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EL SOCIALISMO NUEVOSEVERO IGLESIAS 6 de noviembre, MMIII A 86 años de la revolución obrera de 1917 Ante cualquier régimen: el socialista I. LA CRISIS DEL SOCIALISMO DE CONTROL
II. EL SOCIALISMO DE CONTROL ANTE LA CRITICA MEXICANA
III. EL SOCIALISMO NUEVO
EL SOCIALISMO NUEVO Y EL PARTIDO DE LA CLASE TRABAJADORAAnte cualquier régimen: el socialistaEn las siguientes páginas se trata el asunto de la crisis socialista. La tesis principal es transformar el socialismo de control en un socialismo nuevo. No hace falta insistir en que el socialismo implica una transformación histórica de la sociedad, es decir, un cambio completo en la organización y los fines de ésta; y que los partidos políticos existentes están alejados de tal perspectiva, ocupados en disputar por un lugar en el poder establecido. La propuesta de un cambio histórico, después de casi un siglo donde las grandes transformaciones mundiales han estado ausentes, lo menos que puede despertar es el escepticismo. Ante ella, quienes se han anestesiado con las prácticas rituales para conseguir prestaciones y logros concretos e inmediatos, la verán como "algo abstracto"; y quienes medran alrededor de la burocracia estatal la verán como "no política", pues suponen que para ganar opinión hay que ocultar las intenciones, hacer astucia, actuar oportuna y simuladamente para conquistar lugares de poder. El practicismo y el oportunismo eluden un problema cardinal: ¿es posible el cambio histórico? La mayoría de los viejos militantes socialistas responde a esta pregunta negativamente; y, por supuesto, quienes tienen el poder económico y político lo hacen igual. Y, sin embargo, la historia se mueve... La clase globalizadora supranacional y las redes corporativas mundiales, con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio como puntas de lanza a las órdenes del poder imperial de Estados Unidos, han ido transformando la historia para implantar su guerra, destruir naciones, explotar a los pueblos y sumirlos en la indigencia extrema. Han despojado a los pueblos naciones de sus derechos de su riqueza y de los avances que habían logrado con sus esfuerzos históricos. Ahora pretenden hacernos creer que "la historia ha terminado". Pero la historia se ha echado a andar, no sólo por el poder imperial sino porque el equilibrio de fuerzas que se daba en la coexistencia del capitalismo y el socialismo se ha roto. Nuevas fuerzas políticas y productivas se van desatando, una nueva época se gesta, el mundo cambia en su organización social y económica, el viejo estado se desmorona, la guerra cobra un carácter científico monstruoso, la tecnología va transformando el aparato de producción, la técnica y el control sociales, las ciencias entran en un escenario de crisis, las profesiones ya no responden a las funciones sociales. Tarde o temprano, el perfil de esa nueva época estará a la vista. Allí tendrá un lugar posible, mientras haya trabajadores, el socialismo. La posibilidad del socialismo conduce al problema siguiente: ¿hay, como en la época de Marx y Lenin, una clase obrera que lo haga factible? Luego se demostrará contundentemente esta existencia. Pero, fuera de los vicios académicos, es suficiente echar un vistazo a la sociedad mexicana actual, que es una fábrica de pobres y de emigrados en busca de empleo, para saber lo que pasa al respecto. ¿Que no existe tal lucha obrera como la que hizo la revolución socialista? Eso es obvio; pero este hecho no elimina la posibilidad del socialismo. En todo caso, esta situación demuestra que, al contrario de quienes actuaban poniendo la fe por delante, hoy no es la hora del socialismo inevitable sino el tiempo de la preparación, pues él no viene como fatalidad histórica, ha de ser constituido y no existe si la clase trabajadora no lo trae a la existencia. Mas este problema cardinal gira sobre un problema fundamental, de principios ¿es necesaria la transformación histórica? Basta pensar en la crisis provocada por la destrucción ecológica, el uso desmedido de los carburoenergeticos, el crecimiento ilimitado de la población que ya presenta serios desequilibrios con el sistema viviente planetario, la crisis de los alimentos, la desocupación provocada por la tecnología y el régimen de propiedad, la educación adocenada, las guerras criminales de los países poderosos amafiados contra los débiles, la miseria extrema, la alienación y el embrutecimiento colectivos provocados por los medios de comunicación, el entretenimiento y la diversión, y se tiene una imagen de la inhumanidad que hoy azota al mundo. Es suficiente pensar en ello para darse cuenta que se exige una transformación radical del rumbo de la historia si se quiere preservar la vida sobre la tierra, hacer cumplir la justicia en la sociedad y la libertad en la vida del hombre. Decir o actuar en contrario, por inocencia o por cinismo, significa hacerse cómplice de la destrucción efectuada por el imperio y sus socios en nuestras naciones. Las respuestas nuestras conducen a un contraargumento: ¿cómo es posible el socialismo cuando la ola mundial del poder burgués no tiene un dique en los poderes existentes? A eso contestamos: suponer tal cosa significa creer que el socialismo nunca se hubiera podido construir por sí mismo y que la clase trabajadora estaría supeditada a la ayuda de los bloques de poder. Y significa también que, cuando se habla de la transformación histórica, se está suponiendo el cambio y la reconstrucción completos en el corto plazo. Pero también se equívoca este argumento. No se trata de organizar un golpe para generar de milagro la justicia y la libertad en un plazo perentorio, sino de asegurar que el socialismo cabe en el devenir histórico. Serán la marcha de la historia misma, de las fuerzas que participen en la revolución, de los trabajadores que lo construyen, los factores que decidan los términos de tal temporalidad. Por lo pronto, es necesario desechar las ilusiones. Nuestra propuesta no es ingenua. No se espera que la vieja generación la acepte o, cuando menos, la medite sensatamente. Si no ha mostrado siquiera interés en examinar lo que ha sucedido con la caída del socialismo soviético, por supuesto, esto no le ha de merecer ninguna atención. Algunos de ellos la adoptarán, serán aquellos que mantuvieron el contacto con la historia actual, sin refugiarse en el mito del sistema socialista o en el "ideal", como lo hacen los escolásticos del marxismo. Por eso, de aquí desprendemos una lección. Quienes pretenden revivir la izquierda, supuestamente oculta tras los partidos de oposición "democrática", se equivocan. Esperan la resurrección de un cadáver. La izquierda está muerta y que bueno que así sea. Al socialismo no le sirve su existencia. Lo que el socialismo nuevo necesita no es la adhesión geométrica a un "ideal" difuso donde caben todos los oportunistas, sino el compromiso racional, consciente y autodeterminado que comience por deslindar los campos ideológicos con lucidez. Sólo así se abrirá el camino de la praxis histórica y la acción de una nueva generación que, como las de Marx, Engels y Lenin, debieron romper con la generación revolucionaria anterior para hallar el verdadero camino a un nuevo mundo. Por el momento, es necesario orientarse en la crisis del socialismo para hacer claros sus problemas. I. LA CRISIS DEL SOCIALISMO DE CONTROLCrisis de los socialistas.El socialismo, como todo movimiento histórico, nunca ha estado exento de crisis. Del choque entre el marxismo y el anarquismo nació la crisis de la I Internacional que condujo a su disolución, en la II Internacional la corriente oportunista debilitó el movimiento al colaborar con la burguesía, de esa crisis emergería el partido leninista que inauguró la era de las revoluciones obreras; la III Internacional, fundada a instancias de la revolución rusa, al expulsar las corrientes no alineadas con la URSS se convertirla en un aparato para organizar el apoyo a la Unión Soviética y luego desaparecer en la segunda guerra, convertida en la Cominform. La IV Internacional, de inspiración trotskysta, buscando un socialismo ajeno a los vicios burocráticos y conservadores del régimen ruso, no pudo adquirir alcance mundial. Se impuso la tendencia exclusivista del stalinismo. En la era poststalinista, las divergencias chino-soviéticas, las intervenciones de la URSS en Hungría en 1956, en Checoslovaquia en 1968, en Afganistán en 1979 y, sobre todo, el surgimiento de las nuevas izquierdas en los 60's, frente al estancamiento del espíritu revolucionario bajo las direcciones de Brechnev y Mao, abrieron grietas de consideración en el sistema socialista, hasta desembocar en el derrumbe de la URSS y sus satélites de Europa oriental a finales de los 80's. Hoy, el socialismo defiende su derecho a la existencia bloqueado y estancado en Cuba, se confunde en China con políticas de todo tipo, y sobrevive en Corea y Viet-Nam. Pero si en los países de Europa oriental no se quiere hablar del socialismo porque los burócratas del estado y el partido aprovecharon las privatizaciones en su beneficio personal, aquí en México, aún antes de la caída de la URSS, los partidos socialistas habían declinado. Su coartada fue, palabras más palabras menos, que "el socialismo no está en el horizonte estratégico de la fuerzas políticas" (Citamos a SV, "¿De que socialismo hablamos?", 1991, no por su importancia, pues él nunca fue militante en México, sino porque su escrito expresa en términos generales el argumento general de las izquierdas ante la crisis del socialismo). Su justificación: la ideología socialista fue bloqueada por e consumismo, los partidos cayeron en el sectarismo, algo debía hacerse por los "débiles" y el pueblo; su decisión: convertirse en demócratas, en un movimiento de oposición para participar en la competición por el poder burgués. La escisión del PRI en 1987 le sirvió de pretexto práctico. Por lo pronto, debe señalarse que el expediente de "socorrer a los débiles" ha sido esgrimido por las clases dominantes cada vez que buscan anestesiar la conciencia para acallar su sentimiento de culpa; en este caso, impedida la izquierda para reconocer sus errores y reflexionado objetivamente sobre su historia, los pobres del pueblo son un buen argumento, pues como dice el practicismo: "más vale hacer algo que no hacer nada". (¡Sobre todo cuando se ha caído arroyo de las culpas y las justificaciones!). Esta exploración escondía una actitud del fondo: así como la revolución socialista se hundió en el autoritarismo que usurpó el poder autónomo de la sociedad para imponer los cambios "desde arriba", estos socialistas creen para sus adentros que, desde arriba, llevarán a cabo transformaciones que conducirán al socialismo o una "sociedad democrática". Como la historia lo ha probado, y esto latía en las ilusiones de la vía pacífica al socialismo que se abrió a finales de los 50's, en su contenido fundamental, la sociedad no cambia desde arriba, la libertad verdadera no se puede conceder nadie, sólo existe por su conquista autónoma. La revolución "desde arriba" es otra forma de autoritarismo "democrático", expresa la impotencia de quienes no pudieron contribuir eficazmente a la organización de los trabajadores para transformar la sociedad; y, ocultándose a sí mismos su fracaso, buscan tomar el gobierno para hacer populismo ó, en el mejor de los casos, diferir el enfrentamiento entre las clases, relegando la ineludible preparación para ello. (Chile es un ejemplo del trágico desenlace de esta estrategia). Ahora bien, ¿qué significa decir que algo no está en el "horizonte estratégico"? Quiere decir que no está en el horizonte histórico. Estar en el horizonte histórico no es estar a la mano, alcanzable a voluntad, sino contar con las tendencias y características actuales, es decir, con las condiciones reales, de conciencia colectiva y de organización para la acción, que hacen a un movimiento susceptible de ser base para construir una nueva sociedad o un régimen político; quiere decir fuerzas potenciales que hacen posible su existencia. Esto es diferente a la crisis de una sociedad. Cuando ésta se hace presente, se derrumba su clase dominante, el sistema se disloca. Pero si las fuerzas de transformación son reales y no sólo potenciales, si son fuerzas manifiestas y no sólo tendencias latentes, hay una situación revolucionaria. Si tales fuerzas transformadoras no existen, el cambio no se mira "a la distancia", porque aún están inmersas en el hoyo nadie percibe su propio horizonte. El horizonte histórico tiene, como se observa, dos líneas; una corresponde a las condiciones generales de una sociedad, donde radican las grandes fuerzas que participan en la revolución, allí se dan la estrategia y la posibilidad del cambio; otra corresponde a la situación revolucionaria, donde las fuerzas están organizadas y el peso del existente se debilita para dejar el escenario a las luchas tácticas, allí se da la factibilidad del cambio. Pero precisamente, el hecho de que la misma izquierda se expresara en términos de "horizontes", indicaba su confusión. Quien haya hecho la prueba de aproximarse el horizonte que percibe desde la lejanía, sabe que el perfil de éste desaparece cuando se pisa sobre el, habiéndose otros nuevos. El tipo de horizonte que ve cada quien depende de la posición desde donde percibe, depende de la atalaya donde está pisando. Su concepción, por ende, no es un modo "subjetivo" de ver las cosas, sino una visión condicionada por la oposición objetiva que ocupan. Fuera de la posición histórica no pueden percibir ninguna transformación nacional. Por eso, en las crisis lo más importante es asegurarse que se está en ellas de modo correcto. Sólo así se ve el futuro con claridad. Esto de ver el futuro no debe sorprender a nadie. (De hecho, el término quiere decir "lo que será", "lo que ha de ser"). Sólo puede hablarse de él en tanto se tienen elementos que anticipan su posible configuración, nunca en términos totalmente abiertos o abstractos. No es necesario entonces ser adivino o profeta para pre-ver el porvenir a nuestro alcance. Basta percibir las tendencias que, cuando tienen la posibilidad de hacerse efectivas, al proyectarse delinean el futuro en sus perfiles. Todo lo cual indica que, para percibirlo, hay que saber "estar parado", esto es, conocer el suelo presente que se pisa; sin ello el horizonte no aparece. Tal efecto es una causa de esa percepción de las izquierdas que no ven al socialismo en la historia. No saben dónde están paradas, no tienen idea de la historia de hoy y, por eso, no pueden saber nada del advenir. Sin embargo, ya en su misma formulación se destilan los problemas adyacentes. Si el horizonte de su percepción remite a su posición de referencia, cabe preguntarse ¿tal afirmación se emite desde el teatro de la crisis del socialismo, en cuyo caso se tendría que exhibir el profundo análisis que un asunto tan importante exige, o desde la crisis de los socialistas que militaron adosados a la URSS que se derrumbó en los 80's? Por lo pronto, se percibe que quienes se ostentaban como los militantes "legítimos" y exclusivos del socialismo (como los del Partido Comunista Mexicano) no estaban en crisis sino en bancarrota. Habían abandonado la lucha socialista. No han querido siquiera reflexionar sobre lo que sucedió con las izquierdas en México, tampoco sobre la tragedia del socialismo soviético, menos para examinar la validez histórica del pensamiento de Marx y Lenin. Se han significado esgrimiendo una insulsa distinción entre el socialismo "ideal" y el "real" [Schaff, A. Perspectivas del socialismo moderno, 1988]. Si antes profesaban el material positivismo y sólo veían en socialismo existente, justificando todas sus medidas y cerrando los ojos a cualquier reflexión o crítica, hoy son idealistas, se refugian en su propia visión a la que llaman "ideal". Antes apologizaron los crímenes de Stalin en los 30's a nombre de la pureza doctrinal revolucionaria, justificaron la persecución de toda discrepancia (recuérdese el intento de Siqueiros y otros para asesinar a Trotsky) y ocultaron la falta