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Taller de Gráfica PopularAlberto Híjar La necesidad satisfecha por Humberto Musacchio de celebrar los setenta años del TGP, realiza, como suele suceder, un deseo personal acunado por años: el de dotar a la organización de grabadores de un libro de gran formato regateado por las instituciones de la cultura oficial. Bien por Musacchio por lograr que el Fondo de Cultura Económica incluya el libro que podría dar lugar a la crítica de la economía política en signos que tanto urge. El libro descubre el vicio de origen del Estado de atender a lo más glamoroso y rentable, mientras somete al olvido todo aquello que tiene que ver con los movimientos populares contestatarios. Este antagonismo ha sido animado por el libro y en especial por las declaraciones públicas de Jesús Alvarez Amaya amenazando con entregar el acervo y el archivo del TGP a quien ofrezca una casa a cambio de la muy deteriorada que entregara a la organización el gobierno del D.F. en tiempos de Camacho Solís. La pronta fortuna crítica ha sido desplazada del libro a la oferta del maestro Alvarez Amaya y con esto, se anima la discusión sobre patrimonio nacional, derechos de autor, responsabilidad de dirigentes que por decenios han manejado a su arbitrio acervos y archivos que de otra manera estuvieran en algún basurero, para guardar archivos a medio procesar sin participación de especialistas. El libro de Musacchio contribuye a la discusión de esta grave problemática y lo hace desde su leal saber y entender para vergüenza de los centros de investigación del Estado. Al fin, un investigador independiente ha sido capaz de emular lo hecho por investigadores como Helga Prignitz quien tuvo que llegar de Alemania para poner en orden la historia de la LEAR y el TGP, décadas después de que otro egregio alemán, Hannes Meyer, produjera el legendario Libro negro con el primer catálogo de obra de los grabadores a quienes organizó para publicar albumes sobre los cristeros y los horrores del fascismo y el nazismo. Profusamente ilustrado, el libro da a conocer obras ignoradas en las historias que han fatigado las imágenes de los grandes. Acertadamente, se ocupa de los grabados con recepción popular organizada que se los ha apropiado hasta el anonimato, tal como ocurre con Libertad de expresión de Adolfo Mexiac de 1954, icono de la represión denunciada y combatida a partir del 68 que lo llevó a Estados Unidos, Europa y por supuesto, al interior de México. El tino documental de Musacchio, reproduce las versiones diversas de algunos grabados como prueba del uso de técnicas y modificaciones en beneficio de la elocuencia. El afán documentador ha encontrado las fotos reporteriles interpretadas por los grabadores. De aquí el apunte de la contribución del TGP al realismo, esa tendencia degenerada por la burocracia soviética a quien le parecía triste y agónica la producción del TGP a quien llamaba a representar a los trabajadores y al pueblo con cuerpos fuertes y esbeltos y en situaciones de triunfo, sin comprender el sentido crítico del realismo tan variado que lo mismo da lugar a un cartel que a un testimonio gráfico de la vida cotidiana de los pobres, a sus historias patrias o a sus situaciones de lucha contestataria lo mismo en un lugar que en otro en beneficio del internacionalismo práctico propio del frente amplio concretado en la organización nacida y crecida en el nacionalismo de Lázaro Cárdenas del Río. Narrador con gran destreza literaria, Musacchio no sigue los protocolos impuestos por las burocracias de la investigación y documentación, sino que complica las precisiones genealógicas con la construcción compleja del realismo y las situaciones históricas que concretan sus análisis. Una dialéctica con articulación de la historia general y de la gráfica, da lugar así a una apropiación estética adecuada a la complejidad del TGP. El libro da razón de las rupturas en el seno del TGP y las relaciona con los despistes históricos del Partido Comunista Mexicano que bien a bien, no contó con una crítica del Estado y los nacionalismos, por lo cual se instaló en las coyunturas para brindar apoyo a presidentes tan funestos como López Mateos o Miguel Alemán, merecedor del mote de Cachorro de la revolución. No es que todos los del TGP fueran comunistas militantes, pero todos participaban de la línea de izquierda nacionalista, antiimperialista, prosoviética y antifascista que les daba unidad no sólo temática sino organizativa hasta concretar un proceso productivo crítico y autocrítico en una disciplina de taller de difícil