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LA CUESTION NACIONAL I

1. La construcción del socialismo tiene en la cuestión nacional un punto crítico clave. Tiene esto una implicación teórica y su correlato práctico a saber:

1.1 La historia universal es desigual y combinada pero está sujeta a la ley de contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción en lucha de clases concretada en formaciones sociales complejas y contradictorias. Esto exige el no reducir la transformación histórica a situaciones particulares y coyunturales, sino partir de la mayor complejidad en la acumulación capitalista para de ahí especificarla y proponer las acciones necesarias para su transformación.

1.2 La globalización ha puesto en crisis a los estados-nación y sus soberanías, lo cual hace de la cuestión nacional un problema histórico sin solución imperial, por más discusiones jurídicas y de apoyos especiales instrumentados por instituciones internacionales y por los estados-nación. La cuestión nacional es la persistencia de pueblos, comunidades y etnias de raíz campesina que parecen estar al margen o fuera de la lucha de clases. Constituyen naciones precarias por su conflicto con los estados capitalistas y en ocasiones ofrecen resistencias variadas para reivindicar sus culturas, sus usos y costumbres en el derecho consuetudinario, sus peculiares relaciones de producción, sus lenguas, sus costumbres y sus territorios.

La propuesta de pleno respeto a etnias, comunidades y pueblos por el estado históricamente opresor, alterna con el impulso a la autodeterminación y la autogestión. Esto da lugar a comunitarismos de incierta raíz anarquista, apoyados por movilizaciones civilistas de alcance internacional con la consigna del EZLN de no querer el poder y rechazar a las organizaciones políticas. Todo esto parece quedar fuera de la lucha de clases, tal como Marx lo advirtió en la Introducción a la Contribución a la Crítica de la Economía Política de 1857, al incluir en la Nota Bene final, aparentes excepciones inexplicables para la critica de la economía-política. Luego de la guerra y antes del arte, colocó el problema de las etnias que con todo y sus características especiales, están determinadas por la lucha de clases. De aquí se desprende la solución con la orientación proletaria de todos los trabajadores del campo y la ciudad, incluyendo a los campesinos indígenas. La clave de la relación con la lucha de clases está en el Manifiesto Comunista: los proletarios no tienen patria pero son la única clase con proyecto nacional.. La patria resulta así una noción ideológica burguesa como propuesta de unidad nacional. Para el proletariado como clase obrera en sí y para sí, esto es plenamente conciente de su lugar histórico y por tanto organizada para construir el poder económico-político que la libere y con ella a todos los oprimidos, es la única clase con proyecto viable de liberación nacional que no puede ser otro que el socialismo. Nacional e internacionalista, el poder proletario no es viable de manera igual y simultánea para todo el mundo, sino se concreta de acuerdo a las particularidades nacionales. La Patria Socialista, la Patria Grande, tiene este sentido.

2. De aquí el carácter reaccionario del comunitarismo como salvación de la humanidad. Comunitarismo y civilismo integran la pareja práctica dispuesta a despreciar la organización política, la de los partidos cualesquiera que estos sean, a cambio de alentar el movimiento tal como Bernstein lo concibió: sin discusión a fondo de los principios para hacerlo valer por sí mismo. Esto tiene dos consecuencias:

