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Vivir en el edén con 3 pesos diarios*
TAI, Octubre de 2003.
En Guerrero, el paisaje, el aire y la miseria son gratisPor José Luis Medrano Torres Para semblantear las cosas
Gisela Espinosa Damián, Miguel Meza Castillo. Guerrero en cifras: las dimensiones de la pobreza. ¡Ay! Joven, para qué quiere que le platique de cosas viejas, de esas cosas que pasaron hace muchos años. Por favor tome asiento, pero antes de que lo haga, allá en el fogón tengo una olla de café, tome una taza y sírvase un poco. El que se produce aquí en la sierra es de muy buena calidad, la gente de por acá acostumbra a tostarlo en su casa, en un comal. Y lo muele en un molinillo. Hay ocasiones en que se les pasa un poco y lo muelen grande para que agarre otro sabor. En cambio, el que esta en su punto lo acostumbran moler finito, finito, esto es, para que pinte y dé sabor. Se lo ofrezco sin leche porque considero que ustedes le toman otro sabor, a la gente de por estos lados, si le ofreces un café sin leche como que lo toman a modo de ofensa o en su defecto, le están diciendo que no tienes ni en qué caerte muerto, lo cual en mi caso, pues, es cierto. Pero lo poquito que le ofrezco se lo doy de todo corazón.
Pero no se sienta incómodo, acomódese bien, acompáñeme; tómese su tacita de café para que entienda mis ironías y las propias de la vida. Vistas las cosas así, me parece que las cosas se pueden decir de una manera inteligente, hablar con mayor claridad sin miedo a herir susceptibilidades. Nuestras historias, aunque particulares, tienen que ver con la lucha del pueblo, pero también con nuestros tropiezos, pasiones, alegrías, penas, que no son fáciles de explicar desde la economía, la política o la sociología, mucho menos por esa ciencia que llaman psicología, pues nuestras vidas solo se explican en el modo concreto en que nos constituimos como sujetos, con nuestros amores, odios, dolores y esperanzas. Un renglón de mi vida
Armando Bartra, Sur Profundo.
Y casi como platicando como para él mismo, me dice: ¡No lo puedo creer! La última vez que me preguntaron sobre estas cosas tenia a un médico, varios policías y un cable que subía por la pierna hasta llegar allá donde te platiqué. De repente ¡Pum!, se queda clavado, su mirada se pierde, fija su atención en un punto, se queda contemplando alguna sombra, pierde por completo el sentido del movimiento, se queda en total y obstinada quietud corporal. Me detengo, no me atrevo a romper su silencio, me siento incómodo, algo turbado por la viveza del acontecimiento. Empiezo a atar cabos y creo que estos estados tienen que ver con lo de sus días de encierro, las horas de celda, los dolores en el cuerpo, el abandono del lugar, el miedo al torturador, nuestro enemigo, la soledad del encierro, los tormentos de aquellos años, en fin, el pudor del torturado.
Reconstruyo: ¿cómo pudo soportar ver correr su propia sangre, recordar los movimientos bruscos e involuntarios del cuerpo, tener guardado en la memoria los terribles gritos lanzados casi involuntariamente? ¿cómo me puede platicar el muy cabrón, bien quitado de la pena aquello por lo que lo martirizaron? ¿cómo lo puede hacer sin derramar una sola lágrima? ¿cómo? Porque yo, estoy hecho todo un nudo.
Armando Bartra, Sur Profundo
Los caminos del sur
Armando Bartra, Sur profundo. Y que quede claro, cuando uno platica de esas cosas, de esos recuerdos del alma, nos ponemos reticentes a dar santo y seña de ello, porque no nos tocan con lilas o nardos, mucho menos con las adorables manos de las mujeres costeñas. Nos duele platicar de esas cosas porque nos mueve la fibra histórica, la lucha del pueblo, sus esperanzas y nos hace presentes los dolores de aquellos años. Fíjese bien, solo para darle una semblanteada de las cosas, ahora que están pasando por la tele la guerra de E.U. contra Irak, los tanques, los soldados, los aviones, los cuerpos destrozados, mucha gente ha vuelto a revivir aquellos años. Y lo hace no para rendir culto a la verdad o expresar su fogosidad épica, menos para narrar las grandes epopeyas. No, lo hace —guardando las distancias— para señalar semejanzas de las cosas que vivimos en nuestra tierra.
