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Los caminos de la vida*

José Luis Medrano Torres

México D.F. , a 1 de marzo de 2008

Tesis I. Plantear las cosas de otro modo

Si la transición no es un programa de construcción, con sus etapas económicas e institucionales previsibles, e inclusive calculables, sino que es, como decía Marx, “una larga secuela de luchas, una serie de procesos históricos”, entonces, lo importante es hablar de una tendencia histórica.

La tendencia histórica en lo militar son las guerras asimétricas con sus leyes de ocupación; en lo económico, de la globalización con sus mega proyectos; en lo político, del neoliberalismo, el parlamentarismo, los partidos y el Estado mínimo; en lo laboral, de la toyotización, la maquila, las nuevas fronteras y corredores industriales; en el campo, de la acumulación originaria, la emigración, la Iniciativa Mérida y el ejército de reserva; en lo educativo, de la educación de calidad; en lo urbano, de la ley Giuliani y la tolerancia cero.


Tesis II. Los dolores de cabeza

Si la tendencia es histórica y subsume toda una serie de procesos, de qué manera nuestras posturas estratégicas, como el asalto al cielo, la clase contra clase, las cosas a largo plazo, o por etapas, del campo a la ciudad, el foco, etc.; con la tendencia nos utilizan, nos vuelven colaboradores o les ayudamos de buena fe a realizar el proceso de construcción del capitalismo.

La omisión y el olvido de la tendencia histórica, ubica los deseos como si fueran la realidad, y a las acciones las lleva al reformismo armado, a pensar que la pura planificación conduce al socialismo, a creer que los nacionalismos radicalizados son el socialismo, y a dejar de considerar que la mejor vacuna contra la revolución son los socialismos capitalizados.

En pocas palabras, a ilusionarse con las luchas regionales como la revolución mundial, a confundir la reconfiguración del capitalismo monopolista de estado con el socialismo, a tener como programa de lucha del estado de bienestar como si fuera el socialismo. En fin, el análisis de la tendencia nos puede armar teóricamente, precisar las condiciones estratégicas y tácticas de los procesos, pero no puede sustituir la crítica de las acciones.


Tesis III. Limpiar los procesos

Para cada periodo histórico una doctrina militar: para el milagro mexicano, la doctrina de la seguridad nacional; para el desarrollo, la doctrina de la contrainsurgencia y para los megaproyectos, las guerras asimétricas.

Del mismo modo, para la seguridad nacional, la democracia de caudillos o la revolución hecha gobierno; para la contrainsurgencias, la democracia de los sectores obrero, campesino o popular; y para las guerras asimétricas, la democracia de mercado.

Para la democracia del caudillo, el discurso de la revolución; para la democracia de sectores, las aspiraciones primer mundistas; y para la democracia de mercado, el discurso individualista, pragmático, pacifista y tolerante.

La democracia al ser definida como metáfora de mercado, lo importante son los gustos de los consumidores, la imagen, las campañas mediáticas y los apoyos financieros. Esto es, para poder ser competitivos hay que estar a la venta, ofrecer un discurso neutro, estar regido por la oferta y la demanda, en lugar de programas coherentes, organizaciones o ciudadanos. En fin, regidos por la mercadotecnia.

Tesis IV. La historia comparada

El porfiriato del siglo pasado fue liberal; el actual, es conservador. El porfiriato anterior se apegaba a las ideas de orden y progreso, el actual a las modernísimas ideas de la santa inquisición: todos son culpables hasta que se pruebe su inocencia.

¿Garantías individuales? Ni pensarlo, aquí lo que rifa son las leyes del mercado. ¿Ministerio público? Para nada, no hay nada mejor que los medios de difusión. Y en lo que respecta al ministerio público, no hay nada mejor que una burocracia con atribuciones y facultades extraordinarias; del indiciado, datos personales, bancarios y con la posibilidad de ser arraigado 80 días.

El primer porfiriato contó con todo un estilo francés; el segundo porfiriato, tiene un fuerte olor a madrastra patria.

Los criollos transitan por el estrecho camino del racismo, la tolerancia cero y los privilegios monárquicos. Es decir, dejan en primer plano la lucha de castas, la lucha por la nación, la independencia y la soberanía, de manera contradictoria la lucha de clases, la lucha contra y a favor del Estado.


Tesis V. Las últimas escenas de la teatralidad

En los años dorados del civilismo se nos dijo: desconfiemos del Estado, de los partidos políticos, de las organizaciones sociales y sindicales, y convirtámonos en la expresión del descontento (con lo cual estamos de acuerdo), sin proyecto social y sin organización (con lo que no estamos de acuerdo). Los civilistas consecuentes dieron un paso adelante y politizaron sus acciones, siguen en la lucha; en cambio, los otros, en el gobierno de Fox se fueron de funcionarios y hoy, defienden sus privilegios y sus puestos de trabajo.

