· Usted está aquí: · Inicio · Publicaciones · Seminario 2004 · Educación versus mercantilización



Presentación
Caracterización
Temario
Publicaciones
Cultura
Comunicación
Archivo
Enlaces externos

EDUCACIÓN VERSUS MERCANTILIZACIÓN

-De la posibilidad de una crítica al modelo educativo gerencial para el siglo xxi-

Lic. Hugo Carbajal Aguilar

En los tiempos actuales -tiempos aciagos- que vivimos, confluyen conciente o inconscientemente muchas fuerzas que tienden a la derechización –con todo lo que esto implica- de las condiciones económicas, políticas y culturales de nuestro mundo. Un proceso vital de la sociedad es el proceso educativo que no podría quedar al margen de todo lo que toca esta avalancha reaccionaria que amenaza con forjar una visión de la naturaleza, de la sociedad y del hombre acorde con sus “valores y perspectivas” con su muy particular sistematización de sus ideas, de sus creencias, en fin, de su ideología. Tal es el caso del elegantemente llamado Modelo Educativo para el Siglo XXI propuesto e impuesto por el Sistema Nacional de Educación Superior Tecnológica que abarca tanto al Politécnico Nacional como a todos los Institutos Tecnológicos del país.

Es de advertir que se ha solicitado públicamente que todas las aportaciones críticas sobre el particular se viertan con toda libertad para que se propicie una discusión amplia sobre el quehacer institucional. Es lo que pretendemos. Ya de antemano se veía venir la preparación de este trabajo con una serie de artículos y de cursos-talleres que anticipaban el camino. Precisamente en marzo del 2003 se ofreció en el Instituto Tecnológico de Zacatepec, un curso llamado Enfoque Estratégico para el cual se publicó un cuaderno de trabajo con serias fallas incluso gramaticales. Por ejemplo, en la página 20 se lee : “Entendiendo el mandato de la (sic) área...”. Se reitera : “ ¿Qué es lo que la área busca...?” Una más: “...obstáculos y desafíos que la área necesita afrontar...”. Y el pilón: ...”lograr las metas de la área”. Esto no puede pasar inadvertido. La habilidad verbal (oral y escrita) resulta indispensable para comunicar con eficacia y corrección los contenidos educativos.

No aparece en la exposición del trabajo sobre el Modelo Educativo un planteamiento crítico con relación al proyecto económico actual. No se sitúa este Modelo críticamente ante el panorama socioeconómico y cultural que estamos viviendo, antes bien lo da como un hecho ante el cual no nos queda más que acomodarnos lo mejor que podamos. Podría esperarse –dado el nivel académico y cultural que, se supone, se maneja en los Institutos Tecnológicos- un planteamiento crítico de la sociedad actual, del funcionamiento de su economía, de su quehacer político, de su proyecto cultural (si es que lo tiene).

Si se trata de aplicar un Modelo Educativo que responda a las exigencias de nuestro tiempo debemos exigirnos un diagnóstico de la sociedad, un análisis de la coyuntura en cuanto a la política cultural que se pretende impulsar así como un análisis estructural que advierta la relación dialéctica entre la raíz económica y la supraestructura ideológica. Sólo así estaríamos en posibilidad de constatar algunas causas y consecuencias a la vez de los grandes problemas nacionales: desempleo creciente, pobreza y marginación, migración al extranjero en busca de oportunidades, analfabetismo (elemental y funcional), manipulación de las masas populares por los Mass Media, por la Iglesia, por la Escuela y por los grupos de poder, deterioro de la tarea política que ha caído en manos de vivales oportunistas...

Con ese diagnóstico ya podría pensarse en un mejor discurso para involucrarnos en la elaboración de un Modelo Educativo responsable y comprometido.

Sin embargo otro es el punto de vista. En la página 12 del mencionado Enfoque Estratégico se lee: “Ni los gobiernos ni sus instituciones controlan la economía; es el mercado”. Asegurando este enunciado como un axioma nos alejamos de toda reflexión crítica. Por lo menos podríamos plantear algunas preguntas:

¿Es así? Si lo es, ¿ha sido provechoso para la sociedad? ¿Cuáles han sido las ventajas de que el Mercado, ese ente plenipotenciario, sujete bajo su mando a toda la sociedad en su economía, en su política, en su cultura? ¿Se advierten las consecuencias históricas y culturales de aceptar esta frase como la realidad sin más? ¿Dónde queda el papel del Estado como tal?

