922.
27.- Aunque los tranviarios estaban organizados en una Federación que agrupaba al total de obreros y empleados sindicalizados de la Cía. de Tranvías de México S.A.., esta federación estaba compuesta por dos sindicatos, el de Talleres y el de Tráfico. Cada uno de los cuales se encargaba de enfrentar y solucionar por separado sus problemas gremiales, y esto pese a que la empresa era una sola, dificultando este tipo de estructura sindical apoyos solidarios oportunos en problemas con la empresa disgregación de la fuerza sindical y limitación en el proceso de concebir a los problemas gremiales como problemas generales de la organización.
Podemos decir, que dentro de este contexto el SME constituía una excepción, pues de hecho tenía la forma de organización de una sindicato industrial. Aunque tenemos presente la situación de desorganización por la que atravesó el sindicato en los años de 1928, 1919 y 1920, tenemos indicios de que todavía en el año de 1918, los problemas de los trabajadores de Necaxa, eran tratados directamente por la matriz del SME en el D.F.
Sin embargo, no va a ser sino hasta finales de 192q1, en que las relaciones entre la matriz del D.F. y sus divisiones comienzan a organizarse y a estrecharse. Sobretodo a raíz de la firma del convenio del 31 de dic. De 1921, en cuya lucha participaron los trabajadores de la división Necaxa y El Oro Pese a esto, el proceso de reorganización del SME, la estructuración y estrechamiento de las relaciones con sus divisiones se fue dando de una manera lenta, pues todavía a finales de mayo y principio de junio de 1922, tanto la división Necaxa como la línea El oro, en cartas dirigidas a la matriz del D.F. preguntaban sobre la forma de hacer sus pagos de cuotas sindicales; así como copias del convenio de dic. De 1921, lo que evidencia la falta de comunicación entre la matriz y sus divisiones. SME, Libro de Actas 2ª, 24 de mayo y 30 de junio de 1922.
28.-“El Demócrata”, 26 y 27 de sept. De 1920
29.- Ibidem. 10 de julio de 1921
30.- Ibidem. 18 de febrero de 1922.
31.-Por ejemplo, el pago de indemnizaciones, derecho de antigüedad, jubilación, asistencia médica, así como reconocimiento legal de la organización por parte de la empresa
32.-Esta concepción pequeño burguesa que representa los intereses del sector de pequeños propietarios del campo, esta presente además en sus concepciones liberales económicas, en las cuales confería un papel importante a los sectores medios prerrevolucionarios, que ambicionaba convertir en capitalista “en una lucha esforzada y noble” con el capital extranjero monopolista, y esta presente de manera mucho más clara en lo que se refiere a la cuestión agraria, problema cuya solución la veía en la creación de la pequeña propiedad agrícola. Javier Rosas. Op.Cit. o. 40 a 46.
33.- “El Demócrata” 9 de julio de 1920.
34.- “Excelsior” 13 de noviembre de 1920
35.- “El Universal” 27 de junio de 1920.
36.- Ibidem. 23 de agosto de 1920.
37.- “El Demócrata” 7 y 13 de dic. De 1920; “El Universal” 20, 24, 25 de mayo de 1921; 1, 3, 8, de junio, 6 de julio y 27 de octubre de 1921.
38,. Bassols, Batalla, Narciso. El pensamiento político de Álvaro Obregón. 156-157 Cit en Rosas, Javier. Op.Cit. p. 42.
39.- Por ejemplo, “El Universal” en un editorial titulado “El origen de los conflictos obreros” en donde fijaba su posición en torno a la inminencia de una huelga del SME, decía: “La huelga de Necaxa anunciada para hoy, que por su trascendencia misma afecta a todas las clases trabajadoras y a la sociedad en general; esa huelga, decimos, así como todas las que, graves o insignificantes, amplias o reducidas a un pequeño núcleo, se han suscitado en los últimos tiempos, reconocen una misma causa: la falta de una ley del trabajo, que norme tanto las obligaciones y derechos de los obreros, cuanto los de los industriales.”
Durante largos años, estos conflictos que contra lo que pudieran suponer los obreros o les hiciesen creer los agitadores, no solo lesionan al capital, sino que afectan grandemente a la tranquilidad y prosperidad nacionales, se han venido desarrollando sobre un plano inseguro; como si dijéramos en el vacío. Sin disposiciones legales determinadas, sin principios a que atenerse, resulta que ni los obreros saben lo pueden pedir, no los industriales conocen a ciencia cierta lo que están en aptitud de otorgar o negar. Se pide sin tasa, se niega o se vacila sin discernimiento. Y en ese vaivén, en que intereses y pasiones entran en pugna, quienes naufragan son acaso los que ninguna culpa tienen.” “El Universal” 31 de dic. De 1921.
40.-Por ejemplo en Veracruz y Puebla. En Veracruz, cuando era gobernador Candido Aguilar, este trató de promulgar una Ley del Trabajo, tropezando este intento por la resistencia que encontró de parte de los capitalistas de la zona, cuando quiso fijar el monto de las utilidades para los obreros. Posteriormente, durante el gobierno de Adalberto Tejeda, el proyecto de Ley de Reparto de Utilidades que envió al Congreso Local motivo una serie de ataque contra esta por parte de la prensa, especialmente “El Universal” “El Universal” 10 de enero de 1921.
41.- Rosas, Javier. Op. Cit. P. 42
42.-“El Demócrata” 28 de mayo de 1920.
43.-Ibidem. 25 de junio de 1920
44.-Ibidem. Meses de mayo y junio de 1920.
45.-Ibidem. 9 de julio de 1920.