de democracia y el imperialismo soviético con la fachada de los "colosales" éxitos tecnológicos (por ejemplo, el sputnik en 1957). Los problemas del socialismo eran para ellos pequeños errores que ya se resolverían sobre la marcha y que no atentaban contra los "principios". Las dificultades de la teoría tampoco merecían su atención, en tanto le sirviera como dogma y catecismo para la propaganda. Se censuraron las obras del Marx joven, que reaparecieron tras la muerte de Stalin. Se silenciaron sus principales contenidos: el texto sobre materialismo histórico en La introducción a la ideología alemana, la concepción del hombre y la enajenación en los Manuscritos económicos filosóficos del 44, la concepción universal del proletariado y la crítica de materialismo mecanicista en La sagrada familia. La ideología socialista triunfante no parecía necesitar del humanismo ni de la razón que superan a la alienación. El materialismo histórico fue sustituido por el economicismo, el materialismo dialéctico era el recetario de "leyes" que eximía de conocer la realidad y suplantaba a la concepción objetivista de Marx, quien descubría la dialéctica en el mismo movimiento de la realidad para así describirla. El proletariado era ahora la fuerza, la masa, el medio para construir el socialismo, no la formación universal que concentra el devenir histórico como una fuente donde emerge la humanidad futura. Nada de esto era importante para los panegristas del socialismo reinante, era sólo "teoría" y problemas sin relevancia. Luego cerraron los ojos ante el estruendoso derrumbe del socialismo soviético. Por un oculto misterio rehuyen conocer la realidad que apologizaban y se refugia en aquello a lo que antes renunciaban, el ideal. Creyendo que el ideal socialista es un proyecto confeccionado a la manera industrial, dispuesto para aplicarse, abandonan la verdadera teoría, que es modo de pensar capaz de encontrar las claves de la realidad en sí misma. Total: como prestidigitadores de salón escamotean las cartas para ocultar la sustitución de las verdaderas por falsas. Sustituyen la teoría, el pensamiento de Marx, Engels que Lenin, dirigido comprender objetivamente la época actual, las perspectivas de los obreros y la misión de la clase trabajadora, el que obviamente está vivo mientras el capitalismo exista, por el "ideal", que es la construcción imaginaria que hicieron del socialismo a la medida del partido y el estado que lo controlaban. Desde allí, amurallado en el dogma, por ejemplo, SV, el "gran teórico del marxismo mexicano" según algunos académicos ingenuos, proclama: "el socialismo nunca ha existido ni existe todavía realmente". Estas metáforas no son ingenuas, dicen más que muchos textos de ciencia. El giro de la argumentación de estos socialistas no es inocuo, no es un simple traslado de crisis o un cambio de camisa. Primero, SV hace desaparecer el socialismo en la dimensión futura, ahora en la pasada y la presente. Cierra los ojos a toda existencia posible del socialismo y desconoce las tendencias reales del mundo actual que lo hacen posible, las que nada cuentan para quien reside encerrado en su ideal. Lo cual significa caer en la idealización, esto es, vivir en lo imaginaria. Sucede así con todo proceso idealizador: concebidas la libertad, la justicia, el saber, la belleza, como entidades con existencia aparte del mundo real, conducen a desvalorizar las obras y la vida directa, que nunca serán iguales a la perfección de los objetos ideales. Idealizaron su socialismo, lo convirtieron en absoluto, como si fuera el único modo de organizar la sociedad. Se equivocaron, pues, doblemente: confundieron su socialismo con el socialismo y confundieron la subjetividad de su conciencia con la realidad social. Pero estas conclusiones descabelladas no aparecen de la noche la mañana. Sobre todo si se considera que los militantes socialistas, herederos de Marx, debían contar con la conciencia racional, objetiva y lúcida de quien pretendía contribuir a transformar la historia. Tales conclusiones deben tener su historia en la crisis del socialismo que las explica y da cuenta de su verdadero significado. Veamos. Tragedia del socialismo de controlMás allá de frases y demostraciones aisladas ¿cuáles fueron las características de socialismo que estos socialistas apologizaron? Cuando se habló de la caída del socialismo soviético se acusó a Gorbachov y los errores económicos, sin acertar a entender lo que había pasado. Después de todo, ya se habían desprendido de su militancia anterior y ya navegaban en la oposición democrática. En realidad, los errores económicos cometidos (tales como los desbalances tecnológicos entre las ramas productivas, el desequilibrio entre la economía industrial y la agrícola que propició el mercado negro, el desnivel entre el valor económico y los precios, los desajustes monetarios) no explicaban nada. Eran asuntos de fácil solución desde el punto de vista de la técnica administrativa y económica. El problema no tenía que ver con el manejo técnico de las empresas, sino con la ausencia de vida política en el socialismo. Sus bases no eran el hombre, el trabajo y la razón liberadores, sino el poder y el control. Un socialismo cuyo principio fundamental era del "desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas" giraba sobre la economía, mitificaba el progreso material en detrimento de los fines humanos y hacía de la conciencia social un simple instrumento de manipulación. Con el progreso material, que ante los ojos del poder pone de manifiesto la "superioridad" del socialismo, se justificaba todo avance técnico, al que se festejaba como expresión del dominio del hombre sobre la naturaleza. Sin medida y sin sentido claro de tal desarrollo, acabó por mostrar su soberbia con el derroche que significaban las armas atómicas, la exploración espacial y demás "éxitos" cuyo efecto principal era propagandístico. Otro lado de este socialismo era la técnica de control social que suplantó a la dialéctica propia de la realidad y la autonomía de la sociedad trabajadora. Ya se conoce la lógica regresiva del control. Cuando se trata de probar su validez, el control remite al agente controlador, al controlador de este, y así ad infinitum . Yendo hacia atrás, la sociedad queda convertida en objeto y el sujeto del control rige fuera de sí girando sobre el poder, para acabar dependiendo de éste. De allí la inevitable enajenación del partido y del estado que inventaban diferentes maneras para ligarse con/o dirigir las "masas", pero no para permitir la praxis autónoma de estas. Además de su enajenación, el contenido de dicho control era extraño al objeto propiamente social. Su fuente o modelo era la industria: se basaba en el proceso de poner los materiales, máquinas y equipos a disposición, ejercer el mandato sin interferencias para buscar la mayor eficiencia y productividad de acuerdo a la consigna productivista. Ejercido sobre materiales, animales y plantas, se trasladó a los hombres, a su conducta y su alma misma, para ponerlas a disposición de la dictadura (Hacia 1984 se hablaba en la Unión Soviética de los hombres de cultura como "ingenieros de almas"). Enajenado y regresivo, el desenlace de ése control fue la ausencia de fundamento y el vacío del mando (como se mostró en los últimos años de la URSS). El saber básico de este sistema era la ciencia positivista, reductora de todo hecho a bases materiales, excluyendo la dialéctica propia de lo subjetivo, de la praxis, lo espiritual, las formas y lo negativo. Un saber que, desde sus orígenes renacentistas previos a la edad moderna, tenía una conformación técnica que hacía posible su utilización para "dominar". Las deformaciones de las "ciencias de clase" o la ciencia "socialista", que mezclaron el saber con el fanatismo ideológico, mantuvieron siempre oculto el contenido del dominio positivista bajo el disfraz de la objetividad y su uso revolucionario. Ese dogma objetualista se depositó en una concepción metafísica de la historia que veía todo lo que sucedía y había sucedido como parte de la marcha ineluctable del mundo hacia el socialismo. Con ella se justificaban todas las decisiones, el poder dictatorial era irrebatible, el partido era infalible, la historia era una locomotora que no podía salirse de sus vías e indefectiblemente llegaría a su destino, pues sus leyes eran concebidas iguales a las leyes naturales, nadie podría violarlas o alterarlas. El poder tomó la misma forma técnica: el aparato del partido y el procedimiento planificador basados en el control, no en la concertación, la deliberación y el acuerdo racional. Monopolizado por el partido, sobrepuesto éste al estado y la sociedad, el poder contaba con una organización burocrática y una dirección centralizadora depositada en los protagonistas personales. Su lógica vertical ejercía la imposición por medio de la planificación, como tecnocracia posesionaria de la verdad ideológica y científica, de la legitimidad en el mando. De tal manera, poco se logró en la discusión acerca de su caracterización como "socialismo de estado", "capitalismo de estado" o "capitalismo sin burguesía", así como en el debate sobre la corrección de las formas de propiedad cooperativas, colectivas o estatales, pues no se tocaba el asunto central de las condiciones sociopolíticas generales del socialismo que le daban al régimen su verdadero significado. En tal virtud, de manera analógica que Luís XIV, monarca del estado corrupto impuesto sobre la sociedad, pudo decir "el estado soy yo", los dirigentes del PCUS pudieron haber dicho en su absolutismo "el socialismo soy yo". Eran los posesionarios del poder, de la ideología, de la praxis, intérpretes infalibles de Marx y Lenin. Sobrepuesto el aparato del poder a la sociedad, a las estructuras sociales, a las instituciones y, sobre todo, a las formaciones del derecho, éstas funcionaban sometidas a su ejercicio. De manera que los servicios civiles generales, el empleo, la salud, la vivienda, etc., quedaban sujetos a su administración, a las manipulaciones, chantajes y formas de control personal y burocrático. Con un sistema de producción que técnicamente no se distinguía del capitalista, sin un esquema de distribución que racionalmente hiciera funcionar el mercado socialista para determinar la asignación racional y justa de los recursos entre la producción, los servicios colectivos y las necesidades de la población, la economía, tanto en la ciencia como en su realidad, desaprovechaba las funciones modernas del consumo, la circulación, el crédito, etc., para movilizar la riqueza y fomentar la iniciativa social general. A este socialismo le faltaba la savia del hombre. La libertad plena para inventar el futuro y hacerse cargo de sí mismo, la praxis para constituir formas y realidades nuevas que propiciaran la elevación del modo de vida humano, la racionalidad que protegiera a la sociedad del doblez, de la mentira, del ocultamiento, del pragmatismo caprichoso, y que impulsara las necesidades estéticas, éticas y políticas generalizadas, la justicia plena que fuera la base de la seguridad del hombre en el ejercicio irrestricto de sus derechos humanos. Con una concepción instrumentalista, la tecnología socialista continuaba a la tecnología capitalista moderna, y fue vista como algo neutral cuyos efectos dependían de sus fines y usos. Se oculto que, así como en la comunicación no puede olvidarse que una parte de su contenido proviene del medio utilizado, igual el contenido del trabajo y las profesiones depende en parte de las formas de la tecnología utilizada. Para completar, cerrando la puerta al uso de las nuevas tecnologías energéticas y de materiales, se hizo lo mismo que en el capitalismo: explotar los hidrocarburos y la energía atómica con sus efectos destructores sobre el planeta. En el orden del pensamiento, con la verdad monopolizada, el poder mantenía la pobreza doctrinal a través de la censura, acomodando la ideología a las circunstancias, abriendo la fisura entre las palabras y los hechos, utilizando los términos "democracia", "libertad" y "humanismo" para justificar lo contrario. Su resultante fue la desconfianza de la sociedad hacia las intenciones del poder; de allí la simulación que fue proliferando un forma de vida pública. La crítica y la autocrítica, formas de la reflexión propia de la razón, fueron tergiversadas como simple impugnación faccional o confesión denigrante de los acusados, con lo que se perdía toda fe en el derecho los principios. Las purgas y las depuraciones periódicas en el partido harían el resto. Por eso, en los 80's bastarían la "transparencia" para golpear el corazón del sistema. Además, es relevante observar que toda transformación histórica universal ha sido acompañada de una revolución en los valores morales, éticos, cívicos, estéticos, intelectuales, etc., pero ese socialismo fue incapaz de hacer tal aportación. Basado en una concepción del relativista y pragmática de los valores, según la cual cada clase tiene los suyos, acabó por no creer en nada. El nihilismo que proliferó en los últimos tiempos de la URSS, el predominio de los medios que desvalorizaban a los fines, fueron el caldo de cultivo del indiferentismo con que fue recibido el derrumbe del sistema en 1991 por la población en general. Conociendo todo esto, la caída de ese socialismo no fue una sorpresa. Con esas bases estaba condenado a salir de la historia; aunque esto no se reconociera y las críticas se quedarán a medio camino, nubladas por la esperanza de su reforma o su renovación. Para sus seguidores, quienes lo apologizaban frente a la teoría y la crítica, no hubo real explicación de la caída. Su conciencia y su acción se habían congelado, su ideología se había cegado ante las nuevas tendencias de la historia; en la tecnología, la filosofía, las ciencias sociales, los modos de vida comunicación, las fuerzas económicas. Ellos no podían entender su alcance y fueron rebasados por estos cambios. Es claro que los avances que tuvo el pensamiento marxista después de la revolución de 1917, se debieron a disidentes o pensadores no ortodoxos: Korsh, Luckács, Adorno, Horkheimer, Marcuse, Sartre, etc.; los apologistas se encerraron en el dogma intocable. Hoy, como ya se indicó, los partidarios de ese socialismo renuncian a él sin hacer una crítica reflexiva y se refugian en el ideal, creyendo que las ideas de Marx y Lenin están intactas, que valen intemporalmente, que no merece la pena o que es un sacrilegio examinar su vigencia. Su postura es explicable: reconocer lo que ha sucedido verdaderamente significaría exhibir su alienación, mostraría que sus convicciones marxista-leninistas eran la adopción emocional de un dogma que, sobrepuesto a la lucha obrera legítima, justificaba su protagonismo y afán de poder. Es notable observar que el concepto marxista de alienación no haya formado parte central de la doctrina ortodoxa; y que disidentes que cayeron en el sociologismo empirista, como Lefebvre, lo hayan considerado innecesario. Pero la ceguera mental en nadie es nada simple: el ocultamiento que sufre la conciencia alienada se realiza por medio de una pantalla o efecto de superficie que disimula la verdad. [Según lo hemos expuesto en La razón ficticia]. Entonces, en lugar de ir a las esencias de la conciencia va a las apariencias, en lugar de ir a la ley va a los datos, el lugar de la praxis va a la práctica. Igual, el lugar de ubicarse en la revolución va a la presión, el lugar de la justicia asume la democracia, en lugar de la libertad se prefiere la subsistencia. No es extraño entonces su viraje de partidos revolucionarios a partidos de oposición. No obstante, la simulación de ser lo que no son acaba por disimular y ocultar lo que son; así se ven impedidos de ver la otra cara de la baraja histórica del socialismo. Esta, por un lado, muestra sus deformaciones, por otro, su verdadero rostro histórico. Este rostro es el siguiente: el socialismo dejó de ser una utopía, a partir del siglo XX es una realidad ya presente; se demostró que es factible constituir una sociedad basada en el trabajo, no en el capital o la