Parece que encontramos la respuesta en la página 10 del texto sobre el Modelo Educativo para el Siglo XXI:

En la cuestión económica, el país transita en la vía del cambio de un Modelo de protección gubernamental...hacia la apertura internacional del mercado y el fomento a las exportaciones en un marco de limitación de la intervención del Estado en la economía”.

Así es en efecto pero, ¿se da aquí un planteamiento crítico? Es decir, ¿eso que se afirma ha sido bueno para la sociedad actual? ¿Es correcto –económicamente- que el Estado abandone sus responsabilidades y compromisos con la sociedad? ¿Cuáles han sido las consecuencias de esa decisión tecnocrática a lo largo de 22 años?

Sigue diciendo el mismo párrafo: “Esta transición, afectada por el actual panorama de la economía mundial, exige ahora el fortalecimiento de las redes económicas internas del país para disminuir los efectos de la dependencia internacional, y prepararlo para una interdependencia más justa y equitativa entre las naciones”.

Inevitablemente surgen más cuestionamientos: ¿De verdad, con seriedad, se piensa que podremos –así como vamos- disminuir los efectos de la dependencia internacional y preparar a nuestro país para una interdependencia más justa y equitativa entre las naciones?

Obsérvese ahora la página 25 del Programa Institucional de Innovación y Desarrollo del Instituto Tecnológico de Zacatepec 2001-2006. Ahí se lee:

La educación tecnológica en un escenario como éste ofrecerá un capital humano de calidad capaz de impulsar mayores niveles de competencia entre los productos y servicios que ofrece nuestro país y que a su vez, dichos productos y servicios cumplan con las normas y estándares internacionales”.

He aquí el problema. El punto de partida. El enfoque fundamental.

Se insiste mucho en la necesidad de potenciar la educación pero sólo para poder subsistir en este mundo globalizado y de mercados sin fronteras. Para ello las Universidades y los Institutos de Educación “Superior” tienen que proveer al Mercado-Patrón de mano de obra barata, flexibilizada, dócil y –por supuesto- competitiva. Al respecto cito a Christian Laval (“La escuela no es una empresa”, Paidós, 2004) que da cuenta en este su recientísimo trabajo, de la subordinación de la escuela al proyecto económico neoliberal:

Las universidades son, cada vez más, meras productoras de capital humano para ser vendido en el mercado laboral. En la cultura de mercado, la emancipación por el conocimiento, vieja herencia de la Ilustración, se considera una idea obsoleta.

Aproximar la escuela y la economía, poner la escuela al día, es decir, meterla en cintura, tal es la voluntad histórica de los modernizadores de la actualidad.

No hay que olvidar la presión simbólica y política ejercida a escala mundial por las grandes organizaciones liberales como la OCDE, el BM, la OMC, la Comisión Europea, que no sólo unifican las reglas del comercio y la producción, sino que cuadran igualmente las políticas educativas y las mentalidades de los responsables”.

Por su parte, el filósofo Adolfo Sánchez Vázquez afirma:

La mercantilización avasallante del neoliberalismo convierte todo en MERCANCÍA y la actividad humana se juzga por el criterio de la productividad, del éxito, de la eficiencia, de la rentabilidad en términos económicos.

En ese sistema, en el que vivimos en su fase más explotadora y depredadora, el neoliberalismo, la Universidad no puede escapar a sus amenazas. Pero ante ellas, tiene que hacer frente a la tendencia impulsada por los organismos económicos internacionales hegemonizados por Estados Unidos para privatizar la educación superior”. ( La autonomía, amenazada por el neoliberalismo...”. La Jornada, jueves 14 de octubre 2004, pág. 15).

Tristemente la escuela ha dejado de ser el punto crítico de la sociedad civil, su papel se ha visto reducido. No es más el espacio donde debería determinarse crítica y reflexivamente el rumbo que la sociedad en su conjunto debería seguir; el punto de partida para avanzar en el análisis y la impugnación de la realidad socioeconómica imperante, el sitio donde maduraría, mediante el debate reflexivo, la concientización política de los implicados en el proceso educativo, maestros y estudiantes.

