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Arte en prisión

Alberto Híjar

La utopía como programa es el gran recurso de supervivencia de los revolucionarios. Desde el secuestro, la tortura y los interrogatorios bajo amenazas, la utopía da fortaleza porque impulsa a seguir vivo para los demás. Aunque la prisión sea un espacio de exterminio, el revolucionario descubre algún oficio para probar que, en efecto, el trabajo humaniza si se orienta por un ideal.

Siqueiros, como Jacobo y Gloria, pertenece a esa legión que aún en la represión extrema, produce pensando en los demás. La necesidad de significar y simbolizar no es entonces una práctica de autoestima, sino una práctica política en el sentido de construir un poder de solidaridad a pesar de todo. Siqueiros hizo de sus prisiones de 1930 y de 1960 a 64, condiciones de producción de obras singularmente bellas. Las de 1930 en el arraigo en Taxco, utilizan costales, pigmentos corrientes, trozos de madera y navaja, para significar lo mismo la dura vida de la prisión, que las penurias de los trabajadores explotados. Algo de los pesares previos queda en Penitenciaria–Niño Perdido, el libro de Blanca Luz Brum con el nombre de la ruta del transporte público que la llevaba a Lecumberri en situación de pobreza extrema. La vida de Siqueiros se volvió padecimiento integral con su expulsión del Partido Comunista Mexicano en ese 1930, resuelta hasta 1946 cuando fue readmitido y había encontrado, con la práctica de la utopía de la plástica integral, influencia y poder en el Partido Comunista de Estados Unidos, en su incursión político-militar en la Guerra Española y en las relaciones con la URSS donde recibió apoyo, encargos y reconocimientos.

Muy distinta es la situación de Jacobo Silva Nogales y Gloria Arenas Agís. También son disidentes de su organización de origen, el Ejercito Popular Revolucionario, pero la escritura y la pintura no son para ellos profesiones, sino recursos de comunicación. En ambas prácticas de Jacobo y en las narraciones y poemas de Gloria, se reconoce el afán de perfección como garantía de emoción estética para superar la adversidad. Jacobo cuenta con una cultura general usada como referente irónico para superar la tentación panfletaria y dar lugar, en cambio, a la sutileza y a la ternura. Su propio cuerpo es representado con las rejas carcelarias como herida, igual que en las frutas, de modo de construir un universo donde todo se refiere a la libertad. Pero Jacobo está lejos de tener un espacio especial para pintar y de contar con los soportes y los materiales más allá de los adquiridos en el penal de alta seguridad. Encarga a los devoradores de comida chatarra, los tazos, esos pequeños círculos duros para jugar, que improvisa como sustitutos de la espátula y se vale hasta de su propio pelo para escribir libertad en una tela texturada y colorida. Mitos y naturaleza fantasiosos remiten a situaciones imaginarias que gracias al buen oficio comunican el aislamiento sin concesión alguna a la compasión. Retratos y autorretratos permiten el juego entre la utopía, la fantasía y la prisión tal como puede verse en Doble Visión que remite al desorden producido por las golpizas. Los retratos de Lucio Cabañas, el Che y José Revueltas, los de las compañeras solidarias, los de la esposa añorada a quien jamás ha vuelto a ver y los paisajes y naturalezas muertas (de cansancio), significan el triunfo de la vida como oposición al exterminio que de tiempo en tiempo le prohíbe pintar, leer, escribir. No falta el surrealismo como recurso y el vacío geométrico y monocromo de la celda, ni el recurso de la espiral colorida como puro gesto de afirmación lúdica. Mientras, Gloria debe cargar sus pobres posesiones en una bolsa porque no tiene lugar para dejarlas en el dormitorio que comparte con once reclusas. Y sin embargo, escribe, recuerda y afirma.

La prisión larga de Siqueiros de 1960 a 1964, en su calidad de dirigente comunista y del Comité por la Libertad de los Presos Políticos y las Defensas de las Libertades Democráticas, ocurrió cuando se oponía, con otros compañeros, a que el Movimiento de Liberación Nacional se redujera al juego electoral por las consecuencias que esto traía para el movimiento ferrocarrilero y para los camaradas presos. Su cuantiosa producción pictórica financió los trabajos libertarios mediante la realización de retratos por encargo incluyendo el de Frank País acordado con el Ché y con los cuadros con formato desesperadamente menor donde los trazos con la brocha de aire alcanzan la elocuencia ganada en la concentración forzada. De otra índole, es la escenografía grotesca para la obra El licenciado no te apures sin sutileza irónica alguna.

Siqueiros profesional del arte, famoso y reconocido internacionalmente, con obra en colecciones privadas y museos, con escritos estético-políticos publicados en diversas partes del mundo y cuando no por las editoriales Arte Público y La Trácala, es distinto a Jacobo y Gloria pero igual en sus afanes socialistas y en las prácticas político-militares que para Siqueiros tienen momentos estelares en la Revolución Mexicana y en la Guerra Civil Española. De aquí los privilegios siqueirianos que en 1940 permitieron sus escarceos nocturnos con Pablo Neruda con la vista gorda del director de Lecumberri y luego su exilio a Chile promovido por el presidente Ávila Camacho en recuerdo de la ayuda recibida por el pintor comunista en la Revolución Mexicana. Ni esperanzas de que Jacobo y Gloria cuenten con casualidades semejantes. Jacobo y Gloria cuentan ya con más años de prisión que los sufridos por Siqueiros en toda su vida y sólo una ley de amnistía podría liberarlos antes de los cincuenta años de pena máxima a la que han sido sentenciados. Deberán imaginar el desarrollo de la hija alejada de ellos.

Siqueiros, Jacobo y Gloria, claman por reconocimiento público a la construcción de un poder que cumpla con lo que Marx (1844) prevé para el comunismo: vivir de acuerdo con las leyes de la belleza. Prueba suprema de rehabilitación y de dignidad como esforzada humanización de la infame vida carcelaria, la pintura y la escritura pulidas con un tenaz perfeccionamiento del oficio de comunicar, son un triunfo de la vida, no sólo la de sus autores sino la de quienes nos honramos al enriquecernos con su obra.


El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


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