Capítulo IV.
1.-“El Universal” 1 de julio de 1920.
2.-Los vales eran llamados así por haber sido puestos en circulación cuando era Secretario de Hacienda, en el Gobierno de Carranza Luis Cabrera. Se emitieron con el propósito de remediar a nivel nacional la falta de moneda fraccionaria, originada por la desaparición de la moneda de plata—que era la de mayor circulación—merced a que esta había aumentado de valor por encima de su valor monetario, originando su acaparamiento y desaparición del mercado. Sin embargo, esta medida se tradujo en graves perjuicios a la clase trabajadora, pues ante la falta de moneda fraccionaria (cobre) que era también acaparada, estos vales no solo eran canjeados por debajo de su valor monetario, sino que originaban multitud de formas de monopolios comerciales, repercutiendo todo en la economía del pueblo.
3.- “El Demócrata” 30 de abril de 1920.
4.- Los trabajadores tranviarios pertenecían en ese tiempo a la CROM. No debe extrañarnos que esta organización que en aquel tiempo tenía un tiempo considerable en la vida sindical del país, por ser los tranvías uno de los principales medios de comunicación; y que en poco tiempo se convertiría en una de la federaciones obreras más importantes de la capital y en firme pilar de la CGT perteneciese a la CROM. Recordemos QUE AL Congreso de Saltillo, del cual nació la CROM, asistieron representantes de diversas tendencias ideológicas: socialistas, anarcosindicalistas, además de los reformistas; y que solo va a ser hasta 1920, en que estas tendencias fracasan en sus intentos por derrotar a Morones y su grupo “acción”, que se van a separar un considerable número de organizaciones, con la firme determinación de formar una organización de oposición a la CROM, y que en 1921 van a dar lugar a la formación de la CGT. Los tranviarios se separan de la CROM hasta mediados de abril de 1921, inconformes de que esta no hubiese declarado la huelga general como lo proponían las organizaciones de la CGT en apoyo de la huelga ferrocarrilera.
5.- “El Demócrata” 11, 26, 27 de abril de 1920.
6.- Ibidem. 14, 17 y 18 de abril de 1920.
7.- “El Universal “ 14 de abril de 1920.
8.- Ibidem. 27 de abril de 1920.
9.- Ibidem. 30 de abril de 1920.
10.- Ibidem. 16 de mayo de 1920.
11.- “El demócrata” 11 de mayo de 1920.
12.- Ibidem. 11 de mayo de 1920
13.- Ibidem. 11 y 23 de mayo de 1920; “El universal “26 de mayo de 1920.
14.- “El demócrata” 16 de mayo de 1920.
15.- Ibidem. 18 de mayo de 1920.
16.- Esta posición de la empresa encontró su mentis en las declaraciones del Ing. Morales Hesse Subsecretario de Hacienda, que a raíz de las declaraciones de la empresa de Tranvías, manifestó: “Comunicaciones rechazo la solicitud de la Compañía de Tranvías de aumento en los pasajes de las Líneas Foráneas, porque por favorecer a ochocientos obreros se iban a perjudicar millares de vecinos de las poblaciones foráneas además, no es posible cada vez que la compañía lo desee reformar su concesión, tanto más que ahora, la empresa tiene magnificas ganancias y no necesita de ese aumento para continuar pagando a sus obreros el 25% que les aumento en sus jornales. Por lo demás, la huelga no estallara. Hay varias razones, pero la principal es que la compañía que repito tiene buenas ganancias ... antes que ver paralizadas sus líneas, accederá a las justas demandas de sus obreros.” “El Universal” 26 de junio de 1920.
Morales Hesse hablaba así, pues había sido gerente de la Cía. de Tranvías, cuando estuvo controlada por el gobierno. Sin embargo, si legalmente a la compañía le había sido negado un aumento en Sus tarifas para así poder conceder el aumento del 25% a los trabajadores, extralegalmente y mediante el pretexto de construir un paseo que iba de la estatua de Carlos V a la Plaza de la constitución; y como según parece para hacer dicho paseo, se necesitaba que la compañía de Tranvías, levantará las 2 vías que atravesaban la avenida Juárez, resistiéndose esta por los daños que esto le ocasionaría, el presidente de la República y el gobernador del D.F. para resarcirla, le concedieron “...en definitiva un aumento en sus fletes, de quince por ciento. “El Universal” 4 de julio de 1920.
17.- “El universal” 26 de junio de 1920
18.- Ídem.
19.- “El demócrata” 15 de abril de 1920.
20.- Ibidem. 1 de junio de 1920
21.- Ibidem. 30 de junio y 8 de julio de 1920.
22.- Ibidem. 30 de junio de 1920ñ.
23.- Ibidem. 1 de julio de 1920.