Estamos asistiendo al desmantelamiento de nuestra seguridad social; a la declarada intención de poner en manos extrañas nuestro petróleo y nuestra energía eléctrica; al ofrecimiento desvergonzado que se ha hecho a extranjeros para “concesionarles” nuestro patrimonio cultural (Grutas de Cacahuamilpa, Xochicalco, Teotihuacan); a la anulación de nuestro pasado histórico en los programas de educación secundaria...No podemos negar ni emboscar estas realidades.

Si este Modelo Educativo realmente responde “a los desafíos que impone el nuevo horizonte de la época”, (p. 15) podríamos esperar lógicamente que asuma como desafío la transformación radical de esta sociedad injusta, mezquina, individualista y –ergo- inhumana. Asistimos también, lamentablemente, a la sicilianización de México tal como lo señala Leonardo Sciascia (Conversación con Federico Campbell, “La memoria de Sciascia”, FCE, pág. 237):

Yo entiendo por sicilianización de Italia y del mundo una pérdida progresiva del valor de las ideas, ante el surgimiento arrollador de los intereses particulares...Ha habido una caída del espíritu público, mientras que antes, incluso si las cosas ya eran así, había la esperanza de que las cosas pudieran no ser así. Ahora esta esperanza ya no existe”. (Jenaro Villamil, República de Pantalla en: La Jornada, domingo 8 de agosto 2004, pág. 4).


EL MODELO EDUCATIVO Y SU OBEDIENCIA AL PROYECTO ECONÓMICO NEOLIBERAL

Tenemos que abundar en los argumentos que van más allá de la constatación de hechos y se remiten a las desastrosas consecuencias que un modelo-proyecto de esta orientación acarrearía. Véase lo que Armando Labra advierte:

El Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios de la Organización Mundial de Comercio (OMC), a la cual pertenecemos define como servicio el que ofrezca cualquier sector, excepto los suministrados “en ejercicio de facultades gubernamentales”, es decir, que no sea comercial ni competitivo. La definición es de enorme ambigüedad y altamente controvertible. Según el informe publicado hace un año por el Observatorio de Educación Superior sin Fronteras ...sobre las implicaciones de esa vaguísima y tramposa definición de la OMC, la liberalización de la educación superior entendida como servicio...”compromete en forma importante los avances en la calidad educativa y permite a proveedores foráneos y privados de servicios educativos monopolizar a los mejores estudiantes y los programas más lucrativos”. (Cuentas rendidas. Educación Superior en Oferta, en: La Jornada, lunes 10 de marzo de 2003, pág. 20).

Entender así el proceso educativo conlleva implícitas serias consecuencias de orden humanístico. “Si sucede –sigue diciendo A. Labra- que el gobierno se encuentra frente al tema de la educación - superior - como - servicio - mercantil - susceptible - de - compra - venta en postura tan patidifusa como en el resto de los asuntos que atañen al destino de la nación, no podemos sino alarmarnos” (Ibidem).

Tal parece que en este nuevo Modelo la única preocupación de las universidades e institutos es cumplir los parámetros que marcan la ANUIES y la FIMPES (Federación de Instituciones Mexicanas Particulares de Educación Superior) obedeciendo el esquema impuesto por la OMC. Su único objetivo consiste en establecer los criterios que debe cumplir la enseñanza en nuestro país y con ello obtener la famosa certificación de calidad educativa. El problema radica en que, justamente por tratarse del más importante proceso de humanización, del desarrollo integral de la persona en la búsqueda de la formación de su personalidad y de su carácter no se advierte cómo una evaluación de carácter pedagógico deba sustentarse en factores propios de la calidad. Más simple aún: un proceso humano, con todo lo que esto implica no puede ser medido en términos mercantiles, en términos gerenciales.

El proceso pedagógico y filosófico de la educación se deshumaniza al igual que se desvanece la formación ética del egresado (Maza Dueñas Mafaldo, Profr. de Filosofía de la Univ. Del Valle de México, Campus Texcoco mmaza@uvmnet.edu).

