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Desinforme presidencial a dos tiempos

¿Un juego de suma cero?

3 de septiembre de 2007.

Alfredo Velarde

Fue una pantomima y nada más. ¿Qué demonios informar cuando los logros son inexistentes y los adeudos todos? Sin informe, ni gritos ni sombrerazos, la sesión de San Lázaro del pasado primero de septiembre, fue tan sólo la conclusión, irrealizada y anticlimática, en un tiempo somnoliento, de un grotesco expediente que finiquitó la impertinencia de ese ritual muerto, caduco, sin sentido y en donde las cosas estaban amarradas de antemano. Que ¿qué se acordó? Precisamente eso: que no pasara nada. Se trataba de llenar con vacío lo que ya no puede llenarse con palabras, a falta de acciones que los adinerados políticos profesionales gobernantes no quieren efectuar y no saben llevar a cabo en comunión con la gente que los mira con fundada y disidente desconfianza, por el halo de corrupción que expiden en exótica mezcla con costosas fragancias extranjeras. Despresurizar era la consigna y el Congreso de la Unión, terso y obedientemente obsolescente, institucional hasta en eso, cumplió desfogando con el retiro de la bancada formalmente hablando “opositora”, una suerte de micro ceremonia protocolaria y burocrática de mera entrega-recepción de ese rosario monumental de estulticias al servicio de un mandato constitucional que fue el presunto (des) informe que no ocurrió en 4 minutos y que se entregó a la presidencia panista sustituta del censurado discurso de la perredista presidenta Zavaleta del Congreso, por el poder real de los medios, como en los viejos tiempos que siguen ahí, negada a recibir de la fraudulenta presidencia pirata, el volumen de mentiras que ya no sirve ni como remedio extraordinario de emergencia ante el insomnio persistente.

A cambio del tolerado y terso asalto de Felipe I, el espurio, para hollar con sus pisadas el Congreso de la Unión y con cargo al erario –faltaba más- había que ensayar otro formato, en un segundo tiempo –éste en Palacio Nacional- para el desinforme en cadena nacional, sin presencias incómodas y con sonoros aplaudidores profesionales del enemigo principal congregado en pleno representativo. Así se hizo y así fue sin falsos pudores, en la contraproducente y acrimónica recuperación del Día del Presidente y su irresponsable culto a la personalidad redivivo, mientras afuera la plebe protesta y se tensiona con el Estado Mayor Presidencial y sus tiras, tiritas y tirotas para contener, si no la ingobernabilidad que aunque se demora y anuncia en general en un país que hasta nación empieza a dejar de ser, sí la inestabilidad que tiene presencia rotunda por doquier, desde los indicadores macroeconómicos, hasta el exánime poder adquisitivo del salario que retrata de cuerpo entero la economía ficción que se celebra en Palacio, ante la pesadilla cotidiana que sufren con estoicismo los de abajo mientras no caigan en cuenta de que sólo la revolución es cambio. ¿Quién ganó con los amarres de San Lázaro? ¿Quién con la repetición dominical del Día del Presidente? Visto en rigor, el inútil y costoso operativo apuntalador de ese siniestro personaje anticarismático y expedito traductor en México de la política de Washington, que es Felipe Calderón, nadie. Ni ellos mismos, casi humoristas involuntarios que, por momentos, nos recordaron al mismo y siempre insustancial Vicente Fox, otrora afanado en la misma operación maquillaje de un país que se les va como guijarros de arena por entre los dedos. Lo grave es que los arenosos guijarros somos nosotros y que nos precipitamos al vacío.

Ciertamente, no hubo gritos ni sobrerazos, pero tampoco Informe Presidencial: únicamente auto celebración… Pero, ¿de qué? Probablemente de que a casi un año de otro fraude más, con la misma política económica de connotaciones genocidas por sus alcances, la multitud todavía carece de la fuerza suficiente, o de la resolución consciente para llamarlos a cuentas, fincándoles las responsabilidades que indudablemente tienen en la administración de una catástrofe que sólo hace más ricos a los muy ricos y jode más a los más jodidos que son abrumadora mayoría, mientras se jura y perjura que “la clase media crece frondosa”. Y, aunque algunos periodistas taimados supongan faliblemente que se le dio “cristiana sepultura” al viejo formato, éste reapareció incombustible en un domingo para olvidar, justo cuando las cuentas nacionales en materia económica, política, social, cultural, ecológica, etcétera, expresan el desmadre entreguista que nos habita al servicio del dinero, la corrupción y sus barones beneficiarios. Eso representa Calderón, eso sus apologistas, y eso, asimismo, sus educados opositores que ya ni siquiera gastan la pólvora en los onerosos infiernillos de costos electorales y con Veracruz como ejemplar y recientísimo botón de muestra emblemático. Y mientras todo esto ocurre, pocos advierten el contumaz emplazamiento de la sórdida guerra sucia que crece y se enseñorea al conjunto de la vasta geografía nacional, en donde los inseguros cuerpos de seguridad del Estado, allanan domicilios en el campo y las ciudades, violentan garantías constitucionales, se ríen de los derechos humanos que, entre más se demanda su más irrestricto respeto, más se violan so pretexto del combate ya no del narcotráfico, sino de las difusas guerrillas que poco a poco parecen reactivarse ante la clausura de los canales instituidos para algo diferente que no sea el sostenimiento del ingrato status quo que se pudre, pero se sostiene, porque falta lo que falta que no es poco y sí muy difícil mientras la fragmentación de las izquierdas reales, no de las fingidas, no atinen a la conquista de su unidad social, en y desde las luchas concretas, para conquistar lo que el imprescindible José Revueltas, un día, denominó como la conquista de su realidad histórica para destruir lo que ofende y levantar lo que se necesita.


El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


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