24.- En este contexto de presiones imperialistas, y con decenas de huelgas que estallaban a nivel nacional, se producen las declaraciones de Adolfo de la Huerta apoyando las huelgas obreras; declaraciones que provocaron comentarios favorables de diversas organizaciones obreras y lideres como Delio Dalta, Leonardo Hernández, Eduardo Moneda, José dolores Pérez, quienes calificaron al gobierno de De la Huerta de democrático, manifestando que los obreros estarían siempre con los gobiernos democráticos, y motivando además que los obreros del D.F. decidieran organizar una manifestación en su honor, para manifestar que”. .. el elemento laborante debe demostrar a los gobiernos extranjeros que esta de parte del actual gobierno, por la sencilla razón de que lo considera democrático.” “El demócrata” 10 y 13 de julio de 1920.
En este mismo contexto, se da el alzamiento del general Pablo González, quien arguyendo que las huelgas que ocurrían en el Norte del país manifestaba el descontento hacia el gobierno Delahuertista, intento apoyarse en ellas para crear las condiciones para reorganizar su movimiento de rebelión a nivel nacional. Estas declaraciones provocaron una réplica inmediata de la CROM que advirtió a los huelguistas que por ningún motivo se hicieran solidarios de tales rumores, acordando además que todas sus organizaciones enviaran mensajes de protesta y adhesión al presidente De la Huerta. “El demócrata” 15 de julio de 1920. Consignamos estos como ejemplo – por cierto constante a lo largo de estos años del apoyo político que el movimiento obrero le brindaba a los gobiernos posrevolucionarios frente a las presiones creadas por el imperialismo y las tendencias separatistas dentro del ejército. No menos importante era la necesaria política de concesiones verbales y de hecho que el gobierno tenía que hacer para mantener este apoyo.
25.- “El Universal” 18 de agosto de 1920.
26.- “El Demócrata” 21 de3 agosto de 1920.
27.- El movimiento obrero de Veracruz, se había caracterizado por la combatividad y solidaridad de sus movilizaciones. Así, una vez resuelto el conflicto de los tranviarios, al permitírsele a la Cía. de Tranvías elecciones y huelgas continuaron esta vez encabezadas por los estibadores, pues los navieros del puerto se habían negado a aprobar las tarifas aceptadas mucho antes de que estallara la huelga en apoyo a los tranviarios. “El Demócrata” 19 y 21 de agosto de 1920.
28.- “El Demócrata” 15 de agosto de 1920.
29.- Ibidem. 12 de agosto de 1920.
30.- “El Universal” 18 de agosto de 1920.
31.- Ibidem. 4 de septiembre de 1920.
32.- Ibidem. 20 de septiembre de 1920.
33.- Ibidem. 21 de septiembre de 1920
34.- Ibidem. 22, 24, 25 y 26 de sept. De 1920.
35.- Celestino Gasca, ex obrero, y miembro prominente de la CROM y del grupo « acción”, que Jefaturaba Morones, y en cuyo seno se tomaban las principales decisiones que determinaban la vida de esta organización, tomó posesión de su cargo, el 7 de julio de 1920, originando este hecho protestas de la burguesía del D.F. quines presionaron a Adolfo de la Huerta para que revocara su designación. De la Huerta contestó, recordándoles a los que p4rotestaban, que los que gobernaban no eran ellos.” “El demócrata” 7 y 9 de julio de 1920.
36.- “El Universal” 28 de septiembre de 1920.
37.- “El Demócrata” 3 de octubre de 1920 pagina 250.
38.- “El Universal” 7 de octubre de 1920.
39.- Ibidem. 20 de agosto de 1920.
40.- Ibidem. 5 de noviembre de 1920.
41.- “El demócrata” 11 de septiembre de 1920
42.- Ibidem. 15 y 25 de agosto de 1920
43.- Ibidem. 15 de agosto de 1920
44.- Ibidem.5 de octubre de 1920
45.- Ibidem. 16 de septiembre de 1920.
46.- Ibidem. 3, 19, 21 de octubre de 1920
47.- “El Universal” 8 de octubre de 1920. Este memorial fue formulado en la asamblea que celebraron el 8 de octubre en el sindicato de panaderos.
48.- “El Demócrata” 9 de septiembre de 1920
49.- Ibidem. 2,5, 9 de septiembre de 1920.
50.- Ibidem. 5 de octubre de 1920
51.- Ibidem. 7 de octubre de 1920
52.- Ibidem. 11 y 15 de4 octubre de 1920
53.- Ibidem. 15 y 16 de octubre de 1920
54.- Ibidem. 19 de octubre de 1920
55.- Ibidem. 9 de octubre de 1920
56.- “El Universal” 12 de octubre de 1920
57.- “El Demócrata” 30 de octubre de 1920
58.- Ibidem. 22 de octubre de 1920
59.- Ibidem. 24 de octubre de 1920
60.- Ibidem. 27 de octubre de 1920.
61.- Ibidem. 29, 30, 31 de octubre de 1920
62.- “El Universal” 30 de octubre de 1920
63.- Ibidem. 2 de noviembre de 1920.
64.- Ibidem. 5 de noviembre de 1920
65.- “Excelsior” 13 de noviembre de 1920
66.- “El Demócrata” 4, 5, 11 de noviembre de 1920
67.- Ibidem. 7 y 9 de noviembre de 1920
68.- Ibidem. 13, 14, 20, 22 de noviembre de 1920
69.- “El Universal” 13 de noviembre de 1920
70.- “Excelsior” 13 de noviembre de 1920 “El Demócrata” 19, 20 de noviembre de 1920
71.- “El Demócrata” 19 y 20 de noviembre de 1920
72.- Ibidem. 26 de noviembre de 1920
73.- “Excelsior” 26 de noviembre de 1920