Y como esta tendencia parece afirmarse en los gobiernos obedientes de nuestros países tercermundistas, la relatora especial de la ONU Katarina Tomasevski en conferencia impartida en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, afirmó:

México y varios países de América Latina están siguiendo el modelo estadounidense que no concibe la educación como un derecho, sino como una mercancía sujeta a las leyes de mercado. Esta política tendrá consecuencias desastrosas, porque las sociedades quedarán divididas en dos grupos : los ricos que pueden pagar las mejores escuelas y los pobres que tienen acceso a enseñanza de baja calidad...” (Véase: Mercantilizar la educación, tendencia del gobierno foxista, Claudia Herrera Beltrán, La Jornada, julio 29 de 2002, pág. 7).

En el contexto del séptimo Congreso Nacional de Investigación Educativa organizado por la Universidad de Guadalajara y el Consejo Mexicano de Investigación Educativa (Comei) se discutió esta perspectiva de la educación. Se habló del peligro que representa considerar la escuela como un mercado en el que la educación sea asumida como un servicio más y los estudiantes como clientes. De la necesidad de rescatar la educación pública como condición principal para la construcción de “la polis”, lugar donde los ciudadanos se reencuentran, discuten y critican las decisiones de aquellos que los gobiernan. El derecho a la educación atañe tanto al individuo como a la vida pública. El nuevo liberalismo, por su parte, rechaza la importancia de la educación pública porque rechaza también la importancia de la cultura y el conocimiento de la sociedad.

La escuela pública ya no es un medio de emancipación social –comentó Teresa Mariano Longo de la Universidad Julio Verne (Amiens, Francia)- aquellos que se inscriben en esta escuela saben que el éxito en el trabajo y en la vida social sonreirá a los jóvenes de las escuelas privadas... “La competencia descorazona, en lugar de estimular, como afirman los neoliberales”. (Políticas Neoliberales dificultan el acceso de los pobres a la educación, José Galán, La Jornada, 23 de noviembre de 2003, pág. 11).

Se habla reiteradamente en este proyecto: de mercado, de clientes, de competitividad. Se insiste en la implantación del SGC (Sistema de Gestión de la Calidad) como un propósito, un objetivo necesario e indispensable para obtener la certificación. Se afirma tajantemente y no sin cierta arrogancia que : “ ...sienten preocupación y anhelan implementar sistemas de gestión de la calidad en la organización con el objeto de hacerla más competitiva”.

Se trata de “alcanzar la certificación del proceso educativo para que el producto ofertado, aprendizaje significativo, cumpla y/o supere con las expectativas de los clientes (alumnos) “(sic). Todo esto se afirma en el Órgano Informativo del ITZ, Núm. 5 del 8 de noviembre del 2004. Se dice también:

...para vender los productos se requiere que estos llamen la atención del cliente potencial, es decir el servicio debe poseer unas características que coincidan con los requisitos del cliente, requisitos que en última instancia son la representación de sus necesidades y expectativas.

Solo de esta forma el cliente pagaría por el producto o el servicio, pasando de ser un cliente potencial y convertirse en un cliente real”. (Id. Íbidem).

Se preguntará usted, ¿de qué estamos hablando? Y tal vez coincida conmigo en que toda esta fraseología bien puede ser adoptada y difundida por un restaurant, un hotel, una central de abastos, una empresa embotelladora, el tianguis de Tlaquiltenango y el de Temixco, un despacho jurídico, un despacho contable, otro despacho contable...dance, si se quiere...pero, ¿una escuela? ¿Una institución que –en términos netamente tradicionales- está avocada a la formación pluridimensional de los seres humanos?

En este sentido. ¿qué sería lo específico del proceso educativo?

Todo punto de partida refleja una concepción filosófica, una concepción existencial acerca del hombre, del mundo de la naturaleza y de la sociedad. Debe sostener una posición ideológica y, en este caso, parece que todo se da anticipadamente por aceptado y confirmado.

Así, adoptar un esquema ajeno a lo que constituye esencialmente el fenómeno educativo implica, en primera instancia, romper con toda una tradición histórica-cultural. Implica imponer a la educación una camisa de fuerza de conceptos y términos utilizados en esquemas extraños a su propio y prístino quehacer. Implica también –y esto es más grave aún- la revelación de una supina ignorancia respecto al concepto mismo de Educación en aquellos que han procesado este modelo. Hace falta en estas escuelas tecnológicas un bien conformado cuerpo académico constituído por pedagogos, historiadores, sociólogos y –si se me permite- literatos y filósofos que podrían irnos desbrozando el camino de la discusión.