propiedad; que la clase burguesa y la propiedad privada sobre los medios de producción pueden desaparecer del escenario histórico y ya no es necesaria subsistencia. Pero en lugar de ver estos hechos ostensibles, ellos afirman que "el socialismo nunca ha existido" y se consuelan soñando con su ideal. Dialéctica de la revolución obrera.Ahora bien, cada vez que se toca el problema de la enajenación, la alienación o los errores de un acto histórico, se deja ver el implícito campo de referencia de la verdad que funda a tales afirmaciones. No es casual que a la alienación se le haya asociado con la noción de "conciencia falsa", aunque nunca se haya precisado suficientemente su contrapartida en la "conciencia verdadera". No se trata aquí de un problema epistemológico, de teoría del conocimiento o científico, aunque los socialistas hayan convertido la verdad en un asunto de este tipo. La verdad es un problema histórico, referente al devenir universal de la humanidad que, por simplificación, se ha reducido al estudio del pasado. En su devenir la sociedad humana va mostrando sus determinaciones, características, problemas; allí radica la fuente de la praxis, de la conciencia y los hechos que son la condición inmediata de nuestra vida. Allí la verdad no es la "adecuación de la idea con el objeto", sino la medida de la conjunción contradictoria entre lo que hombre es con el mundo real que ha construido y con la praxis que le permite tener una existencia como ser consciente. Sin entender esta verdad todo parece aislado, relativo, un "modo de ver" las cosas. Asumiéndola, la percepción de lo actual tiene profundidad y fundamento de validez respecto a lo que el hombre es y lo que puede ser. Recapitulemos entonces sobre las condiciones y la dialéctica histórica de la revolución obrera donde se perfila su fundamento de verdad. La enajenación, o sea, la pérdida del ser propio del hombre expresada en la existencia proletaria implica: -- "La existencia de una masa de la humanidad absolutamente desposeída", del proletariado que representa la inhumanidad. -- Se requiere "el desarrollo de las fuerzas productivas --dice Marx en La ideología alemana-- suficiente para liberar a los trabajadores de toda dependencia y de su atadura a la lucha por lo indispensable. Sin esta última condición, la transformación sólo generaliza la escasez". Tal desarrollo, debido a la complejidad y crecimiento de los medios de producción, va escapando de la propiedad burguesa personal para tomar formas asociadas que contienen la tendencia a la colectivización. En las fuerzas productivas se hace posible desaparecer la propiedad privada objetivamente, por el propio peso de las cosas y, sobre todo, resolver ampliamente con ellas las necesidades de la sociedad. El socialismo que Marx propone, por tanto, es un socialismo moderno, no un socialismo atrapado en la solución de las necesidades inmediatas de la población. -- Alterar el modo de la actividad, no sólo su organización y función. Esto quiere decir lo siguiente: la actividad enajenada es forzada, desintegrada es sometida a los medios de producción en la propiedad. Para trocar ese modo enajenado en el modo humano, se requiere "el desarrollo de una totalidad de capacidades" correspondiente a una "totalidad de fuerzas productivas". -- Por lo tanto, la transformación del mundo debe tener como finalidad "la realización o la realidad del hombre... es la vuelta al hombre... a su existencia humana". [Manuscritos]. -- La base de dicha transformación debe ser la historia universal en su condición moderna. "Historia universal" no quiere decir la reseña general del pasado que se enseña en las escuelas. Es el devenir que, debido al mercado y la extensión del capitalismo a nivel mundial, a la interrelación comercial para obtener materiales y medios entre los países, a la división del trabajo entre estos (cosa que se pone de manifiesto en la conquista del mundo por Europa desde finales del siglo XV), sólo es posible por esas relaciones universales de la producción. La industria, aún siendo local es, por eso, universal. Las naciones, por tanto, dice en La ideología alemana, se mueven en la historia universal moderna; y la burguesía, en consecuencia, gira en torno a ese interés donde "ha quedado ya destruida toda nacionalidad". La clase obrera, igualmente, adquiere esa existencia histórico-universal, puesto que es parte central de las relaciones capitalistas de producción y actor del movimiento universal. Allí radica la base para la formación de la Internacional. La revolución, por tanto, al modificar las condiciones capitalistas, es también universal, puesto que ha de levantarse sobre tales condiciones y hacerlas suyas. De allí se desprenderían la afirmación de que el socialismo surgirá en los países avanzados que reunieran las condiciones enunciadas, y la tesis de la revolución mundial. A los países atrasados ya les tocaría su turno. [Ver S. Iglesias. El Manifiesto a 150 años. 1998] ¡Gran lección de Marx para la era de la globalización y el movimiento internacional de los trabajadores en los actuales tiempos! La revolución enredada en su propio poder.En estas tesis estaba la síntesis del socialismo de Marx. Pero los socialistas olvidaron que la realización de la idea no depende del deseo o la voluntad, pues las condiciones o circunstancias reales le son ajenas; y que la unidad contradictoria entre la conciencia, la acción y la realidad gesta una nueva dialéctica distinta a ambos planos. La historia real, finalmente, acaba por imponerse. Una idea socialista que nace como expresión del capitalismo avanzado pero que, a partir de 1917, se plasma en países atrasados, no deja intactas las concepciones y fines de una revolución. Nacida ésta en medio de la guerra y el cerco imperialistas, con un sistema productivo destrozado, sin el apoyo esperado de la revolución mundial, se enreda en la trama del pasado que maniata los proyectos del futuro. Entonces no bastaba la adhesión de la clase obrera, se requería prepararla para dirigir empresas y participar en el estado. La liberación de la clase trabajadora, en medio de la dictadura, se vio obstruida por la "estatización de los sindicatos", que fueron convertidos en correas de transmisión entre el estado y la organización obrera. Pero se necesitaba movilizar las masas para destruir el viejo sistema, organizar la guerra civil y derrotar a la contrarrevolución, lo cual se contraponía a la urgencia de fundar instituciones para dar paso a lo nuevo. Para 1921, dice Lenin: "la revolución no ha seguido un camino tan recto como esperábamos"; igual que Marx y Engels reconocieron que las cosas no habían resultado como esperaban en 1848. Lo que más le preocupaba era que el nuevo régimen, cuyo destino histórico era distribuir la riqueza, según había dicho Marx, debía "distribuir las privaciones". La iniciativa de los obreros, la participación del pueblo en el gobierno, pronto se enmaraño en "la proyectomanía intelectual democrática". Al mismo tiempo, Lenin consideraba que sostener el poder requería de una "voluntad única", y toda discrepancia teórica o ideológica, dada la tensa situación de sobrevivencia en el cerco imperialista, amenazaba con convertirse en una fuerza real divergente. "Cualquier discrepancia, incluso la más insignificante, puede llegar a ser peligrosa desde el punto de vista político, si surge la posibilidad de que se agrande hasta la escisión", decía Lenin ante los sindicatos. Una sola norma, un mando, una organización monolítica: tal fue la respuesta a la situación. Pero, en ese giro, la organización pasa de los principios y la militancia a la conexión personal que genera lazos distintos en el interior del partido. (Cosa que Stalin sabía aprovechar muy bien en beneficio personal). "El quid de todo el trabajo está en la selección de las personas y la comprobación del cumplimiento de sus responsabilidades", decía Lenin. Así abría el espacio para el protagonismo de los líderes y las conexiones de dependencia personal como vía para escalar posiciones en el partido en la burocracia. Y así se configuraba el socialismo de control que Stalin gobernó. El lugar de liberar las fuerzas del proletariado para inaugurar el "reino de la libertad", como decía Engels, la revolución las aprovechó para conservar el poder. Lenin no fue ajeno a ello. Aún rechazando el burocratismo y la servidumbre personal, el ejercicio de la dictadura le hacía decir: "los soviets son la forma superior de democracia", pero "la dictadura personal ha sido, en el curso de los movimientos revolucionarios, la expresión de la dictadura de las clases revolucionarias, su portadora y su vehículo". "No existe ninguna contradicción de principio entre la democracia soviética y el ejercicio del poder dictatorial por determinadas personas". [Las tareas inmediatas del poder soviético, 1918]. Y aunque Marx rechazaba a la organización de la fábrica como modelo de la organización socialista, Lenin comparaba esta con la "industria mecánica, con unidad de voluntad absoluta y la subordinación incondicional a una voluntad única". A Stalin le bastaría atraer el esquema a su favor personal. "El partido -decía- es el jefe político de la clase obrera... es el estado mayor de combate del proletariado... que debe centralizar en el curso de la lucha la dirección de todo el movimiento; y la férrea disciplina dentro del partido es inconcebible sin la unidad de voluntad, sin la unidad de acción completa y absoluta de todos los miembros del partido". [Sobre los fundamentos de leninismo, 1924]. ¡De la voluntad general a la voluntad única, de la disciplina consciente a la disciplina de hierro, de la dirección colectiva a la dirección centralizada, del compañero o el camarada al jefe político! Con estos trazos se puede plantear la otra pregunta: ¿En que ideal se refugian los viejos apologistas del socialismo? No es, por supuesto, en el nutrido por el humanismo, la conciencia racional y la liberación de las fuerzas sociales. Es obvio, su ideal es el socialismo de control que se precipitó en la URSS. II. EL SOCIALISMO DE CONTROL ANTE LA CRÍTICA MEXICANALa crítica espartaquista a los comunistas.Los análisis de esos problemas descritos se remontan al proceso de desestalinización que, mundialmente, indujeron a revisar el funcionamiento del socialismo soviético, a examinar las diferentes corrientes y a la crítica de la actuación de los partidos comunistas. Particularmente, en México, las divergencias entre las corrientes de izquierda desembocaron en el surgimiento del espartaquismo a finales de los 50's. Recordemos. Desde su fundación en 1919, el PCM, autodenominado "vanguardia del proletariado" sin serlo efectivamente, atravesó por crisis diversas. En 1943, por ejemplo, la célula José Carlos Mariátegui denuncia que "no existe una verdadera vanguardia política de la clase obrera, agrupada en un partido marxista capaz de conducir hasta sus altas consecuencias las luchas del pueblo mexicano"; otro grupo expulsado en 1947-48 sostenía una posición semejante; en 1957 la célula Carlos Marx y otros militantes del partido en el D.F. se rebelaron. Dicha célula sostuvo que el PCM "no era la vanguardia del proletariado ni estaba en condiciones de serlo". Posición que conduciría a la formación de la Liga Leninista Espartaco en 1960. Particularmente, la inoperancia del partido ante las huelgas ferrocarrileras de 1958-59 mostraba que éste no cumplía con la responsabilidad histórica que se autoatribuía. [Al respecto: Cél. CM. Resoluciones sobre las huelgas ferrocarrileras. Rev. Revolución, 1961; EGR. El PCM y su concepto de vanguardia. Rev. Espartaco, v. I, Núm.1; Id. El problema ferrocarrilero y el porvenir del PGM. Revolución, 3,1961.] Las concepciones de la Liga Leninista Espartaco.Las tesis de la LLE significaron la más importante aportación ideológica mexicana sobre el partido obrero dentro del marco del leninismo; y la crítica más radical de las deformaciones del movimiento obrero en México. Sintetizando sus tesis principales: 1. "La clase obrera mexicana se proyecta en la historia en los últimos 50 años del país -escribía JR en el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza en 1962- como un proletariado sin cabeza, o que tiene sobre sus hombros una cabeza que no es la suya". 2. El partido obrero no existe históricamente. La "inexistencia histórica del PC" no significaba que no existiera un conjunto de militantes organizados con ese nombre, sino que tal organismo no cumplía con la función que los partidos revolucionarios tienen en la historia como organizadores de la clase obrera, sobre todo de la conciencia de ésta. 3. La finalidad de la LLE era contribuir a la construcción del partido de la clase obrera mexicana. No era un partido sino un grupo organizado para dicho fin a través de la intervención en "el proceso ideológico de las luchas, de las ideas, de las opiniones, de las tendencias teóricas y la crítica [¿Qué es, por qué nace y que se propone la LLE? Espartaco. Oct. 1960.] Las premisas de la existencia de la LLE, a diferencia de los organismos nacidos a instancias del activismo de las luchas obreras o como ecos de los organismos internacionales, radicaban en fundamentos universales. Veamos. 1. La necesidad histórica. Objetivamente, si la historia es el devenir de la humanidad, en ella suceden hechos y acontecimientos que pueden ser: casuales o contingentes, debido a que su existencia no es indispensable para dicho devenir; y hechos necesarios, que ocupan un lugar o tienen una función fundamental e insustituible sin la cual no es explicable lo que sucede. Por eso, la existencia verdaderamente histórica no debe ser confundida con todo lo que sucede en la sociedad o, como se dice hoy, "lo que sienta precedente", que es asunto de costumbre; no es sólo lo nuevo, lo que antes no existía, sino lo que es necesario que exista para continuar el devenir. (Diferente a lo necesario en la naturaleza, que es lo sujeto a leyes constantes). 2. La racionalidad histórica. Es lo que sucede y es captable según principios. No es lo que simplemente sucede en la experiencia de la vida, según la opinión subjetiva o personal, sino y lo que tiene existencia necesaria y validez plena, según principios del mundo y el pensamiento universal. 3. Los verdaderos hechos históricos. Los verdaderos hechos históricos son, por lo anterior. necesarios y racionales. Y cuando algo carece de lugar o función necesaria en el devenir histórico es que pierde o no adquiere su racionalidad, convirtiéndose en una "realidad aparente. ilusoria... donde lo irracional encuentra su último refugio", y está listo para perecer dejando paso a lo nuevo, decía JR. En consecuencia, el PCM carecía de existencia histórica necesaria y racional, conservando su existencia casual y empírica. La función necesaria de éste, organizar la conciencia de la clase obrera, debía ser llenada con una conciencia racional y no con un dogma que es aceptado por motivos no racionales, o sea, ajenos a dicha finalidad (tales como el afán de poder, el protagonismo, la adhesión emocional, etc.). No bastaba sostener la tesis aquella de Marx de que "la conciencia llega a ser fuerza material tan pronto se enseñorea de las masas"; no bastaba aceptar el marxismo, sino realizar efectivamente los fines del movimiento histórico. Pero si la nueva conciencia de la LLE era racional, su dialéctica acabaría por destruir el dogma y ser la base del partido obrero revolucionario; pues, sostenía este organismo, "los procesos ideológicos racionales nunca pueden ser suprimidos... y necesariamente terminan por conquistar y ejercer su legítimo derecho a la existencia objetiva". Todo esto por el lado de la historia. Por el lado del hombre: 4.- La revolución de la conciencia. La conciencia es el acontecimiento natural más importante que se haya dado; pero la realidad histórica no le pertenece, ésta se ha hecho según la marcha de las cosas, no de la voluntad consciente. El hombre vive en la prehistoria humana o la historia preconsciente, no es dueño de sí, ha caído en la enajenación, cuya manifestación inmediata es "existir como conciencia enajenada a las clases y las relaciones de producción que las han engendrado". 