CAPITULO V.
1.- Rosas, Javier. Op. Cit. P 69 y 70
2.- Sánchez Ponce, Victor. La Industria Eléctrica y el Nacionalismo Revolucionario p 35
3.- Idem. P. 35
4.- Ibidem p. 37
5.- Ibidem p 37-38
6.- Ibidem p.69
7.- Ibidem.p 70
8.- Idem. P 67
9.- El trabajo al que hacemos referencia señala que esta política nacionalista del Estado Mexicano respecto a las empresas eléctrica estaba dictada en el fondo por los intereses de estos grupos de técnicos, intelectuales, pequeños consumidores, trabajadores electricistas y políticos nacionalistas. Su trabajo es importante para atender, no solo las principales luchas electricistas a lo largo de todos estos años, hasta llegar a la nacionalización; sino también para entender la situación actual de la industria eléctrica.
10.- “El Universal” 20 de enero de 1920
11.- Ibidem 8 de agosto y 5 de septiembre de 1920
12.- Ibidem. 5 de noviembre de 1920.
13.- Ibidem. 12, 16, 18, 24, 25 de junio; y 25 de agosto de 1920.
14.- Sánchez Ponce, Victor. Op.cit. p.54

CAPITULO VI.
1.- Basurto R. Jorhge. Op.cit. p.227
2.- “El Demócrata” 17, 19, 22 y 28 de febrero de 1920
3.- Ibidem. 24 y 28 de enero; 6 y 26 de febrero de 1921.
4.- Ibidem. 26 de febrero de 1921.
5.- Basurto, Jorge. Op.Cit. p.228
6.- “El Universal 28 de feb. De 1921.
7.- Basurto, Jorge. Op.cit. p.231
8.- No registran los diarios de la capital más noticias acerca de este conflicto del SME con la Cía. de Luz, por lo que es correcto pensar que este se resolvió en forma favorable para el sindicato.
9.- “El Demócrata” 24 de feb. De 1921.
10.- “El Universal” 15 de febrero de 1921
11.- Ibidem. 20 de abril de 1921
12.- Ibidem. 21 de abril de 1921
13.- “El demócrata” 21 y 23 de abril de 1921
14.- Ibidem. 21 de abril de 1921
15.- Ibidem. 20 de abril de 1921
16.- “El Universal” 22 de abril de 1921
17.- Ibidem. 23 de abril de 1921
18.- Ibidem 24 de abril de 1921
19.- “El demócrata” 3 y 11 de mayo de 1921
20.- Ibidem 4 de mayo de 1921
21.- “El Universal” 11 de mayo de 1921
22.- Ibidem. 13 de mayo de 1921
23.- “El Demócrata” 11 de mayo de 1921
24.- Ibidem. 6 de julio de 1921
25.- “El Universal” 8 de julio de 1921
26.- Ibidem. 11 de julio de 1921
27.- “El Demócrata” 2, 3, 4 , 5 6, 7, 10 y 13 de julio de 1921.
28.- Ibidem. 1 de julio de 1921
29.- “El Universal” 22 de octubre de 1921.
30.- “El Demócrata” 22 de octubre de 1921.
31.- Este Comité Internacional de Banqueros para México, se creo en febrero de 1919 “... con el objeto de proteger a los tenedores de valores de la República Mexicana y de los distintos sistemas ferrocarrileros de México, y en general, a toda clase de empresas que tuvieran en México su campo de acción”. Estaba compuesto por 10 banqueros norteamericanos, cinco franceses y cinco ingleses, entre los que se encontraban E. R. Peacock, Chariman, Bandholders Comité of the Mexican Light and Power group of Compañies. “El demócrata” 22 de octubre de 1922.
32.- El Demócrata” 22 de octubre de 1922.
33.- Ibidem. 24 de octubre de 1922.
34.- “El Demócrata” 17, 19, 20, 26 y 27 de octubre de 1921
35.- “El Demócrata” 27 y 28 de octubre de 1921
36.- “El Demócrata” 23 y 29 de octubre de 1921
37.- “El Demócrata” 16 y 28 de octubre de 1921
38.- “El Universal” 10 de diciembre de 1921
39.- “El Universal” 12 de diciembre de 1921
40.- “El Universal” 15 de diciembre de 1921
41.- “El Universal” 14 de diciembre de 1921
42.- “El Demócrata” 5 de noviembre de 1921
43.- “El Demócrata” 15 de noviembre de 1921
44.- “El Demócrata” 22 de noviembre de 1921
45.- “El demócrata” 4 de noviembre de 1921
46.- “El Demócrata” 8 de noviembre de 1921