Podría iniciarse con un amplio y fundamentado debate acerca del concepto de Educación; distinguirlo de la mera Instrucción; entender para entendernos en qué consiste el proceso de enseñanza-aprendizaje; comprender el proceso de evaluación. Importa también repasar los cambios, las reformas que se impulsaron en los últimos sexenios. Comentar, al menos, para comparar la realizada en el sexenio echeverrista cuando se aplicó el Conductismo (B. F. Skinner), se elaboraron Cartas Descriptivas, se hablaba de programación por objetivos y se pretendía distinguir entre calificación (medición) y evaluación.

Del resultado de estas discusiones colectivas, respetuosas, fundamentadas y en pleno ejercicio de una actitud libre y transparente obtendríamos, estoy seguro, conclusiones relevantes y provechosas para la comunidad estudiantil y académica.

DEL CÓDIGO DE ÉTICA

-De cómo ser competitivo sin chocar con el prójimo-

Urge asimismo una seria discusión dirigida por algunos conocedores del tema acerca de las consecuencias éticas de imponer un modelo como éste que, además, entra en flagrante contradicción con sus objetivos al proponer un código de ética. No hay –al respecto- alguna definición que nos acerque a la comprensión de ese concepto. Otra vez, se da por sabido y por comprendido. Las preguntas que nos surgen inician con las más sencillas: ¿Qué se entiende por Ética? ¿Qué es la Moral?

No existe pues ese punto de partida, simplemente se enlista aquí una confusa serie de valores, virtudes, objetivos...Véase nomás:

Desarrollo sustentable (?)

Formación integral

Calidad de vida

Identidad nacional y Cultura Universal

Se incluye incluso Ética profesional aun cuando se debería suponer que ésta, precisamente, le daría nombre al listado. El número 10 dice textualmente: Conocimiento y Comunidad. ¿No parece ilógico? ¿No parece una pareja de palabras disociada? ¿Qué se pretende significar con esto? ¿Conocimiento de la comunidad? ¿Comunidad del conocimiento? O bien, interpretando el buen propósito del autor así como su muy respetada intención en ésta su muy personal y subjetiva lista: ¿Conocimiento en función y para el servicio de la comunidad?

Y si observamos el programa de Ëtica recién elaborado para ser trabajado en este semestre (Ojo: el hecho de que los eminentes ingenieros de Dirección General se hayan percatado de la necesidad de materias como ésta, constituye por sí mismo un avance) encontramos un apartado interesante que se llama “Ética y Mercado”. Lo erróneo, lo terriblemente equivocado es que en ese tema de discusión aparece subordinado el llamado “Ética y Cultura”. ¿No debería ser al revés? ¿Por qué privilegiar el tema del mercado aun en materias filosóficas como esa? ¿No se advierte la no-existencia de ningún principio ético justamente en las transacciones mercantiles? ¿Y la cultura?

En esa misma lógica se habla repetidamente de calidad, de productividad, de competitividad en distintos foros, en diferentes boletines y a la menor provocación como si se estuviera trabajando en una empresa eminentemente mercantil:

La calidad debe ser un esfuerzo total que incluya a todos los integrantes de una institución educativa con el propósito de mejorar nuestras actividades, ser más productivos y comparativos para ser más competitivos, contribuyendo al desarrollo tecnológico, económico y social del país”. (Factores que influyen en la calidad del proceso educativo, Sergio Chavarría Puga, NOUSITZ No. 20, octubre 2002, p. 56)

Se afirma también: “...se han desarrollado diversas teorías y enfoques de la calidad principalmente en el sector empresarial, mismos que se han aplicado en el sector servicios con bastante éxito. Sin embargo, en el ámbito educativo no ha ocurrido esto.” (Íbidem)

En este mismo artículo ya se advierte la inconsecuencia de pretender imponer a las Instituciones de Educación “Superior” esa camisa de fuerza:

Debe quedar claro que cada organización se desenvuelve dentro de un medio ambiente que puede ser diferente para otro tipo de organización; (...) podrán existir similitudes, pero las diferencias son claras y por lo tanto lo que funciona en una organización no educativa no necesariamente va a funcionar en una organización educativa. Entonces, (¿) porque (sic) no crear una propia teoría de calidad orientada a la educación (?)” (Íbidem, p. 57)

Sin embargo, aunque se advierte este problema –que no es menor- se vuelve a insistir en el esquema mercantil:

...se tiene que identificar la orientación que DEBE TENER la calidad educativa:

... ... ...