5. La enajenación del proletariado. El proletariado, según el texto de La sagrada familia de Marx y Engels, representa el más alto grado de enajenación de la existencia humana. Es la clase que produce lo existente pero vive despojada de los bienes materiales y espirituales, convertida en cosa. Es la inhumanidad realmente existente. 6. La humanización del hombre y la historia a través de la conciencia, su distintivo universal. Así como la aparición del cerebro humano, como asiento de la conciencia, es el suceso más importante de la evolución natural, la construcción del partido de la clase obrera como clase universal con potencia de transformación es la acción más importante de nuestro tiempo. Tal partido es el cerebro colectivo de dicha clase. Dice JR: "La deshumanización se ha de superar a sí misma en el momento de saberse, es decir, se ha de superar en el cerebro histórico de aquellos que son capaces de pensar teóricamente al proletariado como clase obligada a sublevarse... Tal cerebro histórico constituye el partido proletario de clase, un cerebro colectivo; una conciencia organizada que representa el inteligir teóricamente por, para y con el proletariado a fin de conducirlo a la lucha como proletariado". Dicha teoría es la teoría leninista del partido, referente a la conciencia colectiva organizada. ¿Qué había sucedido con el partido comunista mexicano? ¿por qué no cumplía con su función histórica? Habla sido sustituido por la dirección del CC, y éste se había convenido en una "pandilla" al margen de la organización, deformando su funcionamiento y manteniéndose aislado de la clase obrera a la que decía representar. Sobre todo, la democracia interna fue suplantada por el centralismo vertical y la decisión arbitraria del CC sobre la base. Tal fenómeno fue general a los partidos del mundo, su crítica no tenía explicación sólo en las condiciones particulares del movimiento obrero y la historia de México, sino que provenía también del funcionamiento cobrado por el movimiento internacional a raíz de la revolución rusa en 1917. La critica del "culto a la personalidad" llevada a cabo por el PCUS a partir del XX congreso en 1956 confirmaba la tesis de la crítica mexicana. Con la denuncia del personalismo stalinista en el gobierno y el partido de la URSS, se recuperaba el principio del centralismo-democrático como forma de funcionamiento leninista del partido. El PCM se encontraba ante una alternativa difícil de reconocer en su alienación: o seguir la línea del deshielo soviética y dar la razón a la crítica espartaquista, o cerrar los ojos a ambos acontecimientos. La solución dada fue ambigua, como su existencia: reconoció los cambios en la URSS reduciendo el stalinismo al personalismo de la dirigencia, y negando la crítica racional de sus impugnadores en México. Así simulaba renovarse de acuerdo a los cambios del socialismo soviético, sin alterar para nada su dogmatismo y su antidemocratismo funcional. La teoría del partido no parecía funcionar en el PCM. La primera tarea de la LLE, en consecuencia, era recuperar la teoría del partido marxista-leninista para organizar la conciencia de la clase obrera en México, como fase previa a la fundación del partido. (Esto implicaba: aprender a dirigir "científicamente" las masas, conocer la realidad, "confeccionar una adecuada línea política" para conocerse a sí mismo, para aplicar el marxismo-leninismo y asegurar el funcionamiento del centralismo democrático, según decía EGR. El PCM y su concepto de vanguardia.) La segunda tenía que ver con la realidad mexicana, referente inmediato de la situación de la clase obrera en nuestro país. Al respecto, la percepción que se tenía en el PCM era que México era un país atrasado con restos semifeudales (¡en 1960!), lo cual quería decir que el capitalismo y la clase obrera no estaban maduros y no había condiciones para luchar por el socialismo. De acuerdo a tal concepción de la situación nacional, se sostenía que el movimiento obrero debía aliarse con los sectores "nacionalistas" de la burguesía mexicana, para luchar contra el imperialismo. Su estrategia, por tanto, era el movimiento de liberación nacional burgués. Al contrario, la LLE sostenía que México era un país capitalista. "En México si cabe hablar de relaciones capitalistas de producción y de un movimiento puramente proletario". [Espartaco. Julio, 1961], "la burguesía mexicana se apoya en el capitalismo de estado", por tanto, este estado es suyo; y "el capitalismo mexicano opera asociado al capitalismo extranjero". Su carácter burgués se muestra claramente en la represión a los movimientos socialistas y las huelgas obreras. La estrategia de la LLE no era, entonces, aliarse con sectores burgueses, sino "la conquista de la emancipación ideológica, organizativa y política de la clase obrera", antes que consumar una revolución burguesa, por lo demás ya triunfante. En cuanto a la cuestión nacional, proponía la liberación nacional proletaria encabezada por la clase obrera, no por la burguesía (vía seguida por la revolución cubana). La LLE cayó víctima de sus propias discrepancias en 1963. Un debate sobre la libertad de expresión, complicado con las divergencias chino-soviéticas, escindió las filas. Las "revolucionarias ganas" de JR, como él mismo se expresaba, y el espíritu de control de un organismo que no acababa de configurarse aún, eran incompatibles. Las tesis del Movimiento Espartaquista RevolucionarioLa célula Fidel Castro nacida en la LLE adoptó sus propias posiciones. -- "Que la critica comenzara a actuar dentro del organismo". -- Lo importante era "ir a las masas, a las tareas verdaderamente revolucionas". "El trabajo con las masas es el que da reciedumbre, disciplina y el desarrollo de una conciencia verdaderamente marxista". -- Para evitar las discrepancias irreconciliables se exigía "tomar las medidas objetivas para asegurar el funcionamiento real del organismo (tales como fundar el órgano periodístico, elaborar un programa común de acción con las masas, estatutos, etc.) -- Clarificar los principios básicos del organismo y distinguirlos de los "problemas ideológicos a debate". Los principios estarían fuera de votación. -- "El centralismo-democrático asegura la íntima unión con las masas" Se debían establecer las bases concretas de su aplicación en el organismo y no aplicar dogmáticamente" los principios marxista-leninistas. [Resolución de la Cél. Fidel Castro, 2 junio, 1963. ¿Así se forma la cabeza del proletariado? LLE, 1963.] De allí nació el Movimiento Espartaquista. Revolucionario. Su tesis principal era formar el embrión del partido de la clase obrera en contacto de las masas, y principalmente con los trabajadores asalariados. La introducción del humanismo, la desalienación, la reflexión histórica y filosófica la critica, hallaron en el espartaquismo perspectivas para configurar una nueva concepción del devenir histórico y social, nutrida con el desarrollo de estos problemas. El MER no pudo abordar sistemáticamente su tratamiento, aunque ocuparon buena parte de su trabajo interior. El trabajo con obreros de sindicatos importantes como los de ferrocarriles, electricidad, minería, petróleos, con campesinos en la formación de la CCI y con los universitarios, permitió distinguir el desfase existente entre los trabajadores avanzados que habían aprendido a defender sus derechos y podían entender las tareas políticas a partir de su experiencia, con el interés inmediatista de los campesinos, laposición conservadora de la mayoría de los profesores universitarios y la lucha estudiantil que cobraba formas propias. Preparar cuadros educándolos en las tareas de denuncia, propaganda y organización, aprovechar todos los medios de prensa para difundir las tesis, fueron las actividades básicas del nuevo organismo. En cuanto a la construcción ideológica, se buscó profundizar en las tesis impulsando el conocimiento específico de la realidad nacional para actuar certeramente sobre ella. [En Tesis sobre la realidad nacional, El trabajo asalariado y el capital en México, El charrismo sindical, la corriente democratizante y la burguesía..., etc.]. Pero, sobre todo, pensar la organización revolucionaria de la acción era central. La discusión sobre las tácticas permitió abrir el campo de definición de éstas. Los planteamientos sobre la táctica adquirían especial relevancia en virtud de la iniciativa que manifestaba el movimiento de masas en el México de los 60's. En las izquierdas había una prevención contra esta discusión: a las discrepancias ideológico-políticas se contestaba que "eran problemas de táctica", no de principios. De esa manera, creyendo tener un saber sobre ella, no se le estudiaba y se ponía a la táctica como las maniobras y habilidades en la acción, perdiéndose en una casuística circunstancial. Su resultado era la confusión general entre principios, programa, estrategia, táctica, etc.. De allí que el MER, en lo referente a la lucha ideológica, centrara su atención en el deslindamiento de campos en una izquierda "donde todos los gatos ideológicos eran pardos". (Lo que le valía la acusación de "divisionista", etc.). Pero la acción revolucionaria tiene su "lógica", su alcance, sus formas; marcha en consonancia con la realidad y los fines del movimiento, no es un medio o instrumento que arbitrariamente pueda aplicarse con independencia de la ideología que se sostenga. Puede hablarse al respecto de un axioma general: a contenidos ideológicos determinados corresponden formas de acción determinadas; igual que las formas de organización deben estar de acuerdo a tales contenidos. Se trata, por tanto, de una cuestión de "principios que, determinados por bases objetivas y fines políticos, dirigen la acción revolucionaria, trazando la trayectoria hacia el socialismo y siendo guía para la realización del programa revolucionario". [MER. Táctica política revolucionaria en México. 1967]. Y debe subrayarse: la tesis del MER no radicaba sólo en la definición clara de las tácticas sino en hacer extensivo su conocimiento al movimiento de masas mismo. Consideraba que el florecimiento del movimiento espontáneo exigía la difusión de estos problemas para contribuir a su conversión en movimiento consciente, para "que las masas tengan una base de orientación en su lucha" y no reservarlos al patrimonio partidario. Sobre estas bases, las posiciones del MER sobre la táctica eran las siguientes: 1). Todas las formas de lucha con utilizables, pero la elección especifica de ellas depende de la existencia de condiciones que posibiliten el triunfo del movimiento: la organización de las masas, la conciencia política, el desarrollo del partido y la lucha de la clase obrera, la libertad de acción política, la posición de las fuerzas de clase y la situación internacional. 2). Evitar la subestimación del poder de comprensión de las masas y el abstraccionismo académico y aprender a convertir el avance de la conciencia en consignas tácticas. 3). Hacer la distinción entre las fuerzas y los contenidos ideológicos, políticos e históricos de los movimientos; pues con frecuencia los movimientos obreros y campesinos tienen un contenido burgués, aunque sean sostenidos por fuerzas populares. 4). Contar con un análisis concreto de la situación nacional. Particularmente, en lugar de concentrar el esfuerzo en analizar la burguesía o los empresarios de México, hacía falta un profundo análisis sobre la clase obrera (que no es lo mismo que examinar el sindicalismo), de los campesinos y clases medias, así como de la situación internacional. 5). Determinar los modos y el nivel de organización de las fuerzas de la revolución. 6). Tomar en cuenta el grado de participación de las masas y los sectores específicos al interior de la clase (obreros, trabajadores por su cuenta, profesionistas, burócratas, profesores; campesinos ejidatarios, pequeños propietarios, jornaleros, etc.). 7). Definir políticas de alianzas sin subordinarse a la burguesía como el oportunismo, basándose en las propias fuerzas revolucionarias y las de la clase, bajo el principio general de "marchar separados y golpear juntos". No olvidar, sobre todo, que la verdadera liberación nacional en América Latina sólo ha podido conseguirse a través de la revolución socialista y Cuba es su prueba. 8). No rebajar las consignas y los programas revolucionarios para atraer a las masas en un seguidismo inmediatista, sino procurar elevar el nivel ideológico y político de ellas. 9). En la batalla democrática contra la represión y las libertades ciudadanas, "la lucha por las libertades democráticas contra el fascismo no debe conducir a la idea de que se busca una simple república democrática, pues eso no es posible sin la realización de cambios que afecten a la estructura capitalista, las consignas inmediatas se entrelazan con las consignas revolucionarias, integrándose en un programa democrático-revolucionario con participación de las masas populares y con meta en la revolución socialista". El punto de partida era que la lucha por las libertades democráticas de prensa, expresión, manifestación, asociación, etc., debe incluir la lucha por los medios reales para que sean ejercidas por los trabajadores. 10). Respecto a las formas de lucha, se destacaban las tres más importantes: la teórica, la sindical y la política. La lucha teórico-ideológica para generar la conciencia revolucionaria del proletariado, distinguiéndola de la ideología de la revolución mexicana y de los partidos oportunistas de izquierda. La lucha sindical ajena al sectarismo que se aísla de los movimientos reales y del economicismo que la reduce a las demandas establecidas en la ley; no sólo dirigida contra el charrismo y por la democracia sindical sino por la independencia ideológica organizativa y política de la clase, enseñando a librar la lucha política implícita en los conflictos económicos de las empresas estatales. La lucha política tiene que ver con todas las fuerzas, con la estructura y el poder estatal, orientada a cambiarlas y formar el poder revolucionario, no reducida a la política electoral cuya finalidad es participar en el poder, pues no debe olvidarse que el aparato estatal actual sólo sirve para fines burgueses. Pero, lo más importante respecto a la política era que el sindicato, por su composición amplia y su contenido economicista como representante legal de los trabajadores ante la empresa, no es el órgano idóneo para la lucha política, ésta requiere del partido. Al respecto, la experiencia de los movimientos obreros y el monopolio de la política por el estado mexicano y el PRI, generaron una conciencia que instintivamente se repliega ante el ejemplo del movimiento fracasado, por el temor a verlo convertido en una lucha política, y no libra la lucha política porque no hay un partido que la oriente. "No somos políticos" es la frase que inevitablemente antecede a los discursos en los movimientos sindicales y civiles de México; queriendo decir que el poder no ha de preocuparse, se trata sólo de conseguir mendrugos que el amo está en condiciones de entregar [Problema examinado en Sindicalismo y socialismo en México. 1970, SI] Y, paradójicamente, mientras cristalizaba el capitalismo desarrollista dependiente en el México de los 60's, el nivel de las tácticas del movimiento de masas descendía. La independencia de la clase se relevaba en favor de las demandas económicas y democráticas del sindicalismo; la política democrático-popular, confundida con los contenidos de la revolución mexicana, descendía a las 'libertades democráticas" (las garantías "individuales'' constitucionales); y la lucha revolucionaria en general decrecía convertida en reformismo (reforma agraria "radical", modificación de la legislación electoral. etc. para desembocar en la lucha de oposición con el Frente Electoral del Pueblo en 1963-64). [Programa del XIV congreso del PCM. 1964]. Todo lo cual hacía retroceder el movimiento revolucionario y la ideología de clase se convertía en un política de presión para hacer que las autoridades cumplieran sus demandas de campaña con la táctica de "presionar apoyando". Y paradójicamente también, mientras se desataba la iniciativa de las masas al grado de penetrar en la misma juventud con el movimiento del 68, lo cual ponía de manifiesto la necesidad histórica de un partido político de vanguardia socialista, la revolución cubana inspiraba al movimiento guerrillero, sin condiciones y concentrado abstractamente en el protagonismo del Che Guevara. La consigna de éste: "crear muchos Viet-Nams", parecía pesar emocionalmente más que la lucha obrera, la justicia y la revolución. Con eso, parecían perder importancia el programa, la ideología y la política. El MER sentó sus premisas al respecto: 1). Todas las formas de lucha son aceptables. siempre que sirvan a los fines de la revolución obrera y sean aplicables según las condiciones y el movimiento concreto, sin reducirlas a una sola forma de lucha. 