47.- “El Demócrata” 1 de noviembre y 1 de diciembre de 1921
48.- “El Demócrata” 4 de diciembre de 1921
49.- “El Demócrata” 29 de diciembre de 1921
50.- “El Demócrata” 5 de noviembre de 1921
51.- “El Demócrata” 17 de diciembre de 1921
52.- “El Demócrata” 23 de noviembre y 4 de diciembre de 1921
53.- “El Demócrata” 13 de noviembre de 1921
54.- “El Demócrata” 8 de diciembre de 1921
55.- “El Demócrata” 16 de diciembre de 1921
56.- “El Demócrata” 4 de diciembre de 1921
57.- “El Demócrata” 2 de diciembre de 1921
58.- “El Demócrata” 16 de noviembre y 12 de diciembre de 1921
59.- SME: Libro de Actas. 2ª, p.4., 16 de diciembre de 1921
60.- “El Demócrata” 17, 18, 21 y 27 de enero de 1921
61.- “El Universal” 24 de noviembre e 1921. “El demócrata” 21 de diciembre de 1921
62.- SME: Libro de Actas 2ª, p3
63.- No se posee información precisa de los puntos incluidos en este memorial, aunque si se puede asegurar que algunos de estos eran reconocimiento del sindicato; atención médica y salarios durante los días de incapacidad. Parece ser que otros puntos demandaban casa para los obreros de Necaxa; restitución de su trabajo a los obreros cesados y eliminación de ciertas cláusulas de los contratos por las cuales la empresa se desobligaba del pago de indemnización en caso de accidentes de trabajo. “El Universal” 25 de diciembre de 1921; “El Demócrata” 27 de diciembre de 1921.
64.- “El Demócrata” 21 de diciembre de 1921
65.- “ El Universal” 22 de diciembre de 1921
66.- “ El Demócrata” 19 de diciembre de 1921
67.- “ El Demócrata” 21 de diciembre de 1921
68.- “ El Demócrata” 28 de diciembre de 1921
68.- “ El Demócrata” 28 de diciembre de 1921
69.- “ El Demócrata” 29 de diciembre de 1921
70.- “El Demócrata” 23 de diciembre de 1921 “El Universal” 26 de diciembre de 1921
71.- “El Demócrata” 31 de diciembre de 1921
72.- “El Universal” 31 de diciembre de 1921
73.- “El Universal” 31 de diciembre de 1921
74.- “El Demócrata” 31 de diciembre de 1921
75.- “El Universal” 31 de diciembre de 1922 11
76.- “El Universal” 31 de diciembre de 1921
77.- “El Universal” 1 de enero de 1921; “El demócrata” 1 de enero de 1922.
78.- “El Demócrata” 4 de enero de 1922
79.- “El Demócrata” 25 de febrero de 1922
80.- “El Demócrata” 20 y 25 de febrero de 1922
81.- “El Demócrata” 21 de febrero de 1922
82.- El gobierno mexicano había rechazado meses antes atrás un tratado de amistad propuesto por Summerlin. “El Demócrata” 22 de febrero de 1922
83.- “El Demócrata” 24 de febrero de 1922
84.- “El Demócrata” 23 de febrero de 1922
85.- “El Demócrata” 25 de febrero de 1922
86.- “El Demócrata” 02 de marzo de 1922
87.- “El Demócrata” 26, 27 y 28 de febrero de 1922
88.- “El Demócrata” 1 y 2 de marzo de 1922
89.- “El Demócrata” 3 de marzo de 1922
90.- “El Demócrata” 3 de marzo de 1922
91.- “El Demócrata” 5 de marzo de 1922
92.- “El Demócrata” 4 de marzo de 1922
93.- “El Demócrata” 4 de marzo de 1922
94.- Unas horas antes, Mr. Conway había manifestado a la prensa que no cedería en lo más mínimo en relación a la indemnización de Marin y Bauch La Cía. de Luz . decía Conway ...podría conceder a lo menos , lo ínfimo hablando pecuniariamente-, si no se tratará de una cuestión de principios, como es la indemnización a dos obreros que no supieron responder con su conducta, a las atenciones de la compañía” Como vemos esta cuestión de principios o arrogancia burguesa duró muy poco. “El demócrata” 5 de marzo de 1922
95.- “El Demócrata” 6 de marzo de 1922
96.- “El Demócrata” 7 de marzo de 1922
97.- SME: Libro de Actas 2ª, p 3