Junto a la crítica y la exigencia por la reforma del Estado, se descalificó el nacionalismo, el principio jerárquico de toda administración, de la autoridad, la responsabilidad y se criticó la verticalidad. De esta manera se desmanteló las instituciones del Estado de Bienestar con nuestro consentimiento y junto con ello, nuestras conquistas históricas.

Una vez entablada la lucha contra el autoritarismo (con este seudo anarquismo), se nos dijo: ahora, luchemos por la libertad pero no por cualquiera, sino por la del mercado. Así, con la democracia de mercado tendremos un mecanismo que fundará el nuevo Estado, y a esto le llamamos la transición a la democracia, usaremos el voto útil para llevar a la derecha al gobierno, y ella, nos permitirá controlar y eliminar cualquier sospecha de populismo y comunismo.

Y ahora, que ya nos quitaron el país nos lo dicen de manera eufemística, reformas estructurales o integración profunda, y gritan de manera desesperada, estado policiaco y Ley Gestapo, Lo cual es cierto, pero lo dicen como si acabara de nacer, hubieran estado ausentes y no tuvieran ninguna responsabilidad.


Tesis VI. La sensación de estar siempre en la cola

Las reformas estructurales abarcan las formas de propiedad. Es decir, la construcción del nuevo meta Estado nacional. Las reformas estructurales de corte energético, policial, militar, judicial, penal, son la desnacionalización de la toma de decisiones económicas.

Ahora, con la integración profunda en petróleo, gas, electricidad, agua, infraestructura, seguridad y policía, nos integraron como patio trasero, pero no quitaron el muro ni el apartheid laboral.

Las reformas policial, militar, judicial y penal, es la voluntad del imperio por colonizar, con ella se institucionaliza la violencia, los despojos, la marginación, el derecho de los poderosos, las masacres, los asesinatos y secuestros organizados desde el Estado, la complicidad entre altos funcionarios públicos y delincuencia organizada, la destrucción concertada del medio ecológico a partir de ambiciones empresariales meramente depredadoras, por un Estado que, aun sea por omisión alienta la impunidad.


Tesis VII. Todo es uno

El complemento adecuado para una recomposición de la derecha pero no del Estado, está en dos procesos: primero, la crisis ética de la izquierda y la ayudadita que se les dio desde el poder legislativo; segundo, una cultura política que por hegemónica invadió y floreció por muchos años en la sociedad mexicana: el priísmo.

Los conflictos en la izquierda y la cultura política, es una crisis política o la imposibilidad de consolidar el Estado. El Estado bajo el capitalismo (y sólo allí es lícito hablar de Estado para referirse al poder político) es un Estado hegemónico, el producto de determinadas relaciones de fuerzas sociales, el complejo de actividades prácticas y teóricas con las cuales la clase dirigente no sólo justifica y mantiene su dominio sino también, logra obtener el consenso activo de los gobernados.

El punto del litigio del “Estado” con la nación está en el concepto de soberanía (bienes de la nación, territorialidad y dirección), pues la clase en el poder quiere imponer una monarquía administrativa, es decir, la consolidación de un bloque social dinámico, integrado por las cúspides de la burguesía (internacionalizada y local) y una capa tecnocrática – militar.


I. La tendencia

A. El terreno de la lucha

Los objetivos de las guerras asimétricas son las organizaciones comunales, campesinas, populares y sindicales; ello se debe a que algunos basan su organización y vida, en el medio de producción que consideran más importante – la tierra –; otros, en las estructuras tradicionales, la defensa del trabajo, el derecho y sus tradiciones de lucha. De este modo, las organizaciones populares, campesinas y obreras ofrecen recias resistencias en todos los sentidos a las necesidades del capital.

Ciertas luchas de las organizaciones sociales, algunas conquistas y uno que otro derecho son aceptados por la clase en el poder, cuando el Estado se maneja bajo el concepto de Bienestar; esto se debe a que facilitan la introducción de métodos de trabajo como el taylorismo y el fordismo, pues propicia el aumento de la productividad y la masa del consumo.

El Estado de Bienestar tiene como programa la creación y reforzamiento del mercado interno, un sistema de previsión social, la atención médica a la mayor parte de la población y la participación y dirección del Estado como ente regulador de las relaciones económicas y sociales.

La lucha contra las organizaciones sociales y el desmantelamiento del Estado de Bienestar se inicia con la represión, las devaluaciones, la crítica a la ineficiencia a las instituciones públicas para resaltar la productividad de las privadas, el estado obeso, el paternalismo del estado con sus políticas de intervención “social”. Es decir, algunos le llaman a este proceso la política de shock.

