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El creciente antagonismo entre estado y sociedad civil

30 julio de 2007

Alfredo Velarde

Escribimos sin saber los incidentes que demostrarán si el boicot a las postrimerías de la Guelaguetza oaxaqueña, en el “segundo lunes del cerro”,tuvo éxito o no, pero el fuerte movimiento social articuladoalrededor de la APPO contra el gobierno criminal de Ulises Ruiz, va mucho más allá del calendario costumbrista de la ideología autóctona y se mantendrá activo mientras el cuestionado “gobernador” se empecine en mantenerse al frente de un cargo que envilece y que ya sólo él cree detentar junto a sus secuaces. Los acontecimientos recientes, empero, han evidenciado el deliberado vacío que el gobierno federal mantiene en silenciosa complicidad con el gobierno estatal de Oaxaca, a fin de mantener al impopular mandatario de la sureña entidad, llueva, truene o relampagueé, pese a que los oaxaqueños han demostrado, de todas las maneras posibles, que URO se debe ir. Detrás de este hecho, ominoso por donde quiera que se lo vea, está terminando por mostrarse desnudo el creciente antagonismo entre un Estado atrabiliario y cada día que pasa resulta ser más autoritario y represivo, y una sociedad civil cada vez más incómoda, activa e inconforme ante el principio de autoridad de que ése mismo Estado, y su expresión gubernamental, hace una impúdica ostentación que gradualmente lo aproxima a un escenario que, de la inconformidad abierta de grandes segmentos sociales, bien podría terminar conformando un escenario de extendida ingobernabilidad general de la sociedad mexicana. Y ésta es, sin duda, la variable política que el gobierno calderonista se resiste a advertir, suponiendo que con fingir que un problema no existe, es suficiente para que no suceda nada. Y no.

Craso error que se expresa en Oaxaca, pero también en Puebla con el inefable “gober precioso” Marín, como en otras partes de México, y ahora en Chiapas, donde además del acto de clausura en La Realidad del importante Segundo Encuentro de los Pueblos Zapatistas con los Pueblos del Mundo, con miles de asistentes y encabezado por el Subcomandante Marcos, ocurrió un nuevo evento vinculado con el secuestro-tortura-desaparición de dos activistas del Ejército Popular Revolucionario (EPR), que antes ya había reivindicado, semanas atrás, la colocación de ocho artefactos explosivos en ductos de PEMEX en los estados de Guanajuato y Querétaro. En ésta ocasión, la campaña de propaganda armada que comanda el EPR se extendió a un penal en construcción en Chiapa de Corzo, exigiendo la presentación con vida tanto de los dos activistas del alineamiento guerrillero (Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez), de todos los cientos de presos políticos o de consciencia en el país. La pregunta que se antoja obligada, sobre el particular, es la siguiente: ¿Dónde están entonces los integrantes del EPR? Si el gobierno supone que con la simple negación de tener detenidos a Reyes Amaya y a Cruz Sánchez, el asunto se resuelve, su insensatez, arrogancia e irresponsabilidad seguirá contribuyendo activamente a escalar exponencialmente la escisión y el creciente antagonismo entre el autoritarismo estatal y las distintas expresiones de lucha opositora, que supone y abarca al EPR, pero a muchas organizaciones sociales, civiles y populares más en medio del enrarecimiento del clima político nacional. Es inútil cacarear que los activistas del EPR no los tiene alguna corporación policíaca o militar, y negarlo demuestra que la ignorancia supina y la mala leche de los personeros del gobierno, se está erigiendo en factor política de una creciente confrontación entre el Estado y la sociedad bajo el poliédrico mosaico que la compone.

Y al parecer, así llegaremos al Primer Informe de Gobierno en una semanas más, con prácticamente nada que informar a una sociedad que percibe el abierto y franco antagonismo que va perfilándose contra un gobierno que si llegó fraudulentamente a la silla presidencial, ahora se demuestra por qué lo hizo: para mantener el poder del grupo gobernante en beneficio del latrocinio generalizado a favor de los grandes barones oligarcas del dinero en medio de la agravada descomposición social. Al parecer, los incendiarios de la gobernabilidad, están en Los Pinos mismos, y, con su arrogante autoritarismo, amenazan al país con –por ello- una necesaria ruptura social largamente larvada, pero que en los últimos años se acelera y radicaliza ostensiblemente ante la pérdida rotunda de credibilidad de los hombres de un gobierno inepto y reaccionario en contra de los grandes agregados sociales. De hecho, por contraposición entre sociedad civil y Estado, se entiende el antagonismo que se desarrolla entre ambas expresiones de los distintos agregados coexistentes en lo social, en parte explicable por el autismo del grupo gobernante, el Estado y su gobierno, y los “representados” y gobernados en sentido contrario a sus intereses y necesidades. Si por sociedad civil se comprende la esfera en que se relacionan e interactúan los individuos, grupos y clases fuera de las relaciones de poder que caracterizan a las instituciones estatales, por sociedad política se ha de comprender aquella dimensión de lo social representada por el Estado en su función gubernamental, cosa que explica la obligatoriedad que detenta para resolver problemas ante los cuales el gobierno de Felipe Calderón sólo escurre el bulto, no los encara y finge resolverlos, mientras los conflictos en el país se pudren y luego se mueven a sorpresa, desde el mismo Estado que hoy es resorte impulsor de la desobediencia e inconformidad creciente, por acontecimientos como los que el incidente de Chiapa de Corzo demostró, tras ser reivindicado, de nueva cuenta, por el EPR. En momentos de creciente tensión y hostilidad entre gobernantes y gobernados, es preciso que el Estado encare sus responsabilidades, no persiguiendo e imponiendo su discrecional principio de autoridad sobre la gente, que cada vez más lo repudia justificadamente, sino resolviendo aquello para lo que se supone que existe como tal. Pero eso, precisamente eso, es lo que Felipe Calderón no sabe hacer. Y es por eso que, desde la sociedad civil, cada vez son más los que piensan que la rebelión se justifica.


El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


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