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LA CUESTION NACIONAL I1. La construcción del socialismo tiene en la
cuestión nacional un punto crítico clave. Tiene esto una
implicación teórica y su correlato práctico a
saber: 2. De aquí el carácter reaccionario del
comunitarismo como salvación de la humanidad. Comunitarismo y civilismo
integran la pareja práctica dispuesta a despreciar la organización
política, la de los partidos cualesquiera que estos sean, a cambio de
alentar el movimiento tal como Bernstein lo concibió: sin
discusión a fondo de los principios para hacerlo valer por sí
mismo. Esto tiene dos consecuencias: La cuestión nacional es un problema
económico-político y no sólo político,
ideológico y cultural. Las culturas de los pueblos, comunidades y etnias
son complejas, sus tradiciones, usos y costumbres están subsumidas en la
acumulación capitalista y con resistencias simbólicas requieren de
una reflexión crítica por lo que guardan de fanatismo y
manipulación religiosa, sea de parte de la iglesia católica, de
las oposiciones de otras iglesias y del rescate a ultranza de falsas
raíces prehispánicas imposibles de precisar desde aquí y
ahora. Todo esto exige el descubrimiento del problema campesino y su
extinción programada por la globalización en beneficio de los
consorcios alimentarios trasnacionales con sus ofertas trasgénicas
asociadas a la concesión de créditos y la reproducción de
un ejército industrial de reserva orientado a la emigración fuera
de su país de origen. Sobre estas bases, la cuestión campesina es
la prioridad teórico y práctica y no la reducción de la
cuestión nacional a problema indígena. 3. Frente a la territorialización constitutiva
del Imperio, la resistencia de pueblos y comunidades resulta insignificante por
más heroica que sea, si no integra un proyecto clasista de
liberación nacional por el socialismo. Esto exige invertir el camino
seguido por el EZLN a partir de un proyecto socialista con dimensión
nacional e internacionalista construido durante más de treinta
años, desde fines de los sesenta, para plantear la lucha armada con un
programa nacional fundado en las primeras leyes de guerra dadas a conocer el
1º de enero de 1994. Ante el cese al fuego unilateral del gobierno de
Salinas el 11 de enero de 1994, la respuesta del EZLN fue la reprobación
de los apoyos de otras organizaciones de izquierda radical, para en cambio
convocar a la Convención Nacional Democrática apoyada por el PRD
ante una posible presidencia de la República ganada por este partido. De
ahí todo siguió hacia el civilismo con la renuncia al proyecto
nacional a cambio de un comunitarismo de alcance internacional por lo que tiene
de anticapitalismo utópico alimentado por un discurso antirracionalista a
veces poético. Esta trayectoria culminada por ahora en Los Caracoles y
las Juntas de Buen Gobierno reduce al EZLN a una especie de vanguardia moral
renunciante a la lucha armada, al poder, a la política partidaria, nada
de lo cual evitó las masacres de Acteal y El Bosque ni impide el
hostigamiento contra los indígenas ni el desplazamiento de comunidades
enteras, guiado por la contrainsurgencia al servicio del Plan Puebla
Panamá. Esta sucinta historia que ha despertado interés mundial,
tiene que integrarse a la ley del desarrollo desigual y combinado concretada
ahora con las invasiones y operativos imperiales de destrucción de la
URSS, Yugoslavia y del aniquilamiento de Irán, Irak, Palestina, los
kurdos el pueblo Saharahuí, Somalia, Sierra Leona y las divisiones
propiciadas en Sri Lanka, Timor, Filipinas; las disputas fronterizas, los
movimientos políticos autonómicos. Las insurrecciones
transitoriamente triunfales en Ecuador y Bolivia, sus límites y sus
perspectivas, exigen asumir la cuestión nacional como problema
histórico y social. En Los Andes, el Movimiento Pachakutik
contribuyó a la destitución de los presidentes de Ecuador y
Bolivia para luego replegarse por carecer de proyecto
económico-político dificultado por las diferencias con la Central
Obrera Boliviana y el Movimiento al Socialismo. La utopía de restituir el
ayllu incaico no pasa de ser ideología reaccionaria. El proyecto
del Movimiento Tupac Katari de Bolivia de remitir el ayllu y su
actualidad a la discusión del valor económico en términos
económico-políticos, exige este tratamiento a fin de plantearlo
como proyecto comunitario más allá de la pura exhaltación
de las tradiciones culturales y como parte de la construcción del
socialismo. Esto exige, en todo caso la crítica de la economía
política tal como hace Samir Amin para deslindar formaciones sociales
distintas de las europeas. Sin esclavismo, sin feudalismo propiamente dichos,
las resistencias a la acumulación capitalista no son precapitalistas,
sino tributarias y son subsumidas al capitalismo. Sin semifeudalismo o cosa que
se le parezca, con relaciones de poder tributarias con su correspondiente