Capítulo VII
1.- “El Demócrata” 16 de abril de 1922
2.- “El Demócrata” 12 de abril de 1922
3.- “El Demócrata” 12 de abril de 1922
4.- “El Demócrata” 13 de abril de 1922
5.- “El Demócrata” 18 de abril de 1922
6.- “El Demócrata” 19 de abril de 1922
7.- “El Demócrata” 25 y 26 de mayo de 1922
8.- “El Demócrata” 25 de mayo de 1922
9.- “El Demócrata” 24 de mayo de 1922
10.- “El Demócrata” 1 de junio de 1922
11.- “El Demócrata” 3 de junio de 1922
12.- “El Demócrata” 7 y 8 de junio de 1922
13.- “El demócrata” 25 de mayo de 1922
14.- “El demócrata” 8 de junio de 1922
15.- “El Demócrata” 9, 12, 13 de junio de 1922
16.- “El Demócrata” 13 de junio de 1922
17.- “El Demócrata” 13 de junio de 1922
18.- “El Demócrata” 14 de junio de 1922
19.- “El Demócrata” 17 de junio de 1922
20.- “El Demócrata” 15 de junio de 1922
21.- “El Demócrata” 15 de junio de 1922
22.- “El Demócrata” 9 y 11 de junio de 1922
23.- “El Demócrata” 05 de junio de 1922
24.- “El Demócrata” 1 de junio de 1922
25.- “El Demócrata” 3 de junio de 1922
26.- “El Demócrata” 15 de junio de 1922
27.- “El Demócrata” 01 de junio de 1922
28.- “El Demócrata” 07 de junio de 1922
29.- “El Demócrata” 11 de junio de 1922
30.- “El Demócrata” 15 de junio de 1922
31.- “El Demócrata” 11 de junio de 1922
32.- “El Demócrata” 14 de junio de 1922
33.- “El Demócrata” 16 de junio de 1922
34.- “El Demócrata” 18 de junio de 1922
35.- “El Demócrata” 17 de junio de 1922
36.- “El Demócrata” 15 de junio de 1922
37.- “El Demócrata” 16 de junio de 1922
38.- “El Demócrata” 15 de junio de 1922
39.- “El Demócrata” 16 y 18 de junio de 1922
40.- “El Demócrata” 17 de junio de 1922
41.- “El Demócrata” 18 de junio de 1922
42.- “El Demócrata” 16 de junio de 1922
43.- “El Demócrata” 19 de junio de 1922
44.- “El Demócrata” 19 de junio de 1922
45.- “El Demócrata” 20 de junio de 1922
46.- “El Demócrata” 21 de junio de 1922
47.- “El Demócrata” 22 de junio de 1922
48.- “El Demócrata” 9 de enero de 1923
49.- “El Demócrata” 13 de enero de 1923
50.- “El Demócrata” 14 de enero de 1923
51.- “El Demócrata” 18 de enero de 1923
52.- “El Demócrata” 20 de enero de 1923
53.- “El Demócrata” 23 de enero de 1923
54.- “El Demócrata” 22 de enero de 1923
55.- “El Demócrata” 24 de enero de 1923
56.- Rosas J. Op. Cit. P 96
57.-“El Demócrata” 24 de enero de 1923
58.-“El Demócrata” 27 de enero de 1923
59.-“El Demócrata” 15 de enero de 1923
60.-“El Demócrata” 25 de enero de 1923
61.-“El Demócrata” 27 de enero de 1923
62.-“El Demócrata” 26 de enero de 1923
63.-“El Demócrata” 27 de enero de 1923
64.-“El Demócrata” 28 de enero de 1923
65.-“El Demócrata” 30 de enero de 1923
66.-“El Demócrata” 30 y 31 de enero de 1923
67.-“El Demócrata” 31 de enero de 1923