2). Seguir el camino de la lucha armada (que en el leninismo es "la continuación de la política por otros medios"), no depende de la voluntad de los protagonistas, sino de la voluntad del pueblo y de las situaciones revolucionarias. 3). Las condiciones objetivas y subjetivas para la lucha obrera socialista son diferentes a la situación revolucionaria, caracterizada ésta por la crisis de las estructuras económicas capitalistas, por la incapacidad de la burguesía para sostener su dominio y por la quiebra de su estado. Había condiciones para la lucha por el socialismo, pero no una situación revolucionaria para tomar el poder. Y ésta no podía gestarse aislándose de las concentraciones obreras. 4). La toma del poder no se determina por un grupo, sino por una exigencia de las masas y su órgano revolucionario, no es un golpe de estado sino la construcción de un estado nuevo. 5). "La toma del poder por métodos armados no es posible hacerla con las solas fuerzas de un reducido grupo armado, es preciso el apoyo del pueblo que va desarrollando la lucha en otras formas". 6). "La lucha armada es una forma de lucha que tiene preponderancia en los momentos de una situación revolucionaria, pero aplicada en otras situaciones puede resultar errónea" y contribuir a desorganizar los movimientos. 7). El uso de tácticas armadas de lucha depende de la situación particular del país, no puede calcarse la experiencia de otros países. 8). "Las revoluciones no se exportan, las hacen los pueblos", había quedado asentado en la II Declaración de La Habana, en 1962. 9). "El movimiento guerrillero desorganiza las filas revolucionarias por la falta de un partido que tome bajo su control a ese movimiento y lo coordine con el movimiento obrero v campesino". El MER se disolvió. El crecimiento de las tendencias orientadas hacia la lucha guerrillera y el empirismo activista, predominaron sobre la tesis de la construcción del partido de la clase obrera. Fue así como la crítica de los 60's se diluyó, mientras el PCM desapareció sin hacer su reflexión histórica necesaria. Diversas concepciones sobre el partido obrero.¿Qué significado tenía el problema del partido, cuál fue la validez de la crítica espartaquista? En la misma teoría del partido radica la explicación a este asunto Veamos. Tesis de MarxSobre las condiciones que hacen posible el socialismo moderno, Marx plantea la lucha revolucionaria en los siguientes términos: 1847. En la Miseria de la filosofía, en contraposición a Proudhon, Marx sostiene que las demandas parciales de los obreros formando coaliciones y huelgas son las batallas que llegan a ser una "guerra civil". "Llegada este punto -dice- la asociación toma un carácter político". Esto es paralelo a la formación de la clase obrera: de ser una masa pasa a ser una clase, nacida en respuesta a la opresión; luego es "clase por sí misma", cuando acciona por sí, "adquiriendo un carácter político". 1848. En el Manifiesto, las luchas locales que se extienden al ámbito nacional se vuelven luchas de clase y "toda lucha de clase es una lucha política", pues tiene como punto de partida "la organización del proletariado en clase y, por tanto en partido político". 1864. En el Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores, escribe: "La conquista del poder político ha venido a ser el gran deber de la clase obrera", y así abolir todo dominio de clase. Para lograr eso debe constituirse en clase, esto es, agregar el saber al poder de su número y coordinar sus esfuerzos aislados en una lucha internacional. Pero, sobre todo, actuar políticamente. "En su lucha contra el poder unido de las clases poseedoras, el proletariado no puede actuar como clase mas que constituyéndose en partido político distinto y opuesto a todos los antiguos partidos políticos creados por las clases poseedoras". 1871. En el Manifiesto de 1871 sobre la Guerra Civil en Francia, señala que "la capacidad obrera para dirigir la sociedad no se adquiere en la fábrica, sino en una asociación política y no le basta apoderarse de "la máquina del estado- sino constituir el suyo, que conjugue la dictadura y la democracia para cambiar la sociedad y fundar la nueva. 1879 En Carta Circular enviada a A. Bebel, W. Liebknecht, W. Brake y otros, Marx reafirma: los "intereses obreros industriales"' y el rechazo del democratismo burgués en el partido socialdemócrata; la tesis de la emancipación de la clase obrera por ella misma y el rechazo de "quienes dicen que los obreros son demasiado incultos para emanciparse por su cuenta y que deben ser libertados desde arriba por los burgueses y pequeño burgueses filántropos". La "resuelta oposición política", la "lucha contra el gobierno y la burguesía alemana", la "desafiante resistencia, los objetivos a largo plazo, no las pequeñas reformas", son las posiciones que allí se perfilan contra quien se asusta de la reacción y dice "que no es posible resistir ni luchar, que quiere confinar la historia dentro de su estrecho horizonte pequeño burgués". Respecto a tales demócratas (igual que los de hoy) dice Marx: "Los conflictos históricamente necesarios se revisan, y son interpretados como malentendidos, toda la discusión termina con la expresión de que, después de todo, estamos de acuerdo en lo fundamental. La gente que en 1848 se manifestaba como demócrata burgués puede hoy llamarse socialdemócrata con igual derecho. Para aquella gente la república democrática era inalcanzable, remota, y para ésta el derrocamiento del sistema capitalista también lo es y no tiene sentido para la política práctica de actualidad. Se reconoce la lucha de clases porque ya no puede negarse su existencia, pero en la práctica se la oculta, se la diluye, se la atenúa". Tesis de Bakunin.El anarquismo era opuesto a la organización y los modos de lucha señalados por Marx. Aceptaba la tesis de la emancipación de la clase obrera por ella misma, pero de allí extraía conclusiones diferentes. En tanto que Marx remarca el camino político, Bakunin insiste en "desterrar todo lo que hasta ahora se ha llamado política"; mientras el primero sostiene a la dictadura del proletariado como un medio para cambiar la sociedad, Bakunin dice: "por muy popular que sea su forma, el estado será siempre una institución de dominio y explotación", el sustituto del estado y la política será "la organización de las fuerzas productivas y las relaciones de producción"; cuando Marx subraya la necesidad del saber y la teoría revolucionaria. "el camino anarquista -dice Bakunin- es la emancipación práctica", a la necesidad histórica de la asociación revolucionaria propuesta por Marx, Bakunin opone "la organización natural de las masas, según las diversas manifestaciones de la vida cotidiana real y diversas formas de trabajo, es decir, la organización por industrias y profesiones... una organización espontánea de todas las asociaciones y comunas en completa autonomía". El modo de lucha anarquista: "la agitación laboral con un carácter exclusivamente económico" que, a través de las huelgas, desemboque en la huelga general, hasta paralizar la sociedad y tras ello fundar "sociedades de ayuda mutua, bancos laborales y asociaciones cooperativas de consumo y producción". "Todo indica, dice Bakunin, que así será; la clase obrera se afilia a los sindicatos y encuentra en ellos su forma de organización natural". Así, el anarquismo derivaría en el anarco-sindicalismo que luego se llamó "sindicalismo revolucionario", para desembocar luego en el sindicalismo economicista que excluye toda lucha por la transformación social. [Bakunin, M. Escritos filosófico-políticos, passim] Tesis de LeninLenin asume la posición de Marx. "Nuestro cometido principal y fundamental -escribe en Tareas urgentes de nuestro movimiento de 1900- consiste en coadyuvar al desarrollo político y la organización política de la clase obrera", cuya "misión histórica es emanciparse a sí misma y emancipar a todo el pueblo de su esclavitud política y económica.". Para ello. además de las cajas de resistencia y los círculos obreros, debe formarse "un partido político contra toda la sociedad capitalista"; compuesto por revolucionarios profesionales de tiempo completo, preparados teórica y prácticamente con la "ciencia del socialismo" para agitar, organizar, propagandear y dirigir la clase obrera; una organización con una rigurosa división del trabajo y una forma de funcionamiento centralista "en forma absoluta" -escribe en el ¿Qué hacer? Sus formas de lucha abarcarían "todos los procedimientos, con tal que correspondan a las fuerzas del partido y permitan lograr los mayores resultados posibles en condiciones dadas". Pero, sobre todo, el partido deberá reunir "las fuerzas del proletariado que despierta con las fuerzas de los revolucionarios rusos en un solo partido, a través de "la formación de obreros revolucionarios que, desde el punto de vista de la actividad en el partido, estén al mismo nivel qué los revolucionarios intelectuales". Además del carácter monolítico y centralista del partido, Lenin le asigna una función insustituible para cumplir con la misión de la clase. A las formas de lucha económica y política agrega la lucha teórica., dada la dispersión de las concepciones en la ideología socialista y, sobre todo, el declive de la socialdemocracia hacia la democracia burguesa. Dicha lucha acrecienta el papel de la teoría que, por añadidura, está fuera del alcance de la vida común de los obreros. "Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario", dice. Y no se trata de una simple teoría, sino de una teoría para la lucha, pues "sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia"; se trata de "la ciencia del socialismo". Esto es necesario en la medida que el movimiento espontáneo y la lucha por demandas económicas de la clase obrera tienden a la ideología burguesa, dice Lenin. la conciencia revolucionaria, entonces, debe ser aportada a la clase "desde fuera", desde los intelectuales. En síntesis: la continuidad entre las luchas obreras inmediatas y las orientadas a la revolución no es espontánea; la acción economicista no se transforma en movimiento político revolucionario automáticamente y la clase obrera necesita la dirección del partido. Tesis de la Liga Spartakus alemanaRecuperando el hilo de la argumentación, la Liga Leninista Espartaco nació en México insistiendo en la teoría del partido leninista y en la concepción del socialismo moderno, centrado en la lucha obrera revolucionaria sobre todas las demás formas de actividad civil y política. De allí su titulo de "leninista". Pero su nombre también incluía el de Espartaco, retomando el contenido de la Liga Spartakus alemana, fundada sobre todo por Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht. ¿Cuáles eran las tesis principales de esta Liga? En su Programa ¿Qué quiere la Liga Spartakus?, dic. 1918] se llama a hacer la revolución mundial proletaria, luchando contra la guerra y el imperialismo y aprovechando la crisis de la burguesía en esos momentos. Su punto de partida: el mismo de Marx, "La liberación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma". El cual se traduce en las siguientes posiciones: -- "Es la acción de la gran masa de millones de hombres que componen el pueblo la llamada a cumplir su misión histórica y a hacer de la necesidad histórica una realidad". -- "Las masas deben aprender... a ser hombres que por sus pensamientos y sus actividades libre. guíen ese proceso". -- La misma dictadura del proletariado lo exige así. "Dotar a la masa compacta de la población trabajadora de la totalidad del poder político para que cumpla las tareas revolucionarias es lo que se llama la dictadura del proletariado, la democracia verdadera. -- La revolución no es un simple asunto de poder. Transformar la totalidad estatal y cambiar los fundamentos de la sociedad significa "hacer entrar el socialismo en la vida cotidiana", cosa que "sólo las masas pueden acometer y realizar". -- "La esencia del socialismo reside en que la gran masa trabajadora deja de ser una masa a la que haya que gobernar para que empiece ella misma a protagonizar la vida política y económica en su totalidad, orientándola en virtud de una decisión consciente y libre ; y "en cada empresa... los obreros pueden asegurarse el control de la dirección efectiva de la producción". Lo cual significa que la revolución debe acabar con toda servidumbre y opresión, de acuerdo a las estrategias siguientes: formar "el poder revolucionario del proletariado con los consejos de obreros y soldados", el "armamento del pueblo" y "el frente unido del conjunto del proletariado", donde se mantenga la "ósmosis permanente" entre los consejos y las masas populares. Esto implica el aprendizaje para la libertad el sentido de responsabilidad, la autodisciplina "sin que mande ningún amo" y las "virtudes cívicas socialistas" en los trabajadores, además de desarrollar sus capacidades y elevar su conciencia para dirigir las empresas. ¿Quiere esto decir que para el espartaquismo no tiene importancia el partido obrero? No. Al contrario, "históricamente el partido obrero está llamado a constituir la vanguardia del proletariado. como partido de la clase obrera debe encabezar la marcha y asumir la dirección". Por eso, la tarea espartaquista en aquellos días era "educar a la socialdemocracia con vistas a la ofensiva política" -escribía Rosa Luxemburgo en Problemas de táctica-. Esto no es casual. El movimiento revolucionario da a la clase obrera "alcance y objetivos claros y precisos... gracias a la inteligencia teórica de las condiciones sociales y de la clase obrera". Pero nada de eso significa que el partido deba suplantar la misión de la clase en la revolución y la historia. "La lucha de clases no es el producto de la socialdemocracia - dice Rosa- es a la inversa, la socialdemocracia no es otra cosa que el producto de la clase obrera"; por eso "no debe omitirse el papel histórico y la capacidad de acción de la gran masa de inorganizados". La socialdemocracia "no es la única depositaria de toda la capacidad de acción histórica del pueblo"; y "si la socialdemocracia se imagina que solamente ella es llamada a escribir la historia. que la clase no es nada, que ésta debe transformarse en partido antes de actuar, está equivocada. Pero si por el contrario, se insiste en que necesario integrar a todo el pueblo trabajador en las filas del partido antes de poder hacer la historia, es moverse en un círculo vicioso... es preciso que las masas puedan actuar de la manera que les es propia". La acción del partido y la liberación de la clase por ella misma no son, pues, incompatibles. La misión del partido es contribuir a la autoformación de la clase y la dirección del movimiento hacia la revolución; pero la liberación de la clase obrera" no es lo mismo que la toma del poder sino emancipar a toda la sociedad, la formación de su propio estado, su propia organización y la construcción de la nueva sociedad. Cosa que, es obvio, sólo puede lograrse por obra de ella misma. Una guía teórica marxista inspiraba al espartaquismo. Así como Marx decía, cuando escribió el Manifiesto, que sólo describía lo que sucedía ante sus ojos. Rosa decía como hoy podemos decir también, que "estamos obligados a extraer cada día las lecciones