El ataque a las organizaciones comunales, campesinas, populares y sindicales, y el desmantelamiento del Estado de Bienestar se realizó con los siguientes lineamientos:

  • Contención de la inflación, reduciendo el gasto social del Estado mediante la liquidación de las empresas paraestatales y por ende su privatización.

  • Aplicación de políticas de “fexibilidad laboral” que derivaron en la caída drástica del salario real de los trabajadores.

  • Eliminación de los marcos normativos que limitaban las inversiones extranjeras.

  • Desaparición del marco legal que amparaba la propiedad colectiva agraria, dando lugar al crecimiento de la gran empresa capitalista en el campo.

  • Reducción del gasto social en torno a las pensiones, jubilaciones, subsidios y estímulos a la producción, proyectos de vivienda, asistencia de salud, cobertura alimenticia de grupos vulnerables, etc.

En síntesis, desmantelar al Estado de Bienestar y dejarlo en su estado mínimo para que desatienda su responsabilidad social y tutele a los que más tienen, esto es, crear las condiciones para la inversión de capital y garantizaría los mecanismos de su reproducción1.

B. La medicina

La terapia de shock es una promesa para corregir los desajustes económicos, errores de planeación y dirección; se busca que el país entero acepte una serie de medidas económicas brutales para que pueda ser competitivo o primer mundista, es decir, moderno; el dolor – prometen – durará poco, la recompensa será enorme. Así, de la noche a la mañana el gobierno eliminó el control a los precios, recortó los subsidios y privatizó las industrias y los bienes de la nación. Para ello, se usaron los conceptos de “capitalización complementaria” y “alianzas estratégicas” que redundaría en la “democratización del capital”.

La terapia se aplicó en tres tiempos: primero, vino el abandono de la revolución, que orilló a los gobernantes del países a claudicar ante el extranjero y sacrificar las conquistas históricas; Después, vino la terapia del choque económico, préstamos, devaluaciones, macroeconomía que logró arrancar el crecimiento económico, pero sacó a mucha gente de la foto; y el tercer choque, es aquel en el que estamos, se deja a la policía para que se encargue de la gente desechada. Los desesperados, los migrantes, aquellos a los que el sistema enloquece2.

La estrategia de shock que se está utilizando en México es muy clara, y va destinada a proteger las políticas antinacionales y antipopulares. Los golpes van desde el gasolinazo y la entrada en vigor del capítulo agrario del TLCAN, hasta el clima de violencia generado ex profeso con la supuesta guerra contra el narco, que ni es guerra ni va contra el narco, sino que es una estrategia que busca amedrentar a la población, para imponer las medidas que liquidan el proyecto nacional, y terminar de implementar las medias que durante los gobiernos de Salinas, de Zedillo y de Fox, se quedaron a medias3.

En otras palabras, es lo que en América Latina se le llamó la política neoliberal de los ajustes estructurales. O la condición impuesta al mundo para el funcionamiento de la economía global. La postura, en el fondo, es un antiestatismo, que abre las puertas a las multinacionales, enfila sus baterías contra las organizaciones comunales, campesinas, populares y sindicales.

C. Los objetivos

La tercera etapa del shock, está operando como un proyecto policial - militar con objetivos económicos; estrategia que tiende a cristalizar los megaproyectos regionales como el Plan Colombia Iniciativa Andina, el Plan Puebla Panamá y la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana. Elaborados por el Banco de Mundial y el BID, y sirven a grandes corporaciones multinacionales. Vienen por el petróleo, el gas natural, el agua de los ríos para generar electricidad, el uranio, la biodiversidad. Buscan generar corredores multimodales para extraer por tierra, mar y aire nuestros recursos e inundar nuestros mercados con sus productos.

En este contexto se inscribe la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN); la Iniciativa Mérida, símil del Plan Colombia, y la reactivación del Plan Puebla Panamá, que para este año tiene prevista la interconexión eléctrica del sur – sureste de México con Centroamérica. Esto tiene que ver con Carlos Slim, la Halliburton, Chevron y otras corporaciones de Estados Unidos, pero también con un puñado de empresas españolas que llevan a cabo la reconquista de América: Endesa, Iberdrola, Unión Fenosa, Repsol, entre otras. Lo que conecta con la designación de Juan Camilo Mouriño en Gobernación, con el proyecto calderonista – priísta de privatizar Pemex y la Comisión Federal de Electricidad, con La Parota en Guerrero y el achicamiento del cerco militar y paramilitar en Montes Azules sobre las autonomías zapatistas.