C A P I T U L O V I I I
1.-El primero de mayo y el bonapartismo en México. Op. Cit. P. 8
2.-Guershenson, A. El movimiento obrero ante el nacionalismo revolucionario. La experiencia cardenista.
3.- Ibidem.


B I B L I O G R A F I A

Basurto, Jorge. El proletariado industrial en México. I. I. S. UNAM. 1975.
Carr, Barry. El movimiento obrero y la política en México 1910-1929. 1976
Clark, Marjorie Ruth. Organized Labor in Mexico
Gershenson, Antonio. El movimiento obrero ante el nacionalismo revolucionario. La experiencia cardenista. Ediciones proletariado y revolución Gilly, Adolfo. La revolución interrumpida.. México, 1910-1920: una guerra campesina por la tierra y el poder. 4ª. Edición
Gramsci, Antonio. La Política y el Estado Moderno. Ediciones Peninsula. Barcelona 1971
Leal, Juan Felipe. La burguesía y el Estado Mexicano 1972.
Marquez Fuentes, Manuel y Rodríguez Araujo, Octavio. El Partido comunista mexicano (en el periódo de la internacional comunista: Tesis profesional FCPX. UNAM. 1971 S
Sánchez Ponce, Victor. La industria eléctrica y el nacionalismo revolucionario. FCPS. UNAM
Salazar. Rosendo Historia de las luchas proletarias.
Shulgovski, Anatol. México en la encrucijada de su historia. (la lucha liberadora y antiimperialista del pueblo mexicano en los años treinta y la alternativa de México ante el camino de sus desarrollo) México. 1972.
SME Libros de Actas. Años de 1921, 1922 y 1923

REVISTAS
“LUX” años 1928 a 1935; y enero de 1955, nov. Y dic. De 1956; enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, septiembre, octubre de 1957.
“ELECTRA” años de 1925 a 1933.

