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América Latina o la Insurrección de las Periferias

Por Alfredo Velarde

Mayo, 2008

En la medida en que más nos involucramos en el análisis histórico de la primera década del siglo XXI, más perceptible resulta la gradual corroboración de que el patrón de acumulación capitalista salvaje neoliberal, en América Latina, está agotando el tiempo de su ciclo vital. Poco a poco, como lo revela el análisis minucioso sobre lo acontecido durante los años vividos en la primera década del siglo (el enfoque privatizador para los principales medios de producción y cambio, liberalizador de las relaciones comerciales de asimétrico intercambio desigual del tipo NAFTA , y de des-incorporación neoliberal que descentra la figura del Estado), el llamado “modelo económico” ha venido hundiéndose en el Cono Sur , junto con sus inocultables contradicciones integracionistas.

Al lado de ello, la otrora incuestionable hegemonía geopolítica norteamericana se reblandece en la amerindia latinoamericana , precisamente por haber sido los halcones de Washington quienes, de manera más clara, fungieron como los principales alentadores de un agresivo patrón de acumulación capitalista dramáticamente costoso, particularmente explotador, inocultablemente opresivo y terriblemente polarizante e injusto. De ahí que se desfonde el viejo dominio, cuestionado por todas partes, en medio de la crisis presente a la antigua hegemonía ingerencista del “Big Brother” estadounidense que se perdió, al parecer definitivamente, si se sabe capitalizar a favor del inconforme abajo-social, más allá de los nuevos y a veces contradictorios nuevos poderes . Pero éste no parece ser todavía el caso. La escena actual es, con mucho, bastante más compleja.

Pero, ¿cómo se expresan, de manera concreta, los hechos referidos antes señalados, desde el punto de vista de los movimientos altermundistas y contrasistémicos que se levantaron contra el viejo poder neoliberal y la hegemonía estadounidense del pasado? Fundamentalmente, en el cambio de la correlación de fuerzas políticas que, durante los últimos años, los movimientos sociales, populares e indígenas, auténticos movimientos de la multitud insurrecta y potencialmente revolucionaria , han construido en el plano geopolítico, en sentido contrario a la visión de los yanquis y las oligarquías lacayas de la región como un mero “traspatio suyo” , que se insubordinó para redefinir la configuración de una serie de nuevos gobiernos de inicial soporte popular, y que, no sin contradicciones importantes y ligereza caracterizadora, han sido definidos como los nuevos gobiernos latinoamericanos “de izquierda” . Venezuela, Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, entre otros, son algunos de los países donde la insurrección de las periferias aparece, no sólo para cambiar la otrora incuestionable correlación de fuerzas, sino también para atreverse a imaginar la posibilidad creativa de un nuevo presente y un futuro alternativamente emancipador, más allá de sus actuales gobiernos de inicial soporte popular, pero que se ha venido desgastando aceleradamente en algunos de ellos. Y ésas, no hay duda, son buenas noticias, aunque todo esté todavía por hacerse.

Sin embargo, aunque exista un acuerdo muy grande ente las diversas izquierdas latinoamericanas, sobre el carácter inicialmente de avanzada con la reciente mudanza política latinoamericana, frente a los antiguos gobiernos entregados a la lógica norteamericana de las oligarquías criollas de antaño, las ominosas dictaduras militares y los mismos gobiernos neoliberales que terminaron por devenir en la última gota que derramó el vaso de la inconformidad a partir del año 2000, detonaron la insurrección de las periferias latinoamericanas en parte inspiradas por el zapatismo mexicano.

Por ejemplo el movimiento popular venezolano, la protesta forajida ecuatoriana, la insurrección piquetera argentina, el movimientos de los sin tierra brasileños, así como la insubordinación andino-indígena boliviana. Pero tal consenso inicial, trae consigo, además, múltiples asuntos polémicos. El acuerdo general antes esbozado, no irrumpe en lo que se refiere a cómo ponderar el contradictorio y aparente “sentido progresista” o de “avanzada” inicial que contienen o dicen contener los nuevos gobiernos “de izquierda” de la región. Aquí, los juicios y las valoraciones, se dividen en medio de profundas controversias en curso todavía por desahogarse a la luz del recrudecimiento de la lucha de clases en nuestro subcontinente latinoamericano.

¿Dónde está, entonces, lo avanzado y consensual entre las izquierdas, y donde lo contradictorio y polémico que debe modular el juicio frente a la compleja transición política latinoamericana? Vista panorámicamente la compleja geopolítica de la América Latina actual, lo encomiablemente avanzado, reforzado por la incorporación del reciente cambio político paraguayo , estriba en que, si de un lado, la amenaza principal estaba dada porque los procesos dominantes corrían en el sentido de reproducir la globalización de la vieja hegemonía capitalista en función a la idea que de ella detentaba la Casa Blanca , lo que verdaderamente ocurrió, es que se globalizó la resistencia en lucha bajo connotaciones que implicaron un importante sacudimiento de ésa hegemonía, para construir otra cosa, que provisionalmente denominamos como los nuevos gobiernos nacional-estatistas de acotado y limitado alcance.

Es importante ello, en sentido progresista frente a lo que existía, pero no tanto respecto de la profundidad conque inicialmente se alentaron dichos cambios y que en relevantes contingentes en lucha representó un principio de desencanto , a veces hasta de oposición , porque la parcial e insatisfactoria transformación no lo fue a fondo, aunque supusiera no repetir ya más la tradicional fisiología del recambio político interno en función a los intereses de las elites y sus aliados externos , a partir de todo aquello que convenía al viejo imperialismo norteamericano y que hoy da visos de periclitar.

En tal sentido, la demencial y genocida operación belicista norteamericana en Afganistán, después en Irak, implicó para el balance contemporáneo la pérdida de la hegemonía yanqui en Latinoamérica, como un efecto colateral al golpe a favor de las pretensiones de consolidar su unilateralismo fallido. Fue derrotado por la insurrección de las periferias y sus resistencias que proliferaron por doquier: desde el movimiento anti-neoliberal y contraglobalizador, hasta la lucha –a veces armada - de las poblaciones que soportan el ataque y la ocupación militar directa. En lo sucesivo, el análisis geopolítico latinoamericano, referido a la actual coyuntura, deberá abrevar en tres asuntos torales para comprender a fondo lo que pasa: las implicaciones del ascendente horizonte pos-nacional que los nuevos movimientos están connotando; la compleja relación dinámica entre la autonomía de los movimientos, los alcances –a veces tímidos- de sus reivindicaciones programáticas y la contradictoria dinámica de los nuevos gobiernos “progresistas” ; y, los propios procesos de autoorganización social más allá de la vieja política y sus cada vez más cuestionados espacios institucionales.


El Taller de Construcción del Socialismo se reúne los sábados de 10:00 a 14:00 hrs. en la Escuela Técnica del Sindicato Mexicano de Electricistas. Lisboa 46, casi esquina con Lucerna, Col. Juárez. México D.F.


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