emulación. Apunta Musacchio a la inclusión en esta línea, de obras aparentemente alejadas del realismo sustentado y no teorizado como la Mujer contra la guerra de Andrea Gómez que lució como símbolo de resistencia contra el fascismo. No incluye el libro el grabado Niño en campo de concentración de Fanny Rabel que a partir de un congreso mundial, fue icono de genocidios. A lo largo del libro se da a entender la riqueza del TGP incluyente del buen humor, sobre todo en la preservación de Las Calaveras con la aportación de escritores tan distinguidos como Juan de la Cabada, Efraín Huerta, Roberto López Moreno, pero también con la continuación de la prensa liberal patriótica al dar lugar a periódicos como El Ejele o El coyote emplumado. No hay registro de la abundante producción satírica del Taller Belisario Domínguez encabezado por Adolfo Quinteros y Sarah Jiménez, formados en el TGP. “Juarista stalinista” llama Musacchio a El Ejele con una curiosa asociación que habría que discutir en otro momento propicio cuando queramos ir al fondo del patriotismo y la soberanía depositada en el Estado. No ha sido ahora la primera vez en que se esgrimen argumentos patrimoniales para orientar al TGP. Recoge Musacchio un relato de Nacho Aguirre citado por Helga Prignitz, donde Miguel Angel “El ratón” Velasco, aclaró que las máquinas del TGP estaban escrituradas a nombre de Luis Arenal y Leopoldo Méndez por lo que sólo ellos tenían el derecho a dirigir. Curioso derecho fundado en la propiedad privada sobre los medios de producción, discutido por los talleristas que enfrentaron la división producida por el atentado contra Trotsky que usó el local del TGP y luego el nacimiento del Partido Popular, con cambios en la dirección. El libro da cuenta de estas administraciones incluyentes de una toma del poder por las mujeres grabadoras. El TGP sobrevivió a situaciones críticas de los comunistas y socialistas y los intelectuales y artistas siempre sospechosos de individualismo reaccionario, hasta el punto, registra Musacchio que Efraín Huerta afirmó en octubre de 1943 que “ya no quedaba nadie en el PCM que supiera leer y escribir”. La nómina de artistas residentes y huéspedes, la de “otros personajes” que ¡vaya si lo son! porque incluye a George Stibi organizador de la editorial La Estampa Mexicana y al histórico impresor José Sánchez, enlista a quienes estuvieron en el TGP entre 1937 y 2004. La precariedad económica tampoco venció al TGP al defender en la práctica lo que a Siqueiros le parecía artesanal en tiempos de la multireproducción automatizada. El pago de la renta del local y las necesidades de tintas, estopas, solventes, papel y soportes, conducía los pasos a solicitar ayuda de funcionarios progresistas y a presentar proyectos de trabajo para instituciones del Estado que recibieron el beneficio de cartelería, folletería y cartillas de campañas oficiales. Las características significantes del TGP hasta la fecha tienen un sentido identitario para los movimientos populares. La prohibición de pegar propaganda en los muros de la ciudad, durante el gobierno de Uruchurto, señala la crisis definitiva hasta llegar a la actualidad con razias y progroms racistas para dejar el Centro Histórico limpiecito para el turismo y las industrias de la cultura de los consorcios trasnacionales. Sin embargo, largas décadas de precariedades no han bastado para impedir los usos populares de las obras del TGP y para convocar a investigadores en busca de organizaciones independientes. La más reciente acción al respecto es de la Universidad de Filadelfia con las investigaciones de James Wechsler y Jhon Ittman para la exposición Mexico and modern printmaking. A revolution in the graphic arts que ya itinera por otros lugares. Revolución en las gráficas con plena vigencia ante los monopolios de la desinformación dominantes de las políticas culturales de estados tan derechistas como el sufrido por México. El gran catálogo en blanco y negro y color que registra los linóleos, las maderas, las piedras, los metales, las suelas impresas, es muestra de que bien merecen ocuparnos de ellas para impedir que vayan a dar a las bodegas de algún caprichoso multimillonario. Tiene que seguir todo esto a nuestro alcance y de quienes encuentran en el TGP un proceso productivo ejemplar y de plena vigencia que ahora cuenta con la muy buena historificación lograda por Humberto Musacchio. |
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El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F. · Contacto · Diseño Web · |
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