Dirigida a (la) satisfacción de determinadas necesidades o expectativas del CLIENTE educativo” ( pág. 58)

Se insiste: “Probablemente las IES deberían poner en práctica las siguientes consideraciones:

Debe pensarse en calidad desde el diseño del PRODUCTO, analizar el MERCADO LABORAL y el SERVICIO EDUCATIVO por OFRECER. También debe orientarse hacia el CLIENTE en todas sus dimensiones no únicamente en el proceso educativo” ( pág. 59).

Por si fuera poco léase con mucha atención la afirmación que sigue:

La calidad educativa debe vislumbrarse desde dos puntos de vista: la que satisface y la que motiva. Esta última se relaciona con la REMUNERACIÓN y con una imagen institucional de calidad”. (pág. 59)

Esta afirmación debería ser objeto de serios cuestionamientos. No hay otra forma de motivación más que el pago, más que el salario, más que las famosas becas (una estupenda forma de chantaje). Deberíamos cuestionarnos a nosotros mismos y observar con ojo autocrítico si no nos está yendo en ello la dignidad, la vergüenza, una parte fundamental de lo que todavía hoy se llama –afortunadamente- Ética profesional. Una nueva consulta a egregios escritores tal vez nos regrese al examen personal de nuestros objetivos vitales profundamente humanos. Me permito sugerir al respecto, la interesantísima lectura de Erich Fromm, TENER o SER editado por el Fondo de Cultura Económica.

ALGUNAS REFLEXIONES A MANERA DE CONCLUSIÓN

-O con relación a la exigencia de un interlocutor que no se escandalice-

Como se desprende de esta exposición, este Modelo Educativo obedece al proyecto económico neoliberal iniciado en el sexenio de Miguel de la Madrid, impulsado enjundiosamente por Salinas de Gortari, continuado por Zedillo y ahora retomado por Vicente Fox y su egregio gabinetazo.

La finalidad suprema del poder metropolitano –en este proyecto- es hacer de los pueblos un insumo en la contabilidad de las empresas multinacionales, según señalaba el Dr. Horacio Labastida recientemente fallecido. Las críticas a este proyecto no se han dejado esperar. Así, ocho rectores de nuestra América Latina reunidos en marzo del 2003 en la UNAM durante la segunda reunión de rectores de la Red de Macrouniversidades Públicas señalaban que el Neoliberalismo es la peor cosa que les ha pasado a las universidades públicas.

Ma. Isabel Rodríguez. Rectora de la Universidad de El Salvador, explica:

Por más que estemos declarando que incidimos de manera importante en el desarrollo de nuestros países, no lo vamos a lograr mientras no lo transmitamos a la población.

La Universidad pública tiene la responsabilidad de analizar y concientizar sobre los efectos devastadores de un sistema que está por encima de lo social y lo único que le importa es el dinero, modelo al que nuestros gobiernos están SOMETIDOS y SUMISOS”. (Karina Avilés, El Neoliberalismo, lo peor que ha ocurrido a la universidad pública, en: La Jornada, lunes 10 de marzo del 2003, pág. 45).

Por su parte, Pietro Novellino, rector de la Universidad de Río de Janeiro explica:

Ese sistema es un desastre porque empobreció a la población a costa de privilegiar el área económica y el intercambio monetario entre los países. (...) impulsa intereses propios en la educación superior...(...) fomenta una política elitista dejando de lado áreas que en su esquema no sirven.

Pero uno de sus efectos más lamentables es que ha fomentado el surgimiento de UN ESTUDIANTE CUYO OBJETIVO ES UN INDIVIDUALISMO CON EL QUE VIVE Y SOBREVIVE DE ACUERDO CON LO QUE SÓLO A ÉL LE INTERESA. Por tanto, da más valor a sus conquistas individuales que a las conquistas de las sociedades”. (Ïbidem)

Todo esto ya había sido advertido hace 51 años por Albert Einstein (“Porqué el Socialismo) cuando señalaba: “Una actitud competitiva exagerada se le inculca al estudiante el cual es adiestrado en venerar los logros adquisitivos como preparación para su futura carrera”.