2.1 La esperanza en el estado capitalista para que reconozca los derechos de los pueblos y comunidades, no sólo en su dimensión política con la inclusión de usos y costumbres y el derecho consuetudinario, sino en la propiedad y explotación de la tierra con el reconocimiento de su propio territorio por el estado. Para el caso de México, se hace valer el Convenio 169 de 1989 de la Organización Internacional del Trabajo y los Acuerdos de San Andrés incumplidos después de su firma por el estado mexicano. Se hace valer también el reconocimiento constitucional para la elección de autoridades en Oaxaca y otros estados con menor beligerancia indígena y por supuesto, la existencia de Los Caracoles, las Juntas de Buen Gobierno y el EZLN, como pruebas históricas y sociales de un poder distinto al del estado capitalista. La democracia distinta a la burguesa electoral con todo y sus partidos políticos en lucha por sus cuotas de poder que en nada benefician al pueblo, suele quedar restringida a asambleas y consejos y a decisiones por vía distinta de la mayoría, pero queda dentro de los límites del estado que procura aislar, criminalizar y combatir con todas las formas de lucha a la comunidad o pueblo organizado con mil sacrificios tal como ha ocurrido desde los setenta en Juchitán, Tepoztlán en los noventa, los campamentos de colonos precaristas en el campo y en las ciudades desde los setenta y Los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno que hasta ahora no consiguen la defensa contra las incursiones militares y paramilitares por el EZLN . Al aislamiento y reducción rutinaria de estos procesos, contribuyen los dirigentes usualmente vitalicios e incapaces de formar cuadros de relevo. El proyecto integral del EPR, planteado en los Manifiestos de Aguas Blancas y de la Sierra Madre Oriental en 1995, quedó sólo en el papel como República Democrática Popular.

2.2 Otro comunitarista, Tomás Mojarro, considera todo lo anterior como un iluso intento de hacer que el cacomixtle se vuelva vegetariano y deje de comer gallinas. Pero el también desarrolla una red ciudadana de gran eficacia para el acopio de todo lo que resuelve las urgencias de los más pobres y desprotegidos. Las ONG´s, las fundaciones filantrópicas y las organizaciones de apoyo al comunitarismo, participan del civilismo, llaman y se movilizan sin considerar la contradicción sin remedio de exigir reconocimiento del estado a los derechos de los pueblos y comunidades a la par que resuelven los problemas más urgentes de ellos, liberando al estado de su responsabilidad social singularmente despreciada por la territorialización característica de la globalización y por la privatización de los servicios públicos con la consiguiente eliminación del llamado peyorativamente estado benefactor.

La cuestión nacional es un problema económico-político y no sólo político, ideológico y cultural. Las culturas de los pueblos, comunidades y etnias son complejas, sus tradiciones, usos y costumbres están subsumidas en la acumulación capitalista y con resistencias simbólicas requieren de una reflexión crítica por lo que guardan de fanatismo y manipulación religiosa, sea de parte de la iglesia católica, de las oposiciones de otras iglesias y del rescate a ultranza de falsas raíces prehispánicas imposibles de precisar desde aquí y ahora. Todo esto exige el descubrimiento del problema campesino y su extinción programada por la globalización en beneficio de los consorcios alimentarios trasnacionales con sus ofertas trasgénicas asociadas a la concesión de créditos y la reproducción de un ejército industrial de reserva orientado a la emigración fuera de su país de origen. Sobre estas bases, la cuestión campesina es la prioridad teórico y práctica y no la reducción de la cuestión nacional a problema indígena.