II. El Yunque y los martillos

Los capitales transnacionales, en función de sus intereses, presionan y obligan a los Estados nacionales a reconfigurar su organización, a debilitar su estructura interna y, en definitiva, a perder su soberanía. Perdida la capacidad de decisión, se establece un nuevo esquema de poder: los medios de difusión, la administración gubernamental de las crisis y las fuerzas del mercado, en lugar de la antigua división de poderes: ejecutivo, legislativo y judicial.

Para garantizar sus inversiones, argumentan la necesidad de la seguridad. La seguridad la van a fundamentar en el concepto de las guerras asimétricas. El ministro francés de Asuntos Exteriores, Dominique de Villepin, en el Consejo de Seguridad de la ONU, el 19 de marzo de 2003, afirmó: “En un mundo donde la amenaza es asimétrica y donde el débil desafía al fuerte, la capacidad de convicción y la facultad de influir en la evolución de las mentalidades tiene tanta importancia como el número de divisiones militares”4.

Y en su informe sobre las tendencias de la administración federal en materia de derechos humanos, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, denuncia el proceso de militarización que tiene lugar en México, bajo la forma de “combate a la delincuencia organizada”, que representa entre otras cosas una suspensión de facto del derecho al libre tránsito. Se denuncia una vez más el hecho de que la participación militar en tareas de seguridad pública ha aumentado los riesgos de violaciones a los derechos humanos, debido a la lógica de guerra que introduce dinámicas verticalistas y autoritarias en la convivencia social5.

Para llevar a cabo las reformas mentales se dan cuatro pasos fundamentales:

Primero, poner en marcha un proceso de revolución – restauración. El punto ideal de este nuevo orden de dominación sería la consolidación de un bloque social dinámico, integrado por las cúspides de la burguesía (internacionalizada y local) y una capa tecnocrático – militar6.

En el contexto de la globalización se da un furibundo renacer de tendencias conservadoras y corrientes secretas que actúan invisibles en la vida política, económica y social del país, es necesario mencionar la forma de reclutamiento, secrecía o composición peculiar de organizaciones como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo o El Yunque, que actúan sigilosamente y con gran eficacia por su enorme poder económico. Sin olvidar las organizaciones empresariales que velan, presionan y aseguran los intereses, capitales propios y trasnacionales, y permanecen también lejos de la visibilidad diáfana.

Segundo, en el terreno universitario, imponer el neoconservadurismo de la academia norteamericana, con sus teorías de la elección racional, el individualismo metodológico, el falso rigor de la hipermatematización y la insuperable fragmentación del conocimiento propio del positivismo, y las diversas expresiones del posmodernismo que, primero y principalmente en Europa, se afianzaron en el pensamiento filosófico y en las orientaciones teóricas generales de las ciencias sociales7.

Sin olvidar la proliferación de grupos sobre meditación trascendental, nuevos rituales comunitarios, programas de entrenamiento para la toma de decisiones, organizaciones colectivas para la autoayuda, formación de activistas con un signo teológico políticos, una política sexual y el uso generalizado de las drogas.

Tercero, en la transición entre el Estado de Bienestar al Estado neoliberal, se llevó a cabo la crítica más feroz contra el Estado nacional porque ya no era el garante de una identidad nacional ni el representante del pueblo o, el pueblo el soberano sino, simplemente, fue un Estado obeso, paternalista y corrupto; antes significó progreso, ahora ese Estado es una barrera negativa de las cuatro libertades del capital: de comercio, de tráfico de capital, de servicios y de migración.

La idea de la libertad de comercio fue vendida a los mexicanos como la vía corta a la modernidad. Si México firmaba un acuerdo comercial con Estados Unidos y Canadá, se dijo durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, se cerrarían las grandes brechas salariales y de estándares de vida entre nuestro país y nuestros vecinos del norte, y ya no habrá razones para emigrar a Estados Unidos. Poco importaba el precio que tuviera que pagarse para alcanzar la meta. Nuestra prosperidad como nación, la modernización de su planta productiva, dependía del bloque económico8.

Cuarto, en el terreno político se dio la “alternancia política”, que en realidad ha sido desde 1977 un cogobierno del PRI y el PAN, no ha constituido más que una estrategia de recomposición del aparato de dominación política a fin de legitimar a las autoridades tras el desgaste de 75 años de gobiernos priístas9.

El proceso político que ha vivido el país entre 1988 y 2000 y en el cual el PAN se ha erigido instrumento de los poderes fácticos, ha sido un ataque constante al Estado de Bienestar en casi todos los órdenes, y lo que la propaganda oficial insistió en calificar como una “transición a la democracia” – utilizando los términos que los ideólogos del Pentágono impusieron en América Latina desde los 90 --, no ha sido a fin de cuentas más que una operación tendiente a destruir la capacidad soberana del Estado y a cancelar derechos fundamentales del pueblo a fin de poder desmantelar a la nación mexicana.