cultura caciquil y el enfrentamiento entre comunidades sin proyecto nacional,
las formaciones históricas de gran parte de América, son forzadas
por el estado capitalista a integrarse a una nación ficticia porque les
es ajena. 4. En la tradición revolucionaria, la
discusión sobre la soberanía de pueblos y comunidades sin
historia porque no consolidan un estado-nación, sino sólo una
nación relativamente autogestiva y con precariedades de todo tipo, tiene
don líneas estratégicas:
5. Es necesaria la crítica
materialista-dialéctica a las reducciones lineales parte de la
posibilidad de destrucción de la especie humana y de la catástrofe
planetaria a la que conduce el Imperio. La crítica alcanza también
a las utopías comunitaristas con el dilema de reprobarlas o de hacerlas
avanzar a su consideración histórica
económico-política, a su proletarización, a su
dimensión internacionalista y a la construcción del socialismo
como única alternativa radical al capitalismo, especialmente en su fase
actual de aniquilación o subordinación de los
estados-nación. 6. Todo esto exige plantearse la transición al
socialismo. La presencia de la cuestión nacional exige el trabajo con
comunidades y pueblos con proyectos productivos autogestivos pero concientes de
su necesidad de construir un estado incluyente de una nación donde se
cumpla la satisfacción de las necesidades de quienes acceden al
capitalismo por la vía de la explotación extrema y el
desconocimiento consiguiente de todos sus derechos. Hemos pasado por pruebas
prácticas terribles para convencer de la imposibilidad histórica y
social del estado para favorecer una nación incluyente a la par de
considerar experiencias históricas tan criminales como la del comunismo
como dictadura extrema a la Pol Pot. La discusión del colonialismo y de los procesos
de colonización interna característicos de los estados
capitalistas contra la integridad de las naciones, hace hablar a los
ideólogos neoliberales de postcolonialismo. Esto significa la
recomendación de admitir la denegación de la soberanía de
los pueblos, de sus derechos a la autodeterminación y de la independencia
económico-política a cambio de asumir la globalización como
imperio mundial. La territorialización, la regionalización
ordenada por los acuerdos y tratados que han reorganizado las fuerzas
productivas mundiales, exigen respuesta internacionalista, oposición a
las instituciones de la globalización como el Banco Mundial, el Fondo
Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio, a cambio
de proyectos productivos bajo control de las organizaciones de trabajadores por
el socialismo, especialmente en las líneas estratégicas de agua,
energía y biodiversidad. La colonización y conquista imperiales
que arrasan pueblos, comunidades y etnias, que dan lugar a guerras aniquiladoras
con un orden económico, político, militar e ideológico de
fuerte influencia social, tiene que ser respondido con todas las formas de lucha
popular conducida por el beneficio de los trabajadores. 7. La transición exige una estrategia de construcción del pueblo en lucha. Esto exige la crítica de las nociones jurídicas de pueblo y sus derecho y obligaciones, de su reducción campesina romántica, de los usos burgueses demagógicos, de los populismos en apariencia revolucionarios y de los nombres de organizaciones políticas y sociales que incluyen al sujeto popular y procuran el poder popular. El ascenso de las organizaciones indígenas en México y Los Andes, el comunitarismo consiguiente y el civilismo, hacen de la cuestión nacional un argumento antipartidario. Están por el movimiento y si acaso, el frente amplio. Pero el poder popular exige línea de clase y si no el partido, una estructura que se le parezca. La burguesía ha construido un bloque histórico de alto poder incluyente y de captación de los movimiento s sociales de liberación nacional sometidos al reformismo. Proponer el comunitarismo como solución, es por lo menos utópico e ignora los enfrentamientos ancestrales de pueblos, comunidades y etnias instrumentados por las iglesias y manipulados por una tradición caciquil en disputa por la tierra y por el agua. La respuesta exige una construcción de alianzas
estratégicas para un programa proletario incluyente donde los sindicatos,
las nuevas centrales obreras, las organizaciones campesinas, los frentes y
coordinadoras en defensa de la soberanía nacional, partan de la necesidad
de hegemonizar el poder popular con la perspectiva del poder de los trabajadores
con conciencia y proyecto proletario en construcción. El bloque
histórico en proceso sobre estas bases, será incluyente pero claro
contra las reducciones gremialistas, nacionalistas románticas,
indigenistas y comunitaristas, para sustentar en cambio, la integralidad del
poder proletario. La cuestión nacional resulta así el problema
regional resuelto con un proyecto en marcha con orientación proletaria.