¿Por qué le preciso esto? Porque estamos cansados y no es porque quiera ser grosero, nos tienen hartos los que vienen a hacer turismo revolucionario, los que reducen el movimiento a una persona, los que nunca hicieron nada por la gente pero bien que se hacen pasar por radicales y enarbolan un cabañismo a ultranza. Lucio nunca fue cabañista, él no hablaba de Lucio, él hablaba de las cosas de la gente, de cómo vive y de su situación. Le hago este planteamiento porque cuando le hable de El fusil sobre el Edén, no es para hacer gorgoritos. Pero... tampoco es para que ponga esa cara, porque me da la impresión, por los gestos que hace, que de trompa y porrazo se le quitó el aliento.
Lindos lugares
Armando Bartra, Sur profundo Nosotros por muchos años hemos estado abandonados, solo se menciona el estado de Guerrero cuando las cosas se ponen duras, se habla de Acapulco solo como zona turística o pornografía infantil, o para decir que somos uno de los estados más miserables con prostitución y desintegración familiar. Pero de ahí en adelante, nada. ¿Y sabe para qué hablan de la miseria? Para justificar, para decir que la miseria es la madre de todos los vicios, la violencia, los enfrentamientos, los malos hábitos de limpieza y la promiscuidad. También, para acusarnos a los de Guerrero, de bárbaros, poco civilizados y brutales. Es decir, destructivos, y sabe por qué no vamos a salir de miserables —según ello—, porque carecemos de valores de superación, por esa razón, seguiremos siendo pobres. Puras acusaciones. Pues.
Cuando los del gobierno hablan de Guerrero se refieren a puras estadísticas, las cantidades de población, la distribución de los ingresos y las inversiones que van a hacer. Es decir, hablan desde ese fantasma que llaman la razón objetiva, neutral y que está por encima de los conflictos sociales. Razón que les sirvió para plantear como prioritario cuatro proyectos multimillonarios: urbanización y comercialización de Punta Diamante y Marina de Ixtapa; Autopista del Sol, al servicio del turismo acapulqueño; carretera al Filo Mayor, incentivo a las inversiones extranjeras, y reconstrucción del sistema de riego de Tierra Caliente, de gran interés para las trasnacionales del melón. Pura sacadera de recursos, explotación y miseria para nosotros. En cambio, cuando nosotros decimos lo nuestro, hablamos de nuestro pasado, de nuestras experiencias, de cómo veíamos el futuro, las aspiraciones, de los valores que nos impulsaron a la acción, en el trabajo gremial, cívico, la universidad pueblo y el movimiento radical
Ellos no distinguen
Armando Bartra, Sur profundo ¿Qué me provocan las descalificaciones? Cuando estoy de buen humor una leve sonrisa. Pero cuando estoy de un humor negro y escucho en boca de gente mal intencionada su pulla para meter ruido de todos contra todos, entiéndase la metáfora y la comparación, me da por arrojar en el callejón oscuro un par de piedras solo para escuchar el rabioso ladrar de los perros.
¿Que si han intentado jalarme A los partidos? Por supuesto, y para sondearme y ver si me convencen me dicen que mi forma de hablar es propia de amargados, de gente que le encanta destruir, que mi lenguaje está diseñado para la injuria o que de él se puede sacar toda la historia de los insultos, que vivo en otro tiempo, que la mejor manera de trabajar contra las inercias es ponerme propositivo, que debo cambiar mis estilos discursivos para no seguir empozado en el pasado o en los años 70’s o fuera del presupuesto, que es lo importante. ¡Ahora resulta! Quieren que después de vejez me dé viruela. ¡No más eso me faltaba! Para nosotros seguir en la lucha, en la organización e impulsar las demandas es nuestra labor; es un trabajo gratuito en bien de nuestra gente. Y viera, lo hacemos por gusto, nunca por obligación menos para obtener un pago. Y pensará, después de tantos descalabros, de gente que ha cambiado de bando, de míseros triunfos: ¿qué los sostiene? Sin tanto rodeo, la conciencia de clase, la fidelidad a los principios, el espíritu de sacrificio y en ocasiones, en esos momentos en los que se requiere, el heroísmo.