En la lucha electoral, tanto el panismo como el priísmo y el lopezobradorismo (expresión del viejo priísmo autoritario con pensamiento coadyuvante con el neoliberalismo que busca la restauración del viejo régimen centralista) han logrado polarizar al país y la sociedad sobre bases falsas, creando un ambiente de impunidad y deterioro que paraliza el pensamiento político, lo estanca haciendo el tema del poder presidencial el único permitido y legítimo, renunciando a la responsabilidad de hacer de los votos ganados en las urnas, fuerza para la transformación.

Si el único propósito es ganar la presidencia como tarea política, entonces, se está restaurando el viejo régimen, se está pidiendo a gritos el regreso de los sectores más atrasados, que veían en el poder presidencial su única esperanza de mejoramiento, sea a través de las redes corporativas, el clientelismo y el poder totalizador10.

La modernización de la política, la “apretura democrática”, la legalización de los partidos, la transición a la democracia; no es otra cosa que, hacer del derecho, de la ley, del parlamento y de los mecanismos del sufragio universal, el lugar privilegiado de la definición y de la síntesis política. Espacio en el que se jugará esta identificación no requerida de la política con el estado y con solamente los partidos11.


III. La continuidad de la política por otros medios

A. Seguridad nacional

Las relaciones de Estados Unidos con México y América Latina pasan por una fase de restructuración que tiende hacia la formación de estados autoritarios en la región. La guerra asimétrica como sistema militar de dominación neoliberal, no significa la ruptura con los modelos anteriores.

Tras el triunfo de la revolución cubana en 1959, John F. Kennedy utilizó una doble vía para consolidar la hegemonía estadunidense en el área: la Alianza para el Progreso y el militarismo. De la mano de la Doctrina de Seguridad Nacional, Washington y los ejércitos latinoamericanos definieron al “enemigo interno”: el comunista, el tupamaro, el montonero, los “cívicos” de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas y la Liga Comunista 23 de Septiembre como encarnación de la “antipatria” y la “subversión atea”.

A diferencia del fascismo europeo, con base social amplia que subordinó el ejército a un partido político, en América Latina la contrarrevolución se desarrolló directamente entre la instancia militar y el Estado. Así, se forjó el esquema de Seguridad Nacional en que basaron su legitimación ideológica. Los aparatos represivos constituyeron ya no sólo la columna vertebral del Estado, sino también su cerebro, el eje de articulación del sistema. La vieja democracia liberal y todo lo que legitimaba la dominación debieron ser cuestionadas; los nuevos mitos aseguraron la legalidad y la legitimidad para contener el ascenso de luchas revolucionarias y de liberación nacional.

B. Doctrina de contrainsurgencia

Después de la doctrina de seguridad nacional, viene la doctrina de contrainsurgencia; con ella se aplica la guerra sucia, los escuadrones de la muerte y el paramilitarismo, lo cual condujo al terrorismo de Estado, con un alto saldo de ejecuciones sumarias extrajudiciales, desapariciones forzadas, torturados, presos políticos y exiliados. La guerra de baja intensidad se aplicó contra la Nicaragua sandinista y bajo el mismo esquema se invadió Granada y Panamá. Tras la autodisolución de la Unión Soviética (1989), a la par del neoliberalismo, Washington impulsó la “guerra” contra las drogas: el narcotráfico pasó a ser el sustituto del fantasma comunista12.

La contrainsurgencia es la lucha política con un enfoque militar, ve al adversario como al enemigo al que no sólo hay que derrotar, sino aniquilar; dicha doctrina tiene tres propósitos: el aniquilamiento, la conquista de la base social y la institucionalización.

La doctrina de contrainsurgencia fue diseñada por el Pentágono en los E.U., con base en la experiencia europea, particularmente la francesa en Argelia e Indochina. Consiste en la represión sin límites, utilizando cualquier método que pueda ser eficaz para combatir a las fuerzas subversivas (la tortura, la desaparición, la infiltración, la confusión psicológica), con el propósito de desmoralizar, amedrentar y eliminar físicamente a grupos y comunidades completas; descubriendo su estructura organizativa -- tanto legal como conspirativa --, dirigiendo sus operaciones hacia el aniquilamiento sistemático de sus direcciones y mandos medios.