Y en este mismo tenor me gustaría comentar algunas notas del teólogo Leonardo Boff. La competitividad, afirma, robustece primariamente el campo de la economía capitalista de mercado. Se presenta como el motor secreto de todo el sistema de producción y consumo. Quien es más apto (fuerte) en la competencia en cuanto a los precios, las facilidades de pago, la variedad y la calidad, vence. En la competitividad opera implacable el darwinismo social: selecciona a los más fuertes. Estos, se dice, merecen sobrevivir. Los más débiles son incorporados o eliminados.

La competitividad invadió prácticamente todos los espacios: las naciones, las escuelas, los deportes, las iglesias, las familias. Para ser eficaz, la competitividad debe ser agresiva. (...) todo pasa a ser oportunidad de ganancia y se transforma en mercancía desde los electrodomésticos hasta la religión. (...) la gratitud, la cooperación, la amistad, el amor, la compasión...se encuentran cada vez más arrinconados. (...) Su debilitamiento...nos deshumaniza.

...la competitividad provoca cada vez más tensiones, conflictos y violencias. Nadie acepta perder ni ser devorado por otro. Lucha defendiéndose y atacando...

La potencia hegemónica, EEUU, es campeón en la competitividad; emplea todos los medios, incluyendo las armas, para siempre triunfar sobre los demás.

¿Cómo romper esta lógica férrea? Rescatando...aquello que nos hizo dar el salto de la animalidad a la humanidad...el principio de COOPERACIÓN y de CUIDADO. Nuestros ancestros antropoides salían en busca de alimento...traían al grupo y repartían solidariamente entre sí. De ahí nació la COOPERACIÓN, la SOCIABILIDAD y el LENGUAJE. Por este gesto inauguramos la especie humana. Ante los más débiles...inventamos el CUIDADO y la COMPASIÓN para mantenerlos vivos”. (http://servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num072)

Queda aquí de manifiesto una perspectiva radicalmente distinta que no obedece a la lógica neoliberal a la que por cierto sólo se le puede responder con Ética como lo señala el Dr. Eduardo Ibarra Colado en su estudio “La nueva universidad en México, transformaciones recientes y perspectivas” (“Nuevas Políticas de la Educación Superior”, Ed. Netbiblo, serie Universidad Contemporánea, 2003).

No se trata pues de hablar de competitividad sin ton ni son elogiando ese concepto como un objetivo de la educación universitaria. Es necesario revisar sus implicaciones sociales y culturales, éticas, en tanto contribuyen a la formación pluridimensional de los estudiantes y de los mismos profesores. No se trata de repetir la retórica de la “excelencia” que busca un nuevo modo de existencia de las universidades, marcado por la con-ta-bi-li-dad de resultados más que por verdadera elevación de la calidad.

Estas son prácticas de racionalidad neoliberal que se encuentran gobernadas más por afanes económicos que implican la destrucción del otro que por comportamientos éticos fundados en la solidaridad. Es impostergable, afirma el Dr. Ibarra Colado, la búsqueda de una vacuna efectiva contra esta nueva terrible enfermedad de la modernización que es la lógica del mercado neoliberal.

No enfrentarla implicaría, antes o después, expulsar a las poblaciones que se resisten aún a la enfermedad, destruyendo las pocas defensas que les quedan.

Después de ello no nos restaría sino contar el número de enfermos y enterrar a los muertos producidos por la epidemia, y recordar a la universidad como una institución del pasado en la que se cultivaba el conocimiento que hoy se comercia por doquier como simple información utilizable”. (Íbidem)

Por estas y otras razones resulta verdaderamente importante potenciar a la educación pública y no suponer –como lo hacen muchos- que la educación privada es mejor en tanto que es más exigente y de paga. La universidad pública crea plataformas ideológicas, culturales, ciudadanas de mayor comprensión de la realidad, de análisis, de reflexión del egresado. En contraste, el alumno de una universidad privada sale con una mentalidad que ellos llaman emprendedora y que no lo es porque no crea, no genera, no tiene ni las bases ni la capacidad para desarrollar su propia empresa. Entran de empleados a la subordinación cultural, normativa, jerárquica.