8. De todo lo anterior se desprende la transición
de la imposible democracia burguesa y del capitalismo humanizado, a un poder
popular de tendencia proletaria que exige la construcción de un bloque
histórico con los trabajadores del campo y la ciudad a partir de una
organización partidaria con un programa claro y explícito donde no
se oculten las necesidades socialistas ni la cuestión nacional. La
composición compleja del poder popular exige línea proletaria en
el sentido de la liberación de las fuerzas productivas en beneficio de
todos los trabajadores del campo y la ciudad. De hecho, las grandes
movilizaciones contra las privatizaciones de los servicios públicos,
contra las jubilaciones y pensiones de retiro, contra los beneficios a banqueros
y especuladores financieros, tienen este sentido proletario impedido en todas
partes por el civilismo dispuesto a ocultar la lucha de clases a toda costa.
Los estados capitalistas están sujetos a
constantes reformas constitucionales para legalizar la globalización.
Son más de tres centenas de reformas las incluidas en la
Constitución Política desde el gobierno de Salinas en su
último trienio de 1985 a 1988. A la par, la consolidación de la
defensa de la propiedad privada, centro de las constituciones burguesas, ha sido
radicalizada hasta anular los derechos de pueblos, comunidades y etnias para
reducirlos a reconocimientos culturales, ideológicos y a la
reducción de su derecho consuetudinario y sus usos y costumbres al
derecho constitucional capitalista que así se fortalece. La
cuestión nacional implicada en estos procesos, en la defensa nacional de
la energía, el territorio y la biodiversidad integran un solo problema
económico, político, histórico y social que exige
integralidad para los proyectos alternativos, esto es, superar las reformas a
las constituciones burguesas centradas en la defensa de la propiedad privada y
en los derechos de los individuos, para impulsar nuevos constituyentes con
hegemonía de los trabajadores organizados, con conciencia proletaria,
como alternativa a las reformas del estado meramente formales como propone la
oposición partidaria reformista. 9. La transición exige una política de
alianzas capaz de disputar al estado dispuesto a toda suerte de maniobras,
pactos y acuerdos con sus aliados de clase por la vía de reducción
del problema histórico a disputa electoral, la consiguiente
repartición de poderes, siempre y cuando se garantice continuidad y
profundización de la globalización imperial. Llaman en ocasiones a
esto, proyecto de nación con una confusión ideológica del
estado con la nación con todas sus consecuencias represivas pero
también con la instrumentación de toda suerte de fiscalías
y comisiones especiales sin más capacidad que la denuncia en los mejores
casos. Pero los crímenes de la globalización son respondidos por
lo que el Comando Sur yanqui llama en América populismo radical.
El 15 de agosto tendrá su prueba de fuego en Venezuela donde se
enfrenta la intervención yanqui y la reacción empresarial contra
la llamada Revolución Bolivariana incluyente de todo el pueblo en la
operación Batalla de Santa Inés que recupera el sentido
patriótico bolivariano concretado en el Comando Maisanta con una
estructura militar sumamente precisa con todo el pueblo en lucha para impedir la
revocación del gobierno que ha dictado 57 leyes de beneficio popular. Las
maniobras de la reacción y el poder popular están en lucha y lo
que resulte será ejemplar para América y el mundo.