Lo anterior tiene un alto costo político para quien la practica. Los que aplican la doctrina de contrainsurgencia lo saben, pero valoran que, una vez logrado su objetivo estratégico, es posible iniciar la fase de recuperación de la base social perdida, o sea la disminución de la represión, ante las masas para entonces ya aterradas y desorganizadas. Es decir, la campaña de aniquilamiento tiene un plazo determinado.

Si bien, en México la doctrina de contrainsurgencia no adquirió la forma de dictadura militar, en cambio, sí asumió todas las fases de un Estado de excepción: supresión de libertades individuales, represión selectiva, detención, desaparición, tortura, asesoría, entrenamiento e intervención de las FF.AA. de los E.U. En Este periodo de contrainsurgencia proliferaron las organizaciones de ultraderecha con un delirante discurso anticomunista y ligadas a la alta jerarquía católica, particularmente al Opus Dei, los legionarios de Cristo y los Caballeros de Colón, destacando su asentamiento en los estados de Jalisco, Nuevo León, Puebla, Guanajuato y Aguascalientes. Varios de los entonces jóvenes anticomunistas financiados por dólares gringos, hoy forman parte de la ultraderecha panista y de las cúpulas empresariales13.

C. Las guerras asimétricas

La guerra asimétrica se ha convertido en un referente ineludible a la hora de planificar el futuro de las superpotencias. Los países que se autodenominan desarrollados aceptan que la globalización ha trastocado las formas tradicionales de control social, al golpear los derechos de la nación, expropiar sus bienes y colocar al Estado a su disposición. En ciertos países y sobre todo en las zonas urbanas, el problema es grave, ya que ciertos sectores populares urbanos se han desconectado de la economía formal. De ahí que hayan surgido actores no estatales que representan para el Pentágono un desafío mayúsculo, pues los generales se muestran convencidos de que las fuerzas de los estados nación no podrán derrotar a los nuevos insurgentes.

De ahí que, la militarización de la vida de los pobres va acompañada de programas económicos, formas políticas de participación y de cooperación para promover el desarrollo, y así, generar nuevas formas de control social capaces de sustituir a las que el propio sistema ha contribuido a neutralizar, bajo el concepto de paternalismo.

La masa engendrada por la globalización y el neoliberalismo, los desocupados, semiocupados, precaristas, ambulantes, marginales, migrantes a quienes les quitaron la tierra, el trabajo, la esperanza y la patria, son la base para reciclar el corporativismo. Es decir, el Pronasol, Procampo, Solidaridad y otros artilugios, son parte de la guerra asimétrica, y con ellos se creó un corporativismo en andrajos, una masa de clientes pasivos, indefensos, sin derechos, condenados a esperar la buena voluntad de las alturas porque su situación misma les impide organizarse como ciudadanos, hacer oír su voz y hacer valer su voto. Pero este corporativismo carece de la solidez del precedente, que se sustentaba en los antiguos pactos (paternalismo) hoy destruidos14.

Ahora bien, no se piense que las guerras asimétricas se hacen a tontas y a locas, no; en ellas se involucra no solo lo militar y lo económico sino, también, lo académico. Por ejemplo, la Universidad de Chicago publicó en julio de 2007, una edición de bolsillo del nuevo Manual de campo de contrainsurgencia (No. 3-24). La abierta complicidad de los círculos de educación superior con la maquinaria de guerra de Estados Unidos provocó un alud de críticas de intelectuales independientes estadunidenses, que condenaron el papel vergonzoso de la ocupación militar de países.

En el manual se considera cada insurgencia como distinta, con sus propios retos. Por ello, cada campaña de contrainsurgencia requiere de soldados, marinos y agentes no militares, que sean constructores de naciones lo mismo que guerreros15. A escala planetaria, el Pentágono opera con la misma lógica. La democracia y el bienestar de la población son objetivos subordinados a la lógica de la globalización y el neoliberalismo bajo el lineamiento de la lógica militar16.

En Estados Unidos se ha lanzado una ofensiva para sacar a los pobres de las áreas centrales de las ciudades estadunidenses. La recuperación de centros históricos es la queja y base de la lucha inquilinaria contra afroestadunidenses, latinos, asiáticos, que con sus actividades económicas informales ocupan esos espacios que hoy son el objeto a rehabilitar para poner en oferta esas áreas a otros costos y usos, pero no están incluidos los pobres que tradicionalmente las ocupan y que por naturaleza son refugio de inmigrantes legales e ilegales en el país vecino. Esta política se extiende también a ciudades europeas de alta incidencia migratoria, como Barcelona, Madrid y París.

Esta ofensiva surgió en Nueva York entre 1994 y 2002, cuando el alcalde Rudolph Giuliani puso en práctica como policía municipal, la denominada Compstat o Cero tolerancia, copiada y aplicada en muchas otras ciudades del mundo.