de la historia". (Por eso El Manifiesto a 150 años no tiene fines académicos). Tales fueron las tesis que la Liga Spartakus opuso a la socialdemocracia que se alió con la burguesía en la primera guerra mundial, votando con ésta los créditos de guerra limitando su acción a las reformas, el juego electoral y los llamados "al pueblo general". Fueron tesis que nacieron ligadas a las consignas de la situación de entonces a una convicción: la lucha de clases internacional contra el imperialismo y militarismo, actuando con los obreros por todos los medios, sólo podría triunfar luchando contra el capitalismo. En octubre de 1918 cayó la monarquía alemana, se declaró la república. El espartaquismo proclamó la república socialista y la desaparición del aparato de poder imperial, comienzan los motines de los consejos obreros. Derrotado el movimiento el 13 de enero del 19, ambos líderes son asesinados. Así se truncó un nuevo camino a revolución basado en la coherencia entre el pensamiento y la acción, en el contar directo de los revolucionarios con la vida y los trabajadores, en las fuerzas de la clase obrera misma, en la entrega sin simulaciones al más grande ideal que la historia ha generado: la liberación del trabajo. "El día de la redención se aproxima -escribió Carlos Liebknecht la víspera de su muerte-. Nosotros no viviremos ya cuando ese día llegue, pero nuestro programa vivirá y dominará el mundo de la humanidad rescatada. ¡A pesar de todo!". ¿Es esto último una proclama emocional? No, en los revolucionarios verdaderos las emociones elevan al nivel de los principios y así adquieren otra dimensión. Ese texto indica que protagonismo no formaba parte del espartaquismo. No se buscaba figurar en movimiento con el golpe de mano para hacerse del poder, aprovechar coyunturas oportunidad o cosas por el estilo, sino actuar conforme a la necesidad de la historia según el tiempo y la dialéctica propios de ésta. Los límites del partido y del socialismo de control.El socialismo devino en una sociedad sometida a la lógica del control; el partido se sobrepuso al estado y la sociedad con el monopolio de la ideología, la política y la educación. La sociedad no adquirió su propia dialéctica, quedó sometida al mando vertical y el "poder en circuito cerrado", técnico, sistemático, manipulado por especialistas y hombres que eran piezas de la maquinaria formada para la dictadura. Su resultante fue otro modo del totalitarismo: donde los derechos, las dimensiones sociales y todo se somete al sistema, ahogando las fuerzas sociales que debieran liberarse de acuerdo a los fines de esta sociedad. La desestalinización no cambió esa dinámica. Se estancó como crítica del "culto a la personalidad", a la "violación de la dirección colectiva del partido, la legalidad revolucionaria y el centralismo democrático" [Khrushev. Comunicado secreto al XX Congreso del PC del PCUS, Feb. 1956]. La crítica no penetró en las deformaciones del partido ni en la estructura sociopolítica general. Seguía sometida a la lógica del control. "En la actualidad -se decía en el XXII Congreso del PCUS, 1961- adquiere primordial significación el control por el partido, el estado y la sociedad de arriba abajo y de abajo arriba "El control es una de las formas de poner en práctica el principio de la crítica y la autocrítica" [¡¿?!] , "se eleva todavía mas por el papel del partido", debiendo evitarse la concentración del poder con la renovación sistemática de sus órganos, con el centralismo-democrático y la disciplina rigurosa. En pocas palabras: el deshielo buscaba democratizar el partido pero no la sociedad. Esta seguía siendo dependiente. La llegada de Breshnev en 1964 endureció más aún esta estructura, hasta que el socialismo soviético se derrumbó. Una batalla se ganó con todo eso: la infalibilidad histórica del partido se derrumbó, la fe en la locomotora de la historia y en la secta partidaria no era suficiente para conservar su atingencia histórica. En esta limitación radicaba también el alcance de la LLE. Este organismo concentró su trabajo en la cuestión del partido, sin replantearse las relaciones de éste con la sociedad y el estado. Más aún, la explicación de la desviación del socialismo hacía el stalinismo por el atraso ruso o por la construcción en un solo país, no dejaba de exhibir la señal de ser una justificación. El mismo JR cayó en esa trampa. "La fatalidad histórica del socialismo en un solo país -dice en su célebre Ensayo- condicionó, sin duda alguna, esa deformación cognoscitiva que constituye el culto a la personalidad... una deformación de la conciencia"; "la esencia del stalinismo no puede considerase sino como un fenómeno que se origina en la esfera del conocimiento, en el ejercicio de la conciencia organizada, y constituye, por tanto. un padecimiento especifico del partido". (Por eso, no es extraño que la izquierda comunista reconociera el "valor" de JR sobre todo después de morir éste). La metáfora organicista de la cabeza y el cuerpo del proletariado prolonga esta concepción y no penetra en el verdadero problema: la organización y los fines del socialismo fueron dejados de lado, tanto por los viejos comunistas que justificaban toda realidad socialista sin preocuparse por su validez histórica, como por la LLE hipnotizada por el juego de la democracia interna. Parece suponerse que el cuerpo es asiento de necesidades, deseos y trabajo; la cabeza dirige, traza los fines y conduce la actividad. La sociedad, pues, es activa como motor y el partido es activo como conductor de la historia. ¿Será que la historia del futuro repetirá el esquema de dominio de una clase minoritaria o podrá revertirse esto para constituir la soberanía social donde la organización facilite la participación de todos en los asuntos públicos? La respuesta la dio la misma revolución. Radica en la organización efectiva de los consejos obreros donde se conozca, se delibere y se decidan los rumbos sociales. Obviamente, eso no supondría la percepción de la clase obrera con las características que tiene en el capitalismo; sino que ésta, renovada, reconfigurada históricamente, estaría dotada de las formaciones internas, del saber teórico y las aptitudes para la acción pública y necesarias para gobernarse a si misma. Quizá por ello, como sostenía el MER, la LLE no pudo impedir sus divergencias, pues ésta, como el PCM, también carecía de conexiones con la clase obrera. Tarea que sigue siendo de urgencia en el movimiento socialista diezmado hoy en sus filas. Al respecto, la diferencia de concepciones entre el espartaquismo y el leninismo es clara: el espartaquismo supone un movimiento socialista basado en condiciones plenamente desarrolladas, donde la clase tiene la experiencia y las condiciones para ejercer su poder y organizarse a la altura de la transformación histórica, donde el poder tiene funciones definidas por las mismas condiciones, no por un acuerdo entre la democracia y el centro; el leninismo tiene su contexto en un país atrasado, donde el obrero carece incluso de derechos sindicales, y el partido, obligado a la clandestinidad y la ilegalidad totales, sólo puede actuar con un "centralismo absoluto". Ahora se ve clara la contradicción donde la LLE y el espartaquismo se vieron envueltos. Por un lado, un contenido leninista, sin el cual es muy difícil lograr la unidad ideológica y de acción de los movimientos en México; por otro, impulsar la dialéctica propia de las masas obreras en un país donde su acción económica. sometida a normas jurídicas, al control sindical y su alineamiento al estado, hacen doblemente difícil lograr su independencia. Lo cual no implicaba un problema de maniobra o de habilidad para integrar un movimiento compuesto, pues entonces el problema se refería a las condiciones históricas donde surgía. ¿Era México un país plenamente moderno? Ya ha sido visto algo de esto. Su punta de desarrollo era el capitalismo y su condición era el movimiento obrero que dio muestras desde 1906 hasta 1959 de capacidad de aprendizaje, así como de su impotencia para actuar como clase política. Su condición política, sin embargo, padecía el atraso de ser monopolizada por un partido de corte caciquil, con el corporativismo sindical y agrario, el control electoral y el estado paternalista que difuminaban la percepción de los conflictos de clase para la mayoría de la población. Es decir, México era un país avanzado en lo económico y atrasado en lo político. Pero, además, se daba una condición no contemplada por los clásicos del marxismo: la dependencia y el subdesarrollo, la existencia de un capitalismo que posee medios de producción y mercado de bienes de consumo general, pero que está atado al abastecimiento de medios de producción y materiales modernos por parte de los países imperialistas. De manera que, mientras más crece y se desarrolla, más depende del exterior, convertido en un satélite de los grandes centros capitalistas mundiales. Este es el escenario complejo en el que México se desenvuelve, cuya problemática se proyecta en la transformación histórica y la formación de cualquier organismo orientado a la misma, sea partido o de otro tipo. El problema cardinal de hoy.Hoy, no cabe duda, las perspectivas obreras de la transformación histórica no pueden provenir del capitalismo globalizador supranacional; pero tampoco de los partidos de oposición que disputan su participación en el poder capitalista. Los cambios no sobrevienen espontáneamente. Las tendencias no se hacen reales a la manera natural sino con la intervención de la conciencia y la praxis. Incluso en una situación de crisis, como lo hiciera ver Reich en 1929, ésta no conduce automáticamente a la revolución y se abre a dos tendencias: el fascismo o el socialismo. Hacer triunfar la segunda depende de la conciencia y la organización del partido y los trabajadores. Pero el asunto de la transformación histórica no encuentra ahora su problema exclusivo en la construcción del partido, sino que adquiere toda su significación solamente en conexión con la clase. La construcción del partido es inseparable de la formación de la clase; no presupone una clase ya dada, organizada definitivamente, sino una clase en devenir histórico; ni presupone tampoco una organización única, con una doctrina ya elaborada, sino con un pensamiento capaz de aprender de la historia. ¿Existe aún la clase obrera?Al ingresar en este asunto, salta a la vista el problema de su contenido. Obrero es el que hace obra; por eso, la clase trabajadora no es sólo objetual, es decir, un conjunto caracterizado por su condición económica de asalariados, sino también una forma de conciencia colectiva y de praxis. Y, como todo lo existente, se da en un devenir. Obvio es decir que la "misión histórica" no tiene nada que ver con ningún mesianismo. Es, simplemente, la "función que le toca cumplir en el devenir de la humanidad, por la condición histórico-universal de ésta. Igual que a otras clases les ha correspondido cumplir con la suya en su condición de vigencia. Como todo lo existente, se da en un devenir, donde se configuran las formaciones históricas siguientes: -- Clase obrera formal o posible. Es el conjunto de trabajadores cuya conciencia se concentra en la noción del trabajo como actividad obligada en el mundo humano. --Clase real, a) Clase "en sí". Es el conjunto distribuido en áreas (pública, privada, civil), en grupos (operadores, técnicos, profesionales), en sectores (agrícola, industrial, servicios), en ramas (de medios de producción: maquinaria, equipos, materiales; y de transformación: producción de bienes de uso o consumo final, tales como construcción, vidrio, mueble, energética, etc.). b) Clase "para sí". Es la organización general de la clase por su posición en la producción y la distribución del producto; su conciencia implica ya la visión general de la sociedad, de su participación en la producción y el ingreso, de su valor aportado a la sociedad y, sobre todo, de su explotación a través de la plusvalía. --Clase política. Es la organización en torno a los asuntos generales, del estado, la estructura, la organización, los principios y fines de la sociedad vigente. Su conciencia va ligada a la existencia del partido que le aporta el saber teórico sobre dicha sociedad y sobre la organización de sí misma con miras a la transformación histórica. --Clase histórica. Es la organización orientada a la transformación de la sociedad y la formación de la nueva. Su conciencia asume las tendencias que son condición para la realización del socialismo, los fines y formas de la nueva sociedad, así como de su papel en la construcción futura. Por supuesto, aunque entre estas formaciones hay una lógica, no son fases de una secuencia necesaria de un proceso, niveles o eslabones de un procedimiento. Son determinaciones que reúnen a formas de organización, contenidos de conciencia y modos de acción en momentos que son totalidades con funciones propias en la sociedad, y cada una contiene en germen a la totalidad histórica de su misión y destino. La clase no es agregado de piezas sino un devenir dialéctico que contiene en posibilidad la concretización de sus momentos, pero no se desenvuelve fatalmente. En sus contenidos figuran la conciencia y la praxis, que no son elementos mecánicos sino formas efectivas que sólo se dan en condiciones de gestarse con la razón y la voluntad humanas, no reacciones materiales o formas. biológicas que se desenvuelven inevitablemente. Su existencia no es forzosa sino libre. Sus formaciones son momentos y , en cuanto tales, continúan y anteceden a otras formaciones; también son terminales, es decir, tienen forma que les da una existencia propia que tiende a permanecer en sí misma y conjugar a funciones sociales determinadas; pero en cuanto punto del devenir, tienden a removerse y reconfigurar otra formación superior. Así, por ejemplo, la forma natural del trabajo como "metabolismo del hombre con la naturaleza'', encuentra en la necesidad biológica su función y se vuelve conservador. En tanto que el trabajo como parte de la interrelación social con la producción, la propiedad, las necesidades generales, es formación civil cuya existencia no es posible sin los medios de producción, la propiedad moderna capitalista, la economía dineraria, las funciones generales de la educación, la salud, la seguridad, el abastecimiento, la producción. Y como formación que apunta hacia la estructura, la organización y los fines sociales, es momento político que, en lo moderno, presupone la libertad ciudadana, el ejercicio público, los derechos universales de expresión, asociación, manifestación, etc., así como un estado basado en un régimen de derecho impersonal y una entidad nacional que da unidad a todo ello. Su existencia, pues, no es natural o fatal; es susceptible o posible, puede estancarse en su formación objetual de base y nunca desarrollarse como clase. Y aunque suponga la existencia de condiciones reales, necesarias e ineludibles para adquirir su formación como clase histórica, es una formación constituida, no cosa existente por sí misma. Y precisamente por eso, la formación de la clase no emerge de la práctica espontánea de ella misma, como suponían el anarquismo, el izquierdismo ingenuo que afirmaba la transformación automática de las luchas sindicales en revolucionarias o el precarismo que, luchando por las necesidades más elementales de techo y comida para los grupos marginados, creía gestar el germen de la conciencia y el movimiento revolucionario del futuro. Al contrario, la actividad formadora de la clase no es un asunto de práctica, de tareas reiteradas que "educan" a los obreros y les hacen entender naturalmente lo que sucede, sino de la praxis, ordenada racionalmente con el conocimiento teórico de las condiciones necesarias, pero a la vez con la libertad y la acción históricas que pueden remontarse hacia las fundamento, humanos universales para proyectarlos en el devenir futuro. Asunto que sólo puede emprender un organismo especialmente preparado para ello. Entonces, las formas de organización de la clase no son las de la fábrica. el ejército, la gleba, el gremio, sino la asociación política, el frente general obrero, el consejo, la célula, el partido; diferentes a sus formas institucionales, según la función que cada grupo cumple (en la educación, la producción, la salud, etc.); y a sus formas organizacionales (como sindicato, partido político o estado revolucionario), según su perspectiva histórica, etc. Su conciencia, igual, varía según sus momentos: económica, civil, política, histórica nacional, para dejar paso a la conciencia del género humano que, como fundamento universal, es condición que al volverse un fin en si misma, se vuelve meta o estado a alcanzar. Y, sobre todo, la conciencia de la clase no es un medio, reflejo o agregado circunstancial de las condiciones objetivas; tampoco es simple conocimiento o saber. Toma su máximo significado como autoconciencia que, al revertirse sobre la clase misma, le abre los horizontes de su realidad, de su actuación, de sus posibilidades y de su modo de vida propio. Este contenido de su conciencia, puede afirmarse, es el que hace posible que "la liberación de la clase obrera sea obra de ella misma", como decía Marx, aunque sin profundizar al respecto. [S. Iglesias. La tragedia del socialismo. 