Cuestión de enfoques
Gisela Espinosa, Damián Miguel Meza Castillo. Guerrero en cifras: las dimensiones de la pobreza De nuestra situación se han dicho muchas cosas, las más sesudas nos la semblantean así: carencia de vías de comunicación, analfabetismo y falta de fuentes de trabajo. ¡Carajo! Mi pleito no es con las carreteras ni con las letras, menos con los patrones, con los que nosotros batallamos son con los caciques, agiotistas, talabosques, traficantes de droga y pistoleros, sin olvidar a quienes les brindan protección policiaca, jueces y gobernadores. Es decir, siempre le dan la vuelta al problema para quedarse en lo anecdótico del atraso, la falta de escuelas y lo güevones que son las gentes de por acá. Si quieres explicar algunas características de la entidad, cuenta con la infraestructura que tenemos y el tipo de gente que se beneficia de nuestra riqueza, y por ahí puedes ir cayendo en la cuenta, esto te puede explicar la inestabilidad política, los cacicazgos rurales, la represión política, la violencia social y la recurrente guerrilla; pero también, la tradicional lucha gremial, económica y cívica.
No mire, siempre hemos sido pobres y a pesar de eso, siempre hemos sido pacíficos, los movimientos no los forja la miseria sino la injusticia, si no ¿cuántas revoluciones tuviéramos horita? Le platico esto porque nosotros tomamos el nombre de pobres no para que nos tuvieran lastima, ni tampoco con el afán de andar de redentores sino como una palabra capaz de juntar al jornalero, al campesino, indígena, comerciante, estudiante, ama de casa, en fin, a todo el que quisiera hacer algo por cambiar las cosas.
Armando Bartra, Sur Profundo
Los respetos necesarios
Armando Bartra, Sur profundo Fíjese bien, cuando empezamos a platicar el otro día, le hablé de El fusil sobre el Edén, pero no le dije que el Edén es un lugar -para nosotros- que abarca la población de Atoyac de Alvarez, Tecpan de Galeana, San Vicente de Benítez y el laberinto montañoso de Filo Mayor. Y ahí en los años 70's se dieron enfrentamientos muy fuertes entre el ejército y la gente de Lucio.
La decepción le puede venir porque no va a encontrar entre nosotros los grandes manifiestos políticos o la descripción con lujo de detalle de los enfrentamientos, o a través de mi voz usted puede encontrar los estruendos de la metralla, los arrebatos de entusiasmo y odios, los rabiosos alaridos de los heridos, ni las locas esperanzas de una juventud que corría a la conquista del mundo, el rugido del cañón, la pestilencia de los cadáveres y los estrépitos de los pequeños triunfos. Ahora bien, si va a hablar de nuestros muertos, no lo haga desde el gris, porque todos murieron con honor, por eso murieron para no ser sobajados. La mayoría de la gente no está preparada para la muerte, ni la suya ni la de nadie. A todos nos sobresalta, nos aterra, es como una gran sorpresa. ¡Hijo de la chingada! No debería sorprendernos, pero nos sorprende. Morir como un luchador social es para nosotros un gran honor, pero vivir para seguir luchando lo es todavía más, a nadie nos gustan los honores cuando ya estás del otro lado. Pero sentimos que sería bonito que te recuerden con respeto. Pero tampoco que nos pongan por encima de los demás, exageradamente héroes, superiores a todos, o hasta abajo, ineptos para el cambio social. No, joven, de la violencia no le voy a platicar, esa usted la puede reconstruir si consulta los archivos de la nación, pero también, pregúntele a la gente, ellos le pueden dar mayor información; una guerra no termina con la paz, es solo el momento para que empiecen a salir los mutilados, los que perdieron a sus familias, sus bienes y los enloquecidos.
Cundió como roña
Armando Bartra, Sur profundo Todos los relatos, las cosas que te dice la gente, las que te cuenta cuando ya te tiene confianza, son sin miedo a equivocarme como los de la creación del universo, nadie estuvo allí, nadie asistió al evento, pero todos saben lo que ocurrió. Después de que te han pasado por el calvario sin ser nazareno, te llega de lo más hondo, si eres de los indoblegables, el último pudor de todo torturado; te juras y te perjuras que todavía puedes, no quieres darte el lujo de que otro de los tuyos pase por la misma situación. Ves tu cuerpo, evalúas la situación, mides tus fuerzas y sientes que el alma se te va al cielo.