Ya encontramos profesores preocupadísimos por la certificación de su escuela confundidos en la tarea de desentrañar lo que debería entenderse por calidad. Estamos ya en plena convivencia con destacados alumnos hábiles en el manejo de tecnologías modernas, sumamente memoristas, ganadores de concursos interescolares regionales o nacionales que asumen una actitud sumamente arrogante frente a sus propios compañeros y que suponen, mal, que esto les acarreará por sí sólo el éxito esperado. El éxito, es decir, un trabajo con excelente salario que no es otra la forma de medirlo. Alumnos totalmente acríticos por desinformados, desconocedores de la historia de su patria, ausentes de los principales problemas nacionales, en una palabra: incultos; indiferentes, apáticos e incapaces de poner en entredicho al statu quo imperante con todo y los valores que se impulsan. Alumnos estudiantes de quinto o sexto semestre que muestran una terrible dificultad para expresarse por escrito, que copian sin comprender, que manifiestan un escaso vocabulario cada vez más empobrecido...y que, además, no asumen -porque no quieren- la humilde iniciativa de preguntar.

Más grave aún. Revísese el papel de los maestros, revísese con acuciosidad su capacidad de comprensión, su habilidad para la evaluación (no para la medición), su actitud condescendiente o no con sus propios alumnos, su misma expresión oral y escrita (nos consta el hecho de maestros –con maestrías- que manifiestan serias dificultades para escribir un párrafo con suficiente claridad y sencillez aun cuando sea de temas dominados por ellos...y ellas). Preocupados cada día más por cumplir con los “estándares” exigidos en la forma olvidándose de los contenidos.

Tenemos que lamentar la terrible ausencia de juicio crítico en instituciones como éstas que deberían significarse por ir a la vanguardia en materia de crítica sociocultural a los fenómenos que aparecen en la sociedad a nivel regional y/o nacional; en materia de debates públicos fundamentados con suficientes argumentos. Ya se dio el caso de un grupo de distinguidos profesores que invitaron formalmente al Dr. en Ciencias Ocultas Jaime Maussán a una conferencia magistral sobre platillos voladores (!) como si no hubiera temas de relevancia nacional sobre los que se podría discutir.

Tal vez esta actitud acrítica y servil se deba también a la sempiterna estructura feudal, que diga vertical, de los institutos tecnológicos que ha permeado desde siempre las conductas de los trabajadores plenas de sumisión y obediencia que se confunden con respeto. Prevalece el temor a ser sancionado o a que la opinión no favorable a la autoridad en turno acarree para aquel que la manifiesta el descrédito, la desaprobación. Tal vez también se deba a que la crítica no ha sido bien aceptada –aun cuando se exija o se solicite- en clara muestra de inmadurez profesional...y humana.

Finalmente, no se trata de padecer esta realidad sino de cambiarla; no se trata de olvidar nuestro pasado histórico sino de escucharlo; no se trata de aceptar el futuro sino, al menos, de imaginarlo. Asumir la competitividad como un objetivo significaría ver a mi prójimo como una amenaza y no como una promesa, volverme hostil, enemistarme, pasar sobre los demás en lugar de ser solidario, comprometido, generoso, es decir...humano. Por ello y como afirma Albert Einstein:

La educación del individuo, además de promover sus habilidades innatas, procuraría desarrollar en él un sentido de responsabilidad hacia su prójimo, en lugar de la glorificación del poder y del éxito en nuestra sociedad actual”.(“¿Por qué el Socialismo?” en: CORREO DEL SUR, Semanario Regional, No. 1122, p.8, Cuernavaca, 10 de abril de 1983).

Necesitamos un proyecto nuevo sí, un otro paradigma por supuesto, novedoso si se quiere, pero que atienda más al ser humano que al mercado, más a las necesidades sociales que a la producción globalizada de mercancías. Que no confunda calidad de vida con cantidad de cosas. Insistimos, todavía existen quienes creen (quienes creemos) que se puede hacer de este mundo un jardín y de la humanidad...una familia.


El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


· Contacto · Diseño Web ·