1941]. Y, no puede eludirse, al tratar este problema se debe responder a la pregunta que atormenta a los académicos: ¿existe la clase obrera? Hace ya tiempo que, en el medio profesional invadido por la soberbia de la especialización y un nivel de vida más elevado, igual que los trabajadores de las empresas estatales a los que se llamó "obreros aristocratizados", se dejó afirmar que la clase obrera ya no existía porque la lucha de clases había decrecido y parecía no ser el motor del movimiento histórico como había dicho Marx. Es evidente, la lucha de la clase obrera ha decrecido. Son muchos los factores que inciden en el freno de su actividad. Entre ellos: la división provocada por las desiguales percepciones salariales, el control sindical que saca a los obreros de su perspectiva política e histórica para amarrarlos a las demandas económico-civiles, el control charrista o corporativo, el papel de la educación general que genera una conciencia abstracta de los habitantes o ciudadanos, etc. Pero la formación de clases, determinada por la posición de los grupos sociales en la producción y la distribución del producto, coexiste con otras formaciones sociales; tales como: 1) la formación "atómica o molecular" de los individuos y familias que, naturalmente, componen la sociedad; 2) la formación de interrelación general de personas, trabajos, productos y servicios, que integra una cadena colectiva donde la interconexión general condiciona todos los hechos sociales; 3) la formación masiva que, concentrada en el consumo, el entretenimiento y la diversión, desconcretiza a las persona y las reúne indiferenciadamente como clientes, espectadores, audiencia; 4) la formación corporativa que alinea a los trabajadores en torno a las redes empresariales con una ideología, una educación, una psicología y una adhesión a la empresa que sustituye a la adhesión a la clase, al pueblo, a la nación. De tal manera, la acción de la clase obrera como clase productiva se ve contrarrestada por su conversión en segmento de consumo que la vuelve pasiva; su independencia es bloqueada por los nexos de dependencia que generan las corporaciones; su libertad ideológica es combatida desde dentro del aparato educativo, la ideología burguesa difundida en los medios, etc., su acción es frenada por el monopolio político de los partidos y el estado, por la ilusión sindicalista de resolver los problemas dentro del sistema existente. No es extraño, entonces, que la lucha de clases haya decrecido. Sobre todo porque la ausencia de un partido político propio no le permite contrarrestar los efectos antiobreros de los factores señalados. En síntesis. las condiciones de existencia de la clase obrera están allí. Son la propiedad privada sobre los medios de producción, la apropiación de la plusvalía por el capital y el proceso mercantil; la causa principal de su inexistencia histórica es la ausencia de su verdadero partido de clase, las causas secundarias provenientes de la acción del capital ya se anotaron. Pero, debe señalarse, la estrategia seguida por el capitalismo le ha dado resultado. La ha frenado en su acción histórica y la ha aislado de las clases susceptibles de ser sus aliados en la transformación histórica: los campesinos y las clases medias. A los primeros, el capitalismo los expolió transfiriendo la riqueza producida por el campo hacia la industria a través de los subsidios a los alimentos, imponiendo bajos precios al productor; la suspicacia de éste ante el obrero de la ciudad y el profesionista tiene su origen en esa explotación que favoreció a las capas urbanas. A los segundos, los ha separado de los obreros imponiendo a las empresas pequeñas el mismo régimen laboral y de prestaciones sociales, que resultan una carga onerosa para dichas empresas, agobiadas además por la competencia de las corporaciones y monopolios. El campesinado actual va perdiendo lentamente sus viejas costumbres y el conservadurismo, ingresando plenamente en el juego mercantil, dependiendo de la tecnología y los fertilizantes, de los préstamos y las ventas. Aún en la miseria, se va introduciendo en la condición moderna y la distancia con la clase obrera va dejando lugar a la integración entre cadenas de valor agregado dentro de la interrelación general de la sociedad. Hoy, el obrero reducido a su fuerza de trabajo va siendo excluido del sistema por el desarrollo tecnológico. Su capacitación, tecnificación y profesionalización generales están a la vista. Pero eso no cambia su posición en la estructura económica general, en su actuación política y, sobre todo, en su característica de asalariado y servidor del capital. Al contrario, con su preparación genera cuotas de valor de mayor magnitud, pero es feliz en su esclavitud. Y, sin embargo, aunque la miseria en sí misma no es la condición del carácter revolucionario de la clase obrera como la miseria que es producto del trabajo, la existencia de los "pobres en miseria extrema", quienes "no tienen una ingesta de calorías suficiente para una vida útil", muestra uno de los efectos más destructores del capitalismo superdesarrollado de todos los tiempos. El concepto de la clase obrera hoy tiene que conjugar en un solo problema estos dos polos del trabajo, el especializado y el carente de ocupación proveniente del mismo desarrollo tecnológico. A la vez, ha de reunir a dos polos que forman el otro eje de la clase activa: quienes ya aportaron su cuota de trabajo a la existencia social, los jubilados, y quienes se preparan para ingresar como estudiantes que incrementarán la cuota de valor agregado. Todos ellos, de manera directa o indirecta, se agrupan alrededor de los trabajadores activos y forman hoy la clase obrera que, según algunos, ha desaparecido. El movimiento socialista deberá encontrar un lugar a cada grupo en la revolución y deberá responder a su existencia en la nueva sociedad. No podrá, para comenzar, continuar ofreciendo a los trabajadores pobres el discurso del resentimiento que desata la furia a partir de las carencias urgentes. Al contrario, en lugar de la psicología del odio deberá levantar la conciencia de la indignación justa contra lo existente, basada en el poder productor del trabajador y los valores que el trabajo ofrece al futuro de la humanidad en todos los órdenes. El problema del partido obrero.Por su parte, la existencia del partido tiene su fundamento en la praxis, no es un organismo natural como la familia o civil como la unidad productiva, que son permanentes en la historia. Por lo tanto, debe definir sus principios, funciones y fines con claridad. Y, por supuesto, está definición no puede girar sobre sí misma, pues sólo tiene significado en relación con la clase obrera y su misión histórica. Las condiciones de ambos son distintas. La clase tiene su asiento en la realidad histórica, el partido en la praxis histórica; es la conciencia de la revolución lo que une a ambos y da por resultante la constitución de un mundo nuevo. Sus características son: En primer lugar, es un partido de clase, distinto a los partidos de presión y a los "de número" que se disputan el poder en el mercado electoral, no tiene la necesidad de simular y ocultar su ideología obrera, debe mostrar su contenido comprometido en todos los aspectos con los trabajadores del país y del mundo. Hacer públicos sus programas y sus fines históricos contribuye a deslindar los campos de la conciencia colectiva que ayudan a orientarse en la vida pública. En segundo lugar, es un partido histórico, no sólo porque su existencia es determinada por las características de la sociedad moderna y no por el ingenio de sus fundadores, por una camarilla o grupo de poder; sino porque no se forma para manipular masas o adquirir poder dentro del orden existente. Su objetivo es adquirir poder para transformar la sociedad, abrir el paso a la historia y fundar una sociedad nueva. En tercer lugar, es un partido humanista, no en el sentido común de contar con frases donde se promete servir al hombre, sino que, fusionado con la clase obrera revolucionaria, cuyo destino histórico es hacer desaparecer las clases y a ella misma para dar paso a una nueva humanidad, no puede actuar ni pensar parcial y sesgadamente. Debe asumir a: la razón como modo de conciencia universal, a la praxis como modo de accionar, a la justicia como modo de conjugación colectiva de las personas, los intereses y las formaciones sociales, y a la libertad como modo de vida que eleve las fuerzas del hombre en general. Ahora bien, siendo su existencia un modo de la praxis, sus fines son claros: -- Contribuir a que la clase obrera conquiste su independencia de conciencia, de organización y de acción, tanto en sus luchas naturales, civiles como políticas. -- Educar a los trabajadores en la conquista de sus libertades humanas básicas (tales como la libertad de expresión, de asociación, de tránsito, de comunicación, de información, etc.) civiles (derecho a la educación, la salud, la seguridad, la ocupación, la habitación, etc.) y políticas (formación de su propio estado, deliberación política y judicial, gobierno, actuación pública). -- Orientar sus acciones a la organización de la clase obrera en partido político. Lo cual significa la integración de la misión histórica de la clase, dotada de fuerza real y transformadora, de los modos de acción tácticos y estratégicos para transformar el mundo capitalista y del saber necesario para constituir la nueva sociedad. -- Organizar la transformación revolucionaria. Representar la clase, identificarse con ella y asumir su papel histórico, significa asumir los valores que la clase contiene como nuevos modos de vida morales, éticos, cívicos, estéticos, intelectuales, etc. E implica. actuar conforme a fines claros y válidos críticamente. Como se indicó, el uso de todas las formas de lucha en el socialismo leninista condujo a justificar todos los medios con tal de alcanzar el fin de la revolución. Todo lo cual dio por resultado el relativismo de los valores que acabó por no creer en la justeza de ningún acto en sí mismo. Hoy, en la actuación partidaria el problema es sostener la dignidad humana sin convertirse en una pieza que obedece ciegamente las decisiones cupulares, sin mitificar la existencia del organismo, pero asegurando su actuación efectiva. Para superar los vicios generados en la acción, se requiere: -- Recuperar el honor de ser miembro del partido, contra el empirismo actuar históricamente, contra el protagonismo actuar colectivamente, contra el servilismo actuar conscientemente, contra la mentira la crítica. - Conocer la dialéctica de la acción en sus tendencias históricas, los ciclos económicos y políticos, las crisis, aprendiendo a anticipar, organizar y guiar la lucha por la transformación histórica, impulsar la formación de nuevas necesidades civiles, políticas, espirituales e históricas en los trabajadores, enlazadas a los fines de los momentos de la clase, hacer factible la continuidad de la actividad desde la lucha espontánea hasta la histórica, destacando las limitaciones de las luchas civiles por las necesidades básicas. la propiedad, la cultura, etc. -- Organizar la conciencia colectiva dando fundamento y explicación a los hechos y fines a las acciones. Sobre todo, superar el instrumentalismo que usa la denuncia y el programa para manipular a la conciencia obrera. Tomar la conciencia como parte del mundo y, por tanto, como forma de vida y fuerza eficaz, no simple reflejo o sombra de la realidad material: aprendiendo a convertir la conciencia en consignas de acción. Sobre todo, asegurar la validez de la conciencia superando la alienación que deforma la percepción del mundo y de la clase misma, poniendo las cosas invertidas a como realmente son. La conciencia no es un reflejo mecánico, es traducción de lo real en conceptos y teorías claros y saber convertir las ideas en realidades a través de la praxis. Y de esto se desprende otra conclusión que el protagonismo nunca percibió. Si la historia adquiere su propia dialéctica al incorporar a la conciencia y la acción humanas, pretender gobernarla o controlarla es una insensatez o una jactancia. Se puede contribuir a abrirla e incorporarle elementos que atisba la conciencia, pero sus hechos se vuelven resultantes que rebasan al control y la vida misma de los autores. (Por eso, los grandes lideres de las revoluciones. entre ellos Robespierre, Danton y Marat, Lenin y Trotsky, Villa, Zapata Y Carranza, fueron devorados por ellas mismas). La frase que intuitivamente pronunció Fidel Castro en su discurso de defensa contra la dictadura en 1953 expresa la percepción de esa dialéctica histórica como fondo del movimiento social. "La historia me absolverá". [En La tragedia del socialismo. 1991, hemos desarrollado esta concepción del socialismo histórico contrapuesto al ideal y el real. S.I.]