3. Frente a la territorialización constitutiva del Imperio, la resistencia de pueblos y comunidades resulta insignificante por más heroica que sea, si no integra un proyecto clasista de liberación nacional por el socialismo. Esto exige invertir el camino seguido por el EZLN a partir de un proyecto socialista con dimensión nacional e internacionalista construido durante más de treinta años, desde fines de los sesenta, para plantear la lucha armada con un programa nacional fundado en las primeras leyes de guerra dadas a conocer el 1º de enero de 1994. Ante el cese al fuego unilateral del gobierno de Salinas el 11 de enero de 1994, la respuesta del EZLN fue la reprobación de los apoyos de otras organizaciones de izquierda radical, para en cambio convocar a la Convención Nacional Democrática apoyada por el PRD ante una posible presidencia de la República ganada por este partido. De ahí todo siguió hacia el civilismo con la renuncia al proyecto nacional a cambio de un comunitarismo de alcance internacional por lo que tiene de anticapitalismo utópico alimentado por un discurso antirracionalista a veces poético. Esta trayectoria culminada por ahora en Los Caracoles y las Juntas de Buen Gobierno reduce al EZLN a una especie de vanguardia moral renunciante a la lucha armada, al poder, a la política partidaria, nada de lo cual evitó las masacres de Acteal y El Bosque ni impide el hostigamiento contra los indígenas ni el desplazamiento de comunidades enteras, guiado por la contrainsurgencia al servicio del Plan Puebla Panamá. Esta sucinta historia que ha despertado interés mundial, tiene que integrarse a la ley del desarrollo desigual y combinado concretada ahora con las invasiones y operativos imperiales de destrucción de la URSS, Yugoslavia y del aniquilamiento de Irán, Irak, Palestina, los kurdos el pueblo Saharahuí, Somalia, Sierra Leona y las divisiones propiciadas en Sri Lanka, Timor, Filipinas; las disputas fronterizas, los movimientos políticos autonómicos. Las insurrecciones transitoriamente triunfales en Ecuador y Bolivia, sus límites y sus perspectivas, exigen asumir la cuestión nacional como problema histórico y social. En Los Andes, el Movimiento Pachakutik contribuyó a la destitución de los presidentes de Ecuador y Bolivia para luego replegarse por carecer de proyecto económico-político dificultado por las diferencias con la Central Obrera Boliviana y el Movimiento al Socialismo. La utopía de restituir el ayllu incaico no pasa de ser ideología reaccionaria. El proyecto del Movimiento Tupac Katari de Bolivia de remitir el ayllu y su actualidad a la discusión del valor económico en términos económico-políticos, exige este tratamiento a fin de plantearlo como proyecto comunitario más allá de la pura exhaltación de las tradiciones culturales y como parte de la construcción del socialismo. Esto exige, en todo caso la crítica de la economía política tal como hace Samir Amin para deslindar formaciones sociales distintas de las europeas. Sin esclavismo, sin feudalismo propiamente dichos, las resistencias a la acumulación capitalista no son precapitalistas, sino tributarias y son subsumidas al capitalismo. Sin semifeudalismo o cosa que se le parezca, con relaciones de poder tributarias con su correspondiente cultura caciquil y el enfrentamiento entre comunidades sin proyecto nacional, las formaciones históricas de gran parte de América, son forzadas por el estado capitalista a integrarse a una nación ficticia porque les es ajena.

4. En la tradición revolucionaria, la discusión sobre la soberanía de pueblos y comunidades sin historia porque no consolidan un estado-nación, sino sólo una nación relativamente autogestiva y con precariedades de todo tipo, tiene don líneas estratégicas:

4.1 La de Bakunin contra el estado y por las comunidades en proceso de integrar un poder federado. Su esperanza en los pueblos eslavos no triunfó. Sin embargo, la crisis constante de los estados-nación europeos se concreta en su confrontación con pueblos tan poderosos como los vascos, los irlandeses y otros con menos poder como los corzos. De manera consecuente con la línea anarquista, esto exige superar la fetichización del estado-nación para encontrar la dialéctica histórica económico-política de incluir las autonomías en el poder de un estado de los trabajadores y no de los consorcios y las financieras trasnacionales a quienes estorban las llamadas minorías. Nada de esto implica sustentar una especie de preindustrialismo y vía exclusivamente campesina para los pueblos, comunidades y etnias beligerantes contra la represión de los estados excluyentes de sus intereses históricos.

4.2 La de Engels fundamentada en el progreso como consolidación de un desarrollo de las fuerzas productivas garantizado por el estado-nación. Pueblos y comunidades resultan un lastre histórico. Tampoco la invasión yanqui y la expropiación de la mitad del territorio de México aplaudidas por Engels, dieron lugar a una clase obrera revolucionaria sino todo lo contrario.

