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Nacionalismo y soberanía agónicos1 de mayo de 2008 Alberto Híjar Principal obstáculo para dar la lucha en defensa del petróleo y la energía eléctrica es confundir el nacionalismo de Estado con el nacionalismo de los trabajadores organizados como forma de poder. El nacionalismo de Estado nutre la consolidación del Estado-nación desde el siglo XIX con la proclama de representar a la nación entera aunque las evidencias muestren lo contrario. Porfirio Díaz inauguró monumentos y presidió fiestas para conmemorar el centenario del inicio de la guerra de independencia mientras masacraba yaquis y mayos, permitía las infamias de la Casta Divina de Yucatán en la explotación extrema de los mayas y recomendaba “mátalos en caliente” frente a las protestas obreras. Desde entonces, el Estado ha reducido a la nación a los intereses de un grupo reducido de millonetas hasta culminar en la máxima desigualdad de mantener al hombre más adinerado del mundo como contemporáneo de no menos de cuarenta millones de pobres sin esperanza y un país con uno de los más bajos índices de crecimiento en América Latina. Llamar en estas condiciones a la unidad nacional es un acto demagógico intolerable porque oculta la explotación extrema de la clase en el poder. El gobierno de Lázaro Cárdenas permitió superar el caudillismo militarizado con el apoyo del movimiento obrero y campesino que en frente amplio, formó el Comité de Defensa Proletaria, la CTM y la CNC para hacer posible la nacionalización que no expropiación petrolera y la reforma agraria con una importante movilización combativa en la Comarca Lagunera. Al año siguiente del histórico 1938, los empresarios también se organizaron y la presión imperialista en guerra, hizo que al gobierno de Cárdenas no siguiera el socialismo, sino el presidente católico y militar Ávila Camacho con su hermanito Maximino, semejante a Raúl Salinas. El Partido Comunista Mexicano, el Partido Obrero Campesino y otras organizaciones de lejana inspiración revolucionaria marxista-leninista, se vieron avasalladas por el Partido Popular que se pondría el apellido de socialista para contribuir a la confusión general orientada a la alianza con la burguesía nacionalista promotora de la industrialización y con ella, de un incipiente proletariado. Guerra y posguerra imperialistas y la consolidación del Partido de la Revolución Mexicana, desarrollaron un nacionalismo demagógico. Hasta tal punto fue efectivo que uno de los delegados mexicanos al VII y último congreso de la COMINTERN propuso disolver al Partido Comunista mexicano para sumarse al PRM con su formación de frente amplio. La lucha de clases era sustituida por la alianza con la burguesía nacionalista y Earl Brawdel, Secretario General de los comunistas gringos, recomendaba apoyar al gobierno norteamericano en lucha contra el nazismo y el fascismo. Lo grave es que este nacionalismo es tan influyente, que sustenta al Frente Amplio Progresista, frente amplio contra la privatización de los energéticos. Con un movimiento obrero inexistente y sometido a la supervivencia economicista en los límites marcados por la Secretaría de Hacienda, el Sindicato Mexicano de Electricistas aparece solo en su proclama del poder obrero como condición de existencia de otro nacionalismo. Recoge esto la propuesta del Manifiesto Comunista de los proletarios que no tienen patria, pero son la única clase capaz de proponer un proyecto nacional. Del lado frenteamplista hay un vago antiimperialismo acompañado por al ignorancia de la corrupción característica de PEMEX, la Comisión Federal de Electricidad, el SUTERM y el sindicato Petrolero. El contratismo imparable y la repartición de poder y dinero, hacen invencibles a las empresas nada nacionalistas en sentido estricto e invictas en el Pemexgate y los mil millones de pesos para la campaña de Francisco Labastida, hoy defensor del proyecto Calderón con condiciones claro, porque a todos los partidos y sobre todo al PRI les ha de tocar su parte proporcional. Ante las evidencias, sólo el proyecto de nación de los trabajadores organizados como poder proletario, puede contribuir a liquidar el charrismo y otras corrupciones contratistas en beneficio del uso de los energéticos para bien de la nación toda, no la reducida a los empresarios, los consorcios y los partidos subsidiados por el Estado. Todo esto concreta la soberanía, eso que dicen depositado en el pueblo pero por la vía de los representantes parlamentarios, de modo que el pueblo pueblo ni se entera de lo que está en juego. Las grandes movilizaciones del Frente Amplio Progresista no permiten al pueblo organizarse más que para seguir las instrucciones de las movilizaciones. Negri y Hardt dirían que he ahí a la multitud que se junta y moviliza para luego regresar a su comunidad, su tribu, su grupo, su gremio. La soberanía y la representatividad escamoteadas tendrán que construirse desde abajo y con línea proletaria porque nadie más tiene un proyecto de nación incluyente y para beneficio de todos sin contemporizaciones con los contratistas de adentro y de afuera que comparten intereses de enriquecimiento a toda costa, como prueban los contratos en acción fuera de todo control legal. Este 1º de mayo probará en la dispersión de los contingentes y la ausencia de unidad, en las presencias oportunistas y de ocasión, sus debilidades, pero también la perspectiva de la fuerza política y social para superar el nacionalismo de Estado corrupto y la soberanía actualmente reducida a mediaciones ilegítimas. |
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El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F. · Contacto · Diseño Web · |
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