. Se desprenden de todo esto dos conclusiones: 1) un socialismo que pretenda caminar a contramarcha de la historia estará condenado a fracasar; pero 2) el socialismo está en la historia y mientras ésta dure, será la mejor perspectiva que tiene el trabajo. III. EL SOCIALISMO NUEVOCaracterísticas del socialismo muevo.Retomando el pensamiento de Marx, y sin confundirse por el significado corriente de los términos, el socialismo nuevo que supere al socialismo de control, debe ser: -- Moderno. Esto significa que no es un socialismo "de miseria" que busque igualar a todos en la pobreza y repartir las privaciones. Tampoco es un socialismo "populista" restringido a resolver las necesidades básicas de las personas, sino para liberarlas de ellas y propiciar el surgimiento de necesidades de carácter intelectual, ético, estético y espiritual. Para ello requiere aprovechar los avances en la tecnología, la producción y la economía contemporáneas, y así convertir el trabajo en actividad intelectiva en sustitución de la fuerza aprovechando el saber científico-técnico y estético para elevar la eficiencia Y el humanismo de su actividad. -- Humanista. Quiere decir que no es un "socialismo vulgar" guiado por el afán de tener, donde todos buscan apropiarse de todo, sin respetar ninguna base pública ajena a todo poder; donde se busca "aniquilar todo lo que no es susceptible de ser poseído por todos como propiedad privada", donde se mitifican la comida, el trabajo y la vida "en común" y se ahoga la vida particular de los sujetos. El socialismo nuevo deberá sacar al hombre de la prehistoria, donde ha vivido dominado por las fuerzas sociales que él mismo ha producido, para ponerlo en aptitud de hacer su propia historia. Eso sólo es posible si, siendo moderno, el socialismo no cae en el productivismo y el absolutismo técnico; y si da los elementos para el desarrollo de las aptitudes, facultades, capacidades y habilidades de cada uno, como base para el establecimiento de relaciones humanas libres, voluntarias y conscientes con los demás y con la naturaleza; si vuelve al hombre capaz de autogestionar su propia vida, de contribuir a engrandecer lo colectivo y ser autoresponsable de su vida como parte del sistema viviente planetario. Sólo así el hombre vivirá de acuerdo a su sociedad y ésta será a imagen de su existencia. -- Obrero. Quiere decir un socialismo basado en la liberación del trabajo y la vida del trabajador moderno. "no en la indigencia que retorna a la simplicidad antinatural no desarrollada". Lo cual excluye la suplantación de la sociedad obrera por la burocracia estatal o el partido. Socialismo nuevo quiere decir que la clase obrera supere la condición práctica de su trabajo para asumir a la praxis constitutiva como fuerza propia; universalizar la participación de los trabajadores en el estado y la gestión de la sociedad en todas las instancias. Cosa que, para lograrse, requiere que la clase aprenda a liberarse por si misma, cobrando capacidad de construir la nueva sociedad, y dotándose de los medios propios para ejercer sus derechos universales. Lo cual significa superar tanto el anarquismo como la dictadura para dar paso a la democracia nueva. Estas características de la sociedad socialista nueva no rigen necesariamente a la acción revolucionaria. Esta tiene su propia dialéctica, dependiente en muchos aspectos de las condiciones del capitalismo donde se gesta. Buscar la vigencia plena de aquellas en la acción dará al socialismo su clara dimensión de vanguardia histórica. PrincipiosEn sentido contrario al pragmatismo que busca aprovechar las fuerzas de los trabajadores para tomar el poder, navegando con las denuncias para canalizar el descontento, el socialismo nuevo no elude la obligación de explicitar los principios que guían su acción y la construcción de la nueva sociedad. Estos son: -- La libertad. Conocida es la tesis de Engels sobre el socialismo como el "reino de la libertad" que sustituye al "reino de la necesidad", esto es, a la vida dependiente y forzada, sujeta a nexos ajenos a la voluntad y la conciencia. La libertad es su principio más general. Significa pasar de la imposición y el control a la independencia autodeterminada socialmente; y de ésta a la construcción autónoma del mundo. La dialéctica de la libertad, perdida en los últimos tiempos entre la absorción centrípeta de las fuerzas de contradicción por el capitalismo y por la lógica de control en el socialismo, adquirió la tendencia a la descentración centrífuga de las fuerzas que buscaban resguardarse del poder, pero abandonando desde los 70's todo provecto de transformación histórica. En ese decurso se han ido conquistando los derechos de los niños, las mujeres, los animales, los jubilados, los minusválidos... El socialismo nuevo, aspira a una libertad fundamental que impregne todos los campos de la vida social. En una sociedad levantada sobre la base del trabajo, la independencia de éste es la condición universal de la libertad, ajena a la imposición o el paternalismo, pero su ámbito es la libertad de todos, no de un grupo o clase exclusiva. Y la verdadera libertad solo puede ser ejercida por quien la conquista, no puede ser prestada o impuesta; por eso su fuente radica en la liberación de la clase y en su participación general en el poder civil y político. Así como nadie puede vivir por otro, nadie puede ser libre por otro. Se exige, pues, la plena autonomía sostenida con la razón y la responsabilidad colectivas. A lo sumo, el estado y el partido, además de garantizar la libertad, han de quitar obstáculos a su ejercicio, propiciar la iniciativa de los grupos y los individuos y fomentar la participación política. Nada de esto apologiza el furor instrumentalista que busca el ejercicio irrestricto de las libertades sobrepuesto a la realidad y, los demás. Si la libertad implica la independencia respecto al orden cosificado, al dominio del hombre sobre el hombre y sobre la naturaleza, la forma de vida tradicional debe dejar paso a la vida nueva fundada en valores, compromisos y autoconciencia. Igual, nada de esto justifica, a nombre del poder proletario, hacer lo que se quiera con la realidad, sea ésta económica, natural, o pública. Al contrario, si la realidad nueva deberá estar cargada de los fines conscientes, de la praxis, de las aspiraciones del hombre, éste encontrará en ella las fuentes de su libre desarrollo, no un medio a disposición. -- La justicia. La justicia traza el orden, la forma y los cauces a las fuerzas liberadas. Para que sea efectiva, debe sostenerse con estructuras de derecho apuntaladas con garantías reales para su ejercicio, puestas a salvo de toda discrecionalidad estatal o partidaria. El nuevo derecho debe responder a los fines de la nueva sociedad, no ser justificación del dominio o instrumento de control que maniate la libertad; debiendo, por tanto, establecerse con procedimientos que aseguren su plena validez objetiva. Respecto a sus contenidos, deberán quedar claramente delimitados los derechos naturales de las personas debidos a su sola existencia; tales como los de: expresión, tránsito, asociación, manifestación, comunicación, dotando a la sociedad de los medios materiales idóneos. Los derechos civiles: al empleo, la educación, la salud, la habitación, el arte, la vida cultural. Y los derechos políticos potenciando las libertades de las personas para convertirlas en derechos ciudadanos y los derechos civiles en colectivos. Garantizados todos ellos en contra de su aplicación discriminada o de su escamoteo por cualquier autoridad. Sin embargo, la justicia no puede permanecer en el círculo de los miembros de la sociedad. Es un orden más amplio que ha de emerger de las condiciones y la estructura mismas. Significa la distribución del orden que norma a las fuerzas productivas, a las relaciones sociales y a las fuerzas distributivas que regularán la solución de las necesidades civiles, la obra colectiva, la ciencia, la cultura y los recursos para impulsar los medios de producción. Esto quiere decir que la solución de las necesidades básicas de la sociedad no es suficiente para la nueva vida, la justicia debe impulsar el surgimiento y la protección de las necesidades humanizadas, a fin de propiciar la emergencia de fuerzas societarias que engrandezcan permanentemente la vida. Y algo muy importante, la lucha por la nueva justicia es inseparable de la lucha por la soberanía de la nación mexicana, pues las fuerzas que aplastan nuestra soberanía están asociadas a las que perpetúan la injusticia entre nosotros. Finalmente, los fines de la justicia no pueden ser abstractos: son la vida digna, no el envilecimiento; la conquista de la vida, no las dádivas del poder; la libertad, no el servilismo. -- La democracia. Más allá del significado y usos del término, la democracia es un principio fundamental para modificar el socialismo de control. Si en este último el partido y el estado se sobrepusieron a la vida autónoma de la sociedad, la democracia, socialista es lo contrario: la vida de la sociedad por sí y para si misma. Su condición básica es la vigilancia y la intervención de los trabajadores en todos los ámbitos públicos. Estos son: La democracia de la soberanía, integrada por la organización general de la sociedad en consejos del pueblo. La democracia institucional, con la intervención de la clase organizada en las instituciones civiles. La democracia económica, referida a la intervención de los trabajadores en la organización y dirección de la producción y demás instancias económicas, y, sobre todo, en la respuesta a las necesidades colectivas. La democracia política, con el libre ejercicio de la vida ciudadana para determinar las formas de organización y los fines de la sociedad, ahora en manos de las corporaciones, los aparatos partidarios y la burocracia estatal y legislativa. La democracia como forma de vida, basada en el respecto irrestricto a la realidad publica, en relaciones sociales de reciprocidad y en los derechos civiles de cada quien. La democracia representativa basada en la soberanía, ajena a los, procedimientos de los mercados electorales, que garantice la validez, del voto ciudadano al elegir sus representantes. El estado democrático, a salvo de la dictadura y el anarquismo, que se ejecutó de las decisiones de la soberanía de los trabajadores. Del contrato social al contrato societarioLos principios y modos de vida del socialismo requieren de una nueva base de organización social que estuvo ausente en el socialismo de control. Mientras el capitalismo moderno se levantó sobre la teoría del contrato social, concebido como alianza entre los individuos para constituir la vida interrelacionada de todos, el socialismo de control lo sustituyó por el predominio de las estructuras económicas y el manejo partidario. El contrato social está incorporado a la vida social moderna no se debe retroceder en ello, aunque hoy es controlado por las corporaciones, las fuerzas tecnológicas, las empresas y el estado. Actualmente se debe avanzar hacia un contrato societario, esto es, a una convención que, alrededor del trabajo, integra las dimensiones naturales, civiles y políticas de los miembros de la sociedad con las condiciones reales para generar modos de vida, formas de conciencia y acciones constitutivas que impulsen la sociedad en general. Esto significa la liberación de las fuerzas de la dignidad en las personas, de las iniciativas que los individuos civiles, las propuestas de acciones de los ciudadanos en la vida pública. Sobre todo, es la liberación de la acción civil ligada a las fuerzas económicas y el amplio desarrollo de las capacidades de acción, de organización, discurso y principios de la vida política. Así, el contrato societario contribuirá a la formación del tejido social, que será la base donde se intersectan las fuerzas de la realidad tecnológica y económica con las del saber, la cultura y el humanismo, tejido que será condición de la vida social constitutivas. Igualmente, se requiere un nuevo pacto político. El liberalismo estableció el pacto entre la sociedad civil y el estado, en tanto entidades contrapuestas. Su lógica era asegurar la armonía y la existencia pacífica de la sociedad. El estado garantizaría la propiedad y defendería de las agresiones a los propietarios, para ser luego el medio de opresión del capital en el poder. Hoy, el referente de la sociedad no es sólo el estado, el que deberá ser transformado en la institución democrática representativa de las decisiones de aquella, es el trabajador y la historia. El pacto socialista, por tanto, deberá coordinar a los distintos grupos de trabajadores: campesinos, industriales, técnicos y profesionistas en una entidad que supere los intereses particulares para enlazarse al interés público y nacional y que libere la acción política de su dependencia al poder económico. Pero también deberá asegurar las fuerzas para el cumplimiento de la misión histórica del trabajador, generando los medios para conocer y hacer efectivas las tendencias y los fines de la historia del socialismo futuro. Por ello, su centro no será el estado y los intereses comunes, sino lo público, concretizado en las fuerzas productivas colectivas, las funciones, los derechos y las necesidades civiles. Con el contrato societario y con el pacto público de los trabajadores, serán las bases principales para los nuevos equilibrios y armonía sociales. De la convivencia basada en el control del capital sobre la sociedad a través de la competición, la rivalidad, la compraventa y el monopolio de los medios, se pasará a los equilibrios abiertos con la participación de los trabajadores en la economía central y la civil asociada, la propiedad pública y personal, las acciones de los individuos y lo colectivo, los derechos individuales y los servicios institucionales. La autogestión social, combinada con la responsabilidad nacional y social, será la pauta de la nueva organización. Y las nuevas armonías no dependerán de jerarquías de subordinación o mandos copulares, sino del entrelazamiento de las funciones cumplidas por los distintos grupos de trabajadores. [En El México nuevo. República democrática de los trabajadores. 1999, hemos desarrollado estos puntos. S.I.] Especial importancia cobran en estas transformaciones la educación y la ciencia. Debe señalarse que la propuesta sobre esto no es "más" educación, pues el mismo capitalismo la ha ido extendiendo a todas las capas de la población. Lo más importante es determinar los fines los nuevos contenidos, dirigiéndolos a la formación de todas las fuerzas internas del sujeto, a desarrollar su aptitud para la praxis y su participación pública. La formación profesional debe ser una función, no un fin de la educación; y sus objetivos deben definirse por las necesidades nacionales de ciencia, tecnología y cultura, no por la técnica predominante o por la demanda de la "planta productiva". El aprendizaje para pensar, más allá de la transmisión y la recepción de un saber, hará posible que la teoría y el pensamiento no sean un simple medio para aplicar o transplantar a la realidad, sino una luz que ilumine la vida hacia los objetivos históricos. El pensar no es adoctrinar o acondicionar a los hombres a actuar conforme a las normas existentes, es espíritu de verdad. Ese espíritu de verdad, basado en el conocimiento plenamente objetivo de las cosas y el hombre, más allá de su utilidad y su conveniencia, es el camino principal para conocer la naturaleza y el mundo humano tal como son, sin someterlos a nuestros deseos o nuestro dominio. Tal debe ser la guía de la educación. El factor ciencia, particularmente, mitificado en el socialismo, permitió que gentes orientadas por el positivismo tecnicista proyectaran el espíritu de dominio que penetra a esta concepción, encerrando el conocimiento en el saber de las cosas, obturando la reflexión y el pensamiento libres. (En México, De Gortari). Debe recordarse que, desde la segunda revolución industrial de finales del siglo XIX, la ciencia pasó a ser una fuerza productiva al fusionarse con la técnica en general, de manera tal que ya para los días de la revolución soviética era un medio y no tenía la potencia revolucionaria que Marx le asignaba. Hoy, no es la ciencia sino la autoconciencia social, no es el conocimiento sino el reconocimiento de las bases históricas, sociales y humanas del saber y la ciencia, lo que debe orientar a la conciencia que abra las perspectivas del socialismo nuevo. ¿Por dónde empezar? En toda crisis, aunque no hay un paso automático a un mejor futuro, se abren nuevas perspectivas, las tendencias se liberan de los lastres reales que las atan a los intereses y el poder dominantes. Es el momento dialéctico de perecer, un mundo que muere coexiste con la génesis de otro nuevo. Allí se gestan las soluciones. Estas provienen de dos fuentes: de la vida histórica donde se van sedimentando el poder y las aspiraciones del pueblo a través de sus revoluciones, y de los nuevos fines que aparecen de acuerdo a las condiciones de la historia actual. De lo contrario, la transformación es simple conservadurismo que pretende repetir la historia (como neozapatismo, neosantanismo, neoliberalismo, neocardenismo...). El neosocialismo no repite, es la reconfiguración histórica que; basada en los avances tecnológicos, educativos, económicos e incluso de las nuevas psicologías colectivas, busca superar los errores del socialismo de control y abrir una nueva perspectiva de vida a los trabajadores del mundo. Ya las mismas bases del capitalismo se van erosionando: el propietario personal va desapareciendo en las grandes corporaciones; el trabajo se va profesionalizando y se vuelve capaz de autogestionar la producción; la ciudadanía va interviniendo en todos los asuntos públicos, los derechos civiles generales, aunque hoy el neoliberalismo los niega a las poblaciones, ya se han asentado en la conciencia colectiva. La experiencia histórica de los trabajadores y del socialismo, sin duda alguna, son la mejor condición para el cambio. Lo demás es asunto de pensamiento y praxis guiados por el nuevo proyecto histórico. |
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