Lo paradójico es que Giuliani fue asesor en políticas de seguridad durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Se le contrató y se le pagó para diseñar y ajustar el programa Cero tolerancia a la ciudad de México. De ahí vino el cuestionado bando de Cultura Cívica en la Legislatura del Distrito Federal, que criminalizaba a los franeleros, la mendicidad y el ambulantaje17. Y, bueno, no hay mucho que decir con respecto a la remodelación y desalojo de ambulantes del centro histórico de la Cd. de México.


IV. Nuestras desgracias la palanca para su fortalecimiento

A. El camino

El proceso de acumulación originaria del capital en la globalización para nuestro país, se ilustra con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), se dijo de él: “la nación está en peligro de no firmarse el TLCAN, el peligro es quedarse postergados como nación”, y el ofrecimiento de un enorme mercado que traería beneficios para todos. Y sus efectos muestran los resultados: 6.2 millones de campesinos expulsados del campo. Más lo que se acumule con la apertura del maíz y el frijol para 2008. A 14 (1994-2008) años de que entró en vigor ha generado la pérdida de 2 millones de empleos en el sector rural, que 70 por ciento de los campesinos vivan en pobreza y que 300 mil de ellos se vean obligados a emigrar cada año hacia Estados Unidos.

Con la expulsión de campesinos y la formación del ejército de reserva, el neoliberal logró sus objetivos, se alcanzó el desempleo en masa (una parte está en los tianguis, otra en la migración), apareció la precariedad (tarjeta alimentaria, becas), aumentó la inseguridad y se hizo permanente; se produjo la desmoralización profunda (por eso, entre otras cosas, en las escuelas se impuso el civismo en lugar de la historia), ligada al derrumbe de las solidaridades elementales (adiós al IMSS y al ISSSTE), acciones que involucran el desmantelamiento de la familia, con todas las consecuencias de ese estado de anomia: delincuencia juvenil, crimen, droga, alcoholismo, regreso de movimientos fascistas, etc., se destruyeron las conquistas sociales y hoy se acusa a quienes las defienden de arcaicos.

B. Legalizar los paramilitares

Y para curar el mal, la doctrina neoliberal receta una enfermedad, la Iniciativa Mérida o legalizar a los paramilitares. Y entonces, uno se pregunta: ¿cuál es nuestro futuro? Si nos vemos en el espejo de lo que ha sido el Plan Colombia para ese país, encontramos que la producción y tráfico de estupefacientes no ha disminuido, pero sí ha provocado un proceso de paramilitarización del campo, bajo el argumento del combate a la guerrilla que ha sido el caballo de Troya para despojar al campesinado de sus tierras. Además, ha provocado una profunda fragmentación social y ahondado la inseguridad.

Los grupos paramilitares son aquellos que cuentan con organización, equipo y entrenamiento militar, a los que el Estado delega el cumplimiento de misiones que las fuerzas armadas regulares no pueden llevar a cabo abiertamente. Nunca se reconoció, por ejemplo, la existencia de la Brigada Blanca, acaso la organización paramilitar clandestina más importante que creó el gobierno mexicano para aniquilar a la guerrilla urbana entre 1976 y 1983. Tampoco los Halcones fueron reconocidos, menos los militares que actuaron de civil en el Batallón Olimpia el 2 de octubre de 1968. En el Manual de guerra editado por la Sedena se les denomina “personal civil”, la PGR los nombra como “grupos de civiles presuntamente armados” y Héctor Aguilar Camín los denomina “grupos civiles de autodefensa”18.

C. Los objetivos

¿Cuál es la apuesta de la derecha y del gobierno de Felipe Calderón con la guerra asimétrica? Para el gobierno, obtener legitimidad; y para la derecha, llegar al 2030 dominando al país a sangre y fuego19. Sin olvidar que, ellos son los garantes de los tratados de “libre” comercio, patente de corso de las grandes empresas para el tráfico de gente y mercancía, que hasta prevén fríamente – como en el caso del TLCAN – que con su advenimiento miles de campesinos desaparecerán. También, son parte de los proyectos para la privatización del agua y la tierra, y programas gubernamentales que permitirán los cultivos transgénicos, otra arma de las trasnacionales de los agronegocios para y monopolizar las semillas, llave de toda la red alimentaria.

Pero sobre todo, imponer el Plan México, el cual fue anunciado por George W. Bush el 22 de octubre de 2007, como la estrategia definida por la Casa Blanca para defender los intereses de las grandes corporaciones ante la crisis energética y financiera que ha gestado el capitalismo neoliberal, y que luego del 11 de septiembre de 2001 se anuncia como una lucha contra el terrorismo internacional.