Cuando estás en ese momento ya no te da vergüenza pensar en la muerte, deseas con toda el alma, morir. Suplicas desde el lugar donde estás que terminen de una vez. Te sacan, no has contado el tiempo, te llevan, piensas que por fin todo va a terminar y durante el traslado aparece el que da la vida y la muerte; te observa detenidamente y dice: “a este me lo tiras con los otros, no lo quiero ver más por aquí, ¡apesta!”. Te sacan, confirmas que estás afuera por el aire, los ojos los tienes cerrados por tanto madrazo; te examinas y sientes que de tu cuerpo sale un hedor pútrido, nauseabundo, pestilente, fétido; después, te empiezas a examinar, sientes tus senos, los tocas con la punta de los dedos que te han quedado sanos, con todas las dificultades alcanzas las plantas de los pies, las palmas de las manos, tus axilas, testículos, ano, palpas tu cuerpo todo machacado. Observas con cuidado, sin miedo a equivocarte, las huellas del torturador escritas en tu cuerpo. Evalúas los métodos inquisitoriales, haces recuento de todo lo que pasaste y lo que te espera.
Armando Bartra. Sur profundo
En el edén todos tienen permiso
Armando Bartra, Guerrero Bronco Para que le digo que no, siempre hemos andado metidos en esto, siempre bregando por esos caminos; hay tiempos en los qué las cosas nos salen bien, nos da alegría; hay otros tiempos en los que las cosas nos salen mal, nos da tristeza. Pero hay otros, en lo que hagamos lo que hagamos las cosas no salen, ni para atrás ni para adelante, es cuando nosotros decimos que estamos ensurcados.
El recorrido de la lucha acá en Guerrero ha sido larga y variada, y déjeme que le mencione las principales: el movimiento gremial, el cívico, el universitario y el guerrillero. Todos y cada uno con su importancia, con una fuerte raíz popular, con su propio ritmo y sus estructuras propias. Hay veces en que uno crece rápido y da la impresión de que es el mero principal. Y los otros van tan despacio que parece que no pasa nada, es más, a veces he pensado que hasta retroceden, que caminan para atrás como los cangrejos. Aunque variadito el movimiento, hasta ahora, hemos comprendido que uno y otro se complementan, y que bien trabajados todos, pueden dar muy buenos resultados. Mire bien, uno es para comer, otros para organizarse, el que le sigue es para saber y el último, para defenderse. Y le digo, el recorrido ha sido largo porque acá en Guerrero algunos somos negros, otros indios, mestizos y medios güeros, de todos los olores y sabores. La diversidad de gentes y formas de organizarse, procedencias y lenguajes, poco a poco fue creando un Guerrero unido, y se nos va haciendo la conciencia de que la diversidad no es una maldición sino la condición de la riqueza cultural. No queremos estar unos por encima de los otros, parejos.
Cuando todas estas cosas se quedan en el ámbito personal, pues no pasa nada; pero sucede que todo esto se nos empieza a reflejar después de cada movilización. Inmediatamente los desacuerdos, el recordarte que eres de tal familia y que tu familia en otro tiempo cometió un error, por lo tanto, tú lo cargas como si fuera pecado original. Pura jodedera, pues. La jodedera son las maneras en las que nosotros mismos nos hacemos la vida imposible. Puro desprecio, nada de solidaridad ni de unidad, nada de respeto ni de hermandad. Y todo esto lo vemos como el odio podrido que no alcanza a identificar al enemigo y se convierte en bilis negra; hecho que nos pega duro, nos descuadra porque nos trae a la memoria la inutilidad del cambio, nos da la impresión de que no hemos aprendido nada; es más ¿en qué cabeza cabe pleitear entre nosotros? Pleitear entre nosotros es destruir lo poquito construido y lo peor, nos decimos las cosas como si estuviéramos enfermos, los puros signos de la impotencia, los movimientos descompuestos por no tener en claro quién es el enemigo. Que existen diferencias entre nosotros, eso está bien, pero pleitear entre nosotros, eso no tiene nombre. Y todo esto que le cuento se debe a que no concebimos en nuestro movimiento a los compañeros de viaje, somos exageradamente celosos, queremos que estén con nosotros de una vez y para siempre, como si fuéramos matrimonio, ¡no jodan! Con los compañeros de viaje podemos tener diferencias y coincidencias, armar con ellos las políticas y las alianzas para unir fuerzas no para restar. Y para no terminar haciéndonos ilusiones que no corresponden, en los frentes amplios tiene uno que diferencias lo estratégico y lo táctico, en fin, esto que le platico le enseña la falta de oficio y nuestras carencias. Pero también, lo hemos ido aprendiendo.