BOLETINES
Boletín mensual del Departamento de Trabajo año de 1922.
Boletín de Industria, Comercio y Trabajo. Septiembre a Diciembre de 1919 y enero a diciembre de 1920.

DOCUMENTOS
El primero de mayo y el bonapartismo en México Doc. Mimeografeado.
La Revolución Mexicana y el desarrollo del capitalismo en México. Doc. Mimeografeado

PERIODICOS
“El Demócrata”.- abril y mayo de 1918; enero a diciembre de 1919; del 10 de abril al 26 de nov. De 1920; enero, febrero, marzo, abril, mayo, julio, octubre, noviembre y diciembre de 1921; 1 de enero al 28 de julio de 1922; enero, febrero y marzo de 1923.
“El Nacional”.- abril y mayo de 1918
“El Universal”.- del 1 al 5 de abril de 1918; enero a diciembre de 1920; enero a diciembre de 1921.
“El Pueblo”.- 31 de marzo y 1 de abril de 1918.
“Excelsior”.- del 12 al 31 de marzo y del 1 al 27 de noviembre de 1920; del 14 al 19 de febrero y del 1 al 6 de marzo, del 20 al 24 de abril, del 22 al 28 de noviembre, del 10 al 18 de diciembre, de 1921; del 12 al 18 de julio de 1922.

B I B L I O G R A F I A

Basurto, Jorge. El proletariado industrial en México. I. I. S. UNAM. 1975.
Carr, Barry. El movimiento obrero y la política en México 1910-1929. 1976
Clark, Marjorie Ruth. Organized Labor in Mexico
Gershenson, Antonio. El movimiento obrero ante el nacionalismo revolucionario. La experiencia cardenista. Ediciones proletariado y revolución Gilly, Adolfo. La revolución interrumpida.. México, 1910-1920: una guerra campesina por la tierra y el poder. 4ª. Edición
Gramsci, Antonio. La Política y el Estado Moderno. Ediciones Peninsula. Barcelona 1971
Leal, Juan Felipe. La burguesía y el Estado Mexicano 1972.
Marquez Fuentes, Manuel y Rodríguez Araujo, Octavio. El Partido comunista mexicano (en el periódo de la internacional comunista: Tesis profesional FCPX. UNAM. 1971 S
Sánchez Ponce, Victor. La industria eléctrica y el nacionalismo revolucionario. FCPS. UNAM
Salazar. Rosendo Historia de las luchas proletarias.
Shulgovski, Anatol. México en la encrucijada de su historia. (la lucha liberadora y antiimperialista del pueblo mexicano en los años treinta y la alternativa de México ante el camino de sus desarrollo) México. 1972.
SME Libros de Actas. Años de 1921, 1922 y 1923

REVISTAS
“LUX” años 1928 a 1935; y enero de 1955, nov. Y dic. De 1956; enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio, septiembre, octubre de 1957.
“ELECTRA” años de 1925 a 1933.

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Boletín de Industria, Comercio y Trabajo. Septiembre a Diciembre de 1919 y enero a diciembre de 1920.

DOCUMENTOS
El primero de mayo y el bonapartismo en México Doc. Mimeografeado.
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PERIODICOS
“El Demócrata”.- abril y mayo de 1918; enero a diciembre de 1919; del 10 de abril al 26 de nov. De 1920; enero, febrero, marzo, abril, mayo, julio, octubre, noviembre y diciembre de 1921; 1 de enero al 28 de julio de 1922; enero, febrero y marzo de 1923.
“El Nacional”.- abril y mayo de 1918
“El Universal”.- del 1 al 5 de abril de 1918; enero a diciembre de 1920; enero a diciembre de 1921.
“El Pueblo”.- 31 de marzo y 1 de abril de 1918.
“Excelsior”.- del 12 al 31 de marzo y del 1 al 27 de noviembre de 1920; del 14 al 19 de febrero y del 1 al 6 de marzo, del 20 al 24 de abril, del 22 al 28 de noviembre, del 10 al 18 de diciembre, de 1921; del 12 al 18 de julio de 1922.

El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


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