Esto remite al progreso con una propuesta positivista y lineal, desconocedora del desarrollo desigual y combinado y promotora de un racionalismo productivo sin lugar para procesos productivos subsumidos por el capitalismo y a su contraparte igualmente idealista de rechazar a ultranza a los estados-nación. He aquí, un principio de teoría del estado urgida de concretarse históricamente sobre la base de la necesidad del estado como garantía del desarrollo de las fuerzas productivas aunque con las relaciones de explotación propias del capitalismo. Negar al estado es tirar el agua sucia con todo y niño. Concebirlo como impulsor del progreso a toda costa, es negar las relaciones de producción desiguales y combinadas.

Por tanto, el materialismo histórico y dialéctico parte de la acumulación capitalista con todo lo que tiene de progreso avasallante de los llamados pueblos sin historia. Este nombre exige la precisión de la ley del desarrollo desigual y combinado en todo opuesta a la consideración de la historia y las formaciones sociales en progreso lineal y ascendente a la industrialización y su reproducción racional y científica opuesta a otras vías de desarrollo de todas formas incluida en la acumulación capitalista y en su solución alternativa radical.

Frente a la sobrevaloración de la cuestión indígena por las ideologías burguesas, es necesaria la crítica de la economía política y sus implicaciones culturales sobre la crisis de los estados por su reducción de la nación al gran capital.

5. Es necesaria la crítica materialista-dialéctica a las reducciones lineales parte de la posibilidad de destrucción de la especie humana y de la catástrofe planetaria a la que conduce el Imperio. La crítica alcanza también a las utopías comunitaristas con el dilema de reprobarlas o de hacerlas avanzar a su consideración histórica económico-política, a su proletarización, a su dimensión internacionalista y a la construcción del socialismo como única alternativa radical al capitalismo, especialmente en su fase actual de aniquilación o subordinación de los estados-nación.

6. Todo esto exige plantearse la transición al socialismo. La presencia de la cuestión nacional exige el trabajo con comunidades y pueblos con proyectos productivos autogestivos pero concientes de su necesidad de construir un estado incluyente de una nación donde se cumpla la satisfacción de las necesidades de quienes acceden al capitalismo por la vía de la explotación extrema y el desconocimiento consiguiente de todos sus derechos. Hemos pasado por pruebas prácticas terribles para convencer de la imposibilidad histórica y social del estado para favorecer una nación incluyente a la par de considerar experiencias históricas tan criminales como la del comunismo como dictadura extrema a la Pol Pot.

La discusión del colonialismo y de los procesos de colonización interna característicos de los estados capitalistas contra la integridad de las naciones, hace hablar a los ideólogos neoliberales de postcolonialismo. Esto significa la recomendación de admitir la denegación de la soberanía de los pueblos, de sus derechos a la autodeterminación y de la independencia económico-política a cambio de asumir la globalización como imperio mundial. La territorialización, la regionalización ordenada por los acuerdos y tratados que han reorganizado las fuerzas productivas mundiales, exigen respuesta internacionalista, oposición a las instituciones de la globalización como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio, a cambio de proyectos productivos bajo control de las organizaciones de trabajadores por el socialismo, especialmente en las líneas estratégicas de agua, energía y biodiversidad. La colonización y conquista imperiales que arrasan pueblos, comunidades y etnias, que dan lugar a guerras aniquiladoras con un orden económico, político, militar e ideológico de fuerte influencia social, tiene que ser respondido con todas las formas de lucha popular conducida por el beneficio de los trabajadores.

7. La transición exige una estrategia de construcción del pueblo en lucha. Esto exige la crítica de las nociones jurídicas de pueblo y sus derecho y obligaciones, de su reducción campesina romántica, de los usos burgueses demagógicos, de los populismos en apariencia revolucionarios y de los nombres de organizaciones políticas y sociales que incluyen al sujeto popular y procuran el poder popular. El ascenso de las organizaciones indígenas en México y Los Andes, el comunitarismo consiguiente y el civilismo, hacen de la cuestión nacional un argumento antipartidario. Están por el movimiento y si acaso, el frente amplio. Pero el poder popular exige línea de clase y si no el partido, una estructura que se le parezca.