Frente a todo esto, la composición del Taller de Construcción del Socialismo y de las organizaciones de frentes contra las privatizaciones, el neoliberalismo y en defensa de la energía, la tierra y sus frutos, la salud, la educación y la vivienda significan estructuras de resistencia todavía desarticulada y gremialista. Estos intentos de integración de una economía política nacional soberana tienen como obstáculos al gremialismo y al civilismo opuesto a la politización y a la crítica económica e ideológica. Esto recompone de tiempo en tiempo estos frentes de acuerdo a los tiempos electorales en los peores casos. Ante estas dificultades, ahondar en la cuestión nacional es contribuir a la transición al socialismo en una democracia día a día reducida por las necesidades de la globalización. Reivindicar la soberanía nacional, los derechos de los pueblos y comunidades, significa por tanto, insistir en su integración al proyecto histórico mayor por la vía del descubrimiento de las alianzas fundadas en vinculaciones, articulaciones y fusiones políticas con proyecto económico especificado en situaciones concretas. Tal es la respuesta ante la estrategia del Imperio de expropiar los territorios con agua, biodiversidad y energía con consecuencias funestas para los trabajadores del campo y la ciudad. Las etnias, sus comunidades, sus pueblos, sus tierras, son parte de este proceso al que habían de resistir hasta oponerse con una perspectiva que no les viene de fuera, sino de sus propias necesidades encubiertas por las instituciones represivas propiciadas por el estado y cada uno de sus gobiernos en una cadena opresiva con una base de caciques, dirigentes sindicales y campesinos corruptos, presidentes municipales, síndicos y jueces corruptos, diputados cómplices, senadores ausentes y así hasta llegar a la cúpula de un sistema y un bloque histórico de alto poder. Suponer en estas condiciones que la clave de la lucha es la exigencia al estado de los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, es una estrategia reaccionaria sólo valida si se la integra a un proyecto nacional de construcción del socialismo. Por lo visto, el pueblo, nombrado y manipulado por la demagogia burguesa desde la Revolución francesa y la caracterización paternalista escrita por Jules Michelet, ha sido calificado por los procesos revolucionarios en países sin desarrollo capitalista pleno y propio, subordinados al Imperio y con graves problemas campesinos y de economía informal, como pueblo en lucha, lo cual exige la hegemonía proletaria. La liberación nacional abstracta o reducida a la exaltación utopista y romántica de etnias, comunidades y pueblos, ha revelado históricamente su limitación estratégica, lo mismo en la Revolución Mexicana, que en la Popular Sandinista o en Pachakutik. Populismo, corporativismo y subsunción burguesa, han obstaculizado las posibilidades revolucionarias de estos procesos. Pueblo en lucha con hegemonía proletaria, con un programa no sólo anticapitalista sino socialista y con trabajo cultural constante de construcción del bloque histórico necesariamente integrador de todos los explotados, es la solución histórica de fondo de la cuestión nacional irreductible a la pureza indígena. A obstaculizarla no sólo contribuye el Imperio y sus representantes regionales y locales que denominan populismo radical al que tira presidentes y repudia al neoliberalismo y sus instituciones trasnacionales económico-políticas pero que no logra constituir un proyecto de estado revolucionario, sino también los socialismos utópicos descritos incluyendo el del sueño del Partido internacional del Proletariado sin considerar el desarrollo desigual y combinado Tlalpan, julio de
2004. Alberto Híjar. TALLER DE CONSTRUCCION DEL SOCIALISMO Bibliografía Alvarez Alejandro, et.al. Economía política del Plan Puebla Panamá. Ed. Itaca. México. 2002. Pequeño e importante libro con la
inclusión de documentos claves. Varios. El nacionalismo en México. Ed. El Colegio de Michoacán, México. 1992. Incluye tratamientos muy variados, en especial, un ensayo de Héctor Díaz Polanco sobre etnias, nación y autonomías.Coatsworih Jhon H. Los Orígenes del Atraso. Nueve ensayos de historia económica de México en los siglos XVIII y XIX. Alianza editorial mexicana/ed. Patria. 1990. A partir de una crítica a la historiografía económica de México, explica el atraso como proceso desde el absolutismo colonial y las reformas borbónicas hasta el porfirismo y la Revolución de 1910. Ipola Emilio de. Ideología y discurso populista, Ed. Plaza & Janes, México, 1987. Negri Antonio. Guías, Cinco lecciones en torno a Imperio, Paidós, Estado y Sociedad 118, 2004. Trotksy L., Novack G. y Moreno N. La ley del desarrollo desigual y combinado. Ed. Quinto Sol, 1981. Cueva Agustin “El marxismo latinoamericano: historia y problemas actuales” en Tareas 65, Enero-mayo 1987, Panamá. |
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El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F. · Contacto · Diseño Web · |
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