El Plan México supone tanto a) el control absoluto por parte de consorcios trasnacionales, en función de los intereses estratégicos de Estados Unidos, de los recursos básicos de México, y en particular de los energéticos (petróleo y electricidad), de la minería y hasta del agua; y b) el control directo de las agencias del gobierno estadunidense sobre las fronteras, las costas, el Istmo, el mar territorial y el espacio aéreo mexicano, todo ello con el argumento de que Washington está en guerra permanente contra el terrorismo internacional, de que nuestros recursos son vitales para ellos y de que, por otro lado, los aparatos del Estado mexicano no son confiables.

La administración Bush está aplicando el mismo sistema de dominación, tanto en Irak, Afganistán como en México, pero con una pequeña diferencia, allá lo está haciendo por medio de una guerra, aquí por la sumisión del gobierno, el silencio de la burocracia gobernante, la complicidad del PAN, PRI y un sector del PRD.

La injerencia extranjera se inició en el gobierno de Vicente Fox, con agentes encubiertos en territorio mexicano, en aeropuertos, aduanas y oficinas públicas, y la profunda indignidad de poner al Ejército Mexicano a cumplir tareas decididas por la Agencia de Control de Drogas de Washington, la tristemente célebre DEA20, hoy se concreta con la llamada Iniciativa Mérida.

La Iniciativa Mérida no se limita a capacitar a los cuadros mexicanos en el uso de nuevas tecnologías aplicadas al narcotráfico, sino que el radio de acción se extiende a áreas claves: lucha antinarcóticos, combate al terrorismo y administración de fronteras; seguridad pública y procuración de justicia, y el fortalecimiento institucional y aplicación de la ley. En otras palabras, los efectos de la Iniciativa Mérida se dejarán sentir en importantes campos de la vida pública21.


* Ponencia presentada en Chilpancingo, Guerrero, en el marco del II Coloquio Nacional sobre la Obra de Marx en la Escena del Siglo XXI

1. López y Rivas, Gilberto, Autonomías, democracia o contrainsurgencia. Ediciones Era, México, 2004, p.p. 125, 126.

2. “Terapia de choque para la nación” Klein, Naomi, La Jornada, 24 de enero de 2008.

3. “El shock” Garrido, Luis Javier. La Jornada, 25 de enero de 2008.

4. Todorov, Tzvetan, El nuevo desorden mundial, Editorial Océano, México, 2003, p. 72,73.

5. “Tendencias en derechos humanos” Concha, Miguel, La Jornada, 9 de febrero de 2008.

6. Portantiero, Juan Carlos, Los usos de gramsci, Cuadernos de Pasado y Presente, México, 1977, p. 74.

7. “Por el necesario (y demorado) retorno al marxismo” Boron, Atilio A. Op. Cit. P. 36.

8. “El libre comercio agrícola y sus valedores” Hernández Navarro, Luis, La Jornada, 15 de enero de 2008.

9. “La regresión” Garrido, Luis Javier, La Jornada, 11 de enero de 2008.

10. “Unificar al país”, Rascón, Marco, La Jornada, 29 de enero de 2008.

11. “Acerca de las tareas actuales de una crítica marxista de la política” Buci – Glucksmann, Discutir el estado, Folio Ediciones, México, 1982, p.224.

12. “Miedo y dominación” Fazio, Carlos. La Jornada, 28 de enero de 2008.

13. Mora, Antonio, Hacia un estado de contrainsurgencia, hegemonía de la ultraderecha al interior de la clase política mexicana, s/e, marzo 2007, p. 3,5.

14. Gilly, Adolfo, México: el poder, el dinero y la sangre, Nuevo Siglo Aguilar, México, 1996. 

15. “Nuevo manual estadunidense de contrainsurgencia” López y Rivas, Gilberto, La Jornada,16 de noviembre de 2007.

16. “La cooperación al desarrollo como contrainsurgencia” Zibechi, Raúl, La Jornada, 23 de noviembre de 2007.

17. “Giuliani en México” Rascón, Marco, La Jornada, 30 de octubre de 2007.

18. “Contrainsurgencia intelectual a modo” López y Rivas, Gilberto, La Jornada, 19 de octubre 2007.

19. “Cuestiona la aplicación de Plan contra la delincuencia” Mateos, Juan, El correo ilustrado, La Jornada, 24 de octubre de 2007.

20. “El Plan” Garrido, Luis Javier. La Jornada, 26 de octubre de 2007.

21. “Iniciativa Mérida: ¿cooperación o intromisión?” Sánchez Rebolledo, Adolfo, La Jornada, 25 de octubre de 2007.


El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


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