La burguesía ha construido un bloque histórico de alto poder incluyente y de captación de los movimiento s sociales de liberación nacional sometidos al reformismo. Proponer el comunitarismo como solución, es por lo menos utópico e ignora los enfrentamientos ancestrales de pueblos, comunidades y etnias instrumentados por las iglesias y manipulados por una tradición caciquil en disputa por la tierra y por el agua.

La respuesta exige una construcción de alianzas estratégicas para un programa proletario incluyente donde los sindicatos, las nuevas centrales obreras, las organizaciones campesinas, los frentes y coordinadoras en defensa de la soberanía nacional, partan de la necesidad de hegemonizar el poder popular con la perspectiva del poder de los trabajadores con conciencia y proyecto proletario en construcción. El bloque histórico en proceso sobre estas bases, será incluyente pero claro contra las reducciones gremialistas, nacionalistas románticas, indigenistas y comunitaristas, para sustentar en cambio, la integralidad del poder proletario. La cuestión nacional resulta así el problema regional resuelto con un proyecto en marcha con orientación proletaria.

8. De todo lo anterior se desprende la transición de la imposible democracia burguesa y del capitalismo humanizado, a un poder popular de tendencia proletaria que exige la construcción de un bloque histórico con los trabajadores del campo y la ciudad a partir de una organización partidaria con un programa claro y explícito donde no se oculten las necesidades socialistas ni la cuestión nacional. La composición compleja del poder popular exige línea proletaria en el sentido de la liberación de las fuerzas productivas en beneficio de todos los trabajadores del campo y la ciudad. De hecho, las grandes movilizaciones contra las privatizaciones de los servicios públicos, contra las jubilaciones y pensiones de retiro, contra los beneficios a banqueros y especuladores financieros, tienen este sentido proletario impedido en todas partes por el civilismo dispuesto a ocultar la lucha de clases a toda costa.

Los estados capitalistas están sujetos a constantes reformas constitucionales para legalizar la globalización. Son más de tres centenas de reformas las incluidas en la Constitución Política desde el gobierno de Salinas en su último trienio de 1985 a 1988. A la par, la consolidación de la defensa de la propiedad privada, centro de las constituciones burguesas, ha sido radicalizada hasta anular los derechos de pueblos, comunidades y etnias para reducirlos a reconocimientos culturales, ideológicos y a la reducción de su derecho consuetudinario y sus usos y costumbres al derecho constitucional capitalista que así se fortalece. La cuestión nacional implicada en estos procesos, en la defensa nacional de la energía, el territorio y la biodiversidad integran un solo problema económico, político, histórico y social que exige integralidad para los proyectos alternativos, esto es, superar las reformas a las constituciones burguesas centradas en la defensa de la propiedad privada y en los derechos de los individuos, para impulsar nuevos constituyentes con hegemonía de los trabajadores organizados, con conciencia proletaria, como alternativa a las reformas del estado meramente formales como propone la oposición partidaria reformista.

9. La transición exige una política de alianzas capaz de disputar al estado dispuesto a toda suerte de maniobras, pactos y acuerdos con sus aliados de clase por la vía de reducción del problema histórico a disputa electoral, la consiguiente repartición de poderes, siempre y cuando se garantice continuidad y profundización de la globalización imperial. Llaman en ocasiones a esto, proyecto de nación con una confusión ideológica del estado con la nación con todas sus consecuencias represivas pero también con la instrumentación de toda suerte de fiscalías y comisiones especiales sin más capacidad que la denuncia en los mejores casos. Pero los crímenes de la globalización son respondidos por lo que el Comando Sur yanqui llama en América populismo radical. El 15 de agosto tendrá su prueba de fuego en Venezuela donde se enfrenta la intervención yanqui y la reacción empresarial contra la llamada Revolución Bolivariana incluyente de todo el pueblo en la operación Batalla de Santa Inés que recupera el sentido patriótico bolivariano concretado en el Comando Maisanta con una estructura militar sumamente precisa con todo el pueblo en lucha para impedir la revocación del gobierno que ha dictado 57 leyes de beneficio popular. Las maniobras de la reacción y el poder popular están en lucha y lo que resulte será ejemplar para América y el mundo.