Luchadores sociales
Armando Bartra, Sur profundo. Nosotros nunca fuimos unos quijotes sino luchadores sociales; nunca nos enfrentamos a los molinos de viento sino a las injusticias del sistema, nadie nos vino a calentar la mollera con libros ni a enloquecernos, lo cual no quiere decir que seamos unos analfabetas o gente que no le guste leer; tampoco fuimos copia de nadie. Nunca nos planteamos ser unos mosqueteros, porque no andábamos reparando honras ni rescatando sensibilidades heridas; tampoco quisimos ser unos chuchos rotos, que roban a los ricos para ayudar a los pobres.
Lo que le acabo de decir a lo mejor le da una idea de nuestro sentir. Verá, para nosotros la justicia es la parte central de nuestro ideario político y usted se preguntará ¿por qué la justicia es tan vital en Guerrero? Porque aquí en Guerrero está institucionalizada la impunidad. ¿Qué quiere decir esto? Que las normas existen pero no se aplican. Las cosas cuando se resuelven no están apegadas a derecho, lo cual nos indica que nunca se hacen por las buenas sino de una manera bronca y de malos modos. Y lo hacen así porque se apoyan en un impresionante cuerpo de seguridad. Por años hemos vivido con las diversas policías sobre nosotros, en sentido estricto nunca hemos tenido vida privada, pues siempre hemos estado sujetos a vigilancia: nos filman a cada rato, nos sacan fotografías, espían, husmean en todo, clasifican a los que están organizados como aquellos que no lo están; sus cuerpos de seguridad actúan contra todo lo que consideran sospechoso, no tienen límites, actúan con total impunidad.
Por eso, insistimos, la justicia es para nosotros una bandera política para erradicar la violencia y violación sistemática de los derechos humanos. Es decir, queremos que ya no haya asesinatos, persecución política ni masacres. Un Guerrero pretender desafanarse de la represión argumentando que uno anda en el terreno legal, el trabajo gremial, cívico o universitario es un mal cálculo. Tanto a los legales como a los ilegales les han pegado duro. Ahora vienen por unos y después vendrán por los demás, listo se debe a que la fuerza pública no tiene madre, esfuma a chingadazos lo que se llama Estado de derecho; la represión se aplica a todos los opositores, desde los presuntos guerrilleros hasta los más legales entre los legales. Por eso decimos, los jueces, policías y gobernadores no son los dueños de los Palacios de Justicia. No son dueños de las leyes ni de la Constitución, son los depositarios, garantes de los derechos de los ciudadanos. Pero eso, parece que ni lo entienden. Ellos van por lo suyo, más poder y más violencia.
Enfoques diferentes
Armando Bartra, Sur profundo
Para nosotros, lo más peligroso es que los jóvenes pierdan la perspectiva social, que se remonten a la sierra en busca de salidas personales, lo cual quiere decir que en los pueblos o ciudades, impera el silencio y la indiferencia, y no existe un movimiento fuerte de concientización.
Este 2 de diciembre de 2002 que depositamos los restos de Lucio en la Plaza de Atoyac estaba la ceremonia luctuosa en grande, y entre toda la gente veo a una señora muy atenta, con sus hijas al lado, sus vestidos con colores fuertes y su pelo bien peinado. Y por supuesto, no me quedé con las ganas de preguntarle cómo veía el acto luctuoso de Lucio. Ella con toda la admiración reflejada en el rostro, sus ojos costeños, oscuros, se me quedó mirando. Tardé un momento en articular palabras y me dijo muy seria: ¿qué? ¿no sabe que Lucio no está muerto? ¿a quién se le ocurre semejante barbaridad? ¿vaya usted a saber a quién están enterrando? ¡Lucio sigue vivo!
Y es que sí está vivo, ¿a poco no? Nosotros lo seguimos sintiendo en la organización, en el trabajo diario, en la plática, con los amigos, en el ejército de hombres que somos, movimiento que ahora sí, tiene que triunfar. * Este trabajo se publicó originalmente en Testimonios 3. Cuadernos de Comunicación sindical número 77. STUNAM, México, Marzo 2005. |
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