Frente a todo esto, la composición del Taller de Construcción del Socialismo y de las organizaciones de frentes contra las privatizaciones, el neoliberalismo y en defensa de la energía, la tierra y sus frutos, la salud, la educación y la vivienda significan estructuras de resistencia todavía desarticulada y gremialista. Estos intentos de integración de una economía política nacional soberana tienen como obstáculos al gremialismo y al civilismo opuesto a la politización y a la crítica económica e ideológica. Esto recompone de tiempo en tiempo estos frentes de acuerdo a los tiempos electorales en los peores casos. Ante estas dificultades, ahondar en la cuestión nacional es contribuir a la transición al socialismo en una democracia día a día reducida por las necesidades de la globalización.

Reivindicar la soberanía nacional, los derechos de los pueblos y comunidades, significa por tanto, insistir en su integración al proyecto histórico mayor por la vía del descubrimiento de las alianzas fundadas en vinculaciones, articulaciones y fusiones políticas con proyecto económico especificado en situaciones concretas. Tal es la respuesta ante la estrategia del Imperio de expropiar los territorios con agua, biodiversidad y energía con consecuencias funestas para los trabajadores del campo y la ciudad. Las etnias, sus comunidades, sus pueblos, sus tierras, son parte de este proceso al que habían de resistir hasta oponerse con una perspectiva que no les viene de fuera, sino de sus propias necesidades encubiertas por las instituciones represivas propiciadas por el estado y cada uno de sus gobiernos en una cadena opresiva con una base de caciques, dirigentes sindicales y campesinos corruptos, presidentes municipales, síndicos y jueces corruptos, diputados cómplices, senadores ausentes y así hasta llegar a la cúpula de un sistema y un bloque histórico de alto poder. Suponer en estas condiciones que la clave de la lucha es la exigencia al estado de los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, es una estrategia reaccionaria sólo valida si se la integra a un proyecto nacional de construcción del socialismo.

Por lo visto, el pueblo, nombrado y manipulado por la demagogia burguesa desde la Revolución francesa y la caracterización paternalista escrita por Jules Michelet, ha sido calificado por los procesos revolucionarios en países sin desarrollo capitalista pleno y propio, subordinados al Imperio y con graves problemas campesinos y de economía informal, como pueblo en lucha, lo cual exige la hegemonía proletaria. La liberación nacional abstracta o reducida a la exaltación utopista y romántica de etnias, comunidades y pueblos, ha revelado históricamente su limitación estratégica, lo mismo en la Revolución Mexicana, que en la Popular Sandinista o en Pachakutik. Populismo, corporativismo y subsunción burguesa, han obstaculizado las posibilidades revolucionarias de estos procesos.

Pueblo en lucha con hegemonía proletaria, con un programa no sólo anticapitalista sino socialista y con trabajo cultural constante de construcción del bloque histórico necesariamente integrador de todos los explotados, es la solución histórica de fondo de la cuestión nacional irreductible a la pureza indígena. A obstaculizarla no sólo contribuye el Imperio y sus representantes regionales y locales que denominan populismo radical al que tira presidentes y repudia al neoliberalismo y sus instituciones trasnacionales económico-políticas pero que no logra constituir un proyecto de estado revolucionario, sino también los socialismos utópicos descritos incluyendo el del sueño del Partido internacional del Proletariado sin considerar el desarrollo desigual y combinado

Tlalpan, julio de 2004.
Alberto Híjar.


TALLER DE CONSTRUCCION DEL SOCIALISMO


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El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


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